Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

10 diciembre 2017

El Video del Papa 12-2017 – Por los ancianos – Diciembre 2017

Este mes el Papa nos pide que recemos por los ancianos. ¿De quién vamos a
aprender más que de los que más han vivido? Cuidémosles. Son el futuro.

“Un pueblo que no cuida a los abuelos y no los trata bien es un pueblo
que ¡no tiene futuro!

Los ancianos tienen la sabiduría.

08 diciembre 2017

LIBRO DE LA SEMANA (Dic 8): El coronel no tiene quie


  El coronel no tiene quien le escriba
PRECIO
8,95 €


PELICULA DE LA SEMANA (8 Dic): Coco

(Cfr. www.almudi.org)

 

Coco



Reseña: 

Una de las tradiciones de su familia es la enigmática prohibición de estar en contacto con la música. Pero Miguel (voz del debutante Anthony González) sueña con convertirse en un músico consumado como su ídolo, Ernesto de la Cruz (voz de Benjamin Bratt). Miguel desea con todas sus fuerzas demostrar su talento y acaba en la impresionante y colorida Tierra de los Muertos tras una misteriosa cadena de acontecimientos. A lo largo del camino, conocerá al encantador y tramposo Héctor (voz de Gael García Bernal) y juntos emprenderán un viaje extraordinario para desvelar la verdad que subyace en la historia familiar de Miguel.
Pixar vuelve a demostrar su capacidad de arriesgar con sus historias animadas. Lo hace abordando una imaginativa trama que hunde sus raíces en la cultura mexicana, las celebraciones de recuerdo de los seres queridos el Día de Muertos. México ha sido el primer país en estrenar Coco, donde rápidamente se ha convertido en la película más taquillera de su historia.
Si empezamos refiriéndonos al capítulo técnico, estamos ante un “más difícil todavía”, siguen mejorando las texturas y la concepción de los planos, unos movimientos de cámara y una iluminación que justifican plenamente la acreditación en el apartado de fotografía de Matt Aspbury y Danielle Feinberg. También es sorprendente la paleta de colores muy saturados y luminosos, con diferencias sutiles entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Y la animación esquelética de los difuntos es definitivamente muy resultona.
Pero por supuesto, en Pixar siempre se han esmerado en los guiones, tramas inspiradoras sólidamente armadas. Y en este apartado el resultado es sobresaliente. Se pinta un conflicto familiar que podía ser propio de un culebrón chicano, o de los viejos dramones típicos del cine mexicano, Jorge Negrete y compañía, con trauma del pasado que ha afectado al clan familiar de los Rivera, hasta el punto de que la música no se puede ni mentar, y el “traidor” ha desaparecido de las fotos de familia. Y se hace hincapié en la importancia de la unidad familiar, incluido el recuerdo a los que nos han precedido y ya descansan más o menos en paz. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Una muerte dulce

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 
La historia de mi amigo me venía muy bien para explicar lo que, a mi parecer, no podrán hacer las máquinas

En el día de Navidad de 1962 Barcelona despertó blanca. Desde media noche empezaron a caer copos de nieve que dejaron la ciudad completamente cubierta. Incluso el NO-DO se hizo eco de ello, tomando imágenes de los barcos nevados y describiendo el bote Montblanc diciendo que “hace honor a su nombre…”: si no fuera por la triste manera de narrar, incluso el chiste tendría gracia. Me lo explicaba Eusebi, un buen amigo. Él era pequeño, entonces, y tenía un conejo en casa. Se escapó y, rascando, rascando, logró hacer como un túnel en la nieve caída en la terraza de la casa, pero no supo regresar. El pobre animal murió, una muerte dulce, dicen, pero a Eusebi no le hizo ninguna gracia la tragedia.
Me vino a la mente la historia del conejo que murió dulcemente congelado, mientras daba vueltas a este texto. En el número 4 de la revista en papel hablamos mucho de robots y mejoras que presenta la ciencia para el ser humano, no de conejos; pero la historia de mi amigo me venía muy bien para explicar lo que, a mi parecer, no podrán hacer las máquinas. Me explico.
El transhumanismo −movimiento que busca aplicar la tecnología al hombre, hasta las últimas consecuencias, para mejorarlo, y que tan bien nos explica Albert Cortina en la entrevista− da por supuesto que hasta ahora hemos sido dominados por un evolucionismo ciego que hay que superar: somos puramente azar y, a partir del 2046, la cosa cambiará totalmente. Adiós selección natural, bienvenido diseño inteligente.

