Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

10 marzo 2017

LIBRO DE LA SEMANA (10 Mar): La tarima vacía

(Cfr. www.criteriaclub.es)

 
  La tarima vacía

La tarima vacía es el relato de una calamidad: la aniquilación de la enseñanza pública en España llevada a cabo por las leyes educativas de los últimos treinta años; con ellas, se ha demolido el proyecto ilustrado que ofrecía a las clases más humildes su única posibilidad de promoción social y personal.
PRECIO
18,00 €

PELICULA DE LA SEMANA (10Mar): Logan

(Cfr. www.almudi.org)

 

Logan


Contenidos: Imágenes (varias V)
Reseña: 
En un futuro cercano, un cansado Logan cuida del Profesor X en un escondite en la frontera de México. Los intentos de Logan por esconderse del mundo y ocultar su legado terminan súbitamente con la aparición de una joven mutante perseguida por fuerzas oscuras.
James Mangold dirige con pulso firme la mejor de las películas generadas alrededor del universo X-Men de Marvel. Con tono crepuscular, imagina un futuro cercano de tintes apocalípticos donde los mutantes son poco menos que una especie en extinción. Lobezno-Logan ejerce de chófer de limusinas y cuida a un profesor Xavier nonagenario que sufre frecuentes ataques ligados a sus poderes mentales. La aparición de una mujer mexicana con una niña destapa un proyecto ultrasecreto y la posible existencia de Edén, un lugar que alberga a jóvenes mutantes.
Aunque violenta –y algunas acciones tienen a la niña Laura como protagonista–, destaca un guion de hierro y no falta la acción espectacular de tipo fantástico. Con formato de road-movie, el “viaje de los héroes” alterna dicha acción con escenas que subrayan la añoranza del hogar y la familia como remansos de paz. Una idea remachada por la cita explícita al western clásico Raíces profundas. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Las dificultades en la fe nos hacen más resistentes

(Cfr. www.almudi.org)

 

 
 
La petición de un seminarista chino: “Les pido oraciones por mi diócesis y mi vocación, para que el Señor me ayuda a servir con fidelidad a la Iglesia en China” 

Aunque la Constitución china establece que los ciudadanos tienen “libertad de creencia religiosa”, solo se permiten “actividades religiosas que controla la Administración Estatal y siguen las normativas nacionales. Quienes celebran actos de culto fuera de este marco son considerados delincuentes y tratados como tales.
Sacerdotes secuestrados, asesinados y encarcelados son frecuentes en este país. El último asesinado fue el padre Pedro Wei Heping, sacerdote de 41 años, que murió en noviembre de 2015 en extrañas circunstancias.
El seminarista chino Dong Yanzhao, que estudia en Teología Moral en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma), relata cómo fue su infancia y juventud bajo la persecución de la fe.

 

‘Las dificultades en la fe nos hacen más resistentes’

Un sincero saludo a todos los benefactores de CARF. Soy seminarista del Colegio Sedes Sapientiae y mi nombre es Dong Yanzhao. Tengo 30 años y estoy cursando el primer año de Teología Moral.
Me gustaría compartir con ustedes el sentido de mi vocación, porque es una gracia de Dios y una riqueza de la Iglesia. Por esto, siempre tenemos que pedir al Señor que envíe operarios para trabajar a su viña.
Provengo de la diócesis china de Baoding. Nací en una familia católica en la que somos tres hermanos. Desde pequeños hemos frecuentado poco la Iglesia porque la situación era muy difícil.
Recuerdo cuando un sacerdote dejó su misal en mi casa; estaba manuscrito en un cuaderno. Un día lo descubrí en un armario, lo cogí y lo empecé a leer. Aunque no lo entendía, recuerdo la palabra “Introito” escrita en chino.
Una noche, ese sacerdote llamó a la puerta de mi casa, y mi padre nos hizo levantarnos para celebrar la Santa Misa, junto a otras familias. Al finalizar la celebración, nos dimos cuenta de que había un policía, y cómo se llevó preso al sacerdote. Después de seis meses fue puesto en libertad; estaba delgadísimo y muy desmejorado.
En mi etapa escolar, durante las vacaciones de verano, el párroco convocaba a los jóvenes para darles catequesis y profundizar en la doctrina católica. Las clases eran en la casa de una familia. En una ocasión llegó un grupo de policías diciendo que nuestra actividad era ilegal y se llevaron a dos catequistas que eran monjas. A la familia de la casa le sometieron a un interrogatorio.

