Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

31 diciembre 2016

Historia de los Tres Reyes Magos del Oriente



Documental Científico que expone el contexto histórico del nacimiento de Jesús y los reyes magos, presenta una hipótesis sobre lo que fue la llamada "Estrella de Belén" y un comentario antropológico sobre las reliquias de los reyes magos que se conservan en la Catedral de Colonia (Documental completo de la serie: "Momias del Pasado", del canal Discovery Civilization)

Hna Glenda Univisión Miami



Reportaje sobre Hna. Glenda en Univisión, Miami. USA 2013

30 diciembre 2016

LIBRO DE LA SEMANA (30 Dic): Cómo educar con inteligencia

(Cfr. www.criteriaclub.es)

  Cómo educar con inteligencia

Tony Little dirige Eton College, el famoso internado masculino inglés fundado en el siglo XV por Enrique VI de Inglaterra. Es una de las personas más progresistas e imaginativas del ámbito educativo británico. En este libro, dirigido a padres y profesores, busca modos de educar con más eficacia en este mundo cambiante.


PRECIO
15,00 €

Juventud de espíritu

(Cfr. www.almudi.org)


 
 
La esperanza da una juventud que es inaccesible a la vejez y a la desilusión; olvidamos demasiadas veces que los grandes logros, se alcanzan casi siempre después de muchos intentos fallidos 

Un día un niño vio como un elefante del circo, después de la función, era amarrado con una cadena a una pequeña estaca clavada en el suelo. Se asombró de que un animal tan corpulento, no fuera capaz de liberarse de aquella pequeña estaca. Lo estuvo contemplando durante un buen rato. Le sorprendió sobre todo, que el elefante no hiciera el más mínimo esfuerzo por soltarse.

Decidió preguntar al hombre que lo cuidaba. Este le respondió: "Es muy sencillo, desde pequeño ha estado amarrado a una estaca como esa, y como entonces no era capaz de liberarse, ahora no sabe que esa estaca es muy poca cosa para él. Lo único que recuerda es que durante mucho tiempo no podía escaparse, y por eso ya ni siquiera lo intenta".

Algo parecido nos sucede quizá a todos, en algún aspecto de nuestra vida. Hay barreras que nos tienen sujetos, porque durante mucho tiempo las hemos visto como infranqueables, y aunque quizá ahora tengamos fuerzas suficientes para superarlas, no lo hacemos porque seguimos viendo esos obstáculos como algo fuera de nuestras posibilidades.

Juventud de espíritu

Tenemos que cultivar una sana capacidad de descubrir nuestros falsos convencimientos, las servidumbres que nos encadenan, las ideas simples que no nos queremos cuestionar porque ponen en peligro viejas concesiones a las pocas ganas de luchar. Hemos de desechar esa soberbia sutil que envuelve nuestra mente y la enmaraña en reacciones tontas de envidia, celos o resentimientos, que también nos encadenan. O poner más esfuerzo para salir de las redes de la murmuración, la ira o el malhumor. O reconocer adicciones quizá menos honrosas, al alcohol, el sexo o los videojuegos.

Se podrían poner muchos ejemplos de pequeñas ataduras que inmovilizan grandes voluntades, de hombres que no se deciden a liberarse de ellas, porque desconocen la magnitud de lo que les frena y no se dan cuenta de que esas ataduras son pequeñeces de las que podrían perfectamente prescindir.
La ignorancia sobre lo que nos ata es la atadura más grave, pues si no advertimos algo no luchamos contra ello y por tanto, nunca nos liberamos. Por eso, hemos de agradecer que nos lo hagan ver, aunque nos duela un poco oírlo. Es más, si nos escuece un poco, quizá es síntoma de que hay un particular acierto.

Otro gran enemigo es la falta de esperanza en que podamos liberarnos, aunque a lo mejor nos suceda como a aquella águila encadenada que llevaba tiempo intentando elevar el vuelo y romper así su atadura, y ya lo había conseguido en su último intento, pero se cansó y se resignó a su encerramiento sin darse cuenta de que ya estaba libre.

Olvidamos demasiadas veces que los grandes logros, se alcanzan casi siempre después de muchos intentos fallidos. Tendemos a conformarnos, a acomodarnos a nuestras cadenas porque nos cuesta romperlas y entonces nos auto-convencemos de que no existen o de que no nos importa que existan.
Hay un tipo de esperanza −ha escrito Josef Pieper− que surge de la energía juvenil pero se agota con los años, al ir declinando la vida: el recuerdo se vuelve hacia el "ya no" en lugar de dirigirse hacia el "aún no". Sin embargo, la verdadera esperanza otorga al hombre un "aún no" que triunfa sobre el declinar de las energías naturales. Da al hombre tanto futuro que el pasado aparece como "poco pasado", por larga y rica que haya sido la vida. La esperanza es la fuerza del anhelo hacia un "aún no" que se dilata tanto más, cuanto más cerca estamos de él.

