Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

29 octubre 2016

Catequesis en español del Papa Francisco 26/10/2016 HD

“En algunas partes del mundo surgen muros y barreras. A veces parece que
la obra silenciosa de muchos hombres y mujeres que, de diversos modos,
se ofrecen para ayudar y asistir a los prófugos y a los migrantes sea
opacada por el murmullo de otros que dan voz a un instintivo egoísmo”,
con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General de
este miércoles 26 de octubre, el significado de las Obras de
Misericordia corporales de acoger al extranjero y vestir al desnudo.

28 octubre 2016

LIBRO DE LA SEMANA (28 Oct): Te esperaré en la Alcazaba

(Cfr. www.critecriaclub.es)

Te esperaré en la Alcazaba
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Este libro es la historia contada por un muchaho por la villa de Zújar sobre lo que pudo pasar y sentir una familia moriscas de las muchas que vivieron en ese lugar a finales del siglo XVI y finales del XVII, Lo que debieron sufrir al verso obligados al destierro , imaginar como serian sus vidas en los años anteriores a su expulsión y, lo que es peor, pensar por ellos en el momento que fueron obligados a dejar lo que sus manos habían convertido en un vergel, a través de los siglos: su tierra.

PRECIO

La belleza de la experiencia cristiana de la familia

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 
El Papa ha denunciado el esfuerzo de la cultura moderna por eliminar las diferencias entre hombre y mujer, cuya alianza no se puede sustituir por otras relaciones

La belleza del diseño de Dios sobre el matrimonio y la misericordia para con las familias heridas, los desafíos de las nuevas tecnologías y la desconcertante ideología de Género, fueron los temas afrontados por Francisco durante la Audiencia a los miembros del Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, con ocasión de la apertura del nuevo año académico.

Texto del discurso del Santo Padre

Excelencia Reverendísima, Monseñor Presidente, gentiles Profesores, queridos alumnos, estoy particularmente contento por inaugurar junto a vosotros este nuevo Año Académico del Pontificio Instituto Juan Pablo II, el 35º desde su fundación. Agradezco al Gran Canciller, Su Excelencia Mons. Vincenzo Paglia, y al Presidente, Mons. Pierangelo Sequeri, sus palabras, y extiendo mi reconocimiento también a todos los que han estado al frente del Instituto.

1. La clarividente intuición de San Juan Pablo II, que fuertemente quiso esta institución académica, hoy puede ser aún mejor reconocida y apreciada en su fecundidad y actualidad. Su sabio discernimiento de los signos de los tiempos devolvió con vigor la atención de la Iglesia, y de la misma sociedad humana, a la profundidad y delicadeza de los lazos que se generan a partir de la alianza conyugal del hombre y la mujer. El desarrollo que el Instituto ha tenido en los cinco continentes confirma la validez y el sentido de la forma “católica” de su programa. La vitalidad de este proyecto, que ha generado una institución de tan alto perfil, anima a realizar ulteriores iniciativas de coloquio e intercambio con todas las instituciones académicas, también las que pertenecen a áreas religiosas y culturales diversas, que hoy están comprometidas en reflexionar sobre esta delicadísima frontera de lo humano.

2. En la coyuntura actual, los vínculos conyugales y familiares están de muchos modos puestos a prueba. El afirmarse de una cultura que exalta el individualismo narcisista, una concepción de la libertad desligada de la responsabilidad por el otro, el crecimiento de la indiferencia al bien común, el imponerse de ideologías que agreden directamente el proyecto familiar, así como el crecimiento de la pobreza que amenaza el futuro de tantas familias, son otras tantas razones de crisis para la familia contemporánea. Luego están las cuestiones abiertas del desarrollo de las nuevas tecnologías, que hacen posibles prácticas a veces en conflicto con la verdadera dignidad de la vida humana. La complejidad de estos nuevos horizontes recomienda un más estrecho vínculo entre el Instituto Juan Pablo II y la Pontificia Academia por la Vida. Os exhorto a frecuentar animosamente estas nuevas y delicadas implicaciones con todo el rigor necesario, sin caer «en la tentación de barnizarlas, de perfumarlas, de ajustarlas un poco y de domesticarlas» (Carta al Gran Canciller de la Pont. Universidad Católica Argentina, 3-III-2015).

