Mil y una Fábulas (Latín-Inglés)

09 marzo 2012

Sin medias tintas

(Cfr. www.almudi.org)

Sin medias tintas

AragonLiberal.es
Un pensador que sabe ver la fe con la novedad del converso. Es ingenioso y atrevido con los temas de los que se ocupa, como la muerte, la sexualidad o el ateísmo. 

      Fabrice Hadjadj es un pensador, valiente y sin prejuicios, que ha tenido éxito en Francia presentando el mensaje cristiano de una manera atractiva y directa. Sabe ver la fe con la novedad del converso. Además de tener una brillante prosa, es ingenioso y atrevido con los temas de los que se ocupa, como la muerte, la sexualidad o el ateísmo.
      Este joven pensador francés no le tiene miedo a la polémica. Se presenta como «judío de nombre árabe y converso al catolicismo». Sin embargo, Fabrice Hadjadj no exhibe su trayectoria biográfica, ni el hecho mismo de su conversión. Considera que es impúdico referirse a su experiencia personal de lo sobrenatural.
      Sabemos que nació en Nanterre en 1971 y que se convirtió en 1998, tras una juventud ácrata y nihilista. Fue bautizado en la abadía de Solesmes y en la actualidad imparte clases en el seminario de Toulon, aunque ha sido nombrado recientemente director del Instituto de Estudios Antropológicos (Philanthropos) de Friburgo. Está casado y es padre de cinco hijos.

El gusto por lo políticamente incorrecto
      Los temas tratados en sus obras son también polémicos y se sitúan en las antípodas de la corrección política. No sólo se enfrenta a una visión sensacionalista del sexo; también critica sin prejuicios las consecuencias del relativismo e incluso es capaz de llamar la atención sobre un tema, la muerte, que la sociedad contemporánea parece haber excluido del discurso.
      Hasta el momento se han traducido al castellano cuatro de la docena de libros que ha escrito, entre ensayos y obras dramáticas. Asimismo, Hadjadj es un asiduo colaborador de los medios de comunicación de su país. Posee un estilo atractivo: domina los juegos de palabras, utiliza imágenes eficaces y expresiones coloquiales en algunos casos y, sobre todo, es hábil y rápido en la argumentación.
      Frente a la banalización de la creencia religiosa, Hadjadj recuerda ante todo la necesidad de vivir con coherencia el cristianismo.
      Mucho hay en la prosa de este autor que proviene de sus lecturas. Se puede descubrir, así, la afición por la paradoja y la sátira de Chesterton; la frase lapidaria y los latigazos aforísticos de Nietzsche, junto con la intención provocadora y la claridad crítica de Kierkegaard. Pero también sus páginas destilan el júbilo vital de los primeros cristianos. Una mezcla que se antoja ciertamente explosiva, pero también exitosa desde un punto de vista comercial: sus libros se venden muy bien y algunos cuentan ya con varias ediciones.

Redescubrir la fe
      Hadjadj es, sobre todo, un pensador cristiano y religioso. Pero no es simplemente un azote de herejes ni un estilista que sabe exponer hábilmente la ortodoxia. Su blanco es la hipocresía consumista de hoy, la frivolidad sexual y todo aquello que nace de una raíz claramente identificada: la banalización de la creencia religiosa y, con ella, del pecado. Pero el propósito de fondo es denunciar cómo también se ha infiltrado cierta perspectiva secularista entre los muros de la cristiandad.
      Como escritor religioso, sus libros componen un género distinto, al que podríamos aplicar la expresión de “nueva apologética”. La de Hadjadj pretende redescubrir el cristianismo a quienes, afirmando la fe y siendo miembros de sociedades culturalmente cristianas, se han acostumbrado al contenido excepcional de la creencia cristiana, perdiendo su capacidad de asombro y descreyendo del misterio.
      En definitiva, se dirige a quienes, a veces inconscientemente, se han dejado seducir por las corrientes del pensamiento dominante. Muchos cristianos también se han perdido, como sus coetáneos, en una existencia vacía y anodina. Por eso el cristiano debe ser el primero en retomar, afirma, el contacto con lo sobrenatural y dejar que éste se convierta, realmente, en el núcleo de su vida.
      Con convencimiento afirma que solo puede redescubrirse la fe si se renuncia al espiritualismo vacío —tanto al ofrecido por las sectas new age como al que proviene de los escarceos, más o menos inocentes, con el budismo—, al sentimentalismo exacerbado y a la filantropía ingenua.

