Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

31 marzo 2017

Carta del Papa para el IX ENCUENTRO MUNDIAL DE LA FAMILIA

(Cfr. www.almudi.org)


 
Tendrá lugar en la capital de la República de Irlanda del 21 al 26 de agosto de 2018
Se ha hecho pública hoy, 30 de marzo, la Carta del Papa, con motivo de la cita de las familias católicas de todo el mundo, que como él mismo anunció en el precedente Encuentro Mundial de las Familias, Filadelfia 2015, tendrá lugar en la capital de la República de Irlanda del 21 al 26 de agosto de 2018, con el lema: El Evangelio de la familia: alegría para el mundo.
Con su misiva −dirigida al Card. Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida− el Obispo de Roma desea ofrecer algunas indicaciones sobre el tema elegido para el encuentro de Dublín, con el anhelo de que las familias profundicen y compartan su reflexión sobre los contenidos de la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris laetitia.

Texto de la Carta del Santo Padre

Al Venerado Hermano Cardenal
Kevin Farrell
Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida
Al final del VIII Encuentro Mundial de las Familias, celebrado en Filadelfia en septiembre de 2015, anuncié que el próximo encuentro con las familias católicas de todo el mundo tendría lugar en Dublín. Ahora, con el deseo de comenzar su preparación, me alegra confirmar que será del 21 al 26 de agosto de 2018, sobre el tema: “El Evangelio de la familia: alegría para mundo”. Y respecto a este tema y a su desarrollo quisiera ofrecer algunas indicaciones más precisas. Porque deseo que las familias puedan profundizar en su reflexión y compartir los contenidos de la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris Laetitia.
Nos podríamos preguntar: ¿El Evangelio sigue siendo alegría para el mundo? Y también: ¿La familia sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy?
¡Yo estoy seguro de que sí! Y este “sí” está firmemente fundado en el plan de Dios. El amor de Dios es su “sí” a toda la creación y al corazón de la misma, que es el hombre. Es el “sí” de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases; es el “sí” y el compromiso de Dios con una humanidad a menudo herida, maltratada y dominada por la falta de amor. La familia, por tanto, es el “sí” del Dios Amor. Solo a partir del amor la familia puede manifestar, difundir y regenerar el amor de Dios en el mundo. Sin amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos.
Deseo subrayar lo importante que es que las familias se pregunten a menudo si viven a partir del amor, por el amor y en el amor. Eso significa concretamente darse, perdonarse, no impacientarse, anticiparse al otro, respetarse. ¡Cómo mejoraría la vida familiar si cada día se vivieran las tres sencillas palabras “permiso”, “gracias”, “lo siento”! Todos los días experimentamos la fragilidad y la debilidad, y por eso todos, familias y pastores, necesitamos una humildad renovada que plasme el deseo de formarnos, de educar y de ser educados, de ayudar y de ser ayudados, de acompañar, discernir e integrar a todos los hombres de buena voluntad. Sueño con una Iglesia en salida, no autorreferente, una Iglesia que no pase distante de las heridas del hombre, una Iglesia misericordiosa que anuncie el corazón de la revelación del Dios Amor que es la Misericordia. Esa misma misericordia es la que nos hace nuevos en el amor; y sabemos lo mucho que las familias cristianas son lugares de misericordia y testigos de misericordia; después del Jubileo extraordinario lo serán todavía más, y el Encuentro de Dublín podrá dar muestras concretas.
Invito, pues, a toda la Iglesia a recordar estas indicaciones en la preparación pastoral para el próximo Encuentro Mundial.
Ante Usted, querido Hermano, junto a sus colaboradores, se presenta la tarea de adaptar de modo particular la enseñanza de Amoris Laetitia, con la que la Iglesia desea que las familias estén siempre en camino, en ese peregrinar interior que es manifestación de vida auténtica.
Mi pensamiento se dirige de manera especial a la Archidiócesis de Dublín y a toda la querida Nación irlandesa, por la generosa hospitalidad y el esfuerzo que comporta organizar un evento de dicha magnitud. ¡Que el Señor os recompense desde ahora, concediéndoos abundantes favores celestiales!
Que la Sagrada Familia de Nazaret guíe, acompañe y bendiga vuestro servicio y a todas las familias implicadas en la preparación del gran Encuentro Mundial de Dublín.
Desde el Vaticano, 25 de marzo de 2017
Francisco

Meditación Domingo 5 Cuaresma (A)

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Jesús abre los sepulcros de nuestro corazón y nos da la Vida

«Entonces María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle se postró a sus pies y le dijo: Señor; si hubieses estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. Jesús, cuando la vio llorando y que los judíos que la acompañaban también lloraban, se estremeció en su interior; se conmovió y dijo: ¿Dónde le habéis puesto? Le contestaron: Señor; ven y lo verás. Jesús comenzó a llorar Decían entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. Pero algunos de ellos dijeron: ¿Este, que abrió los ojos del ciego, no podía haber impedido que muriese? Jesús, conmoviéndose de nuevo, fue al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra. Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, la hermana del difunto, le dijo: Señor; ya hiede, pues lleva cuatro días. Le dijo Jesús: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? Quitaron entonces la piedra. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la multitud que está alrededor; para que crean que Tú me enviaste. Y después de decir esto, gritó con frene voz: ¡Lázaro, sal afuera! Y el que estaba muerto salió atado de pies y manos con vendas, y el rostro envuelto con un sudario. Jesús les dijo: Desatadle y dejadle andar» (Juan 11,1-45). 