La incerteza y la desorientación que tocan los afectos fundamentales de la persona y de la vida desestabilizan todos los vínculos, los familiares y los sociales, haciendo prevalecer cada vez más el “yo” sobre el “nosotros”, el individuo sobre la sociedad. Es un resultado que contradice el designio de Dios, que ha confiado el mundo y la historia a la alianza del hombre y la mujer (Gen 1,28-31). Esa alianza −por su misma naturaleza− implica cooperación y respeto, entrega generosa y responsabilidad compartida, capacidad de reconocer la diferencia como una riqueza y una promesa, no como un motivo de sometimiento y prevaricación.

El reconocimiento de la dignidad del hombre y de la mujer comporta una correcta valoración de su relación mutua. ¿Cómo podemos conocer a fondo la humanidad concreta de la que estamos hecho sin aprenderla a través de esa diferencia? Y esto sucede cuando el hombre y la mujer se hablan y se interrogan, se quieren y actúan juntos, con recíproco respeto y benevolencia. Es imposible negar la aportación de la cultura moderna al redescubrimiento de la dignidad de la diferencia sexual. Por eso, es también muy desconcertante constatar que ahora esa cultura aparezca como bloqueada por una tendencia a borrar la diferencia en vez de resolver los problemas que la mortifican.

La familia es el seno insustituible de la iniciación a la alianza criatural del hombre y de la mujer. Este vínculo, ayudado por la gracia de Dios Creador y Salvador, está destinado a realizarse de muchos modos de su relación, que se reflejan en los diversos lazos comunitarios y sociales. La profunda correlación entre las figuras familiares y las formas sociales de esa alianza −en la religión y en la ética, en el trabajo, en la economía y en la política, en el cuidado de la vida y en el trato entre las generaciones− es ya una evidencia global. En efecto, cuando las cosas van bien entre hombre y mujer, también el mundo y la historia van bien. En caso contrario, el mundo se vuelve inhóspito y la historia se detiene.

3. El testimonio de la humanidad y de la belleza de la experiencia cristiana de la familia deberá pues inspirarnos aún más a fondo. La Iglesia dispensa el amor de Dios para la familia en vista de su misión de amor para todas las familias del mundo. La Iglesia −que se reconoce como pueblo familiar− ve en la familia la imagen de la alianza de Dios con toda la familia humana. Y el Apóstol afirma que esto es un gran misterio, en referencia a Cristo y la Iglesia (cfr. Ef 5,32). La caridad de la Iglesia nos compromete por tanto a desarrollar −a nivel doctrinal y pastoral− nuestra capacidad de leer e interpretar, para nuestro tiempo, la verdad y la belleza del designio creador de Dios. La irradiación de este proyecto divino, en la complejidad de la condición actual, pide una especial inteligencia de amor. Y también una fuerte entrega evangélica, animada por gran compasión y misericordia por la vulnerabilidad y la falibilidad del amor entre los seres humanos.

Es necesario aplicarse con mayor entusiasmo al rescate −diría casi a la rehabilitación− de esta extraordinaria “invención” de la creación divina. Este rescate hay que tomarlo en serio, tanto en el sentido doctrinal como en el sentido práctico, pastoral y testimonial. Las dinámicas del trato entre Dios, el hombre y la mujer, y sus hijos, son la llave de oro para entender el mundo y la historia, con todo lo que contienen. Y finalmente, para entender algo de lo profundo que se encuentra en el amor de Dios mismo. ¿Somos capaces de pensar así “a lo grande”? ¿Estamos convencidos del poder de vida que este plan de Dios aporta en el amor al mundo? ¿Sabemos arrancar a las nuevas generaciones de la resignación y reconquistarlas para la audacia de ese proyecto?

Somos bien conscientes de que también ese tesoro lo llevamos “en vasos de barro” (cfr. 2Cor 4,7). La gracia existe, igual que el pecado. Aprendamos por eso a no resignarnos al fracaso humano, y apoyemos el rescate del plan creador a toda costa. Es justo reconocer que a veces «hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, construido casi artificiosamente, lejos de la situación concreta y de las efectivas posibilidades de las familias tal y como son. Esa idealización excesiva, sobre todo cuando no hemos despertado la confianza en la gracia, no ha hecho que el matrimonio sea más deseable y atractivo, sino todo lo contrario» (Amoris laetitia, 36). La justicia de Dios brilla en la fidelidad a su promesa. Y ese esplendor, como hemos aprendido de la revelación de Jesús, es su misericordia (cfr. Rm 9,21-23).

