Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

12 mayo 2017

LIBRO DE LA SEMANA (12 May): Cien años de luz

(Cfr. www.criteriaclub.es)

 
  Cien años de luz

 

PRECIO
16,90 €

PELICULA DE LA SEMANA (12 May): Un reino unido

(Cfr. www.almudi.org)



Un reino unido


Reseña: 
En 1947, Seretse Khama, el rey de Botsuana, conoció a Ruth Williams, una oficinista londinense. La atracción fue inmediata, ella quedó prendada de él por su visión de un mundo mejor, él quedó cautivado por su disposición a aceptar esa visión. Ambos se sintieron liberados por los movimientos sociales que tuvieron lugar después de la guerra. Seretse sintió que había una oportunidad para el cambio según se iba debilitando el Imperio, Ruth vio la posibilidad de una “vida mejor” según las mujeres luchaban por su independencia y la igualdad.
Eran la pareja perfecta, pero su intención de contraer matrimonio se enfrentó al rechazo, no sólo de sus familias, sino también de los gobiernos británico y sudafricano. A pesar de las terribles presiones que sufrieron, Seretse y Ruth no cejaron en su empeño, lucharon por su amor en todo momento y, como consecuencia, cambiaron su nación e inspiraron al mundo entero.
Estupenda película histórica servida con clasicismo por la directora londinense Amma Asante, quien tras Belle vuelve a contar una historia real con principales elementos raciales, en sus diversas vertientes: prejuicios, segregación, amor. Pero esta vez la adaptación del libro de Susan Williams ofrece una visión que supera las meras relaciones personales entre dos enamorados y nos adentra en las luchas de poder por un país sudafricano, entonces llamado Bechuanalandia, que buscaba su consolidación como estado moderno, bajo la atenta y celosa mirada de su protector, el Reino Unido.  
Estupendo guión espléndida historia de amor. Las interpretaciones son muy buenas.  Las consecuencias políticas del matrimonio entre una mujer inglesa y el heredero al trono de un país africano son el conflicto de este drama romántico. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

El futuro de la lectura

(Cfr. www.almudi.org)

 

El autor reflexiona sobre la influencia de las nuevas tecnologías y la digitalización en el proceso de la lectura, con sus pros y sus contras

