Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

26 septiembre 2016

Catequesis en español del Papa Francisco 21/09/2016 HD

Miles de fieles y peregrinos se dieron cita en la Plaza de San Pedro el
primer día de otoño en Europa para participar en la Audiencia General
del miércoles 21 de septiembre. Con la lectura de un pasaje del
Evangelio de San Lucas, el Papa Francisco meditó en su catequesis sobre
el hecho de ser “Misericordiosos como el Padre”.

24 septiembre 2016

LIBRO SEMANA (23 Sep): Padre Pío

(Cfr. www.libroslibres.com)


 
padre pío:LBLB
PRECIO
20,00€
Los milagros desconocidos del santo de los estigmas


Editorial: LIBROSLIBRES
ISBN: 9788492654444 Categorías: ,

Gran historia de un gran santo

El padre Pío de Pietrelcina nació en 1887 y murió en 1968 en el convento capuchino de San Giovanni Rotondo. Allí dedicó medio siglo casi exclusivamente a confesar a decenas de miles de personas que acudían a verle atraídas por su fama de santidad y por los numerosos milagros y hechos extraordinarios que rodearon su vida. Sobre todo, los estigmas, que recibió siendo muy joven y le hicieron vivir en su propia carne la Pasión de Cristo.
Juan Pablo II lo elevó a los altares en 2002 ante la mayor asistencia jamás registrada en una canonización. Y desde entonces su nombre, que ya era venerado masivamente en Italia, se ha extendido por toda la tierra.
“Daré más guerra muerto que vivo”, profetizó el santo. Este libro, con sus impactantes historias de fe y conversión, es una buena prueba de ello

DISCURSO DEL PAPA A LOS PERIODISTAS: Amar la verdad, vivir conprofesionalidad y respetar la dignidad humana

(Cfr. www.almudi.org)


 

Sobre estos tres elementos fundamentales se centró la reflexión que el Papa compartió con los periodistas del Consejo Nacional de la Orden de los Periodistas italianos

Discurso del Santo Padre

Gentiles Señoras y Señores, agradezco vuestra visita. En particular, doy las gracias al Presidente por las palabras con las que ha introducido nuestro encuentro. Agradezco también al Prefecto de la Secretaría de Comunicación sus palabras.
Hay pocas profesiones que tengan tanta influencia en la sociedad como la del periodismo. El periodista reviste un papel de gran importancia y, al mismo tiempo, de gran responsabilidad. De algún modo, escribís el “primer borrador de la historia”, construyendo la agenda de las noticias e introduciendo a las personas en la interpretación de los sucesos. Y eso es muy importante. Los tiempos cambian y cambia también el modo de hacer del periodista. Tanto el papel impreso como la televisión pierden importancia respecto a los nuevos medios del mundo digital −especialmente entre los jóvenes−, pero los periodistas, cuando tienen profesionalidad, siguen siendo un pilar, un elemento fundamental para la vitalidad de una sociedad libre y pluralista. También la Santa Sede −ante el cambio del mundo de los medios− ha vivido y está viviendo un proceso de renovación del sistema comunicativo, del que también vosotros deberías recibir beneficio; y la Secretaría de Comunicación será el natural punto de referencia para vuestro valioso trabajo.
Hoy me gustaría compartir con vosotros una reflexión sobre algunos aspectos de la profesión periodística, y cómo esta puede servir para el mejoramiento de la sociedad en la que vivimos. Para todos nosotros es indispensable detenernos a reflexionar en lo que estamos haciendo y en cómo lo estamos haciendo. En la vida espiritual, esto asume a menudo la forma de un día de retiro, de profundización interior. Pienso que también en la vida profesional es necesario esto, un poco de tiempo para pararnos y reflexionar. Es verdad que eso no es fácil en el ámbito periodístico, una profesión que vive de continuos “plazos de entrega” y “fechas de caducidad”. Pero, al menos por un breve momento, intentemos profundizar un poco en la realidad del periodismo.
Me detengo en tres elementos: amar la verdad, una cosa fundamental para todos, pero especialmente para los periodistas; vivir con profesionalidad, algo que va más allá de leyes y reglamentos; y respetar la dignidad humana, que es mucho más difícil de lo que se pueda pensar a primera vista.
Amar la verdad quiere decir no solo afirmar, sino vivir la verdad, manifestarla con el propio trabajo. Vivir y trabajar, pues, con coherencia respecto a las palabras que se utilizan en un artículo de periódico o un servicio televisivo. La cuestión aquí no es ser o no ser creyente. La cuestión aquí es ser o no ser honesto consigo mismo y con los demás. La relación es el corazón de toda comunicación. Esto es más verdadero para quien hace de la comunicación su propio oficio. Y ninguna relación puede mantenerse y durar en el tiempo si se apoya en la deslealtad. Me doy cuenta de que en el periodismo de hoy −un flujo ininterrumpido de datos y eventos contados 24 horas al día, 7 días a la semana− no siempre es fácil llegar a la verdad, o por lo menos acercarse a ella. En la vida no todo es blanco o negro. También en el periodismo, hay que saber discernir entre los matices grises de los acontecimientos que debemos contar. Los debates políticos, e incluso muchos conflictos, raramente son el resultado de claras dinámicas, en las que reconocer de modo neto e inequívoco quien se ha equivocado y quien tiene razón. La comparación y a veces el enfrentamiento, en el fondo, nacen precisamente de la dificultad de síntesis entre las diversas posiciones. Ese es el trabajo −podríamos decir incluso la misión−, difícil y necesario al mismo tiempo, de un periodista: llegar lo más cerca posible a la verdad de los hechos y no decir o escribir nunca una cosa que se sabe, en conciencia, que no es verdadera.
Segundo elemento: vivir con profesionalidad quiere decir ante todo −más allá de lo que podamos encontrar escrito en los códigos deontológicos− comprender, interiorizar el sentido profundo del propio trabajo. De aquí deriva la necesidad de no someter la propia profesión a las lógicas de los intereses particulares, sean económicos o políticos. Tarea del periodismo, me atrevería a decir su vocación, es pues −a través de la atención, del cuidado por la búsqueda de la verdad− hacer crecer la dimensión social del hombre, favorecer la construcción de una verdadera ciudadanía. En esa perspectiva de horizonte amplio, actuar con profesionalidad quiere decir no solo responder a las preocupaciones, incluso legítimas, de una categoría, sino preocuparse de uno de los arquitrabes de la estructura de una sociedad democrática. Siempre debería hacernos pensar que, en el curso de la historia, las dictaduras −de cualquier orientación y “color”− han intentado siempre no solo adueñarse de los medios de comunicación, sino también imponer nuevas reglas a la profesión periodística.
Y tercero: respetar la dignidad humana es importante en toda profesión, y de modo particular en el periodismo, porque detrás del simple relato de un acontecimiento están los sentimientos, las emociones y, en definitiva, la vida de las personas. A menudo he hablado de las murmuraciones como “terrorismo”, de cómo se puede matar a una persona con la lengua. Si eso vale para las personas singulares, en la familia o en el trabajo, mucho más vale para los periodistas, porque su voz puede llegar a todos, y esa es un arma muy poderosa. El periodismo debe siempre respetar la dignidad de la persona. Un artículo se publica hoy y mañana se sustituirá por otro, pero la vida de una persona injustamente difamada puede ser destruida para siempre. Ciertamente la crítica es legítima, y diré más, necesaria, así como la denuncia del mal, pero eso siempre debe hacerse respetando al otro, su vida, sus afectos. El periodismo no puede ser un “arma de destrucción” de personas e incluso de pueblos. Ni debe alimentar el miedo ante cambios o fenómenos como las migraciones forzadas por la guerra o el hambre.
Espero que, cada vez más y en todas partes, el periodismo sea un instrumento de construcción, un factor de bien común, un acelerador de procesos de reconciliación; que sepa rechazar la tentación de fomentar el enfrentamiento, con un lenguaje que sople en el fuego de las divisiones, y más bien favorezca la cultura del encuentro. Los periodistas podéis recordar cada día a todos que no hay conflicto que no pueda ser resuelto por mujeres y hombres de buena voluntad.
Os agradezco este encuentro; os deseo todo bien para vuestro trabajo. Que el Señor os bendiga. Os acompaño con mi oración y mi simpatía, y os pido por favor que recéis por mí. Gracias.
Traducción de Luis Montoya.