1.  "Enviáronle a decir las hermanas: Señor, el que tú amas, está enfermo." Quiero pedirte yo también, Señor, por todos los que agonizan, por los que mueren… "Lázaro, mi amigo, duerme, pero voy a despertarlo". El Señor acudirá cuando lo estime oportuno, como vemos en este episodio. Jesús conoce el desenlace y así lo hace saber a sus discípulos: “Lázaro ha muerto y me alegro por vosotros de no haber estado allí para que creáis. Siempre nos dice: “¡Que tengáis fe!” Y es que no debemos perder la paz o pensar que hay situaciones que no tienen remedio. El Señor conoce esas dificultades que encontramos en nuestra vida. No podemos estar amargados… estamos hechos para la vida, lo bello, lo justo, lo verdadero, lo amable... y Cristo ha venido al mundo para vencer al mundo (el mal, la mentira, la injusticia, la enfermedad y, por último, la muerte). Sólo en Cristo está la paz, porque sólo Él tiene palabras de vida eterna. Sin Jesucristo, sin ese poder que Él tiene de resurrección, esta vida carece de sentido. Con la certeza de que todo tiene un sentido, con esa fe que mueve a la caridad con el amor que Dios nos da, nos podemos llenar de paciencia, de comprensión, de fortaleza para aceptar las cosas y a las personas. Es la visión de ver las cosas como las ve Dios, y así con fe confiamos en un remedio para casos sin remedio: "por la fuerza de la cruz, el mundo  es juzgado como reo y el Crucificado exaltado como juez poderoso" (prefacio).
«Cristo lo es todo para nosotros. Si quieres curar tus heridas, Él es médico. Si la fiebre te abrasa, Él es la fuente de agua fresca. Si te oprime el peso de la culpa, Él es la justicia. Si necesitas ayuda, Él es la fuerza. Si temes la muerte, Él es la vida. Si deseas el cielo, Él es el camino. Si huyes de las tinieblas, Él es la luz. Si buscas comida, Él es el alimento. Buscad y ved cuán bueno es el Señor; dichoso el hombre que espera el Él» (San Ambrosio).
Lázaro se muere… es símbolo de Jesús, que se queda dos días en aquel lugar, a las puertas del tercer día, que significa resurrección, vida. Cristo ha venido para que «tengamos vida y la tengamos en abundancia» y la tengamos para siempre.
Marta va a recibir a Jesús. El diálogo con las hermanas es impresionante; primero ellas se quejan, cada una por su lado: “Señor si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano”. Luego María repite casi exactamente las palabras de su hermana. ¡Si el Maestro estuviera aquí! Al recordar esos días de espera angustiosa y de sufrimiento rompe a llorar. Y Jesús que no puede dominar la tensión de este encuentro se conmovió también. "El Señor, al verla llorar... se conmovió en su interior..., se echó a llorar. Decían entonces los judíos: Mirad cómo le amaba». Le quería tanto, que su corazón rompe en lágrimas”.
Luego, Jesús: -“Yo soy la resurrección y la vida; el que me presta su adhesión, aunque muera, vivirá, pues todo el que vive y me presta adhesión, no morirá nunca. ¿Crees esto?" y sale de sus bocas aquella proclamación de la fe que también deseamos nosotros, fruto de nuestro diálogo esperanzador con el Señor en la oración, en camino hacia la Pascua. La divinidad y la humanidad del Señor de modo tan admirable unidos en esta escena tan viva… Y es, esa doble naturaleza divina y humana la que explica que su amor por nosotros logre remediar lo que para nosotros es irremediable: la muerte. “Jesús es tu amigo. El Amigo. Con corazón de carne, como el tuyo. Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro... Y tanto como a Lázaro te quiere a ti” (S. Josemaría, Camino 422). 
La fe es vista como conversión, iluminación, comunión, y estos tres aspectos quedan destacados a través en estos tres domingos llamados de “escrutinios” para los que van a ser bautizados. Leímos hace dos semanas el pasaje de la samaritana (conversión); la semana pasada fue el ciego de nacimiento (iluminación); y hoy la resurrección de Lázaro (la vida  nueva en la comunión con el Señor).
«Nunca te desesperes. Muerto y corrompido estaba Lázaro: -hiede, porque hace cuatro días que está enterrado, dice Marta a Jesús. / Si oyes la inspiración de Dios y la Sigues -¡Lázaro, sal afuera!-, volverás a la Vida» (J. Escrivá, Camino.-719).
S. Agustín da un sentido espiritual a los milagros que Jesús hace con las tres resurrecciones del Evangelio. La hija del jefe de la Sinagoga estaba aún enferma y en camino a casa se anuncia su muerte: “La niña ha muerto, ¿por qué molestas todavía al maestro?” Jesús prosiguió su camino y dijo al padre de la joven: “No temas, cree solamente”. Cuando llegó a casa lo encontró todo dispuesto para los funerales. “No lloréis, les dijo; la joven no está muerta, sino que duerme”. “Y dijo la verdad: dormía, pero sólo para quien tenía el poder de resucitarla”. Se hallaba muerta dentro de casa. “Hay personas que han pecado ya en su corazón, pero el pecado aún no se ha hecho realidad exterior. Un tal se sintió afectado por cierto deseo”. Y ya se puede pecar en el corazón. Y Jesús nos salva: “resucita el muerto en la casa y revive el corazón en lo secreto de la conciencia. Esta resurrección del alma muerta se produjo en el secreto de la conciencia; caso idéntico a aquel que resucitó dentro de su casa”.
También resucitó a un joven, hijo de una viuda... sacaban al muerto de la casa cuando Jesús pasa y dice: “Joven, yo te lo ordeno, levántate” (Lc 7,14). Resucitó el difunto, comenzó a hablar y se lo entregó a su madre. El joven ya no estaba en casa. Son los “que, después de haber consentido pasan a la acción; es el caso paralelo a quienes sacan fuera al muerto, para que aparezca a las claras lo que permanecía oculto. ¿Han de perder la esperanza éstos que pasaron a la acción? ¿No se le dijo a aquel joven: “Yo te lo ordeno, levántate”? (Lc 7,14). ¿No fue devuelto a su madre? Luego así también quien pecó de hecho, si amonestado y afectado por la palabra de la verdad se levanta ante la palabra de Cristo, resucita también. Pudo avanzar en el pecado, pero no perecer para siempre”.
Resucitó igualmente a Lázaro, pero del sepulcro. A los discípulos con quienes hablaba, que sabían que Lázaro, amado con predilección por el Señor, estaba enfermo, les dice: “Lázaro, nuestro amigo, duerme”. Pensando en el sueño reparador de la salud, le responden: “Señor, si duerme, está curado”. Y él, de forma ya más clara: “Nuestro amigo Lázaro ha muerto”. Dijo la verdad una y otra vez: para vosotros está muerto, más para mí duerme. Fue resucitado estando en el sepulcro. “Quienes a fuerza de obrar mal se enredan en la mala costumbre de forma que esa misma mala costumbre no les deja ver el mal, se convierten en defensores de sus malas acciones” y no hacen caso de quienes les advierten: “están como sepultados. Pero, ¿qué he de decir, hermanos? De tal forma sepultados que se les podría aplicar lo que se dijo de Lázaro: “Ya hiede”. La piedra colocada sobre el sepulcro es la fuerza oprimente de la costumbre que aprisiona al alma y no la permite ni levantarse ni respirar”.
El alma llega a ese estado como en cuatro etapas. “La primera consiste en la seducción del placer en el corazón. La segunda en el consentimiento. La tercera es ya la realización y la cuarta la costumbre. Hay quienes rechazan tan radicalmente con sus mismos pensamientos las cosas ilícitas que ni siquiera se deleitan en ellas. Hay quienes se deleitan, pero no consienten; habría que decir que la muerte no es plena, pero que en cierto modo se ha iniciado ya. Si el consentimiento sigue a la delectación, ahí está la condenación. Tras el consentimiento se procede al hecho y el hecho conduce a la costumbre, provocando una cierta pérdida de esperanza, por lo cual se dice: Lleva cuatro días, ya hiede”. "Si nos ve fríos, desganados, quizá con la rigidez de una vida interior que se extingue, su llanto será para nosotros vida: ‘Yo te lo mando, amigo mío, levántate y anda’ (Lc 5,24), sal fuera de esa vida estrecha, que no es vida" (s. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa  93).
Lázaro también puede verse como símbolo de la destrucción del destino inexorable y de la fatalidad, no somos un ser para la muerte, pues Jesús es la resurrección y la vida. ¡Qué fantástico sería si a la pregunta "¿Crees esto?", respondiéramos como Marta: "¡Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo!".

2. Ezequiel ha tenido la visión de unos huesos secos e informes que toman carne, se organizan y reviven. El ruah-viento-espíritu, soplo animador por los cuatro costados, es vida por doquier. Huesos y espíritu, muerte y vida es el eje central de la visión, de la parábola y de la teología de este pasaje. "¿Podrán revivir esos huesos?"; el profeta se limita a responder: "Tú lo sabes, Señor". Y aquellos cadáveres "revivieron, se pusieron en pie". "Huesos calcinados", es decir "esperanzas desvanecidas”; pensamientos negativos del tipo “estamos perdidos", corroen la raíz de la existencia… ante estos sepulcros la infusión "de mi espíritu en vosotros" les dará ser vivos-divinos, personas libres (Edic Marova). Jesús derrota la muerte y nos resucita… aquí está profetizado. Y el salmo de hoy expresa bien ese renacer: “Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz… Mi alma espera en el Señor… porque del Señor viene la misericordia… él redimirá a Israel”.

3. "El hombre que está en la carne" es el que padece la opresión del pecado y siente sus consecuencias: ha perdido su armonía interior. "El hombre que está en el espíritu" es el hombre que ha sido salvado por Cristo y ha recibido el espíritu de Dios que da la vida: “Si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros”: si amamos la justicia y mantenemos la integridad de la fe católica”.
            Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 5 Cuaresma (A)

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Homilía basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
«Morir al pecado es empezar a participar de la resurreccion de Cristo»

I. LA PALABRA DE DIOS
Ez 37,12-14: «Os infundiré mi espíritu y viviréis»
Sal 129.1-4.6-8: «Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa»
Rm 8,8-11: «El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros»
Jn 11,1-45: «Yo soy la resurrección y la vida»

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
«El que cree en El tiene la vida eterna» significa que Jesús es el único que da la vida y que quien la recibe, la tiene precisamente por creer.
Decir que «El es la resurrección y la vida» es lo suficientemente importante como para respaldarlo con una victoria sobre la muerte. Pero no sólo reservada para cuando la muerte ha vencido ya al hombre (caso de Lázaro), sino para que no domine del todo al hombre.
La amistad entre Jesús, Lázaro y sus hermanas era de sobra conocida. Pero no hace el milagro por eso, sino porque creían en El. La fe, más que carta de recomendación para el milagro, es requisito indispensable.