4. La doble cita sinodal de Obispos del mundo, cum Petro y sub Petro, manifestó al unísono la necesidad de ampliar la comprensión y el cuidado de la Iglesia por ese misterio del amor humano en el que se muestra el amor de Dios por todos. La Exhortación apostólica Amoris laetitia recoge esta ampliación y solicita de todo el pueblo de Dios a hacer más visible y eficaz la dimensión familiar de la Iglesia. Las familias que componen el pueblo de Dios y edifican el Cuerpo del Señor con su amor, están llamadas a ser más conscientes del don de la gracia que ellas mismas llevan, y a estar orgullosas de ponerlo a disposición de todos los pobres y abandonados que se desesperan por hallarlo o encontrarlo. El tema pastoral de hoy no es solo el de la “lejanía” de muchos del ideal y de la práctica de la verdad cristiana del matrimonio y la familia; más decisivo aún es el tema de la “cercanía” de la Iglesia: cercanía a las nuevas generaciones de esposos, para que la bendición de su vínculo los convenza cada vez más y los acompañe, y cercanía a las situaciones de debilidad humana, para que la gracia pueda rescatarlas, reanimarlas y curarlas. El indisoluble vínculo de la Iglesia con sus hijos es el signo más trasparente del amor fiel y misericordioso de Dios.

5. El nuevo horizonte de este compromiso convoca ciertamente, de modo muy especial, a vuestro Instituto, que está llamado a apoyar la necesaria apertura de la inteligencia de la fe al servicio de la solicitud pastoral del Sucesor de Pedro. La fecundidad de esta tarea de profundización y estudio, en favor de toda la Iglesia, se encomienda al empuje de vuestra mente y vuestro corazón. No olvidemos que «también los buenos teólogos, como los buenos pastores, huelen a pueblo y a calle y, con su reflexión, derraman aceite y vino en las heridas de los hombres» (Carta al Gran Canciller de la Pont. Universidad Católica Argentina, 3-III-2015). Teología y pastoral van juntas. Una doctrina teológica que no se deja orientar y plasmar por la finalidad evangelizadora y por el cuidado pastoral de la Iglesia es tan impensable como una pastoral de la Iglesia que no sepa atesorar la revelación y su tradición en vista de una mejor inteligencia y trasmisión de la fe.

Esta tarea pide estar arraigado en la alegría de la fe y en la humildad de un gozoso servicio a la Iglesia. De la Iglesia que hay, no de una Iglesia pensada a nuestra imagen y semejanza. La Iglesia viva en la que vivimos, la Iglesia hermosa a la que pertenecemos, la Iglesia del único Señor y del único Espíritu a la que nos entregamos como «siervos inútiles» (Lc 17,10), que ofrecen sus dones mejores. La Iglesia que amamos, para que todos puedan amarla. La Iglesia en la que nos sentimos amados más allá de nuestros méritos, y para la que estamos dispuestos a hacer sacrificios, en perfecta alegría. Que Dios nos acompañe en este camino de comunión que haremos juntos. Y bendiga desde ahora la generosidad con la que os disponéis a sembrar el surco que se os confía. Gracias.

Fuente: vatican.va,

Traducción de Luis Montoya.

PELICULA DE LA SEMANA (28 Oct): Snowden

(Cfr. www.almudi.org)

  
Snowden


Dirección: Oliver Stone. País: USAAño: 2016.Duración: 135 min. Género: DramathrillerReparto: Joseph Gordon-Levitt, Shailene Woodley, Zachary Quinto, Melissa Leo, Tom Wilkinson, Rhys Ifans, Timothy Olyphant, Nicolas Cage, Scott Eastwood y Joely Richardson. Guion: Oliver Stone y Kieran Fitzgerald; basado en los libros “The Snowden Files” y “Time of the Octopus”. Estreno en España: 14 Octubre 2016. 
Reseña: 
Cuando Edward J. Snowden desveló los documentos del programa de vigilancia mundial secreto de la NSA, abrió los ojos del mundo y cerró las puertas de su propio futuro, renunciando a su carrera, a su novia de toda la vida y a su patria.
En cualquier caso Stone, tras cuatro años fuera de la ficción, demuestra en Snowden su buen pulso de cineasta, su historia atrapa, cuenta con un buen reparto y sabe visualmente impactar acerca de las inquietantes posibilidades de espionaje que brindan las nuevas tecnologías.
Donde más sólido se muestra es en la denuncia, en presentar el punto de vista del protagonista, por qué actuó como actuó. En cualquier caso se palpa la decepción de este cineasta liberal ante el modo en que maneja la cuestión el presidente Obama. Las interpretaciones son buenas. (Almudi JD). Decine21: AQUÍ

