Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

24 marzo 2022

LIBRO DE LA SEMANA (24 Mar): La muerte contada por un sapiens a un neandertal

 (Cfr. www.todostuslibros.com)

 

 

La muerte contada por un sapiens a un neandertal



Vuelven el sapiens y el neandertal, vuelve «la fiesta de la inteligencia» (David Broncano) «En la naturaleza no hay vejez, no hay decrepitud. Solo hay plenitud o muerte». «Nos enca...
Editorial:
ALFAGUARA
Encuadernación:
Tapa blanda o Bolsillo
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Castellano
Idioma original :
Castellano
ISBN:
978-84-204-6105-2
EAN:
9788420461052
Dimensiones:
239 x 154 mm.
Peso:
477 gramos
Nº páginas:
312
Fecha publicación :
01-02-2022
 
 
Sinopsis

Sinopsis de: "La muerte contada por un sapiens a un neandertal"

Vuelven el sapiens y el neandertal, vuelve «la fiesta de la inteligencia» (David Broncano)

«En la naturaleza no hay vejez, no hay decrepitud. Solo hay plenitud o muerte».

«Nos encantaría descubrir que cada especie tiene un reloj biológico en sus células, porque, de existir ese reloj y si fuéramos capaces de dar con él, quizá pudiéramos pararlo y de ese modo volvernos eternos», le plantea Arsuaga a Millás en este libro en el que la ciencia se entrelaza con la literatura. El paleontólogo desvela aspectos esenciales de nuestra existencia al escritor, y se debate sobre la conveniencia de transmitir su visión azarosa de la vida a un Millás a dieta que descubre que la vejez es un país en el que todavía se siente extranjero.

Tras la extraordinaria acogida de La vida contada por un sapiens a un neandertal, el tándem más brillante de la literatura española vuelve a deslumbrar al lector abordando temas como la muerte y la eternidad, la longevidad, la enfermedad, el envejecimiento, la selección natural, la muerte programada y la supervivencia.

Humor, biología, naturaleza, vida, mucha vida... y dos personajes fascinantes, el sapiens y el neandertal, que nos sorprenden en cada página con sus agudas reflexiones sobre cómo nos ha tratado la evolución como especie. Y también como individuos.

La crítica ha dicho:
«Un libro escrito a partir de [...] entrelazar datos de la biología (de Arsuaga) con el pensamiento mágico (de Millás).»
Berna González Harbour, El País

«Escribir a cuatro manos no es fácil, pero Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga parecen haber encontrado una fórmula perfecta que combina ingenio, entretenimiento y divulgación. [...] Un diálogo divertidísimo y nada cenizo acerca de la longevidad, la selección natural, la supervivencia.»
Marta Domínguez, Página Dos (RTVE)

«Muerte, vejez, longevidad y la utopía (o no) de lograr la vida eterna. Esa es la gran conversación que acometen el sapiens Arsuaga y el neandertal Millás, convertidos en un equilibrado tándem que conjuga ciencia pura y sentido común para tratar de buscar respuestas a semejantes cuestiones.»
David Gallardo, InfoLibre

«Con un estilo propio, que mezcla literatura costumbrista, crónica y entrevistas, esta improbable pareja se ha propuesto explicar con humor, ciencia e imaginación de dónde venimos y a dónde vamos, entender la muerte desde la vida, y han dejado abierta la puerta a una tercera entrega que trate sobre un tema tan importante como es la cooperación humana.»
Alicia Medina, Zenda

«Inclasificable. Leer a Arsuaga y Millás es descubrir un género literario propio. Lo suyo no es ni entrevista, ni novela, ni ensayo. Es una conversación distendida entre dos genios que, tirando de humor, logran despertar la curiosidad del lector sobre un tema nada sencillo.»
Ahora Qué Leo (La Sexta)

«Están felices, como muchachos, rejuvenecidos por la amistad y por la búsqueda que los junta. [...] Quien pone conocimiento es el antropólogo; el otro es el poeta.»
Juan Cruz, El Periódico

«Han inaugurado un género con incursiones en el conocimiento científico, principalmente de Arsuaga, que Millás sacude como un antropólogo, como si toda la sabiduría de Arsuaga formara un yacimiento. [...] La conversación con estos sapiens no da descanso para las neuronas. Cada respuesta, cada interrupción es un festival de aprendizaje.»
Rafael Ordóñez, El Independiente

«La muerte contada por un sapiens a un neandertal es un viaje en ocasiones divertido y siempre apasionante de estos dos intelectuales galácticos.»
Ana Pérez, Esquire

«Podría convertirse en una serie única por su formato, la combinación de ciencia y letras, y las dos reputadas voces que la escriben.»
Mónica Zas Marcos, elDiario

PELICULA DE LA SEMAN (25 Mar): Adios, Señor Haffmann

(Cfr. www.filmaffinity.com)

 

 

Adiós, señor Haffmann

Título original
Adieu Monsieur Haffmann
Año
Duración
115 min.
País
Francia Francia
Dirección
Guion
Fred Cavayé, Sarah Kaminsky. Diálogos: Fred Cavayé, Sarah Kaminsky. Obra: Jean-Philippe Daguerre
Música
Christophe Julien
Fotografía
Denis Rouden
Reparto
Productora
Vendôme Production, Daï Daï Films, Pathé, Orange Studio, France 2 Cinema, Belga Productions, OCS, France Télévision, La Banque Postale Image 13, Cinéaxe 2, Cinémage 15, Indéfilms 9, La Banque Postale Image 14
Género
Drama | Años 40
Sinopsis
París, 1942. François Mercier es un hombre corriente que solo aspira a formar una familia con la mujer que ama, Blanche. También es el empleado de un talentoso joyero, el señor Haffmann. Pero ante la ocupación alemana, los dos hombres no tendrán más remedio que concluir un acuerdo cuyas consecuencias, a lo largo de los meses, alterarán el destino de nuestros tres personajes. (FILMAFFINITY)
Críticas

La voz del Papa que grita en el desierto

 (Cfr. www.almudi.org)

 

 


El Sucesor de Pedro, que en los últimos años ha advertido proféticamente de la Tercera Guerra Mundial ya en marcha, sigue los pasos de sus predecesores y se sitúa junto a los inocentes, combatiendo el mal con el bien.

