Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

27 julio 2017

Meditación Domingo 17 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)



en Word y en PDB
«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. Asimismo el Reino de los Cielos es semejante a un comerciante que busca perlas finas y, cuando encuentra una perla de gran valor va y vende todo cuanto tiene y la compra. Asimismo el Reino de los Cielos es semejante a una red barredera que, echada en el mar, recoge toda clase de cosas. Y cuando está llena la arrastran a la orilla y sentándose echan lo bueno en cestos, mientras lo malo lo tiran fuera. Así será al fin del mundo: Saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno del fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todas estas cosas? Le respondieron: Sí. El les dijo: Por eso, todo escriba instruido acerca del Reino de los Cielos es semejante a un padre de familia, que saca de sus tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.» (Mateo13, 44-52)

1º. Jesús, hoy me vuelves a hablar del Reino de los Cielos, de esa vida nueva –divina-  que has venido a darme muriendo en la cruz.
El Reino de los Cielos es la vida de la gracia, la vida de hijos de Dios, la vida sobrenatural que puedo vivir ya en la tierra uniéndome a Ti a través de los sacramentos, de la oración y de las buenas obras.
El Reino de los Cielos es esa identificación contigo en la tierra -luchando por ser cada día más santo- y, sobre todo, es esa unión contigo en el cielo para siempre.
Sin embargo, no todo el mundo encuentra este Reino.
Algunos lo encuentran sin proponérselo: porque han nacido en una familia cristiana, porque han conocido a alguien que les ha hablado de Ti, etc....
Se parecen al que encuentra el tesoro en el campo por casualidad, sin buscarlo.
Al descubrirlo, «lo oculta y, gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo».
Jesús, a veces no valoro suficientemente este tesoro, quizá porque lo encontré sin esfuerzo.
Y no lo guardo, de modo que los ladrones no me lo quiten; ni tampoco soy capaz de darlo todo dejando esas cosas que me atan a la tierra  para poseerlo de verdad.
Otros encuentran el tesoro de la fe tras muchos años de búsqueda esforzada.
Se parecen al comerciante que iba en busca de «la perla de gran valor.»
Tal vez éstos son más conscientes de lo que han encontrado, y se deciden con más prontitud a vender todo cuanto tienen  planes, ilusiones, familia, capacidades profesionales para conseguir el Reino de los Cielos y ayudar a que también otros lo encuentren.

2º. «Escribías: «simile est regnum caelorum  -el Reino de los Cielos es semejante a un tesoro... Este pasaje del Santo Evangelio ha caído en mi alma echando raíces. Lo había leído tantas veces, sin coger su entraña, su sabor divino».
¡Todo..., todo se ha de vender por el hombre discreto, para conseguir el tesoro, la margarita preciosa de la Gloria» (Forja 993).
Jesús, ... ¿todo?
¿Qué significa venderlo todo?
¿Es que me he de retirar al desierto, sin nada, para alcanzar el Reino de los Cielos, para ser santo?
No necesariamente.
Tú mismo rezas al Padre: «No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del Maligno» (Juan 17,15).
No quieres que me aparte del mundo, ni de las cosas del mundo.
Lo que quieres es que mi corazón no se llene de deseos mundanos, sino que te ponga en primer lugar en mi escala de valores: «amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con tuda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento» (Mateo 22,37-38).
Jesús, para amarte así, he de estar desprendido de todo lo que pueda interponerse entre Tú y yo.
«Todos los cristianos han de intentar orientar rectamente sus deseos para  que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto». (CEC.-2545).
Una cosa es que me gusten los coches, por ejemplo, y que me compre uno porque lo necesito -incluso uno de buena calidad, de modo que circule con seguridad y confort-; pero otra cosa es no vivir más que para el coche, o comprarme uno porque es la última moda, o para mostrar mi nivel económico o social.
Jesús, esta misma pobreza exterior -que no significa ir sucios, sino tener sólo lo necesario- debe ir acompañada por una pobreza interior, de la mente: la humildad.
Parte de lo que he de dejar para poder seguirte es la soberbia, ese querer tener siempre la razón y la verdad.
Para seguirte, he de aprender a obedecer las indicaciones generales que reciba del Magisterio de la Iglesia, y los consejos particulares de la dirección espiritual.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Homilía Domingo 17 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)





(1 Re 3,5.7-12) "Te doy un corazón sabio e inteligente"
(Rm 8,28-30) "Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para bien"
(Mt 13,44-52) "Saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos"

 Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

Jesús, que comenzó su predicación anunciando la llegada del Reino de Dios con imágenes y metáforas para que, por ser una realidad misteriosa, resultara más accesible a la inteligencia y atractivo al corazón, hoy nos lo ilustra con la parábola del tesoro escondido, que al ser descubierto, gozosos por el hallazgo, se vende todo lo que se posee con tal de conseguirlo; y con la de un comerciante que buscando perlas finas -un experto en joyas- al encontrar una de gran valor hace otro tanto. Estas dos imágenes, el tesoro y la perla, son aplicadas en el AT a la Sabiduría.

La 1ª Lectura narra la aparición de Dios en sueños al joven rey Salomón, al que le dice: “Pídeme lo que quieras”. El rey, anteponiendo la sabiduría para gobernar al pueblo y un corazón dócil para el bien, a la riqueza, el poder y una larga vida, agradó a Dios. El Reino de Dios es la Sabiduría y Bondad infinitas de Dios que quiere introducir a sus criaturas en la felicidad de su Vida intratrinitaria.

El Reino de los Cielos es ver y amar y sentirse amado por Alguien infinitamente mayor y mejor que nosotros mismos pero que nos quiere sentados en torno a su mesa. Es ver y amar al que ha creado lo que vemos y lo que no vemos, ese Universo que vemos parpadear en las noches claras y a través del instrumental técnico que poseemos; es esa inmensa asamblea de ángeles y santos con María, la Madre del Señor y nuestra, a la cabeza; es la felicidad, el amor y la vida para siempre; es lo que “ni ojo vio, ni oreja oyó, ni pasó por la mente del hombre lo que Dios tiene preparado a los que le aman” (1 Cor 2,9). Un Reino de justicia, de amor y de paz, tantas veces soñado por los hombres pero imposible de instaurarlo con nuestros propios recursos.

