Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

08 julio 2017

Ángelus del 02/07/2017 HD

En el Ángelus presidido por el Papa Francisco este 2 de julio, el Papa
habló de la importancia de la misión y comentó que aquél que deja todo
por Jesús se convierte en un “embajador” suyo y la gente "reconoce que
Jesús está en Él”. Además, habló de la importancia de la acogida y
aseguró que “no importa si después, como toda persona humana, uno tiene
sus límites y también sus errores” sino que “tenga humildad para
reconocerlos”. “Lo importante es que no tenga el corazón doble, sino
sencillo, unido; que no tenga el pie en dos zapatos, sino que sea
honesto con sí mismo y con los demás”.

07 julio 2017

LIBRO DE LA SEMANA (7 Jun): El proyecto Magdala

(Cfr. www.criteriaclub.es)

 
  El proyecto magdala
PRECIO:
15,00 €

Joaquín Navarro-Valls, el hombre que cambió la comunicación en la Iglesia

(Cfr. www.almudi.org)

 

 
 
Los tres secretos del portavoz del Vaticano durante 22 años

Cambió para siempre la manera de comunicar de la Iglesia católica. Este es el primer pensamiento que viene a la mente este miércoles al recibir la noticia del fallecimiento de Joaquín Navarro-Valls (Cartagena, 1936), portavoz durante 22 años de la Santa Sede, durante el pontificado de Juan Pablo II y el inicio del de Benedicto XVI.
Doctor en psiquiatría, periodista, corresponsal en varios países, numerario de la Prematura Personal del Opus Dei, su biografía se fundió con la de Karol Wojtyla cuando éste le nombró en 1984 director de la Oficina de Información de la Santa Sede.
¿Cuál fue el secreto de Navarro-Valls? ¿Qué hizo para transformar la comunicación de la Iglesia, que hasta ese momento padecía una comunicación bastante amateur, convirtiéndola en una voz identificable y tremendamente creíble en la aldea global de la era de la comunicación?
La clave de esta labor, que los libros de historia de la Iglesia se encargarán de subrayar en el futuro, está en tres secretos.

Un verdadero profesional de la comunicación

Cuando conocí a Navarro-Valls al llegar a trabajar como corresponsal en el Vaticano, en septiembre de 1991, le planteé esta misma pregunta: “¿Cuál es tu secreto como portavoz?” No tardó ni medio segundo en responder: ser auténtico portavoz del Papa.
Me explicó que, cuando Juan Pablo II le llamó para proponerle este trabajo, expuso al Papa una necesidad como condición de éxito: mantener una línea directa con el mismo Papa. “Yo soy portavoz del Papa, no de un cardenal, que quizá no sabe bien lo que el Papa quiere decir”, me respondió.
Juan Pablo II comprendió muy bien esta necesidad. Cuando llamó a Joaquín, éste era desde hacía un año presidente de la Asociación Internacional de Prensa de Roma. Es decir, era un periodista, corresponsal del diario español ABC, y elegido por periodistas para representarles.
Durante todo su servicio a Juan Pablo II Navarro-Valls se aferró a la profesionalidad como su mejor garantía de servicio a su amado Papa. Y el Papa, hasta el final mismo de su pontificado, le mantuvo siempre las puertas abiertas.
Ahí está el primer secreto de Navarro-Valls: fue capaz de dar a entender que la comunicación no es algo instrumental, sino que forma parte de la esencia misma del ministerio petrino. Esto sólo lo logró porque era un auténtico profesional.

Un verdadero humanista

Pero lo que a mí más me impresionó de Navarro-Valls fue su fuerte humanismo. Había estudiado en la escuela alemana, después hizo Medicina y Cirugía, ganando una beca en Harvard, luego pasó a la psiquiatría. Le apasionaba la filosofía y tuvo que adentrarse de lleno en vericuetos teológicos para poder estar a la altura de los debates que tenía que afrontar diariamente.
Todo este bagaje, así como la herencia recibida de su familia y la influencia de amigos, le otorgaron una profunda humanidad. Recuerdo que en una ocasión, cuando uno de los periódicos italianos se inventó una noticia negativa contra la Santa Sede, me dijo: es fácil juzgar, pero piensa en ese periodista, con tres hijos, a quien su director le dice: “Si no lo publicas, mañana te quedas sin trabajo”.
Ese profundo humanismo, que conquistó a Juan Pablo II, fue decisivo cuando éste último le encomendó una misión totalmente revolucionaria: participar en la Conferencia Mundial de la Mujer, convocada por la ONU en Pekín, en 1995. En vez de mandar a un cardenal o arzobispo, el pontífice nombró como a su representante a una mujer, Mary Ann Glendon. Y para que se sintiera respaldada, como miembro de la delegación, nombró a su portavoz. Lograron cambiar la percepción del mensaje cristiano sobre la mujer en la cumbre.

