Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

07 mayo 2022

LIBRO DE LA SEMANA (7 May): El ratro de los rusos muertos,

 (Cfr. www.todostuslibros.com)

 


El rastro de los rusos muertos

A través de una intrigante cadena de asesinatos y muertes inexplicadas de espías y diplomáticos rusos por todo el mundo, Vicente Vallés nos sumerge en un relato tan trepidante como...
Editorial:
Espasa
Colección:
FUERA DE COLECCIÓN Y ONE SHOT
Encuadernación:
Tapa blanda o Bolsillo
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Castellano
Idioma original :
Castellano
ISBN:
978-84-670-5375-3
EAN:
9788467053753
Dimensiones:
230 x 150 mm.
Peso:
344 gramos
Nº páginas:
296
Fecha publicación :
08-01-2019
 
 
Sinopsis

Sinopsis de: "El rastro de los rusos muertos"

A través de una intrigante cadena de asesinatos y muertes inexplicadas de espías y diplomáticos rusos por todo el mundo, Vicente Vallés nos sumerge en un relato tan trepidante como real. ¿Intenta Rusia desestabilizar y provocar situaciones de crisis para conquistar a la opinión pública occidental? ¿Es Donald Trump presidente de Estados Unidos gracias a la interferencia de Vladímir Putin? ¿Son los mafiosos que se instalaron en la costa española una correa de transmisión del Kremlin? ¿Han manipulado los servicios secretos rusos a las sociedades democráticas para condicionar procesos electorales en Francia, Países Bajos, Alemania, España o Italia? Quizá nada de esto haya ocurrido, pero el poder de la Rusia de Putin reside en que todos creen que sí ha ocurrido. El antiguo agente del KGB es hoy el espía que domina el mundo. Porque las guerras ya no se ganan en los campos de batalla, sino en internet y en las redes sociales.

Más sobre

Vallés, Vicente

Vicente Vallés lleva tres décadas dedicado al periodismo. Dirige y presenta el informativo de la noche de Antena 3, y con anterioridad ha sido responsable de programas de noticias en Telemadrid, Televisión Española y Telecinco. También es analista político en prensa y radio. Ha recibido varios premios, entre ellos el Salvador de Madariaga, el del Club Internacional de Prensa, la Antena de Oro, el Premio Iris de la Academia de Televisión y el Premio Ondas. Es autor de los libros Trump y la caída del imperio Clinton, en el que analiza el sorprendente resultado de las elecciones americanas de 2016, y El rastro de los rusos muertos, que aborda la ofensiva de Putin sobre Occidente a partir de una intrigante cadena de asesinatos y muertes inexplicadas de espías y diplomáticos rusos por todo el mundo.

PELICULA DE LA SEMANA (6 May): El milagro del Padre Stu

 (Cfr. www.filmaffinity.com)

 

 


Título original
Father Stu
Año
Duración
124 min.
País
Estados Unidos Estados Unidos
Dirección
Guion
Rosalind Ross
Música
Dickon Hinchliffe
Fotografía
Jacques Jouffret
Reparto
Productora
Palm Drive Productions. Distribuidora: Sony Pictures Entertainment (SPE)
Género
Drama | Religión. Basado en hechos reales. Biográfico
Sinopsis
Sigue la vida del padre Stuart Long, un boxeador convertido en sacerdote que inspiró a innumerables personas durante su viaje desde la autodestrucción hasta la redención.
Críticas

Catequesis sobre la Vejez - 8. Eleazar, la coherencia de la fe, herencia del honor

 (Cfr. www.almudi.org)

 


Lo importante es que tengas espiritualidad por dentro y luego puedes hacer lo que quieras

En el camino de estas catequesis  sobre la vejez,  hoy nos  encontramos con un personaje bíblico –un anciano– llamado  Eleazar,  que vivió  en  la  época  de la persecución  de  Antíoco  Epífanes. Es  una  figura  hermosa.  Su  figura nos da testimonio de la especial relación que existe entre la fidelidad de la vejez y el honor de la fe. ¡Él está orgulloso de esto! Quisiera hablar precisamente del honor de la fe, no sólo de la constancia, del anuncio, de la resistencia de la fe. El honor de la fe se encuentra periódicamente bajo  la presión, incluso violenta, de la cultura de los gobernantes, que intenta degradarlo tratándolo como un hallazgo arqueológico, o como una vieja superstición, una obstinación anacrónica, etc.