En el Ángelus del domingo 13 de marzo, en el noveno aniversario de su elección como Obispo de Roma, Francisco pronunció palabras inequívocas sobre la “bárbara matanza de niños, de inocentes” que se está produciendo, pidiendo que se detenga la “masacre” y se ponga fin a lo que llamó la “inaceptable agresión armada” contra Ucrania. El Papa también recordó que quien apoya la violencia justificándola por motivos religiosos, “profana el nombre” de Dios, que es “el único Dios de la paz”.

Incluso antes de que comenzara la invasión del ejército ruso, Francisco había dicho, en el Ángelus del domingo 20 de febrero: “¡Qué triste es que personas y pueblos que se sienten orgullosos de ser cristianos vean a otros como enemigos y piensen en hacerse la guerra unos a otros! Es muy triste”. Y había pedido que el Miércoles de Ceniza, cuando comienza el camino cuaresmal, se dedicara al ayuno y a la oración por la paz. Al día siguiente del estallido del conflicto, tras los primeros bombardeos en Ucrania, el Papa quiso ir personalmente a la Embajada de la Federación Rusa ante la Santa Sede para exponer al representante del Kremlin toda su preocupación por la guerra, pidiéndole que siguiera la vía de la negociación y que perdonara a los civiles. En el Ángelus del domingo 6 de marzo, Francisco también quiso despejar el campo de la hipocresía del gobierno ruso, que insiste en llamar a la guerra en curso “operación militar especial”, enmascarando tras los juegos de palabras su verdadera y cruda realidad, la de una guerra de agresión.

Para concretar su cercanía personal a las víctimas y a los millones de desplazados que huyen de la guerra, el Obispo de Roma ha enviado a dos cardenales para que lleven ayuda y apoyo a los refugiados y a quienes los acogen generosamente. Al mismo tiempo, en varias ocasiones, el Secretario de Estado Pietro Parolin ha expresado la disposición de la Santa Sede a ayudar de cualquier manera posible en cualquier forma de mediación, y ha pedido al Ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, que cese los ataques y garantice verdaderos corredores humanitarios. La diplomacia vaticana no deja de repetir que nunca es demasiado tarde para iniciar verdaderas negociaciones, y nunca es demasiado tarde para un alto el fuego en una guerra de incalculables consecuencias que corre el riesgo de desembocar en una aterradora escalada bélica.

En las últimas semanas, Francisco ha sido objeto de algunas críticas por parte de quienes esperaban que en sus declaraciones públicas mencionara explícitamente el nombre de Vladimir Putin y de Rusia, como si las palabras del pastor de la Iglesia universal debieran reflejar los dictados de un telediario. Como esto no ocurrió, no se prestó mucha atención a la voz del Papa, ya que sus llamamientos no se correspondían con el deseado cliché del Pontífice como “capellán” de Occidente, dispuesto a alistar a Dios y a bendecir la guerra en su nombre.

Hay quienes han acusado al Papa de “silencio” por no haber nombrado explícitamente a Putin, olvidando que cuando comenzó la guerra, los pontífices nunca llamaron al agresor por su nombre, no por cobardía o exceso de prudencia diplomática, sino para no cerrar la puerta, para dejar siempre un resquicio abierto a la posibilidad de detener el mal y salvar vidas humanas. Incluso San Juan Pablo II, nacido en una nación mártir como Polonia, víctima del nazismo y del comunismo, cuando hubo una guerra en Kosovo en 1999, nunca nombró a los autores de la limpieza étnica, manteniendo siempre un canal de contacto abierto con Serbia. La Santa Sede considera que hay que esforzarse por poner fin a las masacres contra la población albanesa, aunque deplora el dolor y los daños causados por el recurso masivo a los bombardeos de la OTAN. El Papa Wojtyla ni siquiera nombró a los jefes de Estado occidentales que, en 2003, querían hacer la guerra a Irak basándose en informaciones falsas sobre las armas de destrucción masiva. Intentó, en uno u otro caso, detener los atentados, las limpiezas étnicas y las guerras, trató de favorecer la apertura de corredores humanitarios y de que no se dejara piedra sobre piedra para evitar el recurso a las armas. Esto no significa ni ha significado nunca poner al mismo nivel a los agresores y a los agredidos.

Resulta paradójico, por tanto, que olvidemos estas páginas de nuestra historia reciente, queriendo explicar al Obispo de Roma qué palabras “correctas” debe utilizar, después de años de ignorar las palabras que realmente pronunció en innumerables ocasiones, advirtiendo contra la carrera del rearme nuclear, contra el tráfico de armas, contra la guerra y el terrorismo, contra una economía que descarta y mata, contra la destrucción de la creación.

La del Papa es una voz que clama en el desierto. En los nueve años de su pontificado, Francisco ha hablado muchas veces de la Tercera Guerra Mundial que ya está en marcha, aunque sea “a trozos”. Muchas veces ha tronado contra los traficantes de armas, contra la carrera armamentística y contra la guerra. Michele Serra recordó recientemente que “cincuenta bombas atómicas son suficientes para destruir la humanidad. Pero no hay cincuenta bombas atómicas en el mundo. Hay quince mil”. La guerra “destruye”, dijo Francisco en septiembre de 2014 en el memorial militar de Redipuglia en el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, “también destruye lo que Dios ha creado más hermoso: el ser humano”. La guerra lo distorsiona todo, incluso el vínculo entre hermanos. La guerra es una locura, su plan de desarrollo es la destrucción: ¡querer desarrollarse mediante la destrucción!”. En esta profecía, a menudo desoída por los grandes, pero acogida por muchas personas en todo el mundo, Francisco sigue los pasos de sus predecesores del siglo pasado, que como él tuvieron que lidiar con las guerras mundiales, con las guerras en diferentes partes del planeta, con la violencia y el terrorismo.

