Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

14 octubre 2016

LIBRO DE LA SEMANA (14 Oct): El fuego de bronce

(Cfr. www.libroslibres.com)


 EL_FUEGO_DE_BRONCE




Precio:
23,00€
Mientras Nelson navega hacia su única derrota, dos hombres y una mujer sellan un pacto de sangre

Editorial: LIBROSLIBRES
ISBN: 9788492654529 Categorías: , ,

Una novela que nos habla de valientes

El 25 de julio de 1797, el legendario almirante inglés Horatio Nelson perdió un brazo en la que fue la única derrota de su carrera militar: el intento de desembarco en Santa Cruz de Tenerife. La defensa de la isla fue una gesta heroica en la que el teniente general Antonio Gutiérrez de Otero, con poco más de trescientos hombres y el concurso de milicias campesinas sin formación militar, venció a dos mil soldados bien instruidos y mandados, y a una poderosa flota británica, dueña del Atlántico.
El fuego de bronce es una novela histórica, extraordinariamente documentada, sobre las operaciones militares y las acciones civiles que posibilitaron la hazaña.
Y en medio de esos momentos dramáticos, como protagonistas involuntarios de unos acontecimientos que pondrán en juego su destino e incluso su vida, dos hombres y una mujer que huyen de su pasado conocerán los límites de la amistad, del amor y de la lealtad, en espera de una paz en la que puedan ver realizados sus sueños.

Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz

(Cfr. www.almudi.org)

 Mensaje del Papa para la 103ª Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que se celebrará el 15 de enero de 2017


Con este tema −“Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz”− el Santo Padre quiere poner al centro de la atención a los más pequeños entre los pequeños, los niños, que a menudo “llegan solos al país de destino, no consiguen hacerse oír y se convierten con facilidad en víctimas de graves violaciones de los derechos humanos”.

Mensaje del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:
«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (Mc 9,37; cf. Mt 18,5; Lc 9,48; Jn 13,20). Con estas palabras, los evangelistas recuerdan a la comunidad cristiana una enseñanza de Jesús que apasiona y, a la vez, compromete. Estas palabras en la dinámica de la acogida trazan el camino seguro que conduce a Dios, partiendo de los más pequeños y pasando por el Salvador. Precisamente la acogida es condición necesaria para que este itinerario se concrete: Dios se ha hecho uno de nosotros, en Jesús se ha hecho niño, y la apertura a Dios en la fe, que alimenta la esperanza, se manifiesta en la cercanía afectuosa a los más pequeños y débiles. La caridad, la fe y la esperanza están involucradas en las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, que hemos redescubierto durante el reciente Jubileo extraordinario.
Pero los evangelistas se fijan también en la responsabilidad del que actúa en contra de la misericordia: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar» (Mt 18,6; cf. Mc 9,42; Lc 17,2). ¿Cómo no pensar en esta severa advertencia cuando se considera la explotación ejercida por gente sin escrúpulos, ocasionando daño a tantos niños y niñas, que son iniciados en la prostitución o atrapados en la red de la pornografía, esclavizados por el trabajo de menores o reclutados como soldados, involucrados en el tráfico de drogas y en otras formas de delincuencia, obligados a huir de conflictos y persecuciones, con el riesgo de acabar solos y abandonados?
Por eso, con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que se celebra cada año, deseo llamar la atención sobre la realidad de los emigrantes menores de edad, especialmente los que están solos, instando a todos a hacerse cargo de los niños que se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia.
Hoy, la emigración no es un fenómeno limitado a algunas zonas del planeta, sino que afecta a todos los continentes y está adquiriendo cada vez más la dimensión de una dramática cuestión mundial. No se trata sólo de personas en busca de un trabajo digno o de condiciones de vida mejor, sino también de hombres y mujeres, ancianos y niños que se ven obligados a abandonar sus casas con la esperanza de salvarse y encontrar en otros lugares paz y seguridad. Son principalmente los niños quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos. La carrera desenfrenada hacia un enriquecimiento rápido y fácil lleva consigo también el aumento de plagas monstruosas como el tráfico de niños, la explotación y el abuso de menores y, en general, la privación de los derechos propios de la niñez sancionados por la Convención Internacional sobre los Derechos de la Infancia.
La edad infantil, por su particular fragilidad, tiene unas exigencias únicas e irrenunciables. En primer lugar, el derecho a un ambiente familiar sano y seguro donde se pueda crecer bajo la guía y el ejemplo de un padre y una madre; además, el derecho-deber de recibir una educación adecuada, sobre todo en la familia y también en la escuela, donde los niños puedan crecer como personas y protagonistas de su propio futuro y del respectivo país. De hecho, en muchas partes del mundo, leer, escribir y hacer cálculos elementales sigue siendo privilegio de unos pocos. Todos los niños tienen derecho a jugar y a realizar actividades recreativas, tienen derecho en definitiva a ser niños.
Sin embargo, los niños constituyen el grupo más vulnerable entre los emigrantes, porque, mientras se asoman a la vida, son invisibles y no tienen voz: la precariedad los priva de documentos, ocultándolos a los ojos del mundo; la ausencia de adultos que los acompañen impide que su voz se alce y sea escuchada. De ese modo, los niños emigrantes acaban fácilmente en lo más bajo de la degradación humana, donde la ilegalidad y la violencia queman en un instante el futuro de muchos inocentes, mientras que la red de los abusos a los menores resulta difícil de romper.
¿Cómo responder a esta realidad?
En primer lugar, siendo conscientes de que el fenómeno de la emigración no está separado de la historia de la salvación, es más, forma parte de ella. Está conectado a un mandamiento de Dios: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto» (Ex 22,20); «Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto» (Dt 10,19). Este fenómeno es un signo de los tiempos, un signo que habla de la acción providencial de Dios en la historia y en la comunidad humana con vistas a la comunión universal. Sin ignorar los problemas ni, tampoco, los dramas y tragedias de la emigración, así como las dificultades que lleva consigo la acogida digna de esas personas, la Iglesia anima a reconocer el plan de Dios, incluso en este fenómeno, con la certeza de que nadie es extranjero en la comunidad cristiana, que abraza «todas las naciones, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7,9). Cada uno es valioso, las personas son más importantes que las cosas, y el valor de cada institución se mide por el modo en que trata la vida y la dignidad del ser humano, especialmente en situaciones de vulnerabilidad, como es el caso de los niños emigrantes.
También es necesario centrarse en la protección, la integración y en soluciones estables.
Ante todo, se trata de adoptar todas las medidas necesarias para que se asegure a los niños emigrantes protección y defensa, ya que «esos chicos y chicas terminan con frecuencia en la calle, abandonados a sí mismos y víctimas de explotadores sin escrúpulos que, más de una vez, los transforman en objeto de violencia física, moral y sexual» (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado 2008).
Por otra parte, la línea divisoria entre la emigración y el tráfico puede ser en ocasiones muy sutil. Hay muchos factores que contribuyen a crear un estado de vulnerabilidad en los emigrantes, especialmente si son niños: la indigencia y la falta de medios de supervivencia −a lo que habría que añadir las expectativas irreales inducidas por los medios de comunicación−; el bajo nivel de alfabetización; el desconocimiento de las leyes, la cultura y, a menudo, de la lengua de los países de acogida. Esto los hace dependientes física y psicológicamente. Pero el impulso más fuerte hacia la explotación y el abuso de los niños viene a causa de la demanda. Si no se encuentra el modo de intervenir con mayor rigor y eficacia ante los explotadores, no se podrán detener las numerosas formas de esclavitud de las que son víctimas los menores de edad.
Es necesario, por tanto, que los inmigrantes, precisamente por el bien de sus hijos, cooperen cada vez más estrechamente con las comunidades que los acogen. Con mucha gratitud miramos a los organismos e instituciones, eclesiales y civiles, que con gran esfuerzo ofrecen tiempo y recursos para proteger a los niños de las distintas formas de abuso. Es importante que se implemente una cooperación cada vez más eficaz y eficiente, basada no sólo en el intercambio de información, sino también en la intensificación de unas redes capaces que puedan asegurar intervenciones tempestivas y capilares. No hay que subestimar el hecho de que la fuerza extraordinaria de las comunidades eclesiales se revela sobre todo cuando hay unidad de oración y comunión en la fraternidad
En segundo lugar, es necesario trabajar por la integración de los niños y los jóvenes emigrantes. Ellos dependen totalmente de la comunidad de adultos y, muy a menudo, la falta de recursos económicos es un obstáculo para la adopción de políticas adecuadas de acogida, asistencia e inclusión. En consecuencia, en lugar de favorecer la integración social de los niños emigrantes, o programas de repatriación segura y asistida, se busca sólo impedir su entrada, beneficiando de este modo que se recurra a redes ilegales; o también son enviados de vuelta a su país de origen sin asegurarse de que esto corresponda realmente a su «interés superior».
La situación de los emigrantes menores de edad se agrava más todavía cuando se encuentran en situación irregular o cuando son captados por el crimen organizado. Entonces, se les destina con frecuencia a centros de detención. No es raro que sean arrestados y, puesto que no tienen dinero para pagar la fianza o el viaje de vuelta, pueden permanecer por largos períodos de tiempo recluidos, expuestos a abusos y violencias de todo tipo. En esos casos, el derecho de los Estados a gestionar los flujos migratorios y a salvaguardar el bien común nacional se tiene que conjugar con la obligación de resolver y regularizar la situación de los emigrantes menores de edad, respetando plenamente su dignidad y tratando de responder a sus necesidades, cuando están solos, pero también a las de sus padres, por el bien de todo el núcleo familiar.
Sigue siendo crucial que se adopten adecuados procedimientos nacionales y planes de cooperación acordados entre los países de origen y los de acogida, para eliminar las causas de la emigración forzada de los niños.
En tercer lugar, dirijo a todos un vehemente llamamiento para que se busquen y adopten soluciones permanentes. Puesto que este es un fenómeno complejo, la cuestión de los emigrantes menores de edad se debe afrontar desde la raíz. Las guerras, la violación de los derechos humanos, la corrupción, la pobreza, los desequilibrios y desastres ambientales son parte de las causas del problema. Los niños son los primeros en sufrirlas, padeciendo a veces torturas y castigos corporales, que se unen a las de tipo moral y psíquico, dejándoles a menudo huellas imborrables.
Por tanto, es absolutamente necesario que se afronten en los países de origen las causas que provocan la emigración. Esto requiere, como primer paso, el compromiso de toda la Comunidad internacional para acabar con los conflictos y la violencia que obligan a las personas a huir. Además, se requiere una visión de futuro, que sepa proyectar programas adecuados para las zonas afectadas por la inestabilidad y por las más graves injusticias, para que a todos se les garantice el acceso a un desarrollo auténtico que promueva el bien de los niños y niñas, esperanza de la humanidad.
Por último, deseo dirigir una palabra a vosotros, que camináis al lado de los niños y jóvenes por los caminos de la emigración: ellos necesitan vuestra valiosa ayuda, y la Iglesia también os necesita y os apoya en el servicio generoso que prestáis. No os canséis de dar con audacia un buen testimonio del Evangelio, que os llama a reconocer y a acoger al Señor Jesús, presente en los más pequeños y vulnerables.
Encomiendo a todos los niños emigrantes, a sus familias, sus comunidades y a vosotros, que estáis cerca de ellos, a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, para que vele sobre cada uno y os acompañe en el camino; y junto a mi oración os imparto la Bendición Apostólica.
Vaticano, 8 de septiembre de 2016
Francisco
Fuente: vatican.va.
Traducción de Luis Montoya.