Un laico de verdad

Pero por encima de todo, Joaquín Navarro-Valls era un cristiano. Quizá esta fue la gran herencia que recibió de san Josemaría Escrivá de Balaguer: sentirse orgulloso de su dignidad de bautizado, de laico.
La gran tentación de muchos laicos que trabajan en la Iglesia es la de clericalizarse, hacerse como curas. Navarro-Valls aplicó magistralmente el carisma del Opus Dei: santificarse en la vida ordinaria, en el trabajo, como un auténtico profesional.
Adiós, Joaquín, amigo, hasta la eternidad.
Jesús Colina, en aleteia.org.
Enlaces relacionados:


PELICULA DE LA SEMANA (7 Jun): Hermanos del viento

(Cfr. www.almudi.org)

Hermanos del viento


Reseña: 

El águila cría dos polluelos. El destino del más fuerte es arrojar al más débil desde el nido. El hombre también tiene sus costumbres y a menudo hace daño a los que más quiere. Lukas sufre a manos de un padre que se ha encerrado en sí mismo desde la pérdida de su esposa. Murió cuando rescataba al recién nacido Lukas y ahora, el muchacho lleva la carga de su muerte.
La historia de nuestra águila comienza en el nido. El polluelo que nació primero empuja a su hermano más débil a una muerte segura en el suelo del bosque. Pero el destino interviene y Lukas encuentra al polluelo. Lukas le llama Abel y cuida en secreto al pajarillo, buscando el amor y la compañía que le niegan en casa. Pero cuando llega el día de liberar a Abel en el bosque, ¿podrá Lukas encontrar también su propia liberación en una nueva vida?
Bella y asombrosa película austriaca dirigida por el español Gerardo Olivares –en colaboración con Otmar Penker–, que cinco años atrás entregó Entrelobos, otro film que hablaba de la estrecha relación entre un niño y un animal salvaje.
La propia naturaleza de la historia –sencilla, bonita, emotiva– ofrece un marco perfecto para ser narrada al modo de un cuento, en donde los elementos humanos y la vida animal en el bosque se entrelazan de modo excelente. En este sentido son bien claras las conexiones con El oso y otros filmes similares que implican al espectador en las dificultades y luchas de un animal salvaje por abrirse camino en la vida.
Con planos muy hermosos de las montañas alpinas, en donde se incluyen momentos extraordinarios y enternecedores en el nido de lo alto de los riscos o secuencias para cortar el aliento, como los intentos frustrados del águila por cazar a sus presas. Son pasajes a la altura de los documentales naturales más prestigiosos.
Y en medio del impresionante paisaje, pero más allá de lo puramente formal, Hermanos del viento habla del cariño del hombre por la naturaleza, de la armonía que ha de reinar entre ambos. Y el director cordobés lo hace con tono marcadamente positivo, haciendo hincapié en el corazón del ser humano, en la necesidad de amar y de ser amado. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Meditación Domingo 14º t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 
Jesús se entusiasma con los sencillos, que se abren a la verdad del Evangelio
“En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.Sí, Padre, así te ha parecido mejor.Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré.Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso.Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. (Mateo 11,25-30)