El proyecto E-Read nació a final de 2014, dentro del programa marco de la Unión Europea Horizonte 2020. Lo integran más de 150 científicos de treinta países, bajo la dirección de la noruega Anne Margen, secundada por el holandés Adrian van der Weel. Se trata de una iniciativa interdisciplinar, que agrupa a psicólogos, pedagogos, neurólogos, sociólogos y antropólogos. Investigan el futuro de la lectura en la era de la digitalización, para lo que examinan tanto la dimensión individual como la social de los nuevos usos. Los diferentes grupos de trabajo estudian todos los aspectos imaginables relacionados con la lectura, desde los intelectuales hasta los emocionales, pasando por los ergonómicos (la postura tiene su importancia: ya lo sabían nuestros mayores cuando nos reñían por acercar demasiado los ojos al papel).
Las pantallas, rostro visible de las nuevas tecnologías, parecen imponerse de modo irresistible, tanto en el trabajo como en el ocio y en la vida cotidiana en general. La educación no se libra de esa hegemonía, y cuando los políticos o los gestores de los centros educativos quieren ponderar los avances realizados, presumen del número de ordenadores, pizarras o mochilas digitales en sus colegios. La desaparición de los libros y cuadernos de papel se presenta como el no va más del progreso.
Pero antes de entregarse en cuerpo y alma a la nueva tecnología, convendría responder a las preguntas que se plantea E-Read: ¿Cómo influyen las pantallas en nuestra capacidad para recordar lo leído? ¿Hay diferencias entre los distintos grupos de usuarios: niños y mayores, lectores nuevos y lectores veteranos, hombres y mujeres? ¿Las hay entre los “nativos" y los “inmigrantes" digitales? ¿Cuáles son las implicaciones cognitivas, culturales y sociales de la digitalización? ¿Surgen nuevas relaciones entre la lectura y el juego, la escucha o la contemplación?
Más allá de la superficial contraposición entre apocalípticos e integrados, aquí hay un grupo de investigadores que se esfuerza por analizar con rigor el alcance de esos nuevos desarrollos tecnológicos. Datos bien fundados, en lugar de prejuicios o simples impresiones, constituyen la mejor base para un debate productivo.
Las ventajas de los instrumentos digitales saltan a la vista: enorme capacidad de almacenamiento, con una disponibilidad casi ilimitada de textos; es posible graduar el tamaño de las letras y su iluminación; resulta fácil establecer conexiones y pasar de unas pantallas a otras.
Sin embargo, la digitalización también presenta inconvenientes: no es fácil leer textos largos en la pantalla; lo leído se recuerda peor; disminuye la conexión emocional con los contenidos; la pantalla entorpece la comprensión intelectual de lo leído; se pierde concentración, pues los usuarios tienden a mariposear y combinan la lectura con el uso de Youtube, Whatsapp o Facebook. Los investigadores están encontrando otros efectos más de fondo, perceptibles ya en los niños pequeños: la dependencia de las pantallas, que se convierte con frecuencia en adicción, lleva a perder contacto directo con la realidad física y social. De modo creciente, la experiencia del mundo viene mediada por la pantalla, lo que implica un alejamiento del mundo real. “Ser meramente espectador es no existir", dijo Karl Jaspers hace sesenta años ante el imparable avance del cine y de la televisión. Los nativos digitales sufren con facilidad notables carencias antropológicas: ausencia de empatía y escasa vida social; empobrecimiento de la fantasía; menor capacidad de concentración; falta de disciplina; vocabulario muy limitado; dificultad para el pensamiento abstracto.
Como se ve, el precio que pagamos por la implantación de esas tecnologías es alto. No se entiende, por tanto, el entusiasmo, casi idolátrico, con que gobiernos, empresas y sistemas educativos propugnan la completa digitalización de los procesos de aprendizaje. Una de las investigadoras de E-Read, Theresa Schilhab, interrogó a niños daneses de siete años, alumnos de una escuela en la que el iPad ha desplazado a los libros. Para su sorpresa, muchos le dijeron que una de sus actividades de ocio preferidas era ir a las librerías para ver y tocar libros de papel: les encantaba sentirlos en las manos. Según decían, eso facilitaba la elección del libro y la lectura misma: bastaba con abrir el ejemplar, sin necesidad de encender aparatos y pulsar botones. Como en tantas ocasiones, la sabiduría habla por la boca de los niños.
Mientras E-Read estudia la lectura, los psicólogos de Harvard se ocupan de la escritura, y su conclusión no es menos sorprendente: tomar apuntes a mano resulta mucho más eficaz que hacerlo con laptops o dispositivos móviles. El lápiz nos obliga a reflexionar para sintetizar, lo que facilita la asimilación. El teclado, en cambio, se pulsa sin pensar.
El libro electrónico tuvo un lanzamiento fulgurante, de modo que los viejos lectores parecíamos una especie en peligro de extinción. Las aguas se van serenando, y la difusión del e-book se ha estancado. Parece que tenemos Gutenberg para rato. Afortunadamente.

Alejandro Navas, Profesor de Sociología de la Universidad de Navarra

Meditación Domingo 5º Pascua (A)

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En Jesús la misericordia divina se vierte sobre todos los hombres, se nos da Jesús que es el Camino, la Verdad y la Vida: el Camino auténtico en la caridad y el servicio; la Verdad que llena, con la oración que es un medio para conocerla; la Vida eterna de la que la Eucaristía es ya de ella prenda

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: -No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, si no os lo habría dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice: -Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde: -Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.
Felipe le dice: -Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
Jesús le replica: -Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores. Porque yo me voy al Padre” (Juan 14,1-12).