Ante esta realidad fascinante todo otro valor se eclipsa. De ahí que el Señor exhorte: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura. Por tanto no os preocupéis por el mañana” (Mt 6,33). “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Mt 7,7). ¡Oración! ¡Lectura meditada y asidua de la Palabra de Dios para hallar ese tesoro escondido y esa preciosa joya y no quedar encandilados con el brillo prestado por Dios a las cosas de este mundo! “Os dirán -decía Juan Pablo II en una audiencia a miles de jóvenes- que el sentido de la vida está en el mayor número de placeres posibles; intentarán convenceros de que este mundo es el único que existe y que vosotros debéis atrapar todo lo que podáis para vosotros mismos, ahora... y cuando os sintáis infelices acudid a la evasión del alcohol o de la droga”.

Debemos ponernos en guardia contra la ilusión de buscar un paraíso aquí en la tierra, que es el sueño de todos los materialismos. La experiencia y la razón previenen al hombre contra la tentación de creer que el esfuerzo humano puede lograr un porvenir libre de miserias. Es el sueño de todos los materialismos. La Historia más reciente, ha mostrado que el intento científicamente más ambicioso por lograr un paraíso aquí en la tierra, ha dado a luz un infierno de miseria, de sangre, de injusticias y muertes. Y en un plano más personal: ¡nuestro egoísmo y afán de independencia, no; que es una equivocación! ¡Nuestra sensualidad, no; que nos rebaja al nivel de las bestias, cosificando a quienes debemos respetar y amar! ¡Nuestra soberbia, no; que sería cómica ante la grandeza del Reino de Dios! ¡Nuestros proyectos humanos sólo, no; que aquí todo se acaba, que un día serán cenizas! ¡Cumplir el querer de Dios, sus indicaciones! ¡Vivir en gracia, en amistad con Él, secundando los grandes proyectos que Él tiene sobre la Humanidad: un Reino de justicia, de amor y de paz!

La vida de oración es la mejor garantía para conocer y valorar los dones que vienen de Dios permitiendo a cada uno juzgar con acierto sobre las cosas de esta vida. Sta Teresa estaba segura de la salvación de quien hiciera todos los días un cuarto de hora de oración.

Medio ambiente y pobreza

Para Manos Unidas, la cuestión del medio ambiente no debe desvincularse
del hambre, la pobreza y la exclusión, ya que constituyen dos caras de
una misma realidad marcada por la injusticia y la desigualdad. La lucha
contra el hambre y la pobreza será baldía si no se atacan las causas
estructurales que las provocan y, entre ellas, están la sobreexplotación
del medioambiente y el abuso y acaparamiento por parte de unos pocos de
lo que es de todos; bienes comunes destinados a la vida digna de todas
las personas que pueblan el planeta.

21 julio 2017

LIBRO DE LA SEMANA (21 Jul): Hispania-Spania. El nacimiento de España

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 HISPANIA - SPANIA. El nacimiento de España

Conciencia hispana en el Reino Visigodo de Toledo

PRECIO

34,00 €

En la época visigótica se configura un nuevo concepto de Hispania o Spania que va mucho más allá de lo meramente geográfico y que constituye el fundamento para la edificación de las Españas medievales, a partir de tres componentes que confluyen: un territorio, una entidad política que es el Reino Visigodo con capital en Toledo y una historia que se llega a entender como el matrimonio del pasado romano con el pueblo godo. Los tres elementos se funden en virtud de un factor religioso fundamental, ya que logra unir a los dos grandes núcleos étnicos existentes e impulsa un esplendor cultural sobresaliente dentro del conjunto de los reinos germánicos. Este libro aparece en un momento clave que afecta al debate sobre el ser de España y sin duda resultará incómodo para ciertos postulados.

PELICULA DE LA SEMANA (21 Jul): Baby Driver

(Cfr. www.almudi.org)


 

Baby Driver

Reseña: 


Baby, un joven y talentoso conductor especializado en fugas (Ansel Elgort), depende del ritmo de su banda sonora personal para ser el mejor en lo suyo. Cuando conoce a la chica de sus sueños (Lily James), Baby ve una oportunidad de abandonar su vida criminal y realizar una huida limpia. Pero después de haber sido forzado a trabajar para un jefe del crimen (Kevin Spacey), deberá dar la cara cuando un malogrado golpe amenaza su vida, su amor y su libertad.
Una sorpresa. Edgar Wright, director y guionista, ha logrado algo ciertamente increíble, una especie de milagro: un equilibrio de géneros, maridaje perfecto de acción, criminal a lo Tarantino con humanidad, romántico con un punto de inocencia, musical… No es fácil explicarlo con palabras, hay que verlo para creerlo.
Baby Driver es divertida, emocionante y muy brillante, con un ritmo asombroso, el uso de la música como columna vertebral, con la que se orquestan coreografías que incluyen persecuciones automovilísticas, carreras por las calles, o personajes simplemente moviéndose en interiores, es de matrícula de honor, decididamente la película da lo que no esperas. Las interpretaciones son buenas.(Almudí JD). Decine21: AQUÍ

El superhombre y Jesucristo

(Cfr. www.almudi.org)


 
 
Lamentamos lo que nos sucede mientras que rechazamos lo que podría curar los males

En un artículo reciente de Ignacio Sánchez Cámara titulado El infrahombre, donde expone cómo en el pensamiento moderno cuando se prescinde de Dios se degrada también al hombre y no surge el superhombre sino el infrahombre. Su análisis me parece muy certero y expresivo, de verdadero maestro. Recomiendo su lectura. Y para hacerme eco citaré los párrafos que a mi juicio lo vertebran, a los que añadiré unos comentarios desde la fe cristiana.