Entonces, ¿qué puede hacer el Papa, ahora que se dispara y se mata a la gente? “Tal vez nada más que rezar al Señor”, escribió Gianni Valente en días pasados, “implorando el milagro de acortar el dolor de los pobres, de poner fin a la matanza.  Pero si pudiera hacer algo en el plano político y diplomático, sería posible precisamente porque los dirigentes rusos saben que no es un mediador unilateral, un agente camuflado de Occidente, con el que han entrado en un curso de colisión apocalíptico”.

El Sucesor de Pedro no tiene el problema de dar a conocer “de qué lado está”, porque el Vicario de Cristo, como su Señor, está siempre con los inocentes que sufren como Jesús sufrió en la cruz. Cada palabra que dice, cada intento que hace, está dirigido a salvar vidas humanas, a no ceder a la lógica del mal, a combatir el mal con el bien. En el corazón de Europa, en esta guerra sucia que sentimos tan cercana, así como en las periferias del mundo, donde en los últimos años se han librado y se siguen librando guerras olvidadas, con su sombrío recuento diario de muertos, heridos y desplazados, similar al que ahora vemos en Ucrania.

Andrea Tornielli, en vaticannews.va/es

Meditación Domingo 4º Cuaresma (C)

(Cfr. www.almudi.org)

 

La alegría en la cruz

[Jesús] “dijo: «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. «Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta.
«Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!" «Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."»

I. Alégrate, Jerusalén; alegraos con ella todos los que la amáis, gozaos de su alegría..., rezamos en la Antífona de entrada de la Misa: Laetare, Ierusalem...

La alegría es una característica esencial del cristiano, y la Iglesia no deja de recordárnoslo en este tiempo litúrgico para que no olvidemos que debe estar presente en todos los momentos de nuestra vida. Existe una alegría que se pone de relieve en la esperanza del Adviento, otra viva y radiante en el tiempo de Navidad; más tarde, la alegría de estar junto a Cristo resucitado; hoy, ya avanzada la Cuaresma, meditamos la alegría de la Cruz. Es siempre el mismo gozo de estar junto a Cristo: «sólo de Él, cada uno de nosotros puede decir con plena verdad, junto con San Pablo: Me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20). De ahí debe partir vuestra alegría más profunda, de ahí ha de venir también vuestra fuerza y vuestro sostén. Si vosotros, por desgracia, debéis encontrar amarguras, padecer sufrimientos, experimentar incomprensiones y hasta caer en pecado, que rápidamente vuestro pensamiento se dirija hacia Aquel que os ama siempre y que con su amor ilimitado, como de Dios, hace superar toda prueba, llena todos nuestros vacíos, perdona todos nuestros pecados y empuja con entusiasmo hacia un camino nuevamente seguro y alegre».

Este domingo es tradicionalmente conocido con el nombre de Domingo "Laetare", por la primera palabra de la Antífona de entrada. La severidad de la liturgia cuaresmal se ve interrumpida en este domingo que nos habla de alegría. Hoy está permitido que -si se dispone de ellos- los ornamentos del sacerdote sean color rosa en vez de morados, y que pueda adornarse el altar con flores, cosa que no se hace los demás días de Cuaresma.

La Iglesia quiere recordarnos así que la alegría es perfectamente compatible con la mortificación y el dolor. Lo que se opone a la alegría es la tristeza, no la penitencia. Viviendo con hondura este tiempo litúrgico que lleva hacia la Pasión -y por tanto hacia el dolor-, comprendemos que acercarnos a la Cruz significa también que el momento de nuestra Redención se acerca, está cada vez más próximo, y por eso la Iglesia y cada uno de sus hijos se llenan de alegría: Laetare, alégrate, Jerusalén, y alegraos con ella todos los que la amáis .

La mortificación que estaremos viviendo estos días no debe ensombrecer nuestra alegría interior, sino todo lo contrario: debe hacerla crecer, porque nuestra Redención se acerca, el derroche de amor por los hombres que es la Pasión se aproxima, el gozo de la Pascua es inminente. Por eso queremos estar muy unidos al Señor, para que también en nuestra vida se repita, una vez más, el mismo proceso: llegar, por su Pasión y su Cruz, ala gloria y a la alegría de su Resurrección.

II. Alegraos siempre en el Señor, otra vez os digo: alegraos. Con una alegría que es equivalente a felicidad, a gozo interior, y que lógicamente también se manifiesta en el exterior de la persona.

«Como es sabido, existen diversos grados de esta "felicidad". Su expresión más noble es la alegría o "felicidad" en sentido estricto, cuando el hombre, a nivel de sus facultades superiores, encuentra la satisfacción en la posesión de un bien conocido y amado (...). Con mayor razón conoce la alegría y felicidad espiritual cuando su espíritu entra en posesión de Dios, conocido y amado como bien supremo e inmutable». Y continúa diciendo Pablo VI: «La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría. Porque la alegría tiene otro origen: es espiritual. El dinero, el "confort", la higiene, la seguridad material, no faltan con frecuencia; sin embargo, el tedio, la aflicción, la tristeza, forman parte, por desgracia, de la vida de muchos».

