Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

04 diciembre 2016

Intenciones de oración del Papa de diciembre de 2016



El Video del Papa es una iniciativa global desarrollada por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) para colaborar en la difusión de las intenciones mensuales del Santo Padre sobre los desafíos de la humanidad.

02 diciembre 2016

LIBRO DE LA SEMANA (2 Dic): Mi corazón triunfará

(Cfr. www.libroslibres.com)


mi_corazon_triunfara


 
PRECIO 
20,00

La Virgen de Medjugorje se le manifesta con visiones y mensajes desde hace 35 años
Editorial: LIBROSLIBRES
ISBN: 9788415570653 Categorías: , , ,

Habla la primera vidente en recibir los 10 secretos de la Virgen de Medjugorje

«Me llamo Mirjana. He experimentado visiones de la Virgen María durante más de 35 años. No puedo decirlo de una forma más directa». Así presenta Mirjana Soldo su testimonio sobre las apariciones de Medjugorje, un pequeño pueblo en Bosnia donde desde 1981 seis jóvenes han recibido de formas diversas apariciones y mensajes de la Virgen María. Mirjana fue la primera en recibir los diez secretos que ella les ha confiado.
Por primera vez, uno de los videntes relata en primera persona cómo vivió aquellos primeros momentos y el impacto sobre su entorno más directo e incluso sobre la situación política. Los videntes fueron considerados «enemigos del Estado» por el régimen comunista, que no pudo impedir sin embargo la difusión mundial de los mensajes y la afluencia de peregrinos.
Mirjana desvela hechos y circunstancias hasta ahora desconocidos sobre ella misma y sobre las apariciones, como parte de la misión específica que la ha sido confiada: rezar por los no creyentes.
Mirjana Soldo (Sarajevo, 1965) se encontraba de vacaciones en Medjugorje para trabajar en el campo cuando el 24 de junio de 1981 comenzaron las apariciones de la Virgen a seis jóvenes, inspiraciones sobrenaturales que han llegado hasta hoy. Está casada, tiene dos hijos y éste es su primer libro, donde ha volcado toda su vida.

PAPA FRANCISCO: Mensaje Jornada mundia de Oraciónl por las Vocaciones 2016

(Cfr. www.almudi.org)

 

 
 
Mensaje del Santo Padre para la 54ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

“Empujados por el Espíritu para la Misión” es el título del mensaje del Papa Francisco para la LIV Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que se celebrará el domingo 7 de mayo de 2017 y en el que el Santo Padre, después de haber abordado en los pasados años el tema de la invitación a salir de sí mismo para escuchar la voz de Dios y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado de la manifestación de la llamada del Señor, reflexiona sobre otro aspecto de la vocación cristiana: su dimensión misionera.

Texto del Mensaje del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, en los años anteriores, hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre dos aspectos de la vocación cristiana: la invitación a «salir de sí mismo», para escuchar la voz del Señor, y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta
Ahora, con ocasión de la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no está llamado a anunciarse a sí mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esa experiencia solo para sí: «La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera» (Ex. Ap. Evangelium gaudium, 21).
Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.
Aunque experimentemos en nosotros muchas fragilidades y tal vez podamos sentirnos desanimados, debemos alzar la cabeza a Dios, sin dejarnos aplastar por la sensación de incapacidad o ceder al pesimismo, que nos convierte en espectadores pasivos de una vida cansada y rutinaria. No hay lugar para el temor: es Dios mismo el que viene a purificar nuestros «labios impuros», haciéndonos idóneos para la misión: «Ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Entonces escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?”. Contesté: “Aquí estoy, mándame”» (Is 6,7-8).
Todo discípulo misionero siente en su corazón esta voz divina que lo invita a «pasar» en medio de la gente, como Jesús, «curando y haciendo el bien» a todos (cf. Hch 10,38). En efecto, como ya he recordado en otras ocasiones, todo cristiano, en virtud de su Bautismo, es un «cristóforo», es decir, «portador de Cristo» para los hermanos (cf. Catequesis, 30-I-2016). Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagración y también para los sacerdotes, que con generosidad han respondido «aquí estoy, mándame». Con renovado entusiasmo misionero, están llamados a salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres (cf. Homilía durante la Santa Misa Crismal, 24-III-2016). La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes así: confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer con alegría a todos (cf. Mt 13,44).
Ciertamente, son muchas las preguntas que se plantean cuando hablamos de la misión cristiana: ¿Qué significa ser misionero del Evangelio? ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? ¿Cuál es la lógica evangélica que inspira la misión? A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evangélicas: el comienzo de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que hace, ya resucitado, junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y por último la parábola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).
Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo, que Jesús mismo describió en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18). Esta es también nuestra misión: ser ungidos por el Espíritu e ir a los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos instrumento de salvación.
Jesús camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas. Pero si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia «liturgia del camino», que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado. Los dos discípulos, afectados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado. En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan. Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, «que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (Ex. ap. Evangelii gaudium, 266).
Jesús hace germinar la semilla. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio. La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.
Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, «lugar» privilegiado del encuentro con Dios.
Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, ante la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos a los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, también hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros «deberes que cumplir», nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.
María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro «aquí estoy» a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.
Vaticano, 27 de noviembre de 2016
Primer Domingo de Adviento
Francisco
Fuente: vatican.va.
Traducción de Luis Montoya.

