Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

21 octubre 2022

PELICULA DE LA SEMANA (14 Oct): La piel del tambor

 (Cfr. www.filmaffinity.com)

 


Título original
La piel del tamboraka
Año
Duración
116 min.
País
España España
Dirección
Guion
Adrian Bol, Beth Bollinger, Judith Gwilt Yturriago, Carolina López-Rodríguez, ver 6 más
Música
Roque Baños
Fotografía
Aitor Mantxola
Reparto
Productora
Coproducción España-Colombia-Italia;
Enrique Cerezo P.C., Drumskin Productions, Fundacion Enic Producciones, North By Northwest, Spal Films
Género
Thriller. Intriga | Crimen. Años 90
Grupos
Adaptaciones de Arturo Pérez-Reverte
Sinopsis
Ciudad del Vaticano, 1995. Un hacker informático irrumpe en el ordenador personal del Papa dejándole un mensaje en el que asegura que la Iglesia de Nuestra Señora de las Lágrimas mata para defenderse. Intrigado, el Santo Padre ordena que se investigue el asunto. Monseñor Spada (Paul Guilfoyle) asignará la misión a su mejor agente, el sacerdote Quart (Richard Armitage), poseedor de una larga experiencia en los asuntos oscuros de la Santa Sede. Entre tanto, en Sevilla, la aristócrata Macarena Bruner (Amaia Salamanca), una hermosa divorciada que es dueña de los derechos sobre el terreno donde se alza Nuestra Señora de las Lágrimas, escandaliza a la ciudad con sus amores inapropiados con un bailaor flamenco, mientras coquetea por Sevilla y hace parte principal de un grupo que se resiste a dejar demoler la Iglesia.
Críticas

14 octubre 2022

LIBRO DE LA SEMANA (14 Oct): Revolución

 (Cfr. www.todostuslibros.com)

 

 

Revolución

Una novela

LA NUEVA NOVELA DE ARTURO PÉREZ-REVERTE Un hombre, tres mujeres y una revolución. Un viaje al corazón humano y a la aventura. «Heroísmo, valentía, la seducción ante los abismos de...
978-84-204-6146-5 / ALFAGUARA
22,90€
(22,02€ sin IVA) 
 
 
 

Sinopsis

Ficha Técnica

Materias:
Ficción de guerra y combate | Ficción histórica | Aventura histórica
Editorial:
ALFAGUARA
Colección:
Hispánica
Encuadernación:
Cartoné
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Castellano
Idioma original :
Castellano
Autor/a: :
Pérez-Reverte, Arturo
ISBN:
978-84-204-6146-5
EAN:
9788420461465
Dimensiones:
244 x 155 mm.
Peso:
829 gramos
Nº páginas:
464
Fecha publicación :
04-10-2022
Más sobre el autor

Pérez-Reverte, Arturo

Arturo Pérez-Reverte  se dedica en exclusiva a la literatura, tras dejar su carrera de reportero de prensa, radio y televisión, cubriendo informativamente conflictos internacionales. De su producción literaria destacan títulos como El húsar (1986), El maestro de esgrima (1988), La tabla de Flandes (1990), El club Dumas (1993), La sombra del águila (1993), Territorio comanche (1994),  La piel del tambor (1995), La carta esférica (2000), Con ánimo de ofender (2001), La Reina del Sur (2002), Cabo

Catequesis del Papa. 5 Discernimiento. El deseo

 (Cfr. www.almudi.org)

 

En la audiencia general de hoy, el Santo Padre ha continuado explicando los elementos constitutivos del discernimiento, en esta ocasión reflexionó sobre “el deseo”, la brújula que nos guía hacia la plenitud

 PARA VERLA Y ESCUCHARLA, PINCHA AQUI:  https://youtu.be/OfM36cEfQh4

Catequesis del Santo Padre en español

Texto completo de la catequesis del Santo Padre traducida al español

En estas catequesis estamos repasando los elementos del discernimiento. Después de la oración y el conocimiento de sí, es decir rezar y conocerse a uno mismo, hoy quisiera hablar de otro “ingrediente”, por así decir, indispensable: hoy quisiera hablar del deseo. De hecho, el discernimiento es una forma de búsqueda, y la búsqueda nace siempre de algo que nos falta pero que de algún modo conocemos, tenemos el olfato.

¿De qué tipo es ese conocimiento? Los maestros espirituales lo indican con el término “deseo”, que, en la raíz, es una nostalgia de plenitud que no encuentra nunca plena satisfacción, y es el signo de la presencia de Dios en nosotros. El deseo no son las ganas del momento, no. La palabra deseo viene de un término latín muy hermoso, y es curioso: de-sidus, literalmente “la falta de la estrella”, deseo es una falta de la estrella, falta del punto de referencia que orienta el camino de la vida; lo que evoca un sufrimiento, una carencia, y al mismo tiempo una tensión para alcanzar el bien que nos falta. Así pues, el deseo es la brújula para saber dónde estoy y adonde voy, es más, es la brújula para saber si estoy quieto o estoy caminando, una persona que nunca desea es una persona quieta, quizá enferma, casi muerta. Es la brújula de si estoy caminando o si estoy quieto. ¿Y cómo es posible reconocerlo?

