Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

13 febrero 2021

LIBRO DE LA SEMANA (12 Feb): El huerto de Emerson

 (Cfr. www.todosloslibros.com)

 

El huerto de Emerson
Tras el éxito prolongado de Lluvia fina, Luis Landero retoma la memoria y las lecturas de su particular universo personal donde las dejó en El balcón en invierno. Y lo hace en este...
Editorial:
Tusquets Editores
Colección:
Andanzas
Encuadernación:
Tapa blanda o Bolsillo
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Español
Idioma original :
Español
ISBN:
978-84-9066-848-1
EAN:
9788490668481
Dimensiones:
225 x 148 mm.
Peso:
352 gramos
Nº páginas:
240
Fecha publicación :
03-02-2021
 
 
Sinopsis

Sinopsis de: "El huerto de Emerson"

Tras el éxito prolongado de Lluvia fina, Luis Landero retoma la memoria y las lecturas de su particular universo personal donde las dejó en El balcón en invierno. Y lo hace en este libro memorable, que vuelve a trenzar de manera magistral los recuerdos del niño en su pueblo de Extremadura, del adolescente recién llegado a Madrid o del joven que empieza a trabajar, con historias y escenas vividas en los libros con la misma pasión y avidez que en el mundo real. En El huerto de Emerson asoman personajes de un tiempo aún reciente, pero que parecen pertenecer a un ya lejano entonces, y tan llenos de vida como Pache y su boliche en medio de la nada, mujeres hiperactivas que sostienen a las familias como la abuela y la tía del narrador, hombres callados que de pronto revelan secretos asombrosos, o novios cándidos como Florentino y Cipriana y su enigmático cortejo al anochecer. A todos ellos Landero los convierte en pares de los protagonistas del Ulises, congéneres de los personajes de las novelas de Kafka o de Stendhal, y en acompañantes de las más brillantes reflexiones sobre escritura y creación en una mezcla única de humor y poesía, de evocación y encanto. Es difícil no sentirse transportado a un relato contado junto al fuego.

Más sobre

Landero, Luis

Luis Landero (Alburquerque, Badajoz 1948) se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989, novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007), Retrato de un hombre inmaduro (2010), Absolución (2012, mejor novela española del año según El País), El balcón en invierno (2014, Premio Libro del Año de los libreros de Madrid en 2015) y La vida negociable (2017). Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno los nombres esenciales de la narrativa española.

 

Antón, su amigo y la revolución rusa

 (Cfr. www.almudi.org)

 

Anton, su amigo y la revolución rusa



Reseña: 

Historia inspirada en hechos reales de dos niños, uno cristiano y otro judío, cuya amistad logra sobrevivir por encima de los prejuicios, el odio y el paso del tiempo. Unos niños a los que les tocó vivir los convulsos acontecimientos de la Revolución Rusa y las atrocidades de la Primera Guerra Mundial.

Conmovedora última película del realizador georgiano Zaza Urushadze, responsable de Mandarinas, y fallecido prematuramente a la edad de 54 años. Adapta una novela del escritor canadiense Dale Eisler, que se inspira en hechos reales ocurridos a su propia familia.

Hay películas en las que se reconoce su buen pulso desde el primer fotograma, y Anton, su amigo y la revolución es una de ellas. La cinta funciona muy bien en su humanidad, al pintar familias cuyos miembros se quieren y que tratan de llevar una vida feliz, pero la alargada sombra de la tiranía despótica hace mella, e invita a la resistencia.

El film utiliza bien la predicación inicial de un sacerdote, que comenta el pasaje evangélico en que Jesús habla de “hacerse como niños”, como subtexto que choca con la realidad de un astuto personaje que se aprovecha de la inocencia y bondad de unos pequeños. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Colabora con Almudi

Copyright © Almudí 2014

 

12 febrero 2021

La oración en la vida cotidiana

 (Cfr. www.almudi.org)

 


 

En su catequesis semanal, durante la audiencia general de hoy, el Papa ha dicho que “el que reza es como un enamorado que lleva siempre en el corazón a la persona amada, vaya donde vaya”

Texto de la catequesis del Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Reflexionamos hoy sobre la oración en la vida cotidiana. El que reza es como un enamorado: lleva siempre en el corazón a la persona amada, vaya donde vaya. Por eso, podemos rezar en cualquier momento, en los acontecimientos de cada día: en la calle, en la oficina, en el tren; con palabras o en el silencio de nuestro corazón. Incluso un pensamiento aparentemente “profano” puede estar impregnado de oración. El Espíritu del Señor siempre se nos ofrece para que brote el diálogo con Él.