Las fuerzas policiales siempre nos molestaban. Con el tiempo yo me convertí en catequista, en un pequeño pueblo, aunque gracias a Dios nunca fui arrestado.
Quería hablarles de la situación de mi diócesis. Mi obispo ordinario, Monseñor Giacomo Su, lleva en prisión 19 años; les pido una plegaria para él, ya que es una gran injusticia que no pueda desarrollar su ministerio episcopal.
Aunque es difícil la situación de los fieles, gracias a Dios, no pierden la fe; al contrario, les hace más resistentes. Este testimonio me empuja más a crecer y fortalecer mi fe y a aumentar el amor por la Iglesia.

Les pido oraciones por mi diócesis y mi vocación, para que el Señor me ayuda a servir con fidelidad a la Iglesia en China.

Mi cordial saludo.

Nota: Dong Yanzhao, adjunta una foto de grupo, pero indica que, por su seguridad, es mejor que no la publiquemos.
Fuente: carfundacion.es.

Meditacion Domingo 2 Cuaresma (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 
La Transfiguración de Jesús nos prepara para la Cruz y la Gloria

En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle». Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo». Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos»” (Mt 17,1-9).

1. Dios Padre presenta a los hombres a Jesucristo, su Hijo, el amado, su predilecto, para que le escuchen y le sigan, y sean así partícipes de su gloria. Así, cada persona puede oír esa voz de  Dios, y José María Pemán expresa así la grandeza de nuestra vocación: “Yo no soy flor nacida para todos los vientos / ni camino perdido para todos los pasos. / Yo no soy pluma suelta de destinos y acasos / arrojada a los aires cual despojo maldito. / Yo he nacido a la sombra de un mandato infinito, / de un misterio fecundo, / donde en letras de estrellas mi sendero está escrito. / Yo he venido a la vida con un nombre bendito. / Yo no soy hospiciano de las patrias del mundo”.
El prefacio nos muestra la transfiguración del Señor vinculada al nexo pasión-resurrección: la revelación de la gloria de Jesús es clave de comprensión de su muerte; nos muestra también el carácter pascual del misterio de la salvación. El tema está preparado con la lectura de estos días, cuando vemos a los profetas que en su fracaso se realiza su eficacia: el grano de trigo ha de morir para tener fruto, como Jesús: la "kénosis: "...actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz" (Flp 2, 7-8). En el escarnio de la cruz, muestra su realeza. También se ve el relato de hoy anunciado en las tentaciones del desierto: "Si eres Hijo de Dios..." se decía entonces. A esta insidia da respuesta la transfiguración: Sí, "¡éste es mi Hijo!". Es el anuncio de la respuesta que será la resurrección (Pere Tena).
a) Mateo y Marcos dicen: «Seis días después tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan» (Mt 17, 1; Mc 9, 2). Lucas escribe: «Unos ocho días después» (Lc 9, 28). En una conexión espacial vemos que la divinidad de Jesús va unida a la cruz. Juan señala que la cruz es la «exaltación» de Jesús y que su exaltación no tiene lugar más que en la cruz (Ratzinger-Benedicto XVI, a quien seguimos a partir de ahora). Hay dos grandes fiestas judías en otoño: primero el Yom Hakkippurim, la gran fiesta de la expiación; seis días más tarde, la fiesta de las Tiendas (Sukkoí), que dura una semana. La confesión que Pedro hizo del Señor pudo tener lugar en el gran día de la expiación y que, desde el punto de vista teológico, se la