La liberación del hombre se ha vinculado con cierta f
recuencia a la supresión de Dios. El ideal kantiano de que la Ilustración entrañaba la mayoría de edad del hombre se ha tergiversado concibiéndolo como la supresión de la tutela de Dios. Pero nadie llegó tan lejos y tan genialmente en esta dirección como Nietzsche. Su ateísmo posee dos caras, tal vez antagónicas, tal vez complementarias. Por un lado, para él la "muerte de Dios" provocará el mayor cataclismo de la historia. Nada será ya igual. Con la desaparición de Dios se producirá la inversión de todos los valores y la apoteosis del nihilismo. Algo terrible. Por otro lado, la supresión de Dios habría de entrañar la aparición de un nuevo tipo de hombre que no reconoce nada por encima de él y que por ello bien se puede calificar como el superhombre. El superhombre es una realidad más elevada que el hombre: el hombre sin Dios, la existencia más alta.
Más adelante:
El problema es que su diagnóstico, pese a su genial lucidez, se ha revelado erróneo. La negación de Dios no ha conducido al triunfo de la dignidad humana y de su definitiva liberación, sino al desprecio de su dignidad, a la pérdida del sentido, a la negación de la inmortalidad personal, a la degradación de lo humano y a la "abolición del hombre", al decir de C.S. Lewis.
Y añade más abajo:
El ateísmo no conduce a la liberación del hombre sino a su esclavitud. Cuando se eclipsó en Europa el cristianismo lo que surgió no fue la libertad sino el terror totalitario (…) El comunismo y el nazismo son fruto del ateísmo y del nihilismo que éste lleva consigo.
En el penúltimo párrafo dice el catedrático de Filosofía:
La crisis que vive Europa y el mundo occidental tiene mucho que ver con la pérdida de vigencia social del cristianismo. Lamentamos lo que nos sucede, mientras que rechazamos lo único que podría curar nuestros males. Somos algo así como enfermos rebeldes que agravan, sin pretenderlo, su enfermedad.

Resumiendo diría yo: ésta es la gran cuestión. Si negamos a Dios negamos también al hombre; si afirmamos al hombre −criatura suya− afirmamos también a Dios. Ésta es la gran fuerza del cristianismo, ¡Cristo!, Dios y hombre verdadero. No hagamos recortes, el cristianismo es fe en Jesucristo, en su misterio de Verbo encarnado.

El Hijo de Dios se hace hombre para salvarnos, de modo que nosotros alcancemos, por adopción, la filiación divina. En todo caso éste sí sería el superhombre, el santo, el hombre con la gracia de Cristo, que nos comunica por los sacramentos instituidos por Él.

Contemplar a Cristo, seguir a Cristo, "el Camino, la Verdad y la Vida" es la esencia de la vida cristiana. ¡Estamos salvados! Porque Cristo es un hombre real, nacido de María, vivió en Palestina, murió en el Calvario y, resucitado, está a la derecha del Padre intercediendo por nosotros con su omnipotencia y su misericordia. Por ejemplo, la Virgen de Fátima −estamos en su centenario− se revela a unos niños, pastorcitos, para intervenir a través de ellos en la historia del mundo hasta la caída del muro de Berlín, por el rezo del rosario y la contemplación de sus misterios, los misterios de la vida del Señor. Un itinerario bien accesible a muchos.

En verdad, el nazismo y el comunismo fracasaron, pero la cultura del mundo occidental está impregnada de la doctrina de la conveniencia de apartarse de Dios. Familias de bautizados que no bautizan ni conducen a los demás sacramentos a sus hijos; y tantas personas que dicen que creen pero no practican, como si pudiesen darse en simultáneo ambas cosas.

Los resultados son patentes: las tensiones interiores de tantas vidas rotas… y, a nivel social, tantos problemas con sus luchas, conflictos bélicos incluidos. Bien podemos clamar con Josemaría Escrivá (Camino, 301) "Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos".

El retorno a Dios supone la petición por la paz, la conversión interior y la vida de oración. De la amistad con Dios derivará la amistad y el entendimiento entre los hombres. No le demos más vueltas.
Pedro Rodríguez Mariño, en diariodecadiz.es.

Meditación Domingo 16 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 
«Les propuso otra parábola: El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces apareció también la cizaña. Los siervos del amo acudieron a decirle: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? El les dijo: Algún enemigo lo hizo. Le respondieron los siervos: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? Pero él les respondió: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis junto con ella el trigo. Dejad que crezcan ambas hasta la siega. Y al tiempo de la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero.» (Mateo 13, 24-30)

1º. Jesús, hoy me explicas la parábola de la cizaña.
Tú eres el dueño.
El campo es mi corazón, en el que siembras buena semilla: la semilla de tu gracia, de esa vida sobrenatural que me hace más humano, más comprensivo con los demás -porque son hijos de Dios- y más exigente conmigo mismo -porque he de luchar por ser santo.
Gracias, Jesús, por tantas cosas buenas que has puesto en mi corazón: esas buenas intenciones, esos deseos de hacer el bien, de ayudar a los demás, de hacer apostolado.
Pero también descubro en mi corazón otras fuerzas que no son buena semilla: la inclinación a hacer lo más cómodo; el deseo de sobresalir, de quedar bien por encima de todo; la búsqueda de placeres desordenados; la envidia; la frivolidad...
Es la cizaña que ha plantado el «enemigo» -el mundo, el demonio y la carne- y que a veces ahoga el buen trigo de mi vida interior.
Ayúdame, Jesús, a mantener la cizaña a raya; ayúdame a dominar mis pasiones.