1. “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla". El que pronuncia estas palabras es Jesús, el anunciado por los profetas, el deseado por las naciones, el Mesías, el Hijo de Dios.
¿De qué "cosas" habla Jesús? Habla de la semilla y del sembrador, de la tierra buena y de la tierra mala, de los pájaros del cielo y de los lirios del campo, de los pescadores y de los peces del mar; de la casa, de los remiendos, de la sal y de la levadura, de la luz y de la moneda perdida, del jornal y de la contribución... Jesús habla de las cosas del pueblo. Pero Jesús habla de todas estas cosas y de muchas más, hablando siempre del Reino de Dios.
Jesús es el enviado de Dios a la tierra de los hombres. Los sencillos lo entienden y lo escuchan, le siguen. Hasta los guardias que fueron un día a prenderle, volvieron sin el, y decían: "Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre". Y los fariseos respondieron: "¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la ley son unos malditos" (Jn 7,46-48).
En efecto, los magistrados y los fariseos, los sabios y los entendidos, los que sabían leyes y teologías no escucharon la palabra de Dios. Pero Jesús bendecía a los que ellos maldecían y daba gracias al Padre "porque ha escondido estas cosas a los sabios y las ha revelado a los humildes". Jesús, al decir "estas cosas", se refiere a toda su predicación del reinado de Dios. Los "sabios y prudentes" son las personas cultas y mejor formadas, de las que cabría esperar una mejor comprensión del evangelio, pero que encuentran en su autosuficiencia el mayor obstáculo. Creen saberlo todo de las ciencias humanas y divinas; por eso Dios confunde su sabiduría (cfr. Is 29, 14; I Cor 1, 19). Sabios y prudentes eran en aquel tiempo los escribas y fariseos que rechazaron a Jesús con toda su alma. Por el contrario, la "gente sencilla" son los que llama Jesús "pobres" en sus bienaventuranzas (Lc 6, 20; Mt 5, 3). Son hombres que no tienen ni bienes ni cultura; son todos aquellos que entonces parecían los últimos, porque no sabían interpretar la Ley y no conocían los preceptos, y por ello eran despreciados por los fariseos y los escribas en Jerusalén.
El Evangelio es una palabra de vida y para la vida. Para escuchar el Evangelio y para comprenderlo hace falta perder el miedo a las exigencias del amor y no tener nada que defender. Lo que Jesús quiere decir en el Evangelio pueden entenderlo todos y lo entienden casi siempre mejor los humildes, los sencillos. En ellos vive el espíritu de Cristo (Eucaristía 1972). Esos pobres tienen un espíritu abierto, un espíritu que no está obstruido con mil teorías; y Dios los ha elegido como destinatarios de su revelación. En esos pobres ve Jesús los planes de Dios y los acepta con entusiasmo. Lucas nos dice que "en aquel momento se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo..." La exclamación gozosa de Jesús y su alabanza al Padre está animada por el mismo Espíritu de Dios.
Precisamente porque él -y nadie más que él- conoce las intenciones del Padre, puede pronunciar esta frase solemne y soberana: «Todo me lo ha entregado mi Padre». La consecuencia es que nadie sino el Hijo conoce a fondo al Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre: esta declaración levanta el velo del misterio trinitario; y la comunicación de los sentimientos del Hijo a los hombres, que viene a continuación, remite al Espíritu Santo, que pone en nuestros corazones los sentimientos de ambos, del Padre y del Hijo, algo que la segunda lectura subrayará expresamente. Al poder contemplar esa íntima relación recíproca que existe entre Padre e Hijo, descubrimos aún algo decisivo: que el Hijo no es un mero ejecutor de las órdenes del Padre, sino que tiene, como Dios que es, su propia voluntad soberana: él revela al Padre y se revela a sí mismo sólo a los que ha elegido para ello. La parte final del evangelio nos dice quiénes son estos elegidos.
Los cansados y agobiados encontrarán alivio: están invitados todos los cansados, agobiados u oprimidos por la razón que sea; sólo a ellos se les promete alivio, descanso (los que no están cansados no tienen necesidad de él). Y ahora viene la paradoja: los que vienen a Jesús llevan «cargas pesadas», pero el «yugo» de Jesús es «llevadero» y «su carga ligera». Sin embargo, su carga, la cruz, es la más pesada que hay. Y no se puede decir que la cruz sólo sea pesada para él, y no para los que la llevan con él. La solución se encuentra en la actitud de Jesús, que se designa en el evangelio como «manso y humilde de corazón», que no gime bajo las cargas que se le imponen, no se queja, no protesta, no mide ni compara sus fuerzas. «Aprended de mí», y enseguida experimentaréis que vuestra pesada carga se torna «ligera». No en vano, en la primera lectura, el Mesías viene cabalgando en un asno, en una bestia de carga tan humilde como él. Y no en vano, en la segunda lectura, se nos insta a tener en nosotros el «Espíritu de Dios» (el Padre) y el «Espíritu de Cristo», y a dejarnos determinar por él (von Balthasar).
Para alcanzar de Dios la sabiduría hay que hacerse como niños. Y ser como niños es vivir confiadamente en Dios. El niño se siente débil pero se siente confiado en los brazos de su padre. Su alma y su mente están abiertas y sin prejuicios ante la voz de su padre."Hacernos niños: renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia; reconocer que nosotros solos nada podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender a caminar y para perseverar en el camino. Ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños" (san J. Escrivá, Es Cristo que pasa 143).
Consecuencia directa de la vida de infancia es la sencillez. El alma no se enreda, ni se complica inútilmente por dentro; no busca lo extraordinario: hace lo de todos, pero procura hacerlo bien, cara a Dios. Habla con claridad: no se expresa con medias verdades, ni con medias mentiras. No es ingenua ni suspicaz.
Jesús viene a librar a los hombres de sus cargas más pesadas, echándolas sobre Sí mismo: "Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera".Junto a Cristo se vuelven amables todas las fatigas, todo lo que podría ser más costoso en el cumplimiento de la voluntad de Dios. El sacrificio junto a Cristo no es áspero y rebelde, sino gustoso. Él llevó nuestros dolores y nuestras cargas más pesadas. El Evangelio es una continua muestra de su preocupación por todos: “en todas partes ha dejado ejemplo de su misericordia” (San Gregorio Magno).
Liberar a los demás de lo que pesa, como haría Cristo en nuestro lugar. A veces consistirá en prestar un pequeño servicio, en dar una palabra de ánimo y de aliento, en ayudar a que esa persona mire al Maestro y adquiera un sentido más positivo de su situación, en la que quizá se encuentre agobiada por hallarse sola.
El amor descubre en los demás la imagen divina, a cuya semejanza hemos sido hechos; en todos reconocemos el precio sin medida que ha costado su rescate: la misma Sangre de Cristo. Cuanto más intensa es la caridad, en mayor estima se tiene al prójimo y, en consecuencia, crece la solicitud ante sus necesidades y penas. No sólo vemos a quien sufre o pasa un apuro, sino también a Cristo, que se ha identificado con todos los hombres: "en verdad os digo, cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a Mí lo hicisteis" (Mt 25,40). Cristo se hace presente en nosotros en la caridad. Él actúa constantemente en el mundo a través de los miembros de su Cuerpo Místico. Por eso, la unión vital con Jesús nos permite también a nosotros decir: "venid a Mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré”. La caridad es la realización del Reino de Dios en el mundo (F. Fernández Carvajal).
“Cualquiera otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas, parece que le alivias del peso, pero cuanto más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás como vuela” (S. Agustín, Sermo, 126).