PELICULA DE LA SEMANA (23Sep): Florence Foster Jenkins

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Florence Foster Jenkins



Contenidos: ---
Reseña: 
Ambientada en Nueva York en 1940, Florence Foster Jenkins cuenta la verdadera historia de la legendaria heredera neoyorquina de la alta sociedad, que obsesivamente persiguió su sueño de convertirse en una gran cantante de ópera. Ella pensaba que su voz era hermosa, pero para todos los demás era hilarantemente horrible. Su "marido" y manager, St. Clair Bayfield, un aristocrático actor inglés, estaba decidido a proteger a su amada Florence de la verdad. Cuando Florence decide dar un concierto público en el Carnegie Hall , St. Clair tiene que enfrentarse a su mayor desafío.
El film exige un cierto equilibrio entre el drama de quien cree que es buena en un terreno sin serlo, con un entorno de familia y amigos que le ayuda en su particular "pantomima" con buenas intenciones pero quizá equivocadamente, y la comedia ante una voz terrible que invita a risas y burlas. De modo que el clímax de Carnegie Hall, verdadero "tour de force" para el director y su equipo, funciona muy bien, conmueve.
Frears logra en líneas generales moverse bien en el filo de la navaja, sobre todo gracias al extraordinario trabajo de Meryl Streep, que hace muy creíble a su personaje, y a un recuperado Hugh Grant, que compone bien al marido que cuida a su esposa. Las demás interpretaciones son correctas. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Meditación Dom 26 t.o. (C)

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La codicia impide ver el cielo, donde todo encontrará su sitio, también las injusticias de este mundo se convertirán en justicia

«Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo, y cada día celebraba espléndidos banquetes. Un pobre, en cambio, llamado Lázaro, yacía sentado a su puerta, cubierto de llagas, deseando saciarse de los desperdicios que caían de la mesa del rico y nadie se los daba. Y hasta los perros acercándose le lamían sus llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado. Estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando sus ojos vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno; y gritando, dijo: padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas. Le contestó Abrahán: hijo, acuérdate que tú recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora, pues, aquí él es consolado y tú atormentado. Además de todo esto, entre vosotros y nosotros hay interpuesto un gran abismo, de modo que los que quieren atravesar de aquí a vosotros, no pueden; ni pueden pasar de ahí a nosotros. Y le dijo: te ruego entonces, padre, que le envíes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también a este lugar de tormentos. Pero le replicó Abrahán: Tienen a Moisés y a los Profetas. !Que los oigan! El dijo: no, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán. Y les dijo: si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán aunque uno de los muertos resucite» (Lucas 16, 19-31).