Siempre se ha hablado de este futurible ser mejores gracias a los robots y a la ciencia −Metrópolis (Fritz Lang, 1927) y Blade Runner (Ridley Scott, 1982) y la segunda parte Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve) son grandes exponentes hollywoodienses−, pero la supuesta gran novedad es que aquí no se trata de facilitarnos la vida, sino de superarla. La especie humana daría paso a una nueva, la post-humana: un ser natural-artificial parecido al humano pero que, gracias a la conexión con una inteligencia artificial, la supera absolutamente: con una superlongevidad, una superinteligencia y un superbienestar.

¿Novedad? Bueno, en realidad, nihil novum sub sole, como dice el Eclesiastés: estamos ante una nueva Babel o un nuevo Titanic. “A este barco no lo hunde ni Dios”, y apenas fueron necesarias tres horas para provocar la muerte de más de 1.500 personas. En esta ocasión se dice que podremos ser dueños y señores de nuestra propia vida y de nuestra propia muerte… Pero solo algunos: que el cine también ha hablado mucho de las inmensas diferencias sociales que puede generar todo esto por la falta o facilidad de acceso a las tecnologías… Una de las más recientes, Interstellar, de Christopher Nolan (2014).
Efectivamente, es muy interesante todo lo que el progreso y la ciencia pueden hacer por la medicina y el bien de la persona. Los avances en bioingeniería, capaces, incluso, de devolver el movimiento al que lo había perdido, son muy buenos. Ahora, atreverse a crear una nueva especie, ¡esto es harina de otro costal! Se está jugando con fuego.
Podremos hacer ciborgs; podremos crear (o hacernos) robots o hacer renacer a un muerto informatizando una acumulación de datos de toda su vida, pero… ¿podremos hacer que este nuevo ser sienta −realmente− pena por el conejo muerto dulcemente en la nieve? Permitidme que lo ponga en duda.

Jaume Figa i Vaello, en sumandohistorias.com.

Meditación Domingo 2º Adviento

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 
El Precursor: Preparad el camino del Señor

Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Conforme está escrito en Isaías el profeta: Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas, apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados. Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.” (Marcos 1,1-8).

I. Pueblo de Sión: mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír la majestad de su voz, y os alegraréis de todo corazón.
Mira al Señor que viene...Iba a llegar el Salvador y nadie advertía nada. El mundo seguía como de costumbre, en la indiferencia más completa. Sólo María sabe; y José, que ha sido advertido por el ángel. El mundo está en la oscuridad: Cristo está aún en el seno de María. Y los judíos seguían disertando sobre el Mesías, sin sospechar que lo tenían tan cerca. Pocos esperaban la consolación de Israel: Simeón, Ana...Estamos en Adviento, en la espera.
Y en este tiempo litúrgico la Iglesia propone a nuestra meditación la figura de Juan el Bautista. Este es aquel de quien habló el profeta Isaías diciendo: Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.
La llegada del Mesías fue precedida de profetas que anunciaban de lejos su llegada, como heraldos que anuncian la llegada de un gran rey. «Juan aparece como la línea divisoria entre ambos Testamentos: el Antiguo y el Nuevo. El Señor mismo enseña de algún modo lo que es Juan, cuando dice: La ley y los Profetas hasta Juan Bautista. Es personificación de la antigüedad y anuncio de los tiempos nuevos. Como representante de la antigüedad, nace de padres ancianos; como quien anuncia los tiempos nuevos, se muestra ya profeta en el seno de su madre. Aún no había nacido cuando, a la llegada de Santa María, salta de gozo dentro de su madre. Juan se llamó el profeta del Altísimo, porque su misión fue ir delante del Señor para preparar sus caminos, enseñando la ciencia de salvación a su pueblo».
Toda la esencia de la vida de Juan estuvo determinada por esta misión, desde el mismo seno materno. Esta será su vocación; tendrá como fin preparar a Jesús un pueblo capaz de recibir el reino de Dios y, por otra parte, dar testimonio público de Él. Juan no hará su labor buscando una realización personal, sino para preparar al Señor un pueblo perfecto. No lo hará por gusto, sino porque para eso fue concebido. Así es todo apostolado: olvido de uno mismo y preocupación sincera por los demás.
Juan realizará acabadamente su cometido, hasta dar la vida en el cumplimiento de su vocación. Muchos conocieron a Jesús gracias a la labor apostólica del Bautista. Los primeros discípulos siguieron a Jesús por indicación expresa suya, y otros muchos estuvieron preparados interiormente gracias a su predicación.
La vocación abraza la vida entera y todo se pone en función de la misión divina. De la respuesta que Juan dé más tarde, hace depender el Señor la conversión de muchos de los hijos de Israel.
Cada hombre, en su sitio y en sus propias circunstancias, tiene una vocación dada por Dios; de su cumplimiento dependen otras muchas cosas queridas por la voluntad divina: «De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes». ¿Acercamos al Señor a quienes nos rodean? ¿Somos ejemplares en la realización de nuestro trabajo, en la familia, en nuestras relaciones sociales? ¿Hablamos del Señor a nuestros compañeros de trabajo o de estudio?.

