Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

16 junio 2017

Historias de cambio 10- #STORIESOFCHANGE-10- María Meneses

Maria es una joven estudiante con parálisis cerebral. Ella cree que a
través de pequeños gestos cotidianos podemos hacer una diferencia. En
este breve video que forma parte de la serie de #StoriesofChange
de CIDSE dentro de la campaña "Cambiemos por el planeta-Cuidemos a las
personas", María nos vita a acariciar y nutrir nuestra relación con la
naturaleza y nuestros compañeros

LIBRO DE LA SEMANA (16 Jun): El clan de la piedra

(Cfr. www.criteriaclun.es)


El clan de la piedra
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Descubre Elladamn de la mano de Linnette, un lugar donde ocurren todas esas cosas que no nos suceden a diario. Un lugar mágico donde perderse. Un refugio al que acudir en noches sin luna.

PRECIO
16 €

PELICULA DE LA SEMANA (16 Jun): Paula

(Cfr. www.almudi.org)

  
Paula


Reseña:
Alemania, principios del siglo XX. La joven y exuberante artista Paula Becker está decidida a seguir sus propias normas. A sus 24 años rechaza las convenciones establecidas y explora su estilo único, mientras florece en  la comunidad artística de Worpswede, donde entabla amistad con la artista Clara Westhoff y el poeta Rainer Maria Rilke. Al casarse con el también pintor Otto Modersohn, cree haber encontrado a su alma gemela creativa, pero cinco años destinados a la vida doméstica hunden el espíritu de Paula. Finalmente, se decide a viajar sola al bohemio Paris, donde se embarca en un largo y esperado periodo donde su imaginación culmina y consigue autorrealizarse.
Interesante e intenso biopic sobre la vida de Paula Becker (1876-1907), pintora alemana cuyas obras no fueron reconocidas hasta después de su muerte y que es considerada hoy en día como una de las pioneras del expresionismo alemán, del que son máximos exponentes Emil Nolde y Ernst Ludwig Kirschner.
El guión se centra principalmente en las dificultades de Paula para salir adelante en el plano artístico. En vida apenas vendió dos cuadros a conocidos suyos, pues muy pocas personas se tomaban en serio su talento. Una pintora vanguardista como era ella chocaba frontalmente con el academicismo que aún imperaba en el mundo de la pintura, especialmente en Worpswede.
La película incide en el tesón de la pintora por no abandonar su mirada personal de la realidad, evitando sucumbir a los prejuicios ajenos. Pero, en aquella época, a su audacia artística hay que sumarle las dificultades de ser mujer, lo que le hacía doblemente difícil ser tomada en serio. Más arbitrario parece el tratamiento conflictivo que se hace en la película de la cuestión matrimonial, de características un tanto singulares. Está muy cuidada la ambientación de época, también a la hora de mostrar el libertinaje del mundo bohemio en París. Visualmente, la película es una pequeña joya donde solo rechinan algunos momentos exhibicionistas que rompen la elegancia del relato.(Almudí JD). Decine21: AQUÍ

La espernaza de los cristianos se basa en la certeza de ser hijos de Dios

(Cfr. www.almudi.org)


 "Que sepamos transmitir a los demás ese amor de Dios, para que se encienda en todos una esperanza nueva”

Texto de la catequesis del Papa en español

Queridos hermanos:
En la catequesis de hoy consideramos cómo la certeza de la esperanza se funda en que somos hijos amados de Dios.
Nadie puede vivir sin amor. En cierto modo, detrás de muchas reacciones de odio y violencia se esconde un gran vacío interior, un corazón que no ha sido amado verdaderamente. Lo único que puede hacer feliz a una persona es la experiencia de amar y de ser amado.
El primer paso que da Dios hacia nosotros es su amor anticipado e incondicionado. Dios nos ama antes de que nosotros hayamos hecho algo para merecerlo. Él es amor, y el amor tiende por naturaleza a difundirse, a donarse.
Como una madre, que no deja nunca de amar a su hijo, aunque haya cometido un error y deba cumplir con la justicia, así Dios nunca deja de amarnos, porque somos sus hijos queridos. El amor llama al amor. Para cambiar el corazón de una persona, en primer lugar hay que abrazarla, que sienta que es importante para nosotros y que es querida. Así comenzará a despuntar también en ella el don de la esperanza.