PELICULA DE LA SEMANA (14 Oct): Un monstruo viene a verme

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Un monstruo viene a verme

 
 
Contenidos: ---
Dirección: Juan Antonio Bayona. País: EspañaAño: 2016.Duración: 108 min. Género: DramafantásticoReparto: Sigourney Weaver, Felicity Jones, Lewis MacDougall, Liam Neeson. Guion: Patrick Ness; basado en su novela. Estreno en España: 7 Octubre 2016.
Reseña: 
La historia de Conor, un niño de 12 años que trata de hacer frente a la enfermedad de su madre con la ayuda de un monstruo que viene a visitarle por la noche.
El propio autor de la novela juvenil "Un monstruo viene a verme", Patrick Ness, firma el guión de esta historia de iniciación a la vida adulta, que parte de unas notas dejadas por la escritora Siobhan Dowd, muerta por un cáncer, y que bosquejó la trama a partir de su experiencia con la enfermedad.
Conor es un adolescente que crece en un hogar roto, sus padres se separaron, él se quedó con su madre en Inglaterra, el padre formó una nueva familia en Los Ángeles. Un cáncer con mal pronóstico que padece la madre hace sufrir al chaval, que se refugia en su imaginación y su habilidad para el dibujo, mientras se hacen preparativos para que vaya a vivir con la abuela, y sufre el “bullying” de algunos compañeros de clase.
En esta tesitura de sufrimiento, un monstruo con aspecto de gigantesco árbol comienza a visitarle por las noches, justo siete minutos después de la medianoche. Promete contarle tres relatos que deben ayudarle a afrontar sus personales miedos, tras las cuales será Conor quien deba componer su propia y última narración, siendo el protagonista de la misma.
Tiene sentido y resulta aleccionadora la idea de mostrar a Conor la complejidad del mundo, las personas no deben ser juzgadas y condenadas precipitadamente, las cosas no se reducen a blancas y negras, todos tenemos nuestras razones para actuar, pero hay que buscar la verdad y ser fiel a ella. Tiene mérito el chaval protagonista, Lewis MacDougall, al que le toca estar presente en prácticamente cada plano; y la poderosa voz original del monstruo, la de Liam Neeson, funciona muy bien.(Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Meditación Domingo 29 t.o. (C)

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Meditaciones de la semana
La oración de petición siempre es atendida por Dios, que nos da lo mejor, pero quiere que mejoremos con nuestra perseverancia 

«Les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer, diciendo: «En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: "Hazme justicia ante mi adversario". Y durante mucho tiempo no quería. Sin embargo, al final se dijo a sí mismo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, ya que esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme"». Concluyó el Señor: «Prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? Os aseguro que les hará justicia sin tardanza. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿acaso encontrará fe sobre la tierra?» (Lucas 18, 1-8).