Pensemos, un deseo sincero sabe tocar en profundidad las cuerdas de nuestro ser, por eso no se apaga ante las dificultades o los contratiempos. Es como cuando tenemos sed: si no encontramos algo de beber, no por eso renunciamos, es más, la búsqueda ocupa cada vez más nuestros pensamientos y acciones, hasta que estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio para apaciguarlo, casi obsesionados. Obstáculos y fracasos no sofocan el deseo, no, al contrario, lo hacen aún más vivo en nosotros.

A diferencia de las ganas o de la emoción del momento, el deseo dura en el tiempo, un tiempo también largo, y tiende a concretarse. Si, por ejemplo, un joven desea ser médico, tendrá que emprender un recorrido de estudios y trabajo que ocupará algunos años de su vida, como consecuencia tendrá que poner límites, decir algún “no”, en primer lugar, a otros estudios, pero también a posibles entretenimientos o distracciones, especialmente en los momentos de estudio más intenso. Pero, el deseo de dar una dirección a su vida y de alcanzar esa meta —llegar a ser médico era el ejemplo— le consiente superar esas dificultades. El deseo te hace fuerte, valiente, te hace ir adelante siempre porque tú quieres llegar a eso: “Yo deseo eso”.

En efecto, un valor se vuelve bello y más fácilmente realizable cuando es atractivo. Como dijo alguien, «más que ser bueno es importante tener ganas de serlo». Ser bueno es algo atractivo, todos queremos ser buenos, ¿pero tenemos ganas de ser buenos?

Llama la atención que Jesús, antes de realizar un milagro, a menudo pregunta a la persona sobre su deseo: “¿Quieres ser curado?”. Y a veces esta pregunta parece estar fuera de lugar: ¡se ve que está enfermo! Por ejemplo, cuando encuentra al paralítico en la piscina de Betesda, que llevaba allí muchos años y nunca encontraba el momento adecuado para entrar en el agua. Jesús le pregunta: «¿Quieres curarte» (Jn 5,6). ¿Por qué? En realidad, la respuesta del paralítico revela una serie de resistencias externas a la curación, que no tienen que ver solo con él. La pregunta de Jesús era una invitación a aclarar su corazón, para acoger un posible salto de calidad: no pensar más en sí mismo y en su vida “de paralítico”, llevado por otros. Pero el hombre de la camilla no parecer estar muy convencido. Dialogando con el Señor, aprendemos a entender qué queremos realmente de nuestra vida. Ese paralítico es el ejemplo típico de las personas: “Sí, sí, quiero, quiero”, pero luego no quiero, no quiero, no hago nada. El querer hacerlo se convierte en una ilusión pero no se da el paso para hacerlo. Es la gente que quiere y no quiere. Eso está mal, y ese enfermo, 38 años allí, siempre quejándose: “No, Señor, porque cuando las aguas se mueven —que es el momento del milagro—, viene alguien más fuerte que yo, entra y yo llego tarde”, y se queja y se lamenta. Pues estad atentos que las quejas son un veneno, un veneno para el alma, un veneno para la vida porque no hacen crecer el deseo de ir adelante. Cuidado con las quejas. Cuando hay quejas en la familia, se quejan los cónyuges, se quejan uno de otro, los hijos del padre o los sacerdotes del obispo o los obispos de tantas otras cosas… ¡No, si os quejáis, estad atentos, es casi pecado, porque no deja crecer el deseo!

A menudo es justamente el deseo lo que marca la diferencia entre un proyecto exitoso, coherente y duradero, y las mil frivolidades y tantas buenas intenciones de las que, como se dice, “está empedrado el infierno”: “Sí, yo quisiera, yo quisiera, yo quisiera…”, pero no haces nada. La época en la que vivimos parece favorecer la máxima libertad de elección, pero al mismo tiempo atrofia el deseo —quieres satisfacerte continuamente—, que queda reducido a las ganas del momento. Y debemos estar atentos a no atrofiar el deseo. Estamos bombardeados por miles de propuestas, proyectos, posibilidades, y corremos el riesgo de distraernos y de no dejar valorar con calma lo que realmente queremos. Muchas veces encontramos gente —pensemos en los jóvenes, por ejemplo— con el móvil en la mano y buscan, miran… “¿Pero tú te paras a pensar?” –“No”. Siempre extrovertido, hacia el otro. El deseo no puede crecer así, tú vives el momento, saciado en el momento y no crece el deseo.

Muchas personas sufren porque no saben qué quieren hacer con su vida; probablemente nunca han entrado en contacto con su deseo profundo, nunca lo han sabido: “¿Qué quieres de tu vida?” –“No lo sé”. De ahí el riesgo de pasar la existencia entre intentos y pretextos de diversa índole, sin llegar nunca a ningún lado, o desperdiciando oportunidades valiosas. Y así algunos cambios, aunque queridos en teoría, nunca son realizados cuando se presenta la ocasión, falta el deseo fuerte de llevarlos adelante.

