Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

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28 abril 2022

Homilía Domingo 3º Pascua (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 


(Hch 5,27b-32.40b-41) "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres"
(Ap 5,11-14) "Digno es el Cordero degollado de recibir el poder"
(Jn 21,1-19) "Es el Señor"

Homilía con textos de homilías pronunciadas por San Juan Pablo II

Homilía en la parroquia romana de San Felipe Apóstol (17-IV-1983)

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--- Cristo triunfa sobre el pecado y la muerte

Qué quiere decir ser cristiano

Deseo llamar vuestra atención sobre tres expresiones de las lecturas bíblicas de la liturgia de hoy.

La primera de estas frases se encuentra en el Evangelio de San Juan: “¡Es el Señor!”.

Así dice a Pedro “el discípulo que Jesús tanto quería” (21,7), como sabemos por el Evangelio. Y lo dice cuando, afanados en la pesca en el lago de Genesaret, oyeron una voz bien conocida que les llegaba desde la orilla. El personaje aparecido en la orilla les pregunta primero: “¿No tenéis nada que comer?” (21,5), y cuando contestan “no”, les manda que echen la red a la derecha de la barca (cf.21,6).

Se verifica el mismo hecho que había tenido lugar ya una vez cuando Jesús de Nazaret se hallaba en la barca de Pedro en el lago de Tiberiades. Entonces les mandó que echaran las redes para pescar y -si bien no habían cogido nada antes- la red se llenó de peces hasta el punto que no podían sacarla (cfr. Lc 5,1-11).

Esta vez dice Juan: “¡Es el Señor!”. Y lo dice después de la resurrección; por ello esta frase reviste un significado particular. Jesús de Nazaret había manifestado ya su dominio sobre lo creado cuando estaba con los Apóstoles como “guía” y “Maestro”. Pero en los inolvidables días transcurridos entre el Viernes Santo y la mañana del “día después del sábado”, reveló su dominio absoluto sobre la muerte.

Es decir, que ahora se acerca a los Apóstoles en el lago de Genesaret como el Señor de su propia muerte. Ha vencido la muerte padecida en la Cruz, ¡y vive! Vive con su propia vida, con una vida que es la misma que antes y, a la vez, de tipo nuevo.

A esto se refieren las palabras “es el Señor”. Estas palabras las pronunciaron los labios de los Apóstoles. La pronunció la primera generación de cristianos y después todas las generaciones sucesivas. También nosotros pronunciamos las palabras: “El Señor, Cristo-Señor”. Es Aquel que ha revelado en cuanto hombre un tremendo aspecto del poder divino, el poder sobre la muerte.

--- Testigos de la verdad que salva

La segunda expresión de la liturgia de hoy hacia la que quiero atraer vuestra atención es la palabra “obedecer”: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5,29). Así se expresan Pedro y los Apóstoles ante el Sumo Sacerdote y el Sanedrín cuando estos les ordenaban que no continuaran enseñando en el nombre de Jesucristo (Hch 5,27-28).

De la respuesta de Pedro es preciso deducir que “obedecer” quiere decir “someterse a causa de la verdad” o simplemente “someterse a la verdad”.

Esta verdad, la verdad salvífica, está contenida en la misión de Cristo. Está contenida en la enseñanza de Cristo. Dios mismo la ha confirmado con la resurrección de Cristo. “La diestra de Dios lo exaltó para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da  a los que le obedecen” (Hch 5,31-32).

Nosotros damos testimonio de esta verdad que Dios nos ha permitido conocer con nuestros ojos. Damos testimonio de esta verdad y no podemos obrar de otro modo. Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres.

--- Jesús llama: “Sígueme”

La tercera expresión de la liturgia de hoy es la palabra “sígueme” (Jn 21,19).

Cristo Señor la dirige a Simón Pedro de modo definitivo después de la resurrección. Antes ya le había llamado y le había hecho Apóstol; pero ahora, después de la resurrección, le vuelve a llamar. Primero hace esta pregunta tres veces a Pedro: “¿Me amas?”, y recibe la contestación. Tres veces la repite: “Apacienta mis corderos”, “Apacienta mis ovejas” (cfr. Jn 21,15-17). Y Cristo añade a continuación: “Te lo aseguro, cuando eras joven tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras” (Jn 21,18).