 1. Jesús, buscas una parábola para enseñar a tus discípulos de una manera gráfica que es necesario «orar siempre y no desfallecer.» Ya antes, y después, les has enseñado este punto con tu ejemplo: te han visto rezar a tu Padre en silencio y en alta voz: en días de calma, y en días de gran ajetreo en los que no tenias tiempo ni para comer. Está claro que, si quiero imitarte, debo hacer oración cada día.
Hoy nos hablas de pedir. Pedir es propio de hijos, especialmente cuando los padres son generosos y pueden conseguir lo que sus hijos necesitan. Por eso, ¿cómo no voy a pedirte todo lo que me haga falta?
Nos hablas de un juez al que va una viuda pobre, pero él en lugar de ser protector de los desvalidos está pervertido, y no quiere escucharla. Pero ella, de tanto insistir, consigue que la atienda. También nosotros vemos que la justicia no existe en los tribunales, que quien tiene dinero o engaña puede ganar un juicio de manera injusta. Que no se atienden en nuestro mundo peticiones justas. Pero: “¿no sirve de nada?”
¡Nunca estamos solos! Nunca hago nada solo. Necesito la familia, los amigos, y necesito sobre todo la certeza de que Dios también me acompaña. Y aunque los jueces y otros me fallen, Él no me falla. Y aunque vea que falte justicia en este mundo, lucharé por ella, sabedor de que luego habrá justicia plena en el cielo. Por eso me propongo hoy luchar, no encerrarme en mí mismo nunca, no contar solo con mis fuerzas, acogerme a los amigos, acogerme a la amistad de Dios. A pesar de los tropiezos de la vida, a pesar de las desgracias que sufra, aprenderé a confiar en los otros, aprenderé a confiar en Dios. La comunidad puede fallar, los amigos y vecinos pueden fallar, pero Dios estará por mí con todo su amor y su poder (M. Regal).
Cuando pedimos algo y no se nos concede, y hay situaciones y problemas que se prolongan en el tiempo, pensamos: “Dios no me hace caso, todo sigue igual… Es que me canso de pedir siempre lo mismo para nada”. Hemos de esperar, que todo saldrá. Pensemos en que si esa mujer consigue que hasta un juez injusto haga justicia: Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿O les dará largas? A veces tenemos miedo de la justicia divina, o de la injusticia de los hombres, y hemos de mirar a Jesús que nos invita a pensar que Dios es un Padre amoroso, que las oraciones que elevamos a Dios no caen en el vacío. Que puede parecer que “no sirve de nada orar”, pero para empezar Él se nos entrega, y luego nos hacemos mejores con la oración, que es la puerta de la fe. Y luego nos da lo que nos conviene, de la forma que sea mejor para nosotros, la forma que Dios disponga. La confianza en Dios se prueba justamente en la constancia a la hora de rezar. Hay quien deja de orar porque piensa que su petición no es escuchada. Pero, ¿qué pedimos nosotros tantas veces sino la solución que juzgamos mejor para nuestros problemas o, incluso, piedras en lugar de pan? "Nosotros no sabemos pedir como conviene", asegura S. Pablo (Rm 8,26). En cambio, nuestro Padre Dios sabe bien lo que nos hace falta antes de que se lo pidamos (Cf Mt 6,8). "No te aflijas, dice S. Agustín, si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es Él quien quiere hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia con Él en oración. Él quiere que nuestro deseo sea probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que Él está dispuesto a darnos".
«La primera condición de la oración es la perseverancia; la segunda, la humildad.
-Sé santamente tozudo, con confianza. Piensa que el Señor, cuando le pedimos algo importante, quizá quiere la súplica de muchos años. ¡Insiste!..., pero insiste siempre con más confianza» (J. Escrivá, Forja 535).El propio Jesús nos da la respuesta: Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero nos cuesta aceptar que hay que dejar a Dios ser Dios, y sus tiempos no son los nuestros, y debemos aprender a esperar que “a su tiempo”, llegará la acción de Dios. Por eso Jesús vuelve a provocarnos y a cuestionarnos: Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Porque nuestro pecado es la impaciencia, y lo que salva es la paciencia de Dios. Necesitamos orar sin desanimarnos, con esa fe de la viuda de la parábola, con esa fe insistente y casi haciéndonos “pesados” ante Dios.
“Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?” La oración se fundamenta en la Palabra de Dios, que es “viva, eficaz y escruta los sentimientos y los pensamientos del corazón” (cfr. Hb 4,12). Que es la Verdad. Que es la Santidad.
«Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criatura, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también, por ser pecadores, sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La petición ya es un retorno a El» (Catecismo 2629).
«La petición de perdón es el primer movimiento de la oración de petición» (2631)... «La petición cristiana está centrada en el deseo de Dios y en la búsqueda del reino que viene...» (2632) «...Toda necesidad puede convertirse en objeto de petición» (2633).
«A los que buscan el Reino y la justicia de Dios, El les promete darles todo por añadidura. Todo en efecto pertenece a Dios: el que posee a Dios, nada le falta, si él mismo no falta a Dios» (S. Cipriano) (2830).
Pero esta fe no es fácil. “Las palabras del Señor: ¿Creéis que cuando venga el Hijo del hombre encontrará fe en la tierra? se refieren a la fe perfecta. Ésta apenas se encuentra en la tierra. La Iglesia de Dios está llena de fe; pues, si no existiese ninguna, ¿quién se acercaría a ella? ¿Quién no trasladaría los montes si esa fe fuese plena? Pon tu atención en los mismos apóstoles. No hubiesen seguido al Señor tras haber abandonado todo y pisoteado toda esperanza mundana, si no hubiesen poseído una gran fe. Por otra parte, si hubiesen tenido una fe plena, no hubiesen dicho al Señor: Auméntanos la fe (Lc 17,5). Pensad también en aquel otro que confesaba una y otra cosa refiriéndose a si mismo. Habiendo presentado a su hijo al Señor para que lo sanase, al ser interrogado si creía contestó afirmativamente: Creo, Señor; ayuda mi incredulidad (Mc 9,23). Creo, -dijo-;creo, Señor: luego existe la fe. Pero ayuda mi incredulidad: luego no es plena la fe” (S. Agustín, Sermón 115,1).
Si los malos llegan a portarse bien por esa insistencia..., ¿qué no hará el Dios bueno? Es un mensaje sencillo pro el que Jesús quiere hacérnoslo comprender claramente: Dios quiere hacerse de rogar, quiere incluso dejarse importunar por el hombre. Si Dios da libertad al hombre y hace incluso un pacto con él, entonces no solamente respeta su libertad, sino que incluso se ha unido a su partner en la alianza, sin perder por ello su libertad divina: dará siempre al que pide lo que sea mejor para él: «Cosas buenas» (Mt 7,11), el «Espíritu Santo» (Lc 11,12). El que pide algo a Dios en el Espíritu de Cristo es infaliblemente escuchado (Jn 14,13-14). Y el evangelio añade: «sin tardar»; Dios no escucha luego, más tarde, sino que escucha y corresponde en seguida con lo que mejor corresponde a la demanda. Pero la oración de petición presupone la fe, y aquí el evangelio termina con unas palabras que dan que pensar: «Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» Esta pregunta va dirigida a nosotros, que escuchamos aquí y ahora, y no a otros (von Balthasar).

