Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

03 septiembre 2021

LIBRO DE LA SEMANA (3 Sep): Los vencejos

(Cfr. www.todostuslibros.com)

 


Los vencejos

Toni, un profesor de instituto enfadado con el mundo, decide poner fin a su vida. Meticuloso y sereno, tiene elegida la fecha: dentro de un año. Hasta entonces cada noche redactará...
Editorial:
Tusquets Editores
Colección:
Andanzas
Encuadernación:
Tapa blanda o Bolsillo
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Castellano
Idioma original :
Castellano
ISBN:
978-84-9066-998-3
EAN:
9788490669983
Dimensiones:
225 x 148 mm.
Peso:
956 gramos
Nº páginas:
704
Fecha publicación :
25-08-2021
 
 
Sinopsis

Sinopsis de: "Los vencejos"

Toni, un profesor de instituto enfadado con el mundo, decide poner fin a su vida. Meticuloso y sereno, tiene elegida la fecha: dentro de un año. Hasta entonces cada noche redactará, en el piso que comparte con su perra Pepa y una biblioteca de la que se va desprendiendo, una crónica personal, dura y descreída, pero no menos tierna y humorística. Con ella espera descubrir las razones de su radical decisión, desvelar hasta la última partícula de su intimidad, contar su pasado y los muchos asuntos cotidianos de una España políticamente convulsa. Aparecerán, diseccionados con implacable bisturí, sus padres, un hermano al que no soporta, su exmujer Amalia, de la que no logra desconectarse, y su problemático hijo Nikita; pero también su cáustico amigo Patachula. Y una inesperada Águeda. Y en la sucesión de episodios amorosos y familiares de esta adictiva constelación humana, Toni, hombre desorientado empeñado en hacer recuento de sus ruinas, insufla, paradójicamente, una inolvidable lección de vida.

Más sobre

Aramburu, Fernando

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) es autor de los libros de cuentos Los peces de la amargura (2006, XI Premio Mario Vargas Llosa NH, IV Premio Dulce Chacón y Premio Real Academia Española 2008) y El vigilante del fiordo (2011), de las obras de no ficción Autorretrato sin mí (2018), Vetas profundas (2019) y Utilidad de las desgracias (2020), así como de las novelas Fuegos con limón (1996), Los ojos vacíos (2000, Premio Euskadi), Bami sin sombra (2005), La gran Marivián (2013), El trompetista del Utopía (2003), Viaje con Clara por Alemania (2010), Años lentos (2012, VII Premio Tusquets Editores de Novela y Premio de los Libreros de Madrid), Ávidas pretensiones (Premio Biblioteca Breve 2014) y Patria (2016, Premio Nacional de Narrativa, Premio de la Crítica, Premio Euskadi, Premio Francisco Umbral, Premio Dulce Chacón, Premio Arcebispo Juan de San Clemente, Premio Strega Europeo, Premio Lampedusa, Premio Atenas…),  el último gran fenómeno literario, traducida  a 34 lenguas y convertida en prestigiosa serie por Aitor Gabilondo para HBO. Cinco años después, Los vencejos, ácida y enternecedora, es su nueva obra maestra, una novela que lo confirma como uno de los mejores escritores europeos
 

Entrevista al Papa: Carlos Herrera. COPE

(Cfr. www.almudi.org

 



“Es necesario poner fin a la política irresponsable de intervenir desde fuera y de construir en otros países la democracia, ignorando las tradiciones de los pueblos”

 Bueno, le debo preguntar en primer lugar, Santo Padre, ¿cómo se encuentra?

Todavía vivo.

Su operación reciente, que fue una operación de envergadura, nos dejó una cierta preocupación...

Y sí, estas cosas que nacen de los divertículos... y qué sé yo… por ahí se deforman, se necrosan… pero gracias a Dios fue tomada a tiempo, y ya me ve.

Tengo entendido, además, que la acción de un enfermero fue la que le señaló, la que le alertó en primer lugar.

¡Me salvó la vida! Me dijo: “Usted tiene que operarse”. Había otras opiniones: “No, que con antibiótico…” y él me explicó muy bien. Es enfermero de acá, del servicio sanitario nuestro, del hospital del Vaticano. Hace treinta años que está aquí, un hombre de mucha experiencia. Es la segunda vez en la vida que un enfermero me salva la vida.

¿Cuándo fue la primera?

La primera vez fue en el año 57, cuando pensaban que era una gripe, una epidemia de esas de gripe en el seminario, y me curaba el enfermero del seminario con aspirina. Y para los otros iba bien, pero conmigo no andaba y me llevaron al hospital, y me sacaron agua del pulmón. El médico dijo, no me acuerdo cuánto, digamos un millón de unidades de penicilina y tantas de estreptomicina —eran los únicos antibióticos de la época—y, cuando se fue, la enfermera dijo: “El doble”.

¿Y eso le salvó?

Sí. Porque si no, no hubiera…

Uno de los… no diré de los secretos mejor guardados del Vaticano, pero una de las cuestiones que tradicionalmente más interesa es la salud del Papa.

Sí, evidentemente.

No ha habido ninguna sorpresa, estaba todo programado...

Estaba todo programado y se avisó… Después del Ángelus me fui directamente, eso sería casi a la una, y se avisó a las 15.30h, cuando ya estaba en los preliminares.

Usted ha dicho, Santidad, que “mala hierba nunca muere”...

Así es, así es, y eso vale para mí también, vale para todos.

¿Los medios [sic] le han prohibido algo, hay algún ultimátum? ¿Hay algo que Su Santidad no pueda hacer y a lo que no esté dispuesto?  

No entiendo.

¿Algo le han prohibido los médicos?

¡Ah, los médicos! Perdón, le había entendido “los medios”.

Bueno, los medios ya sabe que también tienen tentaciones. Pero los médicos en este caso.

Ahora puedo comer de todo, cosa que antes con los divertículos no se podía. Puedo comer de todo. Todavía tengo las medicinas posoperatorias, porque el cerebro tiene que registrar que tiene 33 centímetros menos de intestino. Y todo me lo maneja el cerebro, el cerebro maneja todo nuestro cuerpo, y le lleva tiempo registrarlo. Pero vida normal, llevo una vida totalmente normal.

Come lo que quiere…

Lo que quiero.

Camina, hace esfuerzo...

Hoy toda la mañana en audiencias, toda la mañana.

Ahora se va a un viaje a Eslovaquia y a Hungría. Tengo entendido que es el 34º viaje de su Pontificado.

No me acuerdo bien del número, pero debe de ser.

¿El programa va a ser igual de intenso? Yo creo que a los papas, Santidad, les hacen hacer una auténtica yincana. Yo siempre me he preguntado por qué los papas no van dos días más y reparten el trabajo en dos días más, porque son de las 24 horas 18 aproximadamente haciendo cosas. ¿Va a tener que medir más sus fuerzas después de la operación o no?

Quizás en este primer viaje un poco más, porque uno tiene que reponerse del todo, ¿no?, pero al final va a ser igual que los otros, ya lo va a ver.

¿Teme Su Santidad que una de las cosas más insistentes con las que los medios, esencialmente italianos, le distinguen a usted, Santo Padre, es que cuando se pone en duda la salud del Papa muchos piensan o insisten en el viejo argumento de la renuncia, el me voy a casa, no puedo más…? Es una constante permanente, yo creo, en su vida como Papa, ¿no?

Sí, incluso me dijeron que la semana pasada estuvo de moda eso. Eva [Fernández] me dijo eso, incluso me lo dijo con una expresión argentina muy linda, y yo le dije que no tenía idea porque yo leo un solo diario acá en la mañana, el diario de Roma. Lo leo porque me gusta el modo de titular que tiene, lo leo rápido y punto, no entro en el juego. Televisión no veo. Y recibo, sí, el informe más o menos de las noticias del día, pero de eso me enteré mucho después, algunos días después, que había una cosa de que yo renunciaba. Siempre que un Papa está enfermo corre brisa o huracán de cónclave.

¿Cómo ha sido el confinamiento del Papa? El tiempo en el que hemos estado confinados en casa. ¿Qué ha hecho el Papa durante el confinamiento?

Primero aguantarme a mí mismo, ¿no?, que no es fácil. Es una ciencia que todavía tengo que terminar de aprender. Es difícil aguantarse a sí mismo.

Lleva mucha costumbre, lleva muchos años...

Sí, pero es difícil. Uno a veces es caprichoso consigo mismo, y quiere que las cosas salgan en automático. Después empecé a retomar las cosas de a poco y, hoy día, estoy llevando vida normal. Esta mañana, toda la mañana de audiencias; hoy es la segunda audiencia de la tarde (empecé a las 15.30h) y sigo adelante.

Aunque la meta de su próximo viaje es a Eslovaquia, muchos van a estar pendientes de su encuentro con el primer ministro de Hungría, Víctor Orban, con quien no comparte algunos puntos de su programa de gobierno, especialmente lo relativo al cierre de fronteras. ¿Qué le gustaría decirle si tuviese la ocasión de encontrarse con él a solas?

Yo no sé si me voy a encontrar con él. Sé que autoridades van a venir a saludarme. Yo no voy al centro de Budapest, sino al lugar del Congreso [Eucarístico], y hay un salón donde me reuniré con los obispos y ahí recibiré a las autoridades que vengan. No sé quién vendrá. Al presidente lo conozco porque estuvo en la misa en Transilvania, esa parte de Rumanía donde se habla en húngaro, una misa preciosa en húngaro, y vino con un ministro. Creo que no era Orban… porque al final de la misa se saluda formalmente… yo no sé quién vendrá… Y una de las cosas que yo tengo es no andar con libreto: cuando estoy delante de una persona la miro a los ojos y dejo que salgan las cosas. Ni se me ocurre pensar en qué le voy a decir en el caso de estar con él, son una serie de futuribles que a mí no me ayudan. Me gusta lo concreto; lo futurible te enreda, te hace mal.

El nuevo mapa político que afronta Afganistán, Su Santidad lo sigue de cerca. Se ha dejado a su suerte al país tras muchos años de ocupación militar. ¿El Vaticano puede mover hilos diplomáticos para intentar que no haya represalias contra la población, para tantas otras cosas?

Sí. Y, de hecho, estoy seguro de que la Secretaría de Estado lo está haciendo porque el nivel diplomático del Secretario de Estado es muy alto y el de su equipo, también el de Relaciones con las Naciones. Realmente el cardenal Parolin es el mejor diplomático que yo he conocido. Diplomático que suma, no de esos que restan, que siempre busca, un hombre de acuerdo. Estoy seguro que está ayudando o al menos ofreciéndose. Es una situación difícil. Yo creo que como pastor debo llamar a los cristianos a una oración especial en este momento. Es verdad que vivimos en un mundo de guerras, (piense en Yemen, por ejemplo). Pero esto es algo muy especial, tiene otro significado. Y yo voy a tratar de pedir lo que pide siempre la Iglesia en los momentos de mayor dificultad y de crisis: más oración y ayuno. Oración, penitencia y ayuno, que es lo que en los momentos de crisis se pide. Y respecto al hecho de 20 años de ocupación y después se deja, yo recordé otros hechos históricos, pero me tocó una cosa que dijo la canciller Merkel, que es una de las grandes figuras de la política mundial, en Moscú, el pasado 20 [de agosto]. Traduzco. Espero que la traducción sea correcta: “Es necesario poner fin a la política irresponsable de intervenir desde fuera y de construir en otros países la democracia, ignorando las tradiciones de los pueblos”. Lapidaria. Creo que esto dice mucho, que cada uno lo interprete. Pero ahí me sentí con una sabiduría delante de esto que dijo esta mujer

PELICULA DE LA SEMANA (3Sep):

 (Cfr. www.almudi.org)


Siempre contigo


Reseña: 

Aharon ha dedicado toda su vida a criar a su hijo Uri. Viven juntos en una rutina amable, lejos del mundo real. Pero Uri es autista y ya es lo suficientemente adulto para ir a un hogar especializado. En su camino a la institución, Aharon decide escaparse con su hijo y se lanzan a la carretera, sabiendo que Uri no está preparado para la separación. Aunque quizá sea el padre el que no está preparado.

Sensible y sutil drama israelí sobre el autismo, los vínculos paternofiliales y el miedo a dejar volar a los hijos, con un guión sincero de Dana Idisis, al parecer inspirado en vivencias propias. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Meditación Domingo 23º (B)

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Oir a Dios y hablar de Él

«De nuevo, saliendo de la región de Tiro, vino a través de Sidón hacia el mar de Galilea, cruzando el territorio de la Decápolis. Le traen un sordo y mudo, y le ruegan que le imponga su mano. Y apartándolo de la muchedumbre, metió los dedos en sus orejas, y con saliva tocó su lengua; y mirando al cielo, dio un suspiro, y le dice: Eftétha, que significa: ábrete. Al instante se le abrieron los oídos, quedó suelta la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Y les ordenó que no lo dijeran a nadie. Pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo proclamaban; y estaban tan maravillados que decían: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» (Marcos 7; 31-37)

I. La liturgia de la Misa es una llamada a la esperanza, a confiar plenamente en el Señor. El Evangelio (Marcos 7, 31-37) narra la curación de un sordomudo. En este pasaje podemos ver una imagen de la actuación del Señor en las almas: libra al hombre del pecado, abre su oído para escuchar la Palabra de Dios y suelta su lengua para alabar y proclamar las maravillas divinas. En el Bautismo, el Espíritu Santo nos dejó libre el oído para escuchar la palabra de Dios, y nos dejó expedita la lengua para anunciarla por todas partes: Y esta acción se prolonga a lo largo de nuestra vida. Nosotros escucharemos la palabra de Dios y la transmitiremos si tenemos el oído atento a las continuas mociones del Espíritu Santo y si tenemos la lengua bien dispuesta para hablar de Dios sin respetos humanos.

II. Muchos tienen los oídos cerrados a la Palabra de Dios, y muchos también quienes se van endureciendo más y más ante las innumerables llamadas de la gracia. Nuestro apostolado paciente y tenaz, lleno de comprensión, hará que muchas personas escuchen la voz de Dios. Los cristianos no podemos permanecer mudos cuando debemos hablar de Dios y de su mensaje ante las muchas oportunidades que el Señor nos pone para que mostremos a todos el camino de la santidad en medio del mundo. Los demás lo esperan, y les defraudamos si permanecemos callados. Muchos son los motivos para hablar de la belleza de la fe, de la alegría incomparable de tener a Cristo, especialmente ahora ante la avalancha de ideas y de errores doctrinales y morales ante los cuales muchos se sienten indefensos. ¿Acaso vamos a permanecer impasibles? La misión que recibimos en el Bautismo hemos de ponerla en práctica durante toda la vida, en toda circunstancia.

