Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

15 julio 2017

Policlínico El Salto realiza su primera comida solidaria

Cerca de 600 personas participaron en la primera comida solidaria
organizada por la Asociación de Amigos del Policlínico y efectuada el
pasado 4 de julio, con el fin de aumentar su cobertura en salud
primaria, dental y mental.

14 julio 2017

LIBRO DE LA SEMANA (14 Jul): El país de a bruma

(Cfr. www.criteriaclub.es)

El país de la bruma

Es un libro que debe leerse como curiosidad más que con la intención de disponer de una lectura ágil y adictiva. Será para aquellos seguidores de Doyle que se sientan atraídos por su pasión por los espíritus o por conocer otras historias del magnífico médico y escritor británico. A destacar la buena reedición de Espuela de Plata para la nueva publicación en este año 2015.

PRECIO
17,00 €

PELICULA DE LA SEMANA (14 Jul): Un don excepcional

(Cfr. www.almudi.org)

  
Un don excepcional

  • Público apropiado: Jóvenes
  • Valoración moral: Adecuada
  • Año: 2017
  • País: EE.UU.
  • Dirección: Marc Webb

Reseña: 

Frank Adler (Chris Evans) es un hombre soltero que tiene que criar a una niña prodigio, su enérgica sobrina Mary (Mckenna Grace), en un pueblo costero de Florida. Los planes de Frank para que Mary tenga una vida escolar normal se ven arruinados cuando las habilidades matemáticas de la pequeña de siete años empiezan a llamar la atención de la formidable madre de Frank, Evelyn (Lindsay Duncan), cuyos planes para su nieta amenazan con separar a Frank y Mary. Octavia Spencer interpreta a Roberta, la casera y mejor amiga de Frank y Mary. Jenny Slate interpreta a la profesora de Mary, Bonnie, una joven mujer cuya preocupación por su alumna hace que conecte con el tío de la pequeña.
En torno a una niña superdotada surge un drama familiar contado con una buena dosis de humor y mucho corazón. L a cinta refleja una historia de habilidades especiales, pero sin elementos fantásticos, y añadiendo una interesante vuelta de tuerca, pues se defiende el derecho del ser humano a no destacar, para llevar una vida normal. Se denuncia el peligro de que los jóvenes con un talento excepcional sean víctimas de quien quiera aprovecharse de ellos, no siempre por dinero, en ocasiones por pura vanidad, lo que trae consigo que no maduren de forma correcta, jugando con otros niños o pasando momentos en familia.
El director vuelve a mostrar gran facilidad para acercarse a la gente y empatizar con ellos y sus problemas. Webb juega con el espectador, le implica en la historia, le hace juez de las conductas –evitando el maniqueísmo– y luego revela información que le hace rectificar el juicio. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Meditación Domingo 15 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)


 
El Señor fecunda la tierra que es nuestro corazón, para que podamos acoger su palabra, y dar mucho fruto
«Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a él tal multitud que hubo que subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí que salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga. Los discípulos se acercaron a decirle: ¿Por qué les hablas en parábolas? Él les respondió: A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha dado. Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Con el oído oiréis, pero no entenderéis, con la vista miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan, y yo los sane.
Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que vosotros estáis oyendo y no lo oyeron.
Escuchad, pues, la parábola del sembrador. Todo el que oye la palabra del Reino y no lo entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno rocoso es el que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, en seguida tropieza y cae. Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas sofocan la palabra y queda estéril. Por el contrario, lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.» (Mateo 13, 1-23)

