Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

18 febrero 2022

LIBRO DE LA SEMANA (18 Feb): Una historia ridícula

 (Cfr. www.todostuslibros.com)

 

Una historia ridícula

«Una obra maestra… hija de un prestidigitador, un mago de la palabra. Una fiesta de la inteligencia, y de la sabiduría. Hasta dónde puede llegar Landero si sigue así.» José M. Pozu...
Editorial:
Tusquets Editores
Colección:
Andanzas
Encuadernación:
Tapa blanda o Bolsillo
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Castellano
Idioma original :
Castellano
ISBN:
978-84-1107-069-0
EAN:
9788411070690
Dimensiones:
225 x 148 mm.
Peso:
414 gramos
Nº páginas:
288
Fecha publicación :
02-02-2022
 
Sinopsis

Sinopsis de: "Una historia ridícula"

«Una obra maestra… hija de un prestidigitador, un mago de la palabra. Una fiesta de la inteligencia, y de la sabiduría. Hasta dónde puede llegar Landero si sigue así.» José M. Pozuelo Yvancos, Abc Cultural

«El autor de Lluvia fina o El huerto de Emerson asciende en su maestría.» Juan Cruz, El Periódico

 «Landero está en estado de gracia. Lo ratifica con una de sus novelas mayores.» Antón Castro, Heraldo de Aragón

 «El gran escritor extremeño regresa con una de sus mejores criaturas, y una prosa vivaz, armónica y rítmica. Un título imprescindible.» Concha D'Olhaberriague, El Imparcial

 «Qué bien sabe Landero cerrar una novela cuyo inolvidable clímax apoteósico ha conducido al lector magistralmente. Extraordinaria. Otra vez.» Ricardo Baixeras, El Periódico

 «Landero vuelve a demostrar su gran talento para bordar una historia entrañable y lúcida escrita con una prosa envidiable... Destila irónica ternura y un tono entre desinhibido y resignado. Landero ha acertado una vez más.» Jesús Ferrer, La Razón

 «Landero regresa a la ficción más voluptuosa y total... El Landero más poderoso en su figura más secretamente vulnerable, el Landero más firme en su personaje más descreído.» Juan Marqués, La Lectura (El Mundo)

Marcial es un hombre exigente, con don de palabra, y orgulloso de su formación autodidacta. Un día se encuentra con una mujer que no solo le fascina, sino que reúne todo aquello que le gustaría tener en la vida: buen gusto, alta posición, relaciones con gente interesante. Él, que tiene un alto concepto de sí mismo, es de hecho encargado en una empresa cárnica. Ella, que se ha presentado como Pepita, es estudiosa del arte y pertenece a una familia adinerada. Marcial necesita contarnos su historia de amor, el despliegue de sus talentos para conquistarla, su estrategia para desbancar a los otros pretendientes y sobre todo qué ocurrió cuando fue invitado a una fiesta en casa de su amada.
 
 
 

 

PELICULA DE LA SEMANA (18 Feb): Muerte en el Nilo

 (Cfr. www.filmaffinity.com)

 

 

Muerte en el Nilo

remake de

Título original
Death on the Nile
Año
Duración
127 min.
País
Estados Unidos Estados Unidos
Dirección
Guion
Michael Green. Novela: Agatha Christie
Música
Patrick Doyle
Fotografía
Haris Zambarloukos
Reparto
Productora
The Estate of Agatha Christie, 20th Century Studios. Distribuidora: 20th Century Studios
Género
Drama. Intriga | Crimen
Grupos
Adaptaciones de Agatha Christie | Hércules Poirot
Sinopsis
Basada en la novela de 1937 de Agatha Christie, Muerte en el Nilo es un fascinante thriller de misterio dirigido por Kenneth Branagh sobre el caos emocional y las consecuencias letales que provocan los amores obsesivos. Las vacaciones egipcias del detective belga Hércules Poirot a bordo de un glamuoroso barco de vapor se convierten en la aterradora búsqueda de un asesino cuando la idílica luna de miel de una pareja perfecta se ve truncada de la forma más trágica. (FILMAFFINITY)
Críticas

¿Quiém engañó a los millenials?

 (Cfr. www.almudi.org)


Formamos parte del mundo, y en el mundo no hay trascendencia ni garantías. Hay, eso sí, cuentos

La semana pasada se publicó una entrevista interesante en S Moda, la revista de El País sobre moda, tendencias, feminismo, estilo de vida y muchas otras cosas que vienen a significar lo mismo. La entrevista abría con este titular: Los mileniales se han dado cuenta de que la meritocracia no existe y no importa lo duro que trabajes.

