Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

12 julio 2019

LIBRO DE LA SEMANA (12 Jul): SIDI

(Cfr. www.almudi.org)


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SIDI

La nueva novela de Arturo Pérez-Reverte. No tenía patria ni rey, sólo un puñado de hombres fieles. No tenían hambre de gloria, sólo hambre. Así nace un mito. Así se cuenta una leyenda. «El arte del mando era tratar con la naturaleza humana, y él había dedicado su vida a aprenderlo. Colgó la espada del arzón, palmeó el cuello cálido del animal y echó un vistazo alrededor: sonidos metálicos, resollar de monturas, conversaciones en voz baja. Aquellos hombres olían a estiércol de caballo, cuero, aceite de armas, sudor y humo de leña. »Rudos en las formas, extraordinariamente complejos en instintos e intuiciones, eran guerreros y nunca habían pretendido ser otra cosa. Resignados ante el azar, fatalistas sobre la vida y la muerte, obedecían de modo natural sin que la imaginación les jugara malas pasadas. Rostros curtidos de viento, frío y sol, arrugas en torno a los ojos incluso entre los más jóvenes, manos encallecidas de empuñar armas y pelear. Jinetes que se persignaban antes de entrar en combate y vendían su vida o muerte por ganarse el pan. Profesionales de la frontera, sabían luchar con crueldad y morir con sencillez. »No eran malos hombres, concluyó. Ni tampoco ajenos a la compasión. Sólo gente dura en un mundo duro.» «En él se funden de un modo fascinante la aventura, la historia y la leyenda. Hay muchos Cid en la tradición española, y éste es el mío.» Arturo Pérez-Reverte

PELICULA DE LA SEMANA (12Jul): Yesterday

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Yesterday


Reseña: 
Jack Malik es un resignado compositor de canciones que malvive en una pequeña localidad inglesa y que se encuentra al borde de renunciar a su sueño de vivir de la música, pese al absoluto apoyo de su mejor amiga, Ellie. Pero, tras un accidente en bici producido durante un misterioso apagón global, Jack descubre al despertar que para el resto del mundo Los Beatles nunca han existido... y se ve inmerso en una complicada situación.
Original film de aires caprianos, hace pensar en ¡Qué bello es vivir!, aunque en vez de plantearnos qué habría ocurrido si George Bailey nunca hubiera existido ni hecho por tanto las buenas obras que hizo, aquí toca mirar a un mundo sin la magia musical de Los Beatles, y a la introducción por tanto de sus canciones de un modo muy diferente. de la banda de Liverpool.
Se trata de una comedia romántica optimista y positiva, de mimbres muy sólidos. Una historia diferente, además de un film encantador de aire entre mágico y milagroso. El resultado es una película deliciosa, con una historia de amor in crescendo entre el joven que encuentra el triunfo por caminos inesperados y la chica sencilla que siempre le ha amado, aunque el otro no se entere. Las interpretaciones son buenas. A ritmo de los Beatles, Danny Boyle estrena una eficaz “feel-good movie” que puede ser la película del verano. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Muere Vicente Lambert. Es una derrota de la humanidad

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Declaración de la Sala de Prensa de la Santa Sede

Vincent Lambert ha fallecido esta mañana a las 8.24. Su sobrino dio la noticia. La Academia Pontificia para la Vida en un tweet habla de una derrota para nuestra humanidad.

El tweet del Papa Francisco

Son varios los llamamientos del Papa Francisco sobre su caso. Ayer mismo el Papa escribió mediante un tweet: “Oremos por los enfermos que son abandonados hasta dejarlos morir. Una sociedad es humana si protege la vida, toda vida, desde el inicio hasta su fin natural, sin decidir quién es digno o no de vivir. ¡Que los médicos ayuden la vida, no la quiten!”

