Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

03 febrero 2017

La conversión ecológica de los cristianos

(Cfr. www.almudi.org)

 

 
 
“Hoy como nunca la tierra está siendo maltratada y saqueada, especialmente en detrimento de los pobres”

Un año más se han celebrado las Jornadas de Cuestiones Pastorales de Castelldaura (Premià de Dalt). En esta edición, la número 52, se ha reflexionado sobre La conversión ecológica, una exigencia de la fe. Las diferentes ponencias tuvieron como trasfondo la encíclica del papa Francisco Laudato si´. El arzobispo emérito de Palermo (Italia), el cardenal Salvatore De Giorgi, fue el encargado de pronunciar la primera conferencia sobre Historia del pensamiento ecológico dentro de la Iglesia.
Rosa María Jané Chueca entrevista, para Catalunya cristiana al cardenal arzobispo emérito de Palermo, con este motivo.
¿Existe la conciencia de que es necesaria la conversión ecológica? ¿Cómo se logra?
Por desgracia, entre los cristianos todavía no se ha dado una verdadera conversión ecológica, porque en el pasado la catequesis no ha tratado suficientemente el aspecto doctrinal y moral del problema ecológico, si bien directa o indirectamente lo han puesto de relieve Pablo VI en la carta apostólica Octogesima adveniens, Juan Pablo II en su encíclica Centesimus annus y Benedicto XVI en la encíclica Caritas in veritate. Especialmente el papa Francisco con la publicación de la encíclica Laudato si´, donde insiste con fuertes motivaciones de fe sobre la exigencia de la conversión ecológica.
¿Cómo hacerlo? Dando a conocer la encíclica y hacer propias estas motivaciones, tomando conciencia de estas convicciones, de estas actitudes, de estos nuevos estilos.
Se habla de san Francisco de Asís como del primer santo ecologista, ¿antes de él, en la Iglesia, no existía este pensamiento ecológico?
Ciertamente la atención ecológica estaba presente en el magisterio de la Iglesia antes de san Francisco. Pero en el santo de Asís era vivísima. Como ha precisado el papa Francisco en su encíclica, san Francisco no solo ha sido el cantor contemplativo de la tierra, «nuestra madre», sino que pone de relieve que son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia para los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.
Otro Francisco, el papa Bergoglio, se ha convertido en un referente de la ecología, ¿por qué una encíclica como Laudato si´ en este momento?
Porque hoy como nunca la tierra, «nuestra casa común», está siendo maltratada y saqueada, especialmente en detrimento de los pobres y de todos los descartados del mundo, y cuyos gemidos se unen a los de la naturaleza, pero no son escuchados por los responsables de la vida pública, ni por las personas individuales, incluidos, por desgracia, los creyentes, que presentan actitudes desde la negación del problema, a la indiferencia, a la renuncia cómoda o la fe ciega en las soluciones técnicas. Por eso hay que cambiar de rumbo, una posibilidad en la que el Papa confía.
¿Cuál está siendo el impacto de la Laudato si´?
La encíclica ha tenido una amplia resonancia no solo en la Iglesia, en la que ha sido escuchada con un amplísimo consenso, sino en todo el mundo donde también ha habido reservas y objeciones, especialmente por aquellos que, hombres de ciencia, prefieren las soluciones técnicas, el paradigma técnico-económico.
¿Qué añade la visión cristiana a la ecología?
Como ha desarrollado ampliamente el Papa en el segundo capítulo, a la luz de la fe, de la tradición bíblica del Antiguo y del Nuevo Testamento, se incluye la riqueza cultural y moral en la tremenda responsabilidad del hombre hacia la creación, el vínculo íntimo entre todas las criaturas y el hecho de que la naturaleza es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos.
¿Nuestra sociedad ha desarrollado una mentalidad ecológica olvidando a la persona humana?
Desgraciadamente es así. Por eso es necesaria una conversión a la ecología integral y a la ecología humana, el redescubrimiento de una íntima conexión entre la naturaleza y la humanidad, una ecología integral que en sus diversas dimensiones comprenda el lugar específico que cada ser humano ocupa en ese mundo y su relación con la realidad que le rodea.
«...y vio Dios que era bueno» nos dice el Génesis. ¿Cómo corresponder a esta bondad de Dios?
Reconociendo con gratitud en la oración y en la contemplación todo lo que la bondad de Dios Creador nos ha dado, con el esfuerzo para custodiar la naturaleza, protegerla, cultivarla, embellecerla, mejorarla con fuerte responsabilidad social y, sobre todo, moral.
La crisis ecológica, ¿es un problema moral?
Indudablemente. Lo afirmaba el papa Benedicto XVI. Lo ha reafirmado el papa Francisco. Pero ya lo había expresado claramente Juan Pablo II: «El auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y presupone el pleno respeto por la persona humana».
Ante el cambio climático, ¿qué esperanza ofrece la Iglesia?
Ofrece la esperanza de la posibilidad y de la necesidad de un cambio de rumbo, de una verdadera conversión ecológica si se ponen en práctica las líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana que el papa Francisco ha indicado en el sexto capítulo de la encíclica: liberarse de la esclavitud del consumismo compulsivo que intenta abrumarnos con compras y gastos innecesarios y de toda forma de egoísmo que aumenta la codicia. También comprar siempre es un acto moral, además de económico.
El Papa ha precisado que en relación al cambio climático y sus causas, objetos de debate en el campo científico, la Iglesia no interviene, pero recuerda que la actividad humana es uno de los factores del cambio climático y que ello implica una grave responsabilidad moral para hacer todo lo que esté en nuestra mano para reducir nuestro impacto y para evitar los efectos adversos sobre la naturaleza y sobre los pobres.
¿La ecología se está convirtiendo en una nueva religión?
No. Es la religión la que ofrece a la ecología una contribución original de naturaleza espiritual y de origen trascendente; que invita a aquella conversión interior y exterior, personal, familiar y social que todos buscamos y de la que todos somos responsables, obrando aquel salto hacia el Misterio del que la ética religiosa saca su sentido más profundo.
Entrevista de Rosa María Jané Chueca, en catalunyacristiana.cat.

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