“Ser madre soltera no me impidió crecer, gracias a la Fundación Madrina”

Yesenia es una joven madre de 33 años de edad, tiene 3 bebes,
recientemente ha superado la ESO con la ayuda de nuestro equipo y se
está preparando para entrar a la universidad, ella misma nos testifica
su experiencia, “Fundación Madrina me dio la oportunidad de conocerme a
mi misma y conocer que yo era capaz de conseguir mis objetivos” .

27 octubre 2016

Meditación Domingo 31 t.o.(C)

(Cfr. www.almudi.org)


El Señor nos ayuda a buscarle y convierte nuestro corazón

«Entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y rico. Intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. Y, adelantándose corriendo, subió a un sicómoro (una higuera), para verle, porque iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa». Bajó rápido y lo recibió con gozo. Al ver esto, todos murmuraban diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres y si he defraudado en algo a alguien le devuelvo cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también éste es hijo de Abraham; porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lucas 19,1-10).

1. El Evangelionos habla del encuentro misericordioso de Jesús con Zaqueo. El Señor pasa por Jericó, camino de Jerusalén. Acaba de curar a un ciego a la entrada de la ciudad. La multitud llena la calle por donde pasaba el Maestro. Allí se encuentra también un hombre,que era jefe de publicanos y rico, conocido como recaudador de impuestos. Cobraba una sobretasa, de la cual vivía. Eran mal vistos. Zaqueointentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. Y adelantándose corriendo, subió a un sicómoro, para verle, porque iba a pasar por allí. Nos ayuda a no tener vergüenzas a nosotros, que también queremos ver a Jesús y permanecer con Él. Pero debemos examinar hoy la sinceridad y el vigor de estos deseos: ¿Quiero yover a Jesús? –preguntaba el Papa Juan Pablo II–, ¿hago todo lo posible parapoder verlo?: ¿verdaderamente quiero contemplarlo, o quizá evito el encuentro con Él? ¿Prefiero no verlo o que Él no me vea? Y si ya le vislumbro de algún modo, ¿prefiero entoncesverlo de lejos, no acercándome mucho, no poniéndome ante sus ojos para no llamar la atención demasiado..., para no tener que aceptar toda la verdad que hay en Él, que proviene de Él, de Cristo?
Cualquier esfuerzo que hagamos por acercarnos a Cristo es largamente recompensado.Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me hospede en tu casa. ¡Qué inmensa alegría! Él, que se contentaba con verlo desde el árbol, se encuentra con que Jesús le llama por su nombre, como a un viejo amigo, y, con la misma confianza, se invita en su casa. «Quien tenía por grande e inefable el verle pasar –comenta San Agustín–, mereció inmediatamente tenerlo en casa» (Sermón 174,6).

Zaqueo «descubre que es amado personalmente por Aquel que se presenta como el Mesías esperado, se siente tocado en lo más profundo de su espíritu y abre su corazón» (Juan Pablo II,Homilía 5-XI-1989). Quiere estar cerca del Maestro:Bajó rápido y lo recibió con gozo. Experimentó la alegría singular de todo aquel que se encuentra con Jesús. Se convierte en un discípulo más del Maestro; pasa de la curiosidad a la conversión:Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres y si he defraudado a alguien le devolveré cuatro veces más. Todavía no lo da todo quizá, pero va dando pasos, como en el diálogo que se puede mantener en la confesión: se va abriendo el alma a Dios (F. Fernández Carvajal). "Donde entra mucho el sol, dice santa Teresa, el alma ve su miseria... toda se ve muy turbia".