II. Plenamente consciente de la misión que le ha sido encomendada, Juan sabe que ante Cristo no es ni siguiera digno de llevarle las sandalias, lo que solía hacer el último de los criados con su señor; para ese menester cualquiera servía. El Bautista no tiene reparo en proclamar que él carece de importancia ante Jesús. Ni siquiera se define a sí mismo según su ascendencia sacerdotal. No dice: «Yo soy Juan, hijo de Zacarías, de la tribu sacerdotal de...». Por el contrario, cuando le preguntan: ¿Quién eres tú?, Juan dice: Yo soy la voz que clama en el desierto: Preparad los caminos del Señor, allanad sus sendas. Él no es más que eso: la voz. La voz que anuncia a Jesús. Esa es su misión, su vida, su personalidad. Todo su ser viene definido por Jesús; como tendría que ocurrir en nuestra vida, en la vida de cualquier cristiano. Lo importante de nuestra vida es Jesús.
A medida que Cristo se va manifestando, Juan busca quedar en segundo plano, ir desapareciendo. Sus mejores discípulos serán los que sigan, por indicación suya, al Maestro en el comienzo de su vida pública. Este es el Cordero de Dios, dirá a Juan y a Andrés, indicando a Jesús que pasaba. Con gran delicadeza se desprenderá de quienes le siguen para que se vayan con Cristo. Juan «perseveró en la santidad, porque se mantuvo humilde en su corazón»; por eso mereció también aquella formidable alabanza del Señor: En verdad os digo que no ha salido de entre los hijos de mujer nadie mayor que Juan.
El Precursor señala también ahora el sendero que hemos de seguir. En el apostolado personal -cuando vamos preparando a otros para que encuentren a Cristo- , debemos procurar no ser el centro. Lo importante es que Cristo sea anunciado, conocido y amado: Sólo Él tiene palabras de vida eterna, sólo en Él se encuentra la salvación. La actitud de Juan es una enérgica advertencia contra el desordenado amor propio, que siempre nos empuja a ponernos indebidamente en primer plano. Un afán de singularidad no dejaría sitio a Jesús.
El Señor nos pide también que vivamos sin alardes, sin afanes de protagonismo, que llevemos una vida sencilla, corriente, procurando hacer el bien a todos y cumpliendo nuestras obligaciones con honradez. Sin humildad no podríamos acercar a nuestros amigos al Señor. Y entonces nuestra vida quedaría vacía.