Así habló Cristo Señor a Simón Pedro. Y el Evangelista prosigue: “Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios” (Jn 21,19). Y precisamente tras estas palabras, tras esta explicación, Cristo dice a Pedro “sígueme”.

En cierto sentido fue como llamado a Roma, a este lugar donde Pedro iba a dar la vida por Cristo.

Son tres frases de la liturgia de hoy: “Es el Señor”. “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, “Sígueme”. Conviene que meditemos sobre ella dentro de nuestro corazón y de nuestra conciencia. Cada una de ellas nos indica qué quiere decir ser cristiano.

El tiempo de Pascua nos obliga a responder con fe renovada a este reto concreto: Cristo ha resucitado y yo soy cristiano.

Dios nos ha amado en Cristo Jesús no sólo de palabra, sino con el don tangible de su Hijo (cfr. Jn 3,16). Al mismo tiempo se nos recuerda el valor destructor del pecado, o sea, de nuestro alejamiento del Dios de la vida.

“Ha resucitado Cristo, el que ha creado el mundo y ha salvado a los hombres con su misericordia. Aleluya” (Canto del Evangelio).

27 octubre 2021

Estatua de Cristo Redentor (Corcovado)

(Cfr. www.almudi.org)

 


Cristo se representa como símbolo de redención, símbolo de perdón y símbolo de protección

 En Río de Janeiro, ciudad emblemática del Brasil, se encuentra la estatua del Cristo Redentor, conocida también como Cristo del Corcovado. Su importante valor simbólico ha promovido las peregrinaciones de los católicos más devotos, pero también ha atraído la visita de los turistas deseosos de develar los misterios de una de las siete maravillas del mundo moderno.

La imagen de Jesucristo corona la cima del monte Corcovado, ubicado en el Parque Nacional de la Tijuca. El monte alcanza unos 710 metros sobre el nivel del mar. Allí, un pedestal de 8 metros soporta al Cristo Redentor con sus 30,1 metros de altura y un peso de 1200 toneladas. Desde allí, el Cristo vigila la ciudad de Río de Janeiro y contempla el monte de Pão de Açúcar.

Características

La obra Cristo Redentor está concebida como una escultura monumental de estilo art déco. Este fue un estilo artístico internacional ecléctico surgido en el período de entreguerras, es decir, entre 1920 y 1939 aproximadamente, si bien no tuvo nombre hasta la década de 1960. Ejerció gran influencia en las bellas artes, pero especialmente en la arquitectura y las artes aplicadas.

Como tendencia, el art déco se caracterizaba por el refinamiento elegante y sensual; el lenguaje eclecticista e historicista; el empleo de la línea recta; el uso del zig-zag y elementos geométricos, en particular el hexágono, el octágono y el cuadrado. Eventualmente se aplicaban curvas y espirales, siempre que estuvieran sometidas al sentido geométrico y no a la asociación con las formas de la naturaleza.

En este contexto estilístico, se enmarca la estatua del Cristo redentor.

La obra, cuya armazón estructural es de hormigón armado, está cubierta por esteatita, una piedra llamada también roca de jabón debido a la maleabilidad de su materia. Con esteatita se hicieron millones de teselas triangulares que se combinaron sobre la superficie de la estatua para crear un revestimiento.

Iconográficamente, la obra se describe como una representación de Jesucristo con los brazos abiertos. En sus manos, son visibles las llagas de la crucifixión, de manera que se trata de Cristo resucitado, esperanza del creyente. Sobre su cabeza, una pequeña corona se deja entrever.

Cristo aparece ataviado con una túnica o vestido hasta los pies, sin llegar a taparlos. La túnica es recubierta por un manto cuya superficie y diagonal contrasta con los canales verticales formados en la base de la misma.

Corazón del Cristo Redentor por dentro de la escultura.

El pecho de Jesús está ligeramente al descubierto, pues ni el manto ni la túnica llegan a cerrarse alrededor del cuello. Este detalles es aprovechado para exhibir el corazón de Jesús en todo el centro del pecho, como un corazón que se desborda de tanto amar.

Este corazón puede verse también por dentro, e igualmente está recubierto con las teselas de esteatita. El corazón tiene una dimensión de 1,30 metros.

Se dice que dentro del corazón, un frasco de vidrio alberga un pergamino con los árboles genealógico de Heitor Levy, el maestro de obras, y Pedro Fernandes, ingeniero fiscal.