El cristiano entiende perfectamente estas ideas expresadas por el Romano Pontífice. Y sabe que la alegría surge de un corazón que se siente amado por Dios y que a su vez ama con locura al Señor. Un corazón que se esfuerza además para que ese amor a Dios se traduzca en obras, porque sabe -con el refrán castellano- que «obras son amores y no buenas razones». Un corazón que está en unión y en paz con Dios, pues, aunque se sabe pecador, acude a la fuente del perdón: Cristo en el sacramento de la Penitencia.

Al ofrecerte, Señor, en la celebración gozosa del domingo, los dones que nos traen la salvación, te rogamos nos ayudes... Los sufrimientos y las tribulaciones acompañan a todo hombre en la tierra, pero el sufrimiento, por sí solo, no transforma ni purifica; incluso puede ser causa de rebeldía y de desamor. Algunos cristianos se separan del Maestro cuando llegan hasta la Cruz, porque ellos esperan la felicidad puramente humana, libre de dolor y acompañada de bienes naturales.

El Señor nos pide que perdamos el miedo al dolor, a las tribulaciones, y nos unamos a Él, que nos espera en la Cruz. Nuestra alma quedará más purificada, nuestro amor más firme. Entonces comprenderemos que la alegría está muy cerca de la Cruz. Es más, que nunca seremos felices si no nos unimos a Cristo en la Cruz, y que nunca sabremos amar si a la vez no amamos el sacrificio. Esas tribulaciones, que con la sola razón parecen injustas y sin sentido, son necesarias para nuestra santidad personal y para la salvación de muchas almas. En el misterio de la corredención, nuestro dolor, unido a los sufrimientos de Cristo, adquiere un valor incomparable para toda la Iglesia y para la humanidad entera. El Señor nos hacer ver, si acudimos a Él con humildad, que todo -incluso aquello que tiene menos explicación humana- concurre para el bien de los que aman a Dios. El dolor, cuando se le da su sentido, cuando sirve para amar más, produce una íntima paz y una profunda alegría. Por eso, el Señor en muchas ocasiones bendice con la Cruz.

Así hemos de recorrer «el camino de la entrega: la Cruz a cuestas, con una sonrisa en tus labios, con una luz en tu alma».

III. El cristiano se da a Dios y a los demás, se mortifica y se exige, soporta las contrariedades... y todo eso lo hace con alegría, porque entiende que esas cosas pierden mucho de su valor si las hace a regañadientes: Dios ama al que da con alegría. No nos tiene que sorprender que la mortificación y la penitencia nos cuesten; lo importante es que sepamos encaminarnos hacia ellas con decisión, con la alegría de agradar a Dios, que nos ve. «"¿Contento?" -Me dejó pensativo la pregunta.

»-No se han inventado todavía las palabras, para expresar todo lo que se siente -en el corazón y en la voluntad- al saberse hijo de Dios». Quien se siente hijo de Dios, es lógico que experimente ese gozo interior.

La experiencia que nos transmiten los santos es unánime en este sentido. Bastaría recordar la confidencia que hace el apóstol San Pablo a los de Corinto: ... estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones. Y conviene recordar que la vida de San Pablo no fue fácil ni cómoda: Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas; una vez fui lapidado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé náufrago en alta mar; en mis frecuentes viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, en frecuentes ayunos, con frío y desnudez. Pues bien, con todo lo que acaba de enumerar, San Pablo es veraz cuando nos dice: estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones. Tenemos cerca la Semana Santa y la Pascua, y por tanto el perdón, la misericordia, la compasión divina, la sobreabundancia de la gracia. Unas jornadas más, y el misterio de nuestra salud quedará consumado. Si alguna vez hemos tenido miedo a la penitencia, a la expiación, llenémonos de valor, pensando en que el tiempo es breve y el premio grande, sin proporción con la pequeñez de nuestro esfuerzo. Sigamos con alegría a Jesús, hasta Jerusalén, hasta el Calvario, hasta la Cruz. Además, «¿no es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales?».

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal

 

Homilía Domingo 4º Cuaresma (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 

(Jos 5,9a.10-12) "Hoy os he despojado del oprobio de Egipto"
(2 Cor 5,17-21)  "Os pedimos que os reconciliéis con Cristo"
(Lc 15,1-3.11-32) "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo"

 Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

Acabamos de escuchar uno de esos relatos evangélicos que nos hablan de la benevolencia de Dios con sus hijos y son como un bálsamo para el corazón dolido por el vergonzoso comportamiento con nuestro Dios. Uno de esos relatos que, una vez oído, ya no se pueden olvidar y que deben ser considerados a solas muchas veces porque su riqueza espiritual es inmensa.

Detengamos la mirada en el Padre que Jesús nos ha revelado. "Cuando todavía estaba lejos (el hijo menor), su padre lo vio". "El padre esperaba al hijo, estaba ansioso por él. No sólo le perdona su cruel insistencia en reclamarle derechos: "Dame la parte de la herencia que me corresponde". Sino que lo ama hasta el extremo de quererlo a su lado de nuevo. Cuando, por fin, el hijo aparece en el horizonte, de ningún modo piensa en castigarle... Se diría que no le interesa la sumisión del hijo perdido ni su autoacusación y humillación que podrían parecer obligadas por razones de pedagogía y orden. Al contrario, corre a su encuentro, se le echa al cuello y le besa. Le hace ponerse el traje mejor, un anillo en el dedo y calzado en los pies; y ordenan que maten el ternero cebado a fin de celebrar la fiesta. El Padre es así; así nos lo muestra Jesús. Para cada uno de nosotros es el Tú que siempre espera y siempre está dispuesto a abrirnos sus brazos de Padre, sea lo que fuere lo sucedido" (Juan Pablo II).