debería interpretar en el trasfondo de esta fiesta, única ocasión del año en la que el sumo sacerdote pronuncia solemnemente el nombre de YHWH en el sancta sanctórum del templo. La confesión de Pedro de  Jesús como Hijo del Dios vivo tendría en este contexto una dimensión más profunda. “Los seis o cerca de ocho días harían referencia entonces a la semana de la fiesta de las Tiendas; por tanto, la transfiguración de Jesús habría tenido lugar el último día de esta fiesta, que al mismo tiempo era su punto culminante y su síntesis interna”.
Las fiestas judías tienen tres dimensiones: “proceden de celebraciones de la religión natural, es decir, hablan del Creador y de la creación; luego se convierten en conmemoraciones de la acción de Dios en la historia y finalmente, basándose en esto, en fiestas de la esperanza que salen al encuentro del Señor que viene, en el cual la acción salvadora de Dios en la historia alcanza su plenitud, y se llega a la vez a la reconciliación de toda la creación”. Estas tres dimensiones de las fiestas profundizan más y adquieren un carácter nuevo mediante su realización en la vida y la pasión de Jesús.
Leyendo a Juan Evangelista vemos que “los grandes acontecimientos de la vida de Jesús guardan una relación intrínseca con el calendario de fiestas judías; son, por así decirlo, acontecimientos litúrgicos en los que la liturgia, con su conmemoración y su esperanza, se hace realidad, se hace vida que a su vez lleva a la liturgia y que, desde ella, quisiera volver a convertirse en vida”, y así vemos la fiesta de las tiendas como trasfondo de las tiendas que quiere montar Pedro en la transfiguración.
El trasfondo es también la subida de Moisés al monte Sinaí, clave esencial para la interpretación del acontecimiento de la transfiguración. En él se dice: «La nube lo cubría y la gloria del Señor descansaba sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió durante seis días. Al séptimo día llamó a Moisés desde la nube» (Ex 24, 16). Tanto Moisés como los Profetas hablan todos de Jesús.
b) En el relato de la transfiguración, “se dice que Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a un monte alto, a solas (cf. Mc 9,2). Volveremos a encontrar a los tres juntos en el monte de los Olivos (cf. Mc 14, 33), en la extrema angustia de Jesús, como imagen que contrasta con la de la transfiguración, aunque ambas están inseparablemente relacionadas entre sí. No podemos dejar de ver la relación con Éxodo 24, donde Moisés lleva consigo en su ascensión a Aarón, Nadab y Abihú, además de los setenta ancianos de Israel.
De nuevo nos encontramos —como en el Sermón de la Montaña y en las noches que Jesús pasaba en oración— con el monte como lugar de máxima cercanía de Dios; de nuevo tenemos que pensar en los diversos montes de la vida de Jesús como en un todo único: el monte de la tentación, el monte de su gran predicación, el monte de la oración, el monte de la transfiguración, el monte de la angustia, el monte de la cruz y, por último, el monte de la ascensión, en el que el Señor —en contraposición a la oferta de dominio sobre el mundo en virtud del poder del demonio— dice: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28, 18). Pero resaltan en el fondo también el Sinaí, el Horeb, el Moria, los montes de la revelación del Antiguo Testamento, que son todos ellos al mismo tiempo montes de la pasión y montes de la revelación y, a su vez, señalan al monte del templo, en el que la revelación se hace liturgia”.