III. Nosotros, sin embargo, no somos sólo precursores; somos también testigos de Cristo. Hemos recibido con la gracia bautismal y la Confirmación el honroso deber de confesar, con las obras y de palabra, la fe en Cristo. Para cumplir esta misión recibimos frecuentemente, y aun a diario, el alimento divino del Cuerpo de Jesús; los sacerdotes nos prodigan la gracia sacramental y nos instruyen con la enseñanza de la Palabra divina.
Todo lo que poseemos es tan superior a lo que Juan tenía, que Jesús mismo pudo decir que el más pequeño en el reino de Dios es mayor que Juan. Sin embargo, - qué diferencia! Jesús está a punto de llegar, y Juan vive fundamentalmente para ser el Precursor. Nosotros somos testigos; pero, ¿qué clase de testigos somos? ¿Cómo es nuestro testimonio cristiano entre nuestros colegas, en la familia? ¿Tiene suficiente fuerza para persuadir a los que no creen todavía en Él, a quienes no le aman, a los que tienen una idea falsa acerca de Jesús? ¿Es nuestra vida una prueba, al menos una presunción, a favor de la verdad del cristianismo? Son preguntas que podrían servirnos para vivir este Adviento, en el que no puede faltar un sentido apostólico.
Mira al Señor que viene...Juan sabe que Dios prepara algo muy grande, de lo cual él debe ser instrumento, y se coloca en la dirección que le señala el Espíritu Santo. Nosotros sabemos mucho más acerca de lo que Dios tenía preparado para la humanidad. Nosotros conocemos a Cristo y a su Iglesia, tenemos los sacramentos, la doctrina salvadora perfectamente señalada... Sabemos que el mundo necesita que Cristo reine, sabemos que la felicidad y la salvación de los hombres dependen de Él. Tenemos al mismo Cristo, al mismo que conoció y anunció el Bautista.
Somos testigos y precursores. Hemos de dar testimonio, y, al mismo tiempo, señalar a otros el camino. «Grande es nuestra responsabilidad: porque ser testigo de Cristo supone, antes que nada, procurar comportarnos según su doctrina, luchar para que nuestra conducta recuerde a Jesús, evoque su figura amabilísima. Hemos de conducirnos de tal manera, que los demás puedan decir, al vernos: éste es cristiano, porque no odia, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque está por encima de los instintos, porque es sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama».
Quizá el mundo ahora, en muchos casos, tampoco espera nada. O espera en otra dirección, de donde no vendrá nadie. Muchos se hallan volcados hacia los bienes materiales como si fueran su fin último; pero con ellos no llenarán su corazón jamás. Hemos de señalarles el camino. A todos. «Conocéis -nos dice San Agustín- lo que cada uno de vosotros tiene que hacer en su casa, con el amigo, el vecino, con su dependiente, con el superior, con el inferior. Conocéis también de qué modo da Dios ocasión, de qué manera abre la puerta con su palabra. No queráis, pues, vivir tranquilos hasta ganarlos para Cristo, porque vosotros habéis sido ganados por Cristo».
Nuestra familia, los amigos, los compañeros de trabajo, aquellas personas a quienes vemos con frecuencia, deben ser los primeros en beneficiarse de nuestro amor al Señor. Con el ejemplo y con la oración debemos llegar incluso hasta aquellos con quienes no tenemos ocasión de hablar.
Nuestra gran alegría será haber acercado a Jesús, como hizo el Bautista, a muchos que estaban lejos o indiferentes. Sin perder de vista que es la gracia de Dios y no nuestras fuerzas humanas la que consigue mover las almas hacia Jesús. Y como nadie da lo que no tiene, se hace más urgente un esfuerzo por crecer en la vida interior, de forma que el amor de Dios sobreabundante pueda contagiar a todos los que pasan por nuestro lado.
La Reina de los Apóstoles aumentará nuestra ilusión y esfuerzo por acercar almas a su Hijo, con la seguridad de que ningún esfuerzo es vano ante Él.
 
Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

Homilía Domingo 2º Adviento (B)

(Cfr. www.almudi.org)

 

(Is 40,1-5.9-11) "Todo valle será rellenado y todo monte será allanado"
(2 Pe 3,8-14) "Un día delante es como mil años"
(Mc 1,1-8) "He aquí que yo envío mi ángel delante de ti"