2º. «El Señor sembró en tu alma buena simiente. Y se valió -para esa siembra de vida eterna- del medio poderoso de la oración: porque tú no puedes negar que, muchas veces, estando frente al Sagrario, cara a cara, El te ha hecho oír -en el fondo de tu alma- que te quería para Sí, que habías de dejarlo todo... Si ahora lo niegas, eres un traidor miserable; y, si lo has olvidado, eres un ingrato.
Se ha valido también -no lo dudes, como no lo has dudado hasta ahora- de los consejos o insinuaciones sobrenaturales de tu Director que te ha repetido insistentemente palabras que no debes pasar por alto; y se valió al comienzo -siempre para depositar la buena semilla en tu alma-, de aquel amigo noble, sincero, que te dijo verdades fuertes, llenas de amor de Dios.
-Pero, con ingenua sorpresa, has descubierto que el enemigo ha sembrado cizaña en tu alma. Y que la continúa sembrando, mientras tú duermes cómodamente y aflojas en tu vida interior
-Esta, y no otra, es la razón de que encuentres en tu alma plantas pegajosas, mundanas, que en ocasiones parece que van a ahogar el grano de trigo bueno que recibiste...
-Arráncalas de una vez! Te basta la gracia de Dios. No temas que dejen un hueco, una herida... El Señor pondrá ahí nueva semilla suya: amor de Dios, caridad fraterna, ansias de apostolado... Y, pasado el tiempo, no permanecerá ni el mínimo rastro de la cizaña: si ahora, que estás a tiempo, la extirpas de raíz; y mejor si no duermes y vigilas de noche tu campo» (Surco.-677).
Esas plantas mundanas, pegajosas, crecen cuando no vigilo, cuando aflojo en mi vida interior, cuando no lucho contra la tibieza.
La tibieza es ese conformarse con hacer las cosas a medias: contentarse con no hacer nada malo, sin hacer tampoco nada bueno.
La tibieza es como un sopor espiritual, que deja abiertas las puertas al enemigo.
«Los demonios, a quienes están metidos en la tibieza y no hacen nada por salir de ella empiezan a despojarles del temor y recuerdo de Dios, así como de la meditación espiritual. Luego, una vez desarmados del socorro y protección divinos, se abalanzan osados sobre sus víctimas como sobre una presa fácil». (Casiano).
Madre, ante el primer síntoma de tibieza, ayúdame a despertarme, a volver a luchar en serio, arrancando de raíz  -con una buena confesión- todo lo que me impida amar a tu Hijo.

Homilía Domingo 16 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)





(Sab 12,13.16-19) "En el pecado das lugar al arrepentimiento"
(Rm 8,26-27) "El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad"
(Mt 13,24-43) "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre"

 Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
 
Jesucristo habla del campo en el que la cizaña ha despuntado junto al trigo y explica a sus discípulos el porqué del mal. El sueño de la pereza ha sido aprovechado por el enemigo de Dios y del hombre. Ante el ofrecimiento de arrancar esa mala hierba, Jesús responde que no, no sea que un celo mal orientado destruya también el trigo. Hay aquí una llamada a no descalificar a nadie, a evitar que una visión maniquea animada de buena intención pero que divide equivocadamente a las personas en buenas y malas, organice un destrozo. “Dejad que crezcan hasta la siega”, dice Jesús, porque el que juzga es el Señor” (1 Cor 4,4 y 5).

A nosotros toca seguir trabajando en el campo, que es el mundo, sin visiones catastrofistas ni partidistas, aunque sin olvidar que dentro de “este campo de Dios que es la tierra, que es heredad de Cristo, ha brotado cizaña: no sólo cizaña, ¡abundancia de cizaña! No podemos dejarnos engañar por el mito del progreso perenne e irreversible. El progreso rectamente ordenado es bueno, y Dios lo quiere. Pero se pondera más ese otro falso progreso, que ciega los ojos a tanta gente, porque con frecuencia no percibe que la humanidad, en alguno de sus pasos, vuelve atrás y pierde lo que antes había conquistado” (S. Josemaría Escrivá).

Al explicar la causa, a instancias de sus discípulos, de la aparición de la cizaña, Jesús pide paciencia y dice que habrá un Juicio al final de los tiempos en el que los ángeles separarán a los buenos de los malos. Sí, llegará un momento en que aparecerá con toda claridad la vigencia de la vida cristiana: lo que es trigo limpio y lo que es cizaña. Las personales concepciones del mundo o la ironía y el rechazo de quienes estimaron ingenua o insensata la vida cristiana, tendrán su castigo: el resultado de sus propias obras. No ver a Dios, que es en lo que consiste esencialmente el Infierno y la desesperación que esta pérdida lleva consigo. No esperar ver a Dios en esta vida es llevadero, porque los bienes de este mundo, que son un reflejo de la Bondad de Dios, pueden hacer llevadera esa ausencia. Pero en la otra vida no existe bien alguno que no sea Dios mismo. Quien no haya querido cuentas con Dios tendrá lo que se ha propuesto: no ver a Dios.

Hay quienes sostienen que el infierno es tan sólo un recurso de la pedagogía divina encaminado a que el hombre no se convierta en un lobo para los otros hombres, ya que un castigo semejante estaría en contraste con la infinita clemencia divina. Pero esta afirmación no tiene ningún apoyo en la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia. Habría que arrancar páginas enteras del Evangelio o manipularlo sacrílegamente, para no enterarse que existe el Infierno y que es terrible.

Las enseñanzas de Jesús arrojan una luz que explica el mal en el mundo y en el corazón de los hombres cuando éstos descuidan la vigilancia sobre la semilla de eternidad que Él ha sembrado; son también una invitación  a la esperanza de que Dios hará que el bien se imponga al final sobre el mal; una advertencia a poner freno a las inclinaciones desordenadas de nuestra naturaleza; y un estímulo para ser fieles a Jesucristo “los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre”.

18 julio 2017

Taller práctico para la "Caza de empleo y emprendimiento" impartido por ...

Es un taller práctico para la "caza de empleo y emprendimiento". Se
trata de que las mujeres conozcan cuáles son sus "armas" (sus
habilidades, competencias, logros en su vida, éxitos y cosas que han
hecho bien en el pasado), la "pulan" (se les refuerce la autoestima), y
sepan cuál es su "pieza" (qué empleo quieren cazar o conseguir).
Mariano
Casteñeira, que está desarrollando este tipo de talleres en la
Universidad Francisco de Vitoria, llamados Neighbour help Neighbourg, en
el que se hacen grupos para ayudarse y animarse a buscar trabajo y
compartir las ofertas, ya que lo que no sirve a una puede servir a otra.