 1. "Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago..." (Mt 13,1). La gente se arremolina en torno a Jesús, sus palabras tienen el sabor de lo nuevo, su mirada es limpia y frontal, su gesto sereno y atrayente, su conducta valiente y franca... Por otra parte aparece sencillo, amigo de los niños, inclinado a curar a los enfermos, aficionado a estar con los despreciados por la sociedad de su tiempo, amigo de publicanos y pecadores. Y, sin embargo, su manera de enseñar tenía una especial autoridad, tan distinta de la de los escribas y los fariseos. La muchedumbre se siente atraída, le sigue por doquier, le gusta verle y escucharle. Por eso en alguna ocasión, como en este pasaje, Jesús se sube a una barca y se separa un poco de la orilla. Era aquella barca una curiosa cátedra, y la ribera del lago una insólita aula, abierta a los cielos, mirándose en el agua. El silencio de la tarde se acentúa con la atención de todos los que escuchan las enseñanzas del Rabbí de Nazaret. Su palabra brota serena e ilusionada, es una siembra abundante, desplegada en redondo abanico por la diestra mano del sembrador. Es una simiente inmejorable, la más buena que hay en los graneros de Dios. Su palabra misma, esa palabra viva, tajante como espada de doble filo. Una luz que viene de lo alto y desciende a raudales, iluminando los más oscuros rincones del alma, una lluvia suave y penetrante que cae del cielo y que no retorna sin haber producido su fruto. Sólo la mala tierra, la cerrazón del hombre, puede hacer infecunda tan buena sementera. Sólo nosotros con nuestro egoísmo y con nuestra ambición podemos apagar el resplandor divino en nuestros corazones, secar con nuestra soberbia y sensualidad las corrientes de aguas vivas que manan de la Jerusalén celestial y que nos llegan a través de la Iglesia. Que no seamos camino pisado por todos, ni piedras y abrojos que no dejen arraigar lo sembrado, ni permitan crecer el tallo ni granar la espiga. Vamos a roturar nuestra vida mediocre, vamos a suplicar con lágrimas al divino sembrador que tan excelente siembra no se quede baldía. Dios es el que da el crecimiento, Él puede hacer posible lo imposible: que esta nuestra tierra muerta dé frutos de vida eterna.
A pesar de las dificultades de la siembra, la cosecha está asegurada; el Reino de Dios, iniciado en la persona de Jesús, es una fuerza viva que avanza irresistiblemente hacia su plenitud y gloriosa manifestación, hacia la cosecha final. La Palabra de Dios es como una semilla, pequeña en apariencia, pero llena de vida. No todos la escuchan y la albergan en su corazón; pero quienes la reciben con fe darán fruto. Jesús no habla en parábolas para que no le entiendan; nadie habla en verdad para que no le entiendan.
Tú, Jesús, eres el sembrador, la semilla de tu palabra y de tu vida fecunda el mundo. Jesús, veo que la tierra da fruto diverso, depende de cómo acoge la palabra, de cómo corresponde: ¿cómo es mi tierra, mi corazón? ¿Es un corazón que sabe amar, que sabe sacrificarse por los demás; o es un corazón de piedra, duro, en el que las necesidades de los que me rodean no hacen mella? ¿Es un corazón fuerte, con la fuerza de voluntad necesaria para hacer lo que debe en cada momento; o es un corazón blando, sin personalidad, que se deja arrastrar por el gusto, la sensualidad o la comodidad?
Jesús, ¿en qué ambiente me muevo? ¿Es un ambiente adecuado para que pueda crecer mi vida de cristiano? ¿Qué amigos tengo?¿Cómo aprovecho el tiempo libre? (Pablo Cardona).
«La escena es actual. El sembrador divino arroja también ahora su semilla. La obra de la salvación sigue cumpliéndose, y el Señor quiere servirse de nosotros: desea que los cristianos abramos a su amor todos los senderos de la tierra; nos invita a que propaguemos el divino mensaje, con la doctrina y con el ejemplo, hasta los últimos rincones del mundo. Nos pide que, siendo ciudadanos de la sociedad eclesial y de la civil, al desempeñar con fidelidad nuestros deberes, cada uno sea otro Cristo, santificando el trabajo profesional y las obligaciones del propio estado» (J. Escrivá, Es Cristo que pasa 150).
Soy sembrador cuando estudio con seriedad lo que me toca, cuando ayudo a arreglar un desperfecto en casa, cuando sé perdonar un detalle molesto, cuando sonrío estando cansado, cuando dejo elegir a otro el mejor postre o la película de cine que iremos a ver, etc..
Recuerdo que mi catecismo de niño traía al final la parábola del sembrador, yo no la entendía entonces, veía algo misterioso oculto bajo ese dar fruto, y ahora veo con más claridad que mi corazón es el campo, donde puedo acoger la Palabra, que es Jesús, y dar fruto. Podemos ser la tierra buena en la que “da fruto y produce uno ciento, otro sesenta, otro treinta” (Mt 13,23). Y también podemos ser sembradores si nos esforzamos por corresponder a ese amordivino y darlo a los demás, y así Dios “muestra a los extraviados la luz de su verdad para que puedan volver a su camino recto” (Colecta).