Homilía con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Redención

“La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan” (Sal 84/85,11).
Adviento quiere decir “venida” y quiere decir también “encuentro”. Dios, que viene, se acerca al hombre, para que el hombre se encuentre con Él y sea fiel a este encuentro. Para que permanezca en él, hasta el fin.
En la liturgia de hoy habla primero Isaías, Profeta del gran adviento. Su mensaje es hoy gozoso, lleno de confianza: “Consolad, consolad a mi pueblo ‑dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha cumplido su milicia, ya ha satisfecho por su culpa, pues ha recibido de mano de Yahveh castigo doble por todos sus pecados.
Súbete a un alto monte, alegre mensajero para Sión; clama con voz poderosa, alegre mensajero para Jerusalén, clama sin miedo. Di a las ciudades de Judá: «Ahí está vuestro Dios» (Is 40,1-2.9-11).
Ahí viene el Señor Yahveh con poder, y su brazo lo sojuzga todo. Ved que su salario le acompaña, y su paga le precede.
Como pastor pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas”.
Al mismo tiempo que este mensaje, tenemos la llamada a “preparar” y “allanar” el camino, la misma que hará suya, en las riberas del Jordán, Juan Bautista, último Profeta de la venida del Señor. En síntesis, Isaías afirma: El Señor viene... como Pastor; es preciso crear las condiciones necesarias para el encuentro con Él. Es necesario preparase.
“Una voz clama: En el desierto abrid camino a Yahveh, trazad en la estepa una calzada recta a nuestro Dios.
Que todo valle sea elevado, y todo monte y cerro rebajado; que lo torcido se enderece, y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria de Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha hablado” (Is 40,3-5).
Aceptemos, pues, con alegría, tanto la buena noticia como los deberes que ella pone ante nosotros. Dios quiere estar con nosotros; viene como dominador, “su brazo domina”, pero, sobre todo, viene como Pastor, y como tal, “apacienta el rebaño, su mano lo reúne. Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres” (Is 40,11).
Estamos aquí para fortalecernos en nuestra alegría y en nuestra esperanza y, a la vez, para que podamos siempre de nuevo, llevados por la convicción acerca de la presencia de Dios en nuestros caminos, prepararle el sendero, removiendo de Él todo lo que hace difícil e incluso no digáis que Dios se ha dado prisa o que tarda.
Y luego escuchamos: “No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión” (2P 3,9).
Así, pues, de modo inesperado se nos pone delante la imagen de Dios Pedagogo, de ese Pastor al que conocemos bien, que espera pacientemente a todos los que todavía no han cogido la pala y no han comenzado a “preparar” y “allanar” sus caminos; que han permanecido sordos al grito gozoso: “Mirad a vuestro Dios... Mirad: Dios, el Señor, viene”.
Este tiempo nuestro humano, vivido de modo humano, con su contenido y su sustancia, que nosotros realizamos, continúa gracias a la paciencia de Dios. Así, lo que alguno puede parecer como falta de cumplimiento de la promesa por parte de Dios es, en cambio, el misericordioso don que Él hace al hombre.

El pecado
 
Sin embargo, es cierto que “el día del Señor” vendrá, y vendrá inesperadamente; será una sorpresa para cada uno de los hombres. Por esto, el problema de la “conversión”, el problema del “encuentro”, y de “estar con Dios” es cuestión de cada día; porque cada día puede ser para cada hombre, para mí, “el día del Señor”. Debemos hacernos, pues, la pregunta de Pedro: ¿Cómo debemos ser nosotros en la santidad de la conducta, y en la piedad, esperando y acelerando la venida del día de Dios? (cf. 2Pe 3,11-12).
La perspectiva escatológica del Apóstol: “un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia” (2Pe 3,13) habla del encuentro definitivo del Creador con la creación en el reino del siglo venidero, para el cual debe madurar cada hombre mediante el adviento interior de la fe, esperanza y caridad.
El testigo de esta verdad es Juan Bautista, que en la región del Jordán predica “que se bautizaran, para que se perdonasen los pecados” (Mc 1,4). Se cumplen así las palabras de la primera lectura del libro de Isaías. Efectivamente, Juan predicaba: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme a desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo” (Mc 1,7-8).
Juan distingue claramente el “adviento de preparación” del “adviento del encuentro”. El adviento de encuentro es obra del Espíritu Santo, es el bautismo del Espíritu Santo. Es Dios mismo que va al encuentro del hombre; quiere encontrarlo en el corazón mismo de su humanidad, confirmando así esta humanidad como imagen eterna de Dios y, al mismo tiempo, haciéndola “nueva”.
Las palabras de Juan sobre el Mesías, sobre Cristo: “Él os bautizará con Espíritu Santo” alcanza la raíz misma del encuentro del hombre con Dios viviente, encuentro que se realiza en Jesucristo y se inscribe en el proceso de la espera de los nuevos cielos y de la nueva tierra, en que habite la justicia: adviento del “mundo futuro”. En Él, en Cristo, Dios ha asumido la figura concreta del Pastor anunciado por los Profetas, y al mismo tiempo se ha convertido en el Cordero que quita el pecado del mundo; por esto, se mezcló con la muchedumbre que seguía a Juan, para recibir de sus manos el bautismo de penitencia y hacerse solidario con cada hombre, para transmitirle luego, a su vez, el Espíritu Santo, esa potencia divina que nos hace capaces de liberarnos de los pecados y de cooperar a la preparación y a la venida “de los nuevos cielos y de la nueva tierra”.
“La espera de una nueva tierra -enseña el Concilio Vaticano II- no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar una vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios” (Gaudium et Spes 39).
Escuchemos la Palabra de Dios con la convicción de que ella, cuando es escuchada por el hombre, tiene la potencia del “Adviento” y, por lo tanto, la capacidad de transformar y renovar. Entonces digamos desde lo profundo del corazón las palabras del Salmista: “Voy a escuchar lo que dice el Señor: Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra” (Sal 84/85,9-10).