Uno de los brazos tiene 40 centímetros menos que el otro para garantizar, al igual que las velas de un barco, que pueda resistir vientos de 150 km/hora.

Historia

La idea de hacer un monumento en la cima del cerro Corcovado había nacido en el año 1859 del sacerdote Pierre-Marie Boss. Este monumento sería, para él, un homenaje a la hija del emperador Pedro II, la princesa Isabel. Sin embargo, pasaría mucho tiempo antes de que esa idea pudiera concretarse.

En efecto, será solo en la década de 1920 cuando el Círculo Católico de Río de Janeiro se disponga a dar cumplimiento al sueño de construir un monumento en el Corcovado. La excusa será la celebración del primer centenario de la independencia de Brasil.

En 1921 la Iglesia Católica convocó un concurso del que resultaría ganador el arquitecto Heitor da Silva Costa inspirado en la obra del artista multifacético Carlos Oswald.

Para llevar a cabo el proyecto, se realizaron actividades de recaudación de fondos y se recibieron donaciones gracias al espíritu emprendedor del cardenal Sebastião Leme, de la arquidiócesis de Río de Janeiro.

La obra no fue trabajada “in situ” sino que sus partes fueron encargadas a diferentes artistas, algunos de los cuales ni siquiera llegaron a visitar nunca el monumento.

De este modo, cada parte de la escultura fue encargada a diferentes artistas. Es el caso de la cabeza y las manos, encargadas al rumano Gheorghe Leonida y a Paul Landowski, artista polaco-francés.

Los cálculos de la estructura fueron hechos por el especialista en concreto armado, el ingeniero Albert Caquot. Junto a Heitor da Silva Costa, supervisor de todo el proyecto, también se destacó Heitor Levy, su mano derecha, en el trabajo de maestro de obras.

Tras cinco años de construcción, el Cristo Redentor o Cristo del Corcovado fue inaugurado el 12 de octubre del año 1931. En el año 2007 fue elegido como una de las Siete Maravillas Modernas.

Significado

El Cristo Redentor es una obra cuya significación se relaciona con el imaginario religioso de Brasil. Para este país, fuertemente influenciado por el catolicismo, Cristo se representa como símbolo de redención, símbolo de perdón y símbolo de protección.

Así, la actitud corporal del Cristo de la estatua refleja el espíritu de acogida que se le atribuye a la figura de Jesús como puente entre Dios y la humanidad, como mesías. Pero también es una señal de protección. Cristo protege bajo sus brazos al pueblo carioca, como un ave que bajo sus alas recoge a sus pollitos.

Al mismo tiempo, la estatua parece recibir al visitante de la ciudad, en un gesto doble de dar la bienvenida y mostrar el paisaje carioca.

La disposición del Cristo redentor ante la ciudad nos hace pensar, finalmente, en la idea de un pueblo oferente que se postra ante los pies de su único salvador. El Cristo redentor es, pues, la ofrenda que sella un pacto entre el pueblo y su Dios.

Pararrayos del Cristo Redentor

La ubicación del monumento y sus características lo convierten en un blanco de los rayos cuando se desatan las tormentas tropicales. Por ello, para cuidar y proteger el monumento, se han instalado una serie de pararrayos en los puntos más expuestos de la estatua, como la cabeza y los brazos.

Si bien es cierto que esto no impide los daños, minimiza el impacto. Por ello, quienes custodian el monumento tienen una reserva de roca esteatita para recomponer los sectores afectados durante las tormentas eléctricas.

Curiosidades sobre el Cristo Redentor

Antes de llamarse monte Corcovado, el cerro fue llamado por los portugueses del siglo XVI "Pico de la Tentación", en alusión al pasaje de las tentaciones del desierto de Jesús.

Antes de su construcción, el monte Corcovado ya tenía un mirador en la cima. Por eso, el tren que sube a los visitantes existía desde 1884, lo que facilitó el proceso de los traslados durante el período de construcción.

La cabeza está formada por 50 piezas diferentes, todas ellas hechas en Francia.

Se comenzó a ensamblar desde la cabeza.

Ningún obrero murió durante la construcción del monumento, un fenómeno llamativo en la época.