El relato bíblica –hemos escuchado un pequeño pasaje, pero es bueno leerlo todo– narra el episodio de los judíos obligados por decreto de un rey a comer carne sacrificada a los ídolos. Cuando le lleva el turno a Eleazar, que era un anciano de noventa años muy respetado por todos y con autoridad, los oficiales del rey le aconsejan que haga un simulacro, es decir, que finja comer carne sin hacerlo de verdad. Hipocresía religiosa, hay mucha hipocresía religiosa, hipocresía clerical. Le dicen: “Pero sé un poco hipócrita, nadie  se  dará cuenta”. Así Eleazar se habría salvado, y –le decían– en nombre de la amistad  habría  aceptado su gesto de compasión y cariño. Al fin y al cabo –insistían– era un gesto mínimo, fingir comer pero no comer, un gesto insignificante.

Es poca cosa, pero la respuesta tranquila y firme de Eleazar se basa en un tema que nos llama la atención. El punto central  es  este: deshonrar la fe en la vejez, para ganar un puñado de días, no es comparable con el legado que debe dejar a los jóvenes, a futuras generaciones enteras. ¡Pero Eleazar es bueno! Un anciano que ha vivido con coherencia fe durante toda una vida, y ahora se adapta a fingir un repudio, condena a la nueva generación a pensar que toda la fe era una ficción, una cubierta exterior que puede ser abandonada, pensando en poderla guardar   dentro  de  uno  mismo.  Y  ese  no  es  el  caso,  dice  Eleazar.  Tal  comportamiento no honra la fe, ni siquiera  delante  de Dios. Y  el efecto de esa banalización exterior será  devastador  para  la interioridad  de los jóvenes. ¡La coherencia de este hombre que piensa en los jóvenes, piensa en el legado futuro, piensa en su pueblo!

Precisamente la vejez –y esto es hermoso para los viejos– aparece aquí como el lugar decisivo, el lugar insustituible, de ese testimonio. Un anciano que, por su vulnerabilidad, aceptara considerar irrelevante la práctica de la fe, haría creer a los jóvenes que la fe no tiene una relación real con la vida. Les parecería, desde sus inicios, como  un  conjunto  de  conductas  que, en  caso necesario, pueden ser simuladas o disfrazadas, porque ninguna de ellas es tan importante para la vida.

La antigua gnosis heterodoxa, que fue  una  trampa  muy  poderosa y muy seductora para el cristianismo de los primeros siglos, teorizó precisamente sobre esto, es algo antiguo: que la fe es una espiritualidad, no una práctica; una fuerza de la mente, no una forma de vida. La fidelidad y el honor de la fe, según esta herejía, nada tienen que ver con el comportamiento de la vida, las instituciones de la comunidad, los símbolos del cuerpo. La seducción de esta perspectiva es fuerte, porque interpreta, a su manera, una verdad indiscutible: que la fe nunca puede reducirse a un conjunto de reglas dietéticas o prácticas sociales. La fe es otra cosa. El problema es que la radicalización gnóstica de esta verdad anula el realismo de la fe cristiana, porque la fe cristiana es realista, la  fe  cristiana no es sólo decir el Credo, sino pensar en el Credo, sentir  el  Credo, hacer el Credo. Actuar con las manos. En cambio, esta propuesta gnóstica es un “fingir”, lo importante es que tengas espiritualidad por dentro y luego puedes hacer lo que quieras. Y eso no es cristiano. Es la primera herejía de los gnósticos, que está muy de moda aquí, ahora mismo, en tantos centros de espiritualidad y otros. Y vacía el testimonio de esas personas, que muestran los signos concretos de Dios en la vida de la comunidad y resisten las perversiones de la mente a través de los gestos del cuerpo.