Confesión para vivir bien el adviento
 
Digamos con alegría estas palabras, que ellas infunden en nuestros corazones la nueva esperanza y la nueva fuerza, porque anuncian que la gloria de Dios habitará en le tierra, que la salvación está cerca de los que le buscan. Dios anuncia la paz, y hace posible los tiempos de la fidelidad y de la justicia.
“Hablad al corazón de Jerusalén” (Is 40,2).
¡Preparad el camino del Señor! ¡Enderezad sus senderos! Que esto se realice en el sacramento de la reconciliación en la humilde y confiada confesión del Adviento, a fin de que ante el recuerdo de la primera venida de Cristo, que es la Navidad, y a la vez en la perspectiva escatológica de su Adviento definitivo, el pecado quede eliminado y expiado, para que la Iglesia pueda proclamar a cada uno de vosotros que ha terminado la esclavitud, y que el Señor Dios viene con fuerza

Catequesis en español del Papa Francisco 06/12/2017 HD

En la Audiencia General de este miércoles 6 de diciembre, tras oír junto
a los fieles presentes en el Aula Pablo VI del Vaticano el pasaje
bíblico del Evangelio según San Mateo, capítulo 5 versículos 13 al 16,
el Santo Padre Francisco dedicó su catequesis a su reciente Viaje
Apostólico a Myanmar y Bangladesh. El pontífice destacó asimismo a la
juventud bengalí, musulmanes y de otras religiones, llamándolos “signo
de esperanza para Bangladesh, para Asia y para el mundo entero”.

Ángelus del 03/12/2017 HD

Este primer domingo de Adviento, el Papa Francisco exhortó a “estar
siempre vigilantes y esperar al Señor”. “Se trata, explicó en el Ángelus
de este 3 de Diciembre, de tener una mirada de comprensión para
reconocer también las miserias y las pobrezas de los individuos y la
sociedad, como la riqueza oculta en las pequeñas cosas de cada día,
exactamente ahí donde el Señor nos ha puesto”. Presidiendo la oración
mariana en la Plaza San Pedro, ante 15,000 personas, el primer domingo
del tiempo de Adviento, el Papa invitó a no dejarse “llevar por la
distracción o por la superficialidad” sino a volverse hacia los demás, a
“combatir la indiferencia y la crueldad”. Animó también a rechazar las
tentaciones “de infidelidad a la llamada del Señor: Él nos indica el
buen camino, el camino de la fe y del amor, pero nosotros buscamos
nuestra felicidad fuera”.

05 diciembre 2017

Nuestras iglesias no son supermercados: El Papa Francisco en Casa Santa ...

Vigilancia, servicio y gratuidad: son las tres palabras que el Papa
Francisco destacó en su homilía de la Misa celebrada en Casa Santa
Martha este 24 de noviembre. El Santo Padre comentó las dos lecturas
propuestas por la Liturgia del día. La primera tomada del Libro de los
Macabeos y la segunda del Evangelio de San Lucas, cuyo tema común se
refiere a la purificación del templo. Así como Judas y sus hermanos
volvieron a consagrar el templo profanado por los paganos, del mismo
modo Jesús echa a los mercantes de la casa del Señor transformada en una
guarida de ladrones.

04 diciembre 2017

Ángelus del 03/12/2017 HD

Este primer domingo de Adviento, el Papa Francisco exhortó a “estar
siempre vigilantes y esperar al Señor”. “Se trata, explicó en el Ángelus
de este 3 de Diciembre, de tener una mirada de comprensión para
reconocer también las miserias y las pobrezas de los individuos y la
sociedad, como la riqueza oculta en las pequeñas cosas de cada día,
exactamente ahí donde el Señor nos ha puesto”. Presidiendo la oración
mariana en la Plaza San Pedro, ante 15,000 personas, el primer domingo
del tiempo de Adviento, el Papa invitó a no dejarse “llevar por la
distracción o por la superficialidad” sino a volverse hacia los demás, a
“combatir la indiferencia y la crueldad”. Animó también a rechazar las
tentaciones “de infidelidad a la llamada del Señor: Él nos indica el
buen camino, el camino de la fe y del amor, pero nosotros buscamos
nuestra felicidad fuera”.