La pieza es interesante en sí misma, pero además es actual porque en las últimas semanas ha aumentado la cantidad de investigaciones, artículos y conversaciones en torno a la meritocracia. Es sin duda uno de los conceptos de moda para este otoño, y complementa al otro gran debate del año, ese que mezcla la nostalgia, la precariedad y las guerras generacionales para dibujar un jardín-laberinto del que es muy difícil salir y en el que también es difícil entrar, si uno intenta conducirse con prudencia.

En la entrevista habla Anne Helen Petersen, una periodista milenial que al parecer ha tenido mucho éxito con un ensayo sobre los fracasos de su generación. Antes de empezar con las preguntas, la revista destaca esta idea a modo de presentación: “Petersen viene a decirnos que en esta epidemia del cansancio el culpable no eres tú, es el sistema”. Y claro, cómo no va a tener éxito alguien que les dice a los mileniales que las culpas de sus fracasos las tiene otro. La autora sostiene que son la generación que “ha derribado el mito de la meritocracia”. Se han dado cuenta de que no importa cuán duro trabajen, dice, de que a pesar de haber ido a buenos colegios o de haberse esforzado, nada de eso garantiza el éxito. Llama la atención que hayan tardado tanto tiempo en darse cuenta de algo tan obvio y tan viejo.

La promesa de que tendríamos una vida plena y fácil, y sobre todo la promesa de que la tendríamos porque la merecíamos, no vino de nuestros padres sino de nuestra propia ingenuidad

La periodista se hace una pregunta importante: “¿Quién nos dijo que éramos especiales? (...) Si nuestros abuelos y padres nos dijeron que éramos tan especiales y válidos, ¿por qué yo no tengo esta vida tan única y perfecta que debería alcanzar después de haber hecho todo lo que precisamente me pidieron que hiciera?”

Y ahí es donde se observa el gran salto generacional. ¿Nuestros padres mintieron? No, hombre. Sencillamente, nuestra generación hizo más caso a las tazas de Señor Maravilloso que a la experiencia de sus padres y abuelos. A muchos nos dijeron que teníamos que esforzarnos y que teníamos que intentar hacer bien las cosas, sí; eso era todo. Lo otro, la promesa de que tendríamos una vida plena y fácil, y sobre todo la promesa de que la tendríamos porque la merecíamos, no vino de nuestros padres sino de nuestra propia ingenuidad, alimentada por los grandes almacenes de los derechos expansivos y de las reflexiones a precio de saldo.

Orwell y Camus, el mejor periodista y el mejor moralista del siglo XX, nacieron pobres, crecieron enfermos y murieron a los 46 años. Nadie diría que vivieron poco o mal, nadie diría que tuvieron una vida perfecta. Nuestra generación está cansada de los fracasos personales y de una vida insatisfactoria, pero hay más razones para estar cansado de las lamentaciones semanales de gente que se creyó un cuento que no resistía ni cuatro páginas de cualquier clásico. La vida es difícil, lo normal es ser mediocre y es inútil pensar que merecemos algo mejor. Todo lo demás es un cuento. Y hoy podemos ver cómo será la siguiente edición, ampliada y revisada: no es sólo que si estudias tendrás éxito, sino que además puedes estudiar lo que sea, lo que te guste; puedes estudiar con mucho o poco esfuerzo, lo que importa es la experiencia. La educación es lo que tú quieras, el éxito es un derecho y la realidad es una construcción social. Pero la realidad existe, y en realidad todo es mucho más sencillo y más gris. Formamos parte del mundo, y en el mundo no hay trascendencia ni garantías. Hay, eso sí, cuentos. Unos son socialmente útiles, otros proporcionan consuelo o sentido y otros son engaños que conducen a la frustración.

En la primera respuesta de la entrevista, Petersen habla de la presión que tiene que sufrir nuestra generación, expuesta al horror de los likes en las redes sociales:

Nuestros padres, abuelos y tatarabuelos pasaron penurias como la guerra, enfermedades, trabajo físico muy intenso y multitudes de factores que les llevan a decirnos: “No tienes ni idea de lo duro que fue esto, tú lo has tenido más fácil”. Aquí nadie niega que la vida lo sea ahora en muchos aspectos, pero también es más complicada. Hay muchos factores de presión sobre los individuos, como consumir noticias a todas horas o tener que representar nuestra vida todo el rato, no solo en el trabajo, sino también en las redes sociales.

