Desde este blog se pretende facilitar el aprendizaje de la predicación y la oración personal. Todos los que tratamos a Dios podemos aprender y mejorar, usando este blog, nuestra amistad con el Señor.
Ciudad del Vaticano, 1995.
Un hacker informático irrumpe en el ordenador personal del Papa
dejándole un mensaje en el que asegura que la Iglesia de Nuestra Señora
de las Lágrimas mata para defenderse. Intrigado, el Santo Padre ordena
que se investigue el asunto. Monseñor Spada (Paul Guilfoyle) asignará la
misión a su mejor agente, el sacerdote Quart (Richard Armitage),
poseedor de una larga experiencia en los asuntos oscuros de la Santa
Sede. Entre tanto, en Sevilla, la aristócrata Macarena Bruner (Amaia
Salamanca), una hermosa divorciada que es dueña de los derechos sobre el
terreno donde se alza Nuestra Señora de las Lágrimas, escandaliza a la
ciudad con sus amores inapropiados con un bailaor flamenco, mientras
coquetea por Sevilla y hace parte principal de un grupo que se resiste a
dejar demoler la Iglesia.
LA NUEVA NOVELA DE ARTURO PÉREZ-REVERTE
Un hombre, tres mujeres y una revolución. Un viaje al corazón humano y a
la aventura. «Heroísmo, valentía, la seducción ante los abismos de...
Un hombre, tres mujeres y una revolución. Un viaje al corazón humano y a la aventura.
«Heroísmo,
valentía, la seducción ante los abismos del peligro, el coraje, la
camaradería, la impronta de situaciones extremas en la idiosincrasia
del ser humano# Son los elementos intrínsecos de la literatura épica de
Arturo Pérez-Reverte y todos ellos están presentes en
Revolución.[...][Un autor] volcánico».
David Barreira, El Español
Ésta
es la historia de un hombre, tres mujeres, una revolución y un tesoro.
La revolución fue la de México en tiempos de Emiliano Zapata y
Francisco Villa. El tesoro fueron quince mil monedas de oro de a veinte
pesos de las denominadas maximilianos, robadas en un banco de Ciudad
Juárez el 8 de mayo de 1911. El hombre se llamaba Martín Garret Ortiz y
era un joven ingeniero de minas español. Todo empezó para él ese mismo
día, cuando desde su hotel oyó un primer disparo lejano. Salió a la
calle para ver qué ocurría y a partir de ese momento su vida cambió
para siempre...
Revolución es mucho más que una novela
sobre los dramáticos acontecimientos que sacudieron la república
mexicana en el primer tercio del siglo XX. Es un relato de iniciación y
madurez a través del caos, la lucidez y la violencia: el asombroso
descubrimiento de las reglas ocultas que determinan el amor, la
lealtad, la muerte y la vida.
«Toda la vida escuché en mi casa
la historia de aquel amigo de mi bisabuelo, ingeniero de minas, que
trabajó en México en plena revolución. Ese recuerdo remoto me ha
aproximado a mi propia relación con la aventura y me ha llevado a
escribir esta historia. Es una novela de iniciación y aprendizaje y es,
de algún modo, mi propia biografía de juventud. Es mi Flecha de oro ». Arturo Pérez-Reverte
«Un
libro de grandes balconajes literarios provisto con las honduras
adecuadas para sumergirse en el terreno de la aventura, pero también de
los grandes valores, donde los lugares comunes que guardamos sobre el
bien y el mal se desvanecen y las líneas habituales que los separa se
vuelven grises y confusas.[...] Una narración vertiginosa. Javier Ors, El Debate
«Entretiene
como una película de aventuras [#] con su derroche de pólvora, balas,
aspereza y caracteres violentos.[...] Una novela visualizable, entretenida y de buena factura». Domingo Ródenas de Moya, Babelia
«Heroísmo,
valentía, la seducción ante los abismos del peligro, el coraje, la
camaradería, la impronta de situaciones extremas en la idiosincrasia
del ser humano# Son los elementos intrínsecos de la literatura épica de
Arturo Pérez-Reverte y todos ellos están presentes en Revolución.[...][Un autor] volcánico». David Barreira, El Español
«Arturo Pérez-Reverte se cruza las cananas al pecho, se deja mostacho, y llega a las librerías al galope con Revolución,[donde] el lector encontrará todos los ingredientes que le han convertido en un superventas mundial». Grego Casanova, Vozpópuli
«Algo
te ata firmemente a un lugar al que has sobrevivido y, aunque el autor
ha sobrevivido a varios, en México tuvo que hacerlo a golpe de
tequila. Algo se torció en una cantina y solo el destilado apaciguó los
ánimos y le permitió llegar a los 71 años que está a punto de cumplir». María Paredes, The Objective
«Pocos autores hay en la literatura española actual tan parecidos a una veterana rock star como Arturo Pérez-Reverte». La Vanguardia
Arturo
Pérez-Reverte se dedica en exclusiva a la literatura, tras dejar su
carrera de reportero de prensa, radio y televisión, cubriendo
informativamente conflictos internacionales.
De su producción literaria destacan títulos como El húsar (1986), El
maestro de esgrima (1988), La tabla de Flandes (1990), El club Dumas
(1993), La sombra del águila (1993), Territorio comanche (1994), La
piel del tambor (1995), La carta esférica (2000), Con ánimo de ofender
(2001), La Reina del Sur (2002), Cabo
En la audiencia general de hoy, el
Santo Padre ha continuado explicando los elementos constitutivos del
discernimiento, en esta ocasión reflexionó sobre “el deseo”, la brújula
que nos guía hacia la plenitud
PARA VERLA Y ESCUCHARLA, PINCHA AQUI: https://youtu.be/OfM36cEfQh4
Catequesis del Santo Padre en español
Texto completo de la catequesis del Santo Padre traducida al español
En estas catequesis estamos repasando
los elementos del discernimiento. Después de la oración y el
conocimiento de sí, es decir rezar y conocerse a uno mismo, hoy quisiera
hablar de otro “ingrediente”, por así decir, indispensable: hoy
quisiera hablar del deseo. De hecho, el discernimiento es una
forma de búsqueda, y la búsqueda nace siempre de algo que nos falta pero
que de algún modo conocemos, tenemos el olfato.