La estructura es hueca por dentro. Sin embargo, entrar es muy difícil. Es necesario pedir la autorización de la Curia Metropolitana de Río de Janeiro.

Andrea Imaginario, en culturagenial.com/es/

26 marzo 2021

EL CRISTO DE LA BUENA MUERTE

 (Cfr. www.almudi.org)

 

Considerada una de las obras más singulares del escultor imaginero malagueño Francisco Palma Burgos

El Cristo de la Buena Muerte o Cristo de Mena son las advocaciones de Cristo que surgen de una talla de Cristo crucificado original de Pedro de Mena datada aproximadamente en 1660, y que se conservó en la Iglesia de Santo Domingo  (Málaga) hasta su destrucción.

La imagen del Santísimo Cristo de Mena, como la conocemos hoy en día, fue esculpida en 1941 por Francisco Palma Burgos, inspirándose en la imagen original de Pedro de Mena. Se encuentra en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán de Málaga.

Pertenece a la Congregación de Mena y procesiona el Jueves Santo en la Semana Santa de Málaga. Vinculado con la Legión Española desde 1928, a partir de 1960 se impulsó que cada acuartelamiento de la Legión tuviera una imagen de esta advocación, por lo que existen otras tallas similares.

Artista

 Francisco Palma Burgos nació en Málaga, 12 de Febrero de 1918y murió en Úbeda, 31 de Diciembre  de1985. Fue un  escultor y pintor español.

Nació en el barrio de la Victoria, Málaga, en la calle del Cobertizo del Conde. Fue hijo del artista antequerano Francisco Palma García, que le transmitió sus primeras nociones de escultura, y completó sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Málaga.

En 1940, con tan sólo 22 años, fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, recibiendo los ánimos y la visita de Mariano Benlliure, escultor al que siempre admiró, y del que fue discípulo.

Profesor de la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal, a comienzos de los años 40, inicia sus idas y venidas a Italia de forma intermitente, en donde asiste a los cursos de Bellas Artes que instruía Americo Bartoli,

En el año1943, ganó el concurso para la realización del trono de Jesús de Medinaceli, de Madrid, instalando un taller en la capital española, que alternaría con los ya establecidos en Andújar y Málaga.

El 31 de Diciembre de 1985, Francisco Palma Burgos falleció en Úbeda, Jaén, de un cáncer de hígado, celebrándose el entierro en Úbeda el 1 de Enero del año siguiente, con una comitiva por las calles ubetenses, y escoltado por los estandartes de las cofradías. Fue amortajado con un hábito de la hermandad de la Noche Oscura, de la que fue fundador y cuyo titular talló en 1966 y donde se creó una Escuela de Arte que honra su memoria.

Conocido fundamentalmente por sus obras de imaginería para la Semana Santa andaluza, especialmente las de Málaga y Úbeda. Es un continuador de la estética de tradición barroca, caracterizada por una temática fundamentalmente religiosa, en la que predomina el gusto por la belleza corporal y sensitiva pero de expresividad contenida, que la distingue del dramatismo de la imaginería castellana.

Historia

Considerada una de las obras más singulares del escultor imaginero granadino por estar esculpida a tamaño mayor que el natural (característica poco común en las tallas de Mena), sufrió varios ataques y mutilaciones antes de ser definitivamente destruida en 1931 durante la quema de las iglesias y conventos de Málaga del 11 y 12 de Mayo de ese mismo año.  De la talla original sólo se conserva parte de una pierna, rescatada durante la quema por el artista Francisco Palma García, padre de Francisco Palma Burgos y escultor de reconocido prestigio que murió en 1938,  y expuesta en el Palacio Episcopal, y un pie, que lo custodia la Congregación del Cristo de Mena. Estas secciones de la talla fueron agrupadas tras la quema por Narciso Díaz de Escovar académico de Bellas Artes de San Luis que, en una carta al escritor malagueño Miguel Ruiz Borrego describía los hechos diciendo: "(...) El Cristo de Mena que se creía salvado, pues lo escondieron entre paños unos hermanos en un almacén, se quemó luego. Han aparecido los carbones. Palma salvó una pierna y mi sobrino tiene un pie casi carbonizado, pero se ve el hueco del clavo y se conservan dos dedos. El San Juan de Dios de Santiago, la Dolorosa de los Mártires, la Virgen de San Pablo, el Señor del Puente, la Exaltación... todo quemado. Hoy me han dicho que en la Trinidad quemaron todas las imágenes y por tanto habría perecido la magnífica Virgen de la Paz de Ortiz y el notable San Onofre, escultura del siglo XV."