Al comienzo de cada episodio de Hermanos de Sangre se pueden escuchar los testimonios de varios veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Aparecen solos, en primer plano y sobre un fondo negro, y dejan una o dos frases. Una de esas frases, ya en el primer episodio, se queda grabada para el resto de la serie. “Veníamos de un pueblo muy pequeño, y tres chavales que fueron declarados ‘no aptos’ se suicidaron. Porque no podían ir. Eran otros tiempos”. A continuación habla otro veterano. “Hice cosas, no las hice por las medallas, no las hice por los honores, las hice porque… era lo que debía hacerse”.

Unos proporcionan sentido, y otros conducen a la frustración. Conviene elegir bien cuáles nos creemos.

Óscar Monsalvo, en vozpopuli.com/

Meditación Domingo 7º t.o. (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 

Magnanimidad

«Pero a vosotros, los que me escucháis, yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y tratad a los hombres como queréis que ellos os traten. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio; entonces vuestra recompensa será grande y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los perversos. «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.» (Lucas 6, 27-38)

I. El Evangelio de la Misa (Lucas 6, 27-38) nos invita a ser magnánimos, a tener un corazón grande como el de Cristo. Nos manda bendecir a quienes nos maldigan, orar por quienes nos injurian..., realizando el bien sin esperar nada a cambio, ser compasivos como Dios es compasivo, perdonar a todos, ser generosos sin cálculo ni medida. La virtud de la magnanimidad, muy relacionada con la fortaleza, consiste en la disposición del ánimo hacia las cosas grandes (Suma Teológica), y la llama Santo Tomás “ornato de todas las virtudes”. El empeño serio de luchar por la santidad es ya una primera manifestación de magnanimidad. El magnánimo se plantea ideales altos y no se amilana ante los obstáculos, ni las críticas, ni por los respetos humanos, ni por un ambiente adverso. Los santos han sido siempre personas con alma grande. Ninguna manifestación mayor de esta virtud que la entrega a Cristo, sin medida y sin condiciones.I. El Evangelio de la Misa (Lucas 6, 27-38) nos invita a ser magnánimos, a tener un corazón grande como el de Cristo. Nos manda bendecir a quienes nos maldigan, orar por quienes nos injurian..., realizando el bien sin esperar nada a cambio, ser compasivos como Dios es compasivo, perdonar a todos, ser generosos sin cálculo ni medida. La virtud de la magnanimidad, muy relacionada con la fortaleza, consiste en la disposición del ánimo hacia las cosas grandes (Suma Teológica), y la llama Santo Tomás “ornato de todas las virtudes”. El empeño serio de luchar por la santidad es ya una primera manifestación de magnanimidad. El magnánimo se plantea ideales altos y no se amilana ante los obstáculos, ni las críticas, ni por los respetos humanos, ni por un ambiente adverso. Los santos han sido siempre personas con alma grande. Ninguna manifestación mayor de esta virtud que la entrega a Cristo, sin medida y sin condiciones.

II. La grandeza de alma se muestra también en la disposición para perdonar lo mucho y lo poco, de las personas cercanas a nuestra vida y de las lejanas. El cristiano no puede andar por el mundo con una lista de agravios en su corazón (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios), con rencores que empequeñecen el ánimo y los incapacitan para los ideales humanos y divinos a los que el Señor nos llama. Ante lo que vale la pena (ideales nobles, tareas apostólicas y, sobre todo, Dios) el alma grande aporta de lo propio sin reservas: dinero, esfuerzo, tiempo. Sabe y entiende bien las palabras del Señor: por mucho que dé, más recibirá. “Las grandes catedrales son un ejemplo de tiempos en los que existían muchos menos medios humanos y económicos que ahora, pero en los que la fe era quizá más viva” (CONCILIO VATICANO II, Sacrosanctum Concilium). La generosidad siempre acerca a Dios, ensancha el corazón y lo hace más joven, con más capacidad de amar; por eso, en incontables ocasiones el mejor bien que podemos hace a nuestros amigos, es fomentar su generosidad.

III. La magnanimidad es un fruto del trato con Jesucristo y se apoya en la humildad. A una vida interior rica y exigente, llena de amor, acompaña siempre una disposición de acometer grandes empresas por Dios, y se apoya en Él. La Virgen María nos dará esta grandeza de alma que tuvo Ella en sus relaciones con Dios y con sus hijos los hombres. Dad y se os dará...; No nos quedemos cortos o encogidos. Jesús presencia nuestra vida.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

 

Homilía Domingo 7º t.o. (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 


Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

En toda convivencia entre marido y mujer, padres e hijos, hermanos, amigos..., hay un momento en que aparece la monotonía con su tejido de gestos repetidos, de palabras ya dichas y, sobre todo, la constatación de que los caracteres y puntos de vista no son coincidentes. Aparecen entonces los primeros conflictos, los malos modos, los silencios ostentosos, las críticas. Si Jesús pide que amemos al enemigo, ¿cómo deberemos conducirnos con los más allegados?