 

Texto completo de la catequesis del Papa traducida al español

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días! Hoy hacemos esta audiencia en dos sitios, pero conectados por las pantallas gigantes: los enfermos, para que no sufran tanto el calor, están en el Aula Pablo VI, y nosotros aquí. Pero estamos todos juntos y nos une el Espíritu Santo, que es el que hace siempre la unidad. ¡Saludemos a los que están en el Aula!
Ninguno de nosotros puede vivir sin amor. Y una fea esclavitud en la que podemos caer es la de considerar que el amor hay que merecerlo. Quizá buena parte de la angustia del hombre contemporáneo deriva de esto: creer que, si no somos fuertes, atractivos y guapos, entonces nadie se ocupará de nosotros. Tantas personas hoy buscan una visibilidad solo para colmar un vacío interior: como si fuésemos personas eternamente necesitadas de aprobación. Pero, ¿os imagináis un mundo donde todos mendiguen motivos para suscitar la atención ajena, y nadie en cambio esté dispuesto a querer gratuitamente a otra persona? ¡Imaginad un mundo así: un mundo sin la gratuidad del amor! Parece un mundo humano, pero en realidad es un infierno. Tantos narcisismos del hombre nacen de un sentimiento de soledad y orfandad. Detrás de muchos comportamientos aparentemente inexplicables se esconde una pregunta: ¿Es posible que yo no merezca ser llamado por mi nombre, es decir, de ser amado? Porque el amor siempre llama por el nombre…
Cuando el que no es o no se siente amado es un adolescente, entonces puede nacer la violencia. Detrás de tantas formas de odio social y de vandalismo suele haber un corazón que no ha sido reconocido. No hay niños malos, como no hay adolescentes malvados del todo, sino que existen personas infelices. ¿Y qué puede hacernos felices si no la experiencia del amor dado y recibido? La vida del ser humano es un intercambio de miradas: alguien que mirándonos nos arranca la primera sonrisa, y nosotros que gratuitamente sonreímos a quien está encerrado en la tristeza, y así le abrimos una vía de escape. Intercambio de miradas: mirar a los ojos y se abren las puertas del corazón.
El primer paso que Dios da hacia nosotros es el de un amor anticipante e incondicionado. Dios ama primero. Dios no nos quiere porque en nosotros haya alguna razón que suscite amor. Dios nos quiere porque Él mismo es amor, y el amor tiende por naturaleza a difundirse, a entregarse. Dios tampoco vincula su benevolencia a nuestra conversión: en todo caso, ésta es una consecuencia del amor de Dios. San Pablo lo dice de manera perfecta: «Dios demuestra su amor hacia nosotros porque, siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rm 5,8). Siendo aún pecadores. Un amor incondicionado. Estábamos “lejos”, como el hijo pródigo de la parábola: «Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, tuvo compasión…» (Lc 15,20). Por amor nuestro Dios realizó un éxodo de sí mismo, para venir a encontrarnos a este lugar por donde era insensato que él transitase. Dios nos amó incluso cuando estábamos equivocados.
