Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

19 mayo 2017

Manos Unidas y los misioneros: Rosina de los Reyes, Mercedaria de Berriz...

Rosina de los Reyes, Mercedaria de Berriz, República Democrática del
Congo. El problema en la zona donde ella vive es la extrema riqueza de
diamantes que hay en la zona y que causa pobreza en los habitantes que
son expulsados de sus tierras. Gracias a Manos Unidas es se ha
construido un centro de acogida, apoyo y reinserción de niños
abandonados en la calle y ocuparse de sus enfermedades en un centro de
salud.
http://www.manosunidas.org
#NoSonHeroes

LIBRO DE LA SEMANA (19 May): Fuego en el Misisipi

(Cfr. www.libroslibres.com)

 


20,00
Tras el éxito de El héroe del Caribe e Invencibles, Pérez-Foncea vuelve con una novela histórica sobre los españoles en la independencia de USA 

Editorial: LIBROSLIBRES
ISBN: 9788415570677 Categorías: , , ,

Una novela que trata la intervención de España en la independencia de USA

La participación española en la independencia de Estados Unidos fue decisiva desde el punto de vista militar (librando entre otras la importante batalla de Pensacola), económico (abonando los sueldos a los marineros norteamericanos y franceses cara al crucial combate naval de Chesapeake) y logístico (controlando la navegación del Misisipi en el estado de Luisiana, donde era gobernador Bernardo de Gálvez).
Precisamente en Nueva Orleans y como espía al servicio de Gálvez sitúa J. Pérez-Foncea al protagonista de esta novela, un joven que conocerá el amor en una joven de la alta sociedad local al tiempo que se involucra en la defensa de los intereses de España a conciencia de los riesgos que le tocará correr…
J. Pérez-Foncea (San Sebastián, 1965), abogado y escritor, destaca en el ámbito de la narrativa épica juvenil con la trilogía de Iván de Aldénuri (La herencia del Bèrehor, El asedio de Muihl-Athern, El bosque de los Thaurroks), traducida al inglés, y con la novela Thúval. También saldó con éxito su incorporación a la novela histórica con El héroe del Caribe, consagrada a Blas de Lezo y su heroica defensa de Cartagena de Indias contra los ingleses, e Invencibles, sobre las victorias españolas que sucedieron a la derrota a la Armanda Invencible. Asimismo es autor de la novela negra Muerte en el rompeolas.

PELICULA DE LA SEMANA (19 May): Maravillosa familia de Tokio

(Cfr. www.almudi.org)

  
Maravillosa familia de Tokio

  • Público apropiado: Jóvenes
  • Valoración moral: Adecuada
  • Año: 2016
  • País: Japón
  • Dirección: Yôji Yamada
 
 
Contenidos: ---
Reseña: 
Tomiko y Shuzo llevan casados más de 50 años. En el cumpleaños de Tomiko, su marido le pregunta qué es lo que quiere como regalo. Ella responde: "El divorcio". Sus hijos entran en estado de pánico al saber que su madre se quiere separar. En medio del repentino lío familiar, cada uno de los hijos expone su punto de vista en un caos generalizado.
Y es que de nuevo se manejan mimbres parecidos a Cuentos de Tokio, variaciones sobre el mismo tema, para pintar con delicadeza e inteligencia la complejidad de las relaciones humanas. Aparte de que se cita explícitamente la obra maestra de Ozu.
Precisamente, la dificultad de las relaciones conyugales y en pareja es el leit-motif de este nuevo film inspirado por el paradigma Ozu, pero en esta ocasión con un importante y novedoso tono de comedia, que retrotrae a los inicios de la carrera de Yamada, cuando era un habitual frecuentador del género. Aunque la idea de una ruptura sea un drama, Yamada e Hiramatsu se las arreglan para mostrar lo ridículo de algunos comportamientos, manteniendo una distancia, con mirada divertida, e hilando la narración con una facilidad deslumbrante, hasta jugando con la idea de la narrativa de ficción en un curso de escritura al que acude Tomiko.
Hay una gran sabiduría en la narración, que revela un hondo conocimiento del ser humano, al atrapar los pequeños detalles que pueden ir minando lo que tiempo atrás era amor ilusionado e indiscutible. Los actores están maravillosos. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Poner ilusión