La tentación gnóstica que es una de las –digamos la palabra– herejías, una de las desviaciones religiosas de este tiempo, la tentación gnóstica siempre es actual. En muchas tendencias de nuestra sociedad y de nuestra cultura, la práctica de la fe sufre una representación negativa, a veces en forma de ironía cultural, a veces con una marginación oculta. La práctica de la fe para estos gnósticos que ya existían en tiempos de Jesús, es considerada como una fachada inútil y hasta dañina, como un residuo anticuado, como una superstición disfrazada. En definitiva, una cosa de viejos. La presión que ejerce esta crítica indiscriminada sobre las generaciones más jóvenes es fuerte. Por supuesto, sabemos que la práctica de la fe puede convertirse en una  exterioridad sin alma –este es el otro peligro, el contrario–, pero en sí misma no lo es en absoluto. Quizá nos toca a nosotros, los ancianos, una misión muy importante: devolver a la fe su honor, hacerla coherente, que es el testimonio de Eleazar, coherencia hasta  el final. La  práctica de la fe no es el símbolo de nuestra  debilidad,  sino  el  signo  de  su  fortaleza. Ya  no  somos  niños. ¡No bromeábamos cuando emprendimos el camino del Señor!

La fe merece respeto y honor hasta el final: cambió nuestra vida, purificó nuestra mente, nos  enseñó la  adoración a  Dios y el amor al prójimo. ¡Es una bendición para todos! Pero toda la fe, no una parte. No cambiaremos la fe por unos días tranquilos, sino que haremos como Eleazar, consecuentes hasta el final, hasta el martirio. Demostraremos, con toda humildad y firmeza, precisamente en nuestra vejez, que creer no es algo “para viejos”, sino algo vital. Creer en el Espíritu Santo, que hace nuevas todas las cosas, y con mucho gusto nos ayudará.

Queridos hermanos y hermanas ancianos, por no decir viejos –estamos en el mismo grupo–, por favor, miremos a los jóvenes. Nos miran, no olvidemos esto. Me acuerdo de aquella hermosa película de la posguerra: “Los niños nos miran”. Lo mismo podemos decir de los jóvenes: los jóvenes nos miran y nuestra coherencia puede abrirles un hermoso camino de vida. En cambio, cualquier hipocresía hará mucho daño. Recemos unos por otros. ¡Que Dios nos bendiga a todos los viejos!

P.P. Francisco, en vatican.va/

Meditación Domingo 4º Pascua (C)

 (Cfr. www.almudi.org)


El buen Pastor. Amor al Papa

En aquel tiempo, dijo Jesús: - «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno»” (Juan 10,27-30).

I. Ha resucitado el buen Pastor que dio la vida por sus ovejas, y se dignó morir por su grey. Aleluya.
La figura del buen Pastor determina la liturgia de este domingo. El sacrificio del Pastor ha dado la vida a las ovejas y las ha devuelto al redil. Años más tarde, San Pedro afianzaba a los cristianos en la fe recordándoles en medio de la persecución lo que Cristo había hecho y sufrido por ellos: por sus heridas habéis sido curados. Porque erais como ovejas descarriadas; mas ahora os habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras almas. Por eso la Iglesia entera se llena de gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo y le pide a Dios Padre que el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor.
Los primeros cristianos manifestaron una entrañable predilección por la imagen del Buen Pastor, de la que nos han quedado innumerables testimonios en pinturas murales, relieves, dibujos que acompañan epitafios, mosaicos y esculturas, en las catacumbas y en los más venerables edificios de la antigüedad. La liturgia de este domingo nos invita a meditar en la misericordiosa ternura de nuestro Salvador, para que reconozcamos los derechos que con su muerte ha adquirido sobre cada uno de nosotros. También es una buena ocasión para llevar a nuestra oración personal nuestro amor a los buenos pastores que Él dejó en su nombre para guiarnos y guardarnos.
En el Antiguo Testamento se habla frecuentemente del Mesías como del buen Pastor que habría de alimentar, regir y gobernar al pueblo de Dios, frecuentemente abandonado y disperso. En Jesús se cumplen las profecías del Pastor esperado, con nuevas características. Él es el buen Pastor que da la vida por sus ovejas y establece pastores que continúen su misión. Frente a los ladrones, que buscan su interés y pierden el rebaño, Jesús es la puerta de salvación; quien pasa por ella encontrará pastos abundantes. Existe una tierna relación personal entre Jesús, buen Pastor, y sus ovejas: llama a cada una por su nombre; va delante de ellas; las ovejas le siguen porque conocen su voz... Es el pastor único que forma un solo rebaño protegido por el amor del Padre. Es el pastor supremo.
En su última aparición, poco antes de la Ascensión, Cristo resucitado constituye a Pedro pastor de su rebaño, guía de la Iglesia. Se cumple entonces la promesa que le hiciera poco antes de la Pasión: pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos. A continuación le profetiza que, como buen pastor, también morirá por su rebaño.
Cristo confía en Pedro, a pesar de las negaciones. Sólo le pregunta si le ama, tantas veces cuantas habían sido las negaciones. El Señor no tiene inconveniente en confiar su Iglesia a un hombre con flaquezas, pero que se arrepiente y ama con obras.
Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez si le amaba, y le respondió: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo. Le dijo Jesús: Apacienta mis ovejas.
 La imagen del pastor que Jesús se había aplicado a sí mismo pasa a Pedro: él ha de continuar la misión del Señor, ser su representante en la tierra.
Las palabras de Jesús a Pedro -apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas- indican que la misión de Pedro será la de guardar todo el rebaño del Señor, sin excepción. Y «apacentar» equivale a dirigir y gobernar. Pedro queda constituido pastor y guía de la Iglesia entera. Como señala el Concilio Vaticano II, Jesucristo «puso al frente de los demás Apóstoles al bienaventurado Pedro e instituyó en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión».
Donde está Pedro se encuentra la Iglesia de Cristo. Junto a él conocemos con certeza el camino que conduce a la salvación.