¿Quién de nosotros ama de esa manera, si no quien es padre o madre? Una madre sigue queriendo a su hijo, aunque ese hijo esté en la cárcel. Recuerdo a tantas madres, que hacían cola para entrar en la cárcel, en mi anterior diócesis. Y no se avergonzaban. El hijo estaba en la cárcel, pero era su hijo. Y sufrían tantas humillaciones en los registros, antes de entrar, pero: “¡Es mi hijo!”. “¡Pero, señora, su hijo es un delincuente!” −“¡Es mi hijo!”. Solo ese amor de madre y de padre nos hace comprender cómo es el amor de Dios. Una madre no pide la cancelación de la justicia humana, porque todo error exige una redención, pero una madre nunca deja de sufrir por su propio hijo. Lo quiere aunque sea pecador.
Dios hace lo mismo con nosotros: ¡somos sus hijos amados! ¿Pero puede ser que Dios tenga algunos hijos a los que no quiera? No. Todos somos hijos amados de Dios. No hay ninguna maldición en nuestra vida, sino solo una benévola palabra de Dios, que sacó nuestra existencia de la nada. La verdad de todo es esa relación de amor que une al Padre con el Hijo mediante el Espíritu Santo, relación en la que somos acogidos por gracia. En Él, en Cristo Jesús, hemos sido queridos, amados, deseados. Hay Alguien que imprimió en nosotros una belleza primordial, que ningún pecado, ninguna decisión errónea podrá jamás borrar del todo. Siempre somos, a los ojos de Dios, pequeñas fuentes hechas para manar agua buena. Lo dijo Jesús a la mujer samaritana: «El agua que yo [te] daré se hará en [ti] una fuente de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14).
Para cambiar el corazón de una persona infeliz, ¿cuál es la medicina? ¿Cuál es la medicina para cambiar el corazón de una persona que no es feliz? [responden: el amor] ¡Más fuerte! [gritan: ¡el amor!] ¡Bien! ¡Muy bien todos! ¿Y cómo se hace sentir a la persona que uno la ama? Hace falta, ante todo, abrazarla. Hacerle sentir que es deseada, que es importante, y dejará de estar triste. Amor llama a amor, de modo más fuerte que el odio llama a la muerte. Jesús no murió y resucitó para sí mismo, sino para nosotros, para que nuestros pecados sean perdonados. Es pues tiempo de resurrección para todos: tiempo de levantar a los pobres del desánimo, sobre todo a los que yacen en el sepulcro desde hace más tiempo que tres días. Sopla aquí, en nuestros rostros, un viento de liberación. Germina aquí el don de la esperanza. Y la esperanza es la de Dios Padre que nos ama como somos: nos ama siempre y a todos. Gracias.