2. La oración ha de vivirse en la Iglesia, en comunidad, como hemos escuchado en la 1ª lectura. Ante la batalla que se avecina, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte, para orar por su pueblo. Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel, y cuando le llega el cansancio (le pesaban las manos), no se siente solo, tiene a Aarón y Jur, que le sostenían los brazos, uno a cada lado. También nosotros debemos sostenernos unos a otros en la oración para no desanimarnos. Como dice un himno de la Liturgia de las Horas: No ven-go a la soledad cuando vengo a la oración, pues sé que estando contigo, con mis hermanos estoy (Laudes Sábado Semana II). Nos debemos ayudar unos a otros a orar con fe, en esa oración insistente, con la certeza de que Dios no nos dará largas.
La Eucaristía es el gran momento en el que, como Moisés, en medio de las “batallas y luchas” de la vida, como comunidad alzamos nuestras manos hacia el Padre para presentarle nuestras peticiones. En Cristo Eucaristía Él acoge nuestra oración, y por eso nosotros debemos continuar orando juntos sin desanimarnos, sabiendo que, por Cristo, el Padre no nos va a dar largas, de modo que cuando venga el Hijo del Hombre encuentre esta fe en la tierra.
Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel»: «La oración de Moisés es la figura cautivadora de la oración de intercesión que tiene su cumplimiento en el único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo-Jesús» (1 Tm 2, 5). La imagen de las manos levantadas de Moisés durante la batalla con Amalec es sumamente elocuente en la primera lectura. Mientras Josué ataca, Moisés reza y al mismo tiempo hace penitencia, pues es ciertamente pesado y doloroso tener durante tantas horas las manos levantadas hacia Dios. Así está hecha la cristiandad: unos combaten fuera mientras otros -en el convento o en la soledad de su «cuarto»- rezan por los que luchan. Pero la imagen va aún más lejos: como a Moisés le pesaban las manos, Aarón y Jur tuvieron que sostener sus brazos hasta la puesta del sol, hasta que Israel venció finalmente en la batalla. Las manos levantadas de los orantes y contemplativos en la Iglesia deben ser sostenidas al igual que las de Moisés, porque sin oración la Iglesia no puede vencer, no en los combates del siglo, sino en las luchas espirituales que se le exigen. Todos nosotros debemos orar y ayudar a los demás a perseverar en la oración, y a no poner su confianza en la actividad externa, si es que queremos que la Iglesia no sea derrotada en los duros combates de nuestro tiempo (von Balthasar).
La santidad es ese “levantar los ojos hacia los montes”, de que habla el Salmo responsorial: es la intimidad con el padre que está en los cielos; la intimidad con el Espíritu Santo mediante Cristo. Es sentirnos “custodiados” por Dios. El Santo conoce muy bien su fragilidad, la precariedad de su existencia, de sus capacidades. Pero no se asusta. Se siente igualmente seguro. Confía en el hecho de que Dios “no permitirá que resbale su pie, que lo guardará a su sombra, que lo guardará de todo mal”.
No obstante los santos sienten muchas tinieblas en sí mismos, sienten que están hechos para la Verdad. Para Dios-Verdad. Y ciertamente, en su vida dan cada día más espacio a esta Verdad. De aquí nace esta seguridad que los distingue: donde los otros vacilan, ellos resisten. Donde los otros dudan, ellos ven claro. La santidad quiere decir también tener las manos alzadas en plegaria a Dios, mientras alrededor se desarrolla un combate, mientras continúa la lucha entre el bien y el mal. A primera vista puede parecer que el compromiso de la contemplación y de la oración nos aleja de las luchas de la vida, como si fuese una renuncia a combatir. Pero quien piensa así no conoce el poder de la oración (Juan Pablo II).

3. «Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo». Esta palabra no es la pura acción, sino la palabra de la oración de petición, de las manos en alto de Moisés. «Permanece en lo que has aprendido», es decir, en lo que conoces de la «Sagrada Escritura». Sólo cuando «el hombre de Dios» es instruido por la «Escritura inspirada por Dios», está «perfectamente equipado para toda obra buena», y la primera "obra buena" es la oración, que debe recomendarse a los cristianos «con toda comprensión y pedagogía» (von Balthasar).
En este mes de octubre, acudamos a la Virgen especialmente con el Rosario: «No dejéis de inculcar con todo cuidado la práctica del Rosario, la oración tan querida de la Virgen y tan recomendada por los Sumos Pontífices, por medio del cual los fieles pueden cumplir de la manera más suave y eficaz el mandato del Divino Maestro: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá» (Pablo VI, Carta Encíclica Mense Maio, 29-IV-1965).
Llucià Pou Sabaté

Homilía Domingo 29 t.o. (C)

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
 

(Ex 17,8-13) "Cuando Moisés alzaba las manos vencía Israel"
(2 Tim 3,14-4,2) "Persevera en las cosas que has aprendido"
(Lc 18,1-8) "Es menester orar siempre y no desfallecer"


La insistencia sin desmayos en la oración nos es propuesta por el Señor con la expresiva parábola que acabamos de oír, porque Dios nos escucha siempre y da lo que "es bueno a quienes se lo piden" (Cf Mt 7,11).

Cristo nos ha dado ejemplo de la confianza con que debemos acudir siempre a Dios. "Ora antes de los momentos decisivos de su misión: antes de que el Padre dé testimonio de Él en su Bautismo (Cf Lc 3,21) y de su Transfiguración (Cf Lc 9,28), y antes de dar cumplimiento con su Pasión al designio de amor del Padre (Cf Lc 22,41-44); Jesús ora también ante los momentos decisivos que van a comprometer la misión de sus apóstoles: antes de elegir y de llamar a los Doce (Cf Lc 6,12)... La oración de Jesús ante los acontecimientos de salvación que el Padre le pide que cumpla, es una entrega humilde y confiada de su voluntad humana a la voluntad amorosa del Padre" (C.E.C.,2600).

Y otro tanto habría que decir de los primeros discípulos que "todos ellos perseveraban unánimes en la oración, en compañía de algunas mujeres, y con María, la Madre de Jesús, y sus hermanos" (Hch 1,14).

La confianza en Dios se prueba justamente en la constancia a la hora de rezar. Hay quien deja de orar porque piensa que su petición no es escuchada. Pero, ¿qué pedimos nosotros tantas veces sino la solución que juzgamos mejor para nuestros problemas o, incluso, piedras en lugar de pan? "Nosotros no sabemos pedir como conviene", asegura S. Pablo (Rm 8,26). En cambio, nuestro Padre Dios sabe bien lo que nos hace falta antes de que se lo pidamos (Cf Mt 6,8). "No te aflijas, dice S. Agustín, si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es Él quien quiere hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia con Él en oración. Él quiere que nuestro deseo sea probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que Él está dispuesto a darnos".

En este mes que la Iglesia dedica al Santo Rosario debemos dirigirnos a Dios a través de María, "la orante perfecta, figura de la Iglesia... Podemos orar con ella y a ella. La oración de la Iglesia está sostenida por la oración de María" (C.E.C.,2679). En el Rosario pedimos, entre otras cosas importantes, que se acuerde de nosotros ahora, en el hoy de nuestra vida, y en la hora de la muerte, como lo estuvo en la muerte de su Hijo en la Cruz y nos acoja para conducirnos a la gloria del Señor.