PELICULA DE LA SEMANA (2 Dic): Marea negra

(Cfr. www.almudi.org)

  
Marea negra


Contenidos: Imágenes (algunas V)
Dirección: Peter Berg. País: USA. Año: 2016. Duración: 107 min.Género: Drama. Interpretación: Mark WahlbergJohn MalkovichKurt RussellDylan O’Brien, Kate Hudson, Gina Rodriguez. Guion: Matthew Michael Carnahan y Matthew Sand. Música: Steve Jablonsky. Estreno en España: 25 Noviembre 2016
Reseña: 
En abril de 2010, la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, situada en el Golfo de Méjico, sufrió un terrible accidente que desencadenó una de las peores catástrofes medioambientales de la historia, y que costó la vida a 11 de sus trabajadores.  Marea Negra cuenta la historia de los hombres y mujeres que con su valor lograron salvar a muchos otros, cambiando sus vidas para siempre.
Marea negra denuncia –sobre todo en el primer tramo– que el desastre ecológico y los fallecidos el 20 de abril de 2010 se explican por anteponer los intereses económicos a cualquier otra consideración. Se corría así el riesgo de rodar un film repetitivo, pero un guión dinámico, que perfila muy bien a los personajes, logra que no parezca por momentos una fotocopia de El coloso en llamas, Tiburón, o la reciente Los 33.
Con imágenes de cierta potencia visual, el realizador crea tensión, a pesar de que la mayoría del respetable estará familiarizado con la historia real. Las interpretaciones son buenas. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Meditación Domingo 2º Adviento (A)

(Cfr. www.almudi.org)


 
 
Como Juan Bautista, nos toca preparar con alegría los caminos del Señor, y dar “fruto digno de conversión»

Por aquellos días se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos». Éste es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: ‘Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas’. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de conversión, y no creáis que basta con decir en vuestro interior: ‘Tenemos por padre a Abraham’; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga»” (Mt 3,1-12).

 1. Este domingo gira en totalmente en torno a la venida de Cristo y a la preparación necesaria, y la liturgia nos ofrece el modelo de Juan Bautista: “Por aquellos días se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos». Éste es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: ‘Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas’”. El nombre de Juan significa «Yahveh es misericordioso», Yahveh se ha compadecido, Yahveh muestra su favor. Juan estaba hecho para anunciar el favor de Dios, que la misericordia de Dios se ha manifestado definitivamente.
El verbo "convertirse" es cambio de mentalidad según el pensamiento griego, pero sobre todo “cambio de camino” según el lenguaje bíblico: vivir de fe es ir cambiando poco a poco nuestra manera de andar por el camino de la vida. Lo que Juan anuncia es que el Reino de Dios está cerca, que Dios mismo está cerca. Por lo tanto, hay que prepararse a fondo, desde la raíz. Hay que quitar impedimentos, hay que limpiar suciedades, hay que podar estorbos, hay que acabar con la esterilidad y ofrecer frutos buenos de todas clases. Para ello Juan bautiza con agua, pero anuncia un bautismo radical «de Espíritu Santo y fuego» (Caritas 1992).
«Pueblo de Sión; mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír su voz gloriosa en la alegría de vuestro corazón» (Is 30,19.30), reza la Antífona de entrada. Y en la oración colecta invocamos al Señor y le pedimos a él que es todopoderoso y rico en misericordia que, cuando salimos animosos al encuentro de su Hijo, no permita que lo impidan los afanes del mundo, y que nos guíe hasta Él con sabiduría divina, para que podamos participar plenamente del esplendor de su gloria.
La llegada del Reino de los cielos exige una conversión del corazón. El anuncio de Juan el Bautista coincide sustancialmente con el de Jesús: Convertíos porque está cerca el Reino de Dios (Mc 1,15). Se dirige con mucha energía a los fariseos y saduceos porque para ellos, la conversión era un hecho mental que no implicaba la totalidad de la persona. En ellos se daba una escisión interior: atendían a los mínimos detalles de la ley, pero descuidaban el precepto de la caridad; se protegían del juicio de Dios con una legalidad mal disfrazada o se sentían superiores como hijos de Abraham. Su conversión era formal y no tocaba la intimidad del corazón. La conversión que exige el Bautista es una conversión que pide un cambio total y radical en la relación con Dios. No es una simple conversión interior, sino una conversión también exterior que llega a las obras. Aquí aparece la imagen del árbol que produce frutos: el árbol bueno produce frutos buenos, el árbol malo produce frutos malos y se corta de raíz. Una verdadera conversión, por tanto, se traduce en una mayor rectitud de vida. Todo fruto de una conversión hacia el Padre de la misericordia. Cuando una persona es tocada por una conversión sincera, reconoce el desorden que hay en su interior, advierte su pecado y siente una necesidad apremiante de transformación, de cambio de actitud y de comportamiento. La conversión es el momento de la verdad profunda en el que el hombre se reconoce a sí mismo en su pecado y se abre a la verdad liberadora de Dios. El hombre se siente invitado a entrar dentro de sí y sentir la necesidad de volver a la casa del Padre. Así pues, el examen de conciencia es uno de los momentos más determinantes de la existencia personal. En efecto, en él todo hombre se pone ante la verdad de la propia vida, descubriendo así la distancia que separa sus acciones del ideal que se ha propuesto.
Podemos preguntarnos: realmente, ¿he hecho algo en esta primera semana, que ya se me ha pasado? ¿He salido de mi pasividad? “Es hora de despertarse”, se nos ha recordado. ¿Me he puesto a caminar por caminos de luz y no de tinieblas y oscuridades? Caminamos por caminos de luz, nos decían, cuando “evitamos las riñas y rivalidades” en el hogar, en mi colegio o escuela, en el lugar de trabajo o estudio, en mi barrio, con los vecinos de la casa. Ser constructores de paz hasta “hacer de las espadas, arados y de las lanzas, podaderas”.
¿Quiero un poco más a mi mujer, siendo pacífico, comprensivo, tolerante? ¿Quiero más a mi marido a pesar de todos los pesares? ¿Somos más artistas en la educación de los hijos, sabiendo equilibrar rectitud con ternura? Y vosotros, muchachos, muchachas, jóvenes, ¿habéis avanzado algo por este camino de obediencia a vuestros padres y mayores, escuchándoles con inteligencia y amor  y siendo mejores compañeros con todos para construir la paz?
Caminamos por caminos de luz cuando somos “moderados en el comer y beber”. ¿Te has privado de una copa de más? ¿No comes demasiado a veces? ¿Has dado el importe de  lo que has ahorrado en el comer o beber  en limosna para los que no tienen ni para comer? Porque si en el adviento eres moderado en el comer y beber, pero te enriqueces por otro lado, ahorrando esos gastos y no repartiéndolos entre los pobres, tu gesto de moderación se obscurece y se convierte en camino de tinieblas, pero no de luz.
Caminamos por caminos de luz, cuando “evitamos el desenfreno de la sensualidad y de la lujuria”. La sexualidad, algo noble e íntimo de la persona humana, pero el desenfreno la estrella contra la nada.
Es así como se prepara el camino del Señor, allanando sus senderos, como nos grita en este segundo domingo de adviento la voz de Juan el Bautista en el desierto: “Convertíos! Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos” (E. Martínez).
Jesucristo no ha venido al mundo para juzgarlo y condenarlo, sino para salvarlo: “Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia, aparecerá, revestido de poder de gloria, sobre las nubes del cielo. En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva. El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de espera dichosa de su reino” (prefacio III).
Juan Bautista señala la misión del Mesías: “Os bautizará con el Espíritu Santo y fuego”. Es la primera vez, después del anuncio del ángel a María, que aparece la impresionante palabra “Espíritu Santo”, que luego formará parte de la fundamental enseñanza trinitaria de Jesús. Juan Bautista, divinamente iluminado, anuncia que Jesús, el Mesías, continuará confiriendo el bautismo, pero este rito dará la “gracia” de Dios, el Espíritu Santo, entendido místicamente como un “fuego” místico, que borra (quema) el pecado e inserta en la misma vida divina (enciende de amor).
El Bautista esclarece la autoridad del Mesías: “Tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga”. Según la palabra de la enseñanza de Juan, el que vendrá es el “juez de las conciencias”; en otras palabras, es el que determina lo que está bien y lo que está mal (el grano y la paja), la verdad y el error; es el que determina cuales son los árboles que dan frutos buenos y cuales los que, en cambio, dan frutos malos y deben ser talados y quemados. Con estas afirmaciones Juan Bautista anuncia la “divinidad” del Mesías, porque sólo Dios puede ser el árbitro supremo del bien, señalar con absoluta certeza el camino positivo de la conducta moral, juzgar las conciencias, premiar o condenar. De ahí la necesidad de preparar la venida del Mesías.
En esta espera, la Iglesia nos propone la figura de Juan el Bautista, la “voz que clama en el desierto”, para ayudar a preparar los caminos del Señor, allanar sus sendas. Es la palabra que anuncia la Palabra, voz que anuncia la Voz, y cuando ésta llega el va desapareciendo, desprendido de honores, seguidores, de todo. Juan "perseveró en la santidad, porque se mantuvo humilde en su corazón" (San Gregorio magno). Nunca estamos tan llenos cuando, vacíos de nuestro yo, acogemos a Dios. Juan proclama el Bautismo, y acabaremos el tiempo de Navidad con el bautismo de Jesús, que es precisamente cuando comienza su vida pública, cuando da origen a una nueva creación, un volver a crear las aguas en las que nos sumergimos con Él, e instaura un nuevo orden.