II. Sobre el primado de Pedro -la roca- estará asentado, hasta el fin del mundo, el edificio de la Iglesia. La figura de Pedro se agranda de modo inconmensurable, porque realmente el fundamento de la Iglesia es Cristo, y, desde ahora, en su lugar estará Pedro. De aquí que el nombre posterior que reciban sus sucesores será el de Vicario de Cristo, es decir, el que hace las veces de Cristo.
Pedro es la firme seguridad de la Iglesia frente a todas las tempestades que ha sufrido y padecerá a lo largo de los siglos. El fundamento que le proporciona y la vigilancia que ejerce sobre ella como buen pastor son la garantía de que saldrá victoriosa a pesar de que estará sometida a pruebas y tentaciones. Pedro morirá unos años más tarde, pero su oficio de pastor supremo «es preciso que dure eternamente por obra del Señor, para perpetua salud y bien perenne de la Iglesia, que, fundada sobre roca, debe permanecer firme hasta la consumación de los siglos».
El amor al Papa se remonta a los mismos comienzos de la Iglesia. Los Hechos de los Apóstoles nos narran la conmovedora actitud de los primeros cristianos, cuando San Pedro es encarcelado por Herodes Agripa, que espera darle muerte después de la fiesta de Pascua. Mientras tanto la Iglesia rogaba incesantemente por él a Dios. «Observad los sentimientos de los fieles hacia sus pastores -dice San Crisóstomo-. No recurren a disturbios ni a rebeldía, sino a la oración, que es el remedio invencible. No dicen: como somos hombres sin poder alguno, es inútil que oremos por él. Rezaban por amor y no pensaban nada semejante».
Debemos rezar mucho por el Papa, que lleva sobre sus hombros el grave peso de la Iglesia, y por sus intenciones. Quizá podemos hacerlo con las palabras de esta oración litúrgica: Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius: Que el Señor le guarde, y le dé vida, y le haga feliz en la tierra, y no le entregue en poder de sus enemigos. Todos los días sube hacia Dios un clamor de la Iglesia entera rogando «con él y por él» en todas partes del mundo. No se celebra ninguna Misa sin que se mencione su nombre y pidamos por su persona y por sus intenciones. El Señor verá también con mucho agrado que nos acordemos a lo largo del día de ofrecer oraciones, horas de trabajo o de estudio, y alguna mortificación por su Vicario aquí en la tierra.
«Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi corazón»: ojalá podamos decir esto cada día con más motivo. Este amor y veneración por el Romano Pontífice es uno de los grandes dones que el Señor nos ha dejado.