12 octubre 2016

Catequesis en español del Papa Francisco 12/10/2016 HD

Este miércoles 12 de octubre la Plaza de San Pedro volvió a reunir a
miles de fieles y peregrinos de numerosos países con motivo de la
tradicional Audiencia General. En esta ocasión, el Papa Francisco dedicó
su catequesis a las obras de Misericordia corporales y espirituales,
que tocan las exigencias más importantes y esenciales de las personas.

09 octubre 2016

Se debe exigir más a los alumnos

(Cfr. www.almudi.org)



 
“Los adultos nos estamos comportando como esos padres de familias ricas del pasado que mimaban a sus hijos y después eran unos inútiles porque no se les había exigido nunca nada”
Sin dudarlo, Inger Enkvist se declara defensora de la educación tradicional y es consciente de que la afirmación causa controversia. Ella cree que antes había mayor exigencia para el alumno y más autoridad del profesor. Considera que las libertades de hoy, le hacen un mal “difícil de curar” a niños y a jóvenes.

¿Cuánto pesa el maestro en la educación?
Es el factor más importante y esto lo dicen todas las investigaciones. Es más importante que la inversión en sí, que el programa. Lo que se puede discutir es esto: no es más importante que los padres. Los padres son el factor más importante, pero, dentro de los factores que la sociedad puede controlar, el maestro es fundamental. Es muy importante cómo se elijan los maestros y el tipo de formación que se les da.

¿Qué implicaciones tiene la mala formación de un maestro?
Es muy serio, y se puede ver en el informe PISA. Los docentes cuyos alumnos tienen bajos resultados, son los que tienen bajo nivel de formación. El gran reto para hacer subir el nivel de educación de un país, es hacer subir el nivel de los maestros, porque el nivel de los alumnos depende del nivel de los maestros.

¿Cómo podríamos describir a un maestro ideal?
Debe ser una persona inteligente, tener muchos conocimientos de todo tipo, debe ser alguien que lee mucho para poder entusiasmar a los alumnos sobre la lectura. En cuanto a la tecnología, el maestro debe saber usar el Internet, el correo electrónico, aplicaciones, pero ( la tecnología) es menos importante de lo que la gente piensa (...) Hay grandes mitos a propósito de la tecnología y aprendizaje.

¿Cuáles?
Es falso que la tecnología mejora el aprendizaje. La tecnología no enseña comprensión de lectura, vocabulario, ni pensamiento lógico en un niño o joven. El que ya tiene vocabulario y pensamiento lógico puede utilizar exitosamente Internet, pero los niños que no tienen vocabulario, están perdidos con Internet.

¿Qué debería privilegiarse en las aulas, la memoria o práctica?
Ambos. Durante los últimos años se ha hablado mucho de la práctica, lo cual está muy bien, pero se ha olvidado de que la práctica necesita la memoria (...) Se ha hecho una caricatura de lo que es memoria. Se ha pensado que obligar a los alumnos a aprender de memoria es aburrido y se van a olvidar enseguida, no tiene por qué ser así. Normalmente, cuando enseñamos algo es porque es valioso, le va a ser útil y grato al niño y le va a servir para siempre. ¿Por qué denigrar la memoria?

¿Cómo funciona el sistema educativo en Suecia?
Hemos introducido algunas reformas no tan buenas, por eso cuando hablo de sistemas educativos que funcionan bien, tomo el ejemplo del país vecino que es Finlandia que ha manejado mejor la educación. Ellos lo han hecho cuidando el nivel de los docentes, los finlandeses han guardado el prestigio de la educación, atraen a los mejores docentes.
El gran éxito de un alumno finlandés es que siempre tiene adelante un profesor bien formado, desde el comienzo de la educación primaria. Solamente los mejores obtienen plaza en la formación y muy pocos se van. Los alumnos, cuando se relacionan con personas cultas tienen tendencia a interesarse por aprender y eso ayuda en el aprendizaje. Después oyen hablar a estas personas y les entra una parte de los conocimientos casi sin que se den cuenta porque oyen hablar a ese buen profesor. En Finlandia, en general, los padres apoyan la educación. Si un niño llega a casa y se queja de la maestra, en general, los padres lo piensan dos veces antes de tomar partido por el hijo, primero se enteran de lo que han pasado.

En Costa Rica, hay enormes debilidades en la formación de docentes ¿corresponde a las universidades llenar vacíos o al Ministerio de Educación?
Es mejor aceptar a los profesores que uno quiere tener en el sistema y formarlos lo mejor posible (...) Eso de aceptar a personas por debajo de lo que uno desea, no es ni práctico ni en tan económico como se podría pensar.

Se ha discutido sobre la autoridad del docente. Por ejemplo, no puede decomisar un teléfono celular que interrumpe la clase.
Creo que eso es una equivocación. Pero Costa Rica no es el único país, hay muchos países que están dudando, los celulares son algo nuevo. Los países con un alto nivel de rendimiento, prohíben los celulares en el colegio. Si vienen con el celular lo dejan y lo recogen en la tarde, al salir.
El celular distrae, los alumnos están pendientes de mensajes, correos. Lo que necesita el alumno es tranquilidad, concentración. Como profesor, si uno está explicando, se ha preparado, intenta explicar algo difícil, haces lo mejor que puedes y ves que el alumno está con el teléfono, es exasperante, es un insulto al profesor y a los contribuyentes que pagan la educación de ese joven.

En el país se da la oportunidad a alumnos que pierden una materia de adelantar las del año siguiente, mientras aprueba la que falta ¿es conveniente?
El alumno debe pasar esas materias para poder continuar porque las materias se basan las unas en las otras. ¿Cómo construyes un edificio sin construir la primera planta? ¿Cómo va a estudiar un alumno problemático un curso más difícil, además del que no ha aprobado? Se le debe obligar a estudiar en vacaciones para no perder las materias y el año, pero dejarlo pasar es un tipo de chiste.

Recientemente, la Organización de Naciones Unidas (ONU) recomendó eliminar las tareas escolares ¿usted qué opina?
Ningún país con buen resultado ha eliminado las tareas escolares, es un tipo de juego. Se pueden eliminar, pero el país va a quedar con un bajo nivel educativo. Es muy negativo para los alumnos más flojos porque son los que más necesitan tareas para estar al mismo nivel que los demás.

Tenemos un examen que procura evaluar los conocimientos del colegio en seis materias (bachillerato). ¿Es esta una buena forma de medir?
Todos los países con un alto nivel de conocimiento tienen pruebas de bachillerato, de revalidación. Hay que hacer las pruebas lo más inteligentes posible, su efecto en los alumnos y en el sistema, depende de cómo se hagan.

¿Se deben eliminar?
No, pero posiblemente hay que mejorar el tipo de prueba. De ninguna manera es inútil tener una prueba de repaso de los conocimientos, porque eso los refuerza. Las personas que quieran eliminar las pruebas (de bachillerato), creen estar al lado del estudiante, pero están al lado del estudiante que no quiere estudiar. Pero la escuela es para estudiar. Es un tipo de populismo congraciarse con los jóvenes sin pensar en el bien de ellos, ni de la sociedad, ni en la inversión de los contribuyentes para que estudien estos jóvenes.