Debemos sobreponernos a la tentación de devolver mal por mal cuando en la convivencia se produzcan roces y abusos aunque la razón esté de nuestra parte, porque es más importante tener amor que tener razón, que exista armonía a salirme con la mía. Naturalmente que Dios nos pida que perdonemos a quienes han abusado de nuestra buena fe, no una sino repetidas veces, no quiere decir que no hagamos valer nuestros derechos. Una cosa es amar al enemigo y otra meterlo en casa. Como dice el pueblo: tú en tu casa, yo en la mía y Dios en la de todos. Pero esto no obsta para que perdonemos a quienes, en un momento de debilidad han cedido a un brote de impaciencia, de ira o de codicia. Dios nos ha perdonado a nosotros muchas veces el atrevimiento que supone ofenderle burlar sus mandatos y lo seguirá haciendo cuando se lo pidamos.

Vivimos según una filosofía que piensa que la vida es lucha, que no nos coman el terreno, que quien la hace la paga, la ley del Talión: ojo por ojo... No adoremos el altar del desquite, las represalias, la crítica venenosa..., en ese altar no está Dios. Él está con los brazos abiertos en la Cruz abrazando a la humanidad pecadora. Por lo demás, consuela pensar que los animales no perdonan cuando son molestados. El perdón es un patrimonio exclusivo del corazón humano, una de sus cualidades más atractivas y hermosas.

"Si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?" Parece como si el Señor quisiera decirnos que para obrar así no hace falta ser cristiano. La caridad cristiana tiene de específico no el dar a otro lo que le corresponde, porque eso es la justicia, sino darle el amor que no le corresponde, porque Dios nos ha amado con un amor que no nos corresponde.

El perdón es, no sólo una necesidad para que la convivencia no se envenene, sino un requisito para ser perdonados por nuestro Padre del Cielo: "perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", pedimos en el Padrenuestro. ¿Y hay alguien que no necesite que la lluvia de la benevolencia divina descienda mansamente sobre su corazón para limpiarlo del polvo y de la basura de este mundo?


11 febrero 2022

LIBRO DE LA SEMANA (11 Feb): el Libro Negro de las Horas

 (Cfr. www.todostuslibros.com)

 

 

El Libro Negro de las Horas

El Libro Negro de las Horas

García Sáenz de Urturi, Eva

Alguien que lleva muerto cuarenta años no puede ser secuestrado y, desde luego, no puede sangrar. Vitoria, 2022. El exinspector Unai López de Ayala —alias Kraken— recibe una llama...
Editorial:
Editorial Planeta
Colección:
Autores Españoles e Iberoamericanos
Encuadernación:
Cartoné
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Castellano
Idioma original :
Castellano
 
 
Sinopsis

Sinopsis de: "El Libro Negro de las Horas"

Alguien que lleva muerto cuarenta años no puede ser secuestrado y, desde luego, no puede sangrar.

Vitoria, 2022. El exinspector Unai López de Ayala —alias Kraken— recibe una llamada anónima que cambiará lo que cree saber de su pasado familiar: tiene una semana para encontrar el legendario Libro Negro de las Horas, una joya bibliográfica exclusiva, si no, su madre, quien descansa en el cementerio desde hace décadas, morirá.

¿Cómo es esto posible?

Una carrera contra reloj entre Vitoria y el Madrid de los bibliófilos para trazar el perfil criminal más importante de su vida, uno capaz de modificar el pasado, para siempre.

Me llamo Unai. Me llaman Kraken.

Aquí termina tu caza, aquí comienza la mía.

¿Y si tu madre fuera la mejor falsificadora de libros antiguos de la historia? 

Más sobre

García Sáenz de Urturi, Eva

Eva García Sáenz de Urturi (Vitoria) publicó en 2012 su primera novela, La saga de los longevos, un fenómeno de crítica y ventas, y en 2014 la segunda entrega, Los hijos de Adán, junto con la novela histórica Pasaje a Tahití. En 2016 publica El silencio de la ciudad blanca, un thriller apasionante ambientado en su ciudad natal que ha supuesto un gran éxito en nuestro país y ha sido traducido a más de una veintena de idiomas, copando la lista de los más vendi­dos en países como EE. UU., Francia, Alemania, Italia, Polonia, México, Argentina o Brasil. También fue objeto de una adaptación cine­matográfica en 2019 de la mano de Atresmedia. Con esta novela arrancó una trilogía de la que Los ritos del agua fue la segunda entrega y Los señores del tiempo la tercera y el desenlace de la Trilogía de la Ciudad Blanca. Ha sido galardo­nada con prestigiosos premios, como el Libro de Ficción del Año en 2018 y The Golden Bullet a la mejor novela negra extranjera de 2019. Su novela Aquitania ha sido la ganadora del Premio Planeta 2020. Toda su obra literaria ha llegado a más de dos millones de lectores.

