Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

02 septiembre 2016

Videocurriculum de Gabriela Silvan

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LIBRO DE LA SEMANA (2 Sep): Cielo e Infierno: verdades de Dios

(Cfr. www.libroslibres.com)


0014476


Precio 
20,00€
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Editorial: LIBROSLIBRES
ISBN: 9788415570127 Categoría:

Las respuestas a las preguntas más trascendentales

¿Qué es el cielo? ¿Qué es el infierno? ¿Existe el demonio? ¿Son realidades de nuestra existencia o simple charlatanería?
En esta ocasión, la autora madrileña se mete de lleno en la fascinante realidad sobrenatural del cielo e infierno. Inagotable investigadora católica, María Vallejo-Nágera nos descubre, con sorprendente facilidad, todo lo que el catolicismo explica al respecto, incluyendo testimonios sobrecogedores de personas que han sobrevivido para relatarnos lo que experimentaron sobre «el más allá».
El lector no podrá abandonar la lectura una vez comenzada.
De nuevo, María Vallejo-Nágera vuelve a sorprendernos con un agilísimo ensayo lleno de sobrenaturalidad.

Sobre el cielo.
En su primera parte podríamos decir que hace una verdadera exégesis sobre el cielo. No solo se plantea si existe o no, si no también si es posible tener el cielo en la tierra, si pudiéramos tener un pedacito del cielo aquí con nosotros.
De opinión afirmativa ofrece muchos ejemplos para demostrar que esa posibilidad existe realmente gracias a los testimonios de personas, de diversa índole, que son capaces de llevar dentro de ellos y a donde van ese trocito de cielo.

Sobre el infierno.
Después de presentarnos el cielo entra de lleno en la existencia del infierno y del demonio. Al igual que en el caso anterior se pregunta si se puede vivir el infierno en la tierra y nos vuelve a ofrecer testimonios, en este caso testimonios sobre el mal.
En definitiva es un estudio que no deja indiferente a cualquiera, capaz de sacar lo mejor de nosotros mismos y de plantearnos muchos de los interrogantes que en algún momento hemos pensado.
En este enlace podrás ver y escuchar una ponencia de la autora
Aquí te dejo la página web de la propia autora
Y aquí, por último, podrás leer una entrevista a la autora recogida en Religión en Libertad

PELICULA DE LA SEMANA (2 Sep): Experimenter

(Cfr. www.almudi.org)

 
Experimenter

Reseña: 
En 1961, el psicólogo Stanley Milgram llevó a cabo en la Universidad de Yale una serie de experimentos sobre la obediencia. La investigación, planteada a raíz del juicio a Adolf Eichmann, pretendía dilucidar la relación de las personas con la autoridad. Pronto el doctor empieza a comprobar ciertos aspectos del comportamiento humano que no habían sido descubiertos, lo que provocará una de las polemicas más impactantes del siglo XX. Basada en hechos reales.
El gran mérito de Almereyda es crear emoción y tensión con la trama, planteando cuestiones morales de calado, en torno a la libertad y a la manipulación, y ello con propuestas visuales originales, y mostrando el lado humano del protagonista, incluida su historia de amor y vida familiar, donde brillan Peter Sarsgaard y Winona Ryder.
No estamos ante un biopic convencional, pero al mismo tiempo se nos ofrece un cuadro bastante completo de Milgram y su trayectoria científica en Yale, Harvard y Nueva York, que en un mundo de "reality shows" continúa mostrando la vigencia de bastantes de sus investigaciones sobre el comportamiento del individuo y la masa, y las dificultades para rebelarse contra las corrientes dominantes. (Almudí JD). Decine21: AQUÍ

La sonrisa de Madre Teresa y el silencio de la felicidad

(Cfr. www.almudi.org)

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La riqueza extraordinaria de cualquier camino existencial está siempre marcada por la elección y por el compromiso hacia un ideal de vida

El simple hecho de evocar la personalidad de Madre Teresa, a partir de los muchos recuerdos que tengo, me llena de emoción y de un poco de melancolía.
Su forma lenta y fatigada de caminar, sobre todo en los últimos años, el movimiento de sus manos, marcadas por el paso de los años, eran expresión significativa de una extraordinaria fortaleza de ánimo: un conjunto de cualidades personales que se insinuaban cuando se escuchaban sus palabras o se admiraban sus comportamientos.