¿Cómo sería la prueba ideal de bachillerato?
Una parte de conocimientos pero, también, una parte de utilización de los conocimientos. En el caso de idiomas, puede haber un poco de traducción, redacción, conversación. Se debe utilizar lo aprendido. En Matemáticas, lo que han aprendido como tareas, pero también algún tipo nuevo de ejercicio para usar lo aprendido de una manera nueva. Esto se puede hacer en todas las materias. Los países queremos que los jóvenes estudien, porque somos sociedades de conocimiento. Pero, cuando se trata de exigir que un joven o niño tenga un conocimiento, dudamos, nos parece que eso es mucho pedir.

¿Están los jóvenes y niños en capacidad de que se les exija?
Sí. Los adultos nos estamos comportando como esos padres de familias ricas del pasado que mimaban a sus hijos y después eran unos inútiles porque no se les había exigido nunca nada. Ahora, hacemos eso en todos los niveles sociales.
Nos estamos equivocando, queremos a nuestros hijos pero no mostramos ese amor de una manera adecuada. Hay que aceptar cierta frustración en la vida, lo que los padres intentan hacer en la escuela, es evitar toda frustración, todo fracaso, toda exigencia, pero la vida contiene bastantes frustraciones y es mejor enseñarles a manejarlas. Es muy importante, es como en el deporte, saber perder, si uno no sabe perder, no debe continuar.

¿Se debe permitir el uso de tabletas y teléfonos en niños? Esto influye en su educación
Se deben poner límites en el uso de los aparatos electrónicos. Antes se decía que el problema de la igualdad en la educación, era tener acceso a diferentes cosas. Hoy en día, los padres que logran una buena educación son los que saben poner límites y prohibiciones a sus hijos. Los niños que tienen padres que puedan decir que no, van a ser los más educados, serán los casos exitosos en el futuro. Los niños perdidos que tienen mal pronóstico, son los que han podido jugar de manera continua, comer de manera continua, tomar Coca Cola de manera continua, estar sentados de manera continua, con exceso de comodidad y de entretenimiento. Los estamos echando a perder y no sé qué terapias vamos a tener que inventar para salvarlos más tarde porque esto no puede terminar bien.

¿Cuáles son las debilidades y fortalezas de la educación en Costa Rica?
Lo que he oído es que sería muy importante promover la lectura. Se dice que se lee muy poco en alumnos, padres y profesores. También se debe trabajar en la formación de los maestros. La selección de la formación de los maestros como algo muy importante. Esto no es un problema solo de Costa Rica.

¿Considera que la educación tradicional se debe mantener?
La palabra tradicional pone los pelos de punta a muchas personas. Estoy de acuerdo en la educación tradicional porque lo que necesita un joven es educación y conocimientos básicos.
Está bien cierta autodisciplina del joven, aprender a moverse en un grupo, contestar de manera cortés, poner atención, estar en un foro público, esto se aprendía en la escuela tradicional, donde el maestro tenía autoridad.
Ahora se les está permitido a los niños y jóvenes moverse mucho, salir del aula, llegar tarde, jugar con el teléfono en clase. Salen de ahí sin haber adquirido esa disciplina interna que necesitaran en la vida adulta. Por consentir esas conductas, le estamos haciendo un mal muy difícil de curar a los jóvenes.

Entrevista de Daniela Cerdas E.
Fuente: nación.com.

LIBRO DE LA SEMANA (7 Oct): Ultimas conversaciones

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papa emérito Benedicto XVI en su última aparición pública tras su renuncia en Castelgandolfo
Última imagen pública de Benedicto XVI como Papa, tras su renuncia el 28 de febrero de 2013, en Castelgandolfo

VIDA NUEVA | A través de distintas entrevistas concedidas, ante y después de su renuncia, al periodista Peter Seewald, Benedicto XVI rompe su silencio en el libro ‘Últimas conversaciones’ (Mensajero). La obra estará a la venta en pocas semanas, y la revista ‘Vida Nueva’ adelanta a sus suscriptores las reflexiones del Papa emérito sobre su marcha y sobre su sucesor, el papa Francisco.
La editorial Mensajero, perteneciente al Grupo de Comunicación Loyola, publicará el próximo mes de octubre la edición castellana para todo el mundo hispanohablante del libro-entrevista de Benedicto XVI ‘Últimas conversaciones’ con Peter Seewald. La expectación sobre el libro se disparó el 9 de septiembre, cuando vieron la luz las ediciones italiana e inglesa.
Por primera vez, un Papa hace balance de su pontificado. Ratzinger lo hace a través de unas conversaciones en las que afronta temas clave de su papado, como el caso Vatileaks, pero también su relación con Juan Pablo II o con Hans Küng. De forma sosegada y espontánea, el Papa alemán mira hacia atrás para recordar su infancia, su vocación y sus momentos más difíciles.

Últimas conversaciones, libro de Benedicto XVI y Peter Seewald, Mensajero edición española

¿El caso ‘Vatileaks’ como detonante de la renuncia?

“No, no, eso no es cierto, en absoluto. Al contrario, estos asuntos estaban completamente esclarecidos. En aquel entonces dije –creo que fue a Ud. mismo– que no se debe dimitir cuando las cosas van mal, sino cuando la tempestad se ha calmado. Pude renunciar porque el sosiego había vulto a esta situación. No cedí a ninguna presión ni tampoco hui por incapacidad de manejar ya estas cosas”.

¿Chantaje? ¿Conspiración?

“Todo eso es enteramente absurdo. No, en realidad es un asunto prosaico –debo decir– que una persona, por cualesquiera razones, imaginara que debía ocasionar un escándalo para así purificar la Iglesia. Pero nadie intentó chantajearme. Yo tampoco me habría prestado a ello. Si alguien hubiera intentado algo así, yo no habría entrado al trapo, porque no puede ser que uno quede sometido a semejante presión”.

Bergoglio como sucesor

[Cuando le vi en el balcón de San Pedro vestido de blanco] “Bueno, eso es cosa suya, también nosotros íbamos de blanco. Lo que él no quiso llevar fue la muceta. Eso no me afectó en absoluto. Lo que me conmovió hondamente fue que, ya antes de salir al balcón, intentó hablar conmigo por teléfono, pero no me localizó, porque estábamos frente al televisor; cómo oró luego por mí, el momento de meditación, la cordialidad con la que saludó a las personas, de suerte que, por así decirlo, la chispa prendió de inmediato. Nadie esperaba que fuera él. Yo lo conocía, por puesto, pero no había pensado en él. Desde este punto de vista, fue para mí una gran sorpresa. Pero luego enseguida me ganó: por una parte, su manera de orar; por otra, cómo habló a la gente al corazón”.
Publicado en el número 3.003 de Vida Nueva. Ver sumario