¿De qué tipo es ese conocimiento? Los
maestros espirituales lo indican con el término “deseo”, que, en la
raíz, es una nostalgia de plenitud que no encuentra nunca plena
satisfacción, y es el signo de la presencia de Dios en nosotros. El
deseo no son las ganas del momento, no. La palabra deseo viene de un
término latín muy hermoso, y es curioso: de-sidus, literalmente “la falta de la estrella”,
deseo es una falta de la estrella, falta del punto de referencia que
orienta el camino de la vida; lo que evoca un sufrimiento, una carencia,
y al mismo tiempo una tensión para alcanzar el bien que nos falta. Así
pues, el deseo es la brújula para saber dónde estoy y adonde voy, es
más, es la brújula para saber si estoy quieto o estoy caminando, una
persona que nunca desea es una persona quieta, quizá enferma, casi
muerta. Es la brújula de si estoy caminando o si estoy quieto. ¿Y cómo
es posible reconocerlo?
Pensemos, un deseo sincero sabe tocar en
profundidad las cuerdas de nuestro ser, por eso no se apaga ante las
dificultades o los contratiempos. Es como cuando tenemos sed: si no
encontramos algo de beber, no por eso renunciamos, es más, la búsqueda
ocupa cada vez más nuestros pensamientos y acciones, hasta que estamos
dispuestos a hacer cualquier sacrificio para apaciguarlo, casi
obsesionados. Obstáculos y fracasos no sofocan el deseo, no, al
contrario, lo hacen aún más vivo en nosotros.
A diferencia de las ganas o de la
emoción del momento, el deseo dura en el tiempo, un tiempo también
largo, y tiende a concretarse. Si, por ejemplo, un joven desea ser
médico, tendrá que emprender un recorrido de estudios y trabajo que
ocupará algunos años de su vida, como consecuencia tendrá que poner límites,
decir algún “no”, en primer lugar, a otros estudios, pero también a
posibles entretenimientos o distracciones, especialmente en los momentos
de estudio más intenso. Pero, el deseo de dar una dirección a su vida y
de alcanzar esa meta —llegar a ser médico era el ejemplo— le consiente
superar esas dificultades. El deseo te hace fuerte, valiente, te hace ir
adelante siempre porque tú quieres llegar a eso: “Yo deseo eso”.
En efecto, un valor se vuelve bello y más fácilmente realizable cuando es atractivo. Como dijo alguien, «más que ser bueno es importante tener ganas de serlo». Ser bueno es algo atractivo, todos queremos ser buenos, ¿pero tenemos ganas de ser buenos?
Llama la atención que Jesús, antes de realizar un milagro, a menudo pregunta a la persona sobre su deseo: “¿Quieres ser curado?”.
Y a veces esta pregunta parece estar fuera de lugar: ¡se ve que está
enfermo! Por ejemplo, cuando encuentra al paralítico en la piscina de
Betesda, que llevaba allí muchos años y nunca encontraba el momento
adecuado para entrar en el agua. Jesús le pregunta: «¿Quieres curarte»
(Jn 5,6). ¿Por qué? En realidad, la respuesta del paralítico revela una
serie de resistencias externas a la curación, que no tienen que ver
solo con él. La pregunta de Jesús era una invitación a aclarar su
corazón, para acoger un posible salto de calidad: no pensar más en sí
mismo y en su vida “de paralítico”, llevado por otros. Pero el hombre de
la camilla no parecer estar muy convencido. Dialogando con el Señor, aprendemos a entender qué queremos realmente de nuestra vida. Ese paralítico es el ejemplo típico de las personas: “Sí, sí, quiero, quiero”, pero luego no quiero, no quiero, no hago nada. El querer hacerlo se convierte en una ilusión pero no se da el paso para hacerlo. Es la gente que quiere y no quiere. Eso está mal, y ese enfermo, 38 años allí, siempre quejándose: “No, Señor, porque cuando las aguas se mueven —que es el momento del milagro—, viene alguien más fuerte que yo, entra y yo llego tarde”,
y se queja y se lamenta. Pues estad atentos que las quejas son un
veneno, un veneno para el alma, un veneno para la vida porque no hacen
crecer el deseo de ir adelante. Cuidado con las quejas. Cuando hay
quejas en la familia, se quejan los cónyuges, se quejan uno de otro, los
hijos del padre o los sacerdotes del obispo o los obispos de tantas
otras cosas… ¡No, si os quejáis, estad atentos, es casi pecado, porque
no deja crecer el deseo!
A menudo es justamente el deseo lo que
marca la diferencia entre un proyecto exitoso, coherente y duradero, y
las mil frivolidades y tantas buenas intenciones de las que, como se
dice, “está empedrado el infierno”:“Sí, yo quisiera, yo quisiera, yo quisiera…”, pero no haces nada. La época en la que vivimos parece favorecer la máxima libertad de elección, pero al mismo tiempo atrofia el deseo
—quieres satisfacerte continuamente—, que queda reducido a las ganas
del momento. Y debemos estar atentos a no atrofiar el deseo. Estamos
bombardeados por miles de propuestas, proyectos, posibilidades, y
corremos el riesgo de distraernos y de no dejar valorar con calma lo que
realmente queremos. Muchas veces encontramos gente —pensemos en los
jóvenes, por ejemplo— con el móvil en la mano y buscan, miran… “¿Pero tú te paras a pensar?” –“No”.