1. Vemos hoy un pobre llamado Lázaro, y un rico del que solo sabemos que vivía como epulón. El rico aparece como un hombre sin otro ideal que pasarlo bien sin acordarse de los que lo pasan mal. Lázaro (=Eleazar, "Dios salva") es el pobre a quien el rico ha olvidado, pero de quien Dios se acuerda en todo momento. Las faltas de respeto a la dignidad de Lázaro que el rico ocasiona, contrastan con los perros que se acercaban a lamerle las llagas. “Aconteció, pues, que murió aquel pobre, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado”. Según el judaísmo, todos los difuntos iban a parar al "infierno" o "seol", aunque no todos los difuntos iban a parar al mismo lugar: unos iban al "edén" o lugar de descanso, otros a la "gehenna" o lugar de tormento. Pero tanto los buenos como los malos esperaban en el "seol" el juicio definitivo de Dios al final de los tiempos. Entre el "edén" y la "gehenna" se abría un abismo infranqueable.
Abrahán no atiende la súplica del rico (que Lázaro fuera a refrescarle) y le hace ver que la diferencia entre su estado y el de Lázaro no es más que una consecuencia lógica de la divina justicia: “No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo suyo, pues lo que es común y ha sido dado para el uso de todos, lo usurpas tú solo. La tierra es de todos, no sólo de los ricos” (San Ambrosio). “Dios puso delante de todos la misma tierra. ¿Cómo, pues, siendo común, tú posees hectáreas y más hectáreas, y el otro ni un terrón?", dice san Juan Crisóstomo, que añade: San Juan Crisóstomo predicando en cierta ocasión, decía así a sus oyentes: «Os ruego y os pido y, abrazado a vuestros pies, os suplico, que mientras tengamos vida nos arrepintamos, nos convirtamos, nos hagamos mejores, para que no nos lamentemos inútilmente, cuando muramos, como este rico de la parábola».
Cuando yo era pequeño, pensé en la segunda petición del rico (que Lázaro fuera a advertir a los hermanos): si está en el infierno, ¿cómo puede tener sentimientos buenos? Puesto que se nos presentaba esta parábola como un ejemplo del infierno perpetuo, condenación eterna. Fue para mí un alivio ver en Benedicto XVI estas palabras (de su encíclica Spes Salvi): “En la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro (cf. Lc 16, 19-31), Jesús ha presentado como advertencia la imagen de un alma similar, arruinada por la arrogancia y la opulencia, que ha cavado ella misma un foso infranqueable entre sí y el pobre: el foso de su cerrazón en los placeres materiales, el foso del olvido del otro y de la incapacidad de amar, que se transforma ahora en una sed ardiente y ya irremediable. Hemos de notar aquí que, en esta parábola, Jesús no habla del destino definitivo después del Juicio universal, sino que se refiere a una de las concepciones del judaísmo antiguo, es decir, la de una condición intermedia entre muerte y resurrección, un estado en el que falta aún la sentencia última”. Después de la muerte está el juicio, para salvación o condenación, “y tampoco falta la idea de que en este estado se puedan dar también purificaciones y curaciones, con las que el alma madura para la comunión con Dios. La Iglesia primitiva ha asumido estas concepciones, de las que después se ha desarrollado paulatinamente en la Iglesia occidental la doctrina del purgatorio”.
“¡Ay del que no advierte / que hay un supremo Juez de juzgadores, / que hay otra Ley sobre la ley del fuerte; / que al pasar los umbrales de la muerte / los vencidos serán los vencedores!” (Rubén Darío). "Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo porque en ellos servimos a Jesús" (Sta. Rosa de Lima). Llega la muerte y todo se clarifica, el tiempo pone las cosas en su sitio…  Pasaron los placeres y las miserias. Todo se acabó y se trasformó. Uno pasó de los placeres a los tormentos; el otro de las miserias a los placeres. Efectivamente, tanto los placeres como las miserias habían sido pasajeros; los tormentos y placeres que les siguieron no tienen fin. Ni se condena a las riquezas en la persona del rico ni se alaba la pobreza en la persona del pobre; pero en el primero se condenó la impiedad y en el segundo se alabó la piedad” (San Agustín, sermón 299).
En la vida, dice Teresa de Calcuta, lo único que nos queda es lo que damos. Lo demás se pudre… De todos los recursos existentes en el mundo unos pocos países acaparan la mayoría, dejando el resto para todos los demás países del mundo: una parte del mundo pasa hambre ante la indiferencia de unos privilegiados, que tienen la mesa bien abastecida y que desperdician lo que podría remediar el hambre de millones de seres humanos. Y dedicamos muchos recursos a cosas superfluas: "Son tontos los que por avaricia se complacen en cosas que se limitan a guardar. El que amontona sus pagas, las mete en saco roto. Tal es el que recoge y mete la cosecha, y sufre mengua el que a nadie da parte de lo suyo. Pero es cosa de burla y merece carcajadas que haya hombres que usan orinales de plata y retretes de vidrio... y esas mujeres, tan ricas como locas, que mandan hacerse de plata los recipientes de sus excrementos, como si la gente rica no pudiera defecar si no es lujosamente" (San Clemente de Alejandría).
Es el segundo domingo seguido que las lecturas nos hablan de la idolatría al dinero, que impide ver a Dios. “La avaricia (después del pecado) cortó lo que había de noble en la naturaleza, tomando de antemano la ley como auxiliar del poder. Pero tú mira la igualdad primitiva, no la distinción postrera; no la ley del poderoso, sino la del Creador" (san Gregorio nacianceno).
El juicioserá sin misericordia para quien no practicó misericordia”(Sant 2,13), quienes idolatran las riquezas sin temor de Dios, musitando entre sí: «¿quién ha resucitado? ¿Quién ha podido contarnos lo que allí se cuece? Desde que enterré a mi padre no he vuelto a oír su voz».

2. «Tumbados sobre las camas». De nuevo la primera lectura de Amós es importante para comprender el evangelio. No  solamente se echan pestes contra las posesiones y las riquezas, sino contra lo que éstas  producen en el hombre con harta frecuencia: sibaritismo, holgazanería, borrachera de  bienestar sin tener para nada en cuenta la situación del país (Israel estaba entonces  seriamente amenazado, pero «no os doléis de los desastres de José»). Esta  «despreocupación» egoísta y esta falsa «autoseguridad» son condenadas por el profeta: «Se acabó la orgía de los disolutos», «irán al destierro» los primeros. Dios –dice el salmo- “hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, liberta a los cautivos. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. Sustenta al huérfano y a la viuda, y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad”.
3. San Ignacio va a decir que no es para que nos asustemos, sino para que "Si del Amor de Dios me olvidare", dice tan hermosamente, "Su santo temor me haga volver al camino", por las dudas, quizá mi fragilidad hace que en algún momento me olvide de Dios, me olvide de su Ley, pues... si de ese Amor me llego a olvidar, si me llego a olvidar de todo lo que Dios ha hecho por mí, y lo que hizo Jesucristo, al menos que su Santo Temor me vuelva otra vez al camino recto... como decía el Doctor Angélico: "el alma corre hacia Dios, como la mosca hacia la luz". "Tú, hombre de Dios (...) tiende a la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre". Tiende, porque estamos siempre aprendiendo, como en construcción, orientados con ese consejo: "combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna". Conquistarla por anticipado, aun cuando esta perseverancia exige un  combate permanente, «el buen combate de la fe», que debe llevarse a cabo «sin mancha ni  reproche» como encargo de Cristo y de la Iglesia. Pero no  quiere decir tratar de aferrar o apresar a Dios, «que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver», y que sólo  puede ser adorado, nunca aferrado o conquistado por el hombre. Decidirse por Él, dar  testimonio de Él, significa por el contrario que se ha sido aferrado por él y que se cumple su  encargo”(von Balthasar). Confiando en el Señor: "Te recomiendo que conserves el mandato sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo".  Con la Virgen rezamos: “Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos”. [Misal Romano]. 
Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 26 t.o (C)

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(Am 6,1a.4-7) "¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaria!"
(1Tim 6,11-16) "Combate el buen combate de la fe"
(Lc 16,19-31) "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto"

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía para la Asociación de Santa Cecilia (25-IX-1983)
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--- La oración gozosa
“Los que cantáis al son del Salterio/ y creéis imitar a David usando instrumentos musicales...” (Am 6,45).
Esta palabras están dirigidas por el profeta Amós “a los que nadáis en la abundancia en medio de Sión y a los que vivís sin ningún recelo en el monte de Samaría” y que, por el contrario, están ya al borde de la derrota y a las puertas de la deportación y del exilio.
En la nueva Alianza los cristianos, renacidos a la nueva vida, somos los verdaderos David, que alabamos a Dios con un canto nuevo, el canto de la redención. Junto con el Salmista cantamos al Padre: “Escucha Señor, mi voz... A ti habla mi corazón; buscad su rostro, tu rostro, oh Señor, yo busco. No me escondas tu rostro” (Sal 26/27,7-9).
Estas vibrantes invocaciones expresan el anhelo del alma hacia las realidades sobrenaturales, según la viva recomendación de San Pablo: “Buscad las cosas de arriba... Pensad en las cosas de arriba” (Col 3,15); anhelo que se traduce en la oración del corazón. En el cristiano que goza de la vida nueva y en el que vive en el mismo Cristo -Verbo del Padre- tal oración asume un tan gran fervor que se expresa y exalta en el canto.

--- El himno de Cristo a Dios Padre
Esta oración, en la forma más perfecta, es levantada por Cristo al Padre. Cristo, en efecto, como desde la eternidad, también después de su encarnación, resurrección y ascensión, continúa cantando, en cuanto mediador e intérprete de la humanidad, las alabanzas y la gloria del Padre, y también las aspiraciones y los deseos de los hombres.
Como el Espíritu es quien da a nuestras frágiles fuerzas la capacidad de exclamar: “Abba-Padre” (cfr. Rm 8,15) este mismo Espíritu nos da también la capacidad de hacer plena nuestra plegaria, haciéndola estallar de gozo santo con la alegría del canto y de la música, según la exhortación de San Pablo: “Llenaos del Espíritu, entreteniéndoos con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando y loando al Señor con todo vuestro corazón” (Ef 5,19).
Consecuencia de esta actividad exterior son: el hombre nuevo que debe revestir la imagen del Creador y cantar “un cántico nuevo”; una nueva vida cantando a Dios con todo corazón y con gratitud (cfr. Col 3,16). Comentando las palabras del Salmo 32: “Cantad al Señor un cántico nuevo”, San Agustín exhortaba así a sus fieles y también a nosotros: “Desde el hombre nuevo, un Testamento Nuevo, un cántico nuevo. El nuevo canto no se destina a hombres viejos. No lo aprenden sino los hombres renovados, por medio de la gracia, de lo que era viejo: hombres pertenecientes ya al Nuevo Testimonio, que es el reino de los cielos. Todo nuestro amor a Él suspira y canta un cántico nuevo. Elevemos, sin embargo, un cántico nuevo no con la lengua sino con la vida”.

--- El canto en el Nuevo Testamento
En la nueva Alianza el canto es típico de aquellos que han resucitado con Cristo. En la Iglesia sólo quien canta con estas disposiciones de novedad pascual -es decir, de renovación interior de vida- es verdaderamente un resucitado. Así, mientras en el AT la música podía tal vez oírse en el culto ligado a los sacrificios materiales, en el NT llega a ser “espiritual”, análogamente al nuevo culto y a la nueva liturgia, de la que es parte importante y es escuchada a condición de que inspire devoción y recogimiento interiores.
“Cantad al Señor un cántico nuevo”. Cristo es el Himno del Padre y, con la Encarnación, ha entrado a la Iglesia este mismo Himno, es decir, a sí mismo, para que lo perpetuase hasta su retorno. Ahora todo cristiano está llamado a participar en este Himno y a hacerse él mismo en Cristo “Cántico nuevo” al Padre celestial.
Naturalmente, tal cántico nuevo, que resuena en mí y en vosotros como prolongación del Himno eterno que es Cristo, debe estar en sintonía con la perfección absoluta, con que el Verbo se dirige al padre, de modo que en la vida, en la fuerza de los afectos y en la belleza del arte se realicen completamente la unidad entre nosotros, miembros vivos, con Cristo, nuestra cabeza. “Cuando alabáis a Dios, alabadlo con todo vuestro ser; cante la voz, cante el corazón, cante la vida, canten las obras” es también la incisiva recomendación de San Agustín.

23 septiembre 2016

Video Comercio Justo - Villanueva de la Serena

Video 'Las caras del comercio justo' Villanueva de la Serena Cáritas Diocesana Mérida Badajoz

18 septiembre 2016

Meditación Domingo 25 t.o. (C)

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Amar a Dios nos llena de libertad y alegría al darnos a los demás. En cambio, la codicia nos empobrece, es egoísmo y autodestrucción
«Decía también a los discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador, al que acusaron ante el amo de malversar la hacienda. Le llamó y le dijo: "¿Qué es esto que oigo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando". Y dijo para sí el administrador: "¿Qué haré, puesto que mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo: mendigar, me avergüenza. Ya sé lo que haré para que me reciban en sus casas cuando sea retirado de la administración". Y, convocando uno a uno a los deudores de su amo, dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi señor?". El respondió: "Cien medidas de aceite". Y le dijo. "Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta". Después dijo a otro: "¿Tu, cuánto debes?". El respondió: "Cien cargas de trigo". Y le dijo: "Toma tu recibo y escribe ochenta". El dueño alabó al administrador infiel por haber actuado sagazmente; porque los hijos de este mundo son más sagaces en lo suyo que los hijos de la luz.
Y yo os digo: «Haceos amigos con las riquezas injustas, para que, cuando falten, os reciban en las moradas eternas.
Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también es injusto en lo mucho.
Por tanto, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo vuestro?
Ningún criado puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro, o preferirá a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero» (Lucas 16, 1-13).

1. Jesús, en esta parábola alabas la habilidad del administrador sinvergüenza que adora a "mammon" (palabra de origen fenicio, que ha sido traducida por "dinero", pero que en realidad es la esclavitud de la riqueza que adquiere un poder que envilece al hombre). Sólo la obediencia a Dios es compatible con la verdadera libertad del hombre (Eucaristía 1971).
El judaísmo veía en las riquezas la bendición de Dios. Jesús viene a explicar lo auténticamente humano, y de ahí podemos sacar ideas para la solidaridad, que es hoy más posible que nunca y más necesaria que nunca. Parece que la agudeza mental sea solo para sacar provecho, y no para que aproveche a los demás. Es una pena que ese apegamiento al dinero destruya la naturaleza y sobre todo al corazón del hombre, dándole una pobreza interior donde la mentira sustituye a la verdad cuando conviene, el com-petir sustituye al com-partir.
«Los hijos de este mundo son más sagaces que los hijos de la luz». El administrador del evangelio, que ha derrochado los bienes de su rico señor y al que éste le pide cuentas de su gestión, elige la estafa como salida «astuta» a su comprometida situación. Para él ésa es la forma de salir del atolladero en el último momento. Su calculada astucia consiste en que, cuando se produzca el despido anunciado, espera encontrar acogida en casa de los deudores a los que ha perdonado parte de lo que éstos debían a su amo. Cristo no alaba la estafa, sino la astucia que vemos en el ámbito mundano que podría usarse para el bien: basta pensar en los usos de la economía mundial. Los cristianos deberían tomar alguna precaución para que en su día los «reciban en las moradas eternas», al menos dar limosna, repartir su dinero entre los necesitados, en vez de esperar como holgazanes a que llegue el juicio y se produzca el eventual despido (H. von Balthasar).
"No podéis servir a Dios y al dinero". Jesús nos coloca ante el dilema de elegir entre el servicio a Dios y el servicio al dinero. Pues Dios y el dinero son irreconciliables. Servir a Dios no es simplemente dar culto a Dios, es decir, ir a Misa los domingos, bautizar a los niños, casarse por la Iglesia, enterrar a los muertos, etc. Servir a Dios es servir a los hombres, es comprometerse con la causa de aquél que vino a liberarnos del pecado y de todas sus consecuencias. Y a Dios hay que servirlo, por lo menos, con la misma fuerza, la misma diligencia y hasta la misma sagacidad con la que sirven al dinero cuantos explotan a los hombres. No nos dejemos engañar (Eucaristía 1974).
Jesús, ayúdame a vivir como nos pides: “quien dé a uno de mis discípulos un vaso de agua fría sólo por ser mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa” (Mt 10,42). Debemos socorrer en esta tierra a los necesitados para que se cumpla en nosotros lo que está escrito:Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia (Mt 5,7). La solidaridad es parte de la justicia: "No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo que es suyo".

2. «Compráis por dinero al pobre». En la primera lectura se aborda el tema del «Mamón injusto» -como en el evangelio- de una manera que toda la injusticia se sitúa no en el dinero mismo, sino en el uso que los opresores hacen de él. No se trata sólo de ciertas manipulaciones sin escrúpulos en la vida económica («disminuís la medida, aumentáis el precio»), sino del fraude manifiesto («usáis balanzas con trampa»), y esto unido a una valoración del pobre como pura mercancía («compráis al mísero por un par de sandalias»). Todo esto es un atentado contra el mismo centro de la alianza con Dios, que no sólo condena la mentira y el robo, sino que exige amar al prójimo como uno se ama a sí mismo. En el pensamiento del mundo de fuera de la alianza muchos de estos hábitos pueden ser considerados «normales», aunque también en él los hombres de Estado se hayan preocupado siempre de promover la justicia para todos (von Balthasar).
Los explotadores dicen: "¿Cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo y el sábado para ofrecer el grano?" El descanso del sábado se puso con una “marcada intención social: "Seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo a Yahvé; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva... para que descanse tu siervo y tu sierva como tú" (Dt 5,13ss.). Los explotadores lo ven como un freno a su ambición egoísta. Para ellos, era tiempo perdido. Hoy tenemos una legislación laboral mejor que nunca, y un tiempo libre para disfrutar… logros que un día parecieron imposibles. Pero siempre aparece la manipulación de los explotadores, astutos, y saben incluso integrar la explotación dentro del espacio conquistado para la libertad. El ocio aparece así ligado al consumo y en lugar de ser libres estamos “entre-tenidos”: tenidos entre cosas. Recemos por esos, que al vivir para el dinero no viven: El que adora el dinero, está siempre inquieto: «La abundancia de riquezas no sólo no sacia la ambición del rico, sino que la aumenta, como sucede con el fuego que se fomenta más cuando encuentra mayores elementos que devorar. Por otra parte, los males que parecen propios de la pobreza son comunes a las riquezas, mientras que los de las riquezas son propios exclusivamente de ellas» (San Juan Crisóstomo).
El Concilio señala: "Aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al reino de Dios" (GS, 39).
El salmo es el primero de los himnos de Hallel egipcio, cantado en la comida de Pascua, y en las grandes solemnidades de Israel: “los justos se alegran y cantan ante la faz de Dios, y saltan de alegría” Dios es "grande", Altísimo... El mira y ama a los "humildes"... Para comprender este salmo en su plenitud, recordemos los trasfondos bíblicos: este "débil", este "pobre" levantado del polvo (¡del "estiércol"! en el texto hebreo), es colectivamente el pueblo de Israel, liberado por Dios de la esclavitud de Egipto, mediante la Pascua, para luego hacerlo un pueblo real, de príncipes: “cantad a Dios… que cabalga en las nubes”, dice haciendo referencia a la nube que albergaba su presencia. Exalta el salmo la liberación de la esclavitud del faraón y la tierra prometida.
 “Padre de los huérfanos y tutor de las viudas es Dios en su santa morada. Dios da a los desvalidos el cobijo de una casa... Tu grey halló una morada, aquella que en tu bondad, oh Dios, al desdichado preparabas”. Así, la mujer estéril, Sara, fue madre de todos los pueblos "numerosos como las arenas del mar y las estrellas del cielo"... Ana, la mujer estéril, fue feliz madre de Samuel...
El Señor «se eleva sobre todos los pueblos», «se eleva en su trono» y «se abaja», pues «su gloria está sobre los cielos». “Dios se inclina, por tanto, ante los necesitados y los que sufren para consolarles. Y esta expresión encuentra su significado último, su máximo realismo en el momento en el que Dios se inclina hasta el punto de encarnarse, de hacerse como uno de nosotros, como uno de los pobres del mundo. Al pobre le confiere el honor más grande, el de «sentarlo con los príncipes»; sí entre «los príncipes de su pueblo». A la mujer sola y estéril, humillada por la antigua sociedad como si fuera una rama seca e inútil, Dios le da el honor y la gran alegría de tener muchos hijos. Por tanto, el salmista alaba a un Dios sumamente diferente de nosotros en su grandeza, pero al mismo tiempo muy cercano a sus criaturas que sufren” (Benedicto XVI).
Jesús es la Encarnación de ese Dios que se agacha para atendernos paternalmente, rezó sabiendo que en Él se cumplían plenamente esas palabras. La Virgen María canta ese amor: "alaba el nombre santísimo"... Ella canta al Dios que "engrandece a los pobres"... Ella es por excelencia la mujer dichosa a quien Dios da una posteridad inesperada, ya que es virgen, y por ello las "generaciones la llamarán bienaventurada".

3. "Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos" (1 Tm 2,5). “En esta expresión  (…) está contenida la verdad central de la fe cristiana. "Dios es uno", Señor de cielo y tierra, omnipotente y misericordioso. "Uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús". Es el único mediador de salvación, que se realiza en la pobreza: "Siendo rico, por vosotros se hizo pobre, a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2 Co 8,9, citado en el Aleluya).
“La vida de Jesús fue coherente con el designio salvífico del Padre, "que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tm 2,4). Él testimonió con fidelidad esta voluntad, ofreciéndose "en rescate por todos" (1 Tm 2, 6). Al entregarse totalmente por amor, nos consiguió la amistad con Dios, perdida a causa del pecado. También a nosotros nos recomienda esta "lógica del amor", pidiéndonos que la apliquemos sobre todo mediante la generosidad hacia los necesitados. Es una lógica que puede unir a cristianos y musulmanes, comprometiéndolos a construir juntos la "civilización del amor". Es una lógica que supera cualquier astucia de este mundo y nos permite granjearnos amigos verdaderos, que nos acojan "en las moradas eternas" (cf. Lc 16, 9), en la "patria" del cielo” (Juan Pablo II).
La gloria de Dios brilla en la pequeñez del hombre. Yo tengo que desaparecer para que tú aparezcas, Señor: mientras yo esté lleno de mi propia importancia, no haré más que poner obstáculos a tu poder. El día en que yo no sea nada, tú lo harás todo. Yo he de disminuir para que tú crezcas, como dijo alguien que preparaba tus caminos. Que yo me gloríe en mi debilidad, para que la plenitud de tu poder se ejerza en mí (Carlos G. Vallés).
Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 25 t.o. (C)

(Cfr. www.almudi.org)



(Am 8,4-7) "Jura el Señor por la gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones"
(1 Tim 2,1-8) "Dios quiere que todos los hombres se salven"
(Lc 16,1-13) "El que es de fiar en lo poco también lo es en lo mucho"

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
VISITA PASTORAL A KAZAJSTÁN

Astana- Plaza de la Madre Patria
Domingo 23 de septiembre de 2001

1. "Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos" (1 Tm 2, 5).

En esta expresión del apóstol san Pablo, tomada de la primera carta a Timoteo, está contenida la verdad central de la fe cristiana. Me alegra poder anunciárosla hoy a vosotros, amadísimos hermanos y hermanas de Kazajstán. En efecto, estoy entre vosotros como apóstol y testigo de Cristo; estoy entre vosotros como amigo de todo hombre de buena voluntad. A todos y cada uno vengo a ofrecer la paz y el amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Conozco vuestra historia. Conozco los sufrimientos que habéis padecido muchos de vosotros, cuando el régimen totalitario anterior os arrancó de vuestra tierra de origen y os deportó en condiciones de grave malestar y privación. Me alegra poder estar aquí hoy entre vosotros para deciros que el corazón del Papa está cerca de vosotros. (...)

2. "Dios es uno". El Apóstol afirma ante todo la absoluta unicidad de Dios. Los cristianos han heredado esta verdad de los hijos de Israel y la comparten con los fieles musulmanes: es la fe en el único Dios, "Señor del cielo y de la tierra" (Lc 10, 21), omnipotente y misericordioso.

En el nombre de este único Dios, me dirijo al pueblo de Kazajstán, que tiene antiguas y profundas tradiciones religiosas. Me dirijo también a cuantos no se adhieren a una fe religiosa y a los que buscan la verdad. Quisiera repetirles las célebres palabras de san Pablo, que tuve la alegría de volver a escuchar el pasado mes de mayo en el Areópago de Atenas: "Dios no se encuentra lejos de cada uno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 27-28). Me viene a la mente lo que escribió vuestro gran poeta Abai Kunanbai: "¿Se puede dudar de su existencia, si todo sobre la tierra es su testimonio?" (Poesía 14).

3. "Uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús". Después de referirse al misterio de Dios, el Apóstol dirige su mirada a Cristo, único mediador de salvación. Una mediación -subraya san Pablo en otra de sus cartas- que se realiza en la pobreza: "Siendo rico, por vosotros se hizo pobre, a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2 Co 8, 9, citado en el Aleluya).