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Hay que dejar de ser cenizo, triste y negativo, porque con ese tipo de gente es metafísicamente imposible hacer nada animante, alegre y positivo 

Hace tiempo, en el AVE, pusieron una película. Tomé nota del título. O quizá fue algo que dijo uno de los protagonistas. No me acuerdo. Hoy encuentro el apunte:
“Aquí acaba el mundo. ¿O hay algo más?”

Hablando del mundo: me encuentro con un amigo. Está enfadado con el mundo, y dice que “no hay derecho”. Esta actitud le convierte en una persona amargada, porque, tal y como están las cosas, arreglarlas del todo es una tarea imposible.

Tal y como están las cosas, tal y cómo estaban, tal y como estarán. Porque hace falta ser muy incauto para creerse que lo que pasa ahora no ha pasado nunca. Y más incauto creer que enfadarse sirve para algo, excepto para ahondar en la úlcera de estómago que te detectaron en la última revisión.

Por cierto, hace poco me hice una revisión. Cuando se lo dije a ese amigo, me riñó: “¡No vayas! ¡Siempre encuentran algo!” Fui, me revisaron a fondo… y no encontraron nada. No me he atrevido a contárselo a mi amigo, por si me pega bronca.

La contestación a la pregunta de la película del AVE, es, sin ninguna duda: “el mundo no se acaba aquí. Sí, hay algo más”.

Lo que pasa es que hay que dejar de ser cenizo, triste y negativo, porque con ese tipo de gente es metafísicamente imposible hacer nada animante, alegre y positivo.

Ya sé que las cosas están difíciles, pero eso no nos autoriza a “cerrar la tienda”, tentación que, en teoría, solo sufren los viejos y en la práctica, los no tan viejos. Dicen que el saber ocupa lugar y que ya no les cabe más. O que han visto tantas cosas que están seguros de que ya no hay nada nuevo. No quieren saber nada, según dicen.

Digo “según dicen”, porque cuando ven algo malo, da la impresión de que se alegran. Si el que lo ha hecho es joven, lo achacan a “la juventud”. Si es viejo, dicen que “parece mentira” y si la actuación de una persona ha sido limpia, sonríen mostrando un colmillo retorcido y dicen: “por ahora. Ya sé verá más adelante”.

Pues eso. Que esta época y la de antes y la de después necesitan gente que estén dispuestos a ser jóvenes “de los buenos”, de los que se ilusionan por las cosas, de los que dicen que el mundo no se acaba, ni aquí, ahora, ni después, por aquello de “un nuevo cielo y una nueva tierra”, del Apocalipsis.
Entre paréntesis. No me gusta hablar de los “corruptos”, como si fuese un estado fijo y definitivo. Prefiero pensar que alguien ha hecho mal una cosa o muchas cosas. Me parece que llamarle “corrupto” es ponerle una etiqueta, condenándole a la imposibilidad de arreglar su vida, o sea, de comenzar y recomenzar. Y esa posibilidad la tenemos todos, gracias a Dios. Y bastantes la aprovechan, aunque no me atreva a decírselo a mi amigo.
Por lo de la bronca.

Leopoldo Abadía, en lavanguardia.com.

Meditación Domingo 6º Pascua (A)

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Jesús anuncia el Espíritu Santo, que continúa su vida en nosotros, hemos de llevar su presencia amorosa y dar razón de nuestra esperanza

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros. Todavía un poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis porque yo vivo y también vosotros viviréis. En aquel día conoceréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él» (Juan 14, 15-21).

1. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.” El amor se muestra con el querer la voluntad de Dios, manifestada en sus mandatos: la obediencia. Si estamos en manos de Dios, si queremos complacer a nuestro Padre con la obediencia, ¿qué nos puede preocupar? Estaremos contentos de que todo será para bien.
En el clima de intimidad de la última Cena nos dice Jesús también lo mismo al revés, «el que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama». Esto ha dado pie a que se piense que el amor está sólo en el cumplimiento. Pero el Evangelio dice más cosas… También algunos piensan lo que me decía un sacerdote: “cuando salió el Código de Derecho Canónico lo puse en la estantería tapado por otros libros… la ley mata, ahoga”… son los que piensan que quita libertad. Pero sin ley, falta justicia… Lo verdaderamente cristiano es la anulación de fronteras entre lo personal y lo preceptivo: «Ama y haz lo que quieras». La obediencia «guarda», «observa», «cumple»: el amor cristiano se hace actitud, seguimiento. La adhesión no suele hacer distinciones entre quien manda o lo que se manda. Ni es tampoco obediencia ciega, porque es fruto de la madurez y de la convicción. "Jesús no tiene necesidad de nuestras obras, sino solamente de nuestro amor" (Teresa de Lisieux).
“…Y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce”; es la promesa de otro Defensor: el Espíritu de la verdad: “no os dejaré desamparados, volveré”. Nos acercamos a la fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo: “vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros”. Y en esta nueva venida Jesús revela nuestra unión con el Padre: “Sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros”. “Allí donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y allí donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracia (San Ireneo, haer. 3, 24, 1)"
“Todavía un poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis porque yo vivo y también vosotros viviréis”. Se refiere Jesús a vivir como él, en cuerpo glorioso. Pero también a tener ya esta vida, por el Espíritu: “en aquel día conoceréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros”. Es el misterio profundo de la vida en Dios.
A veces parece que Dios calla, que nos deja solos. ¿Qué podemos hacer? Pienso que podemos ir adelante, en medio de la oscuridad, con la luz que hay en el recuerdo, en el corazón… y se va haciendo la luz, al prepararnos a recibirla por esa obediencia en la fe, en el amor: «el que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él».
Te pedimos, Señor: ¡envíanos el Espíritu de fortaleza, a fin de combatir, en nosotros y en torno de nosotros, valerosamente contra el mal! ¡Envíanos el Espíritu de intrepidez, con el que los apóstoles comparecieron ante reyes y gobernantes y te confesaron! ¡Envíanos el Espíritu de paciencia, a fin de que en todas nuestras pruebas nos mostremos como fieles siervos tuyos! ¡Envíanos el Espíritu de alegría, a fin de sentimos dichosos de ser hijos del Padre del cielo! Y, finalmente, ¡envíanos el Espíritu Santo, Paráclito (consolador), a fin de no desfallecer en este mundo, sino que nos alegremos de tu divina cercanía! ¡Qué nos alegremos de tu divina cercanía!

2. “En el nombre del Señor Jesús” los apóstoles evangelizaban con muchos signos y prodigios. “Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”. En la entrada cantamos: «Con gritos de júbilo, anunciadlo y proclamadlo; publicadlo hasta el confín de la tierra. Decid: “El Señor ha redimido a su pueblo”. Aleluya» (Is 48,20). Aquella pregunta de Pilato sobre qué es la verdad, se resuelve en Jesús, la Verdad, al que pedimos hoy: “el Espíritu Santo, que procede de ti, Señor,  ilumine nuestras mentes y nos dé a conocer toda la verdad como lo prometió Jesucristo tu Hijo; haciendo morada en nosotros nos convierta en templos de su gloria; nos haga ante el mundo testigos valientes del Evangelio; y nos lleve a la unidad de la fe y nos fortalezca con su amor; así contribuiremos a que la Iglesia, Cuerpo de Cristo, alcance su plenitud” (Colecta de la Confirmación).
Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria (…) Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres”: la obra de Dios es la obra admirable que ha realizado en medio de los hombres. La ha realizado en Jesucristo, crucificado y resucitado. Dios la ha realizado por medio de Él, que se hizo obediente hasta la muerte de cruz, y con esta obediencia nacida del amor hacia el Padre y hacia los hombres venció la muerte y reveló la vida en toda su definitiva verdad y realidad.
“Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente. Fieles de Dios, venid a escuchar; os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica”. Es un canto a la redención, Jesús ha hecho vida la pascua, paso de la muerte a la Resurrección. Jesús es el nuevo Israel, el hombre universal; así como el pueblo judío tuvo que atravesar el Mar Rojo y el Jordán, así también Jesús fue "purificado en el crisol de la Pasión". Nadie mejor que El ofreció un "sacrificio de acción de gracias". Nadie mejor que El invitó a todo el universo a asociarse a su eucaristía.