PELICULA DE LA SEMAN (11 Feb): Belfast

 (Cfr. www.fotogramas.es)

 

 

    Hay un plano en 'Belfast' que lleva recorriendo el cine durante décadas. Se trata de un contrapicado de una persona que observa maravillada una pantalla de cine, con las luces del proyector extendiéndose sobre ella como saliendo de su cabeza, como si la magia de las imágenes estuviese desatando algo en su mente. La vimos en filmes como 'Cinema Paradiso' y 'La milla verde', y volvemos a verla en el nuevo trabajo de Kenneth Branagh, que rebusca en sus propias memorias para encontrar ese momento en el que se enamoró del cine. También para elaborar su retrato de la Belfast de finales de los años 60. El resultado es una mezcla entre el retrato histórico y el 'coming-of-age', la comedia y el drama, el realismo y el escapismo.... Una mezcla que a veces se antoja pintada a brocha gorda, pero que conquistó al público en el Festival de Toronto, llegará a los cines el próximo 28 de enero y ahora se sitúa como una de las favoritas para los Oscars 2022.

belfast 
Título original
Belfast
Año
Duración
98 min.
País
Reino Unido Reino Unido
Dirección
Guion
Kenneth Branagh
Música
Van Morrison
Fotografía
Haris Zambarloukos
Reparto
Productora
TKBC. Distribuidora: Focus Features
Género
Drama | Años 60. Infancia. Familia
Sinopsis
Drama ambientado en la tumultuosa Irlanda del Norte de finales de los años 60. Sigue al pequeño Buddy mientras crece en un ambiente de lucha obrera, cambios culturales, odio interreligioso y violencia sectaria. Buddy sueña con un futuro que le aleje de los problemas, pero, mientras tanto, encuentra consuelo en su pasión por el cine, en la niña que le gusta de su clase, y en sus carismáticos padres y abuelos. (FILMAFFINITY)
Posición en rankings FA
Premios
2021: Premios Oscar: 7 nominaciones incluyendo mejor película y dirección
2021: Globos de Oro: Mejor guion. 7 nominaciones
2021: Premios BAFTA: 6 nominaciones, incluyendo mejor película
2021: Festival de Toronto: Mejor película (Premio del Público)
2021: National Board of Review (NBR): Top Films y mejor actor secundario (Hinds)
2021: American Film Institute (AFI): Premio Especial AFI
Focus Features

Es el verano de 1969 y 'Belfast' sigue a Buddy (Jude Hill), un niño que vive entre sus peleas con dragones imaginarios y las que intenta evitar en las calles de su ciudad natal. Su madre (Caitriona Balfe) siempre ha cuidado de él ante las habituales ausencias de su padre (Jamie Dornan), que trabaja en Inglaterra y vuelve al hogar muy de vez en cuando. Al menos cuenta con la ayuda de sus entrañables suegros (Judi Dench y Ciarán Hinds), y de todo un barrio que se siente como una gran familia a pesar de la diferencia religiosa que está destrozando la convivencia. Los grupos radicales de protestantes intentan echar de la capital norirlandesa a los grupos católicos, en lo que fue el inicio del periodo de conflictos conocido como The Troubles. La familia protagonista es protestante, por lo que estarán en la línea de fuego no solo por vivir en una zona católica, sino también por ganarse las enemistades del bando violento, que quieren reclutarlos en sus filas.

El camino del Infierno está empedrado de buenas intenciones

 (Cfr. www.almudi.org)

 


Si solo hubiera aprendido esta frase cuando hice la carrera de Económicas, habría sido suficiente: el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones

 Esta es una frase que pronunció al menos una vez Fernando Esteve Mora, profesor que tuve de Macro y Microeconomía. No solo la pronunció, claro, la ilustró con la comparación entre dar a un pobre del tercer mundo pescado o enseñarle a pescar. Darle pescado es bien intencionado pero no resuelve el problema de su hambre; quizá lo agrava porque convierte al pobre en un dependiente.

Esta frase se me viene a la cabeza siempre que se habla de “ayuda”, “compasión”, “bondad” y “perdón”. Parece ser que parte del aprendizaje de mindfulness, directamente heredada del budismo, es la “compasión bondadosa” por los demás. Me temo que en la mayoría de los casos lleve al infierno.

¿De dónde parte la ayuda?