Siempre extrovertido, hacia el otro. El deseo no puede crecer así, tú
vives el momento, saciado en el momento y no crece el deseo.
Muchas personas sufren porque no saben
qué quieren hacer con su vida; probablemente nunca han entrado en
contacto con su deseo profundo, nunca lo han sabido: “¿Qué quieres de tu vida?” –“No lo sé”.
De ahí el riesgo de pasar la existencia entre intentos y pretextos de
diversa índole, sin llegar nunca a ningún lado, o desperdiciando
oportunidades valiosas. Y así algunos cambios, aunque queridos en
teoría, nunca son realizados cuando se presenta la ocasión, falta el
deseo fuerte de llevarlos adelante.
Si el Señor nos dirigiera, hoy, por ejemplo, a cualquiera de nosotros, la pregunta que hizo al ciego de Jericó: «¿Qué quieres que te haga?» (Mc 10,51) —pensemos que el Señor a cada uno hoy pregunta esto: “¿qué quieres que haga yo por ti?”—
¿qué responderíamos? Quizá, podríamos pedirle que nos ayude finalmente a
conocer el deseo profundo de Él, que Dios mismo ha puesto en nuestro
corazón: “Señor que yo conozca mis deseos, que yo sea una mujer, un hombre de grandes deseos”,
quizá el Señor nos dará la fuerza de concretarlo. Es una gracia
inmensa, que está en la base de todas las demás: permitir al Señor, como
en el Evangelio, hacer milagros por nosotros: “Danos el deseo y hazlo crecer, Señor”.
Porque también Él tiene un gran deseo respecto a nosotros: hacernos partícipes de su plenitud de vida. Gracias.
Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua francesa,
en particular a los monaguillos de la diócesis de Basilea; a los fieles
de la diócesis de Versalles y a la parroquia de Nuestra Señora de la
China, en París. Hermanos y hermanas, hoy tenemos este fuerte deseo en
nosotros por una civilización de paz, amor, reconciliación y armonía.
Que el Señor nos haga partícipes de su plenitud de vida con nuestras
aspiraciones más profundas, por una humanidad más bella y pacífica.
¡Dios os bendiga!
Doy la bienvenida a todos los peregrinos de lengua inglesa
presentes en la audiencia de hoy, especialmente a los de Inglaterra,
Dinamarca, Finlandia, Noruega, Países Bajos, Ghana, Vietnam y Estados
Unidos de América. Sobre todos vosotros invoco la alegría y la paz de
Cristo nuestro Señor. ¡Dios os bendiga!
Dirijo un cordial saludo a los fieles de lengua alemana.
Que la Santísima Virgen María, cuyas apariciones en Fátima recordaremos
mañana, sea nuestra guía en el camino de continua conversión y
penitencia para encontrar a Cristo, sol de justicia. Que su “suave luz”
nos libre de todo mal y disipe las tinieblas de este mundo atormentado
por las guerras.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española.
Hoy celebramos a Nuestra Señora del Pilar, Patrona de la Hispanidad.
Que Ella interceda por nosotros ante su Hijo, para que podamos descubrir
el deseo que Él ha puesto en nuestros corazones, y nos alcance la
gracia de llevarlo a cumplimiento. Que Dios los bendiga y la Virgen
Santa los cuide. Muchas gracias.
Dirijo un cordial saludo a los miembros
de la Confederación Nacional de Asociaciones de Familias que han venido
de Portugal y a los peregrinos de otros países de lengua portuguesa,
en particular de Brasil. Hoy se celebra a Nuestra Señora de Aparecida
con muchos hermanos y hermanas que van en peregrinación a su Santuario y
allí, junto a la Virgen Madre, rezan el rosario y cantan a la Virgen de
Aparecida. Unámonos a ellos y recemos por la paz. Pidamos a la Virgen
que nos ayude a realizar el gran deseo de nuestro Padre celestial:
hacernos a todos partícipes de su plenitud de vida. Dios os bendiga y la
Virgen os guarde.
Saludo a los fieles de lengua árabe.
El Señor tiene un gran deseo para nosotros: hacernos partícipes de su
plenitud de vida. Le pedimos que nos ayude a conocer ese deseo y que nos
dé la fuerza para hacerlo realidad. ¡El Señor os bendiga a todos y os
proteja siempre de todo mal!
Saludo cordialmente a todos los polacos.
El mes de octubre está dedicado al Santo Rosario. Al rezar esa oración,
dejad que vuestra vida y vuestras decisiones diarias estén iluminadas
por Cristo, esplendor de la Verdad. Meditando los misterios luminosos,
acordaos de san Juan Pablo II que quiso añadirlos a la contemplación de
los demás momentos de la vida de Jesús. Os bendigo de corazón.
Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana.
En particular, saludo al grupo de los que se ocupan de las enfermedades
reumáticas, con un pensamiento especial y agradecido para el área
médica de la pastoral de la salud de la diócesis de Roma. Saludo a la
Asociación “Centros y obras sociales de solidaridad” de Molfetta; a la
Asociación “Padres de personas con autismo” de Messina y a la Asociación
“Padres de niños con encefalitis pediátrica”. Animo a todos a
perseverar en la digna labor en apoyo de los más vulnerables. Saludo a
los oficiales y soldados del mando militar de Roma, así como a la
Delegación del Municipio de Cervia, venida para el tradicional don de la
sal.
Mi pensamiento, por último, se dirige, como siempre, a los jóvenes, enfermos, ancianos y recién casados.
Ayer celebramos la memoria litúrgica de san Juan XXIII, que sirvió a
Cristo y a la Iglesia con entrega ejemplar, trabajando con preocupación
por la salvación de las almas y por la paz en el mundo. Que su
protección os ayude a todos en el esfuerzo de la fidelidad diaria a
Cristo y os sostenga en vuestro trabajo diario. A todos mi bendición.