2. La lluvia no cae en vano. Así es la Palabra de Dios, como la lluvia: “Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come”, así el Señor hace fructificar la siembra divina que hemos visto en el Evangelio, por eso sigue diciendo: "La palabra que sale de mi boca no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo". Cuando Dios habla, comienza una verdadera historia en la que no se vuelve nunca al principio como si no hubiera sucedido nada.
Sigue la idea el salmista: “La semilla cayó en tierra buena y dio fruto. Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida;  la acequia de Dios va llena de agua. Tú preparas los trigales: riegas los surcos, igualas los terrenos,  tu llovizna los deja mullidos,  bendices sus brotes. Coronas el año con tus bienes,  tus carriles rezuman abundancia;  rezuman los pastos del páramo,  y las colinas se orlan de alegría. Las praderas se cubren de rebaños,  y los valles se visten de mieses que aclaman y cantan”. 
Casiodoro paragonava "la misericordia del Padre con un río que se desborda: de él será posible beber siempre, pues jamás se secará: «Será una fuente que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14). El río y el pan simbolizan la Eucaristía, en la que bebemos la Sangre del Señor y comemos su Carne.

3. Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá”. Todo lo que hagamos es poco, vale la pena por la esperanza.Y nosólo nosotros, sino que “la creación expectante está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios”; hay una fuerza misteriosa que somete todo lo creado, pero en Cristo nos viene “la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.Hay pues una misteriosa solidaridad entre todos, interconexión también con todo lo creado que está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo”.
Llucià Pou Sabaté

Prohibido quejarse


 

 
 
El aviso que Papa Francisco puso a la entrada de su habitación en Santa Marta

El Papa Francisco pasa sus vacaciones en su casa, sin perder el buen humor, a pesar de algunas presuntas investigaciones periodísticas que lo retratan apesadumbrado y asediado de adversarios internos: desde hace algunos días en la puerta de su habitación en la Casa Santa Marta apareció un elocuente e irónico aviso que dice: «Prohibido quejarse».
También se lee en él que «los transgresores son sujetos a un síndrome de victimismo con la consecuente disminución del tono del humor y de la capacidad para resolver problemas».
Y «la sanción es doble si la violación es cometida ante la presencia de niños». El texto del aviso termina de esta manera: «Para volverse el mejor de uno mismo hay que concentrarse en las propias potencialidades y no en los propios límites, por lo tanto: deja de quejarte y actúa para hacer mejor tu vida».
Quienes lo notaron fueron los interlocutores más recientes del Pontífice, invitados a Santa Marta, entre los que hay un anciano sacerdote italiano, amigo de hace tiempo, quien, después de haber pedido la autorización, le tomó una foto para divulgarlo. Fue el mismo Francisco quien se lo enseñó al final de una audiencia a principios de esta semana. Ambos sonrieron.

Ese aviso lo inventó el psicólogo y psicoterapeuta Salvo Noé, autor de libros y de cursos de motivación. En su último volumen dedicó algunas páginas precisamente a Bergoglio. El pasado 14 de junio, al final de la audiencia en la Plaza San Pedro, Noé pudo saludar por unos instantes al Papa, a quien le regaló su libro, una pulsera y el aviso, que Francisco apreció inmediatamente y saludó con esta frase: «Lo voy a poner en la puerta de mi oficina, en donde recibo a las personas». Ahora bien, la «oficina» del Papa, en donde se verifican normalmente las audiencias, es en el Palacio Apostólico, cuya austeridad y belleza no habrían quedado muy bien con el aviso un poco goliárdico. Por lo que Francisco decidió ponerlo fuera de su habitación.