Si el Señor nos dirigiera, hoy, por ejemplo, a cualquiera de nosotros, la pregunta que hizo al ciego de Jericó: «¿Qué quieres que te haga?» (Mc 10,51) —pensemos que el Señor a cada uno hoy pregunta esto: “¿qué quieres que haga yo por ti?”— ¿qué responderíamos? Quizá, podríamos pedirle que nos ayude finalmente a conocer el deseo profundo de Él, que Dios mismo ha puesto en nuestro corazón: “Señor que yo conozca mis deseos, que yo sea una mujer, un hombre de grandes deseos”, quizá el Señor nos dará la fuerza de concretarlo. Es una gracia inmensa, que está en la base de todas las demás: permitir al Señor, como en el Evangelio, hacer milagros por nosotros: “Danos el deseo y hazlo crecer, Señor”.

Porque también Él tiene un gran deseo respecto a nosotros: hacernos partícipes de su plenitud de vida. Gracias.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua francesa, en particular a los monaguillos de la diócesis de Basilea; a los fieles de la diócesis de Versalles y a la parroquia de Nuestra Señora de la China, en París. Hermanos y hermanas, hoy tenemos este fuerte deseo en nosotros por una civilización de paz, amor, reconciliación y armonía. Que el Señor nos haga partícipes de su plenitud de vida con nuestras aspiraciones más profundas, por una humanidad más bella y pacífica. ¡Dios os bendiga!

Doy la bienvenida a todos los peregrinos de lengua inglesa presentes en la audiencia de hoy, especialmente a los de Inglaterra, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Países Bajos, Ghana, Vietnam y Estados Unidos de América. Sobre todos vosotros invoco la alegría y la paz de Cristo nuestro Señor. ¡Dios os bendiga!

Dirijo un cordial saludo a los fieles de lengua alemana. Que la Santísima Virgen María, cuyas apariciones en Fátima recordaremos mañana, sea nuestra guía en el camino de continua conversión y penitencia para encontrar a Cristo, sol de justicia. Que su “suave luz” nos libre de todo mal y disipe las tinieblas de este mundo atormentado por las guerras.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Hoy celebramos a Nuestra Señora del Pilar, Patrona de la Hispanidad. Que Ella interceda por nosotros ante su Hijo, para que podamos descubrir el deseo que Él ha puesto en nuestros corazones, y nos alcance la gracia de llevarlo a cumplimiento. Que Dios los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Muchas gracias.

Dirijo un cordial saludo a los miembros de la Confederación Nacional de Asociaciones de Familias que han venido de Portugal y a los peregrinos de otros países de lengua portuguesa, en particular de Brasil. Hoy se celebra a Nuestra Señora de Aparecida con muchos hermanos y hermanas que van en peregrinación a su Santuario y allí, junto a la Virgen Madre, rezan el rosario y cantan a la Virgen de Aparecida. Unámonos a ellos y recemos por la paz. Pidamos a la Virgen que nos ayude a realizar el gran deseo de nuestro Padre celestial: hacernos a todos partícipes de su plenitud de vida. Dios os bendiga y la Virgen os guarde.

Saludo a los fieles de lengua árabe. El Señor tiene un gran deseo para nosotros: hacernos partícipes de su plenitud de vida. Le pedimos que nos ayude a conocer ese deseo y que nos dé la fuerza para hacerlo realidad. ¡El Señor os bendiga a todos y os proteja siempre de todo mal!

Saludo cordialmente a todos los polacos. El mes de octubre está dedicado al Santo Rosario. Al rezar esa oración, dejad que vuestra vida y vuestras decisiones diarias estén iluminadas por Cristo, esplendor de la Verdad. Meditando los misterios luminosos, acordaos de san Juan Pablo II que quiso añadirlos a la contemplación de los demás momentos de la vida de Jesús. Os bendigo de corazón.

Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana. En particular, saludo al grupo de los que se ocupan de las enfermedades reumáticas, con un pensamiento especial y agradecido para el área médica de la pastoral de la salud de la diócesis de Roma. Saludo a la Asociación “Centros y obras sociales de solidaridad” de Molfetta; a la Asociación “Padres de personas con autismo” de Messina y a la Asociación “Padres de niños con encefalitis pediátrica”. Animo a todos a perseverar en la digna labor en apoyo de los más vulnerables. Saludo a los oficiales y soldados del mando militar de Roma, así como a la Delegación del Municipio de Cervia, venida para el tradicional don de la sal.

Mi pensamiento, por último, se dirige, como siempre, a los jóvenes, enfermos, ancianos y recién casados. Ayer celebramos la memoria litúrgica de san Juan XXIII, que sirvió a Cristo y a la Iglesia con entrega ejemplar, trabajando con preocupación por la salvación de las almas y por la paz en el mundo. Que su protección os ayude a todos en el esfuerzo de la fidelidad diaria a Cristo y os sostenga en vuestro trabajo diario. A todos mi bendición.