Los demonios también creen
      La cultura moderna, es cierto, ha asumido algunas ideas cristianas, pero en algunos casos también las ha desnaturalizado. Es una de las consecuencias de la secularización, que ha terminado sustituyendo «la mística por la moral, el drama por la norma y la gracia por la naturaleza». De esto trata, precisamente, La fe de los demonios o el ateísmo superado, con el que ganó el Premio de Literatura religiosa en Francia hace dos años. El libro se abre recordando que el conocimiento de la verdad no nos impide incurrir en el mal y que más que escandalizarnos de los ateos profesionales, tendríamos que hacerlo por los cristianos que viven como si Dios no existiera.
      La moda del nuevo ateísmo —tan pueril como pasajero— resulta menos peligrosa que la actitud hipócrita de muchos creyentes: «Repito a menudo —confiesa en una entrevista— que no por casualidad Jesús se dirige a los escribas y fariseos: no eran ateos, sino especialistas en la fe; sin embargo, fueron ellos quienes lo crucificaron».
      De ahí que la profundización en la fe que exige este joven intelectual no consista en el ejercicio especulativo de la teología. Nos recuerda ante todo la necesidad de vivir con coherencia el cristianismo. «El principio radical de la culpa no se encuentra en la ignorancia atea ni en la debilidad carnal (…) sino en las infidelidades al mensaje». No denuncia la debilidad ni la miseria humana, que conoce, sino más bien la hipocresía. Esto hace que sus libros sean menos ensayos teóricos que textos dirigidos a galvanizar al lector y rescatarle de su poltronería espiritual.
      Con ello, el cristianismo deja de ser percibido como una religión histórica, un resumen de máximas sapienciales o un ideal de vida buena. Hadjadj lo sitúa en el plano de la llamada personal y del encuentro con Cristo, en el plano de una vocación que requiere entrega. Desde esta perspectiva se transforma radicalmente el papel que asumen los creyentes: no se trata solo de ser defensores culturales de la fe o de “vender” el mensaje —desconfía de las estrategias de marketing—: se trata de que cada creyente se convierta en testigo. Algo menos cómodo, sí, pero más satisfactorio.