III. También la lengua se ha de soltar para hablar con claridad del estado del alma en la dirección espiritual, siendo muy sinceros, exponiendo con sencillez lo que nos pasa, los deseos de santidad y las tentaciones del enemigo, las pequeñas victorias y los desánimos, si los hubiera. El oído ha de estar libre para escuchar atentamente las muchas enseñanzas y sugerencias que nos quiera hacer llegar el Maestro a través de la dirección espiritual (R. GARRIGOU LAGRANGE, Las tres edades de la vida interior) Con sinceridad y docilidad, la batalla está siempre ganada. La Virgen siempre tuvo el oído atento para escuchar la voluntad de Dios. Pidámosle que nos enseñe a oír atentamente lo que nos dice de parte de Dios, y a ponerlo en práctica.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

Homilía Domingo 23º t.o. (B)

 (Cfr. www.almudi.org)

 


(Is 35,4-7a) "El páramo será un estanque, lo reseco un manantial"
(St 2,1-5) "No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo"
(Mc 7,31-37) "Todo lo ha hecho bien

 Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

“Le presentaron un sordo...”. A nuestro alrededor hay personas que, sin excluirnos en ocasiones a nosotros, están como sordos a la voz liberadora de Dios, ese murmullo eterno y amoroso que, como el viento, procede del Padre y del Hijo: la voz del Espíritu Santo. Personas a las que debemos conducir hasta el Señor, yendo nosotros delante. El Espíritu Santo Digitus paternae dexterae, la diestra de Dios, como lo llama la Liturgia, abrirá el oído para que muchos amigos nuestros escuchen y escuchemos también nosotros la Verdad que no pasa.

Hay una sordera del alma que al desoír las continuas llamadas del Señor endurece el corazón, porque como la discordancia entre lo que la conciencia dice y lo que en realidad se hace no se soporta sin remordimiento, se buscan excusas y aflora la auto justificación. Este modo de obrar, al hacerse casi crónico, cauteriza la conciencia que se vuelve sorda a los requerimientos divinos. “La soberbia violenta a la memoria, la oscurece: el hecho se esfuma, o se embellece, y se encuentra una justificación para cubrir de bondad el mal cometido, que no se está dispuesto a rectificar; se acumulan argumentos, razones, que van ahogando la voz de la conciencia, cada vez más débil, más confusa” (S. Josemaría Escrivá).

“No quisiera que ignoraseis, hermanos míos, de qué modo se baja o, por mejor decir, se cae en estos caminos. El primer escalón es el disimulo de la propia flaqueza, de la propia iniquidad..., perdonándose el hombre a sí mismo, auto consolándose, se engaña. El segundo escalón es la ignorancia de sí, porque después de que en el primer grado cosió el despreciable vestido de hojas para cubrirse, ¿qué más lógico que no ver sus llagas, especialmente si las ha tapado con el solo fin de no verlas? De esto se sigue que, aunque se las descubra otro, defienda con tozudez que no son llagas, dejando que su corazón se abandone a palabras engañosas para buscar excusas a sus pecados” (S. Juan Crisóstomo). Deslizarse por esta pendiente es fácil ya que “el mismo Satanás se transforma en ángel de luz” (2 Co 11, 14).

S. Marcos nos ha conservado la palabra aramea: effethá, ¡ábrete! Hay que hablar, abrir el alma en la dirección espiritual. “No te apoyes en el consejo de cualquiera. Trata sí con un varón piadoso que sabes que guarda los preceptos de Dios, cuyo corazón es semejante al tuyo. Y permanece en lo que resuelvas, porque ninguno será para ti más fiel que él. El alma de ese hombre piadoso ve mejor las cosas que siete centinelas en lo alto de una atalaya. Y en todas ellas ora por ti al Altísimo para que te dirija por la senda de la verdad” (Eccl 37, 14-19).

Necesitamos asesoramiento, contrastar nuestros enfoques y directrices con quien tiene ciencia y piedad y así afrontar con criterio cristiano los variados problemas que la vida presenta. ¡Effethá, abrirnos a la voz del Señor con la asistencia a unos medios de formación, la lectura, la charla con un buen amigo, un sacerdote, aparcando esa manida excusa de “no tengo tiempo” y que aboca a la sordera del alma!