3. “Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere”: si el mundo nos mira y espera de nosotros algo más, un signo, una señal  para ver, hemos de transparentar a Jesús, dar razón de nuestra esperanza: que no es dar razones para atraer a los otros a nuestra  causa, sino vivir con esperanza, esperando a pesar de todo, sin dejarnos embaucar por el  dinero y las posibilidades que él abre, para que nuestra vida sea la mejor denuncia frente al  egoísmo y la indiferencia del mundo. Para que nuestra solidaridad cuestione la insolidaridad  y el rabioso individualismo que degrada la vida y desestabiliza la sociedad. No podemos dar razón de nuestra esperanza con buenas palabras. Sólo el testimonio, el compromiso con los que sufren y se ven marginados, puede hacer  recapacitar a este mundo deshumanizado e insolidario. Para que el mundo crea, hace falta  que los creyentes vivamos ejemplarmente de acuerdo con la fe que confesamos. Y según  esa fe, todos los hombres somos hermanos, sobre todo los más débiles, los que sufren, los  enfermos, los disminuidos, los deficientes, los toxicómanos, los olvidados de la sociedad (“Eucaristía 1990”).
“…pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo”: la verdad no se impone, se propone y ha de hablar no por ser aclamada con gritos y represión, sino por la fuerza de la misma verdad, así como yo la acepto: porque me da la gana, así hay que respetar la libertad de las conciencias. Ya sabemos que hoy apenas si se cree en el cielo; que hay moda de inventar cielos de ciencia ficción en lugar de entrar en el misterio de la esperanza del  cielo. Pero es que –aparte de que es más fácil aparentemente vivir sin compromiso moral- la idea que se han hecho del cielo quizá no es muy bonita, es imprescindible que la  esperanza del cielo tenga verosimilitud a partir de la vida de los creyentes. Quizá las palabras sobre el cielo no las pronunciamos encendidas, o despreciamos la unión de alma y cuerpo, espíritu y mundo, y sólo hablamos de un “más allá”, poniendo lo negativo de este mundo al que hemos de amar pues es un regalo de Dios, y la Redención se realiza en esta realidad, la Encarnación no sustituye la naturaleza sino que la perfecciona. Y nos hemos desinteresado de este mundo despreciado  como material, en la perspectiva de otro mundo espiritual e increíble.
Y sigue diciendo el Apóstol: “que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.
Porque también Cristo murió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu”. Pedimos a Jesús, por intercesión de Santa María Virgen, dejarnos querer por Dios, dejarnos llevar a la salvación.
Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 6º Pascua (A)

(Cfr. www.almudi.org)


 
 


 Homilía basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
«El Espíritu vive con nosotros y está en nosotros»

I. LA PALABRA DE DIOS
Hch 8,5-8.14-17: «Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo»
Sal 65,1-7.16.20: «Aclama al Señor, tierra entera»
1P 3,15-18: «Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu»
Jn 14,15-21: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor»

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
Ahora es aceptado incluso por quienes no habían sido admitidos por Israel. El Espíritu sólo se da, según San Lucas, a quienes están en comunión con los Doce.
 
Todo el discurso de la última Cena respira en Juan un clima de intimidad personal, propio de quien abre el corazón a sus amigos. En el versículo 15, pone Juan el amor como condición para cumplir con los preceptos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos»; y en el versículo 21, exactamente al revés: «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama». Lo verdaderamente cristiano es la anulación de fronteras entre lo personal y lo preceptivo «Ama y haz lo que quieras».
 