San Agustín comenta: “Vas a decir: « Si voy como Zaqueo no podré ver a Jesús a causa de la muchedumbre». No te entristezcas, sube al árbol del que Jesús estuvo colgado por ti y verás. ¿Y a qué clase de árbol subió Zaqueo? A un sicómoro… Se levantó sobre la muchedumbre y vio a Jesús sin que ella se lo impidiese. En efecto, a los humildes, a los que siguen el camino de la humildad, a los que dejan en manos de Dios las injurias recibidas y no piden venganza para sus enemigos, a ésos los insulta la turba y les dice: «¡Inútil, que eres incapaz de vengarte!». La turba te impide ver a Jesús; la turba, que se gloria y exulta de gozo cuando ha podido vengarse, impide la visión de quien, pendiente de un madero, dijo: Padre, perdónales 
 Por eso Zaqueo, que quería verle, simbolizando a las personas humildes, no pone su mirada en la turba, que es impedimento, sino que sube a un sicómoro, como al árbol de fruto necio [es su etimología]. Pues, nosotros,dice el Apóstol,predicamos a Cristo crucificado, escándalo ciertamente para los judíos-contempla el sicómoro-necedad, en cambio, para los gentiles (1Cor 1,23). 

Finalmente, los sabios de este mundo nos insultan a propósito de la cruz de Cristo y dicen: «¿Qué corazón tenéis quienes adoráis a un Dios crucificado?». «¿Qué corazón tenemos?», preguntas. Ciertamente, no el vuestro. La sabiduría de este mundo es necedad ante Dios. No tenemos, pues, un corazón como el vuestro, Decís que nuestro corazón es necio. Decid lo que queráis; nosotros subimos al sicómoro para ver a Jesús. Vosotros no podéis ver a Jesús porque os avergonzáis de subir al sicómoro. Alcance Zaqueo el sicómoro, suba el humilde a la cruz. Poca cosa es subir; para no avergonzarse de la cruz de Cristo, póngala en la frente, donde está el asiento del pudor; allí precisamente, donde antes se nota el rubor; póngala allí para no avergonzarse de ella. Pienso que te ríes del sicómoro, pero también él me hizo ver a Jesús. Tú te ríes del sicómoro porque eres hombre, pero lo necio de Dios es más sabio que la sabiduría de los hombres (1 Cor1,25).

El Señor, que había recibido a Zaqueo en su corazón se dignó ser recibido en casa de él. Le dice:Zaqueo, apresúrate a bajar, pues conviene que yo me quede en tu casa (Lc 19,5). Gran dicha consideraba él ver a Cristo. Quien tenía por grande e inefable dicha el verle pasar, mereció inmediatamente tenerle en casa. Se infunde la gracia, actúa la fe por medio del amor, se recibe en casa a Cristo, que habitaba ya en el corazón. Zaqueo dice a Cristo:Señor, daré la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado le devolveré el cuádruplo (Lc19,8). Como si dijera: «Me quedo con la otra mitad, no para poseerla, sino para tener con qué restituir». He aquí, en verdad, en qué consiste recibir a Jesús, recibirle en el corazón. Allí, en efecto, estaba Cristo; estaba en Zaqueo, y por su inspiración se decía a sí mismo lo que escuchaba de su boca. Es lo que dice el Apóstol:Que Cristo habite en vuestros corazones por la fe(Ef 3,17).
Como se trataba de Zaqueo, el jefe de los publicanos y gran pecador, aquella turba, que se creía sana y le impedía que Jesús entrase en casa de un pecador, que equivale a reprochar al médico el que entre en casa del enfermo. Puesto que Zaqueo se convirtió en objeto de burla en cuanto pecador y se mofaban de él, ya sano, los enfermos, respondió el Señor a esos burlones: Hoy ha llegado la salvación a esta casa (Lc 19,9). He aquí el motivo de mi entrada:Hoy ha llegado la salvación.Ciertamente, si el Salvador no hubiese entrado no hubiese llegado la salvación a aquella casa” (Sermón174).
«Elige a un jefe de publicanos: ¿quién desesperará de sí mismo cuando este alcanza la gracia?», comenta San Ambrosio (en su comentario, in loc.). El Señor esclemente y misericordioso. «¡No desesperéis nunca! Os lo diré en todos mis discursos, en todas mis conversaciones; y si me hacéis caso, sanaréis. Nuestra salvación tiene dos enemigos mortales: la presunción cuando las cosas van bien y la desesperación después de la caída; este segundo es con mucho el más terrible» (San Juan Crisóstomo).
Zaqueo invita a Jesús. Juan Pablo II decía: “No se asusta de que la acogida de Cristo en la propia casa pudiese amenazar, por ejemplo, su carrera profesional, o hacerle difícil algunas acciones ligadas con su actividad de jefe de publicanos”,

