Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

25 noviembre 2016

LIBRO DE LA SEMANA (25 Nov): La flaqueza del bolchevique

(Cfr. www.criteriaclub.es)


  La flaqueza del bolchevique


Presenctación:
La flaqueza del bolchevique sería una novela absolutamente cómica si no fuera por el carácter inquietante que adquiere a medida que se complican las argucias del protagonista. Una historia a caballo entre la comedia, la intriga y el melodrama.
 
PRECIO
17,00 €

PELICULA DE LA SEMANA (25 Nov) Animales fantásticos y donde encontrarlos

(Cfr. www.almudi.org)

Animales fantásticos y dónde encontrarlos


 
 
Contenidos: Imágenes (varias V-)

Dirección: David Yates. Países:Reino 
Unido y USAAño: 2016. Género: FantásticoReparto: Eddie Redmayne (Newt Scamander), Katherine Waterston (Tina), Alison Sudol (Queenie), Dan Fogler (Jacob), Colin Farrell, Ron Perlman, Ezra Miller.  Guion: J.K. Rowling; basado en su novela. Estreno en España: 18 Noviembre 2016.
Reseña: 
Animales fantásticos y dónde encontrarlos comienza en 1926 cuando Newt Scamander acaba de completar un viaje por todo el mundo para encontrar y documentar una extraordinaria selección de criaturas mágicas. Llegando a Nueva York para hacer una breve parada en su camino, donde podría haber llegado y salido sin incidentes…pero no para un Muggle llamado Jacob, un caso perdido de magia, y la fuga de algunas criaturas fantásticas de Newt, que podrían causar problemas el mundo mágico y en el mundo Muggle.
La cinta es una historia de otro mago de Hogwarts, espectacular y de un tono más luminoso que la serie de Harry Potter. Estamos ante la primera película de lo que se anuncia como una pentalogía, cinco títulos. Y es la propia Rowling la firmante en solitario de un guión que presenta mimbres sólidos, su debut en estas lides está logrado.
Desde luego supone un acierto iniciar un tipo de aventuras completamente nuevas, con personajes distintos, en esta ocasión mayoritariamente adultos. Y las primeras impresiones son, nunca mejor dicho, fantásticas.
La trama de aventuras fantásticas es muy ágil imaginativa, y permite imbricar cuestiones como la segregación, la convivencia, el respeto a los diferentes, la importancia del conocimiento, la manipulación, el ejercicio del poder, el uso de los dones que uno posee, etcétera. Y llama poderosamente la atención el capítulo de los efectos visuales, realmente alucinantes. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

San Muñoz Seca

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 
¡Hay que ver, que don Pedro Muñoz Seca va a ser beato! Donde menos se espera salta la Gracia

No sé cómo marchará la causa de beatificación de G.K. Chesterton, al que me encantaría ver en los altares, riéndose por todo lo alto. Mientras tanto, nos sorprende la de don Pedro Muñoz Seca. Aunque buen cristiano, no parece que, por su vida, tan común, hubiese terminado en el santoral, sino porque se la terminaron terminantemente en Paracuellos. Se cumplió en él al pie de la letra lo de Flannery O'Connor: "Nunca podría ser una santa, pero podría llegar a ser una mártir, si la mataban pronto".

Muñoz Seca vio que había un Beato Juan Gilabert, y mandó al portuense del mismo nombre la hojita del almanaque con estos versos: "Amigo Juan: / un gran rato / llevo pensando: / ¡Hay que ver! / ¿Pero cómo Gilabert / sin yo saberlo es Beato?". Eso mismo nos pasa ahora: ¡hay que ver, que don Pedro va a ser beato! Donde menos se espera salta la Gracia.

Se le conocen pocos escritos teológicos, aunque yo puedo presumir de que una copla suya lleva decenios sirviéndome de oración. De adolescente, me remordía que la Semana Santa me resultase tan fascinante y divertida, hasta que leí esto suyo: "Virgen de la Macarena, / ponte la cara bonita, / que ya sabemos to er mundo / que el domingo resucita". Así es, en efecto. La resurrección justifica toda felicidad prospectiva.

Topó con la jerarquía, como es frecuente en las vidas de santos. Cuando murieron los porteros de su piso, les hizo este epitafio: "Fue tan grande su bondad, / tal su laboriosidad / y la virtud de los dos / que están con seguridad / en el Cielo, junto a Dios". No gustó al Obispo esa seguridad en la salvación y exigió que lo reescribiese: "Fueron muy juntos los dos / el uno del otro en pos, / donde va siempre el que muere... / Pero no están junto a Dios / porque el Obispo no quiere". Versión que tampoco agradó al prelado, que ordenó otra, que fue: "Flotando sus almas van / por el éter, débilmente, / sin saber qué es lo que harán... / Porque desgraciadamente/ ni Dios sabe dónde están".