La verdadera esperanza produce una eterna juventud. Comunica al
hombre elasticidad y ligereza, suelta y tirante al
mismo tiempo, que es frescura propia de un corazón fuerte

Es una despreocupada y confiada valentía, que caracteriza y distingue al hombre de espíritu joven y lo hace un modelo tan atractivo. La esperanza da una juventud que es inaccesible a la vejez y a la desilusión. Así, aunque día a día perdemos un poco la juventud natural, podemos día a día renovar nuestra juventud de espíritu. En vez de dar culto a la juventud del cuerpo, de modo exterior y forzado, y que además produce desesperanza al ver cómo se va marchando, se ponen a la vista las cimas más altas a las que se puede remontar la esperanza del hombre que rejuvenece día a día su espíritu.

Alfonso Aguiló, en hacerfamilia.com.
 

PELICULA DE LA SEMANA (30 Dic): Las inocentes

(Cfr. www.almui.org)

  
Las inocentes
 
 
 
 
Contenidos: ---
Reseña: 
Un monasterio cerca de Varsovia (Polonia) alberga un oscuro secreto. Mathilde Beaulieu es una joven médico enviada por la Cruz Roja con el fin de garantizar la repatriación de los prisioneros franceses heridos en la frontera entre Alemania y Polonia. Pero la sorpresa llega cuando descubre que una gran parte de las hermanas del convento están embarazadas por soldados del Ejército Rojo. Aunque Mathilde es inexperta, deberá aprender a sacar adelante esta inusual situación y ayudar a las hermanas.
Un retablo sobrio y dramático sobre el dilema de unas religiosas polacas violadas por soldados soviéticos al fin de la II Guerra Mundial. Estamos ante un film incómodo, por el tema y por la puesta en escena, fría, áspera, inquietante… como quizá no podía ser de otra manera. Aun así, es interesante, aunque solo sea porque se basa en un dramático suceso real.
No es una película de tesis, ni trata de demostrar nada. Simplemente indaga en el recorrido interior que tiene que pasar cada religiosa ante la experiencia traumática que está viviendo. Unas sucumben, otras no; unas son fuertes, otras débiles; algunas reorientan su vocación, otras no… todo en el contexto social y religioso de los años cuarenta, muy distinto del que podría darse hoy. En fin, un retablo dramático en el que nosotros, como la doctora, no podemos más que ser testigos silenciosos y compasivos, sin juzgar. (Juan Orellana). Decine21: AQUÍ

Homilía Santa María, Madre de DIos (A)

(Cfr. www.almudi.org)





(Num 6,22-27) "Bendígate el Señor y te guarde"
(Gal 4,4-7) "Llegada la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo nacido de mujer"
(Luc 2,16-21) "María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón"


Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía en la Misa de la solemnidad de la Madre de Dios (1-I-1988)



--- La familia humana de los hijos de Dios

“Cuando se cumplió el tiempo” (Gal 4,4).

Saludamos a esta nueva fase del tiempo humano, fijando la mirada en el misterio que indica la plenitud del tiempo.

Este misterio lo anunció el Apóstol en la Carta a los Gálatas, con las palabras siguientes: “Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer” (Gal 4,4).

La plenitud del tiempo.

El tiempo humano del calendario no tiene una plenitud propia. Significa sólo el hecho de pasar. Sólo Dios es plenitud, plenitud también del tiempo humano. Esta se realiza en el momento en que Dios entra en el tiempo del pasar terreno.

¡Año Nuevo: Te saludamos a la luz del misterio del nacimiento divino! Este misterio hace que tú, tiempo humano, al pasar, seas partícipe de lo que no pasa. De lo que tiene por medida la eternidad.

El Apóstol ha manifestado todo eso en su Carta de una forma quizá más sintética y penetrante.

“Envió Dios a su Hijo..., para que recibiéramos el ser hijos por adopción” (Gal 4,4-5). Ésta es la primera dimensión del misterio, que indica la plenitud del tiempo. Y después está la segunda dimensión, unida orgánicamente a la primera: “Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá (Padre)” (Gal 4,6).