Declaración de la Sala de Prensa de la Santa Sede

«Hemos recibido con dolor la noticia de la muerte de Vincent Lambert. Rezamos para que el Señor lo acoja en su Casa y expresamos cercanía a sus seres queridos y a cuantos, hasta el final, se han esforzado por asistirlo con amor y dedicación. Recordamos y repetimos cuanto dijo el Santo Padre, interviniendo sobre este doloroso asunto: “Dios es el único dueño de la vida desde el inicio hasta el fin natural, y es nuestro deber protegerla siempre y no ceder a la cultura del descarte”».
* * * * *
Vincent Lambert ha muerto esta mañana a las 8:24. Habría cumplido 43 años el próximo 20 de septiembre. En cambio, Vincent Lambert ha muerto esta mañana en el hospital de Reims, al norte de Francia, donde estaba ingresado. Desde el pasado 2 de julio le habían suspendido la alimentación y la hidratación tras una larga batalla legal. Vincent no estaba todavía terminal. Desde más de 10 años vivía en estado de conciencia mínima, para algunos, para otros en estado vegetativo, después de un accidente de carretera que lo dejó tetrapléjico.
La suspensión de la hidratación y la alimentación dispuesta el 2 de julio llegó tras la sentencia de Casación que anuló la decisión de la Corte de Apelación de continuar el tratamiento en espera del parecer del Comité de la ONU para los Derechos de las personas con discapacidad. Dicho Comité pidió a Francia seis meses de tiempo para examinar el caso. Jean y Viviane, sus padres, han librado una agotadora batalla legal para impedir que a su hijo le quitasen la alimentación e hidratación que le mantenían con vida. De parecer opuesto eran los sanitarios que consideraban “una obstinación irrazonable” dejarlo vivir. Para otros ha sido una obstinación irrazonable dejarlo morir. Muchísimas las reacciones surgidas al respecto.
Ayer mismo el Papa escribió en un tweet: “Rezamos por los enfermos que son abandonados y dejados morir. Una sociedad es humana si protege la vida, toda vida, desde el inicio hasta su término natural, sin decidir quién es digno o no de vivir. Los médicos deben servir a la vida, no quitarla”.
La Pontificia Academia por la Vida escribe: “Mons. Paglia y toda la Pontifica Academia por la Vida rezan por la familia de Vincent Lambert, por los médicos, por todas las personas implicadas en este asunto. La muerte de Vincent Lambert y su historia son una derrota para nuestra humanidad”.
Alberto Gambino, presidente de la Asociación Ciencia y Vida, en una entrevista a Alessandro Guarasci afirma: “En Europa se corre el riesgo de difundir un movimiento contra la vida. Dar alimentación e hidratación es un apoyo vital obligatorio e humanitario. Entender esa ayuda de gran solidaridad y de cuidados como una terapia que pueda generar un encarnizamiento es una tergiversación muy significativa”.

Fuente: vatican.va
Traducción de Luis Montoya

Meditación Domingo 15º t.o. (C)

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El buen samaritano

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y para poner a prueba a Jesús, le preguntó: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás». Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?». Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva’. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo»” (Lucas 10,25-37).

I. Amarás... al prójimo como a ti mismo. El doctor de la ley respondió acertadamente. Jesús lo confirma: Has respondido bien: haz esto y vivirás. Lo narra el Evangelio de la Misa de hoy.

Este precepto ya existía en la ley judía, e incluso estaba especificado en detalles concretos y prácticos. Por ejemplo, leemos en el Levítico: Cuando hagáis la recolección de vuestra tierra, no segarás hasta el límite externo de tu campo, ni recogerás las espigas caídas, ni harás el rebusco de tus viñas y olivares, ni recogerás la fruta caída de los frutales; lo dejarás para el pobre y el extranjero. Y, después de especificar otras muestras de misericordia, dice el Libro Sagrado: No te vengues y no guardes rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Es un lejano anticipo de lo que será el mandamiento del Señor. Pero existía la incertidumbre sobre el término «prójimo». No se sabía a ciencia cierta si se refería a los del propio clan familiar, a los amigos, a quienes pertenecían al pueblo de Dios... Había diversas respuestas. Por eso, el doctor de la ley le pregunta al Señor: ¿y quién es mi prójimo?, ¿con quién debo tener esas muestras de amor y de misericordia? Jesús responderá con una bellísima parábola, que recogió San Lucas: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándole medio muerto. Éste es mi prójimo: un hombre, un hombre cualquiera, alguien que tiene necesidad de mí. No hace el Señor ninguna especificación de raza, amistad o parentesco. Nuestro prójimo es cualquiera que esté cerca de nosotros y tenga necesidad de ayuda. Nada se dice de su país, ni de su cultura, ni de su condición social: homo quidam, un hombre cualquiera.