15 julio 2017

Policlínico El Salto realiza su primera comida solidaria

Cerca de 600 personas participaron en la primera comida solidaria
organizada por la Asociación de Amigos del Policlínico y efectuada el
pasado 4 de julio, con el fin de aumentar su cobertura en salud
primaria, dental y mental.

14 julio 2017

LIBRO DE LA SEMANA (14 Jul): El país de a bruma

(Cfr. www.criteriaclub.es)

El país de la bruma

Es un libro que debe leerse como curiosidad más que con la intención de disponer de una lectura ágil y adictiva. Será para aquellos seguidores de Doyle que se sientan atraídos por su pasión por los espíritus o por conocer otras historias del magnífico médico y escritor británico. A destacar la buena reedición de Espuela de Plata para la nueva publicación en este año 2015.

PRECIO
17,00 €

PELICULA DE LA SEMANA (14 Jul): Un don excepcional

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Un don excepcional

  • Público apropiado: Jóvenes
  • Valoración moral: Adecuada
  • Año: 2017
  • País: EE.UU.
  • Dirección: Marc Webb

Reseña: 

Frank Adler (Chris Evans) es un hombre soltero que tiene que criar a una niña prodigio, su enérgica sobrina Mary (Mckenna Grace), en un pueblo costero de Florida. Los planes de Frank para que Mary tenga una vida escolar normal se ven arruinados cuando las habilidades matemáticas de la pequeña de siete años empiezan a llamar la atención de la formidable madre de Frank, Evelyn (Lindsay Duncan), cuyos planes para su nieta amenazan con separar a Frank y Mary. Octavia Spencer interpreta a Roberta, la casera y mejor amiga de Frank y Mary. Jenny Slate interpreta a la profesora de Mary, Bonnie, una joven mujer cuya preocupación por su alumna hace que conecte con el tío de la pequeña.
En torno a una niña superdotada surge un drama familiar contado con una buena dosis de humor y mucho corazón. L a cinta refleja una historia de habilidades especiales, pero sin elementos fantásticos, y añadiendo una interesante vuelta de tuerca, pues se defiende el derecho del ser humano a no destacar, para llevar una vida normal. Se denuncia el peligro de que los jóvenes con un talento excepcional sean víctimas de quien quiera aprovecharse de ellos, no siempre por dinero, en ocasiones por pura vanidad, lo que trae consigo que no maduren de forma correcta, jugando con otros niños o pasando momentos en familia.
El director vuelve a mostrar gran facilidad para acercarse a la gente y empatizar con ellos y sus problemas. Webb juega con el espectador, le implica en la historia, le hace juez de las conductas –evitando el maniqueísmo– y luego revela información que le hace rectificar el juicio. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Meditación Domingo 15 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)


 
El Señor fecunda la tierra que es nuestro corazón, para que podamos acoger su palabra, y dar mucho fruto
«Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a él tal multitud que hubo que subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí que salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga. Los discípulos se acercaron a decirle: ¿Por qué les hablas en parábolas? Él les respondió: A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha dado. Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Con el oído oiréis, pero no entenderéis, con la vista miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan, y yo los sane.
Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que vosotros estáis oyendo y no lo oyeron.
Escuchad, pues, la parábola del sembrador. Todo el que oye la palabra del Reino y no lo entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno rocoso es el que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, en seguida tropieza y cae. Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas sofocan la palabra y queda estéril. Por el contrario, lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.» (Mateo 13, 1-23)