2. Vendrá “el que está lleno del Espíritu”, dirá Isaías: como el «renuevo del tronco de Jesé». Tres cosas caracterizan esta venida: la plenitud del Espíritu del Señor que capacita al que viene para las otras dos cosas: para el juicio separador en favor de los pobres y desamparados contra los violentos y los pecadores, y para la instauración de una paz supraterrenal que transforma totalmente la naturaleza y la humanidad. El Espíritu de sabiduría y de conocimiento que llena al que viene, se derrama sobre el mundo, de modo que el mundo queda «lleno de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar». Lo que el que está lleno del Espíritu es y tiene, lo ejerce juzgando; lo reparte llenando al mundo con su Espíritu (von Balthasar). El Emmanuel tiene ascendencia davídica según la carne y condición salvadora de Mesías.
Con el Salmo cantamos: «Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente. Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector. Él se apiadará del pobre y del indigente y salvará la vida de los pobres». Todos somos pobres ante el Señor.

3. Todos los hombres –dirá san Pablo- necesitan para ser salvados por el gran Reconciliador. Y para eso hemos de vivir su amor: "Acogeos mutuamente", como y porque Cristo «nos ha acogido» para gloria del Creador, que nos ha creado a todos con vistas a su Hijo. Y para vivir en armonía se señalan dos cosas: la fidelidad y la misericordia de Dios ("hesed" y "emet", las dos formas de definir a Dios: Ex 34, 6): Dios es fiel y misericordioso.