III. SITUACIÓN HUMANA
Cuanto el hombre de hoy se afana por conseguir mayores cotas de libertad, de justicia y de bienestar se siente mejor consigo mismo y se convence de que sus posibilidades de futuro deben ser potenciadas al máximo. Las grandes conquistas en el campo científico y cultural le estimulan para seguir creyendo en el mañana. Si esto lo trasladamos al campo social, no cabe duda de que se han dado pasos importantísimos. Y siempre queda mucho por conquistar. Es una prueba de que el hombre mira hacia adelante.

IV. LA FE DE LA IGLESIA

La fe
– La fe en Jesús y la fe en la resurrección: «Jesús liga la fe en la resurrección a la fe en su propia persona: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11,25). Es el mismo Jesús el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en él y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre. En su vida pública ofrece ya un signo y una prenda de la resurrección devolviendo la vida a algunos muertos, anunciando así su propia Resurrección que, no obstante, será de otro orden» (994).
– Los signos del Reino de Dios: 547. 548. 549. 550.
– Libertad, necesidad y perseverancia en la fe: 160. 161. 162.

La respuesta
– La conversión del corazón, principio de una vida nueva: "« Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia » (Rm 5,20). Pero para hacer su obra, la gracia debe descubrir el pecado para convertir nuestro corazón y conferirnos « la justicia para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor » (Rm 5,20-21). Como un médico que descubre la herida antes de curarla, Dios, mediante su palabra y su espíritu, proyecta una luz viva sobre el pecado» (1848; cf 1888).
– La oración de Jesús: 2604.

El testimonio cristiano
– "La conversión exige el reconocimiento del pecado, y éste, siendo una verificación del Espíritu de la verdad en la intimidad del hombre, llega a ser al mismo tiempo el nuevo comienzo de la dádiva de la gracia y del amor: « Recibid el Espíritu Santo ». Así pues, en este convencer en lo « referente al pecado », descubrimos una «doble dádiva »: el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redención. El Espíritu de la verdad es el Paráclito (Juan Pablo II, DeV 31)" (1848).
La fe de Marta y la de quienes la acompañaban a ella no puede ser sólo en Lázaro en cuanto resucitado, sino porque Jesús es la Resurrección. Ha roto las ataduras de Lázaro, pero a nosotros nos libra de las ataduras del pecado y de la muerte.

30 marzo 2017

Cerro Tamboraque: Relave minero a 93 kms de Lima

A través de CIDSE, la alianza internacional de ONG católicas de
desarrollo a la que pertenecemos en Manos Unidas y de las informaciones
que se reciben desde la Plataforma Europa Perú, estamos también muy
pendientes de las crecidas de los ríos pero sobre todo, de las 630.000
toneladas de relaves mineros altamente tóxicos que están depositados a
pocos metros de río Rímac, en el cerro Tamboraque y que pertencen a la
empresa Nyrstar. Y es que, si el río se desborda en esa zona como ya
parece que ha sucedido (ver aquí) y produce un huayco o corrimiento de
tierra, Lima podría quedar sin agua potable por un tiempo indeterminado y
las consecuencias para el ecosistema serían muy graves. Los expertos
recomiendan que hay que tomar medidas de manera urgente y estructural.

En este video publicado en Facebook https://www.facebook.com/marisaglaver...
ya se advertía en el mes de febrero de esta peligrosa situación que ahora se ha agravado con las lluvias.

Catequesis en español del Papa Francisco 22/03/2017 HD

Los cristianos estamos llamados a seguir el ejemplo de Abrahán, quien,
aun ante la evidencia de una realidad contraria a toda esperanza humana,
confía en Dios, "plenamente convencido de que Dios tiene poder para
cumplir lo que promete” (Rm 4, 21). Con estas palabras del Apóstol
Pablo, el Papa Francisco nos mostró una vez más la estrecha relación
entre esperanza y fe. En la soleada Plaza de san Pedro, tras saludar a
los fieles y escuchar atentamente el capítulo 4 de la carta de San Pablo
a los Romanos, el Santo Padre desarrolló su catequesis sobre la
esperanza cristiana a partir del ejemplo de Abrahán este 29 de marzo.

28 marzo 2017

Ángelus del 26/03/2017 HD

Para el tiempo de cuaresma, el Papa Francisco exhortó a redescubrir la
“luz” del bautismo y adoptar “un cambio radical de mentalidad”. Lo hizo
previamente al rezo del Ángelus de este 26 de marzo. Ante unas 25,000
personas reunidas en la Plaza de San Pedro, el Pontífice previno contra
la tentación de confiar “en las pequeñas luces” que hacen tantear en la
oscuridad, en particular las “falsas luces” de los prejuicios que
“deforman la realidad” y el interés personal que evalúa según la propia
conveniencia. El papa inició su alocución meditando sobre el Evangelio
del día que cuenta el relato de la curación del ciego de nacimiento. El
ciego “representa a cada uno de nosotros”, explicó, ciegos por el
pecado.

