Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

28 abril 2017

Catequesis en español del Papa Francisco 26/04/2017 HD

¿Hasta cuándo permanecerá el cuidado de Dios por los hombres? ¿Hasta
cuándo Jesús caminará con nosotros? Fueron las preguntas presentadas y
respondidas por el Papa a partir del Evangelio de Mateo, en torno al
cual desarrolló la catequesis del miércoles 26 de abril sobre la
esperanza cristiana.

´LIBRO DE LA SEMANA (28 Abr): Hillbily, une elegia rural

(Cfr. www.almudi.org)


  Hillbilly, una elegía rural.
PRECIO:
20,00 €

PELICULA DE LA SEMANA (28 Abr): La profesora

(Cfr. www.almudi.org)

  
La profesora


Reseña: 
Desde la llegada a una escuela de Bratislava de María Drazdechova, la nueva profesora, la vida de sus padres y alumnos se ha vuelto del revés. El convencimiento del comportamiento corrupto de la profesora y el intento de suicidio de uno de los chicos posiblemente a causa de este asunto, hace que el director de la escuela convoque a los padres a una reunión de urgencia que, de repente, pondrá el futuro de todas las familias en juego. Sin embargo, la conexión de la profesora con el Partido Comunista hace que todos se sientan amenazados y, por tanto, sin oportunidad de tomar decisiones que vayan en contra de ella.
Brillante disección de los mecanismos de poder del régimen comunista, a cargo del checo Jan Hrebejk, un poco desconocido fuera de su país, pese a títulos como Casas acogedoras y Tenemos que ayudarnos.
Se apoya en un esquema narrativo que recuerda al clásico 12 hombres sin piedad, pues se van dando pistas de lo ocurrido a través de flash-backs, y se contraponen las opiniones de los que juzgan. Rememora una realidad trágica con elegancia, y se añaden numerosos golpes de humor muy sutil. Esta película checa sobre la reacción individual frente a una situación de amenaza en una escuela pone el foco en los personajes, bien perfilados. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Programa VIAJE PAPA A EGIPTO

(Cfr. www.almudi.org)

 

 
 
Programa de la visita apostólica que el Santo Padre realizará a Egipto los días 28 y 29 de abril de 2017

Antes de emprender su Viaje Apostólico a Egipto, Francisco envió un vídeo mensaje al pueblo egipcio, expresando su profunda alegría y gratitud por haber sido invitado a visitar esa amada nación, a la que llega como mensajero de paz y como amigo.

Iremos actualizando esta agenda con las intervenciones del Santo Padre durante su permanencia en aquel país.

Transmisiones en directo del CTV

Galería fotográfica

 

Agenda


Viernes 28 de abril de 2017
10.45 − Salida en avión desde el aeropuerto de Roma/Fiumicino hacia El Cairo.
14.00 − Llegada al aeropuerto internacional de El Cairo.
Recibimiento oficial
Ceremonia de bienvenida en el Palacio Presidencial de Heliópolis.
Visita de cortesía al Presidente de la República.
Visita de cortesía al Gran Imán de Al-Azhar.
Discurso a los participantes en la Conferencia Internacional sobre la Paz.
▪ Discurso del Gran Imán.
▪ Discurso del Santo Padre.
16.40 − Encuentro con las autoridades.
▪ Discurso del Presidente.
▪ Discurso del Santo Padre.
Visita de cortesía a S.S. el Papa Tawadros II.
▪ Discurso del Papa Tawadros II.
▪ Discurso del Santo Padre.

Sábado 29 de abril de 2017
10.00 − Santa Misa.
12.15 − Almuerzo con los obispos egipcios y el séquito papal.
15.15 − Encuentro de oración con el clero, religiosos/as y seminaristas.
Ceremonia de despedida.
17.00 − Salida en avión del aeropuerto de El Cairo.
20.30 − Llegada al aeropuerto de Roma/Ciampino.

Huso horario
Roma: +2h UTC
El Cairo: +2h UTC
Fuente: vatican.va / romereports.com.