El monte es un símbolo: lugar de la subida, no sólo externa, sino sobre todo interior; es también “liberación del peso de la vida cotidiana, como un respirar en el aire puro de la creación; el monte que permite contemplar la inmensidad de la creación y su belleza; el monte que me da altura interior y me hace intuir al Creador. La historia añade a estas consideraciones la experiencia del Dios que habla y la experiencia de la pasión, que culmina con el sacrificio de Isaac, con el sacrificio del cordero, prefiguración del Cordero definitivo sacrificado en el monte Calvario. Moisés y Elías recibieron en el monte la revelación de Dios; ahora están en coloquio con Aquel que es la revelación de Dios en persona”.
«Y se transfiguró delante de ellos», dice simplemente Marcos, y añade, con un poco de torpeza y casi balbuciendo ante el misterio: «Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo» (9, 2s). Mateo utiliza ya palabras de mayor aplomo: «Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz» (17, 2). Lucas es el único que había mencionado antes el motivo de la subida: subió «a lo alto de una montaña, para orar»; y, a partir de ahí, explica el acontecimiento del que son testigos los tres discípulos: «Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blanco» (9, 29). La transfiguración es un acontecimiento de oración… Se puede ver tanto la referencia a la figura de Moisés como su diferencia: «Cuando Moisés bajó del monte Sinaí... no sabía que tenía radiante la piel de la cara, de haber hablado con el Señor» (Ex 34, 29). Pero su luz viene de Dios, de haber hablado con Él, y le hace resplandecer. “Por el contrario, Jesús resplandece desde el interior, no sólo recibe la luz, sino que Él mismo es Luz de Luz”.
Las vestiduras de Jesús también hablan de nosotros: las vestiduras de los elegidos son blancas porque han sido lavadas en la sangre del Cordero (cf. Ap 7, 14). Es decir, porque a través del bautismo se unieron a la pasión de Jesús y su pasión es la purificación que nos devuelve la vestidura original que habíamos perdido por el pecado (cf. Lc 15, 22). A través del bautismo nos revestimos de luz con Jesús y nos convertimos nosotros mismos en luz.
Sólo Lucas nos cuenta de qué habló Jesús con Moisés y Elías: «Aparecieron con gloria; hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén» (9, 31). El éxodo de Jesús que debía cumplirse en Jerusalén. “La cruz de Jesús es éxodo, un salir de esta vida, un atravesar el «mar Rojo» de la pasión y un llegar a su gloria, en la cual, no obstante, quedan siempre impresos los estigmas”. Es lo que explicó Jesús a los de Emaús: cómo hablaban de su pasión los profetas.
“Con ello aparece claro que el tema fundamental de la Ley y los Profetas es la «esperanza de Israel», el éxodo que libera definitivamente; que, además, el contenido de esta esperanza es el Hijo del hombre que sufre y el siervo de Dios que, padeciendo, abre la puerta a la novedad y a la libertad. Moisés y Elías se convierten ellos mismos en figuras y testimonios de la pasión. Con el Transfigurado hablan de lo que han dicho en la tierra, de la pasión de Jesús; pero mientras hablan de ello con el Transfigurado aparece evidente que esta pasión trae la salvación; que está impregnada de la gloria de Dios, que la pasión se transforma en luz, en libertad y alegría.