Hay un aspecto de su figura que expresa la personalidad auténtica de Madre Teresa por encima de cualquier otro, y que he podido observar en los numerosos encuentros que mantuve con ella: esa sonrisa inocente, como de niño, que se encendía como una llama en una cara surcada por el tiempo.
La primera vez que estuve con ella fue en un vuelo de India a Filipinas. Como había un asiento libre a su lado, me acerqué y me senté. Hablamos mucho, aunque en ese momento no sabíamos que nos veríamos otras veces, más adelante.

En 1986, durante la visita de Juan Pablo II a Calcuta, visitamos las instalaciones de acogida creadas y organizadas por sus hijas religiosas en Kaligat: se trataba de dos habitaciones vacías que hospedaban algunos de los enfermos recogidos por ellas en las calles de Calcuta.

Le pregunté por el sentido de esa empresa sobrehumana y me dio una respuesta inolvidable: “Tratar de que las personas que han vivido maltratadas como bestias puedan morir como lo que son, como hijos de Dios, es decir: lavados, peinados, alimentados”. Tal afirmación esconde, en mi opinión, la riqueza interior de Teresa de Calcuta: su espiritualidad práctica, humanitaria, capaz de adaptarse a cualquier situación y a cualquier cultura, con una gran dedicación humana.

La visita de Juan Pablo II tuvo un significado enorme para Madre Teresa. De hecho, cuando en 1990 viajó a Roma y nos encontramos en mi oficina, la primera cosa que hicimos fue recordar el viaje del Papa a Kaligat. Inmediatamente, ella interpretó el sentido del encuentro de Juan Pablo II con todos aquellos enfermos, fallecidos allí, entre los brazos de Madre Teresa, con una pizca de ironía, diciendo que “a lo largo de los años, había logrado dar un billete de entrada a la puerta de San Pedro −el Cielo− a más de 20.000 personas”.

Revisando algunas fotografías en las que aparecía con el Papa, volvió la mirada y me sonrió, desvelando su deseo tácito de guardar una para sí: me impresionó la alegría que le causaba poder llevarse ese recuerdo concreto.

En 1993 me encontré de nuevo con Madre Teresa, durante el viaje a Albania y, meses más tarde, nos volvimos a ver en Roma. Recuerdo haberle preguntado, irreflexivamente, qué le diría a una monja que quisiera abandonar su camino vocacional. Su respuesta fue inmediata: “Le diría: no tengas miedo, ahora estás con tu Esposo en su pasión, en el Huerto de los Olivos…, pero ¡sigue adelante y no te rindas!”. Entonces no podía imaginar que quizá era ésta la frase que se decía a sí misma en los momentos de su aridez interior, durante tantos años.
 
Tal vez detrás de esta respuesta tan profunda y sutil se escondía el significado auténtico de la situación espiritual marcada por una amarga sequía interior, que vivió durante muchos años de su vida y que solo en los últimos tiempos hemos venido a saber.

Es un fenómeno conocido por los místicos de todos los tiempos: los sentimientos no quieren hacerse eco del contenido de las verdades en las que se cree, y que dan sentido a la propia existencia. Un desolado silencio emocional que llega incluso a cuestionar la única verdad por la que se daría la vida. Angelus Silesius se refería a esta experiencia como “la oscuridad del alma”, y Madre Teresa expresó lo mismo con el lenguaje poético que todos podemos admirar en san Juan de la Cruz o en Santa Teresa de Lisieux, a quienes conocía en profundidad.

Ciertamente, su convicción religiosa no era fácil de entender, siendo inmune a la banalidad y a la superficialidad. Teresa de Calcuta sabía perfectamente que la experiencia existencial de cada persona pasa por momentos de dificultad, momentos de grande aridez y de desolación profunda, pero que todo esto no es señal de falta de fe, sino del normal −en su caso quizá heroico− sacrificio al que uno se enfrenta cuando trata de vivir coherente y profundamente los propios compromisos y las propias decisiones, y no sólo los requeridos por una específica vocación religiosa.
La riqueza extraordinaria de cualquier camino existencial está siempre marcada por la elección y por el compromiso hacia un ideal de vida, delineado en términos de un verdadero y propio “deber ser” lleno de verdad, al que, en algún momento, se decide encaminar la propia vida, pase lo que pase, y por el que se está dispuesto a sacrificar muchas otras opciones, quizás más atractivas y agradables en algunos momentos.