Por una mística de la carne
      La verdad cristiana reaparece en su prosa como algo equilibrado y capaz de recomponer la fragmentación posmoderna. No en vano, destaca el carácter paradójico del cristianismo: ante la mirada superficial, algunos fenómenos parecen contradecirse, pero se amalgaman armónicamente si se reflexiona en profundidad. La perspectiva cristiana permite, de ese modo, la coexistencia entre fe y razón, carne y espíritu, historia y eternidad.
      Hadjadj sostiene que la fe superficial debe hacerse profunda hasta el punto de… volverse carnal. En La profundidad de los sexos. Por una mística de la carne, expone el significado cristiano de la sexualidad, utilizando para ello una retórica premeditadamente descarada. No anuncia verdades nuevas, pero sí logra redescubrir a la persona como “cuerpo espiritualizado”.
      Si el verdadero cristianismo es misteriosamente carnal, el pansexualismo que soezmente recubre el espacio público esconde un maniqueísmo espiritualista. La sexualidad que éste último ofrece no es “humana”, sino una sublimación idealista que mutila a hombre y mujer. Ello explica que se haya mitificado excesivamente el sexo y que las experiencias sean a la postre insatisfactorias. La frenética búsqueda de placeres, la proliferación de los reclamos publicitarios y las diversas “modas sexuales” se basan, precisamente, en promover encuentros irreales que impiden valorar la corporalidad humana y al hombre de carne y hueso.
      Se rebaja así el sentido de la unión sexual. «El mayor amor —explica— no se encuentra en el amor imposible. Está en el amor posible, natural, por ejemplo, en el amor conyugal». Cuando en el subtítulo se habla de la “mística de la carne”, está ofreciendo una alternativa más profunda, la cristiana, que restaura al hombre como carne espiritualizada y redimensiona la sexualidad y lo que conlleva, como el pudor o el cariño.
      Si esto es así, ¿por qué hay tantos prejuicios sobre la visión cristiana de la sexualidad? Según Hadjadj, la enseñanza de la Iglesia se ha transmitido mal en muchas ocasiones. «Dos son los errores principales (…) Se muestra una moral que concibe la sexualidad como un impedimento. Mientras que la Iglesia dice que la sexualidad es buena en sí misma (…) El otro error es caer en la obsesión sexual. Es decir, hablar a los jóvenes de “moral sexual” y no de la aventura heroica de la vida cristiana».
      «Los jóvenes —continúa Hadjadj— no aceptarán la moral sexual si no se les muestra su finalidad. (...) La moral es como la gramática: es importante que exista para poder hablar, pero no se habla para hacer gramática. Si queremos que los chavales se interesen por la gramática, debemos sobre todo mostrarles la poesía de la vida cristiana. Este es el verdadero desafío».
Aprender a morir para vivir mejor
      Si bien la sexualidad está siempre en los escaparates de hoy, hay un tema sobre el cual la sociedad no quiere ni oír hablar: la muerte. Es como si el hombre, acostumbrado a alcanzar el éxito en todas sus empresas, tuviera la necesidad de silenciar algo que demuestra su fracaso más rotundo e inevitable. No sólo ha desaparecido la muerte como tema; algo parecido se intenta hacer con su antesala, la vejez.
      Tenga usted una buena muerte —premio de literatura católica en Francia (2006)— es, sin embargo, un libro sobre la alegría y sobre la vida, precisamente porque se sitúa en un nivel de discurso distinto del habitual. La verdadera alegría proviene de la sorpresa de lo creado, pero también de la apertura del hombre al misterio, a aquello que le supera, como la muerte. De esa forma, sostiene que ser conscientes de la muerte ofrece la posibilidad de descubrir el sentido de la vida, ya que sabernos mortales obliga a recomponer el orden de nuestras prioridades.
      Paradójicamente, la negación de la muerte implica la negación de la vida y la promoción de la cultura de la muerte. Una sociedad que esconde el hecho de la muerte es una sociedad que no puede disfrutar de la vida —de la vida humana, entretejida de deseos, de triunfos, de tragedias y sufrimientos— y ha de inventarse simulacros para vivir. Lo dramático es que no los encuentra. Y quien no ama la vida no puede amar a los demás. Todo está como encadenado.
      Desde este punto de vista, el cristianismo —que recuerda la realidad de nuestra existencia finita— aparece como un manual eficaz para vivir la vida, la real, y no la compuesta de sueños infantiles. Una vida que se percibe en su sentido, como antesala del más allá. La negación de lo sobrenatural está conectada con la negación de la muerte y con la desesperanza. Necesitamos descubrir al hombre como ser dependiente y necesitado para regenerar nuestra esperanza: «Necesitamos, pues, a los moribundos», concluye Hadjadj.

Motivos para la esperanza
      Frente a lo que simple vista pudiera parecer, los ensayos de Hadjadj contienen poco pesimismo antimoderno. Es cierto que desvela valientemente las heridas de nuestra sociedad y de nuestra cultura, pero es consciente de que la mirada pesimista resulta incoherente con la visión cristiana de la vida. La vida, vista con otros ojos, ofrece más motivos para la esperanza que para el desconsuelo. Sobre todo porque la posibilidad de transformar las cosas está al alcance de cada individuo.
      Se puede decir, por todo ello, que sus ensayos también pueden ser leídos como un reto pedagógico. De uno de los santos a quienes más admira, san Francisco de Asís, Hadjadj ha aprendido una lección: la importancia de la recepción y de la acogida, lo que constituye, si puede decirse así, la piedra de toque de su concepción filosófica.
      Hoy nos encontramos ante una visión de la vida que se centra en dar todo lo que se espera de cada uno, ya sea en el trabajo, en la familia, en la sociedad. Sin embargo, según Hadjadj, hemos olvidado la lógica del recibir, es decir, la actitud agradecida y humilde de quien acoge lo que se le ofrece.
      Otra vez, la alternativa a la crisis que propone el pensador francés es ciertamente excéntrica: la visión de san Francisco. Pero razón parece que no le falta. El autor francés pone el ejemplo del domingo: si se comprende la perspectiva de la recepción, el domingo es el día que nos recuerda que los dones son recibidos y nos obliga a realizar un parón, con consecuencias terapéuticas, en medio de unas jornadas frenéticas que sólo se centran en lo que podemos dar.
      El domingo, pues, es un recordatorio imprescindible para no perder la perspectiva de lo importante, lo mismo, precisamente, que trata de hacer Fabrice Hadjadj con sus escritos: ofrecer al lector una pausa para que piense en cosas decisivas y no se deje llevar por menudencias superficiales.