1. “Dijo Jesús a sus discípulos: -No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, si no os lo habría dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros”. Jesús va al cielo, y allí donde él está también iremos nosotros pues él ha ido a prepararnos lugar.
“Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dice: -Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?” Ésta es la gran pregunta de cada hombre, de mí mismo: «¿cómo podremos saber el camino?», ¿cómo sé por dónde debo ir para alcanzar la vida eterna, la felicidad en la tierra y, después, en el cielo? ¿Cómo puedo ser feliz?
Queremos seguir ese camino que lleva a la felicidad, que es acoger el amor de Jesús. Y escuchar esas palabras de salvación: “volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros”. Y Jesús concluye dirigiéndonos también a nosotros su palabra decisiva: “Creed en Dios y creed también en mí”. Únicamente Jesús es la luz. ¡Él sólo es la Verdad!
Señor, a veces me dejo llevar por otros caminos, cosas de gusto inmediato que produce mi egoísmo: comodidad, pereza, sensualidad, orgullo. Ayúdame a no apartarme de tu camino; y si me aparto -aunque la desviación sea pequeña-, que vuelva cuanto antes a él por la confesión. Gracias, Jesús, porque con tu vida me has dejado un sendero claro, me has marcado el camino que conduce a la felicidad. Un camino que, a veces, es difícil de ver, porque pasa por el sacrificio, por darse a los demás, por no buscarme a mí mismo (P. Cardona).
«Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Con estas inequívocas palabras, nos ha mostrado el Señor cuál es la vereda auténtica que lleva a la felicidad eterna. Yo soy el camino: Él es la única senda que enlaza el Cielo con la tierra. Le declara a todos los hombres, pero especialmente nos lo recuerda a quienes, como tú y como yo, le hemos dicho que estamos decididos a tomarnos en serio nuestra vocación de cristianos, de modo que Dios se halle siempre presente en nuestros pensamientos, en nuestros labios y en todas las acciones nuestras, también en aquellas más ordinarias y corrientes.
Jesús es el camino. Él ha dejado sobre este mundo las huellas limpias de sus pasos, señales indelebles que ni el desgaste de los años ni la perfidia del enemigo han logrado borrar» (J. Escrivá, Amigos de Dios 127).
Jesús, has dejado unas huellas imborrables que marcan el camino, unas señales indelebles que me indican dónde está la verdad, unas fuentes inagotables de donde mana la vida espiritual: los sacramentos. La vida cristiana -que es esencialmente sobrenatural- se nutre de los sacramentos que Tú has dejado a la Iglesia. Sin el apoyo de los sacramentos, la oración se convierte en cavilación, y las buenas obras en sentimentalismo.
Jesús, Tú eres la única senda que enlaza el Cielo con la tierra. Y esa senda está marcada por los sacramentos, en especial por aquéllos que podemos recibir más a menudo: la Comunión y la Confesión.
 “Jesús le responde: -Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. «Yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (San Agustín).
Jesús, sólo hay un modo de llegar a Dios, y eres Tú: seguir el ejemplo de tu vida, vivir esa vida de la gracia que me das en los sacramentos, que es tu misma vida: «Yo soy la Vida» Toda otra vida es efímera, todo otro objetivo es superficial, si se aparta de ese «Camino» que lleva a la verdadera felicidad.
Toda «verdad» en dirección opuesta es mentira, porque sólo Tú eres la «Verdad».
“Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto”.
Felipe le dice: -Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
Jesús le replica: -Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?” Jesús parece reprochar a Felipe por su pregunta, pero era una constatación de las dificultades que la razón humana experimenta ante el misterio. Efectivamente, nos encontramos aquí en la cumbre del misterio trinitario y sólo conociendo profundamente a Jesucristo y aceptando todo su mensaje, es posible conocer a Dios como Padre, que revela su amor con la creación y la redención. Sólo Jesús es el camino hacia el Padre; sólo Jesús nos hace conocer el misterio trascendente de la Santísima Trinidad y el misterio inmanente de la Providencia de Dios, que está presente en la historia de los hombres con el proyecto de salvación, que nos trae su amor, su misericordia y su perdón.
“Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia”: Jesús subraya la perfecta identidad de naturaleza entre Él y el Padre, y por lo tanto, la identidad de pensamiento (no lo habla por su cuenta) y de acción (dentro de la distinción de las divinas Personas): “el Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores. Porque yo me voy al Padre”.
Quiero estar preparado, Jesús, para que también a mí me puedas decir: «os llevaré junto a mí para que, donde yo estoy, estéis también vosotros.»