PELICULA DE LA SEMANA (7 Oct): Historia de una pasión

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Historia de una pasión


Contenidos: Imágenes (varias X)
Reseña: 
“Biopic” de época sobre la poetisa estadounidense Emily Dickinson, que refleja muy bien su búsqueda de la belleza en un mundo a veces desagradable.
¿Quién fue Emily Dickinson? ¿Quién se escondía detrás de la poetisa que paso la mayor parte de su vida en casa de sus padres en Amherst, Massachusetts? La mansión en la que vivió sirve de telón de fondo al retrato de una mujer nada convencional de la que se sabe muy poco. Nacida en 1803, fue considerada una niña con talento, pero un trauma emocional la obligó a dejar los estudios. A partir de ese momento, se retiró de la sociedad y empezó a escribir poemas. A pesar de su vida solitaria, su obra transporta a sus lectores a su apasionante mundo.
La cinta refleja la búsqueda de la belleza en un mundo a veces desagradable, y la rebelión contra las religiones organizadas para optar por una versión personal de la búsqueda de la trascendencia: no por casualidad Davies al presentar su película decía ser un ex católico al que Dios había ayudado a llevar a buen término su trabajo. Y la escena de arranque, en que Dickinson va a contracorriente en una escuela evangélica de señoritas, sería un ejemplo de esa conexión.
La película, de gran riqueza antropológica y estéticamente muy bella, sigue al personaje, omnipresente no sólo físicamente, sino con sus poemas, muy bien insertados en la narración con la voz en off de la protagonista, interpretada con maestría por Cynthia Nixon. Y sorprende cómo esta mujer de gran carácter, nunca se casó y vivió cuidando a sus padres.
La autoexigencia personal de la poetisa está muy bien reflejada, y también su sufrimiento, por la enfermedad personal y ajena, pero también por los defectos que observa en los demás, y que la aproximan a la intolerancia, no soporta ver bajezas morales en los otros, aunque sus reacciones tampoco resulten ejemplares. Las interpretaciones son buenas. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

Meditación Domingo 28 t.o. (C)

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La gratitud nos hace mejores y nos prepara para más gracias divinas

«Y sucedió que, yendo de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de Samaria y Galilea; y, cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia y le dijeron gritando: «Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes». Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos, y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano. Ante lo cual dijo Jesús: «¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino sólo este extranjero? Y le dijo: Levántate y vete: tu fe te ha salvado» (Lucas 17,11-19). 

1. San Lucas nos cuenta de cómo Jesús, en su último viaje a Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Y al entrar en una aldea le salieron al encuentro diez leprosos que se detuvieron a lo lejos, a cierta distancia pues la ley prohibía a estos enfermos acercarse a las gentes. En el grupo va un samaritano, a pesar de que no había trato entre judíos y samaritanos. La desgracia les ha unido, como ocurre en tantas ocasiones en la vida. Y levantando la voz, pues están lejos, dirigen a Jesús una petición, llena de respeto, que llega directamente a su Corazón: “Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros". Han acudido a su misericordia, y Cristo se compadece y les manda ir a mostrarse a los sacerdotes, como estaba preceptuado en la Ley, para que certificaran su curación. Se encaminaron donde les había indicado el Señor, como si ya estuvieran sanos; a pesar de que todavía no lo estaban, obedecieron. Y por su fe y docilidad, se vieron libres de la enfermedad. La petición de estos leprosos es una buena jaculatoria que puedo repetir a menudo: «Jesús, Maestro, ten piedad de mí».
El samaritano, como Naamán de la primera lectura, no pertenecía al pueblo de Israel y encuentra la fe después de su curación, como premio a su agradecimiento: sólo el samaritano vuelve para alabar a Dios y reconocer en Jesús al Rey-Mesías. La postración delante de Jesús no es una adoración, sino el reconocimiento de esta realeza mesiánica. Los otros nueve no vuelven. Parece como si vieran natural que en ellos, hijos de Abrahán, se cumplieran las promesas mesiánicas. Pero, al decir Jesús al samaritano, al extranjero, "tu fe te ha salvado", nos enseña que el verdadero Israel se asienta en la fe agradecida (Eucaristía 1989).
Estos leprosos nos enseñan a pedir: acuden a la misericordia divina, que es la fuente de todas las gracias. Y nos muestran el camino de la curación, cualquiera que sea la lepra que llevemos en el alma: tener fe y ser dóciles a quienes, en nombre del Maestro, nos indican lo que debemos hacer. “¿No son diez los que han quedado limpios? Y los otros nueve, ¿dónde están?”, preguntó Jesús. Y manifestó su sorpresa: “¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino sólo este extranjero?” ¡Cuántas veces, quizá, Jesús ha preguntado por nosotros, después de tantas gracias!
La Iglesia nos enseña a dar gracias a Dios también cuando llegan las contrariedades, la enfermedad, y no vemos entonces la mano de Dios que quiere otorgarnos un beneficio mayor como le sucedió a este leproso que, junto al beneficio de la curación, añadió el de la fe en Jesucristo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
La gratitud es virtud muy importante, pues “del mismo modo que lo principal, al hacer un regalo, es el afecto con que se realiza, también la gratitud consiste principalmente en el cariño (…) Por eso, para manifestar nuestra gratitud a un bienhechor al que nada falta, es tan conveniente mostrarle respeto y reverencia” (Santo Tomás, S. Th. II-II, q. 106, a. 3). «Toda alegría y toda pena, todo acontecimiento y toda necesidad pueden ser motivo de oración de acción de gracias, la cual, participando de la de Cristo, debe llenar la vida entera: ‘En todo dad gracias’ (I Tes 5,18)» (Catecismo 2648).
Jesús, Tú también has hecho mucho por mí. Mi vida, mis virtudes, mi familia: todo te lo debo a Ti. ¿Cómo me voy a olvidar de darte las gracias? Gracias, Jesús, por todo lo que tengo y lo que soy; por todo, incluso por aquellas cosas de las que no me doy cuenta ni sé apreciar; más aún, gracias incluso por lo que me falta o me hace sufrir (P. Cardona). Porque, dice San Pablo, «para aquellos que aman a Dios todas las cosas son para bien» (Romanos 8,28).
“Nuestro, no es nada, a no ser el pecado que poseemos. Pues ¿qué tienes que no hayas recibido? (1 Cor 4,7)”. «¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras, «Gracias a Dios»? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad» (San Agustín). «Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. -Porque te da esto y lo otro. -Porque te han despreciado. -Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. -Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. -Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. -Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso... Dale gracias por todo, porque todo es bueno» (J. Escrivá, Camino 268).
Jesús, ¿cómo puedo serte más agradecido? Primero, con mis obras: cuando alguien está realmente agradecido a otro se vuelca en detalles con aquella persona y se ofrece para todo en lo que pueda servirle. De la misma manera, si realmente estoy agradecido por todo lo que has hecho por mí, es lógico que intente servirte y darte gracias durante el día. Y todo lo que haga por Ti me parecerá pequeño e insuficiente para pagarte lo mucho que me has dado: tu misma vida.
Jesús, me has dado un medio especialísimo para darte gracias: la Santa Misa o «Eucaristía», que significa precisamente, acción de gracias. Asistiendo a la Misa me uno a tu entrega y muerte en la cruz; y es ahí, pasmado ante semejante muestra de amor, donde puedo y debo darte gracias con más intensidad. «La Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por todos sus beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la redención y la santificación. ‘Eucaristía’ significa, ante todo, acción de gracias» (Catecismo, 1360).
"Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor" (Prefacio), pero especialmente en la Comunión Eucarística. Te adoro con devoción, Dios escondido, le decimos a Jesús en la intimidad de nuestro corazón. En esos momentos, hemos de frenar las impaciencias y permanecer recogidos con Dios que nos visita. Nada hay en el mundo más importante que prestar a ese Huésped el honor y la atención que se merece  (F. Fernández Carvajal, J. Rodríguez Sánchez). Jesús vive y nos espera en el Sagrario, y queremos visitarle, tratarle, que sea nuestro mejor Amigo, para confiarle nuestras preocupaciones y fallos, enfermedades y lepras, y su manto, vestidura mágica, nos hace invencibles... (Ricardo Martínez Carazo).