La oración nos va transformando: calma la ira, mantiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza de perdonar. En la oración se nos concede la gracia para afrontar cada día con esperanza y valentía, como llamadas de Dios y ocasiones para encontrarnos con Él. Además, la oración nos ayuda a amar a los demás, conscientes de que todos somos pecadores y, al mismo tiempo, amados personalmente por el Señor. Somos seres frágiles, pero sabemos rezar: esta es nuestra mayor dignidad.

Por tanto, recemos por todo y por todos: por nuestros seres queridos, y también por las personas que no conocemos, incluso por nuestros enemigos. Recemos especialmente por los que más sufren a causa del dolor y la enfermedad, de la soledad y la precariedad. Rezando y amando así este mundo, amándolo con compasión y ternura, como Jesús, descubriremos que cada día lleva escondido en sí un fragmento del misterio de Dios.

Texto completo de la catequesis del Santo Padre taducida al español

En la catequesis anterior vimos cómo la oración cristiana está “anclada” en la Liturgia. Hoy destacaremos cómo desde la Liturgia vuelve siempre a la vida diaria: por la calle, en la oficina, en los medios de transporte… Y ahí continúa el diálogo con Dios: quien reza es como el enamorado, que lleva siempre en el corazón a la persona amada, donde quiera que esté.

De hecho, todo es asumido en ese diálogo con Dios: toda alegría se convierte en motivo de alabanza, toda prueba es ocasión para pedir ayuda. La oración está siempre viva en la vida, como una brasa, también cuando la boca no habla pero habla el corazón. Todo pensamiento, hasta el aparentemente “profano”, puede ser impregnado de oración. También en la inteligencia humana hay un aspecto orante; es como una ventana asomada al misterio: ilumina los pocos pasos que están delante de nosotros y después se abre a toda la realidad, realidad que la precede y la supera. Este misterio no tiene un rostro inquietante o angustiante, no: el conocimiento de Cristo nos hace confiar en que allí donde nuestros ojos y los ojos de nuestra mente no pueden ver, no está la nada, sino alguien que nos espera, una gracia infinita. Y así la oración cristiana infunde en el corazón humano una esperanza invencible: cualquier experiencia que toque nuestro camino, el amor de Dios puede convertirlo en bien.

Al respecto, el Catecismo dice: «Aprendemos a orar en ciertos momentos escuchando la Palabra del Señor y participando en su Misterio Pascual; pero, en todo tiempo, en los acontecimientos de cada día, su Espíritu se nos ofrece para que brote la oración. […] El tiempo está en las manos del Padre; lo encontramos en el presente, ni ayer ni mañana, sino hoy» (n. 2659). Hoy encuentro a Dios, siempre está el hoy del encuentro.

No existe otro maravilloso día que el hoy que estamos viviendo. La gente que vive siempre pensando en el futuro −“Bueno, el futuro será mejor…”− pero no asume el hoy como viene, es gente que vive en la fantasía, no sabe aceptar lo concreto de la realidad. Y el hoy es real, el hoy es concreto. Y la oración sucede en el hoy. Jesús nos sale al encuentro hoy, este hoy que estamos viviendo. Y la oración transforma este hoy en gracia, o mejor, nos transforma: apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar. En algún momento nos parecerá que ya no somos nosotros los que vivimos, sino que la gracia vive y actúa en nosotros mediante la oración. Y cuando nos venga un pensamiento de rabia, de descontento, que nos lleve a la amargura, detengámonos y digamos al Señor: “¿Dónde estás? ¿Y adónde estoy yendo yo?”. El Señor está ahí, el Señor nos dirá la palabra justa, el consejo para ir adelante sin este zumo amargo de lo negativo. Porque la oración siempre, usando una palabra profana, es positiva. Siempre. Te lleva adelante. Cada día que empieza, si es llevado a la oración, va acompañado de valentía, de forma que los problemas que afrontamos no sean un estorbo a nuestra felicidad, sino llamadas de Dios, ocasiones para nuestro encuentro con Él. Y cuando uno es acompañado por el Señor, se siente más valiente, más libre, e incluso más feliz.

Por tanto, recemos siempre por todo y por todos, también por los enemigos. Jesús nos aconsejó: “Rezad por vuestros enemigos”. Recemos por nuestros seres queridos, pero también por los que no conocemos; incluso por nuestros enemigos, como he dicho, como a menudo nos invita a hacer la Escritura. La oración dispone a un amor sobreabundante. Recemos sobre todo por las personas infelices, por los que lloran en la soledad y dudan de que todavía haya un amor que late por ellos. La oración hace milagros; y entonces los pobres intuyen, por la gracia de Dios, que, también en esa situación suya de precariedad, la oración de un cristiano hace presente la compasión de Jesús: Él miraba con gran ternura a la multitud cansada y perdida como ovejas sin pastor (cfr. Mc 6,34). El Señor es −no lo olvidemos− el Señor de la compasión, de la cercanía, de la ternura: tres palabras para no olvidar nunca. Porque es el estilo del Señor: compasión, cercanía, ternura.