La alegría del Padre por el retorno del hijo menor nos humedece los ojos. Pero, ¿y el comportamiento con el mayor, no es conmovedor también? Al volver de su trabajo y ver la fiesta, el banquete, la música, por el regreso de su hermano se irrita y no quiere participar en la fiesta. Piensa, tal vez, que su fidelidad no ha sido valorada y es víctima de un agravio comparativo y critica a su padre de modo insolente. Con una ternura inmensa se dirige también a él el Padre: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado" ¡Deberías alegrarte! ¡Qué distinto es Dios de nosotros! Si el corazón tiene razones que la mente no comprende, decía Pascal, ¿no sentimos latir aquí el Corazón de Dios? Es un alivio ver que el Padre no se incomoda con estos dos hijos en quienes estamos retratados todos, sino que razona con el mayor cuando no entiende el sacrificio que el servicio de Dios comporta y perdona al menor sus locuras.

Somos gente intensamente querida, amadas con esa verdad con la que sólo el Absoluto puede hacerlo. Vigilemos para que este amor tan desproporcionado como gratuito no se convierta en pasaporte para la impunidad. ¡Cuánta gente que tranquiliza su conciencia diciéndose frívolamente: Dios es muy bueno! Dios es Padre. La Sagrada Escritura desenmascara esta indulgencia desordenada así: "Si yo soy vuestro Padre, ¿donde está mi honra?, y si soy el Señor, ¿donde está el honor que me debéis?" (Mal 1,6). Recordemos que en el hijo menor la experiencia de la bondad del Padre coincide con el conocimiento de sí mismo, el arrepentimiento y la conversión. Preparémonos a la Pascua que se avecina con una sincera Confesión.

19 marzo 2022

PELICULA DE LA SEMANA (18 Mar): Código Emperador

 (Cfr. www.estrenosdecine.online)

 

 

Ficha técnica

Código Emperador

Código Emperador

Imdb: -/-| Rotten Tomatoes: -/- | Filmaffinity: -/-

Título original: Código Emperador

Fecha de Estreno: 18 de marzo de 2022 | Duración: 1h 44min

Película | Género: Thriller, Hechos reales

Director: Jorge Coira

Reparto: Luis Tosar, Alexandra Masangkay, Georgina Amorós, Miguel Rellán, Laura Domínguez, María Botto, Arón Piper, Denis Gómez.

Nacionalidad: España | Fuente (siempre que se pueda, a la página de wikipedia de la peli, y si no, al sitio oficial)

Sinopsis

Para tener acceso al chalet de una pareja implicada en el tráfico de armas, un agente de los servicios secretos se acerca a la asistenta que vive en la casa. En paralelo, efectúa otros trabajos “no oficiales” para proteger los intereses de las élites más poderosas. En particular, investiga a un político de biografía aparentemente intachable.


6/10

Revolviendo en la basura

Con una larga trayectoria televisiva, el lucense Jorge Coira abandona en este largometraje su Galicia natal para reencontrarse con Luis Tosar y ofrecer un thriller político a partir de un guion escrito por Jorge Guerricaechevarría. Una historia compleja que tiene como protagonista a Juan, un tipo de mediana edad que trabaja de manera no oficial para los servicios secretos. Forma parte de un departamento al servicio del poder establecido.

A las órdenes de un jefe al servicio de los de arriba –Miguel Rellán-, lo mismo rebusca en los secretos de turno de un político en ascenso que sigue la pista a narcos o a traficantes de armas. En esta ocasión mantiene dos líneas de investigación de forma paralela. Por una parte, debe introducirse en un chalet cuyos propietarios parecen vinculados con la compraventa de armamento; por otro, se le ha encargado hallar lagunas en la biografía del joven Ángel González -Denis Gómez-, que ansía subir en el escalafón de su partido.

Métodos deleznables al servicio del poder

Para lograr su objetivo no importa que recurra a métodos execrables y siempre injustificados. Revuelve en la basura todo lo que puede con el fin de alcanzar sus objetivos. En el caso de la vivienda unifamiliar, situada en una zona exclusiva del norte de Madrid, se acerca a Wendy -Alexandra Masangkay-, una empleada de hogar filipina con la que llega a intimar. Al principio, partiendo de un subterfugio, aunque paulatinamente ambos personajes solitarios muestran que tienen más puntos en común de lo deseado, incluidas sus respectivas pasiones.

Para tener pillado al político Ángel González, felizmente casado, también recurre a una serie de acciones que se sitúan fuera de la propia ley que él debiera defender. La única falla del investigado es un perfil falso en Internet y por ello extorsiona a Marta -Georgina Amorós-, hija de un popular actor para que se lo lleve a la cama. Juan no duda en utilizar sofisticados sistemas de escucha y mini cámaras ubicadas con precisión para obtener pruebas audiovisuales de sus pesquisas. Lo almacena en una carpeta llamada Emperador.

Se funden las dos líneas de investigación

Aparentemente, real como la vida misma. Las élites más poderosas tienen a su disposición medios tendentes a poseer un informe completo de todas las personas que deseen para utilizarlo en el momento que estimen oportuno. De ahí que se incluyan sendas secuencias en Budapest y Centroamérica que son explícitas, aunque bien se podrían haber ahorrado. Pone los pelos de punta pensar que iniciativas de ese tipo están a la orden del día y estamos a merced de gente sin escrúpulos que utiliza estructuras oficiales para su propio beneficio.

La propuesta cinematográfica entretiene a la vez que se vuelve farragosa. El espectador puede que no tenga demasiado clara la línea que separa las dos líneas de investigación del personaje central. La puesta en escena es más televisiva que cinematográfica y técnicamente es mejorable. Se luce más en las relaciones de pareja, especialmente la formada por los personajes de Luis Tosar y Alexandra Masangkay. El actor cumple con un personaje que no le requiere mayores esfuerzos y ella reina a lo largo de todo el metraje.