En este punto hemos de anticipar la conversación que los tres discípulos mantienen con Jesús mientras bajan del «monte alto». Jesús habla con ellos de su futura resurrección de entre los muertos, lo que presupone obviamente pasar primero por la cruz. Los discípulos, en cambio, le preguntan por el regreso de Elías anunciado por los escribas. Jesús les dice al respecto: «Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito de él» (Mc 9, 9-13). Jesús confirma así, por una parte, la esperanza en la venida de Elías, pero al mismo tiempo corrige y completa la imagen que se habían hecho de todo ello. Identifica al Elías que esperan con Juan el Bautista, aun sin decirlo: en la actividad del Bautista ha tenido lugar la venida de Elías”. Juan, siguiendo a Jesús, está bajo el signo de la pasión. Y, en efecto: «Han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito de él» (Mc 9, 13). Hemos de ir profundizando en la Palabra: “Siempre tenemos que dejar que el Señor nos introduzca de nuevo en su conversación con Moisés y Elías; tenemos que aprender continuamente a comprender la Escritura de nuevo a partir de Él, el Resucitado”.
c) Los tres discípulos están impresionados por la grandiosidad de la aparición. El «temor de Dios» se apodera de ellos, como en otros momentos en los que sienten la proximidad de Dios en Jesús, perciben su propia miseria y quedan casi paralizados por el miedo. «Estaban asustados», dice Marcos (9, 6). Y entonces toma Pedro la palabra, aunque en su aturdimiento «...no sabía lo que decía» (9, 6): «Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías» (9, 5). Palabras pronunciadas en éxtasis, en el temor, pero también en la alegría por la proximidad de Dios. Moisés montó «fuera del campamento» la tienda del encuentro, sobre la que descendió después la columna de nube. Allí el Señor y Moisés hablaron «cara a cara, como habla un hombre con su amigo» (33, 11). “Por tanto, Pedro querría aquí dar un carácter estable al evento de la aparición levantando también tiendas del encuentro; el detalle de la nube que cubrió a los discípulos podría confirmarlo”. Pero es mucha más directa la relación con la fiesta de las Tiendas: pueden confluir en un texto del Evangelio varias fuentes proféticas: “tanto la exégesis judía como la paleocristiana conocen una encrucijada en la que confluyen diversas referencias a la revelación, complementándose unas a otras”: Creación, historia y esperanza se unen entre sí. Fiesta de petición de agua para la tierra árida, recuerdo de la marcha de Israel por el desierto, donde los judíos vivían en tiendas con la protección divina en el desierto, y una prefiguración de donde los justos vivirían al llegar el mundo futuro (por tanto tenían un significado escatológico). La escena de la transfiguración indica la llegada del tiempo mesiánico. El Señor ha puesto la tienda de su cuerpo entre nosotros inaugurando el tiempo mesiánico, “para realizar la construcción de la tienda destruida de la naturaleza humana” (Gregorio de Nisa). Entonces, «se formó una nube que los cubrió y una voz salió de la nube: Éste es mi Hijo amado; escuchadlo» (Mc 9, 7). La nube sagrada indicaba la presencia de Dios. A las palabras divinas del bautismo se añade ahora: «Escuchadlo». La Ley, como en Moisés, recibe en Jesús su plenitud: «Escuchadlo»: Jesús es la Torá misma, que asume toda la flaqueza y el dolor que abruma a la humanidad, para poderla divinizar y, será cuando llegue el Espíritu Santo, o quizá más tarde… cuando entiendan eso de resucitar de entre los muertos.

