Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

25 septiembre 2017

Ángelus del 24/09/2017 HD

Durante el rezo del Ángelus este domingo 24 de septiembre en la Plaza de
San Pedro en el Vaticano, el Papa Francisco recordó que la justicia de
Dios nada tiene que ver con la justicia humana, y que en su Reino “habrá
una recompensa para todos otorgada por Él”. En el comentario del
Evangelio del día, previo al rezo del Ángelus, el Santo Padre comentó la
parábola en la que Jesús cuenta cómo el propietario de una viña
contrata por la mañana a un grupo de jornaleros y les promete un denario
al día.

24 septiembre 2017

Compartiendo el viaje

El Papa Francisco lanzará la campaña de Caritas Internationalis
"Compartiendo el viaje", el próximo 27 de septiembre de 2017.
Lo que proponemos ese día y a lo largo de nuestra campaña es conocer a
un inmigrante o refugiado, escuchar y compartir historias y experiencias
con ellos.

23 septiembre 2017

LIBRO DELA SEAMANA (22 Sep): Creados para ser felices

(Cfr. www.criteriaclub.es)

 
  Creados para ser felices
PRECIO
18,00 €

PELICULA DE LA SEMANA (22 Sep): Churchill

(Cfr. www.almudi.org)

  
Churchill



Reseña: 

Winston Churchill es una de las grandes figuras políticas del siglo XX, no sólo de la escena británica, sino también del panorama mundial. En su larga carrera, jugó un papel principalísimo en las horas oscuras en que parecía que las hordas nazis de Hitler estaban destinadas a conquistar la Tierra.
El film que nos ocupa sin embargo pone el foco de la atención en sólo dos días de la vida del premier inglés, las que precedieron al desembarco de Normandía. Y osa componer un retrato donde prima el lado más humano del mitificado Churchill. En efecto, la idea es mostrarle envejecido, y contrario a las ideas con que vienen los aliados americanos con Dwight Eisenhower a la cabeza, de pasar al continente por la llamada playa de Omaha, en una acción que sin duda tendrá un enorme coste en vidas humanas, y donde es crucial la discreción y que la climatología no juegue una mala pasada.
El australiano Jonathan Teplitzky muestra que el liderazgo y la determinación no están reñidos con las dudas y la conciencia de estar siendo relegado a un segundo término, una suerte de humillación, sentimientos que pugnan en el espíritu de Churchill, a quien trata de sostener Clementine, la gran mujer que tiene a su lado. Por parte de los americanos, Ike y otros oficiales, hay una mezcla de respeto al viejo mandatario, y la resolución de hacer lo que hay que hacer. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Los noiños sufren profundamente la separación de sus padres

(Cfr. www.almudi.org)


 
 
A los que van a aventurarse en la misión de convertirse en padres es necesario recordar que cultivar el amor no será un bien solo para ellos, sino también para los hijos

Como es apenas lógico, los niños temen perder la estabilidad, el bienestar y la seguridad que les provee un hogar con papá y mamá que se aman, se respetan y conviven en armonía. Así lo ha comprobado Cecilia Galatolo de primera mano cuando dictaba una catequesis a un grupo de niños:
«Hace un par de años, durante una catequesis en una parroquia de Roma, estaba hablando de la familia de Jesús. En un cierto momento, no recuerdo en relación con qué, una niña afirmó: “Mi gran miedo es que mis padres se divorcien…”.
Después de esa externalización, le siguieron los comentarios de los compañeros, que, uno detrás de otro, empezaron a decir: “Sí, también el mío”. Y lo dijeron todos.
Eran diez niños, no es una muestra representativa que nos permita afirmar que “el miedo más grande de todos los niños es la separación de los padres”, pero ese episodio me hizo meditar.
No soy ni psicóloga ni pediatra, pero ese día reflexioné mucho sobre el hecho que los niños no vienen separadamente del padre o de la madre, sino de la unión de los dos y ninguna ley, ninguna ideología podrá nunca cambiar esta realidad.
Sin juzgar a todas esas personas que han encontrado en el divorcio la única solución a sus problemas, creo que no se puede olvidar que para los niños la separación de los padres es un drama» afirma Cecilia.