Llamamiento

En estos días, mi corazón siempre está dirigido al pueblo ucraniano, especialmente a los habitantes de los lugares donde ha habido un auge de bombardeos. Llevo dentro de mí el dolor y, por intercesión de la Santa Madre de Dios, lo presento en la oración al Señor. Él siempre escucha el grito de los pobres que lo invocan: que el Espíritu pueda transformar los corazones de quienes tienen en su mano el destino de la guerra, para que cese el huracán de la violencia y se pueda reconstruir una convivencia pacífica en la justicia.

Fuente: vatican.va / romereports.com

Traducción de Luis Montoya

 

Meditación Domingo 29º t.o. (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 


El poder de la oración

«Les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer, diciendo: «En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: "Hazme justicia ante mi adversario". Y durante mucho tiempo no quería. Sin embargo, al final se dijo a sí mismo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, ya que esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme"». Concluyó el Señor: «Prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? Os aseguro que les hará justicia sin tardanza. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿acaso encontrará fe sobre la tierra?» (Lucas 18, 1-8).

I. Los textos de la liturgia se centran en el poder que la oración perseverante y llena de fe tiene ante Dios. San Lucas, antes de narrarnos, en el Evangelio de la Misa (Lucas 18, 1-8), la parábola de la viuda y del juez inicuo, nos indica el fin que Jesús se propone: Les propuso esta parábola para hacerles ver que conviene perseverar en la oración sin desfallecer. La oración debe ser una manifestación continua de fe y de confianza en Nuestro Padre Dios, aunque parezca que guarda silencio. Jesús ha de ser nuestro Modelo: Padre, ya sé que siempre me escuchas (Juan 11, 42). Él nos escucha siempre. No debemos cansarnos de orar. Y si alguna vez nos sucediera, hemos pedir a quienes nos rodean que nos ayuden a seguir rezando, sabiendo que ya en ese momento el Señor nos está concediendo otras muchas gracias, quizá más necesarias que los dones que le pedimos. Examinemos hoy si nuestra oración es perseverante, confiada, insistente, sin cansarnos. Nada puede contra una oración perseverante.

II. En la parábola del juez inicuo y la viuda indefensa y desamparada, la razón por la que el juez termina por ceder, después de negarse muchas veces ante la solicitud de la viuda, es la petición insistente de la mujer. Nos hace ver que en el centro de la parábola no lo ocupa el juez inicuo, sino Dios, lleno de misericordia, paciente y celoso con los suyos. La razón, que da el Señor en esta parábola, de que nuestra oración sea siempre oída, es triple: la bondad y misericordia de Dios; el amor de Dios por cada uno de sus hijos; y el interés que nosotros mostramos perseverando en la oración. Hemos de acudir a Dios como hijos necesitados, además de poner los medios humanos que cada situación requiera. Sólo la misericordia divina puede socorrernos de tantos bienes de los que carecemos. Cuenta el Santo Cura de Ars que el fundador de un asilo de huérfanos le consultó sobre la oportunidad de atraer la atención y favor de la gente a través de la prensa. El Santo respondió: “En vez de hacer ruido en los diarios, hazlo en el Sagrario”

III. Una consecuencia directa de la fe es la oración, pero, a la vez, la oración presta mayor “firmeza a la misma fe” (SAN AGUSTÍN, De la ciudad de Dios). Ambas están perfectamente unidas. Por eso, todo lo que pedimos debe ayudarnos a ser mejores. Comprenderemos bien que cuando pedimos, lo que queremos en primer lugar no son esas cosas en sí mismas, sino al mismo Dios. El Santo Rosario es siempre una oración siempre eficaz para conseguir, a través de Nuestra Señora, todo aquello que necesitamos nosotros y aquellas personas que de alguna manera dependen de nosotros.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal

Homilía Domingo 29º t.o. (C)

 (Cfr www.almudi.org)

 

 

Domingo de la semana 29 de tiempo ordinario; ciclo C


(Ex 17,8-13) "Cuando Moisés alzaba las manos vencía Israel"
(2 Tim 3,14-4,2) "Persevera en las cosas que has aprendido"
(Lc 18,1-8) "Es menester orar siempre y no desfallecer"

 Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

La insistencia sin desmayos en la oración nos es propuesta por el Señor con la expresiva parábola que acabamos de oír, porque Dios nos escucha siempre y da lo que "es bueno a quienes se lo piden" (Cf Mt 7,11).

Cristo nos ha dado ejemplo de la confianza con que debemos acudir siempre a Dios. "Ora antes de los momentos decisivos de su misión: antes de que el Padre dé testimonio de Él en su Bautismo (Cf Lc 3,21) y de su Transfiguración (Cf Lc 9,28), y antes de dar cumplimiento con su Pasión al designio de amor del Padre (Cf Lc 22,41-44); Jesús ora también ante los momentos decisivos que van a comprometer la misión de sus apóstoles: antes de elegir y de llamar a los Doce (Cf Lc 6,12)... La oración de Jesús ante los acontecimientos de salvación que el Padre le pide que cumpla, es una entrega humilde y confiada de su voluntad humana a la voluntad amorosa del Padre" (C.E.C.,2600).

Y otro tanto habría que decir de los primeros discípulos que "todos ellos perseveraban unánimes en la oración, en compañía de algunas mujeres, y con María, la Madre de Jesús, y sus hermanos" (Hch 1,14).

