Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

17 febrero 2017

LIBRO DE LA SEMANA (17 Feb): Por qué dejé de ser masón

(Cfr. www.criteriaclub.es)

 
  Por qué dejé de ser masón

Por qué dejé de ser masón


Estuvo en la masonería 25 años y lo cuenta todo: «Por qué dejé de ser masón»Serge Abad-Gallardo llegó a ser maestro grado 14º y confiesa con sinceridad y humildad lo que le atraía de las logias: la conciencia de pertenecer a un grupo de elegidos depositarios de un secreto que alguna vez les sería revelado.

 
PRECIO
 17,10€

Elogio a la paternidad imperfecta

(Cfr. www.almudi.org)


 
El niño no es un trofeo deseado y pre-diseñado para cumplir con los dulces sueños de una maternidad o paternidad idílica 

Cuando debatimos sobre estilos parentales, tendemos a polarizar el discurso, echando mano de caricaturas como las del cruel padre “tigre”, del obsesivo “padre helicóptero”, del padre “excesivamente permisivo”, del “pasota”, para nombrar algunos clichés.

El padre tigre es autoritario y no duda en despertar a sus vástagos a las 4 de la mañana para hacerles ensayar violín dos horas, antes de lanzarles para una carrera parecida a la de un pequeño ejecutivo estresado. El padre helicóptero no deja que se suban a un árbol o que exploren solos en el bosque, no vaya a ser que se caigan, que se manchen, o que se asusten viendo una ardilla. El padre excesivamente permisivo, se dedica a inculcar a su hijo la idea de que el mundo se ha de comportar como él quiere, en caso contrario la culpa es del mundo cruel e injusto que no entiende y no respeta cómo se siente, y el niño tiene todo el derecho a rebelarse contra la autoridad, que nunca es legítima.  

El padre pasota es aquel que dedica todas sus energías en colocar a sus hijos en manos de terceros el más largo tiempo posible, mientras pase la infancia, esa etapa que él considera de demasiados dolores de cabeza.

¿Con qué estilo te identificas? Seguramente con ninguno. Esos estilos de crianza son, en realidad, caricaturas o etiquetas que nos ayudan a entender por qué algunos extremos pueden hacer daño a los niños. El problema empieza cuando, por ignorancia, usamos esas etiquetas para describir estilos de crianza que contribuyen al BUEN desarrollo del niño. Cuando etiquetamos a padres, asociándoles injustamente con unos u otros de esos estilos de crianza, por sacar algunos elementos fuera de contexto, o por no saber matizar por edad lo que es propio de una etapa o de otra, reprochándonos unos a otros de ejercer una paternidad siempre imperfecta. ¿Ejemplos?

Acompañar a un niño ayudándole a tomar buenas decisiones no nos convierte necesariamente en padres permisivos. Poner reglas en casa, como por ejemplo que uno ayude a poner la mesa, o que tenga un horario para practicar el piano, tampoco nos convierte en un padre tigre y autoritario. Impedir que un hijo temerario se suba a un árbol de 60 metros no nos convierte en padre helicóptero. Dejar que un niño de 7 años juegue libremente y sin supervisión en el jardín de casa mientras hacemos otra cosa, no nos convierte en padres permisivos o pasotas. Dar el pecho hasta los 2 años, llevarse al bebé a todas partes y decidir de no escolarizarle hasta los 6 no nos convierte en madre histérica o helicóptero. Exigir que un niño sea honesto, amable y no pegue nunca a sus hermanos no nos convierte en padres crueles y jerárquicos. Y atender a un bebé que llora, o recoger y dar ánimo a un niño que tiene dificultad en el colegio o que es víctima de acoso, no es sobreproteger.