Precisamente este “Abbá, Padre”, este grito del Hijo, que es consustancial al Padre, esta invocación dictada por el Espíritu Santo a los corazones de los hijos y de las hijas de esta tierra, es signo de la plenitud del tiempo.

El reino de Dios se manifiesta ya en este grito, en esta palabra “Abbá, Padre”, pronunciada desde la profundo del corazón humano en virtud del Espíritu de Cristo.

Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: “Abbá, Padre”. Los que puedan hablar así -los que tengan el mismo Padre- ¿acaso no son una sola familia?

El Creador nos ha levantado desde el “polvo de la tierra” hasta hacernos “a su imagen y semejanza”. Y permanece fiel a este “soplo” que marcó el “comienzo” del hombre en el cosmos.

Y cuando, en virtud del Espíritu de Cristo, clamamos a Dios “Abbá, Padre”, entonces, en ese grito, en el umbral del año nuevo, la Iglesia expresa por medio de nosotros también el deseo de la paz en la tierra. Ella reza así:

“El Señor se fija en ti -familia humana de todos los continentes- y te conceda la paz” (cfr. Núm 6,26).


--- Maternidad de María

“Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer”.Desde el comienzo de la historia terrena del hombre, camina la mujer por la tierra. Su primer nombre es Eva, madre de los vivientes. Su segundo nombre queda unido a la promesa del Mesías en el Protoevangelio.

El segundo nombre, el de la Mujer eterna, atraviesa los caminos de la historia espiritual del hombre y es revelado solamente en la plenitud del tiempo. El nombre es “Myriam”, María de Nazaret. Desposada con un hombre cuyo nombre era José, de la casa de David. María, ¡Esposa mística del Espíritu Santo!

En efecto, su maternidad no proviene “ni de amor carnal ni de amor humano” (cfr Jn 1,13) sino del Espíritu Santo.

La maternidad de María es la Maternidad divina, que celebramos durante toda la octava de Navidad, pero de modo particular hoy, día 1 de enero.

Vemos esta maternidad de María a través del “Niño acostado en el pesebre” (Lc 2,16), en Belén, durante la visita de los pastores: los primeros que fueron llamados a acercarse al misterio que marca la plenitud del tiempo.

El Niño de pecho que está acostado en el pesebre había de recibir el nombre de “Jesús”. Con este nombre lo llamó el Ángel en la Anunciación “antes de su concepción” (Lc 2,21). Y con este nombre es llamado hoy, el octavo día después del nacimiento, el día prescrito por la ley de Israel.

Pues el Hijo de Dios “ha nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley”. Así escribe el Apóstol (cfr Gal 4,4-5).

Esa sumisión a la ley -herencia de la Antigua Alianza- debía abrir el camino a la Redención por medio de la sangre de Cristo, abrir el camino a la herencia de la Nueva Alianza.

María está en el centro de estos acontecimientos. Permanece en el corazón del misterio divino. Unida más de cerca a esa plenitud del tiempo, que se une a su maternidad. Ella permanece al mismo tiempo como el signo de todo lo que es humano.

¿Quién es signo de lo humano más que la mujer? En ella es concebido, y por ella viene al mundo el hombre. Ella, la mujer, en todas las generaciones humanas lleva en sí la memoria de cada hombre. Porque cada uno ha pasado por su seno materno.

Sí. La mujer es la memoria del mundo humano. Del tiempo humano, que es tiempo de nacer y de morir. El tiempo del pasar.

Y María también es memoria. Escribe el Evangelista: “Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19).

Ella es la memoria originaria de esos problemas, que vive la familia humana en la plenitud de los tiempos. Ella es la memoria de la Iglesia. Y la Iglesia asume por Ella las primicias de lo que incesantemente conserva en su memoria... y hace presente.

La Iglesia aprende de la Madre de Dios la memoria “de las grandes obras de Dios” hechas en la historia del hombre. Sí. La Iglesia aprende de María a ser Madre: “Mater Ecclesiae!”.

Ahora el día de su Maternidad, nos dirigimos a Ella, a la Madre de Dios, para que “conserve y medite en su corazón” “todos los problemas” de estos pueblos.


--- Filiación divina, base de la humanidad

Dios mandó a su Hijo “nacido de mujer”. Mediante el nacimiento de Dios en la tierra participamos en la plenitud del tiempo.