Josemaría Carabante

Enlace relacionado:
El drama de la certeza. Extracto de una entrevista a Fabrice Hadjadj publicada en huellas.tracce.it (originariamente en ilsussidiario.net)

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PELICULA DE LA SEMANA (9 Mar): Fausto

Fausto
(Cfr. www.almudi.org)


Dirección: Aleksandr Sokurov
Año: 2012
Público: Adultos (3)
Contenidos: VX
Valoración moral: Con inconvenientes
Contenidos: Imágenes (algunas V, X)

Reseña:

Año de producción: 2011
País: Rusia
Dirección: Aleksandr Sokurov
Intérpretes: Johannes Zeiler, Anton Adasinsky, Isolda Dychauk, Hanna Schygulla, Joel Kirby, Georg Friedrich, Eva-Maria Kurz, Florian Brückner
Argumento: Johann Wolfgang Goethe (novela)
Guión: Aleksandr Sokurov
Música: Andrey Sigle
Fotografía: Bruno Delbonnel
Distribuye en Cine: Golem
Duración: 134 min.
Género: Drama

En busca de sentido
Ganadora del León de Oro, esta gran obra de Alexander Sokurov quedará junto al clásico de Murnau como una de las más bellas versiones cinematográficas de un gran obra literaria

   El doctor Fausto busca y no encuentra sentido a la existencia. Entregado a sus trabajos sobre la fisiología humana, en los cadáveres que disecciona con su ayudante Wagner sólo encuentra entrañas que se desparraman, suciedad y podredumbre, nada más. A pesar de sus esfuerzos científicos vive en la miseria, y hasta le asaltan en la calle para intentar quitarle lo poco que tiene. En la lectura de la Biblia, el pasaje de "En el principio era el Verbo", trata de encontrar algo que dé fundamento a su vida, pero no lo encuentra, ignora qué puede ser el Verbo, sólo entiende que pueda referirse a la Acción, hay que moverse. ¿Qué cabe desear? ¿Dinero, placer? El diablo vendrá ante él y se hará querer, explicará que muchos, todos, hacen cola esperando sus favores, y trazará el particular itinerario de Fausto que le ponga en posición de pactar la venta de su alma.

   Profunda y audaz interpretación del "Fausto" de Johann Wolfgang Goethe, la inmortal historia de la relación entre doctor Fausto y el diablo Mefistófeles. Esta versión, rodada en alemán, puede resultar espesa y de complicada accesibilidad; pero es rabiosamente contemporánea, bucea en las oscuridades y perplejidades del alma humana, al tiempo que presenta una interesante visión del demonio, entre inteligente y tontorrón, siempre cínico, que cree saber mucho y en realidad no sabe nada. También se subraya el individualismo del protagonista, que sólo piensa en su propio interés. Todo conduce a un clímax poderoso, que nos lleva como a las puertas del infierno.

  Hay imágenes de una belleza sublime. Hay un gran trabajo del operador Bruno Delbonnel, pero también del compositor Alexander Zlamal, con una sugerente partitura al servicio de la historia. En realidad todos los elementos, incluido el trabajo de los actores, se aúnan para conformar una grandísima película, la obra de un artista (Decine21 / Almudí JD). LEER MÁS

LIBRO DE LA SEMANA (9 Mar): La fe de los demonios


La fe de los demonios (o el ateísmo superado)




Autor: HADJADJ, Fabrice
Año: 2010
Público: Con formación
Editorial: Nuevo inicio
Materia: Apologética (ensayos)
Páginas: 278
 