Al margen de ello, casi todo en la película es manifiestamente mejorable por mucho que la historia apenas decaiga y se siga con interés. Al final, da la sensación de que se ha dejado escapar una buena ocasión para presentar un thriller político valioso y realista. La mayoría de personajes necesitarían reforzarse debido a que se plantean situaciones que no se desarrollan convenientemente. Había mimbres suficientes y el resultado, aunque satisfactorio en su conjunto, debería haber alcanzado metas más elevadas.

18 marzo 2022

La ancianidad, recurso para la juventud despreocupada

 (Cfr. www.almudi.org)

 

 

La especial sensibilidad de los viejos, de la vejez por las atenciones, pensamientos y afectos que nos hacen humanos, debe volver a ser vocación para muchos

El relato bíblico –con el lenguaje simbólico de la época en que fue escrito– nos dice algo impresionante: Dios estaba tan amargado por la maldad generalizada de los hombres, convertida en una forma normal de vida, que pensó haberse equivocado al crearlos y decidió eliminarlos. Una solución radical. Incluso podría parecer algo paradójico a la misericordia. No más humanos, no más historia, no más juicio, no más condena. Y muchas víctimas predestinadas a la corrupción, la violencia, la injusticia serían salvadas para siempre.

¿No nos sucede a veces también a nosotros –abrumados por una sensación de impotencia frente al mal o desmoralizados por los “profetas del mal”– pensar que era mejor no haber nacido? ¿Deberíamos dar crédito a ciertas teorías recientes, que denuncian a la especie humana como un daño evolutivo a la vida en nuestro planeta? ¿Es todo negativo? No.

De hecho, estamos bajo presión, expuestos a tensiones opuestas que nos confunden. Por un lado, tenemos el optimismo de una eterna juventud, exaltado por los extraordinarios avances de la tecnología, que pinta un futuro lleno de máquinas más eficientes e inteligentes que nosotros, que curarán nuestros males y pensarán por nosotros las mejores soluciones para no morir: el mundo del robot. Por otro lado, nuestra fantasía parece cada vez más centrada en la representación de una catástrofe final que nos extinguirá. Lo que pasa con una posible guerra atómica. El “día después” de esto –si seguimos aquí, días y seres humanos– tendremos que empezar de cero. Destruir todo para recomenzar de cero. No quiero hacer banal el progreso, por supuesto. Pero parece que el símbolo del diluvio vaya ganando terreno en nuestro inconsciente. La pandemia actual, además, pone en riesgo considerable nuestra representación despreocupada de las cosas que importan, para la vida y su destino.

En el relato bíblico, cuando se trata de salvar la vida de la tierra de la corrupción y del diluvio, Dios confía la empresa a la fidelidad del más anciano de todos, el “justo” Noé. ¿La vejez salvará al mundo?, me pregunto. ¿En qué sentido? ¿Y cómo salvará al mundo la vejez? ¿Y cuál es el horizonte? ¿La vida después de la muerte o simplemente supervivencia hasta el diluvio?

Una palabra de Jesús, que evoca “los días de Noé”, nos ayuda a profundizar en el sentido de la página bíblica que hemos escuchado. Jesús, hablando de los últimos tiempos, dice: “Como sucedió en los días de Noé, así será en los días del Hijo del hombre: comieron, bebieron, tomaron mujer, tomaron marido, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el día del diluvio y los hizo morir a todos” (Lc 17,26-27). De hecho, comer y beber, tomar esposa y esposo, son cosas muy normales y no parecen ser ejemplos de corrupción. ¿Dónde está la corrupción? ¿Dónde estaba la corrupción allí? En realidad, Jesús subraya que el ser humano, cuando se limita a disfrutar de la vida, pierde hasta la percepción de la corrupción, que mortifica su dignidad y envenena su sentido. Cuando se pierde la percepción de la corrupción, y la corrupción se convierte en algo normal: ¡todo tiene su precio, todo! Se compran, se venden opiniones, actos de justicia… Esto, en el mundo de los negocios, en el mundo de muchas profesiones, es común. Y experimentan despreocupadamente la corrupción, como si fuera parte de la normalidad del bienestar humano. Cuando vas a hacer algo y la cosa es lenta, ese proceso es un poco lento, cuántas veces escuchas a la gente decir: “Pero, si me das un sobre, acelero esto”. Muchas veces. “Dame algo y te lo acelero”. Todos lo sabemos bien. El mundo de la corrupción parece parte de la normalidad del ser humano; y eso es malo. Esta mañana hablé con un señor que me contó de este problema en su tierra. Los bienes de la vida se consumen y disfrutan sin preocuparse por la calidad espiritual de la vida, sin cuidar el hábitat de la casa común. Todo se explota, sin preocuparse por el castigo y degradación que sufren muchos, y ni siquiera por el mal que envenena a la comunidad. Mientras la vida normal pueda estar llena de “bienestar”, no queremos pensar en lo que la vacía de justicia y amor. “¡Pero yo estoy bien! ¿Por qué tengo que pensar en problemas, guerras, miserias humanas, en cuánta pobreza, en cuánta maldad? No, yo estoy bien. No me importan los demás”. Ese es el pensamiento inconsciente que nos lleva a vivir en un estado de corrupción.

¿Puede la corrupción volverse normal, me pregunto? Hermanos y hermanas, desgraciadamente sí. Se puede respirar el aire de la corrupción como se respira el oxígeno. “Pero eso es normal; si quieres que haga esto de prisa, ¿cuánto me das?”. ¡Es normal! Es normal, pero es malo, ¡no es bueno! ¿Qué le allana el camino? Una cosa: la despreocupación que apunta sólo al cuidado de uno mismo: ese es el paso que abre la puerta a la corrupción que hunde la vida de todos. La corrupción se beneficia mucho de esa mala indolencia. Cuando una persona está bien con todo y no se preocupa por los demás: esta ligereza ablanda nuestras defensas, nubla nuestra conciencia y nos convierte –incluso involuntariamente– en cómplices. Porque la corrupción no siempre va sola: una persona siempre tiene cómplices. Y la corrupción siempre se propaga, se extiende.