No hemos puesto en duda que el ser humano ha evolucionado a partir de la cooperación, se ha nutrido de la empatía, ha avanzado gracias al apoyo de otros. El ser humano es compasivo por naturaleza.

Quizá el matiz sea encontrar desde dónde se ayuda, qué empuja a ayudar, cuál es ese sentimiento y cuál es el resultado de la “transacción” de dar algo sin recibir nada a cambio.

Puede que estés caminando por la calle y veas que a la persona que está delante se le ha caído algo. En un impulso no pensado, te agachas a recogerlo y se lo ofreces. Ni siquiera ha mediado el pensamiento.

Puede que sientas culpa al ver que grandes grupos de personas sufren, puede que te parezca intolerable esta desigualdad en que tú estás tan bien y ellos están tan mal. Entonces has pensado que te sentirías mucho mejor contig@ mism@ si les enviases ayuda.

Puede que observes uno o muchos casos de algo que no te gusta y veas muy clara la solución, puede que sientas que sabes lo que las personas que están en ese caso necesitan. Por ejemplo, alguien pidiendo en la calle, alguien pidiendo en la puerta de un supermercado, alguien que está en el mundo de las drogas.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué sientes ante cada caso? ¿Es compasión? ¿Es pena? ¿Es culpabilidad? ¿Es amor?

La subida al Monte Carmelo: nada

Todo este tema, y en especial la frase “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones” me evoca la imagen de la subida al Monte Carmelo que San Juan de la Cruz ilustró.

Las buenas intenciones pueden muy bien ser el pavimento de uno de los caminos torcidos, aparentemente acertados, que parecen ascender pero que terminan perdidos.

El único camino cierto es el vacío de estar centrado “en el centro de tu humildad”, la nada, ni esto ni esto otro. ¿Cómo sería esto? Viendo realmente al que tenemos delante. Viéndolo sin interponer creencias, juicios ni esquemas culturales. Viéndolo de tú a tú, como un igual. Siendo capaz de decirle: “yo soy como tú”. Y después de eso, valorando si realmente necesita nuestra ayuda.

Belén Casado Alcalde, en belencasado.com/

 

10 febrero 2022

Meditación Domingo 6º t.o. (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 

 

Humildad personal y confianza en Dios

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: 
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas. (Lucas 6,17 20-26)

I. Sé la roca de mi refugio, Señor, un baluarte donde se me salve..., rezamos en la Antífona de entrada de la Misa. Él es la fortaleza y la seguridad en medio de tanta debilidad como encontramos a nuestro alrededor y en nosotros mismos; Él es el agarradero firme en cada momento, a cualquier edad y en toda circunstancia. Bendito quien confía en el Señor y pone en Él su confianza, nos dice el profeta Jeremías en la Primera lectura, será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. Por el contrario, es maldito quien, apartando su corazón del Señor, confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza. Su vida será estéril, como un cardo en la estepa. Sé la roca de mi refugio, Señor: la humildad personal y la confianza en Dios van siempre juntas. Sólo el humilde busca su dicha y su fortaleza en el Señor. Uno de los motivos por los que los soberbios tratan de buscar alabanzas con avidez, de sobreestimarse a sí mismos y se resienten ante cualquier cosa que pueda rebajarles en su propia estima o en la de otros, es la falta de firmeza interior: no tienen más punto de apoyo ni más esperanzas de felicidad que ellos mismos. Por esto son, con mucha frecuencia, tan sensibles a la menor crítica, tan insistentes en salirse con la suya, tan deseosos de ser conocidos, tan ansiosos de consideraciones. Se afianzan en sí mismos como el náufrago se agarra a una débil tabla, que no puede sostenerlo. Y sea lo que fuere lo que hayan logrado en la vida, siempre se encuentran inseguros, insatisfechos, sin paz. Un hombre así, sin humildad, sin confiar en su Padre Dios que le tiende continuamente sus brazos, habitará en la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita, como nos dice hoy la liturgia de la Misa. El soberbio se encuentra sin frutos, insatisfecho y sin la paz y felicidad verdaderas.

El cristiano tiene puesta en Dios su esperanza y, porque conoce y acepta su propia debilidad, no se fía mucho de lo propio. Sabe que en cualquier empresa deberá poner todos los medios humanos a su alcance, pero conoce bien que ante todo debe contar con su oración; y reconoce y acepta con alegría que todo lo que posee lo ha recibido de Dios. La humildad no consiste tanto en el propio desprecio -porque Dios no nos desprecia, somos obra salida de sus manos-, sino en el olvido de sí y en la preocupación sincera por los demás. Es la sencillez interior la que nos lleva a sentirnos hijos de Dios. «Cuando imaginamos que todo se hunde ante nuestros ojos, no se hunde nada, porque Tú eres, Señor, mi fortaleza (Sal 42, 2). Si Dios habita en nuestra alma, todo lo demás, por importante que parezca, es accidental, transitorio; en cambio, nosotros, en Dios, somos lo permanente». En medio de nuestra debilidad -cualquiera que sea la forma en la que se presente- nos sentimos junto a Dios con una firmeza indestructible.