En el camino de nuestra vida vamos a encontrar gente herida, despojada y medio muerta, del alma y del cuerpo. La preocupación por ayudar a otros, si estamos unidos al Señor, nos sacará de nuestro camino rutinario, de todo egoísmo, y nos ensanchará el corazón guardándonos de caer en la mezquindad. Encontraremos a gentes doloridas por falta de comprensión y de cariño, o que carecen de los medios materiales más indispensables; heridas por haber sufrido humillaciones que van contra la dignidad humana; despojadas, quizá, de los derechos más elementales: situaciones de miseria que claman al cielo. El cristiano nunca puede pasar de largo, como hicieron algunos personajes de la parábola.

También encontraremos cada día a ese hombre al que han dejado medio muerto porque no le enseñaron las verdades más elementales de la fe, o se las han arrebatado mediante el mal ejemplo, o a través de los grandes medios modernos de comunicación al servicio del mal. No podemos olvidar en ningún momento que el bien supremo del hombre es la fe, que está por encima de todos los demás bienes materiales y humanos. «Habrá ocasiones en que, antes de predicar la fe, haya que acercarse al herido que está al borde del camino, para curar sus heridas. Ciertamente. Pero sin excluir nunca de nuestra preocupación de cristianos la comunicación de la fe, la educación de la misma y la propagación del sentido cristiano de la vida». Y procuraremos dar, junto a los bienes de la fe, todos los demás: los de la cultura, la educación, la formación del carácter, el sentido del trabajo, la honradez en las relaciones humanas, la moralidad en las costumbres, el anhelo de justicia social, expresiones vivas y concretas de una caridad rectamente entendida.

Un cristiano no puede desentenderse del bienestar humano y social de tanta gente necesitada, «pero no podemos dejar en un segundo plano, nunca jamás, esa otra preocupación por iluminarlas conciencias en el orden de la fe y de la vida religiosa».

II. Y continúa la parábola: Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote, y viéndole pasó de largo. Asimismo, un levita, pasando cerca de aquel lugar, lo vio y pasó de largo.

El Señor nos habla aquí de los pecados de omisión. Los que pasaron de largo no hicieron un nuevo daño al hombre malherido y abandonado, como terminar de quitarle lo que le quedaba, insultarle, etc. Iban a lo suyo -quizá cosas importantes- y no quisieron complicaciones. Dieron más importancia a sus asuntos que al hombre necesitado. Su pecado fue ése: pasaron de largo. Sin embargo, aquel servicio que no prestaron habría merecido del Señor estas palabras: una buena obra ha hecho conmigo, porque todo lo que hacemos por otros, por Dios lo hacemos. Cristo nos esperaba en esa persona necesitada. Él estaba allí. «No te digo: arréglame mi vida y sácame de la miseria, entrégame tus bienes aun cuando yo me vea pobre por tu amor. Sólo te imploro pan y vestido, y un poco de alivio para mi hambre. Estoy preso. No te ruego que me libres. Sólo quiero que, por tu propio bien, me hagas una visita. Con eso me bastará y por eso te regalaré el Cielo. Yo te libré a ti de una prisión mil veces más dura. Pero me contento con que me vengas a ver de cuando en cuando.

»Pudiera, es verdad, darte tu corona sin nada de esto, pero quiero estarte agradecido y que vengas después a recibir tu premio confiadamente. Por eso, yo, que puedo alimentarme por mí mismo, prefiero dar vueltas a tu alrededor, pidiendo, y extender mi mano a tu puerta. Mi amor llegó a tanto, que quiero que tú me alimentes. Por eso prefiero, como amigo, tu mesa; de eso me glorío y te muestro ante todo el mundo como mi bienhechor».

Éste es el secreto para estar por encima de diferencias de raza, cultura o, simplemente, de edad o de carácter: comprender que Jesús es el objeto de nuestra caridad. En los demás, le vemos a Él: «con razón puede decirse que es el propio Cristo quien en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus discípulos».

III. Continúa el Evangelio: Pero un samaritano que iba de camino llegó hasta él, y al verlo se movió a compasión, y acercándose vendó sus heridas echando en ellas aceite y vino, lo hizo subir sobre su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta.
El samaritano, a pesar del gran distanciamiento que había entre judíos y samaritanos, enseguida se dio cuenta de la desgracia, y se movió a compasión. Hay quienes están cegados para lo que pueda resultarles enojoso, y hay quienes intuyen con prontitud una pena en el corazón del prójimo. Es necesario, en primer lugar, querer ver la desgracia ajena, no ir tan deprisa en la vida que justifiquemos con facilidad el pasar de largo ante la necesidad y el sufrimiento.