Educar no es algo matemático. La vida es más rica que encasillarse en una u otra categoría de estilos de crianza. Lo lógico es que encontremos un poco una mezcla de todo y de más cosas, además de muchas luces y sombras con las que uno mismo intenta luchar y lidiar cada día en el afán de superarse deseando lo mejor para unos hijos para quienes daríamos la vida. No, nadie nos dijo que la educación de nuestros hijos iba a ser fácil, y que íbamos a sufrir tanto por culparnos de todo lo que no sale como estaba previsto. ¡Ay!, esa culpabilidad… En ella está el secreto del éxito de la “industria del consejo empaquetado”. Sí, sí, gente a la que se les paga por decirnos exactamente lo que hemos de hacer y lo que no, para que nuestros hijos obedezcan, coman, duerman y, sobre todo, que utilicen la tecnología de forma perfectamente responsable. Lo llaman “manual definitivo de la crianza”, como si la crianza fuese un método rígido, algo cerrado a la libertad del educado. Pues no. Mala noticia para los padres tigres, autoritarios o “que lo saben todo”. Pues que se esperen a ver el rebote.

No existen padres perfectos, y si nos dicen que existen, yo sospecharía de ellos, porque si nunca se equivocan, entonces nunca rectifican. Entonces que se preparen para tener niños peligrosamente soberbios, lo que es un signo claro de que sus padres no eran perfectos educadores. El manual perfecto de crianza tampoco existe, y por una razón bien sencilla: las personas que escriben esos libros no conocen a nuestros hijos. ¿De verdad que para educar a alguien hay que conocerle? La pregunta puede parecernos surrealista, pero no lo es tanto, en un modelo educativo cada vez más digital. La educación verdadera empieza, por un lado, con el conocimiento que tiene un padre de su hijo y, por otro lado, por esa sensibilidad parental, que se desarrolla a base de estarse tiempo con él. Mala noticia para el padre pasota.

Los consejos genéricos que no toman en consideración la edad y las circunstancias del niño no sirven. Por ejemplo, antes de los dos años, una exigencia mal entendida puede interferir con el vínculo de apego, tan necesario para el buen desarrollo de la persona. Después de los 3 años, los padres deberían empezar a exigir gradualmente, en virtud del vínculo de apego, que es la base para la confianza, y ésta es la base para la autoridad. Cuando pretendemos solucionar los problemas a base de consejos “para todos”, sin entender a los niños en general y en particular, nos perdemos en la mecánica y nos olvidamos del fin de la educación. En definitiva, todo iría bastante mejor si nos olvidáramos del “cómo”, del “qué” o de las etiquetas, y empezáramos a preguntarnos por el “por qué” y el “para qué” de la educación.

Educar no es conseguir un niño a la carta o un pequeño Einstein. El niño no es un trofeo deseado y pre-diseñado para cumplir con los dulces sueños imaginados de una paternidad o de una maternidad idílica y utópica. Si fuera así, claro que no tardaríamos en arrepentirnos. Dejémonos de utopías y de dar vueltas como los helicópteros. Educar es ser jardinero. Eso no quiere decir que no haya que podar, quitar algunas malas hierbas de vez en cuando y velar para que no se acerquen demasiado los caracoles de las tiernas hojas… Y no quiere decir que no nos vayamos a equivocar jamás podando demasiado o no suficientemente. Es curioso, porque a pesar de la imperfección del jardinero, las hojas siguen creciendo, como el bosque vuelve a explotar en la primavera después de la helada. Educar es ayudar a otro ser libre a desear lo bello, creciendo todo lo que permite su naturaleza, hacia arriba.

Tener un hijo, es una apuesta tan grande como es la libertad del que traemos al mundo. Es dejar entrar en tu corazón otro ser libre, que puede inundar tu vida de sentido, a la vez que te puede dejar el corazón patas arriba, o dejártelo incluso deshecho a pedazos. Y no me refiero a quitarte calidad de vida, que eso, para quien entiende lo que implica la paternidad, francamente es lo de menos. Tener un hijo es uno de los riesgos más maravillosos del mundo. Es la mayor locura que hayamos cometido nunca. Pero nuestra naturaleza es tan curiosamente hecha que volvemos a repetir esa locura, una y otra vez.


Catherine L’Ecuyer, autora de Educar en el asombro.
Fuente: elpais.com.