Meditación Domingo 3 Pascua (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 
Jesús es nuestra protección, con Él vamos seguros, y al final será nuestra heredad (que se aplica también a quien lo deja todo por Jesús

Aquel mismo día, el domingo, iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.
Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?». Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado, Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?». Él les dijo: «¿Qué cosas?». Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron».
Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?». Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado».
Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan” (Lc 24,13-35).

1. Los discípulos de Emaús nos recuerdan el camino de nuestras dudas e inquietudes, y a veces de nuestras amargas desilusiones, y cómo el divino Caminante sigue haciéndose nuestro compañero para introducirnos, con la interpretación de las Escrituras, en la comprensión de los misterios de Dios. Cuando el encuentro llega a su plenitud, a la luz de la Palabra se añade la que brota del «Pan de vida», con el cual Cristo cumple a la perfección su promesa de «estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo» (cf. Mt 28,20).
La «fracción del pan» —como al principio se llamaba a la Eucaristía— ha estado siempre en el centro de la vida de la Iglesia. Por ella, Cristo hace presente a lo largo de los siglos el misterio de su muerte y resurrección. En ella se le recibe a Él en persona, como «pan vivo que ha bajado del cielo» (Jn 6,51), y con Él se nos da la prenda de la vida eterna, merced a la cual se pregusta el banquete eterno en la Jerusalén celeste.
"Iban aquellos dos discípulos hacia Emaús. Su paso era normal, como el de tantos otros que transitaban por aquel paraje. Y allí, con naturalidad, se les aparece Jesús, y anda con ellos, con una conversación que disminuye la fatiga. Me imagino la escena, ya bien entrada la tarde. Sopla una brisa suave. Alrededor, campos sembrados de trigo ya crecido, y los olivos viejos, con las ramas plateadas por la luz tibia. Jesús, en el camino. ¡Señor, qué grande eres siempre! Pero me conmueves cuando te allanas a seguirnos, a buscarnos, en nuestro ajetreo diario. Señor, concédenos la ingenuidad de espíritu, la mirada limpia, la cabeza clara, que permiten entenderte cuando vienes sin ningún signo exterior de tu gloria" (San Josemaría Escrivá). Es el encuentro de cada día con Jesús que pasa, que nos sale al encuentro en las mil circunstancias de cada día, si ponemos los medios para verle, para hablarle, para escucharle... Es el trato con Jesús, que “deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto" (id.). "Se termina el trayecto al encontrar la aldea, y aquellos dos que -sin darse cuenta- han sido heridos en lo hondo del corazón por la palabra y el amor del Dios hecho Hombre, siente que se vaya. Porque Jesús les saluda con ademán de continuar adelante. No se impone nunca, este Señor nuestro. Quiere que le llamemos libremente, desde que hemos entrevisto la pureza del Amor, que nos ha metido en el alma. Hemos de detenerlo por fuerza y rogarle: continúa con nosotros, porque es tarde, y va ya el día de caída, se hace de noche (...) Y Jesús se queda. Se abren nuestros ojos como los de Cleofás y su compañero, cuando Cristo parte el pan; y aunque El vuelva a desaparecer de nuestra vista, seremos también capaces de emprender de nuevo la marcha -anochece-, para hablar a los demás de Él, porque tanta alegría no cabe en un pecho solo. Camino de Emaús. Nuestro Dios ha llenado de dulzura este nombre. Y Emaús es el mundo entero, porque el Señor ha abierto los caminos divinos de la tierra" (id.).
San León Magno explica el profundo cambio que experimentan los discípulos, en sus mentes y corazones: «Durante estos días, el Señor se juntó, como uno más, a los dos discípulos que iban de camino y les reprendió por su resistencia en creer, a ellos que estaban temerosos y turbados, para disipar en nosotros toda tiniebla de duda. Sus corazones, por Él iluminados, recibieron la llama de la fe y se convirtieron de tibios en ardientes, al abrirles el Señor el sentido de las Escrituras. En la fracción del pan, cuando estaban sentados con Él a la mesa, se abrieron también sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada». La Pascua de Jesús devuelve su belleza a todo lo creado; es como si el mundo fuese creado nuevamente. Dice al respecto San Ambrosio: "en ella (en la Pascua) resucitó el mundo, el cielo y la tierra; en adelante habrá un cielo nuevo y una tierra nueva".
“Quédate con nosotros, / la tarde está cayendo. / ¿Cómo te encontraremos / al declinar el día, / si tu camino no es nuestro camino? // Detente con nosotros; / la mesa está servida, / caliente el pan y envejecido el vino. // ¿Cómo sabremos que eres / un hombre entre los hombres, / si no compartes nuestra mesa humilde? / Repártenos tu cuerpo, / y el gozo irá alejando / la oscuridad que pesa sobre el hombre. // Vimos romper el día / sobre tu hermoso rostro, / y al sol abrirse paso por tu frente. / Que el viento de la noche / no apague el fuego vivo / que nos dejó tu paso en la mañana. // Arroja en nuestras manos, / tendidas en tu busca, / las ascuas encendidas del Espíritu; / y limpia, en lo más hondo / del corazón del hombre, / tu imagen empañada por la culpa…
Porque anochece ya, / porque es tarde, Dios mío, / porque temo perder / las huellas del camino, / no me dejes tan solo / y quédate conmigo. / Porque he sido rebelde / y he buscado el peligro / y escudriñé curioso / las cumbres y el abismo, / perdóname, Señor, / y quédate conmigo. // Porque ardo en sed de ti / en hambre de tu trigo, / ven, siéntate a mi mesa, / bendice el pan y el vino. / ¡Qué aprisa cae la tarde! / ¡Quédate al fin conmigo! Amén (himno de Vísperas).
 “Te glorificamos, Padre santo, / porque estás siempre con nosotros en el camino de la vida; / sobre todo cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega / para el banquete pascual de su amor. / Como hizo en otro tiempo con los discípulos de Emaús, / él nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan” (Plegaria Eucarística V).