La compasión del samaritano no es puramente teórica, ineficaz. Por el contrario, pone los medios para prestar una ayuda concreta y práctica. Lo que lleva a cabo este viajero no es, quizá, un acto heroico, pero sí hace lo necesario. En primer lugar se acercó; es lo primero que debemos hacer ante la desgracia o la necesidad: acercarnos, no verla de lejos. Luego, el samaritano tuvo las atenciones que la situación requería: cuidó de él. La caridad que nos pide el Señor se demuestra en las obras. Se manifiesta llevando a cabo lo que se deba hacer en cada caso concreto.

Dios nos pone al prójimo, con sus necesidades concretas, en el camino de la vida. El amor hace lo que la hora y el momento exigen. No siempre son actos heroicos, difíciles; con frecuencia son cosas sencillas, pequeñas muchas veces, «pues esta caridad no hay que buscarla únicamente en los acontecimientos importantes, sino, ante todo, en la vida ordinaria»: en prestar un pequeño servicio, en dar un poco de aliento a quien esa mañana hemos encontrado más desalentado, en una palabra amable en la que mostramos nuestro aprecio, en una sonrisa, en indicar con amabilidad la dirección de una calle que nos han pedido, en escuchar con interés...

Los quehaceres de este buen samaritano pasaron por unos momentos a segundo término, y sus urgencias también; empleó su tiempo, sin regateos, en auxiliar a quien lo necesitaba. Y no sólo nuestro tiempo, también nuestras aficiones personales, nuestros gustos -no digamos ya nuestros caprichos- deben ceder ante las necesidades de los demás.

Jesús concluye la lección con una palabra cordial dirigida al doctor: Ve, le dice, y haz tú lo mismo. Sé el prójimo inteligente, activo y compasivo con todo el que te necesita. Son palabras que nos dirige también a nosotros al acabar esta meditación, y para poder vivirlas acudimos a la Santísima Virgen: «No existe corazón más humano que el de una criatura que rebosa sentido sobrenatural. Piensa en Santa María, la llena de gracia, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo: en su Corazón cabe la humanidad entera sin diferencias ni discriminaciones. -Cada uno es su hijo, su hija».

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

Homilía Domingo 15º t.o. (C)

(Cfr. www.almudi.org)

 

(Dt 30,10-14) "El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca"
(Col 1,15-20) "Él es la cabeza del cuerpo: de la Iglesia"
(Lc 10,25-37) "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón"


