Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

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07 mayo 2022

Homilía Domingo 4º Pascua (C)

 (Cfr. www.almudi.org)



(Hch 13,14.43-52) "Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo"
(Ap 7,9.14b-17) "Dios enjugará las lágrimas de sus ojos"
(Jn 10,27-30) "Yo y el Padre somos uno"

Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

"Yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano". La Liturgia de la Iglesia se atreve a afirmar que Dios se sentiría defraudado si el hombre, creado por Él y redimido en el atroz suplicio de la Cruz, no pudiera entrar en el Cielo: "Tu , Señor, por buscarme te has fatigado; por redimirme fuiste enclavado; tantus labor non sit casus, que tanto trabajo no se vea frustrado". Sí, "Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño", hemos recordado en el Salmo Responsorial.

¿Y qué veremos en el Cielo? Guiados por la Sagrada Escritura y las enseñanzas de la Iglesia, podemos decir que veremos a Dios, su Gloria, su Inmensidad, su Poder, su Belleza, su Misterio, el ser Tres en una sola Unidad, su ser Todo en todas las cosas... Y todo ello en una armonía perfecta. Esta visión inundante de la plenitud divina no será un mero admirar, sino un amar intenso y un sentirse intensamente amados por Alguien infinitamente mayor y mejor que cualquier otra realidad, pero que, al ser nuestro Padre, se vuelca sobre nosotros. Delante de Dios Uno y Trino caeremos de rodillas en una adoración admirativa y complacida, impregnada de una alegría imposible de contar que se quebrará en un cántico eterno.

Veremos la Humanidad Santísima de Jesús, el Hombre Perfecto (perfectus homo) y que más nos ha querido. Veremos a la Madre del Señor y Madre nuestra. A los ángeles, espíritus puros, perfectísimos, de los que tenemos un anticipo cuando decimos de una criatura que es un ángel, por su encanto, inocencia, gracia... Veremos a los Patriarcas, los Profetas, los Apóstoles, los Mártires, los Confesores... En una palabra: no hay palabras para ilustrar lo que la "muchedumbre inmensa que nadie podría contar", como recuerda la 2ª Lectura, experimentará en esa gran fiesta. "Ni ojo vio, ni oreja oyó, ni pasó por la imaginación del hombre lo que Dios tiene preparado a aquellos que le aman" (1 Co 2, 9).

Vale la pena escuchar la voz de Cristo, el Buen Pastor, y recordar, cuando se encabriten las malas pasiones, que "al que venciere le haré sentarse conmigo en mi trono" (Ap 3, 21), "y Dios enjugará las ágrimas de sus ojos" (2ª Lectura).


29 mayo 2021

Meditación Domingo 9º t.o. (B). Santisima Trinidad

 (Cfr. www.almudi.org)

 

La Santísima Trinidad

 “En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28,16-20).

I. Hoy la liturgia nos propone el misterio central de nuestra fe: la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias, misterio inefable de la vida íntima de Dios. Poco a poco, con una pedagogía divina, Dios fue manifestando su realidad íntima, nos ha ido revelando cómo es Él, en Sí, independiente de todo lo creado. En el Antiguo Testamento da a conocer sobre todo la Unidad de su ser; que a diferencia del mundo es increado; que no está limitado a un espacio (es inmenso), ni al tiempo (es eterno). Su poder no tiene límites (es omnipotente). También se revela como el pastor que busca a su rebaño; a la vez que se va manifestando la paternidad de Dios Padre, la Encarnación de Dios Hijo y la acción del Espíritu Santo, que vivifica todo. Pero es Cristo quien nos revela la intimidad del misterio trinitario, la llamada a participar en él, y la perfectísima Unidad de vida entre las divinas Personas (Juan 16, 12-15). El misterio de la Santísima Trinidad es el punto de partida de toda la verdad revelada y la fuente de donde procede la vida sobrenatural y a donde nos encaminamos: somos hijos del Padre, hermanos y coherederos del Hijo, santificados continuamente por el Espíritu Santo para asemejarnos cada vez más a Cristo. Esto nos hace templos vivos de la Santísima Trinidad.