2. El general sirio ha venido por la palabra de una esclava judía, para curarse. El profeta le ha dicho que se lave en el río, y él dudó porque los ríos de su país son mucho mejores, pero al final obedece el consejo sencillo que le proponen: “Naamán el sirio bajó y se bañó siete veces en el Jordán, como se lo había mandado Eliseo, el hombre de Dios, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño”. Pensaban entonces que los dioses tenían un territorio, por eso quiere llevarse un puñado de tierra… pero aquí vemos que la salvación es para todos, no está Dios atado a un territorio... También es una lección de gratuidad. Eliseo no acepta ningún presente y no pide nada. Con Dios tampoco hemos de pagarle ni demostrarle nada, Él nos quiere y basta…
Lo de lavarse está claro que es una profecía de lo que es el bautismo. Este hombre, después de haber llegado a la cúspide de  su carrera, de repente está frente al abismo: tiene lepra. Condenado a muerte tanto en ver su propia corrupción, como que era arrojado de la sociedad y era excomulgado de la comunidad: aislado. Nosotros también tenemos nuestra lepra, lo que nos cuesta: hemos de tener la disposición a  aceptar lo pequeño, lo ordinario; en la disposición al baño de la obediencia y dejarnos ayudar…  (Joseph Ratzinger / Eucaristía 1989).
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo; el Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad  en favor de la casa de Israel”. Proclama la victoria de Jesús que nos salva: "No rechaza el pesebre, ni dormir sobre unas pajas; tan solo se conforma con un poco de leche, el mismo que, en su providencia, impide que los pájaros sientan hambre" (himno de Sedulio).
“Los confines de la tierra han contemplado / la victoria de nuestro Dios. / Aclama al Señor, tierra entera, / gritad, vitoread, tocad”. Este "rey" al que se canta no era un hombre (ya que la dinastía Davídica había desaparecido hacía largo tiempo), sino Dios en persona. Este salmo es una invitación a la fiesta que culminaba en una enorme "ovación" real: "¡Dios reina!", "¡aclamad a vuestro rey, el Señor!" Su Amor-fidelidad llega a lo más profundo del ser.

3. Es “Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Este ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen su salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna”: Pablo está preso, pero libre por dentro: a la Palabra de Dios no se la puede encadenar y Pablo ha recibido la misión de anunciarla. Por eso, lo aguanta todo en favor de los que Dios ha elegido, para que ellos alcancen también la salvación, lograda por Jesucristo, con la gloria eterna.
“Es doctrina segura: Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo”.

Llucià Pou Sabat

Homilía Domngo 28º t.o. (C)


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(2 Re 5,14-17) "Conozco verdaderamente que no hay otro Dios en toda la tierra, sino sólo en Israel"
(2 Tim 2,8-13) "La palabra de Dios no está encadenada"
(Luc 17,11-19) "Levántate, vete, que tu fe te ha salvado"

--- Curación de diez leprosos
La Primera lectura de la Misa (2 Re 5,14-17) nos recuerda la curación de Naamán de Siria, sanado de la lepra por el Profeta Eliseo. El Señor se sirvió de este milagro para atraerlo a la fe, un don mucho mayor que la salud del cuerpo. "Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel" exclamó Naamán al comprobar que se encontraba sano de su terrible enfermedad. En el Evangelio de la Misa (Lc 17,11-19), San Lucas nos relata un hecho similar: un samaritano -que, como Naamán, tampoco pertenecía al pueblo de Israel- encuentra la fe después de su curación, como premio a su agradecimiento.
Jesús, en su último viaje a Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Y al entrar en una aldea le salieron al encuentro diez leprosos que se detuvieron a lo lejos, a cierta distancia donde se encontraba el Maestro y el grupo que le acompañaba, pues la ley prohibía a estos enfermos acercarse a las gentes. En el grupo va un samaritano, a pesar de que no había trato entre judíos y samaritanos, por una enemistad secular entre ambos pueblos. La desgracia les ha unido, como ocurre en tantas ocasiones en la vida. Y levantando la voz, pues están lejos, dirigen a Jesús una petición, llena de respeto, que llega directamente a su Corazón: “Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros". Han acudido a su misericordia, y Cristo se compadece y les manda ir a mostrarse a los sacerdotes, como estaba preceptuado en la Ley, para que certificaran su curación. Se encaminaron donde les había indicado el Señor, como si ya estuvieran sanos; a pesar de que todavía no lo estaban, obedecieron. Y por su fe y docilidad, se vieron libres de la enfermedad.
Estos leprosos nos enseñan a pedir: acuden a la misericordia divina, que es la fuente de todas las gracias. Y nos muestran el camino de la curación, cualquiera que sea la lepra que llevemos en el alma: tener fe y ser dóciles a quienes, en nombre del Maestro, nos indican lo que debemos hacer. La voz del Señor resuena con especial fuerza y caridad en los consejos que nos dan en la dirección espiritual.

--- El Señor espera nuestro agradecimiento
¿No son diez los que han quedado limpios? Y los otros nueve, ¿dónde están?, preguntó. Y manifestó su sorpresa: ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino sólo este extranjero? ¡Cuántas veces, quizá, Jesús ha preguntado por nosotros, después de tantas gracias!
Vivimos pendientes de lo que nos falta y nos fijamos poco en lo que tenemos, y quizá por eso lo apreciamos menos y nos quedamos cortos en la gratitud. O pensamos que nos es debido a nosotros mismos y nos olvidamos de lo que San Agustín señala al comentar este pasaje del Evangelio: “Nuestro, no es nada, a no ser el pecado que poseemos. Pues ¿qué tienes que no hayas recibido? (1 Cor 4,7)”.

--- Ser agradecidos con todos
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas, invita el Salmo responsorial. Cuando vivimos de fe, solo encontramos motivos para el agradecimiento.
Muchos favores del Señor los recibimos a través de las personas que tratamos diariamente, y por eso, en esos casos, el agradecimiento a Dios debe pasar por esas personas que tanto nos ayudan a que la vida sea menos dura, la tierra más grata y el Cielo más próximo. (Chevrot) “No creamos cumplir con los hombres porque les damos, por su trabajo y servicios, la compensación pecuniaria que necesitan para vivir. Nos han dado algo más que un don material. Los maestros nos han instruido, y los que nos han enseñado el oficio, o también el médico que ha atendido la enfermedad de un hijo y lo ha salvado de la muerte, y tantos otros, nos han abierto los tesoros de su inteligencia, de su ciencia, de su habilidad, de su bondad. Eso no se paga con billetes de banco, porque nos han dado su alma. Pero también el carbón que nos calienta representa el trabajo penoso del minero; el pan que comemos, la fatiga del campesino: nos han entregado un poco de su vida. Vivimos de la vida de nuestros hermanos. Eso no se retribuye con dinero. Todos han puesto su corazón entero en el cumplimiento de un deber social: tienen derecho a que nuestro corazón lo reconozca”.