2. «A todos perdonas, porque son tuyos». La maravillosa afirmación de la primera lectura es que Dios ama todo lo que ha creado, pues si no, no lo habría creado. Muchos hombres, incluso muchos cristianos, no quieren creer esto debido a los males innumerables que existen en el mundo. Pero la prueba que el libro de la Sabiduría aporta para sostener su afirmación es tan simple y clara que no se la puede rechazar sin negar a Dios o acusarlo de contradicción interna. La naturaleza, como a una sola voz, nos dice: «No me hice a mí misma, sino que me hizo Dios». «Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado». Dios ama a todos los seres y por eso sólo castiga a los pecadores por amor y para propiciar su conversión al amor.
“Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey, bendeciré tu nombre por siempre jamás, Día tras día te bendeciré, y alabaré tu nombre por siempre jamás”. Es una oración agradecida, sobre todo porque “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas”. Esta misericordia es la parte central del salmo, por eso: “Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan”.

3. «No perdáis fácilmente la cabeza». Parece como si la segunda lectura quisiera recordar la enseñanza de la primera. Dios, que «corrige, poco a poco a los pecadores», nos da tiempo para cumplir todos «los buenos deseos y la tarea de la fe». Por eso no hay que «alarmarse» por el anuncio del fin inminente del mundo, aunque esto se asegure mediante «supuestas» revelaciones o profecías, sino que hay que proseguir con tranquilidad y sin pánico alguno la tarea cristiana. El Señor no es solamente el que viene hacia nosotros desde el futuro como una amenaza («como un ladrón en medio de la noche»), sino también el que nos acompaña constantemente en nuestro camino hacia el cielo, nos ilumina con su presencia (como a los discípulos de Emaús) y nos libra de todo miedo que pudiera haber suscitado en nosotros (von Balthasar).
Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 31 t.o. (C)

(Cfr. www.almudi.org)

 

(Sab 11,22-12,2) "A todos perdonas, porque son tuyos, Señor"
(2 Tes 1,11-2,2) "Pedimos a Dios que os considere dignos de vuestra vocación
(Lc 19,1-10) "Hoy ha sido la salvación de esta casa"

Homilía con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo I
Homilía en la parroquia del Santísimo Sacramento y de los mártires canadienses

--- Cristo se hace siempre el encontradizo con todos
El fragmento del Evangelio de San Lucas, que la liturgia de hoy propone para meditar recuerda el episodio que tuvo lugar mientras Jesús estaba atravesando la ciudad de Jericó. Fue un acontecimiento tan significativo que, aunque ya lo sabemos de memoria, es preciso meditar otra vez con atención en cada uno de sus elementos. Zaqueo era no sólo un publicano (igual que lo había sido Leví, después el Apóstol Mateo), sino un "jefe de publicanos", y era muy "rico". Cuando Jesús pasaba cerca de su casa, Zaqueo, a toda costa, "hacía por ver a Jesús" (Lc 19,3), y para ello -por ser pequeño de estatura- ese día se subió a un árbol (el Evangelista dice a un sicómoro), "para verle" (Lc 19,4).
Cristo vio de este modo a Zaqueo y se dirigió a él con las palabras que nos hacen pensar tanto. Efectivamente, Cristo no sólo le dio a entender que le había visto (a él, jefe de publicanos, por lo tanto, hombre de una cierta posición) sobre el árbol, sino que además manifestó ante todo que quería "hospedarse en su casa" (Cf. Lc 19,5). Lo que suscitó alegría en Zaqueo y, a la vez, murmuraciones entre aquellos a quienes evidentemente no agradan estas manifestaciones de las relaciones del Maestro de Nazaret con "los publicanos y pecadores".