2. “Así dice el Señor: Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso, modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica”. El mesías entra en Jerusalén mansamente. A diferencia de los conquistadores, que cabalgan en briosos corceles, el Mesías hace su entrada sobre un humilde asno, que es la cabalgadura tradicional de los campe- sinos y de los habitantes pacíficos. Y es que su reinado es de amor y justicia: “dictará la paz a las naciones”.
No estamos a la merced de fuerzas oscuras, ni estamos solos con nuestra libertad, sino que hemos sido confiados a la acción del Señor poderoso y amoroso, que instaurará para nosotros un designio, un «reino» de piedad, ternura, bondad, de gracia, de justicia, como confirma el salmo de alabanza: “Te ensalzaré, Dios mío, mi rey, bendeciré tu nombre por siempre jamás.Día tras día te bendeciré  y alabaré tu nombre por siempre jamás. El Señor es clemente y misericordioso,lento a la cólera y rico en piedad;  el Señor es bueno con todos,es cariñoso con todas sus criaturas”. Comenta San Pedro Crisólogo: «"Grandes son las obras del Señor", pero más grande aún es su misericordia».
3. Dirá san Pablo: “Vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu que habita en vosotros”. Es la vida a un nivel superior, en espíritu de amor: dejarse conducir por Dios… No se trata tanto de dividir a los hombres en buenos y malos, sino ver en nosotros una ley baja (de la carne, egoísta) y una ley alta (de amor, del Espíritu): “por tanto, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis”. El hombre carnal gime bajo su carga; nosotros, por el contrario, «estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente», pues la carne conduce a la muerte, sino que podemos alegrarnos, por el Espíritu que habita en nosotros, el Espíritu del amor entre Padre e Hijo, de que el Hijo nos permita llevar con él parte de su yugo, de su cruz. Así se nos concederá en el Espíritu el descanso y la paz de Dios.
Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 14º t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 