II. Los mayores obstáculos que el alma encuentra para seguir a Cristo y para ayudar a otros tienen su origen en el desordenado amor de sí mismo, que lleva unas veces a sobrevalorar las propias fuerzas y, otras, al desánimo y al desaliento, al ver los propios fallos y defectos. La soberbia se manifiesta frecuentemente en un monólogo interior, en el que los propios intereses se agrandan o desorbitan; el yo sale siempre enaltecido. En la conversación, el orgullo conduce al hombre a hablar de sí mismo y de sus propios asuntos y a buscar la estimación a toda costa. Algunos se empeñan en mantener su propia opinión, con razón y sin ella; no dejan pasar cualquier descuido ajeno sin corregirlo, y hacen difícil la convivencia. La forma más vil de resaltar la propia valía es aquella en la que se busca desacreditar a otros; a los orgullosos no les gusta escuchar alabanzas de los demás y están prontos a descubrir las deficiencias de quienes sobresalen. Tal vez su nota más característica estriba en que no pueden sufrir la contradicción o la corrección.

Quien está lleno de orgullo parece no necesitar mucho de Dios en sus trabajos, en sus quehaceres, incluso en su misma lucha ascética, por mejorar; exagera sus cualidades personales, cerrando los ojos para no ver sus defectos, y termina por considerar como una gran cualidad lo que en realidad es una desviación del buen criterio: se persuade, por ejemplo, de tener un espíritu amplio y generoso porque hace poco caso de las menudas obligaciones de cada día, y se olvida de que para ser fiel en lo mucho es necesario serlo en lo poco. Y llega por ese camino a creerse superior, rebajando injustamente las cualidades de otros que le superan en muchas virtudes.

San Bernardo señala diferentes manifestaciones progresivas de la soberbia: curiosidad -querer saberlo todo de todos-; frivolidad de espíritu, por falta de hondura en su oración y en su vida; alegría necia y fuera de lugar, que se alimenta frecuentemente de los defectos de otros, que ridiculiza; jactancia; afán de singularidad; arrogancia; presunción; no reconocer los propios fallos, aunque sean notorios; disimular las faltas en la Confesión...

El soberbio es poco amigo de conocer la auténtica realidad que anida en su corazón. Examinemos hoy en la oración si valoramos mucho la virtud de la humildad, si la pedimos al Señor con frecuencia, si nos sentimos constantemente necesitados de la ayuda de nuestro Padre Dios, en lo grande y en lo pequeño. Oh Dios -le decimos con el Salmista-, Tú eres mi Dios, te busco ansioso, en pos de Ti mi carne desfallece, tiene mi alma sed de Ti, como tierra seca, sedienta, sin agua. Puede servirnos de jaculatoria para repetir a lo largo de este día.

III. El olvido de sí es una condición indispensable para la santidad: sólo entonces podemos mirar a Dios como a nuestro Bien absoluto, y tenemos capacidad para preocuparnos de los demás. Junto a la oración, que es el primer medio que debemos poner siempre, hemos de ejercitarnos en esta virtud de la humildad; y esto en nuestros quehaceres, en la vida familiar, cuando estamos solos..., siempre. Procuremos no estar excesivamente pendientes de las cosas personales; la salud, el descanso, si nos estiman y aprecian, si nos tienen en cuenta... Procuremos hablar tan poco como sea posible de nosotros mismos, de los propios asuntos, de aquello que nos dejaría en buen lugar; evitemos la curiosidad, el afán de conocerlo todo y mostrar que se conoce; aceptemos la contradicción sin impaciencia, sin malhumor, ofreciéndola con alegría al Señor; procuremos no insistir sobre la propia opinión a no ser que la verdad o la justicia lo requieran, y entonces empleemos la moderación, pero también la firmeza; pasemos por alto los errores de otros, disculpándolos, y ayudémosles con caridad delicada a superarlos; aceptemos la corrección, aunque nos parezca injusta; cedamos en ocasiones a la voluntad de otros cuando no esté implicado el deber o la caridad; procuremos evitar siempre la ostentación de cualidades, bienes materiales, conocimientos...; aceptemos ser menospreciados, olvidados, no consultados en aquella materia en la que nos consideramos con más ciencia o con más experiencia; no busquemos ser estimados y admirados, rectificando la intención ante las alabanzas y los elogios. Sí debemos buscar mayor prestigio profesional, pero por Dios, no por orgullo ni por sobresalir.