La oración nos ayuda a amar a los demás, a pesar de sus errores y pecados. La persona siempre es más importante que sus actos, y Jesús no juzgó al mundo, sino que lo salvó. Es fea la vida de las personas que siempre están juzgando a los otros, siempre condenando, juzgando: es una vida fea, infeliz. Jesús vino a salvarnos: abre tu corazón, perdona, justifica a los demás, entiende, sé tú también cercano a los otros, ten compasión, ternura como Jesús. Es necesario querer a todos y cada uno recordando, en la oración, que todos somos pecadores y al mismo tiempo amados por Dios uno a uno. Amando así este mundo, amándolo con ternura, descubriremos que cada día y cada cosa lleva escondido en sí un fragmento del misterio de Dios.

Escribe también el Catecismo: «Orar en los acontecimientos de cada día y de cada instante es uno de los secretos del Reino revelados a los “pequeños”, a los servidores de Cristo, a los pobres de las bienaventuranzas. Es justo y bueno orar para que la venida del Reino de justicia y de paz influya en la marcha de la historia, pero también es importante impregnar de oración las humildes situaciones cotidianas. Todas las formas de oración pueden ser la levadura con la que el Señor compara el Reino» (n. 2660).

El hombre −la persona humana, el hombre y la mujer− es semejante a un soplo, como una brizna de hierba (cfr. Sal 144,4; 103,15). El filósofo Pascal escribía: «No es necesario que el universo entero se arme para aplastarlo: un vapor, una gota de agua bastan para matarlo» (Pensamientos, 186). Somos seres frágiles, pero sabemos rezar: esa es nuestra dignidad más grande, también nuestra fortaleza. Ánimo. Rezar en cada momento, en cada situación, porque el Señor está cerca de nosotros. Y cuando una oración es según el corazón de Jesús, obra milagros.

Saludos

Saludo cordialmente a los fieles de lengua francesa. Hermanos y hermanas, pidamos al Señor que nos dé el gusto de la oración diaria, para que haga posible el milagro del encuentro con el prójimo en su sufrimiento y en sus necesidades. ¡Imparto a todos mi bendición!

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua inglesa. Invito a todos, especialmente en este tiempo de pandemia, a acercarse al Señor en la oración diaria, llevándole nuestras necesidades y las del mundo que nos rodea. Sobre vosotros y vuestras familias invoco la alegría y la paz de Cristo. ¡Dios os bendiga!

Dirijo un cordial saludo a los hermanos y hermanas de lengua alemana. La oración es la levadura con la que se mezcla toda la vida, incluso las humildes circunstancias diarias. Así podemos vivir siempre en presencia de Dios que nos quiere felices. El Señor os bendiga a todos.

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Mañana celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, patrona de los enfermos. Pidamos por su intercesión que el Señor conceda la salud del alma y cuerpo a todos los que sufren a causa de alguna enfermedad y de la actual pandemia, y fortalezca a quienes los asisten y los acompañan en este tiempo de prueba que atraviesan en sus vidas. Que Dios los bendiga a todos.

Dirijo un cordial saludo a los fieles de lengua portuguesa. Queridos hermanos, la oración transforma nuestra mirada y nos ayuda a acercarnos a todos, incluso a los que son diferentes a nosotros. Que la Virgen María vele sobre vuestro camino y os ayude a ser ese signo incondicional de amor en medio de vuestros hermanos. Que la bendición de Dios descienda sobre vosotros y vuestras familias.

Saludo a los fieles de lengua árabe. Somos seres frágiles, pero sabemos rezar: esa es nuestra mayor dignidad. Y cuando una oración está de acuerdo con el corazón de Jesús, obra milagros. ¡El Señor os bendiga a todos y os proteja siempre de todo mal!

Saludo cordialmente a los polacos. Pensando en la oración diaria, espero que en cada situación de la vida os acompañe una conversación con Cristo de corazón a corazón; no solo ante el Santísimo Sacramento, la cruz o una imagen sagrada, sino también de camino al trabajo, de viaje y durante las tareas diarias. Que esa oración se convierta en vuestra buena costumbre. Os bendigo de corazón.

Dirijo un cordial saludo a los fieles de lengua italiana. En una sociedad que sigue herida por contrastes y divisiones, sed signo de un plan de reconciliación y fraternidad que hunda sus raíces en el Evangelio y en la ayuda indispensable de la oración.