Con el Cristo de la Buena Muerte y Ánimas fueron quince las tallas de Pedro de Mena destruidas durante la persecución religiosa en la II República en Málaga.

Traslado del Cristo de la Buena Muerte

Las tropas legionarias, procedentes del Tercio "Duque de Alba", con sede en Ceuta, desembarcan en el puerto de Málaga para trasladar al Santísimo Cristo de la Buena Muerte desde su templo hasta la Casa Hermandad, en un tradicional acto al que asisten miles de personas.

Los legionarios llegan a la capital al borde del buque Contramaestre "Casado" a las 12.00 horas y, tras pedir permiso para iniciar los desfiles por la ciudad, marchan por las calles hasta la Iglesia de Santo Domingo, situada en la plaza Fray

Una vez allí, una docena de militares entran en el templo donde se encuentra la talla conocida popularmente como Cristo de Mena, y la han transportado hasta la plaza donde esperaban diversas autoridades y personajes importantes como el actor Antonio Banderas.

El crucificado, que en algunos momentos es sostenido a pulso por los soldados, es trasladado hasta la Casa Hermandad, donde los hermanos de la cofradía le colocan en su trono, sobre el que saldrá en procesión por tarde, si la lluvia no lo impide, junto a Nuestra Señora de la Soledad, custodiados por los militares.

La Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y Nuestra Señora de la Soledad se fundó en 1915 tras la fusión de la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte, que fue creada en el siglo XIX, y de la antiquísima Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, de la que se tienen referencias de 1579.

La Legión se vinculó definitivamente en 1921 a la Congregación del Cristo de Mena, que fue reconocido como su protector por las autoridades militares siete años después y desde entonces la imagen acostumbra a presidir los actos que se celebran en los diversos acuartelamientos españoles.

La imagen actual del Cristo de la Buena Muerte –como ya se ha dicho- es obra del imaginero Francisco Palma Burgos, data de 1942 y sustituye a la anterior de Pedro de Mena, que se perdió en 1931.

Por su parte, la talla de Nuestra Señora de la Soledad es de autor anónimo del siglo XVIII y está vinculada a la Armada Española desde que en 1756 se produjo la zozobra de una fragata en la costa de Málaga que, según la leyenda, pudo salvarse por la luz que emitía la capilla que albergaba la imagen de esta Virgen.

Un grupo de 150 militares de Ceuta, pertenecientes al grupo de La Legión, se desplazan en barco hasta Málaga para protagonizar uno de los actos más llamativos de la Semana Santa de Andalucía.

Los militares de Ceuta acompañarán al Cristo de Mena a pesar de la entrada en vigor de la nueva normativa, que sólo afecta en el sentido de que los militares no pueden rendir honores a las Imágenes religiosas pero sí pueden acompañar las procesiones.

Por esta circunstancia, los militares tienen que ir de forma voluntaria, lo que no ha sido ningún inconveniente en Ceuta para captar a los legionarios, entre los que figuran varios musulmanes, según fuentes del Tercio Duque de Alba.

Los legionarios acompañarán al Cristo de Mena en la jornada del Jueves Santo, en una comisión formada por una compañía de escolta, la banda de guerra, dos escuadras y las comisiones.

Los legionarios de Ceuta, que son habituales en este desfile, también desfilarán en las jornadas siguientes por otros pueblos como Álora y Alhaurín de la Torre.

Ignacio A. Castillo, en laopiniondemalaga.es

05 febrero 2021

Meditación Domingo 5º t.o. (B)

 (Cfr. www.almudi.org)

 

Difundir la verdad

“En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: -Todo el mundo te busca.
Él les respondió: -Vámonos a otra parte, a, las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios” (Marcos 1,29-39).

I. Como en tantas ocasiones, Jesús se levantó de madrugada y se retiró fuera de la ciudad, para orar. Allí le encontraron los Apóstoles, y le dijeron: Todo el mundo te busca. Y el Señor les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.

