Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

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09 diciembre 2022

Homilía Domingo 3º Adviento (A)

 (Cfr. www.almudi.org)

 

Homilia basada en el Catecismo de la Iglesia Católica


Los que han puesto en Cristo su esperanza no conocen el miedo porque Cristo es la garantia de nuestro presente y de nuestro mañana

I. LA PALABRA DE DIOS

Is 35,1-6a.10: Dios vendra y nos salvará
Sal 145,6-10: Ven, Señor, a salvarnos
St 5,7-10: Manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca
Mt 11,2-11: ¨Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

II. APUNTE BIBLICO-LITÚRGICO

Las calamidades y el dolor habían sumido a Israel en la pesadumbre y el desánimo. El Profeta anuncia que el poder de Yavé traerá un nuevo estado de cosas. Mucho de lo que Isaías anuncia lo realizó Jesús. Pero lo que importaba entonces es que el ansia de un futuro nuevo mantuviera la ilusión del mañana.

Santiago ha afirmado: No sabéis Qué será vuestra vida mañana y va a fiar al si Dios quiere el futuro de los cristianos (única vez en toda la Biblia que se usa la fórmula tan popular entre nosotros, si Dios quiere). Y con el anuncio de que el Señor está cerca invitar a la esperanza y a la fortaleza a los que sufren.

Al elogiar a Juan, Jesús quiere dirigir su mirada más lejos: a pesar de todo, el Bautista está en la antesala del Reino; los que creemos en Jesucristo estamos dentro del todo. Y por eso somos más importantes.

III. SITUACIÓN HUMANA

Nuestra sociedad puede ser calificada de lo inmediato, es decir, de lo que se tiene a mano, porque del futuro nadie se fía.

Vivir el día a día se opone a la mirada hacia el mañana, porque se le teme. No se sabe muy bien por Qué; pero se tiene miedo al futuro. Este miedo conoce muchas formas de ser combatido. Una de ellas es la creciente afición por el esoterismo y las ciencias ocultas. La vieja tentación del Génesis sigue en pie.

IV. LA FE DE LA IGLESIA

La fe
– El destino del mundo es ser transformado: Así pues, el universo visible también est destinado a ser transformado, a fin de que el mundo mismo restaurado a su primitivo estado, ya sin ningún obst culo est‚ al servicio de los justos, participando en su glorificación en Jesucristo resucitado (1047; cf 1048. 1050).
– En este universo nuevo, Dios tendrá su casa entre los hombres: 1044. 1045.

La respuesta
– Dios da a los suyos el tiempo de salvación para que se conviertan: El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a los hombres todavía «el tiempo favorable, el tiempo de salvación» (2 Co 6,2). Inspira el santo temor de Dios. Compromete para la justicia del Reino de Dios. Anuncia la «bienaventurada esperanza» (Tt 2,13) de la vuelta del Señor que «vendra para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creido» (2 Ts 1,10) (1041; cf 2854).
– Conversión de la sociedad a la jerarquía de valores: 1886. 1887. 1888. 1889.

El testimonio cristiano
– Juan era en todo parecido a Cristo. La voz o la palabra es la representación de la idea. Juan representaba en todo a Cristo. Le anunciaron los ángeles, nació de una mujer estéril .... Así deben ser los predicadores cristianos. Libres de toda preocupación, han de predicar no sólo con su palabra, sino con su vida, luz del mundo y sal de la tierra (San Roberto Belarmino, Sermón sobre el Bautista).

– Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo (Misal Romano, Embolismo) (2854).

Cuando el hombre se cree dueño del futuro, este se vuelve contra él; cuando la fe le convence de que es Dios, se convierte en salvación.