Saludos en diversas lenguas

Doy la bienvenida a los peregrinos de lengua francesa, en concreto a los estudiantes de la Conferencia Olivaint de París y a los grupos venidos de Francia, Bélgica e Isla Mauricio. ¡Acordémonos de que todos somos hijos amados por Dios, y que todos somos preciosos a sus ojos! ¡Es la fuente de nuestra esperanza! ¡Dios os bendiga!
Saludo a los peregrinos de lengua inglesa presentes en la Audiencia de hoy, especialmente a los provenientes de Inglaterra, Suecia, Hong Kong, Pakistán, Filipinas, Corea, Tailandia, Canadá y Estados Unidos de América. Sobre todos vosotros y sobre vuestras familias invoco la alegría y la paz de nuestro Señor Jesucristo.
Una cordial bienvenida a todos los peregrinos de lengua alemana, en particular a la comunidad del Colegio de los Padres Escolapios de Illertissen. En el mes de junio veneramos de modo especial al Sacratísimo Corazón de Jesús, fuente de su inagotable amor por nosotros. Procuremos ser alegres testigos de ese amor dándolo a cuantos encontremos. Dios os bendiga a vosotros y a vuestras familias.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Pidamos a la Virgen María que nos dejemos guiar siempre por el amor de su Hijo. Que sepamos transmitir a los demás ese amor de Dios, para que se encienda en todos una esperanza nueva. Que el Señor os bendiga. Muchas gracias.
Dirijo un cordial saludo a los peregrinos de lengua portuguesa, en particular a cuantos han venido de Brasil, invitando a todos a permanecer fieles al amor de Dios que encontramos en Cristo Jesús. Él nos reta a salir de nuestro mundo pequeño y estrecho hacia el Reino de Dios y a la verdadera libertad. Que el Espíritu Santo os ilumine para que podáis llevar la Bendición de Dios a todos los hombres. Que la Virgen Madre vele sobre vuestro camino y os proteja.
Dirijo una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, en concreto a los que vienen de Oriente Medio. Queridos hermanos y hermanas, San Pablo en la Carta a los Romanos escribe: vosotros «habéis recibido el Espíritu que nos hace hijos adoptivos, por medio del cual clamamos: “Abbà, Padre!”». Mostremos la alegría de ser hijos de Dios y comportémonos como verdaderos hijos, dejando que Cristo nos transforme y nos haga como Él. Que el Señor os bendiga.
Saludo cordialmente a los polacos. San Juan Pablo II, en la Encíclica Redemptor hominis recordó: “Es hombre es para sí mismo un ser incomprensible, su vida carece de sentido, (…) si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y no lo hace propio, si no los participa vivamente” (n. 10). Recordando que el amor llama al amor, de modo más fuerte que el odio llama a la muerte, no tengamos miedo del amor y de sus exigencias. Hagámoslo grande, hermoso, responsable en nuestra vida, para que para los demás sea un rayo de esperanza. Sea alabado Jesucristo.
Doy la bienvenida a los peregrinos de lengua italiana. Saludo a los nuevos sacerdotes de la diócesis de Brescia y les animo a ser Pastores según el corazón de Dios, y a la Asociación “Caridad sin fronteras” de la diócesis de San Marino-Montefeltro con ocasión de los 20 años de actividad. Saludo a la unión italiana de ciegos de Rossano Calabro; a la Fundación Silvana Angelucci de varias regiones italianas y a la Asociación Cultural Reatium, que conmemora la figura del Papa San Zósimo. Saludo a los fieles de Corridonia, Altamura y Potenza. Un pensamiento especial a los familiares de los militares caídos en misiones de paz: estoy cerca de vosotros con el cariño, el consuelo y el ánimo.
* * *
Saludo finalmente a los jóvenes, enfermos y recién casados. Ayer recordábamos en la liturgia a San Antonio de Padua, “insigne predicador y patrono de los pobres y de os que sufren”. Queridos jóvenes, imitad su vida cristiana lineal; queridos enfermos, no os canséis de pedir a Dios Padre con su intercesión lo que necesitéis; y vosotros, queridos recién casados, en su escuela competid en el conocimiento de la Palabra de Dios.
* * *
El Santo Padre, antes de la Audiencia celebrada en la Plaza de San Pedro, dirigió unas palabras a los enfermos, reunidos en el Aula Pablo VI por motivo de las altas temperaturas:
¡Buenos días a todos! Sentaos, sentaos… Hoy haremos la audiencia en dos sitios distintos, pero estaremos unidos con la pantalla gigante, así vosotros estaréis más cómodos aquí, porque en la plaza hace mucho calor. Será un baño turco, hoy… Muchas gracias por haber venido. Y después escucharéis lo que diré, pero con el corazón unido a los que están en la Plaza: la Iglesia es así. Un grupo está aquí, otro allá, otro allá, pero todos están unidos. ¿Y quién une la Iglesia? El Espíritu Santo. Pidamos al Espírito Santo para que nos una a todos hoy, en esta audiencia: Veni, Sancte Spiritus… Padrenuestro… Dios te salve María… Y ahora os doy la bendición. Muchas gracias, y rezad por mí: ¡no lo olvidéis! Y nos seguiremos viendo…
Fuente: vatican.va / romereports.com.
Traducción de Luis Montoya.

Meditación Domingo 11º t.o. (A) Corpus Christi

 
 
Quien recibe el Cuerpo de Cristo vive en Cristo vida divina, y en comunión con los demás hombres como hermanos

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: -Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Disputaban entonces los judíos entre sí: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Entonces Jesús les dijo: -Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre” (Juan 6,51-59).