La misión de Cristo es la de evangelizar, llevar la Buena Nueva hasta el último rincón de la tierra, a través de los Apóstoles y de los cristianos de todos los tiempos. Ésta es la misión de la Iglesia, que cumple así el mandato del Señor: Id y predicad a todas las gentes..., enseñándoles a cumplir todo cuanto os he mandado. Los Hechos de los Apóstoles narran muchos pormenores de aquella primera evangelización; el mismo día de Pentecostés, San Pedro predica la divinidad de Jesucristo, su Muerte redentora y su Resurrección gloriosa. San Pablo, citando al Profeta Isaías, exclama con entusiasmo: ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Nueva!. Y la Segunda lectura de la Misa nos habla de la responsabilidad de este anuncio gozoso de la verdad que salva: Porque si yo evangelizo, no es para mí motivo de gloria, porque es un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no evangelizara!.

Con estas mismas palabras de San Pablo, la Iglesia ha recordado con frecuencia a los fieles la llamada que el Señor les hace para llevar la doctrina de Cristo a todas partes, aprovechando cualquier ocasión.

San Juan Crisóstomo salía al paso de las posibles disculpas ante esta gratísima obligación: «Nada hay más frío que un cristiano que no se preocupe por la salvación de los demás (...). No digas: no puedo ayudarles, pues si eres cristiano de verdad es imposible que no lo puedas hacer. Las propiedades de las cosas naturales no se pueden negar: lo mismo sucede con esto que afirmamos, pues está en la naturaleza del cristiano obrar de esta forma (...). Es más fácil que el sol no luzca ni caliente que deje de dar luz un cristiano; más fácil que esto sería que la luz fuese tinieblas. No digas que es una cosa imposible; lo imposible es lo contrario (...). Si ordenamos bien nuestra conducta, todo lo demás seguirá como consecuencia natural. No puede ocultarse la luz de los cristianos, no puede ocultarse una lámpara que brilla tanto». Preguntémonos si en nuestro ambiente, en el lugar donde vivimos y donde trabajamos, somos verdaderos transmisores de la fe, si acercamos a nuestros amigos a una mayor frecuencia de sacramentos. Examinemos si nos urge el apostolado como exigencia de nuestra vocación, si sentimos la misma responsabilidad de aquellos primeros, pues la necesidad no es hoy menor..., es un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no evangelizara!

II. El apostolado y el proselitismo que atraen a la fe o a una mayor entrega a Dios nacen del convencimiento de poseer la Verdad y el Amor, la verdad salvadora, el único amor que colma las ansias del corazón, siempre insatisfecho. Cuando se pierde esta certeza no se encuentra sentido a la difusión de la fe. Entonces, incluso en ambientes cristianos, se llega a pensar que no se puede influir para que los no cristianos --por ejemplo, ante las leyes en favor del divorcio y del aborto- apoyen una ley recta, según el querer divino. También pierde sentido el llevar la doctrina de Cristo a otras regiones donde todavía no ha llegado o no está hondamente arraigada la fe; en todo caso, la misión apostólica se convierte en una mera acción social en favor de la promoción de esos pueblos, olvidando el tesoro más rico que podrían darles: la fe en Jesucristo, la vida de la gracia... Son cristianos en los que la fe se ha debilitado y han olvidado, quizá, que la verdad es una, que hace más humanos a los hombres y a los pueblos, y abre el camino del Cielo.

Es importante que la fe lleve a plantearse acciones sociales, pero «el mundo no puede contentarse simplemente con reformadores sociales. Tiene necesidad de santos. La santidad no es un privilegio de pocos; es un don ofrecido a todos... Dudar de esto significa no acabar de entender las intenciones de Cristo», omitir la esencia de su mensaje.

La fe es la verdad, e ilumina nuestra razón, la preserva de errores, y sana las heridas y la facilidad que nos dejó el pecado original para desviarnos del camino. De aquí proviene la seguridad del cristiano, no sólo en lo que se refiere estrictamente a la fe, sino a todas aquellas cuestiones que están conexas con ella: el origen del mundo y de la vida, la dignidad intocable de la persona humana, la importancia de la familia... La fe es luz que ilumina el caminar del hombre. Esto nos lleva -enseña Pablo VI- a tener «una actitud dogmática, sí, que quiere decir que está fundada no en ciencia propia, sino en la Palabra de Dios (...). Actitud que no nos ensoberbece, como poseedores afortunados y exclusivos de la verdad, sino que nos hace fuertes y valientes para defenderla, amorosos para difundirla. Nos lo recuerda San Agustín: sine superbia de veritate praesumite, sin soberbia estad orgullosos de la verdad».