III. Junto a nuestra oración, nuestro amor y nuestro respeto para quien hace las veces de Cristo en la tierra. «El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros una hermosa pasión, porque en él vemos a Cristo». Por esto, «no cederemos a la tentación, demasiado fácil, de oponer un Papa a otro, para no otorgar nuestra confianza sino a aquel cuyos actos respondan mejor a nuestras inclinaciones personales. No seremos de aquellos que añoran al Papa de ayer o que esperan al de mañana para dispensarse de obedecer al jefe de hoy. Leed los textos del ceremonial de la coronación de los pontífices y notaréis que ninguno confiere al elegido por el cónclave los poderes de su dignidad. El sucesor de Pedro tiene esos poderes directamente de Cristo. Cuando hablemos del sumo Pontífice eliminemos de nuestro vocabulario, por consiguiente, las expresiones tomadas de las asambleas parlamentarias o de la polémica de los periódicos y no permitamos que hombres extraños a nuestra fe se cuiden de revelarnos el prestigio que tiene sobre el mundo el jefe de la Cristiandad».
Y no habría respeto y amor verdadero al Papa si no hubiera una obediencia fiel, interna y externa, a sus enseñanzas y a su doctrina. Los buenos hijos escuchan con veneración aun los simples consejos del Padre común y procuran ponerlos sinceramente en práctica.
En el Papa debemos ver a quien está en lugar de Cristo en el mundo: al «dulce Cristo en la tierra», como solía decir Santa Catalina de Siena; y amarle y escucharle, porque en su voz está la verdad. Haremos que sus palabras lleguen a todos los rincones del mundo, sin deformaciones, para que, lo mismo que cuando Cristo andaba sobre la tierra, muchos desorientados por la ignorancia y el error descubran la verdad y muchos afligidos recobren la esperanza. Dar a conocer sus enseñanzas es parte de la tarea apostólica del cristiano.
Al Papa pueden aplicarse aquellas mismas palabras de Jesús: Si alguno está unido a mí, ése lleva mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. Sin esa unión todos los frutos serían aparentes y vacíos y, en muchos casos, amargos y dañosos para todo el Cuerpo Místico de Cristo. Por el contrario, si estamos muy unidos al Papa, no nos faltarán motivos, ante la tarea que nos espera, para el optimismo que reflejan estas palabras de Mons. Escrivá de Balaguer: «Gozosamente te bendigo, hijo, por esa fe en tu misión de apóstol que te llevó a escribir: "No cabe duda: el porvenir es seguro, quizá a pesar de nosotros. Pero es menester que seamos una sola cosa con la Cabeza -«ut omnes unum sint!»- por la oración y por el sacrificio"».

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal


Homilía Domingo 4º Pascua (C)

 (Cfr. www.almudi.org)



(Hch 13,14.43-52) "Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo"
(Ap 7,9.14b-17) "Dios enjugará las lágrimas de sus ojos"
(Jn 10,27-30) "Yo y el Padre somos uno"

Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

"Yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano". La Liturgia de la Iglesia se atreve a afirmar que Dios se sentiría defraudado si el hombre, creado por Él y redimido en el atroz suplicio de la Cruz, no pudiera entrar en el Cielo: "Tu , Señor, por buscarme te has fatigado; por redimirme fuiste enclavado; tantus labor non sit casus, que tanto trabajo no se vea frustrado". Sí, "Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño", hemos recordado en el Salmo Responsorial.

¿Y qué veremos en el Cielo? Guiados por la Sagrada Escritura y las enseñanzas de la Iglesia, podemos decir que veremos a Dios, su Gloria, su Inmensidad, su Poder, su Belleza, su Misterio, el ser Tres en una sola Unidad, su ser Todo en todas las cosas... Y todo ello en una armonía perfecta. Esta visión inundante de la plenitud divina no será un mero admirar, sino un amar intenso y un sentirse intensamente amados por Alguien infinitamente mayor y mejor que cualquier otra realidad, pero que, al ser nuestro Padre, se vuelca sobre nosotros. Delante de Dios Uno y Trino caeremos de rodillas en una adoración admirativa y complacida, impregnada de una alegría imposible de contar que se quebrará en un cántico eterno.

Veremos la Humanidad Santísima de Jesús, el Hombre Perfecto (perfectus homo) y que más nos ha querido. Veremos a la Madre del Señor y Madre nuestra. A los ángeles, espíritus puros, perfectísimos, de los que tenemos un anticipo cuando decimos de una criatura que es un ángel, por su encanto, inocencia, gracia... Veremos a los Patriarcas, los Profetas, los Apóstoles, los Mártires, los Confesores... En una palabra: no hay palabras para ilustrar lo que la "muchedumbre inmensa que nadie podría contar", como recuerda la 2ª Lectura, experimentará en esa gran fiesta. "Ni ojo vio, ni oreja oyó, ni pasó por la imaginación del hombre lo que Dios tiene preparado a aquellos que le aman" (1 Co 2, 9).