1. Gracias, Jesús, por tu carne y tu sangre que nos das "para la vida del mundo": toda tu existencia es entrega; sacrificio, para destruir la muerte; cuerpo resucitado, para manifestar la resurrección.
“Corpus Christi”, cuerpo de Cristo es el "pan de vida", de comunión contigo y con los demás: "El que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo le daré es mi carne para la vida del mundo".
Cuerpo de Cristo significa también tu Iglesia, Señor: el pueblo que tú reúnes, el descendiente de Abrahán y el heredero de las promesas. Cuerpo de Cristo somos contigo, Señor, cuando comemos de tu cuerpo muerto y resucitado: "Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre". Sólo contigo, Señor, constituimos un pueblo, un cuerpo, una Iglesia comprometida contigo para dar vida al mundo.
El que coma de este pan vivirá para siempre”. Gracias, Jesús, porque posees la vida de Dios y quieres transmitírnosla a nosotros. El que me coma vivirá gracias a mí. Ahora sí resaltas la dimensión temporalidad-eternidad. Introduces esta dimensión-realidad, insospechada y desconocida con anterioridad: No es como el pan de vuestros antepasados, que lo comieron y murieron. Sitúas la vida eterna no sólo en el más allá, sino aquí, cuando vivimos tu amor en nuestro corazón.
El pan es mi carne. Nos das que a través de esta comida hagamos nuestra la vida divina y forma comunidad con Jesús. El término carne designa la realidad humana, con todas sus posibilidades y debilidades. Nos dice el prólogo de ese Evangelio que la Palabra se hizo carne. Carne y sangre expresan la totalidad de la vida. Comer la carne y beber la sangre del Hijo del hombre es participar de la vida divina. Por eso la vida recibida es eterna. Afirmas, Señor, que sólo se puede tener vida si se participa de tu vida. La comparación con el maná ayuda a subrayar este sentido. El pan de la Eucaristía da la vida por siempre: es el pan salvífico. Así como la carne nos recuerda tu encarnación, Jesús, la sangre nos recuerda tu muerte en la cruz. Así, participar de tu vida, Señor, comporta asumir a fondo la propia humanidad, como hiciste tú, y, como tú, dar la vida por amor (J. M. Grané).

2. “Habló Moisés al pueblo y dijo: -Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no”. Es una llamada a la fidelidad, pues de Dios viene todo, y nuestra respuesta es la obediencia a su Palabra. “Él te afligió haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná -que tú no conocías ni conocieron tus padres- para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios”. Desde la nueva situación de prosperidad y de abundancia relativa, el desierto es para Israel una realidad terrible, felizmente lejana, es señal de muerte, pero también preparación, espera para fomentar en el pueblo la necesidad y esperanza de Dios. Nuestro peligro será siempre el engreimiento y la autosuficiencia, prescindir de Dios: “No sea que te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua; que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres”.
Y el Salmo insiste en la belleza de esa vida divina: “glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión, que ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti”. Ha habido épocas de desprecio de la belleza, del goce, de los placeres de la vida, del "arte"... eso no me parece la esencia del cristiano ni mucho menos, pues sólo dando realce a la vida podemos descubrir que hay una posibilidad que nos eleva todavía más: la oración, la relación con  Dios. "El aspecto más sublime de la dignidad humana, es esta vocación del hombre para  entrar en comunión con Dios" (Gaudium et spes, 19). El hombre tiene hambre de Dios. Cuando el hombre se hace las preguntas más  radicales, las fundamentales, sólo las puede resolver en Dios.
“Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina”; gracias, Señor, porque concedes a tu Iglesia el don de la Santísima Eucaristía. Como decía San Agustín: “No supo dar más, no pudo dar más, no tuvo más que dar”. Así nos cuidas, Señor.
 “…él envía su mensaje a la tierra y su palabra corre veloz. Anuncia su palabra a Jacob; sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así ni les dio a conocer sus mandatos”.