Y esta plenitud la lleva a cabo en nuestros corazones el Espíritu del Hijo, que confirma en nosotros la certeza de la adopción como hijos. Y así, desde la profundidad de esta certeza desde la profundidad de la humanidad renovada con la “deificación”, como proclama y profesa la rica tradición de la Iglesia Oriental, desde esta profundidad clamamos, bajo el ejemplo de Cristo: “Abbá, Padre”. Y al clamar así, cada uno de nosotros se da cuenta de que “ya no es esclavo sino hijo”.

“Y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios” (Gal 4,7).

¿Sabes tú, familia humana, lo sabes, hombre de todos los países y continentes, de todas las lenguas naciones y razas..., sabes tú de esta herencia?

¿Sabes que está en la base de la humanidad?

¿Y de la herencia de la libertad filial?

¡Cristo Jesús! ¡Hijo del Eterno Padre, Hijo de la Mujer, Hijo de María, no nos dejes a merced de nuestra debilidad y de nuestra soberbia!

¡Plenitud encarnada! ¡Permanece en el hombre, en cada una de las fases de su tiempo terreno! ¡Sé Tú nuestro Pastor! ¡Sé nuestra paz!
(Cfr. www.almudi.org)

 
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra: vamos a empezar este año de su mano para que no nos apartemos del buen camino.