La confianza en Dios se prueba justamente en la constancia a la hora de rezar. Hay quien deja de orar porque piensa que su petición no es escuchada. Pero, ¿qué pedimos nosotros tantas veces sino la solución que juzgamos mejor para nuestros problemas o, incluso, piedras en lugar de pan? "Nosotros no sabemos pedir como conviene", asegura S. Pablo (Rm 8,26). En cambio, nuestro Padre Dios sabe bien lo que nos hace falta antes de que se lo pidamos (Cf Mt 6,8). "No te aflijas, dice S. Agustín, si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es Él quien quiere hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia con Él en oración. Él quiere que nuestro deseo sea probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que Él está dispuesto a darnos".

En este mes que la Iglesia dedica al Santo Rosario debemos dirigirnos a Dios a través de María, "la orante perfecta, figura de la Iglesia... Podemos orar con ella y a ella. La oración de la Iglesia está sostenida por la oración de María" (C.E.C.,2679). En el Rosario pedimos, entre otras cosas importantes, que se acuerde de nosotros ahora, en el hoy de nuestra vida, y en la hora de la muerte, como lo estuvo en la muerte de su Hijo en la Cruz y nos acoja para conducirnos a la gloria del Señor.

 

08 octubre 2022

PELICULA DE LA SEMANA (7 Oct): Los reglones torcidos de Dios

 (Cfr. www.filmaffinity.com)

 

 



Título original
Los renglones torcidos de Dios
Año
Duración
154 min.
País
España España
Dirección
Guion
Oriol Paulo, Guillem Clua, Lara Sendim. Novela: Torcuato Luca de Tena
Música
Fernando Velázquez
Fotografía
Bernat Bosch
Reparto
Productora
Nostromo Pictures, Atresmedia Cine, Filmayer Producción
Género
Intriga. Thriller. Drama
Sinopsis
Alice, investigadora privada, ingresa en un hospital psiquiátrico simulando una paranoia. Su objetivo es recabar pruebas del caso en el que trabaja: la muerte de un interno en circunstancias poco claras. Sin embargo, la realidad a la que se enfrentará en su encierro superará sus expectativas y pondrá en duda su propia cordura. Un mundo desconocido y apasionante se mostrará ante sus ojos. Adaptación de la novela homónima de Torcuato Luca de Tena.
Posición en rankings FA
Críticas

LIBRO DE LA SEMANA (7 Oct): Las madres (La novia gitana 4)

(Cfr. www.todostuslibros.com)

 

Autor/a: Mola, Carmen

NO SE PUEDE IR MÁS LEJOS Tras el fenómeno de La novia gitana, llega la nueva entrega de la saga que cambió la novela negra española conquistando a la crítica y a más de medio mill...
978-84-204-5602-7 / ALFAGUARA
20,90€
(20,10€ sin IVA) 
 
 

Sinopsis

 

 

 

 

07 octubre 2022

Del Papa: Catequesis sobre el discernimiento 4. Los elementos del discernimiento. Conocerse a sí mismo

 (Cfr. www.almudi.org)

 

 

 

PARA VERLO Y ESCUCHARLO, PINCHA AQUÍ:   https://youtu.be/Je9RKR_skfk


Conocerse a sí mismo para defenderse de las manipulaciones

El Santo Padre ha recomendado en su catequesis durante la Audiencia general de hoy, dedicar tiempo al examen de conciencia, a pensar qué fue lo que realmente movió a cada uno a tomar decisiones durante el día y por qué. Ha dicho que así se aprenderá a ver realmente qué sacia el corazón

Texto completo de la catequesis del Santo Padre traducida al español

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Seguimos tratando el tema del discernimiento. La vez pasada consideramos la oración como su elemento indispensable, entendida como familiaridad y confidencia con Dios. Oración, no como los loros, sino como familiaridad y confidencia con Dios; oración de los hijos al Padre; oración con el corazón abierto. Esto lo vimos en la última catequesis. Hoy quisiera, de forma casi complementaria, subrayar que un buen discernimiento requiere también el conocimiento de uno mismo. Conocerse a sí mismo. Y esto no es fácil. El discernimiento de hecho involucra a nuestras facultades humanas: la memoria, el intelecto, la voluntad, los afectos. A menudo no sabemos discernir porque no nos conocemos lo suficiente, y así no sabemos qué queremos realmente. Habéis escuchado muchas veces: “Pero esa persona, ¿por qué no arregla su vida? Nunca ha sabido lo que quiere…”. Sin llegar a ese extremo, pero a nosotros también nos sucede que no sabemos bien qué queremos, no nos conocemos bien.

En la base de dudas espirituales y crisis vocacionales suele haber un diálogo insuficiente entre la vida religiosa y nuestra dimensión humana, cognitiva y afectiva. Un autor de espiritualidad señaló que muchas dificultades en materia de discernimiento remiten a problemas de otro tipo, que deben ser reconocidos y explorados. Así escribe este autor: «He llegado a la convicción de que el obstáculo más grande al verdadero discernimiento (y a un verdadero crecimiento en la oración) no es la naturaleza intangible de Dios, sino el hecho de que no nos conocemos suficientemente a nosotros mismos, y no queremos ni siquiera conocernos por cómo somos verdaderamente. Casi todos nosotros nos escondemos detrás de una máscara, no solo frente a los otros, sino también cuando nos miramos al espejo» (Th. Green, La cizaña entre el trigo, Roma, 1992, 25). Todos tenemos la tentación de enmascararnos también delante de nosotros mismos.