3. San Pablo destaca la exigencia de unidad que brota de la Eucaristía. Todos los que comulgan del cuerpo y la sangre de Cristo se hacen con él un solo cuerpo, comunión, como han subrayado los Padres: “¿Qué es en realidad el pan? El Cuerpo de Cristo. ¿Qué se hacen los que comulgan? Cuerpo de Cristo” (S. Juan Crisóstomo). “En este divino sacrificio, que en la Misa se realiza, se contiene e incruentamente se inmola aquel mismo Cristo que una sola vez se ofreció Él mismo cruentamente en el altar de la cruz  [Hebr. 9,27]; enseña el santo Concilio que este sacrificio es verdaderamente propiciatorio [Can. 3], y que por él se cumple que, si con corazón verdadero y recta fe, con temor y reverencia, contritos y penitentes nos acercamos a Dios, conseguimos misericordia y hallamos gracia en el auxilio oportuno [Hebr. 4, 16]. Pues aplacado el Señor por la oblación de este sacrificio, concediendo la gracia y el don de la penitencia, perdona los crímenes y pecados, por grandes que sean. Una sola y la misma es, en efecto, la víctima, y el que ahora se ofrece por el ministerio de los sacerdotes, es el mismo que entonces se ofreció a sí mismo en la cruz, siendo sólo distinta la manera de ofrecerse” (Concilio de Trento).
 “Me gustaría que, al considerar todo eso, tomáramos conciencia de nuestra misión de cristianos, volviéramos los ojos hacia la Sagrada Eucaristía, hacia Jesús que, presente entre nosotros, nos ha constituido como miembros suyos: vos estis corpus Christi et membra de membro (1 Cor 12, 27), vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros unidos a otros miembros. Nuestro Dios ha decidido permanecer en el Sagrario para alimentarnos, para fortalecernos, para divinizarnos, para dar eficacia a nuestra tarea y a nuestro esfuerzo. Jesús es simultáneamente el sembrador, la semilla y el fruto de la siembra: el Pan de vida eterna. Este milagro, continuamente renovado, de la Sagrada Eucaristía, tiene todas las características de la manera de actuar de Jesús. Perfecto Dios y perfecto hombre, Señor de cielos y tierra, se nos ofrece como sustento, del modo más natural y ordinario. Así espera nuestro amor, desde hace casi dos mil años. Es mucho tiempo y no es mucho tiempo: porque, cuando hay amor, los días vuelan.
Viene a mi memoria una encantadora poesía gallega, una de esas Cantigas de Alfonso X el Sabio. La leyenda de un monje que, en su simplicidad, suplicó a Santa María poder contemplar el cielo, aunque fuera por un instante. La Virgen acogió su deseo, y el buen monje fue trasladado al paraíso. Cuando regresó, no reconocía a ninguno de los moradores del monasterio: su oración, que a él le había parecido brevísima, había durado tres siglos. Tres siglos no son nada, para un corazón amante. Así me explico yo esos dos mil años de espera del Señor en la Eucaristía. Es la espera de Dios, que ama a los hombres, que nos busca, que nos quiere tal como somos —limitados, egoístas, inconstantes—, pero con la capacidad de descubrir su infinito cariño y de entregarnos a El enteramente. Por amor y para enseñarnos a amar, vino Jesús a la tierra y se quedó entre nosotros en la Eucaristía. Como hubiese amado a los suyos que vivían en el mundo, los amó hasta el fin (Jn 13, 1); con esas palabras comienza San Juan la narración de lo que sucedió aquella víspera de la Pascua, en la que Jesús —nos lo refiere San Pablo— tomó el pan, y dando gracias, lo partió y dijo: tomad y comed; éste es mi cuerpo, que por vosotros será entregado; haced esto en memoria mía. Y de la misma manera el cáliz, después de haber cenado, diciendo: este cáliz es el nuevo testamento de mi sangre; haced esto cuantas veces lo bebiereis, en memoria mía (1 Cor 11, 23-25)” (Josemaría Escrivá).
“El cáliz de nuestra Acción de Gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan”. Nos habla el apóstol de la caridad fraterna. Las diferencias que humillan contradicen el amor a Cristo y la unidad entre los miembros de la comunidad. Comiendo del mismo pan –decía san Agustín- nos transformamos en aquello que comemos: el hombre es asimilado por Cristo, se hace pan como él; la comunión eucarística es una transformación total de mi vida. “Esta comunión dilata el yo del hombre y crea un nuevo «nosotros». La comunión con Cristo es también y necesariamente comunicación con todos los «suyos»; así, yo me convierto en parte de este pan nuevo que El crea en la transustanciación de los seres terrenos” (Joseph Ratzinger).
Llucià Pou Sabaté


Homilía Domingo 11º t.o. (A) Corpus Christi

(Cfr. www.almudi.org)


 


(Dt 8,2-3.14b-16a) "No te olvides del Señor"
(1 Cor 10,16-17) "Formamos un solo cuerpo, porque comemos todos un mismo pan"
(Jn 6,51-58) "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo"