La Iglesia va a decirnos que sí sabemos dónde está Muñoz Seca: en el Cielo. En la cárcel, organizó unos ejercicios espirituales y sostuvo la moral de todos. Conducido al martirio, escribió esta carta a su mujer, donde aúna el humor (véase qué exquisito eufemismo es "fuera de Madrid"), el estilo (observen la paradoja de la aceptación feliz) y una fe inquebrantable: "Cuando recibas esta carta estaré fuera de Madrid. Voy resignado y contento. Dios sobre todo".

Enrique García-Máiquez, en diariodecadiz.es.

Meditación Domingo 1º Adviento (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 
Tiempo de esperanza y también de vigilancia: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir nuestro Señor…”

«Dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre» (Mateo 24,37-44).

1. El tiempo litúrgico que hemos comenzado nos invita a la preparación para la venida de Jesús: “ad-venio”, que viene. Es un movimiento de expectación que va subiendo gradualmente, al paso de la liturgia de estos días. Es un tiempo de entrada al año nuevo litúrgico, y por tanto de recomenzar, de renovación de la fe y el amor. Para que Jesús nazca en nuestro corazón, bien preparado; para que venga a dar paz a este mundo, y para ello hay que sembrar paz en los corazones, ser portadores de paz. Y para ello, necesitamos luchar para ser cada día un poco mejores. Esta es la mejor preparación para la Navidad, y así lo pedimos en la antífona de entrada de la Misa: “A ti, Señor, levanto mi alma: Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado…
Para recibir a una persona muy querida, disponemos la casa, cuidamos la limpieza y el arreglo, los planes de comida, preparamos una conversación grata; disponer un buen disco si le gusta la música… en la vida espiritual, hay que aprovechar este tiempo de preparación para disponerlo todo y responder así al amor divino manifestado en la venida del Señor, sin preocuparnos de dar la talla, sabiendo que Dios nos ama como somos, como decía San Josemaría Escrivá: “Hemos de adquirir la medida divina de las cosas, no perdiendo nunca el punto de mira sobrenatural, y contando con que Jesús se vale también de nuestras miserias, para que resplandezca su gloria. Por eso, cuando sintáis serpentear en vuestra conciencia el amor propio, el cansancio, el desánimo, el peso de las pasiones, reaccionad prontamente y escuchad al Maestro, sin asustaros ante la triste realidad de lo que cada uno somos; porque, mientras vivamos, nos acompañarán siempre las debilidades personales” (Amigos de Dios, 194). Pero procurando luchar, que es como se demuestra el amor y así se ensancha nuestro corazón para poder recibir el don de Dios, en mayor medida. En este primer domingo de Adviento la Iglesia nos pone ante los ojos la venida del Hijo de Dios a la tierra; y a la vez nos preparamos para su venida al fin del mundo como Juez supremo de vivos y muertos: “Cuando venga el Hijo del hombre pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos”.
Así como el Pueblo de Israel esperó la venida del Salvador durante cientos de años, también la Iglesia se prepara cada año, en memoria de la plenitud de los tiempos, el momento escogido por Dios desde toda la eternidad, para encarnarse. “Navidad por tanto significa la presencia de Cristo en el alma mediante la gracia. Y si por la debilidad de la naturaleza humana se pierde la vida de divina por el pecado grave, Navidad entonces debe significar el retorno a la gracia mediante la confesión sacramental, vivida con seriedad de arrepentimiento y de propósitos –decía Juan Pablo II-. Jesús viene también para perdonar. El encuentro personal con Cristo se convierte en una conversión, en un nuevo nacimiento para asumir totalmente las propias responsabilidades de hombre y de cristiana" (A los universitarios de Roma, 18.XII.1979).
Es una buena manifestación de lo que pedimos en la oración colecta en este domingo: "Oh Dios omnipotente, concede a tus fieles la voluntad de ir con obras al encuentro de Cristo que viene, para que colocados a su derecha, merezcan poseer el reino de los cielos". Pedimos al Señor que avive en nosotros, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro con Cristo, acompañados por las buenas obras; le pedimos a Dios que nos ayude, que guíe nuestros pasos. Los árabes tienen una leyenda relativa al llanto del Sahara. En las noches tranquilas y estrelladas corre una brisa a través de todo el desierto que hace chocar los miles de granitos de arena, produciendo el efecto de un llanto doloroso de una fiera herida de muerte. –“¿Lo oís?” –les decía el guía de la caravana a los del grupo: “¡el desierto llora!, se queja de haber sido convertido en un árido desierto; llora por sus jardines florecientes, por sus mieses, por los frutos jugosos de que estaba cargado un día, antes de quemarse, antes de convertirse en desierto”. Es cierto que fue una tierra espléndida aquella del norte de África, en los primeros siglos de nuestra era. Espiritualmente, también han nacido desiertos en el mundo, cambiando por la desobediencia a Dios, por el pecado, el paraíso terrenal en una tierra ingrata, llena de espinas y abrojos –de guerras, rencillas…- que da poco fruto, y costoso, pues ha de ser regada por el sudor del hombre, por la oración y el sacrificio.