Es un inmenso don haber recibido la fe verdadera, pero a la vez una gran responsabilidad. La vibración apostólica del cristiano que es consciente del tesoro recibido no es fanatismo: es amor a la verdad, manifestación de fe viva, coherencia entre el pensamiento y la vida. Proselitismo, en el sentido noble y verdadero de la palabra, no es de ninguna manera atraer a las almas con engaños o violencia, sino el esfuerzo apostólico por dar a conocer a Cristo y su llamada a todo hombre, querer que las almas conozcan la riqueza que Dios ha revelado y se salven, que reciban la vocación a una entrega plena a Dios, si ésta es la voluntad divina. Este proselitismo es una de las tareas más nobles que el Señor nos ha encomendado.

III. En este empeño por difundir la fe, siempre con respeto y aprecio por las personas, no cabe transmitir medias verdades por temor a que la plenitud de la verdad y las exigencias de una auténtica vida cristiana puedan chocar con el pensamiento de moda y con el aburguesamiento de muchos. La verdad no tiene términos medios, y el amor sacrificado no admite rebajas ni puede ser objeto de compromisos. Condición de todo apostolado es la fidelidad a la doctrina, aunque ésta se presente difícil de cumplir en algunos casos, e incluso exija un comportamiento heroico, o al menos lleno de fortaleza. No se pueden omitir temas como la generosidad al poner los medios para tener una familia numerosa, exigencias de la justicia social, entrega plena a Dios cuando Él llama a seguirle... No se puede pretender agradar a todos disminuyendo, según conveniencias humanas, las exigencias del Evangelio: Hablamos -escribía San Pablo a los tesalonicenses-, no como quien busca agradar a los hombres, sino sólo a Dios. No es buen camino pretender hacer fácil el Evangelio, silenciando o rebajando los misterios que se han de creer y las normas de conducta que han de vivirse. Nadie ha predicado ni predicará el Evangelio con mayor credibilidad, energía y atractivo que Jesucristo, y hubo quienes no le siguieron fielmente. Tampoco podemos olvidar que, hoy como siempre, predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los gentiles, pero poder de Dios para los llamados, ya judíos, ya griegos. Sin embargo, nos debemos esforzar siempre en adaptarnos a la capacidad y circunstancias de quien pretendemos llevar hasta el Señor, como Él nos enseña a lo largo del Evangelio, que hizo asequible a todos.

La fidelidad a Cristo nos lleva a transmitir fiel y eficazmente lo que hemos recibido. Ahora, igual que en tiempos de los primeros cristianos, cuando comenzaba la primera evangelización de Europa y del mundo, debemos anunciar a nuestros amigos y conocidos, a los colegas... la Buena Nueva de la misericordia divina, la alegría de seguir muy de cerca a Cristo en medio de nuestros quehaceres. Y ese anuncio comporta la necesidad de cambiar de vida, de hacer penitencia, de renunciar a sí mismos, de estar desprendidos de los bienes materiales, de ser castos, de buscar con humildad el perdón divino, de corresponder a lo que Él quiere de cada uno de nosotros desde la eternidad.

El afán de que muchos sigan a Cristo debe empujarnos a vivir mejor la caridad con todos, a poner más medios para acercarlos antes al Señor, que los espera: ¡la caridad de Cristo nos urge!. Éste fue el motor de la incansable actividad apostólica de San Pablo, y será también lo que nos impulse a nosotros; el amor al Señor nos llevará a sentir la urgencia apostólica y a no desaprovechar ninguna ocasión que se nos presente. Es más, en muchas circunstancias seremos nosotros quienes provocaremos esas oportunidades, que de otra forma nunca tendrían lugar.

Todo el mundo te busca... El mundo tiene hambre y sed de Dios. Por eso, junto a la caridad, la esperanza. Nuestros amigos y conocidos, incluso los más alejados, también tienen necesidad y deseos de Dios, aunque muchas veces no los manifiesten. Y, sobre todo, el Señor los busca a ellos.

Pidamos a la Santísima Virgen el afán apostólico y proselitista que tuvieron los Apóstoles y los primeros cristianos.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.