Llamamiento
En estos días, mi corazón siempre está
dirigido al pueblo ucraniano, especialmente a los habitantes de los
lugares donde ha habido un auge de bombardeos. Llevo dentro de mí el
dolor y, por intercesión de la Santa Madre de Dios, lo presento en la
oración al Señor. Él siempre escucha el grito de los pobres que lo
invocan: que el Espíritu pueda transformar los corazones de quienes
tienen en su mano el destino de la guerra, para que cese el huracán de
la violencia y se pueda reconstruir una convivencia pacífica en la
justicia.
«Les
proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no
desfallecer, diciendo: «En cierta ciudad había un juez que no temía a
Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una
viuda, que acudía a él diciendo: "Hazme justicia ante mi adversario". Y
durante mucho tiempo no quería. Sin embargo, al final se dijo a sí
mismo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, ya que esta
viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a
importunarme"». Concluyó el Señor: «Prestad atención a lo que dice el
juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a
Él día y noche, y les hará esperar? Os aseguro que les hará justicia sin
tardanza. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿acaso encontrará fe
sobre la tierra?» (Lucas 18, 1-8).
I. Los textos de la liturgia se centran
en el poder que la oración perseverante y llena de fe tiene ante Dios.
San Lucas, antes de narrarnos, en el Evangelio de la Misa (Lucas 18,
1-8), la parábola de la viuda y del juez inicuo, nos indica el fin que
Jesús se propone: Les propuso esta parábola para hacerles ver que
conviene perseverar en la oración sin desfallecer. La oración debe ser
una manifestación continua de fe y de confianza en Nuestro Padre Dios,
aunque parezca que guarda silencio. Jesús ha de ser nuestro Modelo:
Padre, ya sé que siempre me escuchas (Juan 11, 42). Él nos escucha
siempre. No debemos cansarnos de orar. Y si alguna vez nos sucediera,
hemos pedir a quienes nos rodean que nos ayuden a seguir rezando,
sabiendo que ya en ese momento el Señor nos está concediendo otras
muchas gracias, quizá más necesarias que los dones que le pedimos.
Examinemos hoy si nuestra oración es perseverante, confiada, insistente,
sin cansarnos. Nada puede contra una oración perseverante.
II. En la parábola del juez inicuo y la
viuda indefensa y desamparada, la razón por la que el juez termina por
ceder, después de negarse muchas veces ante la solicitud de la viuda, es
la petición insistente de la mujer. Nos hace ver que en el centro de la
parábola no lo ocupa el juez inicuo, sino Dios, lleno de misericordia,
paciente y celoso con los suyos. La razón, que da el Señor en esta
parábola, de que nuestra oración sea siempre oída, es triple: la bondad y
misericordia de Dios; el amor de Dios por cada uno de sus hijos; y el
interés que nosotros mostramos perseverando en la oración. Hemos de
acudir a Dios como hijos necesitados, además de poner los medios humanos
que cada situación requiera. Sólo la misericordia divina puede
socorrernos de tantos bienes de los que carecemos. Cuenta el Santo Cura
de Ars que el fundador de un asilo de huérfanos le consultó sobre la
oportunidad de atraer la atención y favor de la gente a través de la
prensa. El Santo respondió: “En vez de hacer ruido en los diarios, hazlo
en el Sagrario”
III. Una consecuencia directa de la fe
es la oración, pero, a la vez, la oración presta mayor “firmeza a la
misma fe” (SAN AGUSTÍN, De la ciudad de Dios). Ambas están perfectamente
unidas. Por eso, todo lo que pedimos debe ayudarnos a ser mejores.
Comprenderemos bien que cuando pedimos, lo que queremos en primer lugar
no son esas cosas en sí mismas, sino al mismo Dios. El Santo Rosario es
siempre una oración siempre eficaz para conseguir, a través de Nuestra
Señora, todo aquello que necesitamos nosotros y aquellas personas que de
alguna manera dependen de nosotros.
Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal
Domingo de la semana 29 de tiempo ordinario; ciclo C
(Ex 17,8-13) "Cuando Moisés alzaba las manos vencía Israel"
(2 Tim 3,14-4,2) "Persevera en las cosas que has aprendido"
(Lc 18,1-8) "Es menester orar siempre y no desfallecer"
Homilía a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
La
insistencia sin desmayos en la oración nos es propuesta por el Señor con
la expresiva parábola que acabamos de oír, porque Dios nos escucha
siempre y da lo que "es bueno a quienes se lo piden" (Cf Mt 7,11).
Cristo
nos ha dado ejemplo de la confianza con que debemos acudir siempre a
Dios. "Ora antes de los momentos decisivos de su misión: antes de que el
Padre dé testimonio de Él en su Bautismo (Cf Lc 3,21) y de su
Transfiguración (Cf Lc 9,28), y antes de dar cumplimiento con su Pasión
al designio de amor del Padre (Cf Lc 22,41-44); Jesús ora también ante
los momentos decisivos que van a comprometer la misión de sus apóstoles:
antes de elegir y de llamar a los Doce (Cf Lc 6,12)... La oración de
Jesús ante los acontecimientos de salvación que el Padre le pide que
cumpla, es una entrega humilde y confiada de su voluntad humana a la
voluntad amorosa del Padre" (C.E.C.,2600).
Y otro
tanto habría que decir de los primeros discípulos que "todos ellos
perseveraban unánimes en la oración, en compañía de algunas mujeres, y
con María, la Madre de Jesús, y sus hermanos" (Hch 1,14).