--- Amor al prójimo
Amarás... al prójimo como a ti mismo. El doctor de la ley respondió acertadamente. Jesús lo confirma: "Has respondido bien: haz esto y vivirás". Lo narra el Evangelio de la Misa de hoy.
Este precepto ya existía en la ley judía, e incluso estaba especificado en detalles concretos y prácticos. Por ejemplo, leemos en el Levítico: “Cuando cosechéis la mies de vuestra tierra, no siegues hasta el borde de tu campo, ni espigues los restos de tu mies. Tampoco harás rebusco de tu viña, ni recogerás de tu huerto los frutos caídos; los dejarás para el pobre y el forastero. Yo, Yahveh, vuestro Dios” (Lv 19,9-10). Y, después de especificar otras muestras de misericordia, dice el Libro Sagrado: “No te vengues y no guardes rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19,18).
Es un lejano anticipo de lo que será el mandamiento del Señor. Pero existía la incertidumbre sobre el término “prójimo”. No se sabía a ciencia cierta si se refería a los del propio clan familiar, a los amigos, a quienes pertenecían al pueblo de Dios...Había diversas respuestas. Por eso, el doctor de la ley le pregunta al Señor: ¿y quien es mi prójimo?, ¿con quién debo tener esas muestras de amor y de misericordia?
Jesús responderá con una bellísima parábola, que recogió San Lucas: “Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?” El le dijo: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?” (Lc 10:25-37).
Respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Díjole entonces: “Bien has respondido. Haz eso y vivirás”. Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: “Y ¿quién es mi prójimo?” Jesús respondió: “Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva." ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?” El dijo: “El que practicó la misericordia con él”. Díjole Jesús: “Vete y haz tú lo mismo”.
--- Dios no hace acepción de personas
Un hombre bajaba...Este es mi prójimo...un hombre cualquiera. Alguien que tiene necesidad de mí. No hace el Señor ninguna especificación de raza, amistad o parentesco. Nuestro prójimo es cualquiera que está cerca de nosotros y tenga necesidad de ayuda. Nada se dice de su país, ni de su cultura, ni de su condición social: homo quidam... un hombre cualquiera.
En el camino de nuestra vida vamos a encontrar gente herida, despojada y medio muerta del alma y del cuerpo. La preocupación por ayudar a otros si estamos unidos al Señor nos sacará de nuestro camino rutinario, de todo egoísmo y nos ensanchará el corazón guardándonos de caer en la mezquindad. Gente dolorida, falta de comprensión y de cariño, que carecen de lo indispensable, heridas por humillaciones.
También encontraremos cada día a ese hombre al que han dejado medio muerto porque no le enseñaron las verdades más elementales de la fe, o se las han arrebatado mediante el mal ejemplo, o a través de los grandes medios modernos de comunicación al servicio del mal. No podemos olvidar en ningún momento que el bien supremo del hombre es la fe, que está por encima de los demás bienes materiales y humanos. “Habrá ocasiones en que, antes de predicar la fe, haya que acercarse al herido que está al borde del camino, para curar sus heridas. Ciertamente. Pero sin excluir nunca de nuestra preocupación de cristianos la comunicación de la fe, la educación de la misma y la propagación del sentido cristiano de la vida” (González Martín).
--- Salir del egoísmo
El secreto para estar por encima de diferencias de raza, cultura o, simplemente, de edad o de carácter: comprender que Jesús es el objeto de nuestra caridad. En los demás le vemos a Él.
Dios nos pone al prójimo, con sus necesidades concretas, en el camino de la vida.
Los quehaceres de este samaritano pasaron unos momentos a segundo término, y sus urgencias también; empleó su tiempo, sin regateos, en auxiliar a quien lo necesitaba. Y no sólo nuestro tiempo, también nuestras aficiones personales, nuestros gustos -no digamos ya nuestros caprichos- deben ceder ante las necesidades de los demás.
Jesús concluye la lección con una palabra cordial dirigida al doctor: Ve, le dice, y haz tú lo mismo. Sé el prójimo inteligente, activo y compasivo con todo el que te necesita.


07 julio 2019

LIBRO SEMANA (5 Jul): Yo, Julia

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192 d.C. Varios hombres luchan por un imperio, pero Julia, hija de reyes, madre de césares y esposa de emperador, piensa en algo más ambicioso: una dinastía. Roma está bajo el control de Cómodo, un emperador loco. El Senado se conjura para terminar con el tirano y los gobernadores militares más poderosos podrían dar un golpe de Estado: Albino en Britania, Severo en el Danubio o Nigro en Siria. Cómodo retiene a sus esposas para evitar su rebelión y Julia, la mujer de Severo, se convierte así en rehén. De pronto, Roma arde. Un incendio asola la ciudad. ¿Es un desastre o una oportunidad? Cinco hombres se disponen a luchar a muerte por el poder. Creen que la partida está a punto de empezar. Pero para Julia la partida ya ha empezado. Sabe que solo una mujer puede forjar una dinastía.

PELICULA DE LA SEMANA (8 Jul): Yesterday

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Contenidos: ---
Reseña: 
Jack Malik es un resignado compositor de canciones que malvive en una pequeña localidad inglesa y que se encuentra al borde de renunciar a su sueño de vivir de la música, pese al absoluto apoyo de su mejor amiga, Ellie. Pero, tras un accidente en bici producido durante un misterioso apagón global, Jack descubre al despertar que para el resto del mundo Los Beatles nunca han existido... y se ve inmerso en una complicada situación.
Original film de aires caprianos, hace pensar en ¡Qué bello es vivir!, aunque en vez de plantearnos qué habría ocurrido si George Bailey nunca hubiera existido ni hecho por tanto las buenas obras que hizo, aquí toca mirar a un mundo sin la magia musical de Los Beatles, y a la introducción por tanto de sus canciones de un modo muy diferente. de la banda de Liverpool.
Se trata de una comedia romántica optimista y positiva, de mimbres muy sólidos. Una historia diferente, además de un film encantador de aire entre mágico y milagroso. El resultado es una película deliciosa, con una historia de amor in crescendo entre el joven que encuentra el triunfo por caminos inesperados y la chica sencilla que siempre le ha amado, aunque el otro no se entere. Las interpretaciones son buenas. A ritmo de los Beatles, Danny Boyle estrena una eficaz “feel-good movie” que puede ser la película del verano. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