2. La gran visión inicial de Isaías (en la primera lectura) muestra que los que esperan a Dios son un monte espiritual por cuya luz pueden orientarse todos los pueblos, pues únicamente de aquí saldrá «la ley, el árbitro de las naciones»; sólo aquí la interminable guerra intramundana cesará y se tornará sosiego en una paz de Dios; sólo aquí puede el mundo, oscuro de por sí, «caminar a la luz del Señor». Naturalmente -tanto en la perspectiva vetero como neotestamentaria- esto no sucederá sin división y juicio: unos serán tomados, otros dejados. La promesa del Dios que viene contiene también necesariamente una amenaza. Pero amenaza sólo en el sentido de una exhortación a estar despiertos y preparados. Para el que está despierto, la llegada de Dios no es motivo de temor: cuando Dios llegue, «alzad la cabeza, que se acerca vuestra liberación» (Lc 21,28). “¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor"!, canta el salmo.

3. En la segunda lectura Pablo nos apremia de una manera especial: se puede percibir la proximidad de Dios en el tiempo de la propia vida; él está ya cerca de nosotros desde el momento de nuestra conversión. El evangelio insiste en la necesidad de permanecer en un estado de alerta que no crea poder observar la venida de Dios en las relaciones terrenas. Dios irrumpe en la historia en cierto modo verticalmente, desde lo alto; viene para todos a una hora que nadie espera: precisamente por eso hay que estar siempre esperándole (Hans Urs von Balthasar).
Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 1º Adviento (A)

(Cfr. www.almudi.org)
 


(Is 2,1-5) "Venid y subamos al monte del Señor"
(Rom 13,11-14) "Vistámonos de las armas de la luz"
(Mt 24,37-44)  "Velad porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor"
 
 
 
Comienza el Adviento en el que la Iglesia nos invita a considerar el misterio de Cristo que ilumina ese otro misterio que s también el hombre. Nos preparamos para la Navidad que llega y la Navidad eterna: el encuentro con Dios al término de esta vida. Para ello tendremos a excelentes maestros: Isaías, Juan Bautista, José y María, la Madre del Señor.

Toda nuestra vida es un adviento, una espera gozosa y esforzada hacia una vida sin fin. Nuestro corazón no está hecho para la destrucción sino para la existencia, para lo verdadero, lo bello, lo amable, lo justo... Pero si Cristo no hubiera venido al mundo  no habría esperanza de que esto pudiera ser una realidad, ya que la experiencia diaria convence al hombre -a veces de forma macabra- que el mal, la mentira, la violencia, la enfermedad y la muerte adquieren un protagonismo abusivo. Por eso no hay mentira mayor que buscar un paraíso en la tierra. No hay engaño mayor que el de quien trabaja por una justicia, una paz, un orden que no esté basado en Cristo.
 
Con todo, no podemos olvidar que hay en nosotros una tendencia a absolutizar las cosas de esta vida olvidando nuestro destino eterno. "Vigilad", nos dice Jesús, porque el peligro de deslizarse hacia la sensualidad, no valorando sino lo que se puede tocar, lo que hace más placentera la vida, así como el narcisismo que nos repliega sobre nosotros mismos desplazando de nuestro horizonte vital a Dios, es algo constante.
 
¡En cuántas ocasiones, absorbidos por los problemas diarios vivimos instalados en un profundo sopor que olvida el sentido trascendente de la vida! Se vive como drogado y se muere convenientemente sedado en un hospital para no enterarse tampoco de la importancia de ese trance. Un cristiano no debe conducirse por miedo a su Padre Dios, pero sí de un modo responsable, de forma que los cantos de sirena que a lo largo de la travesía de la vida intentan seducirlo, no le desvíen del trayecto que le conduce al puerto de la salvación. Preguntémonos: ¿Qué orientación estoy dando a mi vida? ¿Busco en medio de mis ocupaciones habituales al Dios de todas las cosas, o son esas cosas las que me alejan de Dios? Es en medio del trabajo, de la vida familiar y social, de la colaboración por una sociedad más humana y solidaria, donde cada uno decide su felicidad para siempre. Estas cosas desempeñadas como Dios quiere, son las que nos preparan para la segunda venida del Dios de todas las cosas.
 
Adviento, tiempo de preparación para recibir al Señor que llega en Navidad, y para imprimir a nuestra vida un valor de eternidad, porque la segunda venida de Cristo sorprenderá a los hombres en lo que estén haciendo, bueno o malo.
 

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24 noviembre 2016

Catequesis en español del Papa Francisco 23/11/2016 HD


Fue el Aula Pablo VI el escenario de la catequesis del Papa Francisco de este miércoles 23 de noviembre, el primero después de la conclusión del Año Jubilar. Y tal como muchos imaginaban, el Pontífice siguió reflexionando sobre las obras de misericordia espirituales. En particular se centró en dos obras que dijo están muy relacionadas entre sí: “dar buen consejo al que lo necesita” y “enseñar al que no sabe”.