2. Vemos a la Iglesia desarrollarse bajo la acción del Espíritu Santo, en este tiempo de Pascua lleno de frutos. Decía Jacint Verdaguer que la naturaleza –árboles, flores- no puede aguantar la primavera que lleva dentro, y estalla en un mar de colores: así es la alegría de este tiempo pascual: «Señor, Tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos; míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna» (Colecta). “En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas”. Y para no distraerse de rezar y predicar, los "apóstoles" proponen a los "discípulos" que elijan a siete varones para que se encarguen de servir a los pobres. La "imposición de manos" aparece como un símbolo sagrado y jurídico, y es que la Iglesia tiene la misión de atender las necesidades de los demás, como nos enseña la Virgen María con su ejemplo: «en medio del júbilo de la fiesta, en Caná, sólo María advierte la falta de vino... Hasta los detalles más pequeños de servicio llega el alma si, como Ella, se vive apasionadamente pendiente del prójimo, por Dios» (san Josemaría). Jesús nos dio la regla de oro de que el encuentro con los demás es encontrarle a él: “cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis” (Mt 25,40).
Manifestaciones de este servicio:
-Dejarse llevar por el Espíritu Santo, donde nos coloque en la vida.
-Olvido de mí, solo Dios basta.
-Rectificar la intención, cuando me busque, no hacerme la víctima cuando venga la señal de la cruz: acoger a Cristo en ella.
-No retener cargos, por desgracia los dictadores no saben hacer equipo, y no saben dar continuidad a lo bueno que hicieran.
-No pensar en tener siempre la razón, acoger las correcciones. Cuando alguien tiene poder se cree superior, no escucha a menudo…
-No preocuparse por los fracasos, tomar experiencia para el servicio: nos hacen más humildes, y con la humildad hay una renovada lucha fruto de confiar más en Dios y menos en nuestras fuerzas.
“Dios es  hombre de bien… Alguien de confianza y de buenos sentimientos”, decía Paul Claudel sobre este salmo: “¡Toda la tierra, si tiene corazón, que palpite sobre  el corazón de Dios! En un abrir y cerrar de ojos todo fue hecho. Y entonces, las  combinaciones de las gentes, poco tienen que ver con él”, “¡nadie es intercambiable!” Atentos y todos juntos, diremos: "Que tu amor, Señor,  esté sobre nosotros, como nuestra esperanza está en ti".

3. La Iglesia es pueblo sacerdotal, templo de Dios, "espiritual", construida y habitada por el Espíritu: cohesión mutua de las piedras vivas que somos todos, que entramos por el sacramento del Bautismo. Todo descansa sobre "la piedra escogida y preciosa" que los constructores desecharon, el Señor Jesús, a quien crucificaron los hombres, pero Dios hizo "piedra angular" de la Iglesia. "Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo".
La Iglesia es "un pueblo adquirido por Dios": lo adquirió con la sangre de su Hijo. En su triple función -sacerdotal, regia y profética- está llamada a "ofrecer sacrificios espirituales", "proclamar las hazañas del que nos llamó". En el Evangelio se nos dirá que todos están llamados a participar de la salvación de Cristo, el único camino para la verdad y la vida.
Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 5º Pascua (A)

(Cfr. www.almudi.org)



 Homilía basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida»