Finalmente, mi pensamiento se dirige, como de costumbre, a los ancianos, jóvenes, enfermos y recién casados. Mañana celebraremos la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes. Espero que imitéis a Nuestra Señora en plena disponibilidad a la voluntad de Dios. Gracias.

Llamamiento

1. Expreso mi cercanía a las víctimas de la calamidad ocurrida hace tres días en el norte de la India, donde parte de un glaciar se desprendió provocando una violenta inundación, que destruyó dos centrales eléctricas en construcción. Rezo por los trabajadores difuntos y por sus familiares, y por todas las personas heridas y dañadas.

2. En Extremo Oriente y en varias partes del mundo, el próximo viernes 12 de febrero muchos millones de hombres y mujeres celebrarán el Año Nuevo Lunar. A todos ellos y a sus familias deseo enviar mi cordial saludo, junto al deseo de que el nuevo año traiga frutos de fraternidad y solidaridad. En este momento particular, en el que son fuertes las preocupaciones para afrontar los desafíos de la pandemia, que toca no solo el físico y el alma de las personas, sino que influye también en las relaciones sociales, formulo el deseo de que cada uno pueda gozar de buena salud y serenidad de vida. Mientras invito, finalmente, a rezar por el don de la paz y de todos los demás bienes, recuerdo que estos se obtienen con bondad, respeto, amplitud de miras y valentía, sin olvidar nunca tener un cuidado preferencial por los más pobres y débiles.

Fuente: vatican.va / romereports.com

Traducción de Luis Montoya


Meditación Domingo 6º t.o. (B)

 (Cfr www.almudi.org)

 

La lepra del pecado

«Y vino hacia él un leproso que, rogándole de rodillas, le decía: Si quieres, puedes limpiarme. Y compadecido, extendió la mano, le tocó y le dijo: Quiero, queda limpio. Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. Le conminó y enseguida lo despidió, diciéndole: Mira, no digas nada a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio. Sin embargo, una vez que se fue, comenzó a proclamar y a divul­gar la noticia, hasta el punto de que ya no podía entrar abier­tamente en ciudad alguna, sino que se quedaba fuera, en luga­res apartados. Pero acudían a él de todas partes» (Marcos 1,40-45).

I. La curación de un leproso que narra el Evangelio de la Misa debió de conmover mucho a las gentes y fue objeto frecuente de predicación en la catequesis de los Apóstoles. Así nos lo hace ver el hecho de ser recogido con tanto detalle por tres Evangelistas. De ellos, San Lucas precisa que el milagro se realizó en una ciudad, y que la enfermedad se encontraba ya muy avanzada: estaba todo cubierto de lepra, nos dice.

La lepra era considerada entonces como una enfermedad incurable. Los miembros del leproso eran invadidos poco a poco, y se producían deformaciones en la cara, en las manos, en los pies, acompañadas de grandes padecimientos. Por temor al contagio, se les apartaba de las ciudades y de los caminos. Como se lee en la Primera lectura de la Misa, se les declaraba por este motivo legalmente impuros, se les obligaba a llevar la cabeza descubierta y los vestidos desgarrados, y habían de darse a conocer desde lejos cuando pasaban por las cercanías de un lugar habitado. Las gentes huían de ellos, incluso los familiares; y en muchos casos se interpretaba su enfermedad como un castigo de Dios por sus pecados. Por estas circunstancias, extraña ver a este leproso en una ciudad. Quizá ha oído hablar de Jesús y lleva tiempo buscando la ocasión para acercarse a Él. Ahora, por fin, le ha encontrado y, con tal de hablarle, incumple las tajantes prescripciones de la antigua ley mosaica. Cristo es su esperanza, su única esperanza.