La ausencia de certezas en el vivir un compromiso existencial decisivo es una dimensión tan importante que se convierte como en una última prueba para todos. Por esto Leibniz reconocía que no son tanto el mal o el sufrimiento los que meten en crisis a la personas, como su ausencia. Cualquier elección que valga la pena implica, de hecho, decidirse por una coherencia existencial, por el compromiso de vivir un ideal, ciertamente no inspirado en una satisfacción sin brillo, sino en el sufrimiento meditado en lo más profundo de sí mismos y dirigido más allá del presente, hacia lo que se quiere ser para siempre.

Las cartas de la Madre Teresa reflejan todo esto. ¿Se debe deducir entonces que su sonrisa, esa sonrisa que siempre vi en su cara, era falsa, que su elección de vida no era sentida, que su forma de vida era hipócrita? No lo creo en absoluto. Creo en cambio que el lamento interior de Madre Teresa, el lamento que dirigía a ese Dios que su sensibilidad se negaba a “sentir”, pone frente a la conciencia de cada uno cómo es áspero a veces el camino que conduce a la realización de la propia autenticidad.

La canonización que el Papa Francisco realizará el próximo domingo comporta una fuerte enseñanza existencial: el ejemplo de quien ha seguido un ideal −en su caso el de la caridad, manifestada de modo heroico en su auto-donación a los excluidos de la tierra− y lo ha mantenido hasta la muerte, a pesar de no “sentir” nada. Podría decirse que la batalla interior que santa Teresa de Calcuta mantuvo consigo misma fue otro gran acto de misericordia, del que se beneficiaron millares de personas pobres y enfermos en todo el mundo.

Joaquín Navarro-Valls, en iglesiaendirecto.com.

Meditación Dom 23 t.o.(C)

(Cfr. www.almudi.org)

 
 
El amor a Dios nos da fuerzas para vivir con más intensidad el amor a los padres y todo amor humano: es el fundamento sobre el que edificar todo en la vida

«Iba con él mucha gente, y volviéndose les dijo: «Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre y a la esposa y a los hijos y a los hermanos y a las hermanas, hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Porque, ¿quién de vosotros, al querer edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos a ver si tiene para acabarla?, no sea que, después de poner los cimientos y no poder acabar, todos los que lo vean empiecen a burlarse de él, diciendo: "Este hombre comenzó a edificar, y no pudo terminar". O ¿qué rey, que sale a luchar contra otro rey, no se sienta antes a deliberar si puede enfrentarse con diez mil hombres al que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando todavía está lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo» (Lucas 14, 25-33).