(Zac 9,9-10) "Mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso"
(Rm 8,9.11-13) "El Espíritu de Dios habita en vosotros"
(Mt 11,25-30) "Aprended de mí. que soy manso y humilde de corazón"

Homilía de Fernández Carvajal en "Hablar con Dios" Tomo III

--- Sencillez
Para alcanzar de Dios la sabiduría hay que hacerse como niños. Y ser como niños es vivir confiadamente en Dios. El niño se siente débil pero se siente confiado en los brazos de su padre. Su alma y su mente están abiertas y sin prejuicios ante la voz de su padre.
"Hacernos niños: renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia; reconocer que nosotros solos nada podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender a caminar y para perseverar en el camino. Ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños" (Es Cristo que pasa 143).
Consecuencia directa de la vida de infancia es la sencillez. El alma no se enreda, ni se complica inútilmente por dentro; no busca lo extraordinario: hace lo de todos, pero procura hacerlo bien, cara a Dios. Habla con claridad: no se expresa con medias verdades, ni con medias mentiras. No es ingenua ni suspicaz.

--- Imitar a Cristo en su atención al prójimo
De manera muy diferente a como muchos fariseos se comportaban con el pueblo, Jesús viene a librar a los hombres de sus cargas más pesadas, echándolas sobre Sí mismo. "Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11,28-30).
Junto a Cristo se vuelven amables todas las fatigas, todo lo que podría ser más costoso en el cumplimiento de la voluntad de Dios. El sacrificio junto a Cristo no es áspero y rebelde, sino gustoso. Él llevó nuestros dolores y nuestras cargas más pesadas. El Evangelio es una continua muestra de su preocupación por todos: “en todas partes ha dejado ejemplo de su misericordia” (San Gregorio Magno). Resucita a los muertos, cura a los ciegos, a los leprosos, a los sordomudos, libera a los endemoniados... Alguna vez ni siquiera espera que le traigan al enfermo, sino que dice: "Yo iré y le curaré" (Mt 7,7). Aun en el momento de la muerte se preocupa por los que le rodean. Y allí se entrega con amor, "como víctima de propiciación por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" (1 Jn 2,2).
Nosotros debemos imitar al Señor: no sólo no echando las preocupaciones innecesarias sobre los demás, sino ayudando a sobrellevar las que tienen. Siempre que nos sea posible, asistiremos a otros en su tarea humana, en las cargas que la misma vida impone: “Cuando hayas terminado tu trabajo, haz el de tu hermano, ayudándole, por Cristo, con tal delicadeza y naturalidad que ni el favorecido se dé cuenta de que estás haciendo más de lo que en justicia debes.
‑¡Esto sí que es fina virtud de hijo de Dios!” (Camino 440).
Liberar a los demás de lo que pesa, como haría Cristo en nuestro lugar. A veces consistirá en prestar un pequeño servicio, en dar una palabra de ánimo y de aliento, en ayudar a que esa persona mire al Maestro y adquiera un sentido más positivo de su situación, en la que quizá se encuentre agobiada por hallarse sola.
El amor descubre en los demás la imagen divina, a cuya semejanza hemos sido hechos; en todos reconocemos el precio sin medida que ha costado su rescate: la misma Sangre de Cristo. Cuanto más intensa es la caridad, en mayor estima se tiene al prójimo y, en consecuencia, crece la solicitud ante sus necesidades y penas. No sólo vemos a quien sufre o pasa un apuro, sino también a Cristo, que se ha identificado con todos los hombres: "en verdad os digo, cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a Mí lo hicisteis" (Mt 25,40). Cristo se hace presente en nosotros en la caridad. Él actúa constantemente en el mundo a través de los miembros de su Cuerpo Místico. Por eso, la unión vital con Jesús nos permite también a nosotros decir: "venid a Mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré”. La caridad es la realización del Reino de Dios en el mundo.