 
Muchos cristianos piensan que sus enemigos más peligrosos están entre los libertinos y los lujuriosos, sin embargo, los demonios son ángeles e ignoran los placeres de la carne. Otros los buscarían entre los ateos o los agnósticos, pero los demonios creen, nos recuerda Santiago, y tiemblan. No hay un solo artículo de fe que no tengan por cierto. Quizás lo demoníaco no sea algo tan exterior como imaginamos.
Este libro no es un tratado de demonología, sino una reflexión sobre la lógica del mal, un pequeño breviario de combate (y de vulnerabilidad), una lección de ka(ra)tecismo para, como dice San Pablo, aprender a “ejercer el pugilato, sin dar golpes en el vacío” (1 Co 9, 26).
Fabrice Hadjadj nació en Nanterre en 1971 de padres de ascendencia judía e ideología maoísta. Vivió su infancia entre Túnez y Francia. Ahora reside en la Provenza francesa, donde ejerce como profesor de Filosofía y Literatura. Convertido al catolicismo en 1998, a veces se presenta a sí mismo como “un judío de nombre árabe y de confesión católica”. Es ensayista y dramaturgo, está casado con la actriz de teatro Siffreine Michel, de la que tiene cuatro hijas y actualmente enseña en el instituto privado Sainte-Jeanne d’Arc y en el Seminario de Toulon.
Este libro ha recibido en Francia el prestigioso premio “Le prix 2010 de littérature religieuse”.

Meditación Domingo 3º Cuaresma (B)

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«Estaba próxima la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y haciendo un látigo de cuerdas arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y dijo a los que vendían palomas: Quitad eso de aquí, no hagáis de la casa de mi Padre un mercado. Recordaron sus discípulos que está escrito: el celo de tu casa me consume. Entonces los judíos replicaron: ¿Qué señal nos das para hacer esto? Jesús respondió: Destruid este Templo y en tres días lo levantaré. Los judíos contestaron: ¿ En cuarenta y seis años ha sido construido este Templo, y tú lo vas a levantar en tres días? Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Cuando resucitó de entre los muertos, recordaron sus discípulos que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había pronunciado Jesús. Mientras estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver los milagros que hacia. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos, y no necesitaba que nadie le diera testimonio acerca de hombre alguno, pues sabía lo que hay dentro de cada hombre.» (Juan 2 13-25)

1º.: Jesús, entras en el Templo de Jerusalén, y te lo encuentras lleno de animales y de cambistas.
Han convertido la casa de tu Padre en un mercado.
Esta escena me recuerda que mi alma en gracia es Templo del Espíritu Santo y, por tanto, es también la Casa del Padre y tuya.
¿Cómo cuido mi alma?
¿Está llena de animales: de vicios, de suciedad?
Jesús, entras con el látigo.
«El celo de tu casa me consume.»
A veces yo también he de entrar con el látigo: he de cortar por lo sano con modos de vivir, con vicios adquiridos, con algún ambiente...
He de entrar con el látigo contra la tibieza, que me hace flojo en la lucha por la santidad, y decir: ¡basta!
Quiero hacer de mi alma un lugar en el que estés a gusto: limpio, generoso, lleno de amor.
Pero ¿por qué tomarse las cosas tan en serio?
¿No puedo ir tirando mientras no haga daño a nadie?
«¿Qué señal nos das para hacer esto?»
Jesús, has resucitado: ésta es tu señal.
Y los apóstoles, que son testigos de tu resurrección, «creyeron en lo Escutura y en las palabras que habla pronunciado Jesús.»
No me puedo quedar indiferente: tu muerte y resurrección son una continua llamada a ser apóstol, a ser santo, a luchar -con látigo si hace falta- por tener limpia mi alma, que es templo de Dios.

2º.: «No te escandalices porque haya malos cristianos, que bullen y no practican. El Señor -escribe el Apóstol- ha de pagar a cada uno según sus obras: a ti, por las tuyas, y a mi, por las mías. -Si tú y yo nos decidimos a portarnos bien, de momento ya habrá dos pillos menos en el mundo» (Sorco.-534).
«Muchos creyeron en su nombre al ver los milagros que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos.»
Jesús, hay algunos cristianos que no practican; gente que cree en tu nombre pero que, en realidad, no te toma en serio.
A veces yo tampoco te sigo lo suficiente y eludo mis obligaciones contigo y con los demás.
«Recuérdame entonces y siempre que no pertenece el Reino de los Cielos a quienes duermen y viven dándose todos los gustos, sino a quienes mantienen la lucha contra sí mismos» (San Clemente de Alejandría).
Jesús, Tú pagas, ya en este mundo, a cada uno según sus obras.
Tú me conoces perfectamente: contigo no puedo disimular.
Tú conoces «lo que hay dentro de cada hombre:» mis pensamientos, mis deseos, mis intenciones más profundas.
Ayúdame a luchar de verdad contra todo lo que me aparte de Ti, sin contentarme con luchar «a medias», que es sinónimo de tibieza.
Jesús, quiero portarme bien.
No sólo no hacer cosas malas, no sólo hacer cosas buenas; sino hacer el bien, luchar por ser santo.
Aunque en esta lucha tenga que cortar con defectos con los que había pactado, y tenga que sacarlos del templo de mi alma a látigo, con mortificación seria.
Y así, de momento ya habrá un pillo menos en el mundo.