 1. "Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago..." (Mt 13,1). La gente se arremolina en torno a Jesús, sus palabras tienen el sabor de lo nuevo, su mirada es limpia y frontal, su gesto sereno y atrayente, su conducta valiente y franca... Por otra parte aparece sencillo, amigo de los niños, inclinado a curar a los enfermos, aficionado a estar con los despreciados por la sociedad de su tiempo, amigo de publicanos y pecadores. Y, sin embargo, su manera de enseñar tenía una especial autoridad, tan distinta de la de los escribas y los fariseos. La muchedumbre se siente atraída, le sigue por doquier, le gusta verle y escucharle. Por eso en alguna ocasión, como en este pasaje, Jesús se sube a una barca y se separa un poco de la orilla. Era aquella barca una curiosa cátedra, y la ribera del lago una insólita aula, abierta a los cielos, mirándose en el agua. El silencio de la tarde se acentúa con la atención de todos los que escuchan las enseñanzas del Rabbí de Nazaret. Su palabra brota serena e ilusionada, es una siembra abundante, desplegada en redondo abanico por la diestra mano del sembrador. Es una simiente inmejorable, la más buena que hay en los graneros de Dios. Su palabra misma, esa palabra viva, tajante como espada de doble filo. Una luz que viene de lo alto y desciende a raudales, iluminando los más oscuros rincones del alma, una lluvia suave y penetrante que cae del cielo y que no retorna sin haber producido su fruto. Sólo la mala tierra, la cerrazón del hombre, puede hacer infecunda tan buena sementera. Sólo nosotros con nuestro egoísmo y con nuestra ambición podemos apagar el resplandor divino en nuestros corazones, secar con nuestra soberbia y sensualidad las corrientes de aguas vivas que manan de la Jerusalén celestial y que nos llegan a través de la Iglesia. Que no seamos camino pisado por todos, ni piedras y abrojos que no dejen arraigar lo sembrado, ni permitan crecer el tallo ni granar la espiga. Vamos a roturar nuestra vida mediocre, vamos a suplicar con lágrimas al divino sembrador que tan excelente siembra no se quede baldía. Dios es el que da el crecimiento, Él puede hacer posible lo imposible: que esta nuestra tierra muerta dé frutos de vida eterna.
A pesar de las dificultades de la siembra, la cosecha está asegurada; el Reino de Dios, iniciado en la persona de Jesús, es una fuerza viva que avanza irresistiblemente hacia su plenitud y gloriosa manifestación, hacia la cosecha final. La Palabra de Dios es como una semilla, pequeña en apariencia, pero llena de vida. No todos la escuchan y la albergan en su corazón; pero quienes la reciben con fe darán fruto. Jesús no habla en parábolas para que no le entiendan; nadie habla en verdad para que no le entiendan.
Tú, Jesús, eres el sembrador, la semilla de tu palabra y de tu vida fecunda el mundo. Jesús, veo que la tierra da fruto diverso, depende de cómo acoge la palabra, de cómo corresponde: ¿cómo es mi tierra, mi corazón? ¿Es un corazón que sabe amar, que sabe sacrificarse por los demás; o es un corazón de piedra, duro, en el que las necesidades de los que me rodean no hacen mella? ¿Es un corazón fuerte, con la fuerza de voluntad necesaria para hacer lo que debe en cada momento; o es un corazón blando, sin personalidad, que se deja arrastrar por el gusto, la sensualidad o la comodidad?
Jesús, ¿en qué ambiente me muevo? ¿Es un ambiente adecuado para que pueda crecer mi vida de cristiano? ¿Qué amigos tengo?¿Cómo aprovecho el tiempo libre? (Pablo Cardona).
«La escena es actual. El sembrador divino arroja también ahora su semilla. La obra de la salvación sigue cumpliéndose, y el Señor quiere servirse de nosotros: desea que los cristianos abramos a su amor todos los senderos de la tierra; nos invita a que propaguemos el divino mensaje, con la doctrina y con el ejemplo, hasta los últimos rincones del mundo. Nos pide que, siendo ciudadanos de la sociedad eclesial y de la civil, al desempeñar con fidelidad nuestros deberes, cada uno sea otro Cristo, santificando el trabajo profesional y las obligaciones del propio estado» (J. Escrivá, Es Cristo que pasa 150).
Soy sembrador cuando estudio con seriedad lo que me toca, cuando ayudo a arreglar un desperfecto en casa, cuando sé perdonar un detalle molesto, cuando sonrío estando cansado, cuando dejo elegir a otro el mejor postre o la película de cine que iremos a ver, etc..
Recuerdo que mi catecismo de niño traía al final la parábola del sembrador, yo no la entendía entonces, veía algo misterioso oculto bajo ese dar fruto, y ahora veo con más claridad que mi corazón es el campo, donde puedo acoger la Palabra, que es Jesús, y dar fruto. Podemos ser la tierra buena en la que “da fruto y produce uno ciento, otro sesenta, otro treinta” (Mt 13,23). Y también podemos ser sembradores si nos esforzamos por corresponder a ese amordivino y darlo a los demás, y así Dios “muestra a los extraviados la luz de su verdad para que puedan volver a su camino recto” (Colecta).

2. La lluvia no cae en vano. Así es la Palabra de Dios, como la lluvia: “Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come”, así el Señor hace fructificar la siembra divina que hemos visto en el Evangelio, por eso sigue diciendo: "La palabra que sale de mi boca no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo". Cuando Dios habla, comienza una verdadera historia en la que no se vuelve nunca al principio como si no hubiera sucedido nada.
Sigue la idea el salmista: “La semilla cayó en tierra buena y dio fruto. Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida;  la acequia de Dios va llena de agua. Tú preparas los trigales: riegas los surcos, igualas los terrenos,  tu llovizna los deja mullidos,  bendices sus brotes. Coronas el año con tus bienes,  tus carriles rezuman abundancia;  rezuman los pastos del páramo,  y las colinas se orlan de alegría. Las praderas se cubren de rebaños,  y los valles se visten de mieses que aclaman y cantan”. 
Casiodoro paragonava "la misericordia del Padre con un río que se desborda: de él será posible beber siempre, pues jamás se secará: «Será una fuente que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14). El río y el pan simbolizan la Eucaristía, en la que bebemos la Sangre del Señor y comemos su Carne.

3. Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá”. Todo lo que hagamos es poco, vale la pena por la esperanza.Y nosólo nosotros, sino que “la creación expectante está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios”; hay una fuerza misteriosa que somete todo lo creado, pero en Cristo nos viene “la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.Hay pues una misteriosa solidaridad entre todos, interconexión también con todo lo creado que está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo”.
Llucià Pou Sabaté

Prohibido quejarse


 

 
 
El aviso que Papa Francisco puso a la entrada de su habitación en Santa Marta

El Papa Francisco pasa sus vacaciones en su casa, sin perder el buen humor, a pesar de algunas presuntas investigaciones periodísticas que lo retratan apesadumbrado y asediado de adversarios internos: desde hace algunos días en la puerta de su habitación en la Casa Santa Marta apareció un elocuente e irónico aviso que dice: «Prohibido quejarse».
También se lee en él que «los transgresores son sujetos a un síndrome de victimismo con la consecuente disminución del tono del humor y de la capacidad para resolver problemas».
Y «la sanción es doble si la violación es cometida ante la presencia de niños». El texto del aviso termina de esta manera: «Para volverse el mejor de uno mismo hay que concentrarse en las propias potencialidades y no en los propios límites, por lo tanto: deja de quejarte y actúa para hacer mejor tu vida».
Quienes lo notaron fueron los interlocutores más recientes del Pontífice, invitados a Santa Marta, entre los que hay un anciano sacerdote italiano, amigo de hace tiempo, quien, después de haber pedido la autorización, le tomó una foto para divulgarlo. Fue el mismo Francisco quien se lo enseñó al final de una audiencia a principios de esta semana. Ambos sonrieron.

Ese aviso lo inventó el psicólogo y psicoterapeuta Salvo Noé, autor de libros y de cursos de motivación. En su último volumen dedicó algunas páginas precisamente a Bergoglio. El pasado 14 de junio, al final de la audiencia en la Plaza San Pedro, Noé pudo saludar por unos instantes al Papa, a quien le regaló su libro, una pulsera y el aviso, que Francisco apreció inmediatamente y saludó con esta frase: «Lo voy a poner en la puerta de mi oficina, en donde recibo a las personas». Ahora bien, la «oficina» del Papa, en donde se verifican normalmente las audiencias, es en el Palacio Apostólico, cuya austeridad y belleza no habrían quedado muy bien con el aviso un poco goliárdico. Por lo que Francisco decidió ponerlo fuera de su habitación.