El olvido de la presencia de Dios en nuestra vida va a la par que la ignorancia sobre nosotros mismos −ignorar a Dios e ignorarnos a nosotros−, la ignorancia sobre las características de nuestra personalidad y sobre nuestros deseos más profundos.

Conocerse a uno mismo no es difícil, pero es fatigoso: implica un paciente trabajo de excavación interior. Requiere la capacidad de detenerse, de “apagar el piloto automático”, para adquirir conciencia sobre nuestra forma de hacer, sobre los sentimientos que nos habitan, sobre los pensamientos recurrentes que nos condicionan, y a menudo sin darnos cuenta. Requiere también distinguir entre las emociones y las facultades espirituales. “Siento” no es lo mismo que “estoy convencido”; “tengo ganas de” no es lo mismos que “quiero”. Así se llega a reconocer que la mirada que tenemos sobre nosotros mismos y sobre la realidad a veces está un poco distorsionada. ¡Darse cuenta de esto es una gracia! De hecho, muchas veces puede suceder que convicciones erróneas sobre la realidad, basadas en experiencias del pasado, nos influyen fuertemente, limitando nuestra libertad de jugárnosla por lo que realmente cuenta en nuestra vida.

Viviendo en la era de la informática, sabemos lo importante que es conocer las “contraseñas” para poder entrar en los programas donde se encuentran las informaciones más personales y valiosas. Pero también la vida espiritual tiene sus “contraseñas”: hay palabras que tocan el corazón porque remiten a aquello por lo que somos más sensibles. El tentador, es decir el diablo, conoce bien estas palabras-clave, y es importante que las conozcamos también nosotros, para no encontrarnos ahí donde no quisiéramos. La tentación no sugiere necesariamente cosas malas, sino a menudo desordenadas, presentadas con una importancia excesiva. De esta manera nos hipnotiza con lo atractivo que estas cosas suscitan en nosotros, cosas bellas pero ilusorias, que no pueden mantener lo que prometen, y así nos dejan al final con un sentido de vacío y de tristeza. Ese sentido de vacío y de tristeza es una señal de que hemos tomado un camino que no era justo, que nos ha desorientado. Pueden ser, por ejemplo, el título de estudio, la carrera, las relaciones, todas cosas en sí loables, pero hacia las cuales, si no somos libres, corremos el riesgo de nutrir expectativas irreales, como por ejemplo la confirmación de nuestro valor. Tú, por ejemplo, cuando piensas en un estudio que estás haciendo, ¿lo piensas solamente para promoverte a ti mismo, por tu interés, o también para servir a la comunidad? Ahí se puede ver cuál es la intencionalidad de cada uno de nosotros. De este malentendido derivan a menudo los sufrimientos más grandes, porque ninguna de esas cosas puede ser la garantía de nuestra dignidad.

Por esto, queridos hermanos y hermanas, es importante conocerse, conocer las contraseñas de nuestro corazón, aquello a lo que somos más sensibles, para protegernos de quien se presenta con palabras persuasivas para manipularnos, pero también para reconocer lo que es realmente importante para nosotros, distinguiéndolo de las modas del momento o de eslóganes llamativos y superficiales. Muchas veces lo que se dice en un programa en televisión, en alguna publicidad que se hace, nos toca el corazón y nos hace ir a esa parte sin libertad. Estad atentos a eso: ¿soy libre o me dejo llevar por los sentimientos del momento, o por las provocaciones del momento?

Una ayuda para esto es el examen de conciencia, pero no hablo del examen de conciencia que todos hacemos cuando vamos a la confesión, no. Esto es: “He pecado de esto, eso…”. No. Examen de conciencia general de la jornada: ¿qué ha sucedido en mi corazón en este día? “Han pasado muchas cosas…”. ¿Cuáles? ¿Por qué? ¿Qué huellas dejaron en el corazón? Hacer el examen de conciencia, es decir, la buena costumbre de releer con calma lo que sucede en nuestra jornada, aprendiendo a notar en las valoraciones y en las decisiones aquello a lo que damos más importancia, qué buscamos y por qué, y qué hemos encontrado al final. Sobre todo aprendiendo a reconocer qué sacia mi corazón. Porque solo el Señor puede darnos confirmación de lo que valemos. Nos lo dice cada día desde la cruz: ha muerto por nosotros, para mostrarnos cuánto somos valiosos a sus ojos. No hay obstáculo o fracaso que pueda impedir su tierno abrazo. El examen de conciencia ayuda mucho, porque así vemos que nuestro corazón no es un camino donde pasa de todo y nosotros no sabemos. No. Ver: ¿qué ha pasado hoy? ¿Qué ha sucedido? ¿Qué me ha hecho reaccionar? ¿Qué me ha puesto triste? ¿Qué me ha puesto contento? Qué ha sido malo y si he hecho mal a los otros. Se trata de ver el recorrido de los sentimientos, de las atracciones en mi corazón durante la jornada. ¡No os olvidéis! El otro día hablamos de la oración; hoy hablamos del conocimiento de uno mismo.

