
(Is 43,18-19.21-22.24b-25) "Abriré un camino por el desierto"
(1 Cor 1,18-22) "Dios es quien nos confirma en Cristo"
(Mc 2,1-12) "Levántate, coge tu camilla y salió a la vista de todos"
(1 Cor 1,18-22) "Dios es quien nos confirma en Cristo"
(Mc 2,1-12) "Levántate, coge tu camilla y salió a la vista de todos"
En su libro Las grandes amistades,
cuenta la mujer del filósofo francés J. Maritain, cómo fue gracias a la
amistad que les unía al poeta L. Bloy, el que ambos se convirtieran al
cristianismo. En sus encuentros, el poeta les leía con lágrimas en los
ojos –cuenta ella- estas palabras de Jesús a Sta Angela de Foligno: No te he amado en broma.
Y añade: “A no ser por la amistad que teníamos con Leon Bloy
¿hubiéramos consentido nunca abrir uno de esos libros de santos con la
mala reputación que tenían en la Sorbona?”
La
amistad cristiana puede acercar a nuestros amigos a ese Jesús del que
están alejados porque la reserva mental, los prejuicios, la confusión
doctrinal o una incurable pereza los tiene postrados como al paralítico
del que nos habla el Evangelio de hoy. Unos amigos le hablan de quien
puede curarle y le llevan hasta donde está Jesús.
A
cuantos familiares y amigos que está alejados de Dios y de su Iglesia
podríamos decirles en el cálido dédalo de la amistad: ¿quién te ha dicho
a ti que la doctrina, los sacramentos, la moral y el culto católico son
cosas inoperantes en nuestro mundo y sólo tienen algún valor
tonificante en las horas yermas, solitarias o crepusculares de la vida?
Los amigos del enfermo, no sin la resistencia inicial de éste y la
dificultad por la muchedumbre que se agolpaba en la casa, logran
colocarlo a los pies del Señor. Imaginamos la mirada esperanzada del
paralítico fija en quien podía devolver la vitalidad a su cuerpo inmóvil
durante años. Viendo Jesús la fe del enfermo y la de sus amigos, dijo
al enfermo: “Hijo, tus pecados quedan perdonados”. Cristo cura su cuerpo y su alma.
“Viendo Jesús la fe que tenían”,
se dice en esta hermosa página cuya enseñanza es, entre otras muchas,
doble: 1) Si este hombre no hubiese tenido fe en que Jesús podía curarle
y no hubiera dejado que sus amigos le llevasen hasta Él, no se habría
operado su curación; y 2) si no hubiera creído en la orden: “levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”, tampoco habría recuperado la salud espiritual.
¡Interesarse
por los demás, sus problemas, sus ideas y aficiones es asegurarse un
círculo de gente que nos busca, nos aprecia, nos enriquece y nos brinda
la oportunidad de influir cristianamente en sus vidas! Entre amigos es
fácil una corriente de intercambios de puntos de vista, se confían modos
de pensar, y se habla con toda naturalidad de temas que no se tratan
con cualquiera. “Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del
amigo que vacila –dice San Josemaría Escrivá-; aquella conversación
orientadora, que supiste provocar oportunamente...y la discreta
indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo...
Todo eso es apostolado de la confidencia” (Camino, nº 973)

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