En muchas ocasiones, el autor de la Exhortación Evangelii gaudium (la alegría del Evangelio) ha indicado que los cristianos deben abandonar los tonos de la eterna queja: «A veces −dijo el Papa algunos meses después de haber sido elegido−, ¡algunos cristianos melancólicos tienen más cara de pimiento en vinagre que de personas alegres que tienen una vida bella!»

Andrea Tornielli, en lastampa.it.

[Este artículo fue publicado originariamente en la edición de hoy del periódico italiano La Stampa].

Homilía Domingo 15 t.o. (A)

(Cfr. www.almudi.org)

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(Is 55,10-11) "Hará mi voluntad y cumplirá mi encargo"

(Rm 8,18-23)  "Gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios"

(Mt 13,1-23)  "Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende"


La Liturgia de la Palabra de este Domingo está impregnada de optimismo por el éxito de la obra redentora de Cristo, y que la Iglesia continúa en el tiempo hasta que de nuevo Cristo vuelva. Tanto la 1ª Lectura, en la que el segundo Isaías conforta a los israelitas desterrados de Babilonia; como la 2ª, en que S. Pablo habla de la expectación de la creación entera que aguarda la manifestación de los hijos de Dios que sufren la esclavitud del pecado; como la abundante cosecha de la tierra buena que compensa con creces lo que se perdió en el pedregal y los espinos, nos animan a confiar en el éxito de todos nuestros desvelos. También el Salmo Responsorial participa de idéntico optimismo: “la acequia de Dios va llena de agua..., coronas el año con tus bienes”.

El Reino de Dios que Jesús vino a instaurar, encontró una fuerte repulsa en el judaísmo de su tiempo, lo encontró también el cristianismo naciente, y lo sigue encontrando hoy. Con la parábola del sembrador, Jesús nos propone la fe y la generosidad del sembrador al esparcir la semilla de la doctrina que, aunque puede dar un fruto dispar e incluso no darlo, pues su fecundidad depende de donde caiga, está destinada a proporcionar una espléndida cosecha.

El Señor quiere asociarnos a esta siembra de paz, de alegría, de mutuo respeto..., de amor a Dios y a todas las criaturas, a través del ejemplo, la palabra y la confianza con la que el sembrador arroja la semilla al surco. Él no ignora los hielos y la sequía, el azote del viento, del granizo y las plagas que pueden hacer estéril su trabajo. Pero no ignora tampoco, que sin la siembra, los campos no producen más que malas hierbas. Los padres de familia, los educadores, los sacerdotes..., los que de un modo u otro quieren inculcar los valores cristianos, han de mantener vivo el optimismo sobrenatural porque “los que en Ti esperan, Señor, no quedarán defraudados” (S. 24,3). Pidamos al Señor que nos aumente la fe, para que la indiferencia del camino, el ánimo mal dispuesto del pedregal y los espinos, no maten la esperanza de una abundante cosecha.

Pero no olvidemos que ese campo donde la semilla cae generosamente, somos también nosotros. La semilla es en sí misma fecunda pero el resultado de la recolección es desigual. ¿Por qué la acción de Dios en las almas produce efectos tan dispares? Es el misterio de la Vida divina y la libertad humana. Las palabras de Jesús revelan con toda su fuerza la responsabilidad de cada uno a disponerse bien para aceptar y corresponder a los dones divinos. El Maestro, valiéndose de la imagen de la dureza del camino y del pedregal, del daño de las zarzas y los espinos, nos advierte del peligro de que la Buena Nueva no fructifique en nosotros.


Salve Marinera a la Virgen del Carmen Coronada

Salve Marinera a la Patrona de la Ciudad de San Fernando y de la Armada Española la Santísima Virgen del Carmen Coronada

09 julio 2017

SUPER PEPO: PIZZA ALLA BASURINI

En esta nueva aventura, Super Pepo y su pandilla se enfrentan a un
peligroso Super Villano, el Capitán Despilfarro. Y graban un vídeo
denunciando el despilfarro de alimentos en su barrio. (versión en
castellano).

08 julio 2017

Ángelus del 02/07/2017 HD

En el Ángelus presidido por el Papa Francisco este 2 de julio, el Papa
habló de la importancia de la misión y comentó que aquél que deja todo
por Jesús se convierte en un “embajador” suyo y la gente "reconoce que
Jesús está en Él”. Además, habló de la importancia de la acogida y
aseguró que “no importa si después, como toda persona humana, uno tiene
sus límites y también sus errores” sino que “tenga humildad para
reconocerlos”. “Lo importante es que no tenga el corazón doble, sino
sencillo, unido; que no tenga el pie en dos zapatos, sino que sea
honesto con sí mismo y con los demás”.

07 julio 2017

LIBRO DE LA SEMANA (7 Jun): El proyecto Magdala

(Cfr. www.criteriaclub.es)

 
  El proyecto magdala
PRECIO:
15,00 €

Joaquín Navarro-Valls, el hombre que cambió la comunicación en la Iglesia

(Cfr. www.almudi.org)

 

 
 
Los tres secretos del portavoz del Vaticano durante 22 años

Cambió para siempre la manera de comunicar de la Iglesia católica. Este es el primer pensamiento que viene a la mente este miércoles al recibir la noticia del fallecimiento de Joaquín Navarro-Valls (Cartagena, 1936), portavoz durante 22 años de la Santa Sede, durante el pontificado de Juan Pablo II y el inicio del de Benedicto XVI.
Doctor en psiquiatría, periodista, corresponsal en varios países, numerario de la Prematura Personal del Opus Dei, su biografía se fundió con la de Karol Wojtyla cuando éste le nombró en 1984 director de la Oficina de Información de la Santa Sede.
¿Cuál fue el secreto de Navarro-Valls? ¿Qué hizo para transformar la comunicación de la Iglesia, que hasta ese momento padecía una comunicación bastante amateur, convirtiéndola en una voz identificable y tremendamente creíble en la aldea global de la era de la comunicación?
La clave de esta labor, que los libros de historia de la Iglesia se encargarán de subrayar en el futuro, está en tres secretos.