--- Necesidad de querer ver a Cristo
Esta es la primera parte de la perícopa, que merece una reflexión. Sobre todo, es necesario detenerse en la afirmación de que Zaqueo "hacía por ver a Jesús" (Lc 19,3). Se trata de una frase muy importante que debemos referir a cada uno de nosotros aquí presentes. Más aún, indirectamente, a cada uno de los hombres. ¿Quiero yo "ver a Cristo"? ¿Hago todo para "poder verlo"? Este problema, después de dos mil años, es tan actual como entonces, cuando Jesús atravesaba las ciudades y los poblados de su tierra. Es el problema actual para cada uno de nosotros personalmente: ¿quiero?, ¿quiero verdaderamente? O, quizá más bien, ¿evito el encuentro con Él? ¿Prefiero no verlo o prefiero que Él no me vea (al menos a mi modo de pensar y de sentir)? Y si ya lo veo de algún modo, ¿prefiero entonces verlo de lejos, no acercándome demasiado, no poniéndome ante sus ojos para no llamar la atención demasiado..., para no tener que aceptar toda la verdad que hay en Él, que proviene de Él, de Cristo?
Esta es una dimensión del problema que encierran las palabras del Evangelio de hoy sobre Zaqueo.
En la segunda lectura de la Misa, tomadas de la Carta de San Pablo a los Tesalonicenses: Hermanos... "rogamos en todo tiempo por vosotros: que nuestro Dios os haga dignos de la vocación y lleve a término con su poder todo vuestro deseo de hacer el bien y la actividad de la fe, para que así, el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo" (2 Tes 1,11-12). Es decir -hablando con el lenguaje del pasaje evangélico de hoy-, oremos para que vosotros tratéis de ver a Cristo (Cf. Lc 19,3), para que vayáis a su encuentro, como Zaqueo... y que, si sois pequeños de estatura, subáis, por este motivo, un árbol.

--- El encuentro con Cristo provoca la conversión
Y Pablo continúa desarrollando su oración, pidiendo a los destinatarios de su carta que no se dejen demasiado fácilmente confundir y turbar, por supuestas inspiraciones de este mundo... (Cf. 2 Tes 2,2). ¿Por qué "inspiraciones"? Acaso sencillamente por las "inspiraciones de este mundo". Digámoslo con lenguaje de hoy: por una oleada de secularización e indiferencia respecto a los mayores valores divinos y humanos. Después dice Pablo: "ni por palabras". Efectivamente, no faltan hoy palabras que tienden a "confundir" o a "turbar" a los cristianos.
Zaqueo no se dejó confundir ni turbar. No se asustó de que la acogida de Cristo en la propia casa pudiera amenazar, por ejemplo, su carrera profesional o hacer difíciles algunas acciones, ligadas con su actividad de jefe de publicanos. Acogió a Cristo en su casa y dijo: "Señor doy la mitad de mis bienes a los pobres y, si a alguien he defraudado en algo, le devuelvo el cuádruplo" (Lc 19,8).
En este punto se hace evidente que no sólo Zaqueo "ha visto a Cristo", sino que, al mismo tiempo, Cristo ha escrutado su corazón y su conciencia; lo ha radiografiado hasta el fondo. Y he aquí que se realiza lo que constituye el fruto propio de "ver" a Cristo, del encuentro con Él en la verdad plena: se realiza la apertura del corazón, se realiza la conversión. Se realiza la obra de la salvación. Lo manifiesta el mismo Cristo cuando dice: "Hoy ha venido la salud a tu casa, por cuanto éste es también hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19,9-10). Y ésta es una de las expresiones más bellas del Evangelio.
Estas últimas palabras tienen una importancia particular. Descubren el universalismo de la misión salvífica de Cristo. De la misión que permanece en la Iglesia. Sin estas palabras sería difícil comprender la enseñanza del Vaticano II y en particular sería difícil comprender la Constitución dogmática sobre la Iglesia "Lumen gentium".
Hoy escuchamos con una emoción especial las palabras del Evangelio de San Juan: "Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna" (Jn 3,16).
Renovemos la fe y la esperanza de la vida eterna: porque "el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19,10).

Campaña "No Seas Hooligan"

Campaña realizada por el portal de internet www.sportmagister.com,
proyecto de la Fundació Brafa, con la finalidad de concienciar sobre el
papel que deben tener los padres en la competición de sus hijos.

23 octubre 2016

¿Qué hace Dios por los que sufren? - DOMUND 2016

Un niño habla con su abuela sobre el sentido de la creación. Pronto
surge un interrogante que, seguramente tú también te habrás planteado
alguna vez. ¿Por qué Dios no hace nada por los que sufren?

Este es el vídeo del DOMUND 2016, "Sal de tu tierra"