Llucià Pou Sabaté
 

Homilía 2º Domingo Adviento (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 


(Is 11,1-10) "Y reposará sobre él el espíritu del Señor"
(Rom 15,4-9) "Te confesaré, Señor, entre las gentes, y cantaré tu nombre"
(Mt 3,1-12) "Haced penitencia, porque se acerca el Reino de los cielos"


La venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento de tal magnitud que Dios quiso prepararla con siglos de anticipación. El Bautista, el último de los profetas, que ya desde el seno de su madre lo reconoció con alegría, anuncia la inminente llegada del Señor con enérgico acento; reclamando un cambio de conducta que se traduzca en obras buenas, dignas de Dios.
Frente al tono exigente del Precursor, algunos fariseos que pensaban que eran hijos de Abrahán, tranquilizando así sus conciencias, les recordó que Dios puede sacar de las piedras gente grata a Dios. También hoy nos encontramos con personas que creen ver una contradicción entre las enseñanzas de Jesús y el “rigorismo” de la doctrina actual de la Iglesia.
Nada ultrajaba tanto la misericordia y el amor del Hijo de Dios -dicen- como las cargas pesadas que ponían y ponen hoy sobre los hombros de los demás los representantes de la Iglesia, mientras ellos no ponen ni un dedo por aliviarlas. Nuestro Dios es amor, misericordia y compasión, no un capataz duro y sin entrañas. No, dice la Iglesia a la contracepción, incluso a las parejas pobres que se esfuerzan por dar a sus hijos una vida decente y por expresar su amor conyugal; no al matrimonio de los divorciados, incluso para las mujeres abandonadas por sus maridos; no a la fecundación in vitro, incluso dentro del matrimonio cuando por una enfermedad de la mujer no puede concebir... En dos palabras: el sencillo y humano mensaje de Jesús ha sido suplantado por la “inhumana” doctrina de la Iglesia.
Nos engañaríamos si creyéramos que Jesús se movía en un plano distinto al que la Iglesia nos propone. Bastaría recordar su trayectoria llena de renuncias que concluyen con la entrega de su vida en una muerte atroz y humillante en la Cruz para comprender la afirmación del Bautista:"Yo no soy digno ni de llevar sus sandalias". No le llego ni al tobillo, diría hoy.
Está en un error quien piensa que el cristianismo le protege del sacrificio que la vida cristiana exige. No busquemos nunca a Cristo sin la Cruz, si no queremos tropezarnos con esas cruces sin Cristo que no libran de la fatiga humana y que carecen de valor redentor. Quien escucha y hace caso a la Iglesia, está en la verdad. "El que a vosotros oye a Mí me oye", dirá Jesús refiriéndose el magisterio de Pedro y los Obispos en comunión con él.
No hay amor allí donde no hay sacrificio por la causa de Jesucristo. Para llevar a cabo esta tarea que excede nuestras fuerzas, el Bautista entonces y la Iglesia hoy, nos recuerdan que el Bautismo en Espíritu Santo y fuego nos convertirá en trigo para su granero, esto es, gente grata a Dios que un día se sentará en su mesa en el reino de los cielos.



01 diciembre 2016

Encuentro de madres y empresas, Proyecto E+E+100 Fundación Madrina



El proyecto E+E+100 (Empleo + Emprendimiento +100% éxito), promueve la plena integración de las mujeres en exclusión socio-laboral en el mercado laboral 2016.

Catequesis en español del Papa Francisco 30/11/2016 HD



Concluyendo su ciclo de catequesis sobre la misericordia en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma señaló este 30 de noviembre que, “las catequesis terminan, pero la misericordia debe continuar. Agradezcamos al Señor por todo esto y conservémoslo en el corazón como consolación y fortaleza”.

27 noviembre 2016

Concierto de Carlos Baute a favor de los refugiados sirios. Tantaka. Uni...



El sábado 19 de noviembre, el cantante venezolano Carlos Baute ofreció un concierto a favor de los refugiados sirios, en el Auditorio Baluarte, al que asistieron más de 800 personas.

25 noviembre 2016

LIBRO DE LA SEMANA (25 Nov): La flaqueza del bolchevique

(Cfr. www.criteriaclub.es)


  La flaqueza del bolchevique


Presenctación:
La flaqueza del bolchevique sería una novela absolutamente cómica si no fuera por el carácter inquietante que adquiere a medida que se complican las argucias del protagonista. Una historia a caballo entre la comedia, la intriga y el melodrama.
 
PRECIO
17,00 €