 1. Nos dice hoy Jesús: “Si alguno viene a mí y no odia a su padre, y madre, y esposa, hijos, hermanos, hermanas y aun su propia alma, no puede ser mi discípulo. Y si no toma su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”. El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser tu discípulo, Jesús: esto es lo que nos exiges. Y utilizas la palabra «odiar», un término ciertamente duro  que adquiere toda su significación allí donde algún semejante impide la relación inmediata  del discípulo con el maestro o la pone en cuestión. Jesús, exiges aquel amor indiviso que la ley antigua reclamaba para Dios: «con  todo el corazón, con todas las fuerzas». Nada puede competir con Dios, y Tú eres la  visibilidad del Padre. El que ha renunciado a todo por Dios está más allá de todo cálculo. El  hombre tiene que deliberar y calcular sólo mientras aspira a un compromiso (H. von Balthasar).
Odiar… “Son términos duros. Ciertamente, ni el odiar ni el aborrecer castellanos expresan bien el pensamiento original de Jesús. De todas maneras, fuertes fueron las palabras del Señor, ya que tampoco se reducen al amar menos, como a veces se interpreta templadamente, para suavizar la frase. Es tremenda esa expresión tan tajante no porque implique una actitud negativa o despiadada, ya que el Jesús que habla ahora es el mismo que ordena amar a los demás como a la propia alma, y que entrega su vida por los hombres: esta locución indica, sencillamente, que ante Dios no caben medias tintas. Se podría traducir las palabras de Cristo por amar más, amar mejor; más bien, por no amar con un amor egoísta ni tampoco con un amor a corto alcance: debemos amar con el Amor de Dios (J. Escrivá, Es Cristo que pasa, 97).
Luego añades: “¿Quién de vosotros queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular si tendrá dinero para concluirla, no sea que, después de poner el cimiento, no pueda edificarla? Y todos los que pasen y la vean, empiecen a decir: Este hombre empezó a edificar y no pudo acabar. ¿O qué rey, yendo a trabar combate con otro rey, no se sienta primero a pensar si podrá salir al paso con diez mil soldados al que viene con veinte mil? En caso contrario. Cuando todavía está lejos, envía sus legados a pedir la paz”. Y en la conclusión declaras a qué venían esas semejanzas diciendo: “Así, pues, aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo”.
Y decía S. Agustín: “por donde vemos que el capital para edificar la torre y los diez mil soldados que se oponen al que viene con veinte mil, no significan otra cosa que renunciar a todo lo que tiene. Los antecedentes concuerdan con la conclusión. Porque en la renuncia a todas las posesiones se incluye también el odiar al padre, madre, esposa, hijos, hermanos, hermanas y aun la propia alma. Éstas son las posesiones que casi siempre dificultan el obtener, no las propiedades temporales y transitorias, sino las cosas comunes que han de permanecer para siempre. Por el hecho de que una mujer es tu madre, no puede serlo también mía: eso es temporal y transitorio. Ya ves que ha pasado el tiempo en que te concibió, te llevó en sus entrañas, te dio a luz y te amamantó con su leche. Pero en cuanto es hermana en Cristo, lo es para ti y para mí y para todos aquellos a quienes se promete, en la misma sociedad cristiana, una herencia celeste: a Dios por Padre y a Cristo por hermano. Esto es eterno y no perece con la pátina del tiempo. Lo mantenemos y esperamos con tanta mayor firmeza cuanto más común y menos privado es el derecho con que se alcanzará”.
Agustín plantea no una aversión al amor a los padres, sino una ampliación mucho mayor del amor, es una lectura que ensancha el amor humano a la medida del divino, en lo que la Iglesia dirá que “tenían un alma sola y un solo corazón hacia Dios” (Hch 4,32). Y sigue: “De esta manera tu alma no es propia, sino de todos tus hermanos; y las almas de ellos son tuyas; o mejor dicho, las almas de ellos y la tuya no son almas, sino la única alma de Cristo”. Y no pasa solo con los padres, sino también con uno mismo: “El que ame su alma la perderá” (Jn 12,25). “Y yo diré con persuasión: «Quien ame a sus padres, los perderá». Arriba mandó odiar al alma y aquí dice que la perderá. Este mandamiento, en el que se nos ordena perder el alma, no significa que hayamos de matarnos, lo que sería un crimen inexpiable. Significa que hemos de matar en nosotros el afecto carnal del alma, por el que esta vida presente nos deleita con detrimento de la futura.
”Lo mismo da decir perder el alma que odiarla, y ambas cosas se hacen con el amor, ya que el fruto de la conquista de esa alma se presenta claramente cuando se nos dice en el mismo mandamiento: Quien perdiere el alma en este siglo, la encontrará en la vida eterna. Eso mismo podemos decir con razón acerca de los padres: que el que los ama los perderá; pero no matándolos, al modo de los parricidas, sino hiriendo y matando piadosamente y con confianza, con la espada espiritual de la palabra de Dios, ese afecto carnal con que se empeñan en amarrar a los obstáculos de este mundo a ellos mismos y a los hijos que engendraron; pero dando vida al mismo tiempo a ese afecto por el que son hermanos, por el que en compañía de los hijos temporales reconocen a Dios y a la Iglesia por padres eternos”.
Así –concluye- nos arrastra el amor divino, con la ayuda de quienes entienden qué es seguir la misión apostólica y hacer frente a visiones un tanto humanas, como aquella madre de los Macabeos: “Una madre que no permite renunciar a las preocupaciones seculares para formarse en la vida eterna, muestra bien cómo te permitiría repudiar enteramente el siglo para sufrir la muerte, si fuera menester”. Hay que dejar “un afecto carnal, eco del hombre viejo. Se nos exhorta a que en la milicia cristiana demos muerte a ese hombre carnal en nosotros y en los nuestros; pero no de manera que seamos ingratos para con nuestros padres, como si enumeráramos para burlarnos esos beneficios con que nos dieron la vida, nos recibieron y nos educaron. Guardemos en todas partes la piedad, y mantengamos esos derechos cuando no haya que posponerlos a otros superiores” (Carta 243,1-7).