2. Jesús lleva a plenitud lo que leemos que “Yahveh dijo a Abram: «Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra»”: Jesús sale del Padre y nos salva, obedeciendo en su misión redentora. A él se pueden aplicar las palabras del salmo: “Pues recta es la palabra de Yahveh, toda su obra fundada en la verdad; él ama la justicia y el derecho”, y también es modelo para nosotros: “Los ojos de Yahveh están sobre quienes le temen, sobre los que esperan en su amor, para librar su alma de la muerte, y sostener su vida en la penuria”. A nosotros se nos pide confianza: “Nuestra alma en Yahveh espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo; sea tu amor, Yahveh, sobre nosotros, como está en ti nuestra esperanza”.

3. San Pablo anima a Timoteo a no temer ante la cruz: “No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios, que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinación y por su gracia que nos dio desde toda la eternidad en Cristo Jesús, y que se ha manifestado ahora con la Manifestación de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien ha destruido la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio”.
Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 2 Cuaresma (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 

(Gen 12,1-4) "Ven a la tierra que te mostraré"
(2 Tm 1,8-10) "Trabaja conmigo en el Evangelio"
(Mt 17,1-9) "Este es mi Hijo, el amado"

 

Homilía en la parroquia de Nuestra Señora de Coromoto (15-III-1981)

--- Vivir de fe
“Toma parte de los duros trabajos del Evangelio” (2 Tm 1,8).
Con estas palabras San Pablo se dirige a Timoteo.
La Cuaresma es presentada en la liturgia de hoy como un camino, como el camino al que Dios llamó a Abraham.
Efectivamente en la primera lectura hemos oído las palabras del Señor: “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré” (Gen 12,1). Y Abraham se pone en camino sin demora, y sin otro apoyo que la promesa divina. Pues bien, también para nosotros la Cuaresma es un camino, que estamos invitados a afrontar con resolución y fiándonos de los proyectos que Dios tiene sobre nosotros. Aún cuando el viaje esté lleno de pruebas, San Pablo nos asegura en la segunda lectura que, como Timoteo, también cada uno de nosotros es “ayudado por la fuerza de Dios”. Y el país hacia el que nos encaminamos es la vida nueva del cristiano, una vida pascual que sólo puede realizarse con la fuerza y con la gracia de Dios. Se trata de una potencia misteriosa que nos ha sido dada no por nuestros méritos, sino porque antes de la creación, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia por medio de Jesucristo; y ahora esa gracia se ha manifestado por medio del Evangelio, al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal (ib. 1,8-10). La Carta a Timoteo precisa, luego, que el país de la vida nueva se nos ha dado, teniendo como base una misteriosa vocación y asignación por parte de Dios, “no por nuestros méritos, sino en virtud de su propósito y gracia” (ib.,1,9). Debemos ser hombres de fe, como Abraham: es decir, hombres que no se apoyan tanto en sí mismos, cuanto en la palabra, en la gracia y en la potencia de Dios.

--- La presencia de Cristo en la Cuaresma
El Señor Jesús, mientras vivió en la tierra, descubría personalmente este camino con sus discípulos.
“Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les apareció Moisés y Elías conversando con Él” (Mt 17,2-3). Pero en el centro del acontecimiento están las palabras divinas...: ”Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo” (ib. 17,5). Así comprendemos que se trata de una cristofanía, esto es, la transfiguración representa la revelación del Hijo de Dios, relato que pone claro algunas cosas: su gloria a causa del esplendor que adquirió; el hecho de que es el centro y como el compendio de la historia de la salvación, significados por la presencia de Moisés y Elías; su autoridad profética, legítimamente propuesta por la perentoria invitación: “Escuchadlo”; y sobre todo, la denominación de “Hijo”, que subraya las relaciones íntimas y únicas que existen entre Jesús y el Padre celestial.
Además las palabras de la transfiguración repiten las que ya se oyeron en el relato del bautismo del Jordán, como para significar que, después de haber recorrido un camino preciso en su vida pública, Jesús es el mismo “Hijo predilecto”, como había sido proclamado ya al comienzo.
Los Apóstoles manifiestan su felicidad: “¡Qué hermoso es estar aquí!” (Mt 17,4). Pero Cristo les hace saber que el acontecimiento del monte Tabor sólo se encuentra en el camino hacia la revelación les misterio pascual: “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”(Mt 17,9).
El camino de la Cuaresma que el Señor Jesús ha realizado durante su vida terrena, con sus discípulos, lo continúa realizando con la Iglesia. La Cuaresma es el período de una presencia de Cristo, particularmente intensa, en la vida de la Iglesia.
Es necesario buscar...en este tiempo la cercanía de Cristo: “¡Qué hermoso es estar aquí!” (Mt 17,4).