La mirada materna

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La maestría de William Maxwell se manifiesta en esos detalles casi imperceptibles de amor, de dedicación, de estar siempre presente

William Maxwell, escritor y editor americano, tiene unas cuantas obras bien conocidas y quizá la más tierna y recordada es Vinieron como golondrinas. El relato está directamente relacionado con la epidemia que dieron en llamar “gripe española”, a principios del siglo pasado, aunque poco tuvo que ver con España, y que produjo una gran mortandad en América.

En este ambiente, a principios del siglo XX, una familia. Seguramente podríamos decir que una familia típica. Dos niños y esperando el tercero. Un padre que ejerce de severo y un poco autoritario. Una madre que es el alma. La maestría de Maxwell se manifiesta en esos detalles casi imperceptibles de amor, de dedicación, de estar siempre presente.

Es muy posible que el hecho de que hoy día la dedicación al trabajo esté más igualada entre hombre y mujer haga más difícil ese clima en el que la madre lo es todo. Una madre que está mucho en la casa, que sin llamar la atención está en todas las cosas, especialmente pendiente del marido y de los hijos, una madre para quien, sin duda alguna, su prioridad es la familia, es una imagen magníficamente descrita por el autor.

Es una experiencia que hemos tenido la mayoría de los que ahora ya contamos más de 50 años. Luego las cosas han ido cambiando y ahora, con gran frecuencia, el padre está poquísimo en casa y la madre está poco en casa. Y los niños están con la chica. Y cuando los padres llegan a casa están cansados y, por lo tanto, fácilmente irritables. Algo ha cambiado.

Cuando Maxwell escribió esta novela solo pensaba en ese ambiente que existía fácilmente en cualquier hogar de América o de Europa. No hacía ningún tipo de comparaciones, describía magistralmente el ambiente de hogar. Para ello se mete −y esto es muy complicado− en el pensamiento de los niños, en sus sentimientos. Y, ya se sabe, no es lo mismo un chaval de 13 años, adolescente hasta no poder más, que un crío de 10, mimoso y dependiente de la mirada de la madre. Describir esto desde la interioridad de la persona es un arte y hace que esta novela sea una delicia para leer y para volver a comparar, lo que hay y lo que hubo.

Dirán lo que quieran los sociólogos, los psicólogos y los empresarios, pero antes había hogares con alma. Quizá si se cambiaran los papeles pudiera servir también, él más tiempo en casa, ella más tiempo en el trabajo. Puede ser, aunque es más difícil. Pero lo que es indiscutible, creo, es que ahora faltan ambos con bastante frecuencia. Y luego piensan que eso se arregla con caprichos del fin de semana. Eso es mal criar. Estando en casa se puede exigir, regañar, y sobre todo amar. Cuando el cariño de padres y, sobre todo de madres, se deja para el finde, hay un desorden.

A Dios gracias, hoy por hoy todavía existen modelos. En la mayoría de los casos son esos matrimonios que han optado, sin lugar a duda, por la familia numerosa, en la medida que Dios se lo concede. Pero no son las únicas. En las familias numerosas hay una predilección por la presencia. No es siempre fácil. La presencia de la madre amable, sonriente y exigente cambia mucho las cosas. O el padre, pero la experiencia dice que le cuesta un poco más, por pura psicología.

Recomiendo el libro de Maxwell para entender un poco mejor lo que quiero decir, aunque algunos ya saben.

Ángel Cabrero Ugarte, en religion.elconfidencialdigital.com.

Montefalco: una segunda casa

Miranda estudió en el colegio Montefalco. Ahora, con el sueño de
graduarse como enfermera, recuerda una de las mayores lecciones que
recibió: el cambio puede empezar con ella misma.