Vale la pena escuchar la voz de Cristo, el Buen Pastor, y recordar, cuando se encabriten las malas pasiones, que "al que venciere le haré sentarse conmigo en mi trono" (Ap 3, 21), "y Dios enjugará las ágrimas de sus ojos" (2ª Lectura).


02 mayo 2022

LIBRO DE LA SEMANA (V29): El mapa de los anhelos

(Cfr. www.todostuslibros.com

 

 


El mapa de los anhelos

¿Y si te diesen un mapa para descubrir quién eres? ¿Seguirías la ruta marcada hasta el final? Imagina que estás destinada a salvar a tu hermana, pero al final ella muere y la raz...
Editorial:
Editorial Planeta
Colección:
(Fuera de colección)
Encuadernación:
Tapa blanda o Bolsillo
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Castellano
Idioma original :
Castellano
ISBN:
978-84-08-25595-6
EAN:
9788408255956
Dimensiones:
230 x 150 mm.
Peso:
560 gramos
Nº páginas:
496
Fecha publicación :
30-03-2022
 
 
Sinopsis

Sinopsis de: "El mapa de los anhelos"

¿Y si te diesen un mapa para descubrir quién eres?

¿Seguirías la ruta marcada hasta el final?

Imagina que estás destinada a salvar a tu hermana, pero al final ella muere y la razón de tu existencia se desvanece. Eso es lo que le ocurre a Grace Peterson, la chica que siempre se ha sentido invisible, la que nunca ha salido de Nebraska, la que colecciona palabras y ve pasar los días refugiada en la monotonía. Hasta que llega a sus manos el juego de El mapa de los anhelos y, siguiendo las instrucciones, lo primero que debe hacer es encontrar a alguien llamado Will Tucker, del que nunca ha oído hablar y que está a punto de embarcarse con ella en un viaje directo al corazón, lleno de vulnerabilidades y sueños olvidados, anhelos y afectos inesperados. Pero ¿es posible avanzar cuando los secretos comienzan a pesar demasiado? ¿Quién es quién en esta historia?

Más sobre

Kellen, Alice

Alice Kellen nació en Valencia en 1989. Es una autora que acostumbra a vivir entre los personajes, las escenas y las emociones que plasma en el papel. Es autora de las novelas Sigue lloviendo, El día que dejó de nevar en Alaska, El chico que dibujaba constelaciones, 33 razones para volver a verte, 23 otoños antes de ti, 13 locuras que regalarte, Llévame a cualquier lugar, la bilogía Deja que ocurra: Todo lo que nunca fuimos y Todo lo que somos juntos, Nosotros en la luna, Las alas de Sophie y Tú y yo, invencibles. Es una enamorada de los gatos, adicta al chocolate y a las visitas interminables a librerías. www.alicekellen.com twitter.com/AliceKellen facebook.com/7AliceKellen instagram.com/alicekellen_ pinterest.es/alicekellen

PELICULA DE LA SEMANA (V 29): La jefa

 (Cfr. www.filmaffinity.com)





La jefa

Título original
La jefa
Año
Duración
109 min.
País
España España
Dirección
Guion
Laura Sarmiento
Fotografía
Ángel Iguacel
Reparto
Productora
Feel good Media, Republicana de Cine
Género
Drama | Maternidad
Sinopsis
Sofía, una joven ambiciosa que trabaja en una multinacional de moda se queda embarazada sin haberlo planeado. Sin familia en España y con dudas sobre el futuro de su maternidad, Sofía parece abocada a volver a su país y abandonar la prometedora carrera profesional por la que tanto ha luchado. Sin embargo, su jefa, una mujer hecha a sí misma a la que Sofía admira por encima de todo le hace una inusual proposición: Darle el hijo en adopción a ella y a cambio poder continuar con su promoción dentro de la empresa. Sofía acepta la oferta sin saber que no todo es como su jefa le ha contado…

Discípulo de Menguele

(Cfr. www.almudi.org)

 

 

Como ya no basta con convertir el planeta en pasto de la codicia, necesitan convertir el cuerpo en el último nicho de mercado

Estamos asistiendo, en medio de una sobrecogedora pasividad social, a uno de los fenómenos más monstruosos de la historia humana. Con el argumento de que la expresión de los ‘sentimientos’ es la expresión de la verdad, se está imponiendo la creencia desquiciada de que podemos prescindir de nuestra realidad biológica, borrar las diferencias sexuales y elegir nuestro ‘género’ dentro de un supermercado de ofertas tentadoras que atienden nuestros ‘sentimientos’ específicos. Esta noción aberrante de ‘autodeterminación de género’, infiltrada venenosamente en las nuevas generaciones a través de la propaganda sistémica, está a punto de ser reconocida legalmente en nuestro país, después de que en otros haya infligido una pavorosa devastación antropológica. Una devastación de la que son plenamente conscientes muchos de nuestros ‘intelectuales’ progresistas, que sin embargo callan ignominiosamente, por temor a ser estigmatizados.