2. Pedro habla sin los miedos que antes tenía; recuerda los milagros de Jesús y su muerte y resurrección. Habla con la fuerza del "Espíritu de verdad". En la Entrada decimos: «Aclamad al Señor tierra entera, tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Aleluya» (Sal 65,1-2). Es un tiempo de paciencia y esperanza: «Dios le resucitó [a Cristo] librándole de los dolores de la muerte, pues no era posible que quedase bajo su dominio»…
Es lo que indica el Salmo: profecía de la resurrección de Jesús, y abandono confiado en Dios, en quien estamos seguros: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti… “Tú eres mi bien.» / El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, / mi suerte está en tu mano…” Es Jesús quien tiene como lote de su heredad al Señor, y también nos invita a vivir su vida.
Me enseñarás el sendero de la vida, / me saciarás de gozo en tu presencia, / de alegría perpetua”... Así, todo será para bien, todo lo reconduce el Señor hacia el bien, al final todo serán alegrías, por encima de las tormentas de la tierra, de las cosas que no entendemos… “porque no me entregarás a la muerte / ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción”.
Es lo que pedimos en la oración de postcomunión: «Mira, Señor, con bondad a tu pueblo y, ya que has querido renovarlo con estos sacramentos de vida eterna, concédele también la resurrección gloriosa».

3. Hemos sido rescatados “a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien.
Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza”.
Hemos sido redimidos con la sangre de Cristo, el Cordero de Dios, y Melitón dice: «Este es el Cordero que enmudecía y que fue inmolado; el mismo que nació de María, la hermosa Cordera; el mismo que fue arrebatado del rebaño, empujado a la muerte, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; aquél que no fue quebrantado en el leño, ni se descompuso en la tierra; el mismo que resucitó de entre los muertos e hizo que el hombre surgiera desde lo más hondo del sepulcro» (Homilía sobre la Pascua 71).

Homilía Domingo 3 Pascua (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 

(Hch 2,14.22-23) "Dios resucitó a este Jesús"
(1 Pe 1,17-21) "Por Cristo vosotros creéis en Dios"
(Lc 24,13-35) "Quédate con nosotros"


Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

¿Qué fue lo que motivó que el desengaño y la sensación de fracaso de los discípulos de Emaús -y de los creyentes o de los alejados hoy de la comunión eclesial representados en ellos- fuera substituido por un entusiasmo que les llevó a suplicar: “Quédate con nosotros Señor”?