2. «Se salvarán con la sabiduría». El mandamiento de Jesús sobre la perfecta expropiación -con vistas a la pura  disponibilidad para Dios- no es algo que pueda conseguir el hombre con su esfuerzo, es una  sabiduría (en la primera lectura) que viene dada de lo alto. El que piensa con categorías  puramente intramundanas, tiene que preocuparse de muchas cosas, porque las cosas  terrenales son muy precarias; y esta preocupación le impide divisar el panorama de la  despreocupación celeste. Su obligación de calcular no le permite hacerse una idea de los  «planes de Dios», que se fundamentan siempre en la entrega generosa y no en cálculos o  razonamientos. Sólo «la sabiduría» puede «salvar» al hombre de esta preocupación que le  impide toda visión de las cosas del cielo.
Dirá el salmo: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato”. El paso del tiempo, la proximidad de la muerte, nos ayuda a vivir mejor, con sentido de responsabilidad, abiertos a la esperanza de la vida eterna.
“Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo”: porque la Pascua de Cristo es el manantial de nuestra vida más allá de la muerte: «Después de haber recibido la dicha de la resurrección de nuestro Señor, por la que creemos que hemos sido redimidos y de resurgir también un día, ahora, transcurriendo en la alegría los días que nos quedan de nuestra vida, exultamos por esta confianza, y con himnos y cánticos espirituales alabamos a Dios por medio de Jesucristo, nuestro Señor» (Orígenes - Jerónimo, «74 homilías sobre el libro de los Salmos»).
“Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos”. En nuestros días, a partir de Nietzsche, se afirma no solamente la ausencia y la muerte de Dios sino el fin del hombre... Ya que él ha matado a Dios, el hombre debe responder por su propia finitud. ¡Efectivamente, el ateísmo no es muy extraño! El salmista decía ya que el "hombre no es", pero creía que Dios "es". Se atrevía a dirigirse a este Dios sólido, para apoyarse en El. El signo de la grandeza del hombre, es precisamente, que él "habla a Dios", que lo trata de "tú"... Y se atreve a pensar que trae algo a Dios: -por la "sabiduría", recibida de Él, y que consiste en "contar bien nuestros días, para ocuparlos bien"... -por su "alabanza" cantada a Dios... -Finalmente por su "trabajo", que Dios mismo hace fructuoso... (Michel Foucault).

3. Pablo educa a Filemón en este  desprendimiento, en esta renuncia a todo lo propio, un desasimiento que no sólo es  compatible con el amor puro, sino que coincide con él. Cuando le remite al esclavo fugitivo,  Pablo hace saber a Filemón que le hubiera gustado retenerlo a su servicio, pero que deja  que sea él, Filemón, el que tome la decisión; le desliga de su propiedad (el esclavo  pertenecía a Filemón), pero también de todo cálculo (pues no gana nada si se lo devuelve a  Pablo). E incluso le expropia aún más profundamente, al enviar a Onésimo no como esclavo  sino como hermano querido, pues en eso es en lo que se ha convertido para Pablo; por eso  «cuánto más ha de quererlo» Filemón, y esto tanto «como hombre» (pues el esclavo se ha  convertido para Filemón mediante el amor de Pablo en un semejante, en un hermano) como  «según el Señor», que es el desasimiento por excelencia, superior a todo deseo de poseer (H. von Balthasar).
Llucià Pou Sabaté
 

Homlia Domingo 23 t.o. (C)

(Cfr. www.almudi.org)

 

(Sab 9,13-18) "¿Qué hombre conoce el designio de Dios?
(Flm 9-10.12-17) "Recíbelo a él como a mí mismo"
Lc 14,25-33 "El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser mi discípulo"