He estado escuchando testimonios de diversos niños y adolescentes que proclaman su anhelo de escapar de la cárcel de su propio cuerpo. Resulta evidente que todas sus expresiones son estereotipadas e inducidas, como si se hubiesen aprendido de memoria un guion; resulta evidente que son muchachos con carencias afectivas, con graves desequilibrios emocionales, que han hallado en la propaganda sistémica el refugio a sus cuitas que no han podido procurarles una familia, un maestro, un amigo (porque los canallas que manejan la propaganda sistémica se han preocupado antes de destruir todos los vínculos, para poder depredar más fácilmente a estos muchachos desnortados). La conquista de la identidad personal, que siempre ha sido una aventura desgarradora para el adolescente, se resuelve así de un modo aparentemente fácil, brindando un abanico inagotable de ‘identidades de género’ hechas a la medida de su ‘sentimiento’. Y se imbuye en el adolescente la idea quimérica de que, con ayuda de tratamientos hormonales y cirugías ‘transformadoras’, su ‘sentimiento’ se hará realidad, imponiéndose sobre la tiránica biología.

Como ya no basta con convertir el planeta en pasto de la codicia, necesitan convertir el cuerpo en el último nicho de mercado.

Estamos permitiendo –por desidia o por miedo– que una patulea de depredadores, discípulos de Mengele, aprovechen el desconcierto en que vive toda una generación de niños y jóvenes (en quienes, al desconcierto natural propio de la edad, se suma el desconcierto inducido por la demolición de los vínculos) para instilarles ‘sentimientos’ de disgusto y malestar con su propio cuerpo. Su objetivo es crear una industria de las ‘identidades de género’, para lo que necesitan ‘fidelizar’ a sus víctimas desde una edad muy temprana. Primeramente, sometiéndolos a una ‘educación sexual’ que les imbuya la idea desquiciada de que la expresión de su sexualidad admite una ‘diversidad’ inagotable de expresiones de ‘género’ que conviene explorar, que conviene probar, que conviene hacer propias, para que sus ‘sentimientos’ se expresen plenamente. Pura ingeniería social que, como nos anticipó Huxley, se logra moldeando las conciencias.

Y todo este proceso de ingeniería social se acompaña de medidas legales que se esfuerzan en rebajar la edad permitida para la aplicación de terapias hormonales, incluso bajo riesgo para los padres de perder la tutela de sus hijos si se oponen a su aplicación. Y a la inoculación de hormonas seguirá la práctica de cirugías y amputaciones que conviertan a esos jóvenes en consumidores perpetuos a merced de las empresas farmacéuticas y biomédicas que dan satisfacción a sus ‘sentimientos’. Porque el ‘transgenerismo’ que impulsan estos discípulos de Mengele es la última estación del consumismo desaforado, que se funda siempre en la creación de necesidades artificiosas: y como ya no basta con convertir el planeta entero en pasto de la codicia, necesitan convertir el cuerpo en el último nicho de mercado, ofreciendo un bazar de ‘identidades de género’ que permitan someter la realidad biológica al capricho de ‘sentimientos’ que han sido previamente inducidos.

Se trata de exacerbar los desconciertos que jalonan el descubrimiento de la propia sexualidad, para poder luego rentabilizarlos. De ahí que el transgenerismo esté recibiendo el apoyo del reinado plutocrático mundial, que a la vez que aplaude las legislaciones que exaltan el ‘sentimiento’ se asegura, mediante la propaganda de los medios de cretinización de masas, un clima pastueño de aceptación social que admita una devastación antropológica sin precedentes. Porque nunca debe olvidarse que estos nuevos discípulos de Mengele, envueltos hipócritamente en la bandera de la defensa de las ‘minorías’, son perros caniches de la plutocracia.

Juan Manuel de Prada, en abc.es/

 (Cfr. www.almudi.org)