Homilía Domingo 3º Cuaresma (B)

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(Ex 20,1-17) "No tendrás otros dioses frente a mí"
(1 Cor 1,22-25) "Predicamos a Cristo crucificado"
(Jn 2,13-25) "No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre"



--- Nuevos templos

“La casa de mi Padre”
Hoy Cristo pronuncia estas palabras en el umbral del templo de Jerusalén. Se presenta sobre este umbral para “reivindicar” frente a los hombres la casa de su Padre, para reclamar sus derechos sobre esta casa. Los hombres hicieron de ella una plaza de mercado. Cristo les reprende severamente; se pone decididamente contra tales desviaciones. El celo por la casa de Dios lo devora (cf. Jn. 2,17), por esto Él no duda en exponerse a la malevolencia de los ancianos del pueblo judío y de todos los que son responsables de lo que se ha hecho contra la casa de su Padre, contra el templo.
Es memorable este acontecimiento. Memorable la escena. Cristo, con las palabras de su ira santa, ha inscrito profundamente en la tradición de la Iglesia la ley de la santidad de la casa de Dios. Pronunciando estas palabras misteriosas que se referían al templo de su cuerpo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Jn. 2,19), Jesús ha consagrado de una sola vez todos los templos del Pueblo de Dios. Estas palabras adquieren una riqueza de significado totalmente particular en el tiempo de Cuaresma cuando, meditando la pasión de Cristo y su muerte –destrucción del templo de su cuerpo-, nos preparamos a la solemnidad de la Pascua, esto es, al momento en que Jesús se nos revelará todavía en el templo mismo de su cuerpo, levantado de nuevo por el poder de Dios, que quiere construir en él, de generación en generación, el edificio espiritual de la nueva fe, esperanza y caridad.
Vengo hoy a la parroquia de San José y deseo expresar a todos vosotros aquí presentes, junto con un saludo cordial, mi profunda alegría porque también este barrio tiene su templo, su casa de Dios (…). En torno a esta casa se han multiplicado las casas en que habitan los hombres, cada una de las familias.

--- La morada del hombre

La casa es la morada del hombre. Es una condición necesaria para que el hombre pueda venir al mundo, crecer, desarrollarse, para que pueda trabajar, educar, y educarse, para que los hombres puedan construir esa unión más profunda y más fundamental que se llama “familia”.
Se construyen las casas para las familias. Después, las mismas familias se construyen en las casas sobre la verdad y el amor. El fundamento primero de esta construcción es la alianza matrimonial, que se expresa en las palabras del sacramento con las que el esposo y la esposa se prometen recíprocamente la unión, el amor, la fidelidad conyugal. Sobre ese fundamento se apoya ese edificio espiritual cuya construcción no puede cesar nunca. Los cónyuges, como padres, deben aplicar constantemente a la propia vida de constructores sabios, la medida de la unión, del amor, de la honestidad y de la fidelidad matrimonial. Deben renovar cada día esa promesa en sus corazones y a veces recordarla también con las palabras. San Pablo dice que Cristo es “poder y sabiduría de Dios” (1Cor. 1,24). Sea Él vuestro poder y vuestra sabiduría, queridos esposos y padres. ¡No os privéis de este poder y de esta sabiduría! Consolidaos en ellos. Educad en ellos a vuestros hijos y no permitáis que esto poder y esta sabiduría, quo es Cristo, les sea quitado un día. Por ningún ambiente y por ninguna institución. No permitáis que alguien pueda destruir ese «templo» que vosotros construís en vuestros hijos. Este es vuestro deber, pero éste es también vuestro sacrosanto derecho. Y es un derecho que nadie puede violar sin cometer una arbitrariedad.