La escena debió de ser extraordinaria. Se postró el leproso ante Jesús, y le dijo: Señor, si quieres puedes limpiarme. Si quieres... Quizá se había preparado un discurso más largo, con más explicaciones..., pero al final todo quedó reducido a esta jaculatoria llena de sencillez, de confianza, de delicadeza: Si vis, potes me mundare, si quieres, puedes... En estas pocas palabras se resume una oración poderosa. Jesús se compadeció; y los tres Evangelistas que relatan el suceso nos han dejado el gesto sorprendente del Señor: extendió la mano y le tocó. Hasta ahora todos los hombres habían huido de él con miedo y repugnancia, y Cristo, que podía haberle curado a distancia -como en otras ocasiones-, no sólo no se separa de él, sino que llegó a tocar su lepra. No es difícil imaginar la ternura de Cristo y la gratitud del enfermo cuando vio el gesto del Señor y oyó sus palabras: Quiero, queda limpio. El Señor siempre desea sanarnos de nuestras flaquezas y de nuestros pecados. Y no tenemos necesidad de esperar meses ni días para que pase cerca de nuestra ciudad, o junto a nuestro pueblo... Al mismo Jesús de Nazaret que curó a este leproso le encontramos todos los días en el Sagrario más cercano, en la intimidad del alma en gracia, en el sacramento de la Penitencia. «Es Médico y cura nuestro egoísmo, si dejamos que su gracia penetre hasta el fondo del alma. Jesús nos ha advertido que la peor enfermedad es la hipocresía, el orgullo que lleva a disimular los propios pecados. Con el Médico es imprescindible una sinceridad absoluta, explicar enteramente la verdad y decir: Domine, si vis, potes me mundare (Mt 8, 2), Señor, si quieres -y Tú quieres siempre-, puedes curarme. Tú conoces mi flaqueza; siento estos síntomas, padezco estas otras debilidades. Y le mostramos sencillamente las llagas; y el pus, si hay pus»; todas las miserias de nuestra vida.

Hoy debemos recordar que las mismas flaquezas y debilidades pueden ser la ocasión para acercarnos más a Cristo, como le ocurrió a este leproso. Desde aquel momento sería ya un discípulo incondicional de su Señor. ¿Nos acercamos nosotros con estas disposiciones de fe y de confianza a la Confesión? ¿Deseamos vivamente la limpieza del alma? ¿Cuidamos con esmero la frecuencia con que hayamos previsto recibir este sacramento?

II. Los Santos Padres vieron en la lepra la imagen del pecado por su fealdad y repugnancia, por la separación de los demás que ocasiona... Con todo, el pecado, aun el venial, es incomparablemente peor que la lepra por su fealdad, por su repugnancia y por sus trágicos efectos en esta vida y en la otra. «Si tuviésemos fe y si viésemos un alma en estado de pecado mortal, nos moriríamos de terror». Todos somos pecadores, aunque por la misericordia divina estemos lejos del pecado mortal. Es una realidad que no debemos olvidar; y Jesús es el único que puede curarnos; sólo Él.

El Señor viene a buscar a los enfermos, y Él es quien únicamente puede calibrar y medir con toda su tremenda realidad la ofensa del pecado. Por eso nos conmueve su acercamiento al pecador. Él, que es la misma Santidad, no se presenta lleno de ira, sino con gran delicadeza y respeto. «Así es el estilo de Jesús, que vino a dar cumplimiento, no a destruir.

»Al sanar, al curar de la lepra, el Señor realiza grandes signos. Estos signos servían para manifestar la potencia de Dios ante las enfermedades del alma: ante el pecado. La misma reflexión se desarrolla en el Salmo responsorial, que proclama precisamente la bienaventuranza del perdón de los pecados: Dichoso el que ha sido absuelto de su culpa... (Sal 31, 1). Jesús sana de la enfermedad física, pero al mismo tiempo libera del pecado. Se revela de esta forma como el Mesías anunciado por los Profetas, que tomó sobre Sí nuestras enfermedades y asumió nuestros pecados (cfr. Is 53, 312) para liberarnos de toda enfermedad espiritual y material (...). Así, pues, un tema central de la liturgia de hoy es la purificación del pecado, que es como la lepra del alma».

Jesús nos dice que ha venido para eso: para perdonar, para redimir, para librarnos de esa lepra del alma, del pecado. Y proclama su perdón como signo de omnipotencia, como señal de un poder que sólo Dios mismo puede ejercer. Cada Confesión es expresión del poder y de la misericordia de Dios; los sacerdotes ejercitan este poder no en virtud propia, sino en nombre de Cristo -in persona Christi-, como instrumentos en manos del Señor. «Jesús nos identifica de tal modo consigo en el ejercicio de los poderes que nos confirió -decía Juan Pablo II a los sacerdotes-, que nuestra personalidad es como si desapareciese delante de la suya, ya que Él es quien actúa por medio de nosotros (...). Es el propio Jesús quien, en el sacramento de la penitencia, pronuncia la palabra autorizada y paterna: Tus pecados te son perdonados». Oímos a Cristo en la voz del sacerdote.

En la Confesión nos acercamos, con veneración y agradecimiento, al mismo Cristo; en el sacerdote debemos ver a Jesús, el único que puede sanar nuestras enfermedades. «"¡Domine!" -¡Señor!-, "si vis, potes me mundare" -si quieres, puedes curarme.