La oración y el conocimiento de uno mismo consienten crecer en la libertad. ¡Esto es para crecer en la libertad! Son elementos básicos de la existencia cristiana, elementos preciosos para encontrar el propio lugar en la vida. Gracias.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua francesa, en particular a los fieles de la diócesis de Metz y a los jóvenes del Colegio San José. Hermanos y hermanas, en este mes de oración por las misiones, aprendamos a cultivar momentos de silencio y de encuentro con el Señor para que nos inspire caminos y medios para ser siempre fieles a nuestra vocación de discípulos misioneros. ¡Dios os bendiga!

Doy la bienvenida a todos los peregrinos de lengua inglesa presentes en la audiencia de hoy, especialmente a los de Escocia, Noruega, Suecia, Australia, India, Vietnam y Estados Unidos de América. Dirijo un saludo especial a los nuevos alumnos del Colegio Pontificio Beda y a los miembros de la Asociación Católica de Predicadores de Inglaterra. Sobre todos invoco la alegría y la paz de Cristo nuestro Señor. ¡Dios os bendiga!

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua alemana, en particular a los monaguillos de Colonia, así como a los participantes en la semana de información de la Guardia Suiza Pontificia. ¡Os deseo a vosotros, jóvenes, una buena y fructífera estancia espiritual en Roma! ¡Que el Señor os ayude a todos a crecer en el amor y os proteja siempre!

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a Jesús que nos enseñe a orar para poder conocer su Corazón, y que nos ayude a conocernos a nosotros mismos. Así seremos capaces, con su gracia, de seguir sus huellas con libertad y sencillez de corazón. Que Dios os bendiga y la Virgen Santa os cuide. Muchas gracias.

Queridos peregrinos de lengua portuguesa, ¡bienvenidos! Al saludaros a todos, en particular a los grupos brasileños de Goiânia y de la archidiócesis de São Paulo, así como a los fieles portugueses de Alcanena y de la parroquia de São Paolo en Setúbal, os invito a pedir al Señor una gran fe para ver la realidad con la mirada de Dios, y una gran caridad para acercarse a las personas con su corazón misericordioso. ¡Fiaos de Dios, como la Virgen María! Que la bendición del Señor descienda sobre vosotros y vuestras familias.

Saludo a los fieles de lengua árabe. La oración y el conocimiento de sí mismo son elementos básicos de la existencia cristiana, elementos preciosos para encontrar el propio lugar en la vida. ¡El Señor os bendiga a todos y os proteja siempre de todo mal!

Saludo cordialmente a los polacos presentes en esta audiencia. Hoy recordamos a Santa Faustina Kowalska en la liturgia. A través de ella, Dios señaló al mundo a que buscase la salvación en su misericordia. Recordemos esto especialmente hoy, pensando especialmente en la guerra en Ucrania. Como dije el domingo pasado en el Ángelus, confiemos en la misericordia de Dios, que puede cambiar los corazones, y en la maternal intercesión de la Reina de la Paz. Os bendigo de corazón.

Dirijo una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana. En particular, saludo a los fieles de la parroquia de Santo Tomás Apóstol de Roma y a los de la parroquia de Santiago Apóstol de Grugliasco. Saludo además a los representantes de Caritas de Teramo-Atri, acompañados por su obispo, al grupo de los Servicios Sociales Salesianos y a los alumnos de la escuela Sagrado Corazón de Francavilla Fontana. Invito a todos a imitar a san Francisco, patrón de Italia, cuya fiesta celebramos ayer: que su ejemplo de consagración a Dios, de servicio a los hombres y de fraternidad con las criaturas guíe vuestro camino.

Y no olvidemos rezar por la atormentada Ucrania, pidiendo siempre al Señor el don de la paz.

Mi pensamiento se dirige, por último, como siempre, a los jóvenes, enfermos, ancianos y recién casados. Os animo también a vosotros ir a la escuela del Poverello de Asís, imitándolo en el amor y en la contemplación del Crucifijo. A todos mi bendición.

 Fuente: vatican.va / romereports.com

Traducción de Luis Montoya


Meditación Domingo 29º t.o. (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 

Ser agradecidos

«Y sucedió que, yendo de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de Samaria y Galilea; y, cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia y le dijeron gritando: «Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes». Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos, y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano. Ante lo cual dijo Jesús: «¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino sólo este extranjero? Y le dijo: Levántate y vete: tu fe te ha salvado» (Lucas 17,11-19). 