--- La familia

La familia está construida sobre la sabiduría y el poder del mismo Cristo, porque se apoya sobre un sacramento. Y está construida también y se construye constantemente sobro la ley divina, que no puede ser sustituida en modo alguno por cualquier otra ley. ¿Acaso puede un legislador humano abolir los mandamientos que nos recuerda hoy la lectura del Libro del Éxodo: “No matar, no cometer adulterio, no robar, no decir falsos testimonios” (Ex. 20, 13-16)? Todos sabemos de memoria el Decálogo. Los diez mandamientos constituyen la concatenación necesaria de la vida humana personal, familiar, social. Si falta esta concatenación, la vida del hombre se hace inhumana. Por esto el deber fundamental de la familia, y después de la escuela, y de todas las instituciones, es la educación y consolidación de la vida humana sobro el fundamento de esta ley, que a nadie es lícito violar.
Así estamos construyendo con Cristo el templo de la vida humana, en el que habita Dios. Construyamos en nosotros la casa del Padre. Que el celo por la construcción de esta casa constituya el núcleo do la vida de todos nosotros aquí presentes; de toda la parroquia de la que es Patrono San José, Esposo de María, Madre de Dios, Patrono de las familias, Protector del Hijo de Dios, Patrono de la Santa Iglesia.

Opus Dei: ¿Y tú qué dices?

Reportaje periodístico sobre el Opus Dei. Lo que la calle opina de la institución y de la vida de sus miembros; lo que piensan los que conocen la Obra y lo que dicen de sí mismos los que pertenecen a ella.
Si quieres saber más sobre el Opus Dei http://www.opusdei.es/sec.php?s=154

Reportaje periodístico sobre el Opus Dei. Lo que la calle opina de la institución y de la vida de sus miembros; lo que piensan los que conocen la Obra y lo que dicen de sí mismos los que pertenecen a ella. Si quieres saber más sobre el Opus Dei http://www.opusdei.es/sec.php?s=154Opus Dei: ¿Y tú qué dices?

Reportaje periodístico sobre el Opus Dei. Lo que la calle opina de la institución y de la vida de sus miembros; lo que piensan los que conocen la Obra y lo que dicen de sí mismos los que pertenecen a ella.
Si quieres saber más sobre el Opus Dei http://www.opusdei.es/sec.php?s=154

08 marzo 2012

Benedicto XVI: en silencio para acojer a Dios

"El cristiano sabe bien que el Señor está presente y escucha, incluso en la oscuridad del dolor, del rechazo y de la soledad". Lo ha recordado el Papa en la catequesis de la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro ante más de 20.000 fieles. Benedicto XVI ha concluido la serie de catequesis sobre la oración de Jesús hablando del silencio, "fundamental en la relación con Dios". Ante todo, para acoger la palabra divina; pero también por el "silencio de Dios" que a menudo experimentamos en nuestra oración.Jesús asegura a los discípulos y a cada uno de nosotros que Dios conoce bien nuestras necesidades en cualquier momento de nuestra vida. Dios nos conoce íntimamente, más de lo que nos conocem ...

05 marzo 2012

OPUS DEI EN CANARIAS: Airaga, casa de convivencias en Gran Canaria


Airaga, es una casa de convivencias en Gran Canaria donde se tienen actividades muy diversas, para profesionales, empleados, familias, estudiantes, etc. La Asociacion LAIRAGA ha encomendado la formación espiritual a la Prelatura del Opus Deu

04 marzo 2012

Benedicto XVI: Jesús nos protege de los asaltos de las tinie



"Todos nosotros necesitamos de la luz interior para superar las pruebas de la vida. Esta luz viene de Dios, y es Cristo quien nos la da". De esta manera Benedicto XVI comentó en el Ángelus el Evangelio de este segundo domingo de Cuaresma. El misterio de la transfiguración, explicó el Papa, no se desprende del contexto del camino que Jesús esta recorriendo. Después de la experiencia del desierto, el Hijo de Dios nos invita a subir a la montaña para revelar su gloria divina, esplendor de Verdad y de Amor. "Dios es luz, aclaró el Pontífice, e invitó a todos a no avergonzarse de ser cristianos, Jesús quiere donar a sus amigos más íntimos la experiencia de esta luz, que habita en Él. Jesús es la lámpara q ...