En muchas ocasiones, el autor de la Exhortación Evangelii gaudium (la alegría del Evangelio) ha indicado que los cristianos deben abandonar los tonos de la eterna queja: «A veces −dijo el Papa algunos meses después de haber sido elegido−, ¡algunos cristianos melancólicos tienen más cara de pimiento en vinagre que de personas alegres que tienen una vida bella!»

Andrea Tornielli, en lastampa.it.

[Este artículo fue publicado originariamente en la edición de hoy del periódico italiano La Stampa].

Homilía Domingo 15 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 Resultado de imagen de sembrador evangelio


(Is 55,10-11) "Hará mi voluntad y cumplirá mi encargo"

(Rm 8,18-23)  "Gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios"

(Mt 13,1-23)  "Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende"


La Liturgia de la Palabra de este Domingo está impregnada de optimismo por el éxito de la obra redentora de Cristo, y que la Iglesia continúa en el tiempo hasta que de nuevo Cristo vuelva. Tanto la 1ª Lectura, en la que el segundo Isaías conforta a los israelitas desterrados de Babilonia; como la 2ª, en que S. Pablo habla de la expectación de la creación entera que aguarda la manifestación de los hijos de Dios que sufren la esclavitud del pecado; como la abundante cosecha de la tierra buena que compensa con creces lo que se perdió en el pedregal y los espinos, nos animan a confiar en el éxito de todos nuestros desvelos. También el Salmo Responsorial participa de idéntico optimismo: “la acequia de Dios va llena de agua..., coronas el año con tus bienes”.

El Reino de Dios que Jesús vino a instaurar, encontró una fuerte repulsa en el judaísmo de su tiempo, lo encontró también el cristianismo naciente, y lo sigue encontrando hoy. Con la parábola del sembrador, Jesús nos propone la fe y la generosidad del sembrador al esparcir la semilla de la doctrina que, aunque puede dar un fruto dispar e incluso no darlo, pues su fecundidad depende de donde caiga, está destinada a proporcionar una espléndida cosecha.

El Señor quiere asociarnos a esta siembra de paz, de alegría, de mutuo respeto..., de amor a Dios y a todas las criaturas, a través del ejemplo, la palabra y la confianza con la que el sembrador arroja la semilla al surco. Él no ignora los hielos y la sequía, el azote del viento, del granizo y las plagas que pueden hacer estéril su trabajo. Pero no ignora tampoco, que sin la siembra, los campos no producen más que malas hierbas. Los padres de familia, los educadores, los sacerdotes..., los que de un modo u otro quieren inculcar los valores cristianos, han de mantener vivo el optimismo sobrenatural porque “los que en Ti esperan, Señor, no quedarán defraudados” (S. 24,3). Pidamos al Señor que nos aumente la fe, para que la indiferencia del camino, el ánimo mal dispuesto del pedregal y los espinos, no maten la esperanza de una abundante cosecha.

Pero no olvidemos que ese campo donde la semilla cae generosamente, somos también nosotros. La semilla es en sí misma fecunda pero el resultado de la recolección es desigual. ¿Por qué la acción de Dios en las almas produce efectos tan dispares? Es el misterio de la Vida divina y la libertad humana. Las palabras de Jesús revelan con toda su fuerza la responsabilidad de cada uno a disponerse bien para aceptar y corresponder a los dones divinos. El Maestro, valiéndose de la imagen de la dureza del camino y del pedregal, del daño de las zarzas y los espinos, nos advierte del peligro de que la Buena Nueva no fructifique en nosotros.


Salve Marinera a la Virgen del Carmen Coronada

Salve Marinera a la Patrona de la Ciudad de San Fernando y de la Armada Española la Santísima Virgen del Carmen Coronada

09 julio 2017

SUPER PEPO: PIZZA ALLA BASURINI

En esta nueva aventura, Super Pepo y su pandilla se enfrentan a un
peligroso Super Villano, el Capitán Despilfarro. Y graban un vídeo
denunciando el despilfarro de alimentos en su barrio. (versión en
castellano).