26 marzo 2017

El matrimonio, una suerte de amistad

Marido y mujer tienen que gozar de una amistad especial: gozar de una
película, de una afición común, divertirse juntos... Nuevo vídeo de la
serie "El matrimonio, un camino divino en la tierra".
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Madre Teresa: la caridad necesaria para vivir

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¿Pero qué serían el progreso y la lucha por la justicia sin la práctica de la caridad?
Las innumerables obras presentes en todo el mundo, en el surco trazado por la Madre Teresa, siguen permitiendo a millones de personas afrontar la existencia y también la muerte con un respeto total a su dignidad humana.

Esta reflexión, oportunamente formulada por el presidente de la Fundación para la Subsidiariedad, da cuenta de la actualidad de la figura de Santa Teresa de Calcuta −canonizada por el Papa Francisco el 4 de septiembre pasado, en Plaza San Pedro−, en un contexto cultural contemporáneo que mediáticamente se contrapone a su inolvidable y asombrosa figura. 

La reciente canonización de la Madre Teresa, lejos de ser un hecho que solo interese a los creyentes, representa por el contrario, si nos fijamos atentamente, un desafío a muchos de los lugares comunes típicos de la mentalidad dominante a nivel global. Lo hemos visto las semanas pasadas, por lo que vale la pena hacer ciertas reflexiones al respecto. En medio de un gran consenso y de la asombrada admiración de los que hemos sido testigos de su vida, medios influyentes en distintas partes del mundo han sacado material de sus archivos para publicar artículos y supuestas investigaciones, todos ellos con un denominador común: denunciar que la Madre Teresa “no era precisamente una santa”.

Ha vuelto a la primera plana el libro del desaparecido Christopher Hitchens, “The missionary position”, publicado originalmente en 1995, donde entre otras cosas afirma que esta monja solía utilizar el dinero obtenido con fines de beneficencia, para abrir conventos en vez de hospitales, propagando el «no al aborto», a las relaciones prematrimoniales y al uso de los preservativos, moviéndose así como un instrumento al servicio del poder político y teológico de la Iglesia Católica.
Otros artículos denuncian la precariedad de sus estructuras, su falta de condiciones higiénicas y médicas fundamentales, en una perspectiva según la cual se habría exaltado el sufrimiento en lugar de combatirlo.

Lo primero que habría que decir, ante esta obcecación en no entender el significado real de la misión de la Madre Teresa, es la actualidad que cobran las palabras de Benedicto XVI en la encíclica Deus caritas est, es decir, que “la caridad siempre será necesaria”. Frase que contrasta frontalmente con aquella que tanto gustaba a las ideologías de los siglos XIX y XX, al liberalismo y al comunismo: “No hace falta caridad, sino justicia”.

Por un lado, se despreciaba la caridad que estaba en la raíz del magisterio de la Iglesia, porque se afirmaba que solo el progreso económico podía emancipar a la humanidad del hambre, de la enfermedad y el subdesarrollo. Por otro, se consideraba hipócrita o incluso dañino ayudar a los hombres en sus necesidades inmediatas, porque distraía del intento de construir estructuras más justas y duraderas para todos.

Entendámonos. No es que reclamar progreso y justicia social sea un error. Pensemos tan solo en la encíclica Populorum progressio de Pablo VI: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”; o en los continuos llamados de los pontífices, sobre todo del Papa Francisco, para que las estructuras económicas, sociales y políticas no opriman al pobre, al débil, al enfermo, al marginado. ¿Pero qué serían el progreso y la lucha por la justicia sin la práctica de la caridad? Las innumerables obras presentes en todo el mundo, en el surco trazado por la Madre Teresa, siguen permitiendo a millones de personas afrontar la existencia y también la muerte con un respeto total a su dignidad humana.

Si los hubieran dejado donde estaban, esperando el progreso y la justicia social, estas personas habrían vivido y muerto como animales. Nunca existirá un régimen político capaz de eliminar del todo la pobreza, siempre habrá entre nosotros gente a la que ayudar. Del mismo modo, la Madre Teresa nunca pretendió resolver todos los males del mundo y era bien consciente de sus propias limitaciones. Pero no por ello se quedó mirando, fue personalmente hasta allí, a las calles, en medio de los moribundos, ofreciéndose a cuidar a niños que de otro modo habrían sido abortados. En una palabra, compartía el dolor de cualquiera, acogiendo y promoviendo la vida. La caridad abate así todas las doctrinas económicas y políticas, porque es en sí misma un gesto real e inmediato.