La vejez está en condiciones de captar el engaño de esta normalización de una vida obsesionada por el goce y vacía de interioridad: vida sin pensamiento, sin sacrificio, sin interioridad, sin belleza, sin verdad, sin justicia, sin amor: todo eso es corrupción. La especial sensibilidad de los viejos, de la vejez por las atenciones, pensamientos y afectos que nos hacen humanos, debe volver a ser vocación para muchos. Y será una elección de amor de los mayores hacia las nuevas generaciones. Seremos nosotros los que demos la alarma, la alerta: “Cuidado, esto es corrupción, no te lleva a nada”. La sabiduría de los viejos se muy necesario hoy para ir contra la corrupción. Las nuevas generaciones esperan de nosotros los viejos, de nosotros los ancianos una palabra que es profecía, que abre puertas a nuevas perspectivas fuera de este mundo indiferente a la corrupción, a la costumbre de corromper las cosas. La bendición de Dios elige la vejez, por este carisma tan humano y humanizador. ¿Qué sentido tiene mi vejez? Cada uno de nosotros, los viejos, podemos preguntarnos. El sentido es este: ser un profeta de la corrupción y decir a los demás: “¡Detente, yo fui por ese camino y no te lleva a ninguna parte! Ahora te cuento mi experiencia”. Los ancianos debemos ser profetas contra la corrupción, como Noé fue el profeta contra la corrupción de su tiempo, porque era el único en quien Dios confiaba. Os pregunto a todos –y también me pregunto a mí–: ¿está abierto mi corazón para ser un profeta contra la corrupción de hoy? Hay algo malo, cuando los ancianos no han madurado y envejecen con los mismos hábitos corruptos de los jóvenes. Pensemos en el relato bíblico de los jueces de Susana: son el ejemplo de una vejez corrupta. Y nosotros, con una vejez así, no seríamos capaces de ser profetas para las jóvenes generaciones.

Y Noé es el ejemplo de esa vejez generativa: no es corrupta, es generativa. Noé no predica, no se queja, no recrimina, sino que cuida el futuro de la generación que está en peligro. Los mayores tenemos que cuidar a los jóvenes, a los niños que están en peligro. Él construye el arca de la acogida y deja entrar a hombres y animales. En el cuidado de la vida, en todas sus formas, Noé cumple el mandato de Dios repitiendo el gesto tierno y generoso de la creación, que en realidad es el pensamiento mismo que inspira el mandato de Dios: una nueva bendición, una nueva creación (cfr. Gn 8,15-9,17). La vocación de Noé siempre es actual. El santo patriarca aún debe interceder por nosotros. Y nosotros, mujeres y hombres de cierta edad –por no decir viejos, porque algunos se ofenden– no olvidemos que tenemos la posibilidad de la sabiduría, de decir a los demás: “Mira, ese camino de corrupción no lleva a ninguna parte”. Debemos ser como el buen vino que al final cuando envejece puede dar un buen mensaje y no uno malo.

Hago un llamamiento hoy a todas las personas que tienen cierta edad, por no decir viejos. Atentos: tenéis la responsabilidad de denunciar la corrupción humana en la que vivimos y en la que continúa esa forma de vida del relativismo, totalmente relativa, como si todo fuera lícito. Adelante. El mundo precisa, necesita jóvenes fuertes, que salgan adelante, y viejos sabios. Pidamos al Señor la gracia de la sabiduría.

P.P. Francisco, vaticannews.va/es

Meditación Domingo 3º Cuaresma (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 

Aborrecer el pecado

“Escuchad otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta” (Mateo 21,33-34.45-46).

I. La liturgia de estos días nos acerca poco a poco al misterio central de la Redención. El Señor vino a traer la luz al mundo, enviado por el Padre: vino a su casa y los suyos no le recibieron (Juan 1, 11)... Así hicieron con el Señor: lo sacaron fuera de la ciudad y lo crucificaron. Los pecados de los hombres han sido la causa de la muerte de Jesucristo. Todo pecado está relacionado íntima y misteriosamente con la Pasión de Jesús. Sólo reconoceremos la maldad del pecado si, con la ayuda de la gracia, sabemos relacionarlo con el misterio de la Redención. Sólo así podremos purificar de verdad el alma y crecer en contrición de nuestras faltas y pecados. La conversión que nos pide el Señor, particularmente en esta Cuaresma, debe partir de un rechazo firme de todo pecado y de toda circunstancia que nos ponga en peligro de ofender a Dios. Y así lo haremos, por la misericordia divina, con la ayuda de la gracia.

II. El esfuerzo de conversión personal que nos pide el Señor debemos ejercitarlo todos los días de nuestra vida, pero en determinada épocas y situaciones –como es la Cuaresma- recibimos especiales gracias que debemos aprovechar. Para comprender mejor la malicia del pecado debemos contemplar lo que Jesucristo sufrió por los nuestros. El Señor nos ha llamado a la santidad, a amar con obras, y de la postura que se adopte ante el pecado venial deliberado depende el progreso de nuestra vida interior, pues los pecados veniales, cuando no se lucha por evitarlos o no hay contrición después de cometerlos, producen un gran daño en el alma, volviéndola insensible a las mociones del Espíritu Santo. Debilitan la vida de la gracia, hacen más difícil el ejercicio de las virtudes, y disponen al pecado mortal. En la lucha decidida contra todo pecado demostraremos nuestro amor al Señor. Le pedimos a Nuestra Madre su ayuda.