“En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción” (Lucas 2,16-21).
1. El Evangelio nos dice quelos pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre”. Queremos nosotros también seguir la voz de los ángeles, como los pastores, hasta ver al Niño con su Madre, estar ahí en actitud contemplativa, y adorar con los ángeles al Niño que es lo más grande del mundo, que se nos aparece en medio de gente sencilla, con los pequeños: “Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores”.
Le pedimos a la Virgen María ser sencillos, no complicarnos la vida, no ser orgullosos, hacer enseguida las paces, no decir mentiras sino la verdad. Comenzamos el año de la mano de la Virgen con el propósito de dar gracias cada día a Dios por las cosas buenas que nos da, pedir perdón por lo que no hacemos bien, y ayuda para mejorar cada día, para llevar paz a nuestro alrededor y así hacer que haya paz en el mundo. Es verdad que una cosa pequeña no lo cambia todo, pero así como una gota de agua es poca cosa pero sin cada gota no habría mar, así con detalles de amor haremos que las heridas que muchos tienen no vayan sangrando nunca más, que todas las personas se sientan unidas como hijos de Dios, y la familia  humana viva feliz, sea la raza de los hijos de Dios.
Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en la  mitad de su carrera, tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, saltó del cielo, desde  el trono real” (Sap 18,14-15). Bajó Dios del cielo en Navidad encarnado, como dice san Agustín Dios desposa la carne en el tálamo nupcial del seno de María. Él es la luz, la paz… viene por María, Madre de Dios y Madre nuestra, que sabe que Jesús nos trae la salvación, y por eso nos dice: “Haced lo que Él os diga…”
Es la gran fiesta de la Maternidad de María, con ella comenzamos el año. Antes se celebraba el día 11 de octubre, pero es mucho mejor que se celebre dentro de la Navidad, porque el nacimiento de Jesús y la maternidad divina son aspectos de un mismo hecho. Hay gente que duda, en nuestro tiempo como al principio, de si podía llamarse no sólo madre de Jesús sino Madre de Dios. S. Cirilo de Alejandría resume esta doctrina: “Me extraña en gran manera que haya alguien que tenga alguna duda de si la Santísima Virgen ha de ser llamada Madre de Dios. Si nuestro Señor Jesucristo es Dios ¿por qué razón las Santísima Virgen, que lo dio a luz, no ha de ser llamada Madre de Dios? Esta es la fe que nos ha transmitieron los discípulos del Señor, aunque no emplearon esta misma expresión. Así nos lo han enseñado también los Santos Padres”.
 “Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. La maternidad divina es el hecho esencial que ilumina toda la vida de María y el fundamento de todos los privilegios con que Dios ha adornado a la Virgen. Hoy  recordamos y veneramos el misterio por el que María, por obra y gracia del Espíritu Santo, y sin perder la gloria de su virginidad, ha engendrado y ha dado a luz al Verbo encarnado. Hoy es un buen día sobre todo para agradecer al Señor de la mano de María el año que termina y la perseverancia en querer seguirle, y pedirle –es maestra de contemplación- la gracia de la oración, perseverancia en el año que empieza, fidelidad a nuestra llamada cristiana, en una lucha viva y esperanzada.
“Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho”. La adoración del Niño les llena el corazón de entusiasmo por comunicar lo que han visto y oído, y la comunicación de lo que han visto y oído los conduce hasta la plegaria de alabanza y de acción de gracias, a la glorificación del Señor.
Luego llevaron el niño al templo y “le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción”. Jesús (Salvador) será también llamado Cristo (o Mesías en su lengua, Ungido de Dios). Así se cumple la profecía de que vendrá Enmanuel (Dios con nosotros).
2. En los Números el Señor habló a Moisés y le da la fórmula “con que bendeciréis a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz”. La auténtica bendición es la venida de Jesús, nuestra paz. Estos días vivimos el nacimiento de este Príncipe que nos trae la paz, la justicia, el amor a Dios y a los hermanos: si invocamos el santo nombre de Jesús, de María, tendremos esta "paz": en hebreo Shalom, palabra con la que se saludan los judíos hasta nuestros días, significa mucho más de lo que nosotros solemos traducir, pues es reposo, gloria, riqueza, salvación, vida..., y fruto de la justicia. Hoy es el Día Mundial de la Paz, con un mensaje del Papa para rezar por ese bien tan bonito, esa meta hacia la que caminamos, que va con la libertad y el amor.
El Señor tenga piedad y nos bendiga, / ilumine su rostro sobre nosotros: / conozca la tierra tus caminos, / todos los pueblos tu salvación”. El Salmo canta la bendición que nos llega por Jesucristo, nuestro camino y el regalo del cielo para salvarnos, que vive y reina por los siglos de los siglos: “Que canten de alegría las naciones, / porque riges el mundo con justicia, / riges los pueblos con rectitud, / y gobiernas las naciones de la tierra”. Y pide S. Agustín: "Ya que nos grabaste tu imagen, ya que nos hiciste a tu imagen y semejanza, tu moneda, ilumina tu imagen en nosotros, de manera que no quede oscurecida. Envía un rayo de tu sabiduría para que disipe nuestras tinieblas y brille tu imagen en nosotros... Que aparezca tu Rostro, y si -por mi culpa- estuviese un tanto deformado, sea reformado por ti, aquello que Tú has formado."
“Oh Dios, que te alaben los pueblos, / que todos los pueblos te alaben. / Que Dios nos bendiga; que lo teman / hasta los confines del orbe”. María, que es de nuestra tierra, de nuestra raza, de esta arcilla, de este lodo, de la descendencia de Adán, es nuestra madre. La tierra ha dado su fruto; el fruto perdido en el Paraíso y ahora reencontrado. La tierra “primeramente ha dado la flor, Jesús. Y esta flor se ha convertido en fruto: fruto porque lo comemos, fruto porque comemos su misma Carne. Fruto virgen nacido de una Virgen, Señor nacido del esclavo, Dios nacido del hombre, Hijo nacido de una Mujer, Fruto nacido de la tierra" (S. Jerónimo).