»-¡Qué hermosa oración para que la digas muchas veces con la fe del leprosito cuanto te acontezca lo que Dios y tú y yo sabemos! ‑No tardarás en sentir la respuesta del Maestro: "volo, mundare!" ‑quiero, ¡sé limpio!». Jesús nos trata con suprema delicadeza y amor cuando más necesitados nos encontramos a causa de las faltas y pecados.

III. Hemos de aprender de este leproso: con su sinceridad se pone delante del Señor, e hincándose de rodillas reconoce su enfermedad y pide que le cure.

Le dijo el Señor al leproso: Quiero, queda limpio. Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. Nos imaginamos la inmensa alegría del que hasta ese momento era leproso. Tanto fue su gozo que, a pesar de la advertencia del Señor, comenzó a proclamar y divulgar por todas partes la noticia del bien inmenso que había recibido. No se pudo contener con tanta dicha para él solo, y siente la necesidad de hacer partícipes a todos de su buena suerte.

Ésta ha de ser nuestra actitud ante la Confesión. Pues en ella también quedamos libres de nuestras enfermedades, por grandes que pudieran ser. Y no sólo se limpia el pecado; el alma adquiere una gracia nueva, una juventud nueva, una renovación de la vida de Cristo en nosotros. Quedamos unidos al Señor de una manera particular y distinta. Y de ese ser nuevo y de esa alegría nueva que encontramos en cada Confesión hemos de hacer partícipes a quienes más apreciamos, y a todos. No nos debe bastar el haber encontrado al Médico, debemos hacer llegar la noticia, a través de nuestro apostolado personal, a muchos que no saben que están enfermos o que piensan que sus males son incurables. Llevar a muchos a la Confesión es uno de los grandes encargos que Cristo nos hace en estos momentos en que verdaderas multitudes se han alejado de aquello que más necesitan: el perdón de sus pecados.

En ocasiones, tendremos que comenzar por una catequesis elemental, aconsejándoles quizá libros de fácil lectura y explicándoles, con un lenguaje que entiendan, los puntos fundamentales de la fe y de la moral. Les ayudaremos a ver que su tristeza y su vacío interior provienen de la ausencia de Dios en sus vidas. Con mucha comprensión les facilitaremos incluso el modo de hacer un examen de conciencia profundo, y les animaremos a que acudan al sacerdote, quizá el mismo con el que nosotros nos confesamos habitualmente, a que sean sencillos y humildes y cuenten todo lo que les aleja del Señor, que les está esperando. Nuestra oración, el ofrecer por ellos horas de trabajo y alguna mortificación, el confesarnos nosotros mismos con la frecuencia que tengamos prevista, atraerá de Dios nuevas gracias eficaces para esas personas que deseamos se acerquen al sacramento, a Cristo mismo.

Aquel día fue inolvidable para el leproso. Cada encuentro nuestro con Cristo es también inolvidable, y nuestros amigos, a quienes hemos ayudado en su caminar hasta Dios, jamás olvidarán la paz y la alegría de su encuentro con el Maestro. Y se convertirán a su vez en apóstoles que propagan la Buena Nueva, la alegría de confesarse bien. Nuestra Madre Santa María nos concederá, si acudimos a Ella, el gozo y la urgencia de comunicarlos grandes bienes que el Señor -Padre de las Misericordias- nos ha dejado en este sacramento.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal

 

Homilía Domingo 6º t.o. (B)

 (Cfr. www.almudi.org)

 


(Lev 13,1-2.44-46) "Vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento"
(1 Cor 10,31-11,1) "Hacedlo todo para la gloria de Dios"
(Mc 1,40-45) "Si quieres, puedes limpiarme"

 
Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

“Se acercó a Jesús un leproso...” En la 1ª Lectura hemos escuchado que “mientras le dure la lepra, seguirá impuro: vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento”. Por temor al contagio y a incumplir la Ley, las gentes, incluso los familiares, eludían su trato y se apartaban de él con miedo y repugnancia. Jesús, sin embargo, permitió que se acercara y, extendiendo la mano, le tocó para curarlo.

Los Padres de la Iglesia vieron en la lepra la imagen del pecado, tanto por su repugnancia como por la separación que ocasionaba entre quienes estaban cerca. El pecado va introduciendo en el corazón humano un principio de descomposición: el virus de la soberbia, la comodidad egoísta, la sensualidad... que poco a poco va agravando –como la lepra la piel humana- todo el comportamiento de la persona, tornándola molesta primero y repulsiva después, para familiares, amigos y conocidos.