Una de las cosas que separa al cristianismo de cualquier ideología es la adhesión a la persona de Jesucristo, prefiriéndola a cualquier otra criatura, incluso a la propia vida. Mientras los que siguen la doctrina de Aristóteles, Kant, Hegel, o cualquier otro pensador, la persona de éste no interesa, o interesa en la medida en que pueda ayudar a una mejor comprensión de sus propuestas, en el cristianismo la persona de Jesucristo es lo nuclear, la verdad, el camino, la vida (Cf Jn 14,6). Dios ha salido al encuentro del hombre para establecer una alianza con él. Dios busca un trato de corazón a corazón.
"Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre..., no puede ser discípulo mío". Preguntémonos: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi corazón y en mi actuación diaria? ¿Cumplo los mandamientos? ¿Procuro no dispensarme de acudir con frecuencia a la Eucaristía y los demás Sacramentos con excusas de falta de tiempo, de ganas o de cualquier otra índole? ¿Realizo mi trabajo con honestidad y sentido de la justicia? ¿Tengo a Dios presente a lo largo del día como tiene presente quien ama a los suyos aún en medio de sus afanes, viajes, etc.? ¿Vuela mi pensamiento de modo espontáneo hacia el Señor como quien ama a su mujer, su marido, sus hijos? ¡Pidamos a Dios en esta celebración dominical que esa naturalidad con la que los que se quieren bien piensan en sus seres queridos en toda circunstancia, sea también un hábito nuestro!
¿De qué serviría la fatiga de toda una vida si ella no nos lleva a construir la torre que nos permita alcanzar la vida eterna? Esa persona -dice el Señor- "empezó a construir y no ha sido capaz de acabar". Hay que dar a Dios la prioridad en todo porque Él es quien nos ha dado la vida y quien nos ha rescatado de la muerte. ¡Señor!, pedimos hoy en el Salmo Responsorial, "enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato" y " haga prosperar las obras de nuestras manos".
Si nos esforzamos a diario en leer unas páginas del Evangelio y tratamos de incorporar esas enseñanzas a nuestra vida: si rezamos con devoción el Rosario contemplando los misterios; si nos confesamos con dolor sincero de los pecados y nos determinamos, con la ayuda de Dios, a enmendar la vida; si participamos con frecuencia en la Santa Misa y procuramos hacer de nuestra vida una Misa, esto es: nos sacrificamos por los demás viviendo la caridad, llegaremos a amar a Dios por encima de todo y seremos amados eternamente por Él.
Nadie ha hecho y sigue haciendo por nosotros más que Dios. Él nos ha dado la vida temporal que disfrutamos ahora y nos dará una eternidad dichosa. Cuando preferimos a Dios sobre todas las cosas estamos dando al corazón lo que él va buscando aún cuando no siempre lo sepa. “Nos hiciste, Señor, para Ti -confiesa S. Agustín después de haber buscado la felicidad en otras fuentes-, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en Ti”.


01 septiembre 2016

10 consejos del Papa Francisco para cuidar del medioambiente

Con ocasión de la nueva Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la
Creación, que se celebra el 1 de septiembre, compartimos algunos
consejos concretos que el Papa Francisco nos regala en su encíclica
Laudato si´, pequeñas acciones que "derraman un bien en la sociedad que
siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque
provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a

Catequesis en español del Papa Francisco 31/08/2016 HD

En la Audiencia General de este miércoles 31 de agosto, el Papa
Francisco impartió su catequesis nuevamente en la Plaza de San Pedro,
reflexionando a partir del pasaje bíblico de Mateo que narra el episodio
de la mujer que sufría pérdidas de sangre, una enfermedad que según la
cultura del tiempo la hacía impura, y por la que debía evitar todo
contacto humano.

Ángelus del 28/08/2016 HD

Antes de rezar a la Madre de Dios y de impartir su bendición apostólica
este 28 de agosto, el Papa Francisco invitó a pedir a la Virgen María
que nos conduzca por el camino de la humildad, haciéndonos capaces de
gestos gratuitos de acogida y de solidaridad hacia los marginados, para
que seamos dignos de la recompensa divina. Después del rezo del Ángelus,
el Papa Francisco renovó su cercanía espiritual a los habitantes de las
zonas más afectadas por el terremoto de estos días, expresando además,
la voluntad de ir a visitarlos "tan pronto c

31 agosto 2016

Madre Teresa de Calcutta (entrevista)

Santa Santa Teresa de Calcutta, un ejemplo de vida.Teresa de Calcutta, un ejemplo de vida.

28 agosto 2016

Basta empezar (6): Comparte lo que sabes

In this video, we see young people giving academic support to some
children in Germany and women offering education to people with this
need in Chile and the United States. This sixth video of the series on
the works of mercy shows that “teaching is a beautiful profession”, as
Pope Francis has said. To be a genius is not necessary to teach
something: we all have some knowledge that can be shared with others.