Creceremos sobre todo en esta virtud cuando nos humillen y lo llevemos con alegría por Cristo, nos alegremos en el desprecio, seamos pacientes con los propios defectos, nos esforcemos en gloriarnos de las flaquezas junto al Sagrario, donde iremos a pedirle al Señor que nos dé su gracia y no nos abandone, y reconozcamos una vez más que no hay nada bueno en nosotros que no venga de Él, que lo personal es precisamente el obstáculo, lo que estorba para que el Espíritu Santo nos llene con sus dones. Aprenderemos a ser humildes frecuentando el trato con Jesús y con María. La meditación frecuente de la Pasión nos llevará a contemplar la figura de Cristo humillado y maltratado hasta el extremo por nosotros; ahí se encenderá nuestro amor y un vivo deseo de imitarle.

El ejemplo de nuestra Madre Santa María, Ancilla Domini, Esclava del Señor, nos moverá a vivir la virtud de la humildad. A ella acudimos al terminar nuestra oración, pues «es, al mismo tiempo, una madre de misericordia y de ternura, a la que nadie ha recurrido en vano; abandónate lleno de confianza en el seno materno; pídele que te alcance esta virtud que tanto apreció; no tengas miedo de no ser atendido, María la pedirá para ti de ese Dios que ensalza a los humildes y reduce a la nada a los soberbios; y como María es omnipotente cerca de su Hijo, será con toda seguridad oída».

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

Homilía Domingo 6º t.o. (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 

 

 Homilía basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

Vida o muerte. !Bienaventurados! o !Malditos!

I. LA PALABRA DE DIOS

Jr 17,5-8: Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor
Sal 1, 1-2.3.4 y 6: Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor
1 Co 15,12.16-20: Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido
Lc 6, 17.20-26: Dichosos los pobres: !ay de vosotros, los ricos!

II. LA FE DE LA IGLESIA

«Las bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad; expresan su vocación de los fieles asociados a la gloria de su Pasión y de su Resurrección; iluminan las acciones y las actitudes características de la vida cristiana; son promesas paradójicas que sostiene la esperanza en las tribulaciones; anuncian a los discípulos las bendiciones y las recompensas ya incoadas; quedan inauguradas en la vida de la Virgen María y de todos los santos» (1717).

«Las bienaventuranzas nos enseñan el fin último al que Dios llama: el Reino, la visión de Dios, la participación en la naturaleza divina, la vida eterna, la filiación, el descanso en Dios» (1726).

III. TESTIMONIO CRISTIANO

«Sólo Dios sacia» (Sto. Tomás de Aquino) (1718).

«El dinero es el ídolo de nuestro tiempo. A él rinde homenaje institivo la multitud, la masa de los hombres... y la notoriedad es otro..., el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo» (Newman) (1723).

IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA

A. Apunte bíblico-litúrgico

El profeta Jeremías y el Salmo 1 señalan los «dos caminos para la vida y la muerte del hombre: el de la confianza en Dios o en el hombre respectivamente».

El evangelista San Lucas recoge un discurso semejante al «sermón de la montaña» recogido por San Mateo, aunque más breve. Los dichos de Jesús abren una reflexión sobre la vida del cristiano, la vida moral que sigue el esquema de «los dos caminos».

San Pablo proclama que la fe en la resurrección de los muertos no se basa en razonamientos filosóficos sobre la inmortalidad sino que es consecuencia de la fe en la resurrección de Jesucristo.

B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica

La fe:

«Los dos caminos»: 1696.
El camino de la Bienaventuranza cristiana: 1716-1717.
La Bienaventuranza cristiana: 1718-1729.

La respuesta:

Las opciones morales: 1723-1724; 1728

C. Otras sugerencias

El «primer catecismo» o «Didajé» dice: «Hay dos caminos: uno de la vida y otro de la muerte; pero muy grande es la diferencia entre los dos caminos. El discurso que recoge el evangelista S. Lucas y que se va a proclamar en este y próximos domingos se inicia con cuatro bienaventuranzas del camino de la vida y cuatro lamentaciones del camino de la muerte».

El camino de la bienaventuranza no es otro que la vida de Cristo. Esa es la vida moral cristiana. Las «bienaventuranzas» lo expresan con plenitud.

La elección moral cristiana tiene hoy en el dinero y en el poder o «notoriedad» la tentación del camino de la muerte... y no sólo para los que ejercen cargos públicos.