--- Preocupación por todos
Para ser fieles discípulos del Señor hemos de pedir incesantemente que nos dé un corazón semejante al suyo, capaz de compadecerse de tantos males como arrastra la humanidad, principalmente el mal del pecado, que es, sobre todos los males, el que más fuertemente agobia y deforma al hombre. La compasión fue el gesto habitual de Jesús a la vista de las miserias y limitaciones de los hombres: "Siento compasión de la muchedumbre..." (Mc 8,2). Cristo se conmueve ante toda suerte de desgracias que encontró a su paso por la tierra, y esa actitud misericordiosa es su postura permanente frente a las miserias humanas acumuladas a lo largo de los siglos. Si nosotros nos llamamos discípulos de Cristo debemos llevar en nuestro corazón los mismos sentimientos misericordiosos del Maestro.
Pidamos al Señor la ayuda de su gracia, para sentir compasión, en primer lugar, por aquellos que sufren el mal inconmensurable del pecado, los que están lejos de Dios. Así entenderemos cómo el apostolado de la Confesión es la mayor obra de misericordia, pues damos la posibilidad a Dios de verter su perdón generosísimo sobre quien se había alejado de la casa paterna.
Aliviemos en la medida en que nos sea posible a tantos que soportan la dura carga de la ignorancia, especialmente de la ignorancia religiosa, que “alcanza hoy niveles jamás vistos en ciertos países de tradición cristiana. Por imposición laicista o por desorientación y negligencia lamentables, multitud de jóvenes bautizados están llegando a la adolescencia con total desconocimiento de las más elementales nociones de la fe y la Moral y de los rudimentos mismos de la piedad. Ahora, enseñar al que no sabe significa, sobre todo, enseñar a los que nada saben de Religión, significa ‘evangelizarles’, es decir, hablarles de Dios y de la vida cristiana” (Orlandis 8, Bienaventuranzas).
Y si alguna vez nos encontramos nosotros con un peso que nos resulta demasiado duro para nuestras fuerzas, no dejemos de oír las palabras del Señor: Venid a Mí. Sólo Él restaura las fuerzas, sólo Él calma la sed. “Jesús dice ahora y siempre: Venid a Mí todos los que andáis fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré. Efectivamente, Jesús está en una actitud de invitación, de conocimiento y de compasión por nosotros; es más, de ofrecimiento, de promesa, de amistad, de bondad, de remedio a nuestros males, de confortador y, todavía más, de alimento, de pan, de fuente de energía y de vida” (Pablo VI).
La Virgen nos facilitará el camino hacia Cristo cuando tengamos más necesidad de descargar en Él nuestras preocupaciones: "Sacarás fuerzas para cumplir acabadamente la Voluntad de Dios, te llenarás de deseos de servir a todos los hombres. Serás el cristiano que a veces sueñas ser: lleno de obras de caridad y de justicia, alegre y fuerte, ás y exigente contigo mismo" (Amigos de Dios 293).

06 julio 2017

El Video del Papa 07-2017 – Los alejados de la fe cristiana – Julio 2017

ulio 2017. El Video del Papa: Todos conocemos a alguien cercano que se
ha alejado de la fe. Ayudémosle a vivir la alegría de Jesús y pidamos
con el Papa para que redescubra la belleza de la vida cristiana.

“No olvidemos nunca que nuestra alegría es Jesucristo, su amor fiel e inagotable.

Porque cuando un cristiano se pone triste, quiere decir que se ha alejado de Jesús.

02 julio 2017

Refugiados en Líbano: Fátima sueña con volver a Siria

Fátima, una mujer siria refugiada en Líbano desde hace cinco años, sueña
todos los días con volver a casa. Mientras llega el día de regresar a
casa, Fátima y millones de personas refugiadas más, dependen del apoyo
de organizaciones como Manos Unidas.