La separación: fuente de sufrimientos para los cónyuges y para los hijos

El final de un matrimonio es siempre fuente de sufrimiento y de dificultades. Verdad descontada. Sin embargo, este no debería ser un punto de llegada de la reflexión, sino un punto de partida o de re-partida.
Dos personas que se casan nutren, más o menos conscientemente, esperanzas y expectativas hacia su unión: se presume que si dos personas deciden casarse es porque creen y se desean transcurrir serenamente el resto de su vida juntos.
Sean los que sean los motivos que pueden llevar a una separación, es verdad que en cualquier caso se trata de un fracaso que deja heridas.
¿Pero qué sucede cuando el divorcio sucede entre personas que tienen hijos? ¿Cómo viven los niños la separación de los padres?
Muchos creen que el niño puede crecer adecuadamente también con los padres separados: lo que contaría para el niño, de hecho, sería el amor de la madre y el amor del padre… no el amor entre la madre y el padre. Pero ¿es realmente así?

El conflicto: primera causa de dolor para los hijos

Muchos psicólogos concuerdan en el hecho de que los hijos crezcan mejor con padres separados en vez de en un clima de conflicto con padres que viven juntos. Son de este parecer, por ejemplo, el doctor Marco Schneider, psicólogo y psicoterapeuta sistémico familiar y la doctora Stefania Ferrari, psicóloga y mediadora familiar. De acuerdo con un estudio realizado por ellos, habría una estrecha correlación entre el conflicto entre los padres (unidos o separados) y el malestar psicológico de los hijos. Según ellos, es por tanto más importante que los padres no estén en conflicto en vez de que estén juntos. Hay además situaciones extremas, en las que la separación se presenta como la única salida.

Pero el lugar ideal para crecer permanece en una familia unida

Sin embargo, a pesar de que las primeras causas de malestar para los niños son el conflicto y la violencia, no podemos olvidar que también el divorcio en cuanto tal −también cuando es vivido en aparente armonía− genera en ellos laceraciones.
Los hijos son el fruto de una unión, no vienen de dos personas tomadas singularmente. Esto, a nivel biológico y antropológico no puede ser considerado un hecho irrelevante: los hijos, viniendo de esa unión, quieren participar de ella y en ella buscan protección.
Los niños no solo prefieren vivir con ambos padres, en vez de pasar de una casa a otra, sino que son felices de ver que su madre y su padre se aman. Crecer en una familia unida les ayuda a adquirir seguridad y confianza en las relaciones humanas.

La relación de los padres: primer modelo relacional para los hijos

No puede descuidarse el hecho de que los niños aprenden a relacionarse con los otros, incluidos los futuros novios o cónyuges, sobre la base de las relaciones que han vivido con los padres y que han visto entre los padres. Una persona que ha asistido al disgregarse del propio núcleo familiar puede ser poco propensa a creer en las relaciones sólidas y duraderas y puede tener dificultad para comprometerse seriamente en una relación porque, quizá inconscientemente, la teme.
Son muchas las dificultades que pueden nacer de esta condición que, en cualquier caso, viene percibida por el niño como una condición anómala. Es esto lo que demuestra otro estudio realizado por el “Centro de Psicología Clínica y Psicoterapia”.

El amor entre los cónyuges: un bien también para los hijos

El hombre y la mujer se convierten en padre y madre juntos, en el mismo momento. Ver al padre que ama a la madre y viceversa puede ayudar al niño a descubrir qué es el amor.
Quien ha fracasado en la tarea de mostrar la maravilla del amor esponsal no debe ser estigmatizado: condenar a alguien desde fuera es tan fácil como injusto.
A todos aquellos que van a aventurarse en la misión de convertirse en padres, sin embargo, es necesario recordar que cultivar el amor no será un bien solo para ellos, sino también para los hijos: para los niños, de hecho, no será lo mismo ver que los padres viven una relación conyugal serena, armoniosa o sufrir sus conflictos hasta el día de la división definitiva».


Cecilia Galatolo
(Colaboración de familyandmedia.eu para lafamilia.info)

22 septiembre 2017

Meditación Domngo 25 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)


 
 
Lo más importante en la vida no son nuestros méritos sino acoger el amor que Dios nos da
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: -Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: -¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: -Nadie nos ha contratado. El les dijo: -Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: -Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: -Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. El replicó a uno de ellos: -Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos” (Mateo 20,1-16).