La
confianza en Dios se prueba justamente en la constancia a la hora de
rezar. Hay quien deja de orar porque piensa que su petición no es
escuchada. Pero, ¿qué pedimos nosotros tantas veces sino la solución que
juzgamos mejor para nuestros problemas o, incluso, piedras en lugar de
pan? "Nosotros no sabemos pedir como conviene", asegura S. Pablo (Rm
8,26). En cambio, nuestro Padre Dios sabe bien lo que nos hace falta
antes de que se lo pidamos (Cf Mt 6,8). "No te aflijas, dice S. Agustín,
si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es Él quien quiere
hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia con Él en oración. Él
quiere que nuestro deseo sea probado en la oración. Así nos dispone
para recibir lo que Él está dispuesto a darnos".
En este
mes que la Iglesia dedica al Santo Rosario debemos dirigirnos a Dios a
través de María, "la orante perfecta, figura de la Iglesia... Podemos
orar con ella y a ella. La oración de la Iglesia está sostenida por la
oración de María" (C.E.C.,2679). En el Rosario pedimos, entre otras
cosas importantes, que se acuerde de nosotros ahora, en el hoy de
nuestra vida, y en la hora de la muerte, como lo estuvo en la muerte de
su Hijo en la Cruz y nos acoja para conducirnos a la gloria del Señor.
Alice, investigadora
privada, ingresa en un hospital psiquiátrico simulando una paranoia. Su
objetivo es recabar pruebas del caso en el que trabaja: la muerte de un
interno en circunstancias poco claras. Sin embargo, la realidad a la que
se enfrentará en su encierro superará sus expectativas y pondrá en duda
su propia cordura. Un mundo desconocido y apasionante se mostrará ante
sus ojos. Adaptación de la novela homónima de Torcuato Luca de Tena.
NO SE PUEDE IR MÁS LEJOS Tras el
fenómeno de La novia gitana, llega la nueva entrega de la saga que
cambió la novela negra española conquistando a la crítica y a más de
medio mill...
Tras el fenómeno de La novia gitana,
llega la nueva entrega de la saga que cambió la novela negra española
conquistando a la crítica y a más de medio millón de lectores
UNO DE LOS LIBROS MÁS ESPERADOS DE ESTE OTOÑO SEGÚN TELVA
«¿A qué suena Las madres? Un poco a Stephen King, un poco a Don Winslow y un poco a David Simon». Luis Alemany, El Mundo
La
inspectora Elena Blanco atraviesa el depósito de la Grúa Municipal
Mediodía II de Madrid hasta llegar a una vieja furgoneta que expele un
olor putrefacto. Dentro está el cadáver de un hombre con un burdo
costurón que asciende del pubis al abdomen. Los primeros resultados de
la autopsia aclaran que a este toxicómano le arrancaron algunos órganos
y en su lugar colocaron un feto. Los análisis de ADN revelan que se
trata de su hijo biológico. A los pocos días, aparece en la zona
portuaria de A Coruña el cuerpo de un asesor fiscal que ha sido
asesinado con el mismo modus operandi. ¿Qué relación existe entre ambas
víctimas? ¿Y dónde están las madres de los bebés? Se abre así la
investigación del nuevo y perturbador caso de la Brigada de Análisis de
Casos. Mientras la relación entre Elena y Zárate se hace cada vez más
complicada, todos los indicios los acercarán a una misteriosa
organización a la que nadie parece poder acercarse sin morir.
La crítica ha dicho... «El
misterio engancha. La incertidumbre atrae a la curiosidad, y no hay
mayor combustible para un ser humano que el de quedarse con la miel en
los labios. [...] Y Carmen Mola resulta irresistible». Concha García, La Razón
«Los
Carmen Mola vuelven a trazar una trama salpicada de truculentos
asesinatos para hablar de violencia contra las mujeres en forma de
vientres de alquiler y de corrupción policial. [...] Las madres sigue ese fin original de la literatura negra de mostrar las partes corruptas o podridas de la sociedad». Voro Contreras, La Opinión de Málaga
«Carmen
Mola regresa. Y lo hace al territorio que la lanzó a la fama, [...] en
la que no faltan las impactantes y macabras escenas que enganchan a
sus lectores. Una novela en la que se mezclan corrupción policial,
mafias, santería y mucha violencia». Justo Barranco, La Vanguardia
«Las
cosas en casa de Carmen Mola siguen funcionando con una precisión de
relojero suizo. Sin aspavientos, ni estridencias, ni, desde luego,
aburrimiento. [...] Un novelón. [...] Los tres guionistas conservan la
gasolina de la aventura que emprendieron tras alcanzar el escaparate
público con La bestia, a lo que han añadido la madurez del
oficio, la paciencia que da la amistad, y la ironía precisa para
comprender que la sangre es eso, sólo sangre, sólo literatura. ¿O no?» Rosa Ballarín, Expansión
«Golpea al lector, [...] no da descanso». Aurea Lorenzo, RTVE
«Conscientes
de que lo gore ejerce una irresistible fascinación en el lector,
Carmen Mola vuelve a regalar a sus lectores escenas macabras y
espeluznantes». Antonio Paniagua, Ideal
«Todos caen
rendidos (quien la coge no la suelta) ante la fuerza y la intensidad de
una historia que no desmerece al mejor noir de Pierre Lemaitre,
comparte elementos con Sandrone Dazieri y tiene como protagonista a una
(sí, es una mujer) detective de las que hacen época (y series)». Inés Martín Rodrigo, ABC
PARA VERLO Y ESCUCHARLO, PINCHA AQUÍ: https://youtu.be/Je9RKR_skfk
Conocerse a sí mismo para defenderse de las manipulaciones
El Santo Padre ha recomendado en su
catequesis durante la Audiencia general de hoy, dedicar tiempo al examen
de conciencia, a pensar qué fue lo que realmente movió a cada uno a
tomar decisiones durante el día y por qué. Ha dicho que así se aprenderá
a ver realmente qué sacia el corazón
Texto completo de la catequesis del Santo Padre traducida al español
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Seguimos tratando el tema del
discernimiento. La vez pasada consideramos la oración como su elemento
indispensable, entendida como familiaridad y confidencia con Dios.
