
«Entran
en Cafarnaún; y, al llegar el sábado, fue a la sinagoga y enseñaba. Y
quedaban admirados de su doctrina, pues les enseñaba como quien tiene
potestad y no como los escribas. Se encontraba entonces en la sinagoga
un hombre poseído de un espíritu inmundo, y decía a gritos: ¿Qué hay
entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién
eres tú: el Santo de Dios! Y Jesús le conminó diciendo: Calla, y sal de
él. Entonces, el espíritu inmundo, zarandeándolo y dando una gran voz,
salió de él. Y se quedaron todos estupefactos, de modo que se
preguntaban entre sí diciendo: ¿Qué es esto? Una doctrina nueva con
potestad. Manda incluso a los espíritus inmundos y le obedecen. Y su
fama corrió pronto por doquier en toda la región de Galilea.» (Marcos 1, 21-28)
1º. Jesús la gente sencilla empieza a darse cuenta de que Tú no eres un escriba más, que conoce bien las Escrituras y ya está.
Tus
enseñanzas no son las explicaciones y casuísticas habituales: Tú
enseñas verdades que tienen aplicación en la vida de cada uno, en mi
vida, y que son exigentes.
No te quedas en el discurso sentimental, abstracto o demasiado general para llevarlo a la práctica.
«Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6,68).
Jesús, hoy se habla mucho de paz, amor, libertad, igualdad; pero no siempre de modo concreto.
La
Iglesia, siguiendo tu mandato, enseña verdades exigentes en concreto;
por eso habla de mandamientos de virtudes y de pecados que no siempre
se acomodan al gusto de un mundo materializado y egoísta.
Y como te pasó a Ti en la sinagoga, hay gente que protesta: «¿Qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos?»
Jesús, algunas personas dicen que tienen fe pero no creen en la Iglesia.
Sin embargo, la Iglesia no hace más que repetir tu doctrina: y la repite «como quien tiene potestad», porque la ha recibido directamente de Ti.
«El
oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o
escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el
cual lo ejercita en nombre de Jesucristo; es decir a los obispos en
comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma» (CEC.-85).
2º. La
fidelidad al Romano Pontifico implica una obligación clara y
determinada: la de conocer el pensamiento del Papa, manifestado en
Encíclicas o en otros documentos, haciendo cuanto esté de nuestra parte
para que todos los católicos atiendan al magisterio del Padre Santo, y
acomoden a esas enseñanzas su actuación en la vida» (Forja.-633).
Jesús,
la Iglesia enseña con la ayuda del Espíritu Santo; por eso no se deja
llevar por las modas, ni por las soluciones más cómodas o más populares
en un momento determinado.
En concreto, el Papa tiene una especial asistencia divina para ser tu cabeza visible en la tierra.
Quieres que le escuche como te escuchaba aquella gente de Cafarnaún: «Y quedaban admirados de su doctrina, pues les enseñaba como quien llene potestad.»
Hoy
el Papa está hablando muy claro sobre temas importantes de moral y de
doctrina: el aborto, los anticonceptivos, la paz entre los pueblos, la
doctrina social, la necesidad de la Confesión y de los demás
sacramentos, la importancia de la oración, la necesidad de abundantes
vocaciones.
Jesús,
hazme más responsable: que me dé cuenta de que tengo la obligación
clara y determinada de conocer el pensamiento del Papa.
Un
buen punto de referencia en temas doctrinales es el Catecismo, pues
recoge todo lo que un católico debe conocer y practicar.
Solo
conociendo y viviendo yo primero lo que manda la Iglesia podré luego
hacer lo que esté de mi parte para que todos los católicos atiendan al
magisterio del Padre Santo, y acomoden a esas enseñanzas su actuación
en la vida.
Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.
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