El reino de los cielos es semejante a un amo de casa que salió muy de mañana a ajustar obreros para su viña…”  Gracias, Jesús, por contarnos la parábola de los trabajadores de la viña, donde “es Dios quien llama al hombre al trabajo y que el trabajo debe contribuir a la plasmación continua del mundo según el proyecto del mismo Dios. Todo tipo de trabajo humano, todas sus variantes, están incluidas en la parábola evangélica. En el punto de partida esta parábola incluye la llamada al hombre a redescubrir el significado del trabajo, teniendo presente el designio salvífico de Dios”, señalaba Juan Pablo II en 1981; y, al plantearse qué es el trabajo, añadía: “es una prerrogativa del hombre-persona, un factor de plenitud humana que ayuda precisamente al hombre a ser más hombre. Sin el trabajo no solo no puede alimentarse, sino que tampoco puede autorrealizarse, es decir, llegar a su dimensión verdadera. En segundo lugar y consecuentemente, el trabajo es una necesidad, un deber que da al ser humano, vida, serenidad, interés, sentido. El Apóstol Pablo advierte severamente, recordémoslo: ‘el que no quiera trabajar, no coma’ (2 Tes 3,10). Por consiguiente cada uno está llamado a desempeñar una actividad sea al nivel que fuere, y el estar ocioso y el vivir a costa de otros quedan condenados. El trabajo es, además, un derecho, ‘es el grande y fundamental derecho del hombre’”.

El trabajo llega a ser igualmente un servicio, de tal modo que “el hombre crece en la medida en que se entrega por los demás". Y de esta armonía se beneficia no sólo el individuo sino también la misma sociedad.

Añadía el Papa que hay en el trabajo un “significado último en el designio salvífico de Dios”, donde “no sólo debemos dominar la tierra, sino también alcanzar la salvación. Por tanto, al trabajo está vinculada no sólo la dimensión de la temporalidad, sino también la dimensión de la eternidad”.
La horas de contratación son: 6 de la mañana (amanecer, hora primera, prima), 9 (media mañana, hora tercera, tercia), 12 (mediodía, hora sexta), 3 de la tarde (media tarde, hora novena, nona), 5 de la tarde (caer de la tarde, hora undécima). Los judíos computaban las horas diurnas de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Después de contratar también a los de última hora, acaba el trabajo y viene la hora de cobrar. “Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno”. Y los trabajadores se quejan… es la queja que oímos del hijo mayor en la parábola del padre misericordioso que acoge al hijo pródigo, y de tantos otros que oponen la justicia de Dios, tal como los hombres la conciben, y su comportamiento misericordioso. Si pensamos distinto, tendremos que cambiar nuestro modo de pensar… "Si vuestra justicia no sobrepasa la de los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos".

"¿No puedo hacer lo que quiero de mis bienes? ¿O has de ver con mal ojo que yo sea bueno?", Jesús, das el golpe de gracia a un concepto de Dios y de su retribución al modo humano.
“Es tentación del hombre de todos los tiempos juzgar los planes de Dios, conforme a las propias categorías. Dios desborda nuestros pensamientos. Por eso, el hombre ante Dios ha de ser humilde y sencillo, confiado en su Amor a cada uno de nosotros, que ha llamado a la existencia y a su Reino.
En un mundo donde todo se cobra y todo se paga qué difícil es comprender, aceptar y vivir la gratuidad con los demás y con Dios” (Catecismo, 543).

La recompensa divina, un denario, excede de tal manera el esfuerzo realizado por nosotros, que quien ha sido llamado al alba no puede pensar que tiene más méritos que quien fue convocado a mediodía o en el crepúsculo de su vida.  

Jesús, veo que cuentas esta parábola luego de tu encuentro con el joven rico, y quiero aprender el contexto de lo que cuentas, para la mejor comprensión del texto. Acabas diciendo: "Todos los que hayan dejado esposa... por causa mía, recibirán la herencia de la vida eterna. Ahora bien, muchos que son primeros, serán últimos y muchos que son últimos, serán primeros". Dices a los discípulos que son los primeros, pero pueden ser últimos. Y lo repites hoy al final de la parábola: "Así es como los últimos serán los primeros y los primeros los últimos". Dices a tus discípulos que ellos pueden ser los últimos. Esta es la pauta de interpretación.