III. Para afrontar decididamente la lucha contra el pecado venial es preciso reconocerlo como tal, como ofensa a Dios que retrasa la unión con Él. Es preciso llamarlo por su nombre. Debemos pedir al Espíritu Santo que nos ayude a reconocer con sinceridad nuestras faltas y pecados, a tener una conciencia delicada, que pide perdón y no justifica sus errores. Fomentemos un sincero arrepentimiento de nuestros pecados y luchemos por quitar toda rutina al acercarnos al sacramento de la Misericordia divina. La Virgen, refugio de los pecadores nos ayudará a tener una conciencia delicada para amar a su Hijo y a todos los hombres, a ser sinceros en la Confesión y a arrepentirnos de nuestras pecados con prontitud.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.



Homilía Domingo 3º Cuaresma (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 


(Ex 3,1-8a.13-15) "Soy el que soy"
(1 Cor 10,1-6.10-12) "El que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga"
(Lc 13,1-9) "Si no os convertís, todos pereceréis"

Homilía con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía en el “Metro Centro” de San Salvador (6-III-1983)

 

 

--- El pecado, la raíz del mal

El cristiano cree en el triunfo de la vida sobre la muerte. Por eso la Iglesia, comunidad pascual del Resucitado, proclama siempre al mundo: “No busquéis entre los muertos al que vive” (Lc 24,5). Por eso halla en Él, en Cristo, el secreto de su energía y esperanza. En Él, que es “Príncipe de la Paz” (Is 9,6), que ha derribado los muros de la enemistad y ha reconciliado mediante su cruz a los pueblos divididos (cfr. Ef. 2,16).

Herida la humanidad por el pecado, fue desgarrada nuestra unidad interior. Alejándose de la amistad de Dios, el corazón del hombre se volvió zona de tormentas, cambio de tensiones y de batallas. De ese corazón dividido vienen los males a la sociedad y al mundo. Este mundo, escenario para el desarrollo del hombre, padece la contaminación del “misterio de la iniquidad” (cfr. Gaudium et spes, 103; cf. 2 Tes 2,7).

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, con definida vocación de trascendencia, de búsqueda de Dios y de fraterna relación con los demás, atormentado y dividido en sí mismo, se aleja de sus semejantes.

Y sin embargo, no es el plan original de Dios que el hombre sea enemigo, lobo para el hombre, sino su hermano. El designio de Dios no revela la dialéctica del enfrentamiento, sino la del amor que todo lo hace nuevo. Amor sacado de esa roca espiritual que es Cristo, como nos indica el texto de la epístola de esta Misa (cfr.1 Cor 10,4).

--- La Cruz de Cristo sobre el mal

Si Dios nos hubiera abandonado a nuestras propias fuerzas, tan limitadas y volubles, no tendríamos razones para esperar que la humanidad viva como familia, como hijos de un mismo Padre. Pero Dios se nos ha acercado definitivamente en Jesús; en su cruz experimentamos la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio. La cruz antes símbolo de afrenta y amarga derrota, se vuelve manantial de vida.

Desde la cruz mana a torrentes el amor de Dios que perdona y reconcilia. Con la sangre de Cristo podemos vencer al mal con el bien. El mal que penetra en los corazones y en las estructuras sociales. El mal de la división entre los hombres, que han sembrado el mundo con sepulcros con las guerras, con esa terrible espiral del odio que arrasa, aniquila en forma tétrica e insensata.

El perdón de Cristo despunta como una nueva alborada, como un nuevo amanecer. Es la nueva tierra, “buena y espaciosa”, hacia la que Dios nos llama, como hemos leído antes en el libro del Éxodo (Ex 3,8). Esa tierra en la que debe desaparecer la opresión del odio y dejar el puesto a los sentimientos cristianos: “Revestios, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros” (Col 3,12).

--- El perdón

El amor redentor de Cristo no permite que nos encerremos en la prisión del egoísmo que se niega al auténtico diálogo, desconoce los derechos de los demás y los clasifica en la categoría de enemigo que hay que combatir.

Es el momento de escuchar la invitación del Evangelio de este domingo: “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (Lc 13,3.5). Sí, convertirse y cambiar de conducta, porque -como hemos escuchado en el Salmo responsorial- Yavé “hace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos” (Sal 102,6). Por eso el cristiano sabe que todos los pecadores pueden ser rescatados: que el rico -despreocupado, injusto, complacido en la egoísta posesión de sus bienes- puede y debe cambiar de actitud; que quien acude al terrorismo, puede y debe cambiar.

El sermón de la montaña es la carta magna del cristiano: “Bienaventurados los artesanos de la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).

11 marzo 2022

PELICULA DE LA SEMANA (11 Mar): Cyrano

 (Cfr. www.filmaffinity.es)

 

Cyrano

Título original
Cyrano
Año
Duración
123 min.
País
Reino Unido Reino Unido
Dirección
Guion
Erica Schmidt. Obra: Edmond Rostand
Música
Aaron Dessner, Bryce Dessner
Fotografía
Seamus McGarvey
Reparto
Productora
Coproducción Reino Unido-Estados Unidos;
Working Title Films, Metro-Goldwyn-Mayer, Mestiere Cinema. Distribuidora: United Artists Releasing
Género
Musical. Drama. Romance | Biográfico. Siglo XVII
Grupos
Adaptaciones de Edmond Rostand
Sinopsis
Película que narra la vida de Cyrano de Bergerac, novelista y dramaturgo francés del siglo XVII.
Premios
2021: Premios Oscar: Nominada a mejor vestuario
2021: Globos de Oro: Nominada a mejor película - comedia y actor (Peter Dinklage)
2021: Premios BAFTA: 4 nominaciones, incluyendo mejor film británico
2021: Critics Choice Awards: Nominada a mejor actor (Peter Dinklage)
2021: Satellite Awards: 3 nominaciones, incluyendo mejor película comedia o musical
Críticas