Oración, no como los loros, sino como familiaridad y confidencia con
Dios; oración de los hijos al Padre; oración con el corazón abierto.
Esto lo vimos en la última catequesis. Hoy quisiera, de forma casi complementaria, subrayar que un buen discernimiento requiere también el conocimiento de uno mismo.
Conocerse a sí mismo. Y esto no es fácil. El discernimiento de hecho
involucra a nuestras facultades humanas: la memoria, el intelecto, la
voluntad, los afectos. A menudo no sabemos discernir porque no nos
conocemos lo suficiente, y así no sabemos qué queremos realmente. Habéis
escuchado muchas veces: “Pero esa persona, ¿por qué no arregla su vida?
Nunca ha sabido lo que quiere…”. Sin llegar a ese extremo, pero a
nosotros también nos sucede que no sabemos bien qué queremos, no nos
conocemos bien.
En la base de dudas espirituales y crisis vocacionales suele haber un diálogo insuficiente entre la vida religiosa y nuestra dimensión humana, cognitiva y afectiva.
Un autor de espiritualidad señaló que muchas dificultades en materia de
discernimiento remiten a problemas de otro tipo, que deben ser
reconocidos y explorados. Así escribe este autor: «He llegado a la
convicción de que el obstáculo más grande al verdadero discernimiento (y
a un verdadero crecimiento en la oración) no es la naturaleza
intangible de Dios, sino el hecho de que no nos conocemos
suficientemente a nosotros mismos, y no queremos ni siquiera
conocernos por cómo somos verdaderamente. Casi todos nosotros nos
escondemos detrás de una máscara, no solo frente a los otros, sino
también cuando nos miramos al espejo» (Th. Green, La cizaña entre el trigo, Roma, 1992, 25). Todos tenemos la tentación de enmascararnos también delante de nosotros mismos.
El olvido de la presencia de Dios en
nuestra vida va a la par que la ignorancia sobre nosotros mismos
−ignorar a Dios e ignorarnos a nosotros−, la ignorancia sobre las
características de nuestra personalidad y sobre nuestros deseos más
profundos.
Conocerse a uno mismo no es difícil, pero es fatigoso: implica un paciente trabajo de excavación interior.
Requiere la capacidad de detenerse, de “apagar el piloto automático”,
para adquirir conciencia sobre nuestra forma de hacer, sobre los
sentimientos que nos habitan, sobre los pensamientos recurrentes que nos
condicionan, y a menudo sin darnos cuenta. Requiere también distinguir
entre las emociones y las facultades espirituales. “Siento” no es lo
mismo que “estoy convencido”; “tengo ganas de” no es lo mismos que
“quiero”. Así se llega a reconocer que la mirada que tenemos sobre
nosotros mismos y sobre la realidad a veces está un poco distorsionada.
¡Darse cuenta de esto es una gracia! De hecho, muchas veces puede
suceder que convicciones erróneas sobre la realidad, basadas en
experiencias del pasado, nos influyen fuertemente, limitando nuestra
libertad de jugárnosla por lo que realmente cuenta en nuestra vida.
Viviendo en la era de la informática,
sabemos lo importante que es conocer las “contraseñas” para poder entrar
en los programas donde se encuentran las informaciones más personales y
valiosas. Pero también la vida espiritual tiene sus “contraseñas”: hay
palabras que tocan el corazón porque remiten a aquello por lo que somos
más sensibles. El tentador, es decir el diablo, conoce bien estas
palabras-clave, y es importante que las conozcamos también nosotros,
para no encontrarnos ahí donde no quisiéramos. La tentación no sugiere
necesariamente cosas malas, sino a menudo desordenadas, presentadas con
una importancia excesiva. De esta manera nos hipnotiza con lo atractivo
que estas cosas suscitan en nosotros, cosas bellas pero ilusorias, que
no pueden mantener lo que prometen, y así nos dejan al final con un
sentido de vacío y de tristeza. Ese sentido de vacío y de tristeza es
una señal de que hemos tomado un camino que no era justo, que nos ha
desorientado. Pueden ser, por ejemplo, el título de estudio, la carrera,
las relaciones, todas cosas en sí loables, pero hacia las cuales, si no
somos libres, corremos el riesgo de nutrir expectativas irreales, como
por ejemplo la confirmación de nuestro valor. Tú, por ejemplo, cuando
piensas en un estudio que estás haciendo, ¿lo piensas solamente para
promoverte a ti mismo, por tu interés, o también para servir a la
comunidad? Ahí se puede ver cuál es la intencionalidad de cada uno de
nosotros. De este malentendido derivan a menudo los sufrimientos más
grandes, porque ninguna de esas cosas puede ser la garantía de nuestra
dignidad.
Por esto, queridos hermanos y hermanas,
es importante conocerse, conocer las contraseñas de nuestro corazón,
aquello a lo que somos más sensibles, para protegernos de quien se
presenta con palabras persuasivas para manipularnos, pero también para
reconocer lo que es realmente importante para nosotros, distinguiéndolo
de las modas del momento o de eslóganes llamativos y superficiales.
Muchas veces lo que se dice en un programa en televisión, en alguna
publicidad que se hace, nos toca el corazón y nos hace ir a esa parte
sin libertad. Estad atentos a eso: ¿soy libre o me dejo llevar por los
sentimientos del momento, o por las provocaciones del momento?