El Talmud de Jerusalén contiene un relato parecido en la forma a la parábola que hemos escuchado. Se trata del discurso funerario que pronuncia un rabino al sepultar a un joven maestro de 28 años. En él se cuenta cómo un rey contrató obreros para su viña y también pagó a todos lo mismo. Pero, ante las protestas, su contestación fue: éste ha trabajado en dos horas más que vosotros en todo el día. El joven rabino difunto había hecho más en 28 años que muchos doctores en cien. Se le premiaba la cantidad de trabajo que fue capaz de realizar en poco tiempo. La forma narrativa, como se ve, es bien similar, pero el fondo es muy distinto: mientras el discurso rabínico habla de mérito, la parábola de Jesús se refiere a la gracia. En el primer caso, la causa del premio está en el trabajo de quien lo recibe; en el segundo, en la bondad del que lo otorga. En alguna ocasión, la liturgia de la misa recoge en sus oraciones: no por nuestros méritos sino conforme a tu bondad. Nos cuesta entender que los caminos del Señor son distintos a los nuestros. Dios se presenta como un amo generoso que no funciona por rentabilidad, sino por amor gratuito e inmerecido. Esta es la buena noticia del evangelio. Pero nosotros insistimos en atribuirle el metro siempre injusto de nuestra humana justicia. En vez de parecernos a él intentamos que él se parezca a nosotros con salarios, tarifas, comisiones y porcentajes. Queremos comerciar con él y que nos pague puntualmente el tiempo que le dedicamos y que prácticamente se reduce al empleado en unos ritos sin compromiso y unas oraciones sin corazón. Con una mentalidad utilitarista, muy propia de nuestro tiempo, preguntamos: ¿Para qué sirve ir a misa, si Dios nos va a querer igual? Así evidenciamos que no hemos tenido la experiencia de que Dios nos quiere y no reaccionamos en consecuencia amándole también más por encima de leyes y medidas. Exigimos normas cuyo cumplimiento diferencie a los buenos de los malos. Vemos absurdo y hasta injusto ser queridos todos por igual. ¡A cada uno lo suyo!, decimos como quien da un argumento incontestable con tono de protesta sindical ante Dios. Tardamos en comprender que la traducción no es: "Paz a los hombres de buena voluntad", sino: "Paz a los hombres que Dios ama". Tampoco hay conexión entre culpa y desgracia. Olvidamos que la gracia ha sustituido a la ley. Necesitamos que existan los malos para podernos calificar de buenos. De esta forma, el amor al hermano se torna imposible (“Eucaristía 1990”).

2. Los planes divinos subvierten los nuestros, son siempre más altos de lo que podamos aspirar, por eso es muy pobre la visión que algunos tienen del cielo, de estar con un arpa aburrida rodeado de ángeles… prefieren su egoísmo sin darse cuenta que le degrada, y como les gusta lo malo, prefieren su “infierno”, en lugar de aspirar a mejorar su gusto… es como estar en la mejor representación de una Opera con los auriculares escuchando la peor música. Por eso dice el profeta: “Buscad al Señor mientras se le encuentra,  invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes”.

El malvado, ¿para qué vive, para qué trabaja si luego está la nada, lo absurdo? El salmista despierta en nosotros una idea que será central en el Evangelio: Dios es amor. Y por eso sale de nosotros alabarle: “Día tras día te bendeciré, Dios mío, y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor y merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”.