I. LA PALABRA DE DIOS
Hch 6, 1-7: «Escogieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo»
Sal 32,1-2.4-5.18-19: «Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti»
1P 2,4-9: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real»
Jn 14, 1-12: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida»

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
De aquellos a los que los Apóstoles eligen se dice que «les encargaremos de esta tarea» (servicio). Se advierte que en aquella Iglesia tan importante era atender a las viudas o necesitados como a la Palabra y a la oración.
Tomás es el prototipo de quienes quieren pisar siempre sobre terreno firme. No arriesga. La respuesta que Jesús le da suena más a propuesta: Si Él es el Camino, ya sabe por dónde hay que ir; si Él es la Verdad, ya sabe de quién ha de fiarse; si Él es la Vida, ya sabe por quién la entrega. Tomás y todos los demás discípulos, cuando se escribía ésto, ya habían comprobado que descubrir a Jesucristo no procede de planteamientos teóricos, sino porque había tenido lugar un encuentro personal y de adhesión incondicional.

III. SITUACIÓN HUMANA
La sociedad pluralista pone en tela de juicio muchas seguridades. Lo que en otro tiempo para muchos eran verdades sin vuelta de hoja, ahora aparecen relativizadas, o sin fundamento. El hombre de hoy tiene miedo al riesgo, porque puede quedar frustrado. Hoy se arriesga poco o nada. Se tantea y prueba todo antes de dar cualquier paso. Y crece la desconfianza en que pueda haber «una verdad, un camino» por el que valga la pena arriesgarse. A santo Tomás le ocurrió algo así. Y Jesús no pudo ser más claro.

IV. LA FE DE LA IGLESIA

La fe
– Creer en Jesucristo: "Para el cristiano, creer en Dios es inseparablemente creer en aquel que él ha enviado, «su Hijo amado», en quien ha puesto toda su complacencia (Mc 1,11). Dios nos ha dicho que le escuchemos. El Señor mismo dice a sus discípulos: «Creed en Dios, creed también en mí» (Jn 14,1)" (151).
– Cristo, nuestro modelo: "El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad: «Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí...» (Mt 11,29). «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6)" (459; cf 516).

La respuesta
– Vivir en la verdad: "En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó toda entera. «Lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14), Él es la «luz del mundo» (Jn 8,12), la Verdad. El que cree en Él, no permanece en las tinieblas. El discípulo de Jesús, «permanece en su palabra», para conocer «la verdad que hace libre» y que santifica" (2466. cf 2467. 2468. 2469. 2470).
– "El Antiguo Testamento lo proclama: Dios es fuente de toda verdad. Su Palabra es verdad. Su ley es verdad. «Tu verdad, de edad en edad» (Sal 119,90)" (2465).

El testimonio cristiano
– «Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas .... se ven impulsados, por su misma naturaleza, a buscar la verdad y, además, tienen la obligación moral de hacerlo con respecto a la verdad religiosa. Están obligados también a adherirse a la verdad una vez que la han conocido y a ordenar toda su vida según sus exigencias (DH 2)» (2467).
Reconociendo a Jesús como «el Camino», ¿habrá quien no encuentre la ruta hacia el Padre? Sabiendo que es «la Verdad», ¿habrá quien la busque en otros o en las cosas? Teniéndolo como «la Vida», ¿habrá quien deje a la muerte la última palabra?

11 mayo 2017

Catequesis en español del Papa Francisco 10/05/2017 HD

«María estaba allí». En la catequesis del miércoles 10 de mayo el Papa
Francisco volvió a hablar del sí de María, y más precisamente de aquel
“sí” a la invitación del Ángel que fuera sólo el primero de una larga
lista de obediencias que acompañaron su itinerario de madre. De hecho,
continuando con su ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana el
pontífice fijó su mirada en la que llamó la “Madre de la Esperanza”, una
madre que atravesó más de una noche oscura en su camino, a partir de
aquel anuncio del Ángel y hasta a la noche suprema, cuando su Hijo fue
clavado en la madera de la Cruz.