Una ayuda para esto es el examen de conciencia,
pero no hablo del examen de conciencia que todos hacemos cuando vamos a
la confesión, no. Esto es: “He pecado de esto, eso…”. No. Examen de
conciencia general de la jornada: ¿qué ha sucedido en mi corazón en este
día? “Han pasado muchas cosas…”. ¿Cuáles? ¿Por qué? ¿Qué huellas
dejaron en el corazón? Hacer el examen de conciencia, es decir, la buena
costumbre de releer con calma lo que sucede en nuestra jornada,
aprendiendo a notar en las valoraciones y en las decisiones aquello a lo
que damos más importancia, qué buscamos y por qué, y qué hemos
encontrado al final. Sobre todo aprendiendo a reconocer qué sacia mi
corazón. Porque solo el Señor puede darnos confirmación de lo que
valemos. Nos lo dice cada día desde la cruz: ha muerto por nosotros,
para mostrarnos cuánto somos valiosos a sus ojos. No hay obstáculo o
fracaso que pueda impedir su tierno abrazo. El examen de conciencia
ayuda mucho, porque así vemos que nuestro corazón no es un camino donde
pasa de todo y nosotros no sabemos. No. Ver: ¿qué ha pasado hoy? ¿Qué ha
sucedido? ¿Qué me ha hecho reaccionar? ¿Qué me ha puesto triste? ¿Qué
me ha puesto contento? Qué ha sido malo y si he hecho mal a los otros.
Se trata de ver el recorrido de los sentimientos, de las atracciones en
mi corazón durante la jornada. ¡No os olvidéis! El otro día hablamos de
la oración; hoy hablamos del conocimiento de uno mismo.
La oración y el conocimiento de uno
mismo consienten crecer en la libertad. ¡Esto es para crecer en la
libertad! Son elementos básicos de la existencia cristiana, elementos
preciosos para encontrar el propio lugar en la vida. Gracias.
Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua francesa,
en particular a los fieles de la diócesis de Metz y a los jóvenes del
Colegio San José. Hermanos y hermanas, en este mes de oración por las
misiones, aprendamos a cultivar momentos de silencio y de encuentro con
el Señor para que nos inspire caminos y medios para ser siempre fieles a
nuestra vocación de discípulos misioneros. ¡Dios os bendiga!
Doy la bienvenida a todos los peregrinos de lengua inglesa
presentes en la audiencia de hoy, especialmente a los de Escocia,
Noruega, Suecia, Australia, India, Vietnam y Estados Unidos de América.
Dirijo un saludo especial a los nuevos alumnos del Colegio Pontificio
Beda y a los miembros de la Asociación Católica de Predicadores de
Inglaterra. Sobre todos invoco la alegría y la paz de Cristo nuestro
Señor. ¡Dios os bendiga!
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua alemana,
en particular a los monaguillos de Colonia, así como a los
participantes en la semana de información de la Guardia Suiza
Pontificia. ¡Os deseo a vosotros, jóvenes, una buena y fructífera
estancia espiritual en Roma! ¡Que el Señor os ayude a todos a crecer en
el amor y os proteja siempre!
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española.
Pidamos a Jesús que nos enseñe a orar para poder conocer su Corazón, y
que nos ayude a conocernos a nosotros mismos. Así seremos capaces, con
su gracia, de seguir sus huellas con libertad y sencillez de corazón.
Que Dios os bendiga y la Virgen Santa os cuide. Muchas gracias.
Queridos peregrinos de lengua portuguesa,
¡bienvenidos! Al saludaros a todos, en particular a los grupos
brasileños de Goiânia y de la archidiócesis de São Paulo, así como a los
fieles portugueses de Alcanena y de la parroquia de São Paolo en
Setúbal, os invito a pedir al Señor una gran fe para ver la realidad con
la mirada de Dios, y una gran caridad para acercarse a las personas con
su corazón misericordioso. ¡Fiaos de Dios, como la Virgen María! Que la
bendición del Señor descienda sobre vosotros y vuestras familias.
Saludo a los fieles de lengua árabe.
La oración y el conocimiento de sí mismo son elementos básicos de la
existencia cristiana, elementos preciosos para encontrar el propio lugar
en la vida. ¡El Señor os bendiga a todos y os proteja siempre de todo
mal!
Saludo cordialmente a los polacos
presentes en esta audiencia. Hoy recordamos a Santa Faustina Kowalska
en la liturgia. A través de ella, Dios señaló al mundo a que buscase la
salvación en su misericordia. Recordemos esto especialmente hoy,
pensando especialmente en la guerra en Ucrania. Como dije el domingo
pasado en el Ángelus, confiemos en la misericordia de Dios, que puede
cambiar los corazones, y en la maternal intercesión de la Reina de la
Paz. Os bendigo de corazón.
Dirijo una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana.
En particular, saludo a los fieles de la parroquia de Santo Tomás
Apóstol de Roma y a los de la parroquia de Santiago Apóstol de
Grugliasco. Saludo además a los representantes de Caritas de
Teramo-Atri, acompañados por su obispo, al grupo de los Servicios
Sociales Salesianos y a los alumnos de la escuela Sagrado Corazón de
Francavilla Fontana. Invito a todos a imitar a san Francisco, patrón de
Italia, cuya fiesta celebramos ayer: que su ejemplo de consagración a
Dios, de servicio a los hombres y de fraternidad con las criaturas guíe
vuestro camino.
Y no olvidemos rezar por la atormentada Ucrania, pidiendo siempre al Señor el don de la paz.
Mi pensamiento se dirige, por último, como siempre, a los jóvenes, enfermos, ancianos y recién casados. Os animo también a vosotros ir a la escuela del Poverello de Asís, imitándolo en el amor y en la contemplación del Crucifijo. A todos mi bendición.
«Y
sucedió que, yendo de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de
Samaria y Galilea; y, cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al
paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia y le dijeron gritando:
«Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id y
presentaos a los sacerdotes». Y sucedió que mientras iban, quedaron
limpios. Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a
gritos, y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era
samaritano. Ante lo cual dijo Jesús: «¿No son diez los que han quedado
limpios? Los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a
dar gloria a Dios sino sólo este extranjero? Y le dijo: Levántate y
vete: tu fe te ha salvado» (Lucas 17,11-19).