--- Oración e intimidad con Cristo
Es preciso vivir en la intimidad con Él; abrir ante Él el propio corazón, la propia conciencia; hablar con Él tal como escuchamos en el Salmo: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como la esperamos de ti” (Sal 32(33),22).
La Cuaresma es precisamente un período en el que la gracia debe estar de modo particular “sobre nosotros”. Por esto, es necesario que nos abramos sencillamente a ella; en efecto, la gracia de Dios no es tanto objeto de conquista, cuanto de disponible y gozosa aceptación, como para recibir un don, sin ponerle impedimentos. Esto es posible concretamente, ante todo, mediante una actitud de profunda oración, que lleva consigo precisamente entablar un diálogo con el Señor; luego, mediante una actitud de sincera humildad, puesto que la fe es precisamente la adhesión de la mente y del corazón a la Palabra de Dios; y, finalmente, mediante un comportamiento de auténtica caridad, que deje traslucir todo el amor, del que nosotros ya hemos sido objetos por parte del Señor.
Como a Abraham, a quien Dios ordenó ponerse en camino, así también nosotros nos encaminamos, de nuevo, por esta vía de la Cuaresma, al fin de la cual está la resurrección.
Se ve a Cristo, al Hijo predilecto, en el que se ha complacido el Padre (cfr. Mt 17,5).
Se ve a Cristo que vence la muerte y hace resplandecer la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio (cfr.2 Tm 1,10).
Y por esto: sostenidos por la fuerza de Dios, ¡debemos tomar parte en las fatigas y en las contrariedades soportadas por el Evangelio! (ib. 1,8). Estas palabras de la Carta a Timoteo abren también un noble y comprometido programa para todo cristiano en su vida de cada día. Es el programa de la evangelización, es decir de la participación en la difusión del mensaje evangélico. Como Cristo “sacó a la luz de vida inmortal por medio del Evangelio” (ib. 1,10), así debemos hacer también nosotros. Esto es, trata de hacer ver a la sociedad y al mundo que el Evangelio con su luz proyectada sobre el camino de la humanidad (Sal 119(118), 105) es fuente de vida y de vida inmortal. Es preciso que el cristiano haga ver a todos la verdad de la exclamación de Pedro: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68). Los hombres deben comprender que con la adhesión a Cristo no solo no pierden nada, sino que lo ganan todo, porque con Cristo el hombre se hace más hombre. Mas para esto necesitan un testimonio; y sólo pueden darlo los discípulos mismos de Jesús, esto es, los cristianos, a los cuales escribía ya San Pablo: (Fil 2,15-16) “Aparecéis como antorchas en el mundo, llevando en alto la palabra de vida”.
Y esto se puede hacer de mil modos, según las varias ocupaciones de cada uno: en casa, en el mercado, en la escuela y en la fábrica, en el trabajo y en el tiempo libre.
Y puesto que Jesucristo es “el primogénito entre muchos hermanos” (Rm 8,29), deseamos y pedimos que, asemejándonos a Él, también nosotros podamos ser contados por Dios entre sus hijos predilectos (cfr. Mt 17,5).

2016-Paraguay-Tacumbú, la cárcel que libera-Pueblo de Dios-La2 -TVE

En Paraguay está el penal de Tacumbú. Todos los días, el padre Luis
Arias acude a visitar a los prisioneros. Con la ayuda económica de Manos
Unidas ha creado talleres dentro de la cárcel y un albergue en la calle
para contribuir a la reinserción de los ex convictos.

09 marzo 2017

05 marzo 2017

Campaña AYER HOY MAÑANA

La acción de Cáritas consiste en dar respuesta a las realidades de
pobreza y exclusión social de nuestra sociedad. Nos sentimos animados
por una misión permanente e irrenunciable: ser Iglesia pobre y para los
pobres.

Escuchamos, acogemos, acompañamos y aliviamos la
situación de personas y familias en riesgo de exclusión. Así, en el
último año hemos contribuido a crear oportunidades y dar esperanza a más
de 4 millones de personas.

Cáritas ha estado, está y estará
acompañando a las personas más empobrecidas, protegiendo su dignidad y
garantizando su pleno acceso a los derechos humanos.

Gracias por ser parte.

http://www.haztedecaritas.com