 

09 julio 2021

Homilía Domingo 15º t.o. (B)

 (Cfr. www.almudi.org)

 


Homilía basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

"Destinados en la persona de Cristo, por iniciativa de Dios, para que la gloria de su gracia redunde en alabanza suya"

Am 7,12-15: "Ve y profetiza a mi pueblo"
Sal 84,9ab-10.11-12.13-14: "Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación"
Ef 1,3-14: "Nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo"
Mc 6,7-13: "Los fue enviando"

Amós certifica que su carisma viene de Dios. Sólo Yavé le ha llamado y sólo por haber sido llamado ejerce de profeta. Poco más tarde, Amasías tendrá la oportunidad de comprobar que lo que decía Amós, venía de Dios.

Cristo en el Evangelio señala más que recomendaciones prácticas para el camino las características de su Reino. Sobre todo que no descansaría nunca sobre poderes o fuerzas de este mundo, ni en el equipaje de los testigos, sino en la fuerza del Espíritu de Cristo porque en Él se hacen verdad aquellas palabras de Joel: "Derramaré mi Espíritu sobre toda carne y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas". Por la fuerza de este Espíritu todo bautizado se hace heraldo del Evangelio, profeta anunciador de la inmensa bondad de Dios.

Para quienes desde la mentalidad contemporánea, siempre dispuesta a preverlo y planificarlo todo, proyectan planes con todo rigor, el nacimiento de la Iglesia es sorprendente. Pero el futuro que Jesús preveía descansaba en su Espíritu. Es una invitación a descubrir que las obras de Dios desbordan cualquier previsión humana. Por eso, es arriesgado juzgar todo por los mismos criterios.

_ "Sanad a los enfermos":

"Cristo invita a sus discípulos a seguirle tomando a su vez su cruz. Siguiéndole adquieren una nueva visión sobre la enfermedad y sobre los enfermos. Jesús los asocia a su vida pobre y humilde. Les hace participar de su ministerio de compasión y de curación:  «Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban» (Mc 6,12-13)" (1506; cf. 1507-1508).

_ La Iglesia se apoya en la elección de los Doce y Pedro como Cabeza:

"El Señor Jesús dotó a su comunidad de una estructura que permanecerá hasta la plena consumación del Reino. Ante todo está la elección de los Doce con Pedro como su Cabeza; puesto que representan a las doce tribus de Israel, ellos son los cimientos de la nueva Jerusalén. Los Doce y los otros discípulos participan en la misión de Cristo, en su poder, y también en su suerte. Con todos estos actos, Cristo prepara y edifica su Iglesia" (765).

_ "Los bautizados vienen a ser  «piedras vivas» para  «edificación de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo» (1 P 2,5). Por el Bautismo participan del sacerdocio de Cristo, de su misión profética y real, son  «linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz» (1 P 2,9).  «El Bautismo hace participar en el sacerdocio común de los fieles»" (1268).

_ "Sólo un corazón puro puede decir con seguridad:  «¡Venga a nosotros tu Reino!» Es necesario haber estado en la escuela de Pablo para decir:  «Que el pecado no reine ya en nuestro cuerpo mortal» (Rm 6,12). El que se conserva puro en sus acciones, sus pensamientos y sus palabras, puede decir a Dios:  «¡Venga tu Reino!»" (San Cirilo de Jerusalén, catech. myst 5,13) (2819).

La grandeza del testigo no afecta al Reino de Dios; la grandeza del Reino de Dios hace grandes hasta a los más débiles.

 

 

19 febrero 2021

Homilía Domingo 1º Cuaresma (B)

 (Cfr. www.almudi.org)


(Gen 9,8-15) "Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes"
(1 Pe 3,18-22) "Como poseía el Espíritu fue devuelto a la vida"
(Mc 1,12-15) "Está cerca el reino de Dios"


Homilía pronunciada por san Juan Pablo II.

Homilía en la parroquia romana de S. Andrés “delle Fratre” (28-II-1982)

--- Cristo salva con su Pasión y Resurrección
--- El ayuno
--- Humildad y contrición

--- Cristo salva con su Pasión y Resurrección

Las Palabras del Evangelista Marcos aluden al ayuno de Jesús de Nazaret durante cuarenta días, que cada año se refleja en la liturgia de la Cuaresma: “El Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían” (Mc 1,12).

