Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

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09 julio 2023

Homilía Domingo 14º t.o.

(Cfr. www.almudi.org) 

 

(Zac 9,9-10) "Mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso"

(Rm 8,9.11-13) "El Espíritu de Dios habita en vosotros"

(Mt 11,25-30) "Aprended de mí. que soy manso y humilde de corazón"

 

Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

El anuncio de un plan de salvación de la Humanidad por parte de Jesucristo, no fue aceptado por quienes andaban mendigando alabanzas unos de otros, y no se interesaban por aquella gloria que procede de Dios (Cfr Jn 5,44). De ahí que Jesús alabe a los que buscan con ardor la verdad: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido esta cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”. Quien es sencillo de corazón y busca la verdad -no su verdad, como dice el poeta-, se codea con la grandeza y descubre la libertad verdadera, descubre a Dios. Porque allí donde está el espíritu de Dios, allí está la libertad (Cfr 2 Cor 3,17).

Jesús se dirigía y se dirige hoy, a través de su Iglesia que somos todos, a esa humanidad que anda sobrecargada de obligaciones -muchas de ellas inútiles e inventadas por los hombres (Cfr Hch 15,10), que no traen la paz al corazón-, ofreciendo otra carga que es ligera porque la hace llevadera el amor. “Cualquiera otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas, parece que le alivias del peso, pero cuanto más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás como vuela” (S. Agustín, Sermo, 126).

El yugo del Señor es liberación porque es la ley del Espíritu que supera la carne (2ª lect), ley de libertad interior, de obediencia filial a Dios Padre que, al amarnos más de lo que nosotros nos amamos a nosotros mismos, quiere siempre lo mejor para sus hijos. De ahí que el Salmo Responsorial afirme: “El Señor es clemente y misericordioso, bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas... fiel a sus palabras... El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan”.

¡No retiremos el hombro ante la carga que el Señor quiera que llevemos! ¡En cuántas ocasiones, ante las embestidas de la comodidad egoísta y la hostilidad o indiferencia que encontramos al querer influir cristianamente en nuestro entorno, se insinúa la tentación de no complicarnos la vida! Pensamos, entonces, que nadie nos comprende, que no agradecen nuestro interés, que todo les resbala, que somos un cero a la izquierda. Procuremos no dramatizar, mirándolos con lupa, esos comportamientos. No permitamos que los demonios familiares -el amor propio herido, la comodidad- se adueñen de nuestro estado de ánimo y asome la tristeza y la soledad.

Recordemos que la comodidad no libera. La permisividad y el consumismo no liberan. El capricho y el desentenderse de los demás no liberan. Estas opciones instalan en la mediocridad y la tibieza. Lo que libera es Dios. Lo que libera es la buena conciencia. Nos equivocaríamos si creyéramos que el cristianismo nos protege del dolor. No inventó él la Cruz, ésta ya existía y existe -¡cuánto sufrimiento, cuánta injusticia, en nuestro mundo!-, pero nos ha enseñado a llevarla sin quejas y a descubrir el valor redentor que encierra. “Es tan grande la fuerza de la Cruz de Cristo, dice Orígenes, que si se pone ante los ojos..., ningún mal deseo, ninguna pasión, ningún movimiento de enfado o de envidia podrá prevalecer”.

 

02 julio 2021

Homilía Domingo 14º t.o. (B)

(Cfr. www.almudi.org) 

 

(Ez 2,2-5) "Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas"
(2 Cor 12,7b-10) "Te basta mi gracia"
(Mc 6,1-6) "Y se extrañó de su falta de fe"

Homilía II cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

La Liturgia de la Palabra de hoy nos recuerda los dos grandes obstáculos a superar al dar a conocer a Jesucristo: la incredulidad y la propia debilidad. “Te envío para que les digas: Esto dice el Señor... te hagan caso o no te hagan caso (pues son un pueblo rebelde), sabrán que hubo un profeta en medio de ellos”, Y en la 2ª Lectura continúa S. Pablo su labor evangelizadora sobreponiéndose a su debilidad y apoyado en la gracia de Dios.

También el Señor al comienzo de su ministerio público encontró una gran resistencia para que aceptaran su mensaje. Los prejuicios pudieron más que la evidencia: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María...? Y desconfiaban de él”. También hoy se mira con desconfianza a Jesucristo, a su Iglesia y a sus enseñanzas. Esta reserva inicial que es una dura prueba para nuestra fe, no debe ni retraernos de seguir difundiéndola entre nuestros familiares y amigos ni acomodarla para hacerla más atractiva a una mentalidad permisiva.

“¿Cómo callar, dice Juan Pablo II, ante la indiferencia religiosa que lleva a muchos hombres de hoy a vivir como si Dios no existiera o a conformarse con una religión vaga, incapaz de enfrentarse con el problema de la verdad y con el deber de la coherencia?”.

Debemos pedir al Señor que nos ayude a sobreponernos a la tentación del desaliento al detectar las resistencias o la débil respuesta que la verdad de Jesucristo encuentra tanto en nosotros mismos como en quienes nos rodean. La verdad tiene un enorme poder de convocatoria. Ella se abre paso por sí sola en la cabeza y el corazón de quienes la buscan sinceramente. Tomemos ejemplo del Señor en Nazaret donde sus paisanos le miran con desconfianza, como acabamos de oír en el Evangelio de la Misa de hoy, o en aquella entrevista con Pilato donde parece derrotado y frente a un mandatario escéptico: “Yo para esto he nacido y para eso vine al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz” (Jn 18,37).

No nos dejemos impresionar por los obstáculos que encontremos en el camino. El futuro es de los que no se desaniman y continúan difundiendo entre sus iguales la doctrina salvadora de Cristo. Habrá dificultades, incomprensiones y hasta rechazos violentos, pero el éxito final está asegurado. “En el mundo tendréis tribulación; pero confiad: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).