Jesús "no hizo alarde de su categoría de Dios" (Flp 2, 6); no quiso presentarse a nuestra humanidad, que es frágil e indigente, con su abrumadora superioridad. Si lo hubiera hecho, no habría obedecido a la lógica de Dios, sino a la de los poderosos de este mundo, criticada sin ambages por los profetas de Israel, como Amós, de cuyo libro está tomada la primera lectura de hoy (cf. Am 8, 4-6).

La vida de Jesús fue coherente con el designio salvífico del Padre, "que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tm 2, 4). Él testimonió con fidelidad esta voluntad, ofreciéndose "en rescate por todos" (1 Tm 2, 6). Al entregarse totalmente por amor, nos consiguió la amistad con Dios, perdida a causa del pecado. También a nosotros nos recomienda esta "lógica del amor", pidiéndonos que la apliquemos sobre todo mediante la generosidad hacia los necesitados. Es una lógica que puede unir a cristianos y musulmanes, comprometiéndolos a construir juntos la "civilización del amor". Es una lógica que supera cualquier astucia de este mundo y nos permite granjearnos amigos verdaderos, que nos acojan "en las moradas eternas" (cf. Lc 16, 9), en la "patria" del cielo.

4. Amadísimos hermanos, la patria de la humanidad es el reino de Dios. Es muy elocuente para nosotros meditar en esta verdad precisamente aquí, en la plaza dedicada a la Madre Patria, ante este monumento que la representa simbólicamente. Como enseña el concilio ecuménico Vaticano II, existe una relación entre la historia humana y el reino de Dios, entre las realizaciones parciales de la convivencia civil y la meta última, a la que, por libre iniciativa de Dios, está llamada la humanidad (cf. Gaudium et spes, 33-39).

El décimo aniversario de la independencia de Kazajstán, que celebráis este año, nos lleva a reflexionar en esta perspectiva. ¿Qué relación existe entre esta patria terrena, con sus valores y sus metas, y la patria celestial, en la que, superando toda injusticia y todo conflicto, está llamada a entrar la familia humana entera? La respuesta del Concilio es iluminadora: "Aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al reino de Dios" (ib., 39).

5. Los cristianos son, a la vez, habitantes del mundo y ciudadanos del reino de los cielos. Se comprometen sin reservas en la construcción de la sociedad terrena, pero permanecen orientados hacia los bienes eternos, siguiendo un modelo superior, trascendente, para realizarlo cada vez más y cada vez mejor en la vida diaria.

El cristianismo no es alienación del compromiso terreno. Si en algunas situaciones contingentes a veces da esta impresión, se debe a la incoherencia de muchos cristianos. En realidad, el cristianismo auténticamente vivido es como levadura para la sociedad: la hace crecer y madurar en el plano humano y la abre a la dimensión trascendente del reino de Cristo, realización plena de la humanidad nueva.

Este dinamismo espiritual encuentra su fuerza en la oración, como nos acaba de recordar la segunda lectura. Y es lo que, en esta celebración, queremos hacer orando por Kazajstán y por sus habitantes, a fin de que este gran país, dentro de la variedad de sus componentes étnicos, culturales y religiosos, progrese en la justicia, la solidaridad y la paz; para que progrese especialmente gracias a la colaboración de cristianos y musulmanes, comprometidos cada día, juntos, en la humilde búsqueda de la voluntad de Dios.

6. La oración siempre debe ir acompañada por obras coherentes. La Iglesia, fiel al ejemplo de Cristo, no separa nunca la evangelización de la promoción humana, y exhorta a sus fieles a ser en todo ambiente promotores de renovación y de progreso social.

Amadísimos hermanos y hermanas, ojalá que la "madre patria" de Kazajstán encuentre en vosotros hijos devotos y solícitos, fieles al patrimonio espiritual y cultural heredado de vuestros padres, y capaces de adaptarlo a las nuevas exigencias.

De acuerdo con el modelo evangélico, distinguíos por la humildad y la coherencia, haciendo fructificar vuestros talentos al servicio del bien común y privilegiando a las personas más débiles y desvalidas. El respeto a los derechos de cada uno, aunque tengan convicciones personales diferentes, es el presupuesto de toda convivencia auténticamente humana.

Vivid un profundo y efectivo espíritu de comunión entre vosotros y con todos, inspirándoos en lo que los Hechos de los Apóstoles atestiguan de la primera comunidad de los creyentes (cf. Hch 2, 44-45; 4, 32). Testimoniad en el amor fraterno y en el servicio a los pobres, a los enfermos y a los excluidos, la caridad, que alimentáis en la mesa eucarística. Sed artífices de encuentro, reconciliación y paz entre personas y grupos diferentes, cultivando el auténtico diálogo, para que prevalezca siempre la verdad.

7. Amad la familia. Defended y promoved esta célula fundamental del organismo social; cuidad de este primordial santuario de la vida. Acompañad con esmero el camino de los novios y de los matrimonios jóvenes, para que sean ante sus hijos y ante toda la comunidad signo elocuente del amor de Dios.

Amadísimos hermanos, con alegría y emoción deseo dirigiros a vosotros, aquí presentes, y a todos los creyentes que están unidos a nosotros la exhortación que en muchas ocasiones estoy repitiendo en este inicio de milenio: Duc in altum!

Te abrazo con afecto, pueblo de Kazajstán, y te deseo que realices plenamente todo proyecto de amor y de salvación. Dios no te abandonará. Amén.