Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

10 febrero 2018

Por amor a la Iglesia

(Cfr. www.almudi.org)

 

 
 
Cerca del quinto aniversario de la renuncia de Benedicto XVI, su segundo secretario cuenta los momentos más impactantes vividos junto al Papa emérito y detalla el trato fraterno entre Francisco y Benedicto

El 11 de febrero de hace 5 años, Benedicto XVI anunciaba la decisión de renunciar al ministerio petrino. Un gesto extraordinario de amor a la Iglesia que, con el paso del tiempo, muestra cada vez mejor su grandeza para los fieles y los que no lo son. 

De este aniversario y su significado, hemos entrevistado al secretario general de la Secretaría de Economía, Mons. Alfred Xuereb, que ─durante 5 años y medio─ desde 2007 hasta el final del Pontificado estuvo al lado de Benedicto XVI como segundo secretario.

Son tantísimos los recuerdos que tengo del Papa Benedicto…, y no quiero olvidarlos para conservar viva la memoria de esos años, de ese periodo que pasé con él… ¿Cuáles fueron los momentos más fuertes? Obviamente, los relacionados con su renuncia. Recuerdo perfectamente el 5 de febrero de 2013 cuando el Papa Benedicto me invitó a pasar a su estudio y me anunció la gran decisión de su renuncia. A mí, de repente, me salía espontáneo decirle: “Pero, ¿por qué no se lo piensa un poco más?”. Pero me aguanté, porque estaba convencido de que ya lo había meditado ampliamente.

Es más, precisamente en aquel momento me acordé de un detalle concreto. Durante bastante tiempo, en la sacristía, antes de celebrar la Misa en la capilla privada, el papa permanecía mucho tiempo en oración; y, a pesar de los toques del reloj que marcaban la hora del inicio de la Misa, él lo ignoraba y seguía recogido ante el Crucifijo de la sacristía. Yo estaba convencido, entonces, de que rezaba por algo muy importante. Aquel 5 de febrero, cuando le escuché su gran decisión, pensé: “¡Entonces, muy probablemente, ya rezaba por esto!”.

Luego, obviamente, otro momento fuerte fue el anuncio público durante el Consistorio del 11 de febrero. Yo lloraba todo el tiempo, y durante el almuerzo él vio que estaba muy emocionado. Le dije: “Santo Padre, ¿estaba usted tranquillo, estaba sereno?”. Y él dijo un “sí” muy decidido, porque ya había hecho su tarea. ¡Estaba sereno precisamente porque estaba seguro de haber estudiado muy bien el asunto, y estaba en paz, era la voluntad de Dios!

Y luego, pasó usted de servir a Benedicto XVI a servir a Francisco.
Un momento fortísimo para mí fue el momento de la despedida, porque él me repitió: “Usted irá con el nuevo Papa”. Y luego, cuando fue elegido el Papa Francisco, le escribí una carta a Benedicto diciéndole mi disponibilidad y su libertad de contar conmigo siempre que me necesitase. Y cuando llegó el día de dejar Castelgandolfo para ir con el Papa Francisco, de la Secretaría de Estado me dijeron: “Apresúrate, haz las maletas, porque el Papa Francisco está abriendo él solo la correspondencia”. Entonces entré en el estudio del Papa emérito para decírselo y le pedí, llorando, su bendición. Él, muy serenamente, se puso de pie, yo de rodillas, y me dio la bendición con la que me dejó ir.

¿Ha visto últimamente al Papa emérito? ¿Qué impresión le ha causado?
Me invitó el día de mi cumpleaños (el pasado 14 de octubre, ndr) para celebrar Misa y desayunar juntos. Lo vi con una mente muy viva, preguntándome por tantas cosas… Luego, las miradas que me dirigía durante el desayuno me hacían pensar: “¡Qué contento estoy de verte!”. Se acordaba muy bien de los detalles de mi familia, de mi madre…, ¡hasta de los gatos de mi madre! Como es natural, físicamente está muy frágil. Ya tiene casi 91 años y, a pesar de eso, mi madre, que “solo” tiene 82, no está en las condiciones físicas que él está.

¿Piensa que en estos 5 años la gente ha comprendido mejor el gesto sorprendente de Benedicto XVI?
Algunas personas sí. Aunque pienso que algún otro debería entenderlo mejor… Fue un gesto grandioso. Comprendió especialmente, durante el vuelo a México, que ya no era capaz de hacer largos viajes. Y poco después venía la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, y se dio cuenta de que no estaba en condiciones de viajar, de hacer todos esos esfuerzos… Así que hizo un acto heroico, en mi opinión, porque pensaba más en la Iglesia, en el amor a la Iglesia, que era mucho más grande que el amor por él mismo, por su ego. No le preocupaba lo que personas o ambientes pudieran decir en su contra, que quizá no tenía valor para seguir adelante… Él siempre permaneció sereno desde que entendió que Dios le pedía hacer ese acto de gobierno, amando más a la Iglesia que a sí mismo.

Durante un año fue usted secretario particular del Papa Francisco. ¿Cómo describiría, también por haberlo visto de cerca, el trato entre Joseph Ratzinger y Jorge Mario Bergoglio?
El Papa Francisco dio enseguida la definición justa: “Tenemos el privilegio de tener al ‘abuelo’ en casa”. Tenemos, pues, una memoria histórica viva a la que podemos acudir. Y estoy seguro de que el Papa Francisco lo hace. Luego, obviamente, los gestos también hablan. Antes de que el Papa Francisco saliera ante el mundo, al balcón de la Basílica de San Pedro, intentó llamar por teléfono al Papa Benedicto para saludarlo. Pero estábamos en la sala de estar, viendo la elección por la televisión, y allí el teléfono siempre está en silencio, así que no lo oímos, y eso explica por qué el retraso del Papa Francisco en salir al balcón. Luego nos llamaron de nuevo durante la cena, y decían: “Pero, ¿dónde estabais?” ─“¡Estábamos viéndolo por la tele!” ─“El Papa Francisco llamará después de cenar”. Entonces me llevé el móvil encendido y cuando llegó la llamada le pasé el teléfono al Papa Benedicto y lo oigo decir: “Santidad, desde ahora le prometo mi total obediencia y mi oración”. Son momentos que no puedo olvidar.

Por último, ¿cuál es, para usted, el don más grande que Benedicto XVI está dando en estos años de servicio y de oración a la Iglesia, como ha dicho usted, “permaneciendo en el recinto de San Pedro”?
Él quiso tomar esa decisión de vivir una vida retirada, precisamente para poder prepararse al encuentro final con el Señor. Pero mientras lo hace, lo vive con profunda espiritualidad, ofreciendo oraciones y también la fragilidad de su condición de salud, en favor de la Iglesia, por el Papa y por la Iglesia.

Entrevista de Alessandro Gisotti, en vaticannews.va.
Traducción de Luis Montoya.

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