Un verdadero profesional de la comunicación

Cuando conocí a Navarro-Valls al llegar a trabajar como corresponsal en el Vaticano, en septiembre de 1991, le planteé esta misma pregunta: “¿Cuál es tu secreto como portavoz?” No tardó ni medio segundo en responder: ser auténtico portavoz del Papa.
Me explicó que, cuando Juan Pablo II le llamó para proponerle este trabajo, expuso al Papa una necesidad como condición de éxito: mantener una línea directa con el mismo Papa. “Yo soy portavoz del Papa, no de un cardenal, que quizá no sabe bien lo que el Papa quiere decir”, me respondió.
Juan Pablo II comprendió muy bien esta necesidad. Cuando llamó a Joaquín, éste era desde hacía un año presidente de la Asociación Internacional de Prensa de Roma. Es decir, era un periodista, corresponsal del diario español ABC, y elegido por periodistas para representarles.
Durante todo su servicio a Juan Pablo II Navarro-Valls se aferró a la profesionalidad como su mejor garantía de servicio a su amado Papa. Y el Papa, hasta el final mismo de su pontificado, le mantuvo siempre las puertas abiertas.
Ahí está el primer secreto de Navarro-Valls: fue capaz de dar a entender que la comunicación no es algo instrumental, sino que forma parte de la esencia misma del ministerio petrino. Esto sólo lo logró porque era un auténtico profesional.

Un verdadero humanista

Pero lo que a mí más me impresionó de Navarro-Valls fue su fuerte humanismo. Había estudiado en la escuela alemana, después hizo Medicina y Cirugía, ganando una beca en Harvard, luego pasó a la psiquiatría. Le apasionaba la filosofía y tuvo que adentrarse de lleno en vericuetos teológicos para poder estar a la altura de los debates que tenía que afrontar diariamente.
Todo este bagaje, así como la herencia recibida de su familia y la influencia de amigos, le otorgaron una profunda humanidad. Recuerdo que en una ocasión, cuando uno de los periódicos italianos se inventó una noticia negativa contra la Santa Sede, me dijo: es fácil juzgar, pero piensa en ese periodista, con tres hijos, a quien su director le dice: “Si no lo publicas, mañana te quedas sin trabajo”.
Ese profundo humanismo, que conquistó a Juan Pablo II, fue decisivo cuando éste último le encomendó una misión totalmente revolucionaria: participar en la Conferencia Mundial de la Mujer, convocada por la ONU en Pekín, en 1995. En vez de mandar a un cardenal o arzobispo, el pontífice nombró como a su representante a una mujer, Mary Ann Glendon. Y para que se sintiera respaldada, como miembro de la delegación, nombró a su portavoz. Lograron cambiar la percepción del mensaje cristiano sobre la mujer en la cumbre.

Un laico de verdad

Pero por encima de todo, Joaquín Navarro-Valls era un cristiano. Quizá esta fue la gran herencia que recibió de san Josemaría Escrivá de Balaguer: sentirse orgulloso de su dignidad de bautizado, de laico.
La gran tentación de muchos laicos que trabajan en la Iglesia es la de clericalizarse, hacerse como curas. Navarro-Valls aplicó magistralmente el carisma del Opus Dei: santificarse en la vida ordinaria, en el trabajo, como un auténtico profesional.
Adiós, Joaquín, amigo, hasta la eternidad.
Jesús Colina, en aleteia.org.
Enlaces relacionados:


PELICULA DE LA SEMANA (7 Jun): Hermanos del viento

(Cfr. www.almudi.org)

Hermanos del viento


Reseña: 

El águila cría dos polluelos. El destino del más fuerte es arrojar al más débil desde el nido. El hombre también tiene sus costumbres y a menudo hace daño a los que más quiere. Lukas sufre a manos de un padre que se ha encerrado en sí mismo desde la pérdida de su esposa. Murió cuando rescataba al recién nacido Lukas y ahora, el muchacho lleva la carga de su muerte.
La historia de nuestra águila comienza en el nido. El polluelo que nació primero empuja a su hermano más débil a una muerte segura en el suelo del bosque. Pero el destino interviene y Lukas encuentra al polluelo. Lukas le llama Abel y cuida en secreto al pajarillo, buscando el amor y la compañía que le niegan en casa. Pero cuando llega el día de liberar a Abel en el bosque, ¿podrá Lukas encontrar también su propia liberación en una nueva vida?
Bella y asombrosa película austriaca dirigida por el español Gerardo Olivares –en colaboración con Otmar Penker–, que cinco años atrás entregó Entrelobos, otro film que hablaba de la estrecha relación entre un niño y un animal salvaje.
La propia naturaleza de la historia –sencilla, bonita, emotiva– ofrece un marco perfecto para ser narrada al modo de un cuento, en donde los elementos humanos y la vida animal en el bosque se entrelazan de modo excelente. En este sentido son bien claras las conexiones con El oso y otros filmes similares que implican al espectador en las dificultades y luchas de un animal salvaje por abrirse camino en la vida.
Con planos muy hermosos de las montañas alpinas, en donde se incluyen momentos extraordinarios y enternecedores en el nido de lo alto de los riscos o secuencias para cortar el aliento, como los intentos frustrados del águila por cazar a sus presas. Son pasajes a la altura de los documentales naturales más prestigiosos.
Y en medio del impresionante paisaje, pero más allá de lo puramente formal, Hermanos del viento habla del cariño del hombre por la naturaleza, de la armonía que ha de reinar entre ambos. Y el director cordobés lo hace con tono marcadamente positivo, haciendo hincapié en el corazón del ser humano, en la necesidad de amar y de ser amado. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