3. San Pablo viene a decirnos que la muerte es el paso a algo mucho mejor, y que si prefiere seguir viviendo aquí es para el servicio a los demás: “Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero no sé qué escoger”… Pablo deja el asunto en las manos de Dios y acepta su voluntad en cualquier caso, pues todo contribuye tanto la vida como la muerte, para bien de los que se salvan. Lo importante es que los cristianos vivan dignamente y conformen su conducta a las enseñanzas del Señor. A través del amor podremos llegar a comprender y a desear con realismo vivir el estilo de vida que vive ya Jesús. Desde la cárcel, el Apóstol está olvidado de su destino, pensando sólo en hacer el bien, ha logrado desprenderse del ego para vivir la vida de verdad.
Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 25 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 

(Is 55,6-9) "Vuestros caminos no son mis caminos"
(Fil 1,20c-24.27a) "Para mi la vida es Cristo, y una ganancia morir”
(Mt 20,1-16) "Id también vosotros a mi viña"

--- El trabajo como deber y derecho humano
“El reino de los cielos es semejante a un amo de casa que salió muy de mañana a ajustar obreros para su viña…” (Mt 20,1).
Con estas palabras comienza el pasaje evangélico de la liturgia de hoy. La tan conocida parábola de los trabajadores de la viña contiene en sí muchos temas. Entre éstos es fundamental la idea de que es Dios quien llama al hombre al trabajo y que el trabajo debe contribuir a la plasmación continua del mundo según el proyecto del mismo Dios. Todo tipo de trabajo humano, todas sus variantes, están incluidas en la parábola evangélica.
En el punto de partida esta parábola incluye la llamada al hombre a redescubrir el significado del trabajo, teniendo presente el designio salvífico de Dios.
¿Qué es el trabajo humano?
A este importante interrogante hay que dar una respuesta articulada. Ante todo es una prerrogativa del hombre-persona, un factor de plenitud humana que ayuda precisamente al hombre a ser más hombre. Sin el trabajo no solo no puede alimentarse, sino que tampoco puede autorrealizarse, es decir, llegar a su dimensión verdadera. En segundo lugar y consecuentemente, el trabajo es una necesidad, un deber que da al ser humano, vida, serenidad, interés, sentido. El Apóstol Pablo advierte severamente, recordémoslo: “el que no quiera trabajar, no coma" (2 Tes 3,10). Por consiguiente cada uno está llamado a desempeñar una actividad sea al nivel que fuere, y el ocio y el vivir a costa de otros quedan condenados. El trabajo es, además, un derecho, “es el grande y fundamental derecho del hombre”.

--- Servicio
El trabajo llega a ser igualmente un servicio, de tal modo que “el hombre crece en la medida en que se entrega por los demás". Y de esta armonía se beneficia no sólo el individuo sino también la misma sociedad.

--- Dimensión eterna
Estos son solamente algunos pensamientos sobre el tema acerca de la naturaleza del trabajo humano. Los ponemos juntos aquí haciendo referencia a la llamada del amo de casa que sigue saliendo a contratar obreros para su viña para la jornada, como dice la parábola evangélica. Recordemos que en su mismo punto de partida esta parábola contiene la invitación al hombre a que encuentre su significado último en el designio salvífico de Dios, sea cual fuere el tipo de trabajo que desarrolle. Y oremos para que crezca y se ahonde en cada hombre la conciencia de este significado. Pues según el designio de Dios, con el trabajo no sólo debemos dominar la tierra, sino también alcanzar la salvación. Por tanto, al trabajo está vinculada no sólo la dimensión de la temporalidad, sino también la dimensión de la eternidad.

Ángelus del 17/09/2017 HD

El Papa Francisco pidió antes de la oración del Ángelus de este 17 de
septiembre que, cuando tengamos la tentación de cerrar el corazón a
quien nos ha ofendido y nos pide perdón, recordemos las palabras del
Padre celestial al siervo despiadado: «Te perdoné toda aquella deuda
porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu
compañero, así como yo me compadecí de ti?» Una enseñanza que
Jesucristo ha dejado plasmada no sólo en la parábola del rey
misericordioso sino también en la oración que Él mismo nos enseñó, el
Padrenuestro, en donde - dijo el Papa - puso en relación directa el
perdón que le pedimos a Dios con el perdón que damos a nuestros
hermanos: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores».

17 septiembre 2017

Pintando sueños en Luján

Una charla con Mercedes, alumna de los Talleres de Marangatú. En este
video cuenta cómo las clases de pintura la ayudaron en todos los
aspectos de su vida.

15 septiembre 2017

LIBRO DE LA SEMANA (15 Sep): La rebelión de los Amos

(Cfr. www.criterisclub.es)


  La rebelión de los amos
PRECIO
17,00 €