Si no se vive la caridad, si no se siente y atiende a la gente en torno, el pregón del progreso termina siendo una trampa mortal. Tenemos ante nuestros ojos, aunque finjamos no ver, las consecuencias del neocolonialismo económico que desata la “tercera guerra mundial por etapas”: muros para mantener lejos a los que huyen de la violencia y de la pobreza, élites de unos pocos ricos cada vez más ricos, fracaso estrepitoso de utopías como la que ha convertido a Venezuela, antaño una de las naciones más ricas de América del Sur, en un país devastado por el hambre y la pobreza.
Sin caridad, todo proyecto político acaba volviéndose contra la gente, no a favor de la gente.
El ejemplo de la Madre Teresa representa por último otro desafío aún más radical. Hay una mentalidad, sufragada también por un cierto moralismo católico, que cree que ocuparse de los demás es un problema ético: tenemos que hacer el bien porque es justo ser buenos. Pero eso no basta para explicar el compromiso heroico de las hermanas de la Madre Teresa, un compromiso capaz de tratar a los últimos de los últimos con un afecto absoluto. ¿Cómo se puede amar así?
Hace unos años, un conocido periodista, después de asistir a un encuentro público con la Madre 
Teresa, impresionado por lo que acababa de escuchar, se le acercó y le preguntó a contrapelo: “¿Pero qué le llevó a poner en pie todo lo que ha hecho?” Cuenta el periodista que la pequeña monja le miró un poco molesta y respondió, señalando a la gente que estaba allí presente: “Para mí, todas las personas son la sombra de Jesús”. Una respuesta no solo comprensible para los católicos y cristianos de otras confesiones, sino también para los musulmanes, los hindúes, los ateos. El otro es un bien para mí: es un Misterio siempre grande, siempre hermoso, sea cual sea el cuerpo que lo porte, sea cual sea la incoherencia con la que vivamos. Porque es reflejo de ese Infinito del que todos los hombres de todos los tiempos y de todas las culturas tienen necesidad para poder vivir, amar y ser felices. La caridad ayuda a vivir esa correspondencia con el corazón que todos deseamos. En un momento histórico en que se teoriza la imposibilidad de una convivencia entre culturas y religiones diferentes, la Madre Teresa nos reta a vivir la caridad como única posibilidad de una verdadera convivencia y por tanto de paz, porque la caridad no es una doctrina, sino el inicio de una nueva civilización.

Giorgio Vittadini
Fuente: humanitas.cl (publicado originalmente por ilsussidiario.net).

LIBRO DE LA SEMANA (24Mar): Economía fácil

(Cfr. www.criteraclub.es)


Nuevo Economia facil


PRECIO
14,90 €

El libro que puede tener en sus manos, trata de explicar doce Áreas de Economía, de una forma sencilla, para que sean comprendidas por cualquier persona, a través de una serie de preguntas que formuladas por un profesor de esta materia en Bachiller, Juan José Caro Oliver. Acostumbrado a enseñar a jóvenes sin ningún conocimiento previo y respondidas por Josu Imanol Delgado y Ugarte, un gran economista de este país, y es seguro que le arrojarán luz para poder comprender, perfectamente la manera en la que se desarrollan estás Áreas, que son fundamentales dentro de esta Ciencia. Y que, sin duda, afectan en estos momentos y además en el futuro, realmente, a su propia Vida y también, a la de sus seres queridos.

PELICULA DE LA SEMANA (24Mar): La Bella y la Bestia

(Cfr. www.almudi.org)



La Bella y la Bestia 2017

  • Público apropiado: Jóvenes
  • Valoración moral: Con pocos inconvenientes
  • Año: 2017





Reseña: 
La factura general es buena, pero que a la vez no regala apenas momentos memorables y algunos de los que a priori deberían serlo –el baile entre los protagonistas, la batalla contra la turba que asalta el castillo– saben a poco.
Los mejores momentos del film son los que tienen lugar en el castillo y sus alrededores, pues el tono misterioso y romántico atrapa, y casa a la perfección con la fotografía oscura y nevada.
Capítulo aparte merece la música, porque La bella y la bestia es también un musical y la presencia de las canciones es constante, sobre todo en los dos primeros tercios del film. La inolvidable partitura original de Alan Menken brilla aquí en todo su esplendor, con una magnífica y a veces apabullante orquestación.
Sin embargo, el conjunto se alarga en exceso –el prólogo y el epílogo son insustanciales– y baja muchos enteros en todas las secuencias protagonizadas por Gastón, pues domina en ellas un humor tosco y enrarecido con una boba subtrama homosexual, que también enturbia el mágico clasicismo del baile final.
En fin, esta nueva revisión del cuento clásico, aunque vistosa, solo entretiene y fascina a ratos, y se queda muy lejos tanto de la magistral versión íntegramente animada de 1991 como de la excelente versión en imagen real de El libro de la selva, que Disney nos regaló el año pasado. (Almudí  JD). Decine21: AQUÍ

Meditación Domingo 4 Cuaresma (A)

(Cfr. www.almudi.org)


Jesús es el buen pastor que nos lleva hacia la salvación; la luz que nos abre los ojos curándonos de nuestra ceguera