Después, tras el encarcelamiento de Juan Bautista, Jesús fue a Galilea y comenzó a enseñar. Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en la Buena noticia” (Mc 1,15).

El ayuno de cuarenta días de Jesús de Nazaret fue una introducción al anuncio del Evangelio del reino de Dios. Este ayuno ha marcado el camino de la fe en las almas de los hombres, sin el que el Evangelio del reino queda cual grano arrojado en tierra estéril.

Este comienzo del Evangelio del reino, que llega a la Iglesia a través del ayuno de cuarenta días, la liturgia de hoy lo compara al arco iris que fue signo de alianza de Dios con los descendientes de Noé después del diluvio.

Con el Arca de Noé se compara también en la primera Carta de San Pedro Apóstol la Iglesia, en la que Cristo actúa incesantemente la obra de la redención, tras haber obtenido la victoria sobre la muerte y el pecado.

Pero el Arca de Noé fue un espacio cerrado. La obra de Cristo es ilimitada en el espacio y tiempo. La Iglesia está al servicio de esta obra como signo e instrumento.

Cristo, muerto una vez para siempre por los pecados, Justo por los injustos, para volvernos a llevar a Dios.

Cristo, sentado a la diestra de Dios porque subió a los cielos donde le están sometidos los Ángeles, Potestades y Dominaciones.

Este Cristo, en el Espíritu Santo, “fue a proclamar su mensaje a los espíritus encarcelados que en un tiempo habían sido rebeldes” (1 Pe 3,19), igual que en los días de Noé.

El mismo Cristo en el bautismo nos salva, es decir, nos redime, “no limpiando una suciedad corporal, sino impetrando de Dios una conciencia pura” (cf. 1 Pe 3,21): nos salva y redime gracias a su resurrección.

--- El ayuno

De este modo, pues, la liturgia de este domingo inaugura el ayuno de la Cuaresma, basándose primero en el ejemplo de Cristo y luego en el poder redentor de Cristo que actúa en su Iglesia y en todo lo creado; en su poder redentor y santificador.

La Cuaresma es el camino que se abre ante nosotros.

Y por esto la Iglesia ora así hoy: “Señor enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas. Haz que camine en la verdad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador; en ti he esperado siempre” (Sal 25, 4-5).

La Cuaresma es la vía de la verdad, es el tiempo de despertar de las conciencias.

El hombre debe encontrarse en toda su verdad ante Dios. Asimismo debe releer la verdad en las enseñanzas divinas, de los mandatos divinos, de la voluntad divina; debe confrontar con estos la propia conciencia.

Por aquí pasa el camino de la salvación. Es el camino de la esperanza.

Y la Iglesia sigue orando de este modo: “Acuérdate, Señor, que tu ternura y tu fidelidad son eternas. Acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor” (Sal 25,6-7). La Cuaresma es la vía de la verdad, el tiempo del despertar de las conciencias.

Pero sobre todo es el camino del amor y de la misericordia. Sólo mediante el amor, la verdad despierta al hombre a la vida. Sólo el amor, que es misericordia, enciende la esperanza.

El ayuno de la Cuaresma es un gran grito de Amor. Grito penetrante. Grito definitivo. Es el gran tiempo de la misericordia.

Y por ello la Iglesia sigue pidiendo en la liturgia de hoy: “El Señor es bueno, es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes” (Sal 25,8-9).

--- Humildad y contrición

La Iglesia pide humildad para el corazón humano. Ora para que a través de la humildad el hombre se encuentre en la verdad, para que se encuentre en la verdad interior, y así llegue a encontrarse con el amor que es más fuerte que el pecado y la muerte, más fuerte que todos los males; para que se deje guiar por la Palabra divina. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4).

Debemos repetir las palabras de San Pedro, Obispo de la Iglesia de Roma: “Cristo murió por los pecados de una vez para siempre, el inocente por los culpables para conducirnos a Dios” (1 Pe 3,18)