El amor no es condición para el decreto. La obediencia «guarda», «observa», «cumple»: el amor cristiano se hace actitud, seguimiento. La adhesión no suele hacer distinciones entre quien manda o lo que se manda. Ni es tampoco obediencia ciega, porque es fruto de la madurez y de la convicción.

III. SITUACIÓN HUMANA
Hay importantes sectores de la sociedad que creen que las leyes oprimen, quitan libertad, que destruyen la creatividad humana. Se convierten así en algo insoportable, de lo que hay que liberarse cuanto antes. Los que creen en la ley como cauce de convivencia la cumplen sin agobios, sin conciencia gregaria, con la seguridad del bien común que de ese cumplimiento se sigue.

IV. LA FE DE LA IGLESIA
La fe
– Promesa del Espíritu Santo: "Por fin llega la Hora de Jesús: Jesús entrega su espíritu en las manos del Padre en el momento en que por su Muerte es vencedor de la muerte, de modo que, «resucitado de los muertos por la Gloria del Padre» (Rm 6,4), enseguida da a sus discípulos el Espíritu Santo dirigiendo sobre ellos su aliento. A partir de esta hora, la misión de Cristo y del Espíritu se convierte en la misión de la Iglesia: «Como el Padre me envió, también yo os envío»" (730; cf 729).
 
– La misión del Espíritu Santo en la Liturgia de la Iglesia: 1112.

La respuesta
– El Espíritu Santo, el principio de la vida de la Iglesia: "El Espíritu Santo es «el principio de toda acción vital y verdaderamente saludable en todas las partes del cuerpo». Actúa de múltiples maneras en la edificación de todo el Cuerpo en la caridad: por la Palabra de Dios, «que tiene el poder de construir el edificio» (Hch 20,32), por el Bautismo mediante el cual forma el Cuerpo de Cristo, por los sacramentos que hacen crecer y curan a los miembros de Cristo; por «la gracia concedida a los apóstoles» que «entre estos dones destaca», por las virtudes que hacen obrar según el bien, y por las múltiples gracias especiales [llamadas «carismas»] mediante las cuales los fieles quedan «preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir más y más la Iglesia»" (798).

El testimonio cristiano

– "En efecto, es a la misma Iglesia, a la que ha sido confiado el «Don de Dios» ...Es en ella donde se ha depositado la comunión con Cristo, es decir el Espíritu Santo, arras de la incorruptibilidad, confirmación de nuestra fe y escala de nuestra ascensión hacia Dios ...Porque allí donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y allí donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracia (San Ireneo, haer. 3, 24, 1)" (797). Cuando el seguimiento de Jesús, fruto de la fe en Él, fructifica, toda la vida del cristiano «transparenta» a Jesús. Y como seguir a Jesucristo no conoce límites ni fronteras, siempre nos exigirá más.

18 mayo 2017

Alguien está orando por mí Album completo - HERMANA GLENDA OFICIAL

. Y entonces escuché una voz en mi interior, clara y profunda: "estas
sintiendo este gozo y esta paz, porque alguien, en este momento, está
orando por ti". El Señor está esperando regalarte estas y muchas más
experiencias de su presencia y amor. Hna. Glenda

17 mayo 2017

Catequesis en español del Papa Francisco 17/05/2017 HD

En la Audiencia General del 17 de mayo el Papa Francisco siguió con sus
reflexiones sobre la esperanza cristiana, y lo hizo centrándose en la
figura de María Magdalena, la primera persona en ver a Jesús Resucitado.
Después de la muerte de Jesús y tan pronto como el descanso del sábado
lo permitió, ella, fiel a su amor por el Señor, va al sepulcro para
cumplir los ritos fúnebres. Al llegar, ve que alguien había removido la
piedra que estaba en la puerta del sepulcro, y piensa que robaron el
cuerpo de Jesús.

14 mayo 2017