«Y al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: Rabbí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego? Respondió Jesús: Ni pecó éste ni sus padres, sino que aso ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él. Es necesario que nosotros hagamos las obras del que me ha enviado mientras es de día, pues llega la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo soy luz del mundo. Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, aplicó el lodo en sus ojos y le dijo: Anda, lávate en la piscina de Siloé, que significa enviado. Fue, pues, se lavó y volvió con vista. Los vecinos y los que le habían visto antes cuando era mendigo decían: ¿No es éste el que estaba sentado y pedía limosna? Unos decían: Es él. Otros en cambio: De ningún modo, sino que se le parece. El decía: Soy yo. Entonces le preguntaban: ¿Cómo se te abrieron los ojos? El respondió: Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: Ve a Siloé y lávate. Entonces fui, me lavé y comencé a ver. Le dijeron: ¿Dónde está ése? El respondió: No lo sé. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. Y le preguntaban de nuevo los fariseos cómo había comenzado a ver. El les respondió: Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo. Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no es de Dios, ya que no guarda el sábado. Pero otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales prodigios? Y había división entre ellos. Dijeron, pues, otra vez al ciego: ¿Tú qué dices de él, puesto que te ha abierto los ojos? Respondió: Que es un profeta. No creyeron los judíos que aquel hombre habiendo sido ciego hubiera llegado a ver, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron: ¿Es éste vuestro hijo del que decís que ha nacido ciego? ¿Entonces cómo es que ahora ve? Respondió sus padres: Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; o quién le abrió los ojos, nosotros no lo sabemos. Preguntadle a él, que edad tiene, él dará razón de sí mismo. Sus padres dijeron esto pues temían a los judíos, porque ya habían acordado que si alguien confesaba que él era el Cristo fuese expulsado de la sinagoga. Por eso sus padres dijeron: Edad tiene, preguntadle a él. Llamaron, pues, por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. El les contestó: Si es un pecador yo no lo sé. Sólo sé una cosa, que siendo ciego, ahora veo. Entonces le dijeron: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Les respondió: Y a os lo dije y no lo escuchasteis, ¿por qué lo queréis oír de nuevo? ¿Es que también vosotros queréis haceros discípulos suyos? Ellos le insultaron y le dijeron: Tú serás discípulo suyo; nosotros somos discípulos de Moisés. Sabemos que Dios habló a Moisés, pero ése no sabemos de dónde es. Aquel hombre les respondió: Esto es precisamente lo admirable, que vosotros no sepáis de dónde es y que me abriera los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que si uno honra a Dios y hace su voluntad, a éste le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si ése no fuera de Dios no hubiera podido hacer nada. Ellos respondieron: Has nacido empecatado y ¿nos vas a enseñar tú a nosotros? Y lo echaron fuera. Oyó Jesús que lo había echado fuera, y encontrándose con él le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre? El respondió: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Lo has visto; el que habla contigo, ése es. Y él exclamó: Creo, Señor. Y se postró ante él. Dijo Jesús: Yo he venido a este mundo para un juicio, para que los que no ven vean, y los que ven se vuelvan ciegos. Oyeron esto algunos de los fariseos que estaban con él y dijeron: ¿Acaso nosotros también somos ciegos? Les dijo Jesús: si fuerais ciegos no tendríais pecado, pero ahora decís: Vemos; por eso vuestro pecado permanece.» (Jn 9, 1-41) 
1. Este domingo “Laetare" –comienza con “Alégrate, Jerusalén…”- nos tomamos un momento de respiro en el tono penitencial, para ver ya cercana la Semana Santa. Es segundo domingo de escrutinios en el catecumenado, tiempo de hacer experiencia de examen interior, renovación –para cada uno, en solidaridad con los llamados al bautismo-, domingo "luminoso" sobretodo en este Evangelio; algunos preparan hoy el Cirio pascual.
Esta doctrina se condensa en en el prefacio, centrado en el misterio de la encarnación (lo hemos celebrado en fecha no muy lejana, el 25 de marzo), y la luz: “Cristo se dignó hacerse hombre para conducir al género humano, peregrino en tinieblas, al esplendor de la fe; y a los que nacieron esclavos del pecado, los hizo renacer por el bautismo, transformándolos en hijos adoptivos del Padre”.
Jesús da vista a "este hombre" con barro, recuerdo del Génesis: el divino alfarero trabaja el barro del hombre "terrenal", iluminado-recreado por el Enviado, en el bautismo. Cristo-luz continúa conduciéndonos de las tinieblas a la luz, por medio del baño de regeneración, por el que somos "hijos de adopción".
San Ireneo habla de que el lodo que hace Jesús representa la "arcilla" con la que Dios creó al hombre, de tal manera que Jesús estaría "recreando" al hombre nuevo, al hombre salvado por su presencia.
San Agustín, nos dice que el agua de Siloé es el agua del bautismo, que habría introducido al ciego a la nueva vida de la fe.
El ciego va a ir avanzando en su confesión de Dios: progresión en la fe:
-Al preguntarle por primera vez, ¿quién lo había sanado? Él responde: "el hombre que se llama Jesús".
-Después ante los escribas y fariseos, el que era ciego proclamará: "es un profeta".
-Posteriormente al encontrarse con Jesús, el que era ciego se referirá a Jesús como: "Señor".
-Y por último, vuelve Jesús a escena para preguntarle, ¿crees tú en el Hijo del hombre? A lo que el ciego responderá: «creo, Señor". Y se postró ante él».
El curado de ceguera es expulsado de la sinagoga… pero ha entrado en un mundo nuevo: el de ver con los ojos carnales, y con los ojos de la fe, como dice san Pablo: "Vivamos, por lo tanto, como hijos de la luz".
También nos indica Jesús que las desgracias no son por los pecados, sino para que se manifiesta la gloria de Dios. No podemos pensar que los éxitos de tipo material son un premio y las desgracias un castigo.
Es una pena la actitud cerril de los fariseos. Creen tener la verdad, y rechazan la Verdad que está ante ellos.