Ocho veces emplea Jesús el verbo comer al prometer en la sinagoga de Cafarnaúm la Eucaristía. Tal vez para despejar cualquier interpretación metafórica de sus palabras y que tuviéramos así la certeza de que en Ella está su Cuerpo, su Sangre, su Alma, su Divinidad. El Verbo que pone su tienda, su tabernáculo entre nosotros (Cfr Jn 1,14).
La Eucaristía, por la que entramos en comunión con Dios y escapamos de la muerte (Evang.), escandalizó a los discípulos de Jesús como ocurrió con el anuncio de la Pasión. La Eucaristía y la Cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio. “¿También vosotros queréis marcharos?” “Esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo Él tiene palabras de vida eterna y que acoger en la fe el don de la Eucaristía es acogerlo a Él mismo” (CEC, 1336). ¡Miremos con ojos de fe esta prueba del amor del Señor que se queda con nosotros! Porque “la palabra de Cristo -enseña S. Ambrosio-, que pudo hacer de la nada lo que no existía ¿no podría cambiar las cosas existentes en lo que no eran todavía? No es menos dar a las cosas su naturaleza primera que cambiársela”. (Myst. 9, 50.52).
En este misterio de fe y de amor está la “fuente y la cima de toda la vida cristiana” (L. G., 11). Una antigua oración confiesa bellamente esta verdad: “Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida; se celebra el memorial de su pasión; el alma se llena de gracia, y se nos da la prenda de la gloria futura!” S. Ireneo de Lyón, se hace eco de la transfiguración que se operará en nuestro cuerpo gracias a la Eucaristía: “Así como el pan que viene de la tierra, después de haber recibido la invocación de Dios, ya no es pan ordinario, sino Eucaristía, constituida por dos cosas, una terrena y otra celestial, así nuestros cuerpos que participan en la Eucaristía ya no son corruptibles, ya que tienen la esperanza de la resurrección” (Haer. 4, 18, 4-5).
“El pan que partimos ¿no nos une a todos en el Cuerpo de Cristo?” (2ª lect.) “El Cuerpo real y sacramental del Señor alimenta y hace vivir de su Espíritu al Cuerpo espiritual y social, que somos nosotros en la Iglesia... La Eucaristía se convierte en la gran fuente del amor fraterno... Incluso de aquel prójimo que carece todavía de comunión de fe, de esperanza, de caridad, de unión eclesial” (Pablo VI).
“Jesús no es una idea ni un sentimiento ni un recuerdo. Jesús es una persona viva siempre y presente entre nosotros. Amad a Jesús presente en la Eucaristía” (Juan Pablo II). “Os diré que para mí el Sagrario ha sido siempre Betania, el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones y nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro” (S. Josemaría Escrivá).

15 junio 2017

Catequesis en español del Papa Francisco 14/06/2017 HD

“Muchas personas hoy buscan una visibilidad sólo para colmar un vacío
interior, pero ¿se imaginan un mundo en el que todos mendigan razones
para suscitar la atención de los demás, y nadie está dispuesto, en
cambio, a querer gratuitamente a otra persona?” Fue la primera pregunta
que planteó el Papa Francisco en la catequesis del miércoles 14 de
junio, para desarrollar su reflexión sobre la esperanza cristiana.
Nuestra esperanza se basa en la certeza de ser hijos de Dios, queridos y
deseados por Él, explicó el Obispo de Roma. Pero, ¿es posible que Dios
tenga algunos hijos que no ame?, planteó. “No. Todos somos hijos amados
por Dios. No hay ninguna maldición sobre nuestra vida, sino sólo una
benévola palabra de Dios, que hizo surgir nuestra existencia de la
nada”.

Procesión del Corpus Christi, Toledo 26 05 2016

Procesión del Corpus Christi, realizada por la calles de Toledo el jueves día 26 de mayo de 2016

11 junio 2017

Desde Guatemala: ¡Gracias Manos Unidas!

En Manos Unidas llevamos 30 años apoyando proyectos de desarrollo en
Guatemala. En este vídeo los niños y niñas de Comunidad Esperanza (http://laciudaddelaesperanza.org)
y campesinos indígenas de Alta Verapaz han aprendido a guiñar para
enviar a los colaboradores de Manos Unidas un mensaje de amistad y
agradecimiento.