I. Jesús, en su último viaje a
Jerusalén, al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez
leprosos que se detuvieron a lo lejos, donde se encontraba el Maestro y
el grupo que le acompañaba, pues la Ley prohibía a estos enfermos
(Levíticos 13, 45) acercarse a la gente. Y levantando la voz, dirigen a
Jesús una petición llena de respeto que llega a su Corazón: Jesús,
Maestro, ten piedad de nosotros. Les manda ir a mostrarse a los
sacerdotes como estaba preceptuado a la Ley (Ídem 14, 2), para que
certificaran su curación. Así lo hicieron a pesar que todavía no estaban
sanos, y por su fe y docilidad, se vieron libres de la enfermedad.
Estos enfermos nos enseñan a pedir: acuden a la misericordia divina, que
es la fuente de todas las gracias. Nos muestran el camino de la
curación cualquiera que sea la lepra que llevemos en el alma: tener fe y
ser dóciles a quienes, en nombre del Maestro, nos indican lo que
debemos hacer, especialmente en la Confesión.
II. Y sucedió que, mientras iban,
quedaron limpios. Nos podemos imaginar su alegría. Y en medio del
alborozo, se olvidaron de Jesús. En la desgracia se acuerdan de Él y le
piden; en la ventura, se olvidan. Sólo uno, un samaritano, regresó con
el Señor, glorificando a Dios a gritos. Se postró a los pies del Señor,
dándole las gracias. Es ésta una acción profundamente humana y llena de
belleza. Ser agradecido es una gran virtud. Jesús esperaba a todos. Y
los otros nueve ¿dónde están?, preguntó. ¡Cuántas veces Jesús ha
preguntado por nosotros después de tantas gracias. Vivimos pendientes de
lo que nos falta y no nos fijamos en lo que tenemos y nos quedamos
cortos en la gratitud. Toda nuestra vida debe ser una continua acción de
gracias. Recordad las maravillas que Él ha obrado (Salmo 104, 5), nos
exhorta el Salmista. El samaritano, por ser agradecido se ganó el
incomparable don de la fe. Los nueve leprosos desagradecidos se quedaron
sin la mejor parte que les había reservado el Señor.
III. Muchos favores del Señor los
recibimos a través de las personas que tratamos diariamente, y por eso,
en esos casos, el agradecimiento a Dios debe pasar por esas personas que
tanto nos ayudan a que la vida sea menos dura, la tierra más grata y el
Cielo más próximo. De modo particular, nuestra gratitud se ha de
dirigir a quienes nos ayudan a encontrar el camino que conduce a Dios.
No dejemos pasar un solo día sin pedir abundantes bendiciones del Señor
para aquellos, conocidos o no, que nos han procurado algún bien. Jesús
se siente dichoso cuando nos ve agradecidos con Él y con los que nos
favorecen diariamente.
Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.
Homilía basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
«En todo, dad gracias»
I. LA PALABRA DE DIOS
2 R 5, 14-17: Volvió Naamán a Eliseo, y alabó al Señor
Sal 97, 1.2-3ab.3cd-4: El Señor revela a las naciones su salvación
2 Tm 2, 8-13: Si perseveramos, reinaremos con Cristo
Lc 17, 11-19: ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?
II. LA FE DE LA IGLESIA
«Toda
alegría y toda pena, todo acontecimiento y toda necesidad pueden ser
motivo de oración de acción de gracias, la cual, participando de la de
Cristo, debe llenar la vida entera: ``En todo dad gracias'' (I Tes.
5,18)» (2648).
«La
Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una bendición
por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por todos sus
beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la
redención y la santificación. ``Eucaristía'' significa, ante todo,
acción de gracias» (1360).
«La
acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia que, al celebrar
la Eucaristía, manifiesta y se convierte más en lo que ella es. En
efecto, en la obra de salvación, Cristo libera a la creación del pecado y
de la muerte para consagrarla de nuevo y devolverla al Padre, para su
gloria. La acción de gracias de los miembros del Cuerpo participa de la
de su Cabeza» (2637).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«El
presidente los toma (el pan y el vino) y eleva alabanza y gloria al
Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo y da las
gracias largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones»
(S. Justino) (1345).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
En los
tres evangelios sinópticos la vida pública de Jesús termina con su viaje
a Jerusalén donde dio su último testimonio y vida. En ese camino el
Señor cura a diez leprosos, solo uno y extranjero, es agradecido. El
sirio Naamán, un extranjero, es modelo de persona agradecida por los
bienes recibidos de Dios por medio del profeta Eliseo.
La
segunda lectura presenta el evangelio anunciado por Pablo, y confiado a
su sucesor Timoteo consiste en la proclamación del Misterio pascual.
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
La acción de gracias y la alabanza al Padre por medio de Jesucristo: 1359-1361.
La respuesta:
La oración de acción de gracias: 2637-2638; 2648.
C. Otras sugerencias
La acción
de gracias a Dios que es la forma más común de oración de la Iglesia,
no lo es tan usual en la vida de los cristianos. ¿Acaso seremos como los
nueve leprosos? Sólo el extranjero, quien se reconoce indigno de la
bondad de Dios, es agradecido.
Dad
gracias a Dios. La Eucaristía es la Acción de gracias por excelencia.
Unidos a Jesucristo en su Muerte y Resurrección todo se agradece a Dios
Padre, por Cristo, con El y en El.
Acción de gracias por los beneficios recibidos.
Acción de gracias por todo acontecimiento...!Sólo Dios sabe!.
Acción de gracias en la necesidad y en la pena: En Dios confiamos.