I. Jesús, en su último viaje a Jerusalén, al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos que se detuvieron a lo lejos, donde se encontraba el Maestro y el grupo que le acompañaba, pues la Ley prohibía a estos enfermos (Levíticos 13, 45) acercarse a la gente. Y levantando la voz, dirigen a Jesús una petición llena de respeto que llega a su Corazón: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. Les manda ir a mostrarse a los sacerdotes como estaba preceptuado a la Ley (Ídem 14, 2), para que certificaran su curación. Así lo hicieron a pesar que todavía no estaban sanos, y por su fe y docilidad, se vieron libres de la enfermedad. Estos enfermos nos enseñan a pedir: acuden a la misericordia divina, que es la fuente de todas las gracias. Nos muestran el camino de la curación cualquiera que sea la lepra que llevemos en el alma: tener fe y ser dóciles a quienes, en nombre del Maestro, nos indican lo que debemos hacer, especialmente en la Confesión.

II. Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Nos podemos imaginar su alegría. Y en medio del alborozo, se olvidaron de Jesús. En la desgracia se acuerdan de Él y le piden; en la ventura, se olvidan. Sólo uno, un samaritano, regresó con el Señor, glorificando a Dios a gritos. Se postró a los pies del Señor, dándole las gracias. Es ésta una acción profundamente humana y llena de belleza. Ser agradecido es una gran virtud. Jesús esperaba a todos. Y los otros nueve ¿dónde están?, preguntó. ¡Cuántas veces Jesús ha preguntado por nosotros después de tantas gracias. Vivimos pendientes de lo que nos falta y no nos fijamos en lo que tenemos y nos quedamos cortos en la gratitud. Toda nuestra vida debe ser una continua acción de gracias. Recordad las maravillas que Él ha obrado (Salmo 104, 5), nos exhorta el Salmista. El samaritano, por ser agradecido se ganó el incomparable don de la fe. Los nueve leprosos desagradecidos se quedaron sin la mejor parte que les había reservado el Señor.

III. Muchos favores del Señor los recibimos a través de las personas que tratamos diariamente, y por eso, en esos casos, el agradecimiento a Dios debe pasar por esas personas que tanto nos ayudan a que la vida sea menos dura, la tierra más grata y el Cielo más próximo. De modo particular, nuestra gratitud se ha de dirigir a quienes nos ayudan a encontrar el camino que conduce a Dios. No dejemos pasar un solo día sin pedir abundantes bendiciones del Señor para aquellos, conocidos o no, que nos han procurado algún bien. Jesús se siente dichoso cuando nos ve agradecidos con Él y con los que nos favorecen diariamente.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

 

Homilía Domingo 28º t.o. (C)

 (Cfr. www.almudi.org)

 



Homilía basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

«En todo, dad gracias»

I. LA PALABRA DE DIOS

2 R 5, 14-17: Volvió Naamán a Eliseo, y alabó al Señor
Sal 97, 1.2-3ab.3cd-4: El Señor revela a las naciones su salvación
2 Tm 2, 8-13: Si perseveramos, reinaremos con Cristo
Lc 17, 11-19: ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?

II. LA FE DE LA IGLESIA

«Toda alegría y toda pena, todo acontecimiento y toda necesidad pueden ser motivo de oración de acción de gracias, la cual, participando de la de Cristo, debe llenar la vida entera: ``En todo dad gracias'' (I Tes. 5,18)» (2648).

«La Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por todos sus beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la redención y la santificación. ``Eucaristía'' significa, ante todo, acción de gracias» (1360).

«La acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia que, al celebrar la Eucaristía, manifiesta y se convierte más en lo que ella es. En efecto, en la obra de salvación, Cristo libera a la creación del pecado y de la muerte para consagrarla de nuevo y devolverla al Padre, para su gloria. La acción de gracias de los miembros del Cuerpo participa de la de su Cabeza» (2637).

III. TESTIMONIO CRISTIANO

«El presidente los toma (el pan y el vino) y eleva alabanza y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo y da las gracias largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones» (S. Justino) (1345).

IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA

A. Apunte bíblico-litúrgico

En los tres evangelios sinópticos la vida pública de Jesús termina con su viaje a Jerusalén donde dio su último testimonio y vida. En ese camino el Señor cura a diez leprosos, solo uno y extranjero, es agradecido. El sirio Naamán, un extranjero, es modelo de persona agradecida por los bienes recibidos de Dios por medio del profeta Eliseo.

La segunda lectura presenta el evangelio anunciado por Pablo, y confiado a su sucesor Timoteo consiste en la proclamación del Misterio pascual.

B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica

La fe:

La acción de gracias y la alabanza al Padre por medio de Jesucristo: 1359-1361.

La respuesta:

La oración de acción de gracias: 2637-2638; 2648.

C. Otras sugerencias

La acción de gracias a Dios que es la forma más común de oración de la Iglesia, no lo es tan usual en la vida de los cristianos. ¿Acaso seremos como los nueve leprosos? Sólo el extranjero, quien se reconoce indigno de la bondad de Dios, es agradecido.

Dad gracias a Dios. La Eucaristía es la Acción de gracias por excelencia. Unidos a Jesucristo en su Muerte y Resurrección todo se agradece a Dios Padre, por Cristo, con El y en El.

Acción de gracias por los beneficios recibidos.

Acción de gracias por todo acontecimiento...!Sólo Dios sabe!.

Acción de gracias en la necesidad y en la pena: En Dios confiamos.

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