Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

19 mayo 2017

Meditación Domingo 6º Pascua (A)

(Cfr. www.almudi.org)


 
 
Jesús anuncia el Espíritu Santo, que continúa su vida en nosotros, hemos de llevar su presencia amorosa y dar razón de nuestra esperanza

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros. Todavía un poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis porque yo vivo y también vosotros viviréis. En aquel día conoceréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él» (Juan 14, 15-21).

1. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.” El amor se muestra con el querer la voluntad de Dios, manifestada en sus mandatos: la obediencia. Si estamos en manos de Dios, si queremos complacer a nuestro Padre con la obediencia, ¿qué nos puede preocupar? Estaremos contentos de que todo será para bien.
En el clima de intimidad de la última Cena nos dice Jesús también lo mismo al revés, «el que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama». Esto ha dado pie a que se piense que el amor está sólo en el cumplimiento. Pero el Evangelio dice más cosas… También algunos piensan lo que me decía un sacerdote: “cuando salió el Código de Derecho Canónico lo puse en la estantería tapado por otros libros… la ley mata, ahoga”… son los que piensan que quita libertad. Pero sin ley, falta justicia… Lo verdaderamente cristiano es la anulación de fronteras entre lo personal y lo preceptivo: «Ama y haz lo que quieras». La obediencia «guarda», «observa», «cumple»: el amor cristiano se hace actitud, seguimiento. La adhesión no suele hacer distinciones entre quien manda o lo que se manda. Ni es tampoco obediencia ciega, porque es fruto de la madurez y de la convicción. "Jesús no tiene necesidad de nuestras obras, sino solamente de nuestro amor" (Teresa de Lisieux).
“…Y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce”; es la promesa de otro Defensor: el Espíritu de la verdad: “no os dejaré desamparados, volveré”. Nos acercamos a la fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo: “vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros”. Y en esta nueva venida Jesús revela nuestra unión con el Padre: “Sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros”. “Allí donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y allí donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracia (San Ireneo, haer. 3, 24, 1)"
“Todavía un poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis porque yo vivo y también vosotros viviréis”. Se refiere Jesús a vivir como él, en cuerpo glorioso. Pero también a tener ya esta vida, por el Espíritu: “en aquel día conoceréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros”. Es el misterio profundo de la vida en Dios.
A veces parece que Dios calla, que nos deja solos. ¿Qué podemos hacer? Pienso que podemos ir adelante, en medio de la oscuridad, con la luz que hay en el recuerdo, en el corazón… y se va haciendo la luz, al prepararnos a recibirla por esa obediencia en la fe, en el amor: «el que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él».
Te pedimos, Señor: ¡envíanos el Espíritu de fortaleza, a fin de combatir, en nosotros y en torno de nosotros, valerosamente contra el mal! ¡Envíanos el Espíritu de intrepidez, con el que los apóstoles comparecieron ante reyes y gobernantes y te confesaron! ¡Envíanos el Espíritu de paciencia, a fin de que en todas nuestras pruebas nos mostremos como fieles siervos tuyos! ¡Envíanos el Espíritu de alegría, a fin de sentimos dichosos de ser hijos del Padre del cielo! Y, finalmente, ¡envíanos el Espíritu Santo, Paráclito (consolador), a fin de no desfallecer en este mundo, sino que nos alegremos de tu divina cercanía! ¡Qué nos alegremos de tu divina cercanía!