PELICULA DE LA SEMANA (17 FEB): Felices sueños

(Cfr. www.almudi.org)


Felices sueños


Contenidos: Imágenes (algunas V, S), Diálogos (varios D)
Reseña: 
Marco Bellochio rememora los últimos 40 años de historia de Italia personalizada en la vida de Massimo, huérfano de madre y de fútbol tras la Tragedia de Superga, aquel evento que sepultó a la más destacada generación de jugadores del mítico Torino Football Club. El autor de I pugni in tasca dibuja un mapa sentimental con significado universal, reconocible por cualquiera que haya sentido el dolor de la pérdida como algo propio.
La búsqueda del antídoto para la ausencia nos llevará a las salas del Museo del Louvre siguiendo la sombra de Belphegor y sonará al ritmo de las canciones de Patty Bravo o Raffaella Carra en esas tardes de domingo frente al televisor en blanco y negro. Iconos, en definitiva, de una infancia perdida, susurrada con secretos a media voz.
El veterano realizador ofrece una lección de cine en su puesta en escena, en principio clásica, pero fresca, marcada por un tono lírico y melancólico. Duro drama en torno a la dificultad de superar el dolor, por otro lado también muestra que las tragedias pueden tener un lado positivo (magnífico el segmento en el que el protagonista triunfa en el periodismo con una carta sobre el amor maternofilial). Describe también la rebeldía de quien no pudiendo aceptar lo ocurrido llega a inventarse una figura demoníaca imaginaria a la que jura lealtad.
Bellocchio dosifica magistralmente las idas y venidas en el tiempo, y entrelaza con vigor la reflexión existencial con el melodrama romántico, el costumbrismo nostálgico, la suave crítica social, las peripecias periodísticas y unos divertidos contrapuntos fantásticos, en torno al espectral antihéroe de la vieja serie televisiva italiana Belfagor. Además, dota al conjunto de una gran hondura dramática y moral, reforzada por una sugerente apertura a la trascendencia religiosa, sobre todo en lo referente al sentido cristiano del sufrimiento(Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Meditación Domingo 7 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 

en Word y en PDB

«Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? ¿Acaso no hacen eso también los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿Acaso no hacen eso también los paganos? Sed, pues, perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.» (Mateo 5, 38-48)
 
1º. «Amad a vuestros enemigos, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos.»
Jesús, quieres que aprenda de Ti a amara todos como Tú los amas.
Tú eres el Hijo de Dios, pero hoy me dices que también yo puedo ser hijo de Dios: pertenecer a la familia de Dios, vivir con Dios, ser heredero de su Reino.
¿Cómo puedo, Jesús, imitarte tanto que venga a ser hijo de Dios?
Por el amor.
«De todos los movimientos del alma, de sus sentimientos y de sus afectos, el amor es el único que permite a la criatura responder a su Creador; si no de igual a igual, al menos de semejante a semejante». (San Bernardo).
No hay otro camino.
Dios siempre está dispuesto a brindarme su gracia, que es la que me da esa vida sobrenatural y divina de hijo suyo.
Pero si yo no sé amar, si me encierro en mis intereses y egoísmos, si mi corazón sólo busca compensaciones y placeres, la gracia de Dios no penetra, no es fecunda, no produce su fruto.
«Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?»
Jesús, no dices que sea malo ni egoísta amar a los que me aman.
Puede haber un amor sincero, real, entregado, aunque esté acompañado por la compensación de recibir amor, de sentirse comprendido y querido.
Esta compensación es buena también, pero impide distinguir si lo que busco es dar o recibir.
Por eso, el mérito se mide examinando cómo amo a los que no me aman, incluso a los que me tienen por enemigo.
 
2º. «Que hermanos somos todos en Jesús, hijos de Dios, hermanos de Cristo: su Madre es nuestra Madre.
No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios. Todos hemos de hablar la misma lengua, la que nos enseña nuestro Padre que está en los cielos: la lengua del diálogo de Jesús con su Padre, la lengua que se habla con el corazón y con la cabeza, la que empleáis ahora vosotros en vuestra oración. La lengua de las almas contemplativas, la de los hombres que son espirituales, porque se han dado cuenta de su filiación divina. Una lengua que se manifiesta en mil mociones de la voluntad, en luces claras del entendimiento, en afectos del corazón, en decisiones de vida recta, de bien, de contento, de paz» (Es Cristo que pasa.- 13).
Dios mío, si Tú eres mi Padre, todos son mis hermanos.
¿Por qué tantos odios, tantas guerras, tanta lucha?
Jesús, a veces veo con malos ojos a uno porque es de otra raza, de otra cultura, de otro país, de otra lengua o, simplemente, de otro equipo de fútbol o de otro partido político.
Que aprenda a amar a todos, «que hermanos somos todos en Jesús, hijos de Dios, hermanos de Cristo».
«Su Madre es nuestra Madre».
María, que te aprenda a tratarcomo madre mía que eres: pidiéndote lo que necesito y lo que necesiten los demás, que también son hijos tuyos.
Me doy cuenta de que lo que más quieres es que todos tus hijos amen a Dios.
Quiero ayudarte en esa tarea; quiero ser buen hijo tuyo, porque así seré también buen hijo de Dios.
«No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios.»
¿Cómo voy a ser buen hijo si no quiero a todos?
Y ¿cómo voya decir que quiero a todos si no empiezo con los que me rodean?
Poreso lo primero que debo hacer es vivir cristianamente en mi familiay en mi trabajo, buscando ahí la perfección, la santidad: «Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.»
Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Homilía Domingo 7 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 

 (1 Cor 3,16-23) "¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
(Mt 5,38-48) "Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto"
(Lv 19,1-2.17-18) "Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo" 

La "ley del talión", a la que tan proclive es el amor propio cuando es herido, es condenada aquí por Jesús. El perdón en vez de la venganza; el amor incluso al enemigo en vez del odio es, tal vez, una de las enseñanzas de Cristo que nos resultan más difíciles de cumplir, pero que si, con su ayuda, nos empeñamos nos situaremos cerca de la Bondad de Dios  que "hace salir su sol sobre malos y buenos".
¡Vivimos en una atmósfera tan distinta a esta cálida benevolencia divina, que esta propuesta nos parece una bella pero imposible utopía! ¡Es realmente sublime, pensamos, pero "poco práctico" porque la vida significa luchar, competir, devolver golpe por golpe! ¡En cuántas ocasiones nuestros gestos de comprensión y de condescendencia con las afrentas ajenas han sido interpretados como síntoma de debilidad y son ocasión de ulteriores abusos! ¡Así no se consigue nada!, decimos. Como no se logra nada es devolviendo mal por mal, embistiendo como un toro furioso, ya que esto crea una espiral de posturas enconadas cada vez más grande e infrenable.

El odio es nefasto, incluso para quien lo practica porque, como un cáncer oculto, destruye su personalidad nublándole la inteligencia, lo que le incapacita para distinguir lo bueno de lo malo, la verdad de la mentira. Y al incidir sobre los demás se hace contagioso, lo cual aboca a desanudar los esfuerzos de años o siglos de trabajo armónico, destruyendo en muchos corazones la esperanza en un mundo mejor.

Toda apelación al amor puede parecer lírica frente a la sólida realidad de los conflictos familiares, académicos, laborales...Pero esa impresión está lastrada por una situación personal en la que la esperanza cristiana está dormida. Jesús no propone un apocamiento cobarde ante la violencia, la sinrazón, la injusticia. Éso nos convertiría en cómplices. Resistir a la injusticia no significa aprobarla. Significa combatirla con la justicia aliñada con la caridad, que odia al pecado pero no al pecador. Ese amor al enemigo no le quita la "lluvia y el sol".

No adoremos el altar de la venganza y el desquite, el resentimiento y mal pensar. En ese altar no está Dios. Él está en la Cruz con los brazos abiertos para acoger a todos y desea que nosotros nos apropiemos esta lógica. Este amor que pasa por encima de actitudes inciviles, inhumanas, es el que al verlo y sentirlo quienes nos tratan crean en Jesucristo

Jornada matemática de Guadalaviar: Una competición en la que todos sumamos

1.700 alumnas y alumnos de 90 centros docentes de España y del
extranjero se dan cita anualmente en la Jornada Matemática del colegio
Gudalaviar (Valencia) Nos tienes en https://twitter.com/opusdei_es

12 febrero 2017

"Mamá, quiero ser científica"

Seis alumnas de diferentes carreras de ciencias explican cuándo
descubrieron su vocación científica y dónde se ven en un futuro cuando
logren su sueño de dedicarse a la Ciencia. Ellas forman parte de "Women
for Science and Technology", una plataforma de la Universidad de Navarra
que tiene como objetivo visibilizar y apoyar a las mujeres en el mundo
de la ciencia.