Las flaquezas, errores y abusos deben llevarnos a acercarnos a Cristo en el Sacramento de la Confesión. Jesús aseguró que Él ha venido a por los pecadores: “Es médico y cura nuestro egoísmo, si dejamos que su gracia penetre hasta el fondo del alma. Jesús nos ha advertido que la peor enfermedad es la hipocresía, el orgullo que lleva a disimular los propios pecados. Con el Médico es imprescindible una sinceridad absoluta, explicar enteramente la verdad y decir: Domine, si vis, potes me mundare (Mt 8, 2), Señor, si quieres – y Tú quieres siempre-, puedes curarme” (San Josemaría Escrivá).

En el Salmo Responsorial hay un eco de la alegría que invadió a este leproso: Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. Efectivamente, a pesar de que el Señor le encargó severamente que no se lo dijera a nadie, su alegría al verse curado no pudo guardársela y empezó a divulgar su curación con entusiasmo.

Sólo Dios puede eliminar la lepra del pecado y devolver a la criatura la salud perdida. “El perdón humano, por muy generoso que sea, nunca llega a disipar todas las sombras de la desconfianza. El recuerdo de la ofensa no se borra nunca definitivamente. Aún suponiendo que el que perdona pueda olvidar todo el mal y conceder de nuevo su confianza, el perdonado no podrá nunca olvidar su villanía. Le perseguirá siempre un sordo malestar y se encontrará incómodo ante la persona a la que ofendió” (G. Chevrot).

Cuando Dios perdona todo es distinto y mejor, como se ve en la acogida del Hijo pródigo o en ese mantener a Pedro al frente de su Iglesia a pesar de haberle negado delante de unos criados de casa grande. Dios perdona y permite que podamos sentirnos limpios, caminar con la cabeza bien alta y con el corazón rebosante de alegría y agradecimiento.

08 febrero 2021

LIBRO DE LA SEMANA (5Feb): Miss Marte

(Cfr. www.todostuslibros.com)  

 

 


Miss Marte

Miss Marte

Jabois, Manuel

La nueva novela del autor de Malaherba*** -¿Es verdad que eres Miss Marte?-Sí, es que allí hay otro canon. 1993. Mai, una chica muy joven con una niña de dos años, llega a un pueb...
Editorial:
ALFAGUARA
Colección:
ANAYA E.L.E. EN - DIGITAL
Encuadernación:
Tapa blanda o Bolsillo
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Español
Idioma original :
Español
 
 
Sinopsis

Sinopsis de: "Miss Marte"

La nueva novela del autor de Malaherba*** -¿Es verdad que eres Miss Marte?-Sí, es que allí hay otro canon. 1993. Mai, una chica muy joven con una niña de dos años, llega a un pueblo de costa poniéndolo todo patas arriba. Enseguida hace amigos, conoce a Santi, se enamoran al instante y al cabo de un año celebran una boda que acaba en tragedia, cuando la noche de la fiesta la hija de Mai desaparece misteriosamente. 2019. La periodista Berta Soneira se dispone a rodar un documental sobre el suceso ocurrido veinticinco años atrás. Para ello, entrevista a todos los que aún lo recuerdan, reescribiendo el relato de un día que cambió la vida de todos.

 

 

Más sobre

Jabois, Manuel

Manuel Jabois nació en Sanxenxo (Pontevedra) en 1978 y empezó su carrera como periodista en Diario de Pontevedra. Tras pasar por El Mundo, desde 2015 escribe reportajes, crónicas y columnas en el diario El País; también tiene un espacio diario en el programa Hoy por hoy de la Cadena SER. Como escritor, ha publicado la recopilación de artículos Irse a Madrid (2011), las breves memorias Grupo Salvaje (2012) y Manu (2013) y un largo trabajo sobre el 11-M titulado Nos vemos en esta vida o en la otra (2016).

PELICULA DE LA SEMANA (5 Feb): La última gran estafa

 (Cfr. www.almudi.org)

La última gran estafa

Reseña: 

Remake con reparto y producción a lo grande, del film del cineasta y pintor Harry Hurwitz. George Gallo coescribe y dirige un film atravesado de abundante humor negro, que pone patas arriba las convenciones del mundillo cinematográfico, aunque sin dejar de mostrar en el fondo un amor apasionado por el Séptimo Arte.

El film sigue al cochambroso productor Max Barber (Robert De Niro), que respalda cintas sin demasiado éxito, y al que hasta ahora ha financiado el gángster Reggie Fontaine (Morgan Freeman). Le ayuda en su trabajo su sobrino, el entusiasta Walter Creeson (Zach Braff).