II. Desde que el hombre es llamado a participar de la vida divina por la gracia recibida en el Bautismo, está destinado a participar cada vez más en esta Vida. Es un camino que es preciso andar continuamente. Del Espíritu Santo recibimos constantes impulsos, mociones, luces, inspiraciones para ir más deprisa por ese camino que lleva a Dios, para estar cada vez en una “órbita” más cercana al Señor. “El corazón necesita distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales! (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios)

III. “Tú Trinidad eterna, eres mar profundo, en el que cuanto más penetro, más descubro, y cuanto más descubro,  más te busco”  (SANTA CATALINA DE SIENA, Diálogo), le decimos en la intimidad de nuestra alma. Y desde lo hondo del alma añadimos: Padre, glorificad continuamente a vuestro Hijo, para que vuestro Hijo os glorifique en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos (JUAN 17, 1)

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

Homilía Domingo 9º t.o. (B) Santisima Trinidad

 (Cfr. www.almudi.org)

 


            (Dt 4,32-34.39-40) "El Señor es el único Dios"
            (Rm 8,14-17) "Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios"
            (Mt 28,16-20) "Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"

Homilía con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía en la basílica de San Pedro durante la Misa con ordenaciones sacerdotales (29-V-1988)

--- Su nombre es Amor

“Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra” (Mt 28,18). Hoy Cristo pronuncia la última palabra de su misión en la tierra.

Hoy pronuncia el nombre de Dios vivo, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Del Dios infinito que, solo, lo abraza todo. Pues “en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28).

Su nombre es Eternidad. Y aunque el libro del Apocalipsis proclama a Dios como “El que es, que era y que vendrá” (Ap 1,8); sin embargo estas palabras son una manifestación del misterio de Dios respecto a todo lo que pasa, lo que está sometido al tiempo. En efecto, su propio nombre es: Eternidad.

Su nombre es: Amor. El amor significa también la unión más perfecta. Dios es uno, la unidad sólo corresponde a Él, y es unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La unidad de la Trinidad. En el ámbito de las criaturas accesibles a nosotros no podemos encontrar una que pueda corresponder a esta realidad, que pueda confirmarla. Y, en Dios, la perfecta unidad es la Trinidad.

--- Jesús nos introduce en el misterio de Dios

Por eso precisamente Él es: Amor. Sólo Dios, que es unidad de la Trinidad, puede ser Dios-Amor. Sin ello podría ser sólo Dios-Omnipotencia. Pero la omnipotencia, que no es Amor, no es ni siquiera Omnipotencia perfecta. Y precisamente de esta realidad convenció Jesucristo a la humanidad por medio de toda su misión, cuando al final de ella dice a los Apóstoles: “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra... Haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”(Mt 28,18-19). Esto es, dice también: sumergid el ser humano en Dios, que es Amor. Introducidlo en el más profundo misterio de la unidad de Dios.

El Espíritu humano ha de madurar para encontrarse con este misterio. La plenitud del Omnipotente es Amor. Dios es Amor. Os he mostrado el camino que conduce a Él. Os he dado el Espíritu Santo. Él ha sido derramado en vuestros corazones como Dios.

“Señor, Dios nuestro: ¡Qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8,2.10), canta el Salmista. Y con él cantan todos los hombres, reconociendo las huellas de Dios en la criatura. Las huellas de la Omnipotencia.

Cristo traza una nueva huella. Es la huella de Dios-Amor: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito” (Jn 3,16).

Al final de su  misión, Cristo invita a todos: “Seguid esa huella”. Es la huella imborrable que ha dejado en la historia del mundo... en la historia del hombre.

--- Seguir la huella de Cristo

Si queréis llegar a Dios -a Aquél que Es- y uniros a Él; tal como es, seguid esta huella. Mi huella.

Es la huella de todo el Evangelio. Ésta es, en definitiva, la huella de la cruz y de la resurrección. Esta huella conduce a través de la Palabra y del sacramento. Esta huella conduce a través del bautismo.

Más aún: si os sumergís en el agua, si renacéis del agua -lo cual será un signo sacramental- sumergíos sobre todo en mi muerte para encontraros en la profundidad del misterio de Dios: de Aquél que Es. Para encontraros en las profundidades del misterio, y ver, por fin, a Dios “tal cual es” (1 Jn 3,2).

Cristo dice a los Apóstoles: “id” (Mt 28,19). Esta palabra significa misión. Son enviados para introducir a todos en la misión salvífica de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey, para que todos unidos a Él, alcancen el reino, cuyo camino indicó Cristo y lo abrió. Y este camino permanece siempre abierto