“Nuestro Creador, encarnado en favor nuestro, se ha hecho, también por nosotros, fruto de la tierra; pero es un fruto sublime, porque este Hombre, nacido sobre la tierra, reina en los cielos por encima de los Ángeles (…) María es llamada y con razón ‘monte rico de frutos’, pues de ella ha nacido un óptimo fruto, es decir, un hombre nuevo. Y al ver su belleza, adornada en la gloria de su fecundidad, el profeta exclama: ‘Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará’. David, al exultar por el fruto de este monte, dice a Dios: ‘Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. La tierra ha dado su fruto’. Sí, la tierra ha dado su fruto, porque Aquel a quien engendró la Virgen no fue concebido por obra de hombre, sino porque el Espíritu Santo extendió sobre ella su sombra. Por este motivo, el Señor dice al rey y profeta David: ‘El fruto de tu seno asentaré en tu trono’. De este modo, Isaías afirma: ‘el germen del Señor será magnífico’. De hecho, Aquel a quien la Virgen engendró no sólo ha sido un "hombre santo", sino también "Dios poderoso"” (S. Gregorio Magno).
3. Como Eva fue la "madre de todos los hombres" en el orden natural, María es madre de todos los hombres en el orden de la gracia. Al dar a luz a su primogénito, parió también espiritualmente a aquellos que pertenecerían a él, a los que serían incorporados a él y se convertirían así en miembros suyos, siendo él "primogénito entre muchos hermanos", Cabeza de la humanidad redimida. Así San Pablo a los Gálatas: “Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción”. Eso tiene una madre, poder querer a cada hijo como único, no disminuye con el número de los hijos. En nosotros María ve a Jesús, ella nos alimenta en  la vida de fe y nos lleva a Dios, al cielo. Te pedimos, Madre, saber escuchar como tú, la criatura que está a la escucha de Dios: enséñame a rezar, a conocer el Evangelio, dedicar cada día unos minutos a las practicas de piedad que nos hacen escuchar esta voz del Espíritu Santo, hacer todo con calma, por amor, siguiendo tu respuesta a Dios: "hágase en mí según tu palabra" pues en ello está la santidad. Enséñame a olvidarme de competir y pensar en compartir, no pensar en mí sino en los demás; no inquietarme con lo que no tengo sino estar contentos con lo que tú, Señor, nos mandas o permites (una situación dura, enfermedad, dificultad familiar, la pena por otros a quien amamos y que sufren, cuando no se ve solución…): “hágase tu voluntad…” Contigo, Madre, nos haces ver ese algo divino y positivo en todo, pues de todo sacará Dios fuerza para el bien.
“Como sois hijos Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá! (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo, y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios”. Dios nos hace por medio de Jesús ser hijos suyos, bien podemos nosotros llamarle "Padre", lo mismo que Jesús, que con su Espíritu nos anima y nos enseña como un maestro interior en libertad y esperanza. “Maria” significa entre otras acepciones "estrella de la mañana" en lengua hebrea: recuerda la estrella que daba orientación a los navegantes, porque conocieran el camino en la oscuridad de la noche. Así la estrella guía a los Magos, y nosotros queremos seguir nuestra estrella hasta llegar a Jesús…
Cuentan que había millones de estrellas en el cielo, estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, rojas, azules, doradas. Un día, inquietas, se acercaron a san Gabriel –que es su jefe- y le propusieron: "- nos gustaría vivir en la Tierra, convivir con las personas." -"Sea", respondió. Se dice que aquella noche hubo una fantástica lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños. La Tierra quedó, entonces, maravillosamente iluminada. Pero con el correr del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los hombres y volver al cielo, dejando a la tierra oscura y triste. "-¿Por qué habéis vuelto?", preguntó Gabriel, a medida que ellas iban llegando al cielo. "-Nos fue imposible permanecer en la Tierra, allí hay mucha miseria, mucha violencia, demasiadas injusticias". Les contestó Gabriel: "-Claro. La Tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere. Nada es perfecto. El Cielo es el lugar de lo inmutable, de lo eterno, de la perfección." Después de que había llegado gran cantidad de estrellas, Gabriel, que sabe muchas matemáticas, las dijo: "-Falta una estrella... ¿dónde estará?". Un ángel que estaba cerca replicó: "-Hay una estrella que quiso quedarse entre los hombres. Descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay límites, donde las cosas no van bien, donde hay dolor. Es la Esperanza, la estrella verde. La única estrella de ese color." Y cuando miraron para la tierra, la estrella no estaba sola: la Tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene y el cielo no necesita retener es la Esperanza, ella es propia de la persona humana, de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo puede conocer el porvenir.
María es esa estrella que con trae el amor de Jesús y nos llena de esperanza. No obliga, nos muestra el camino, respeta nuestra libertad, como hace la estrella, ilumina. Este es el modelo para toda educación, tanto la de los padres con los hijos, la de los miembros de la Iglesia en su apostolado, o como ciudadanos a nivel social y cultural: no se trata sólo de transmitir conocimientos, sino vida, dar luz, ser un referente –estrella- en un mundo de gente que no sabe hacia dónde ir, que necesita maestros. Con qué alegría nos dice un amigo: “quiero contarte esta pena, sólo puedo explicártelo a ti, que me inspiras confianza”. Y estos guías necesitan luz, dar del calor que tienen; con María queremos ir de la mano en este año que comienza, para ir seguros hacia más allá de lo que vemos, que a veces puede parecernos algo negro, que nos proyecta hacia lo que no vemos; nos habla de que si Dios se ha hecho Niño, es posible un mundo mejor, en el que reine la alegría. Que siempre hay un punto en lo más profundo del alma –¡la estrella verde!- que emana la luz y el calor de Belén, que nos llena y nunca nos deja sentirnos vacíos, que es fuente inagotable de ilusiones y proyectos. Porque Jesús entra dentro de la Historia, es solidario con todo lo nuestro, y con María, la orante perfecta, figura de la Iglesia, nos adherimos al designio salvador del Padre.
Llucià Pou Sabaté

25 diciembre 2016

24.12.2016 Santa Misa en la noche de Navidad



El papa Francisco preside la celebración eucarística de la noche, en la Solemnidad de la Navidad del Señor.