Tras su enésimo fracaso, Fontaine exige a Barber el pago de una importante deuda, y al productor no se le ocurre otra cosa que reclutar en un asilo de actores decrépitos a la vieja estrella del western Duke Montana (Tommy Lee Jones), con tendencias suicidas por la edad y la falta de correspondencia de un viejo amor de juventud. Creeson cree que el proyecto es sincero, recuperar a un actor legendario, pero en realidad lo que Barber espera es que su actor principal muera en el rodaje “accidentalmente” para poder cobrar el seguro. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Colabora con Almudi

Copyright © Almudí 2014

 

Los derechos constitucionales. Museo del Prado

 (Cfr. www.almudi.org)

 

 


“La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”

Andrés Ollero, Magistrado del Tribunal Constitucional, me envió en octubre del año pasado noticia de la presentación de un curioso libro. 

Con motivo de los cuarenta años del Tribunal y los centenarios del Museo del Prado se publicó un libro que selecciona cuadros relacionables con derechos fundamentales, comentados por magistrados de este tribunal. 

A Andrés le correspondió el artículo 27 (derecho a la educación). También se realizó un video con tales comentarios. Ollero salta al terreno de juego en el minuto 14. 

El cuadro de entrada elegido para este artículo (por ser vertical), ilustra el Derecho a la libertad ideológica del Artículo 16.1, que dice así: «Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto en los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley».

Por su parte, el artículo comentado por Ollero, atropellado clamorosamente por la Ley Celaá, establece:

1. Todos tienen el derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza.

2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.

3. Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. 

El comentario que hace al artículo y al cuadro de Veronés elegido es el siguiente:

«El protagonista del cuadro de La disputa con los doctores en el Templo, de Veronés, pintor arraigado en Venecia y, a la vez, del artículo constitucional que nos ocupa es un joven, sin duda, peculiar. Tanto el cuadro, que se ha sugerido pudo traer Velázquez de su segundo viaje a Italia, como el texto nos recuerdan, en todo caso, que ha de ser la valoración del interés del menor lo que presida la interpretación de todos los apartados del artículo 27. La libertad de enseñanza completa el primero de ellos; aparece como la condición y el óptimo modo de satisfacer el derecho de los jóvenes a la educación. 

El apartado segundo presenta como objeto del derecho un contenido obligado de toda educación, desde el periodo obligatorio y gratuito a su posible continuidad universitaria: el pleno desarrollo de la personalidad y la asimilación de los principios democráticos y de los derechos y libertades en que se plasman. Encierran esos unos conceptos éticos, tan mínimos como indispensables, para hacer posible una convivencia realmente humana. A nadie puede extrañar pues que haya asignaturas que se ocupen de ilustrarlos.

Las figuras que rodean al protagonista del lienzo parecen implicar una inversión del proceso educativo, pero en realidad todo buen maestro acaba aprendiendo al enseñar a sus discípulos; aunque solo sea porque le recuerdan que cuando no se es capaz de hacer entender algo es porque en realidad no se conoce. Mejorar lo que se enseña es el más eficaz modo de llegar a saber más.

Se ha distinguido en la Constitución, sin embargo, entre conceptos y concepciones. Estas últimas serían el modo de concretar aquellos; obligadamente no uniforme, dando el papel del pluralismo como valor superior del ordenamiento (artículo 1.1 CE).

Mientras el menor sea tal, serán los padres, reconocidos como los mejores intérpretes de su interés, los que ejerzan su deber de coeducadores orientando aspectos morales o religiosos, siempre plurales y no pocas veces polémicos. Solo cuando un Estado se considere propietario de sus ciudadanos caerá en la tentación de inmiscuirse como adoctrinador respecto a tales concepciones. De los poderes públicos se espera en este ámbito un exquisito respeto a la libertad.

En el margen derecho del cuadro, datado hacia 1560, destaca un anciano con barba que viste hábito de caballero del Santo Sepulcro y no oculta un bordón de peregrino. Se ha sugerido que puede tratarse de quien lo encargó, quizá a su regreso de una peregrinación a Tierra Santa».

Lo guardé porque me pareció interesante y quería explorar el libro y el vídeo con detenimiento. Siempre me han fascinado las interacciones entre las artes y las ciencias, y pienso que las ilustraciones con cuadros clásicos de obras musicales, acontecimientos históricos, convicciones religiosas y, como se ve, hasta derechos fundamentales, es de una belleza enriquecedora y de unas posibilidades interpretativas casi infinitas. 

El Tribunal Constitucional ofrece esta combinación de Arte y Derecho en su página web, que da acceso al libro y al vídeo. 

______________________

Cuadro 1: Francisco de Goya, Melchor Gaspar de Jovellanos. 1798. Óleo sobre lienzo, 205 x 133 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado, cat. P003236.

Cuadro 2: Paolo Veronés, La disputa con los doctores en el Templo. Hacia 1560. Óleo sobre lienzo, 236 x 430 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado, cat. P000491.

Alberto Tarifa, en paracambiarelmundo.blogspot.com