Cuando Jesús se acerca a estos dos que se vuelven a sus casas, abandonando tal vez la aventura divina a la que fueron convocados, no le reconocen porque la tristeza les embarga. En la trágica tarde del Viernes Santo quedaron enterradas sus esperanza mesiánicas; y ni las noticias de las mujeres asegurando que el Señor ha resucitado ni la confirmación de las mismas por parte de algunos del grupo, han logrado avivar la esperanza. Están decepcionados y tristes.

Cristo, tras censurar su ignorancia sobre lo que anunciaron los profetas y su resistencia a creer a quienes le han visto, les fue explicando, partiendo de Moisés, la conveniencia y el sentido de los trágicos sucesos de la Pasión. Invitado a sentarse a la mesa con ellos porque el día declina, al partir el pan, se les abrieron los ojos y le reconocieron. Previamente, por el camino, las explicaciones del Señor iban encendiendo en ellos la fe y el amor. “Pan y Palabra, Hostia y Oración, si no, no tendrás vida sobrenatural” (S. Josemaría Escrivá).

Cristo Resucitado sigue presente entre nosotros, camina a nuestro lado, está en medio de nosotros; “sobre todo en la acción litúrgica... Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla... Por tanto, de la liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo” (C. Vat. II. S. C. nn 7 y 10).

“Se volvieron a Jerusalén, donde estaban reunidos los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor”. La comunión eclesial se ha restablecido y todos se intercambian sus propias experiencias. Nosotros debemos meditar una y otra vez esa Palabra de Dios que resuena con autoridad en la Iglesia y acudir con la frecuencia que nos sea posible a la Eucaristía.
¿No podríamos nosotros buscar unos minutos al día de modo habitual para meditar sosegadamente esa Palabra de Dios leyendo el Santo Evangelio, y haciendo nuestras aquellas estrofas del libro de la Sabiduría: “la preferí a los cetros..., no la comparé a las piedras preciosas porque todo el oro ante ella es como un grano de arena”? (Sap 7,8-10 y 14). ¿Es para mí su lectura una conversación personal con Jesucristo? ¿Me acerco al Señor, presente en la Eucaristía, con la confianza de quienes le trataron en su tiempo?

¡Ir a verle y oírle en la Eucaristía y en la Palabra, como ciegos, enfermos... en el plano espiritual! ¡Acudir cada día, y no de refilón, sin prisas, para oír de sus labios esas palabras que le encadenan a uno para siempre y sentir la seguridad y confianza que emanan de su Persona!


Economía Social, Cáritas

Economía Social, Cáritas. Informe E onomía Social 2016

27 abril 2017

Papa Francisco en Video mensaje al pueblo de Egipto

Querido pueblo de Egipto:
Al Salamò Alaikum! / La paz esté con vosotros.
Con el corazón lleno de gratitud y rebosante de alegría visitaré dentro de pocos días vuestra amada

21 abril 2017

Catequesis en español del Papa Francisco 19/04/2017 HD

Durante la primera Audiencia General después de la Pascua, el miércoles
19 de abril, el Santo Padre Francisco – ante miles de fieles y
peregrinos procedentes de numerosos países reunidos en una soleada y
ventosa Plaza de San Pedro – prosiguiendo con su serie de catequesis
sobre la esperanza cristiana ofreció una reflexión sobre “Cristo
Resucitado nuestra esperanza”. Y lo hizo con la introducción de un
pasaje de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, en la que el
Apóstol recuerda la Buena Noticia a la que hay que permanecer fieles.

20 abril 2017

LIBRO DE LA SEMANA (21 Abr): El hombre eterno

(Cfr. www.criteriaclub.es)

El hombre eterno

Cristiandad reedita este clásico escrito en 1925 por el genial escritor inglés, con la novedad de incorporar un prólogo de Juan Manuel de Prada. Éste define a El hombre eterno como “pináculo” con el que culmina la experiencia que llevó a Chesterton a la conversión al catolicismo.

PRECIO
19,50 €