2. Samuel va a Jesé, de Belén, para ungir el nuevo rey. En casa de Eliab  ve a los siete hijos de Jesé pero no son, y pregunta por si queda alguno: -“”Todavía falta el más pequeño, que está guardando el rebaño. Dijo entonces Samuel a Jesé: -Manda, que lo traigan, porque no comeremos hasta que haya venido. Mandó, pues, que lo trajeran; era rubio, de bellos ojos y hermosa presencia. Dijo el Señor: -Levántate y úngelo, porque éste es. Tomó Samuel el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos”. El Señor escoge según su corazón, no según piensan los hombres…
Me gusta el salmo del buen pastor, es como el recorrido de la vida. En la primera estrofa, es cuando todo va bien: “El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis 'fuerzas”.
Luego veo cuando las cosas van mal, que la confianza en Él nos da paz: “Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan”. H. Bergson decía: "Los centenares de libros que yo he leído no me han procurado tanta luz ni tanto consuelo como el verso de este salmo 22: "El Señor es mi pastor, nada me falta... aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque tú vas conmigo".
La tercera estrofa me recuerda la Misa, participar de la mesa del Señor: “Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa”. J. Green nos dirá: "Estas frases sencillas, estas frases de niño se quedaron sin dificultad en mi memoria. Yo veía el pastor, el valle de la sombra de la muerte, yo veía la mesa preparada. Era el evangelio en pequeño. Cuántas veces, en las horas de angustia, me he acordado del cayado reconfortante que ahuyenta el peligro. Cada día recitaba este pequeño poema profético cuyas riquezas yo nunca agotaría".
Y en la última veo el cielo: “Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”.
Recuerdo alguna persona en el momento de la muerte, me ha pedido recitar juntos este salmo, y en el contexto de alguien que está diciendo las últimas palabras adquiere un valor especial, un sentido más profundo, pues se ve que el salmo refleja los sentimientos-resumen de una vida de esperanza, que expresa en germen el sermón de la montaña, condensado en la imagen poética que es única manera de expresar lo inexpresable, y al recitarlo un santo que se está muriendo, se ven que esas palabras expresan el fruto maduro de una fe inquebrantable, la confianza, serenidad, optimismo. Cuando las recita alguien curtido por las luchas de la vida, por situaciones angustiosas, por pruebas de todo tipo, adquieren una viveza pues se vuelven como el testamento de quien por encima de todo, el alma entonces se ve como oveja que es conocida por su pastor. Su rara brevedad es lógica: no hacen falta más que sus 6 versículos, pues está todo dicho ahí.
San Gregorio Nisa escribe: "En el salmo, David invita a ser oveja cuyo Pastor sea Cristo, y que no te falte bien alguno a ti para quien el Buen Pastor se convierte a la vez en pasto, en agua de reposo, en  alimento, en tregua en la fatiga, en camino y guía, distribuyendo sus gracias según tus  necesidades. Así enseña a la Iglesia que cada uno debe hacerse oveja de este Buen  Pastor que conduce, mediante la catequesis de salvación, a los prados y a las fuentes de la  sagrada doctrina".

3. “En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz) buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia”. Las "tinieblas" del pecado y la ignorancia dejan paso a la "luz" de la presencia de Dios en Cristo, "la luz del mundo". “Pues hasta ahora da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.»” Somos “hijos de Dios. —Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras.
—El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine… De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna” (J. Escrivá). Es lo que pedimos por intercesión de santa María.

Llucià Pou Sabaté

Homillía Domingo 4 Cuaresma (A)

Cfr. www.almudi.org)




(Sam 16,1.6-7.10-13) "El hombre ve lo que aparece, pero Dios ve el corazón"
(Ef 5,8-14) "Andad como hijos de la luz"
(Jn 9,1-41) "Se lavó, y volvió con vista"


Alguien ha dicho que para quien quiere creer hay muchos argumentos, pero para el que no quiere no existe ninguno. Es lo que se aprecia en el cariz casi grotesco del comportamiento de los fariseos ante la prodigiosa curación del ciego de nacimiento.
Una curación demasiado evidente, inaudita, a la que Jesús añadía, para confusión de los doctores, haberla realizado en sábado. Los fariseos hicieron todo lo posible para negar la evidencia. Casi resulta cómica la minuciosa investigación a que someten al ciego que se permite incluso la ironía de preguntarles si quieren ellos hacerse discípulos de Jesús. Es más, cansado de tanta pregunta y viendo que no le creen y le exigen que dé gloria a Dios porque "ese hombre es un pecador", les contesta que "Dios no escucha a los pecadores... Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder". Esto irrita aún más a estos investigadores que terminan ofendiéndole: "Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?" El racionalismo está retratado aquí.
Jesús curó a muchos ciegos físicos, pero es importante saber que el Evangelio apunta a la ceguera interior, esa inmensa noche que envuelve al racionalista, que se niega a aceptar una intervención sobrenatural. El ciego puede arreglarse sin la visión exterior. Casi todos conocemos ciegos que tienen una gran riqueza interior; pero el mundo se reduce y, a veces hasta se corrompe, cuando el hombre carece o rechaza la luz que viene de Dios. Es una oscuridad del corazón que limita dramáticamente el horizonte humano y convierte el universo interior en una lóbrega y fría noche.
La curación del ciego de nacimiento revela el poder de Jesús contra esa tragedia que invade nuestra historia: la indiferencia por lo eterno, un eclipse de lo divino y una mirada enceguecida por lo inmediato, lo que funciona, lo que da dinero, prestigio, votos..., y hace pasablemente dichosa esta vida. Pidamos al Señor que abra nuestros ojos a las realidades sobrenaturales, porque ellas amplían nuestro horizonte, absorbido en exceso por lo inmediato. Que nos abra los ojos para no olvidar que, con su ayuda, podemos remediar tantas cosas que hay en nosotros y a nuestro alrededor que se nos antojan sin remedio