2. “En el nombre del Señor Jesús” los apóstoles evangelizaban con muchos signos y prodigios. “Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”. En la entrada cantamos: «Con gritos de júbilo, anunciadlo y proclamadlo; publicadlo hasta el confín de la tierra. Decid: “El Señor ha redimido a su pueblo”. Aleluya» (Is 48,20). Aquella pregunta de Pilato sobre qué es la verdad, se resuelve en Jesús, la Verdad, al que pedimos hoy: “el Espíritu Santo, que procede de ti, Señor,  ilumine nuestras mentes y nos dé a conocer toda la verdad como lo prometió Jesucristo tu Hijo; haciendo morada en nosotros nos convierta en templos de su gloria; nos haga ante el mundo testigos valientes del Evangelio; y nos lleve a la unidad de la fe y nos fortalezca con su amor; así contribuiremos a que la Iglesia, Cuerpo de Cristo, alcance su plenitud” (Colecta de la Confirmación).
Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria (…) Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres”: la obra de Dios es la obra admirable que ha realizado en medio de los hombres. La ha realizado en Jesucristo, crucificado y resucitado. Dios la ha realizado por medio de Él, que se hizo obediente hasta la muerte de cruz, y con esta obediencia nacida del amor hacia el Padre y hacia los hombres venció la muerte y reveló la vida en toda su definitiva verdad y realidad.
“Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente. Fieles de Dios, venid a escuchar; os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica”. Es un canto a la redención, Jesús ha hecho vida la pascua, paso de la muerte a la Resurrección. Jesús es el nuevo Israel, el hombre universal; así como el pueblo judío tuvo que atravesar el Mar Rojo y el Jordán, así también Jesús fue "purificado en el crisol de la Pasión". Nadie mejor que El ofreció un "sacrificio de acción de gracias". Nadie mejor que El invitó a todo el universo a asociarse a su eucaristía.

3. “Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere”: si el mundo nos mira y espera de nosotros algo más, un signo, una señal  para ver, hemos de transparentar a Jesús, dar razón de nuestra esperanza: que no es dar razones para atraer a los otros a nuestra  causa, sino vivir con esperanza, esperando a pesar de todo, sin dejarnos embaucar por el  dinero y las posibilidades que él abre, para que nuestra vida sea la mejor denuncia frente al  egoísmo y la indiferencia del mundo. Para que nuestra solidaridad cuestione la insolidaridad  y el rabioso individualismo que degrada la vida y desestabiliza la sociedad. No podemos dar razón de nuestra esperanza con buenas palabras. Sólo el testimonio, el compromiso con los que sufren y se ven marginados, puede hacer  recapacitar a este mundo deshumanizado e insolidario. Para que el mundo crea, hace falta  que los creyentes vivamos ejemplarmente de acuerdo con la fe que confesamos. Y según  esa fe, todos los hombres somos hermanos, sobre todo los más débiles, los que sufren, los  enfermos, los disminuidos, los deficientes, los toxicómanos, los olvidados de la sociedad (“Eucaristía 1990”).
“…pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo”: la verdad no se impone, se propone y ha de hablar no por ser aclamada con gritos y represión, sino por la fuerza de la misma verdad, así como yo la acepto: porque me da la gana, así hay que respetar la libertad de las conciencias. Ya sabemos que hoy apenas si se cree en el cielo; que hay moda de inventar cielos de ciencia ficción en lugar de entrar en el misterio de la esperanza del  cielo. Pero es que –aparte de que es más fácil aparentemente vivir sin compromiso moral- la idea que se han hecho del cielo quizá no es muy bonita, es imprescindible que la  esperanza del cielo tenga verosimilitud a partir de la vida de los creyentes. Quizá las palabras sobre el cielo no las pronunciamos encendidas, o despreciamos la unión de alma y cuerpo, espíritu y mundo, y sólo hablamos de un “más allá”, poniendo lo negativo de este mundo al que hemos de amar pues es un regalo de Dios, y la Redención se realiza en esta realidad, la Encarnación no sustituye la naturaleza sino que la perfecciona. Y nos hemos desinteresado de este mundo despreciado  como material, en la perspectiva de otro mundo espiritual e increíble.
Y sigue diciendo el Apóstol: “que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.
Porque también Cristo murió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu”. Pedimos a Jesús, por intercesión de Santa María Virgen, dejarnos querer por Dios, dejarnos llevar a la salvación.
Llucià Pou Sabaté

No hay comentarios: